
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2005 Vol. 29 No. 02
Especial
‘Nos extendemos hacia afuera’
Capítulos 14 y 15 del libro ’Fuerza Teamster’ por Farrell Dobbs
Por Farrell Dobbs
[Perspectiva Mundial está publicando por entregas Fuerza Teamster,
traducción de Teamster Power. Es el segundo en la serie de cuatro tomos
sobre las huelgas y campañas de sindicalización así como las luchas
políticas que en los años 30 transformaron al sindicato Teamsters en Minnesota
y una gran parte del movimiento obrero de la región del Medio Oeste de Estados
Unidos en un combativo movimiento social. Farrell Dobbs, el narrador, fue uno de
sus principales dirigentes. La editorial Pathfinder publicó una edición en
español del primer tomo, Rebelión Teamster. A continuación publicamos
los capítulos 14 y 15 del libro. Los subtítulos son de Perspectiva Mundial.
Copyright © 2004 por Pathfinder Press; se publica con autorización.]
Capítulo14:
Nos extendemos hacia afuera
En el Northwest Organizer del 15 de julio de 1936 se había publicado
un borrador del programa para una campaña de expansión de los Teamsters. En
sus fragmentos principales, rezaba así:
“El primer paso que hay que dar es el de erigir un Consejo Unido de
Teamsters del Noroeste. Este organismo deberá actuar como centro de intercambio
de información y debe coordinar las actividades organizativas de un plantel de
organizadores capacitados y eficientes. . .
“Lo más difícil en un programa de esta índole sería poner bajo
condiciones sindicales a los choferes de pequeños centros poblacionales y a los
que trabajan en comunidades más o menos aisladas. La única manera lógica de
sindicalizar a los choferes de camión y a los trabajadores del transporte
empleados en pequeños pueblos y aldeas es estableciendo sindicatos locales en
diversos focos estratégicos por todo el estado que atraerían a sus afiliados.
. . [de] diversas comunidades pequeñas ubicadas, digamos, dentro de un radio de
80 kilómetros del lugar donde se ubica el local de choferes. . .
“No se puede concebir un mejor terreno de pruebas para intentar resolver
este problema que Minnesota, donde ya existe un movimiento sindical progresista
y dirigido de forma inteligente”.
En ese mismo número, el periódico sindical abordó la sindicalización de
los choferes de larga distancia, quienes trasportaban carga, artículos para el
hogar, etcétera, entre una ciudad y otra, a veces a través de distancias muy
extensas. El problema central se expresó de la siguiente manera:
“El intento de sindicalizar a los choferes de camiones de transporte de
larga distancia en diversas comunidades locales, sin contar con un programa
nacional que coordine los esfuerzos de los diversos organismos locales, jamás
podrá lograr los resultados deseados.
“En la actividad industrial los choferes del transporte terrestre ocupan
una posición muy parecida a la del ferrocarrilero. No puede ser un hombre sin
sindicalizar en un extremo de su ruta y sindicalizado al otro extremo. . .
“Resulta obvio que lo que hace falta, antes de poder sindicalizar al chofer
de larga distancia, es una campaña nacional bien planeada, bien financiada y
bien dirigida. La vieja forma azarosa de intentar sindicalizar a los choferes
del transporte terrestre en una comunidad a la vez, dará más o menos los
mismos resultados que los logrados hasta la fecha. Es decir, prácticamente
nada. . .
“Cientos de miles de choferes de camión de larga distancia están a la
espera de algún organismo que les pueda mejorar las condiciones de trabajo y
lograr que sus sueldos aumenten a un nivel vital. Es el momento oportuno de
echar a andar tal campaña”.
La sindicalización de los conductores de larga distancia y la organización
a fondo de las formaciones Teamster en nuevas localidades eran tareas
interrelacionadas, según señaló el Northwest Organizer.
Tomemos el caso de choferes de línea provenientes de pueblos de taller
abierto* que llegaran a un baluarte sindical como Minneapolis, por ejemplo.
Tenían que afiliarse a la IBT y sus empleadores estaban obligados a pagar
según la escala salarial que habíamos establecido para ese trabajo. Los
patrones afectados difícilmente podían negarse a cumplir con estas
condiciones, ya que la opción era dejar de operar en la ciudad.
En el extremo de taller abierto de estas rutas de larga distancia surgió un
núcleo organizativo. El ímpetu que esto brindó a la sindicalización en esas
poblaciones lo reforzaron más aún los aumentos de sueldo obtenidos por los
choferes de línea, los cuales a menudo eran bastante dramáticos.
La influencia así lograda, a su vez podría servir para un avance en el
arreglo local de acarreo, que atendía las ahora sindicalizadas operaciones de
línea. Desde ese punto de apoyo, la sindicalización se podría extender a
otras ramas del camionaje local y a las ocupaciones afines.
Este proceso, desde luego, presuponía el apoyo a los organismos nacientes
por parte de otras entidades más fuertes de la IBT [Hermandad Internacional de
Teamsters] de la región. Hacía falta la ayuda directa de organizadores
experimentados. Cuando un nuevo sindicato se veía obligado a realizar una
acción huelguística, el respaldo debía ser inminente: para poder conseguir el
reconocimiento y lograr conquistas para los miembros.
En la medida que en los pueblos remotos se pudiese lograr una
sindicalización a fondo de esta manera, se prepararía el terreno para
aprovechar los nuevos puntos fuertes para la sindicalización de los conductores
de línea que provenían de terminales de taller abierto aún más lejanas. A la
vez, las cadenas de firmas de abarrotes, las redes de distribución al por
mayor, etcétera, podían ponerse bajo control sindical en base a distritos. Sin
embargo, antes de poder realizar estos objetivos había que construir una
conferencia Teamster de un amplio alcance geográfico.
Como primer paso hacia ese fin, a principios de agosto de 1936 hicimos
arreglos para sostener consultas conjuntas con otros dos sindicatos de Minnesota
que tenían jurisdicción del Sindicato General de Choferes: el Local 120 de St.
Paul y el Local 346 de Duluth. Con ellos se llegó a un entendimiento, en
principio, sobre la necesidad de desarrollar una cooperación más exhaustiva
entre los Teamsters, comenzando a nivel estatal.
Además, el Local 120 aceptó unirse al Local 544 en una campaña conjunta
para la sindicalización completa del camionaje de cargas en Minneapolis y St.
Paul. Una medida inicial de este tipo era particularmente importante, ya que las
dos ciudades constituían efectivamente una sola zona metropolitana dividida por
una línea artificial. De ahí que las divergencias en el avance de los locales
120 y 544 serían sin duda perjudiciales. En cambio, al lograr conquistas mutuas
mediante estrechas relaciones de trabajo, se podría forjar en las Ciudades
Gemelas una formidable base Teamster desde la cual se podría acudir a otros.
Pocas semanas después se registraron más avances en el congreso de Cloquet
de la Federación Estatal del Trabajo de Minnesota. Los delegados Teamster al
congreso celebraron una reunión para debatir la necesidad de una colaboración
organizada. El debate sacó a relucir numerosos problemas que los locales de la
IBT enfrentaban en diversas partes del estado. Allí mismo se tomó la decisión
de constituir un consejo estatal provisional y formar un organismo central para
unificar y coordinar las actividades del sindicato Teamster.
Más o menos por esa época, logramos ayudar a los choferes de camión de
Fargo para que reactivaran el sindicato en esa ciudad de Dakota del Norte. A
comienzos de 1935, [el presidente del sindicato Teamster Daniel] Tobin les
había revocado la carta constitutiva, contribuyendo así en gran medida a la
derrota de una enconada huelga. Desde entonces habían conservado a un núcleo
de militantes, esperando la oportunidad de reanudar su lucha contra los
patrones. Pat Corcoran, quien ahora podía y estaba dispuesto a echarles la
mano, los respaldó en la obtención de una nueva carta constitutiva de la IBT,
ahora como el Local 116. Ya se iba reconstruyendo una relación que nos
llevaría al otro lado de la frontera del estado.
Según se había acordado en las conversaciones de Cloquet, en Minneapolis se
celebró una conferencia de locales Teamster el 10 de enero de 1937. Pat
Corcoran rindió el informe principal. Las antiguas ideas no se adecuaban para
las necesidades del día, dijo. Se exigían nuevos métodos y formas de
sindicalizar a los trabajadores del camionaje. Una vez logrado eso, nuestro
objetivo debía ser buscar establecer la uniformidad de sueldos, horarios y
condiciones de trabajo en todo el distrito. No había planes ocultos de captar a
sindicatos locales para formar un bloque de poder, le aseguró a los delegados.
El único objetivo era un programa honesto y sincero de cooperación.
La conferencia resolvió lanzar un Consejo de Choferes del Distrito Norte
Central (North Central District Drivers Council-NCDDC). Corcoran fue
electo presidente y yo fui nombrado secretario del nuevo organismo. Se definió
provisionalmente que el distrito abarcaría Dakota del Norte y del Sur, Iowa,
Minnesota, Wisconsin y el norte de Michigan.
El Local 120 de St. Paul no participó en la conferencia. Al parecer, el
agente de Tobin, John Geary, fue en gran medida responsable de que el local se
echara atrás en el compromiso que había asumido. Aparentemente Geary no
quería que los rebeldes de Minneapolis se metieran con la estructura Teamster
-tranquila, ordenada y tradicional- que él presidía en esa ciudad.
Por el momento dejamos de lado el problema de St. Paul y de inmediato
atendimos Wisconsin. Otro organizador general de Tobin, Henry Berger, que tenía
su sede en Chicago, vigilaba los locales Teamster en ese estado colindante.
Corrían rumores de que Berger, dondequiera que fuera, hablaba mal de nosotros.
Así que Corcoran y yo decidimos asistir a una conferencia de la IBT celebrada
en Green Bay a finales de enero.
Allí encontramos delegados quienes estaban muy mal informados sobre los
objetivos del NCDDC. Sin embargo, parecían estar ansiosos de conocer la verdad,
así que pudimos aprovechar para dar unos cuantos golpes planteando la necesidad
de un cambio en los métodos de sindicalización de los Teamsters. Aunque
nuestros intentos no resultaron en la integración directa de los locales del
oriente de Wisconsin al consejo, como habíamos proyectado, al menos habíamos
hecho algunos amigos entre ellos.
Luego de este episodio, Corcoran, L.A. Murphy y yo fuimos a una reunión del
Consejo Ejecutivo Internacional, celebrada en Washington, D.C. Fue la primera
vez que Tobin y yo nos conocimos personalmente. Los dos observamos las
cortesías de la ocasión, pero con una frialdad que reflejaba nuestras hostiles
relaciones del pasado.
Corcoran habló ante el consejo a nombre nuestro. El tenor de sus comentarios
era asegurar que las cosas marchaban bien en el Local 544 y que prevalecía la
armonía en el Consejo Unido de Teamsters de Minneapolis. Después Tobin pidió
una conversación privada con Corcoran y Murphy. Luego me contaron que Tobin les
había preguntado sobre el consejo de distrito que estábamos construyendo. Les
pareció que sus respuestas habían aliviado las sospechas de Tobin sobre el
proyecto.
Durante el viaje también nos detuvimos en Chicago. Principalmente a través
de los contactos de Murphy en esa ciudad, pudimos explicar nuestros planes de
expansión en los círculos Teamster e incluso estimular cierto interés en el
proyecto. La voz de Berger ya no era la única que se escuchaba allí al
respecto.
A partir de marzo, Corcoran y yo realizamos una gira exhaustiva de Minnesota
y las Dakotas, hablando en calidad de funcionarios del NCDDC. El itinerario
incluyó las ciudades donde ya existían locales Teamster y otros donde nos
proponíamos echar a andar nuevas formaciones. El papel conservador que
anteriormente había jugado Pat en la AFL [Federación Americana del Trabajo]
resultó útil para impuslar nuestros objetivos. Su reputación entre los
derechistas le permitió solicitar la cooperación activa de funcionarios de las
Federaciones Estatales de la AFL en Dakota del Norte y del Sur, lo que resultó
ser de lo más útil.
Nuestra gira sirvió principalmente como operación pionera. Doquiera que
dábamos con un filón, realizaban una acción de seguimiento otros
organizadores de los sindicatos más fuertes, especialmente los locales 544 y
471 de Minneapolis y el Local 346 de Duluth. Después de cierto tiempo Walter
Hagstrom, un representante sindical del Local 544 en la empresa de taxis Yellow
Cab y también trotskista, fue asignado a tiempo completo como un organizador
del NCDDC. Trabajó principalmente en Dakota del Norte, donde rápidamente se
iba acelerando el ritmo de sindicalización.
En otro lado del distrito, pronto surgió un conflicto con la cadena
mayorista de frutas y verduras Gamble-Robinson (también conocida como
Nash-Finch). El conflicto comenzó en el norte de Minnesota. La compañía
estaba dispuesta a negociar con el Local 346 en Duluth, pero rehusaba tratar con
el sindicato en Hibbing. Apegándose a las normas del NCDDC, el Local 346, el
sindicato más fuerte, se negó a negociar hasta que se incluyera Hibbing. Así
se obligó a la compañía a dar concesiones a los empleados en ambas
localidades.
Aproximadamente una semana después, el Local 662 de la IBT en Eau Claire,
Wisconsin, salió en huelga contra la sucursal de la Gamble-Robinson en esa
ciudad. El NCDDC brindó el máximo de apoyo a los trabajadores en combate y al
poco tiempo éstos triunfaron. En una resolución que se extendía mucho más
allá de Eau Claire, la empresa firmó un convenio global que abarcaba todas sus
sucursales del distrito donde anteriormente no se había obtenido un contrato
sindical. En algunas de estas sucursales, sobre todo en los pueblos más
pequeños, los sueldos aumentaron en casi el doble. Se fijaron fechas de
vencimiento idénticas, lo que ponía a los trabajadores en una posición
sólida para renegociar mejores condiciones un año más tarde.
Así, el NCDDC había sido directamente instrumental en la transferencia de
dinero de los bolsillos de los patrones a los de los trabajadores. Además, esto
se había logrado contra una de las entidades más grandes y de peor fama
antisindicalista de la región. La noticia corrió por las praderas como reguero
de pólvora. Los trabajadores de una ciudad tras otra se vieron inspirados a
contribuir a la campaña de los Teamsters con renovado vigor.
Su respuesta caracterizaba la forma en que la radicalización de esos días
se propagaba entre las masas, extendiéndose desde las principales ciudades a
los focos más aislados de la población del país.
Reaccionando lógicamente según su perspectiva de clase, los capitalistas se
propusieron debilitar la fuerza creciente de los Teamsters en su punto de
origen, el Local 544. En Minneapolis, ellos ahora estaban mejor organizados que
nunca con su nueva formación, las Industrias Asociadas (Associated
Industries). También se había establecido su homóloga en St. Paul, con
una configuración en el transporte camionero denominada el Comité Patronal de
Cumplimiento (Employers Compliance Committee). Actuando conjuntamente,
los patrones de las Ciudades Gemelas buscaron utilizar en nuestra contra las
deficiencias del Local 120, que estaba mal dirigido.
Su plan era mantenerse firmes contra la renovación de contratos con el Local
544 hasta que se impusieran las condiciones más duras posibles al sindicato
más débil en St. Paul. Así sentarían las bases propagandísticas para negar
nuevas concesiones en Minneapolis y para exigir, en cambio, que renunciáramos a
las conquistas ya logradas. Al lanzar un ataque por el flanco del Local 544, en
vez de intentar asestarle de frente un golpe aplastante como en el pasado,
esperaban socavar la fuerza del local.
Nuestra primera respuesta fue dejar saber a los patrones que sabíamos lo que
tramaban, esperando así asustar a los más nerviosos entre ellos. En un
editorial del Northwest Organizer declaramos: “Si los empleadores de
Minneapolis quieren guerra, la tendrán, pero la sangre correrá por cuenta
suya, no nuestra”.
Mientras tanto, nos pusimos a atender el problema de realizar acciones
conjuntas con el Local 120. En este sentido, Corcoran, Murphy, Smith y Wagner
ayudaron mucho en su capacidad de integrantes de la junta ejecutiva del Local
544. Utilizaron su influencia en la IBT para concertar una reunión con
funcionarios del sindicato Internacional sobre el tema. Se celebró una sesión
en Indianapolis, con comités de ambos locales y ante la presencia de John
Geary. Se llegó a un acuerdo de que los dos sindicatos debían colaborar a fin
de lograr sueldos uniformes en el sector del transporte por camión en las
Ciudades Gemelas.
Se acordaron demandas en común para una escala de salarios más alta. Esto
implicaba que los trabajadores de St. Paul, cuyos sueldos se habían quedado
rezagados, obtendrían un mayor aumento que los de Minneapolis. Sin embargo,
esto no significó para nosotros ningún problema, porque nuestros miembros
entendían la necesidad de esta aparente desigualdad en el proceso de establecer
paridad de sueldos. Se reconocía que el logro de este objetivo llevaría a la
larga a conquistas mucho más importantes.
Cuando se presentaron las demandas a las empresas de trasbordos, el Local 120
indicó que saldría en huelga si eran rechazadas. En el caso del Local 544, los
miembros aprobaron otorgar al consejo directivo la facultad plena de convocar a
huelga. Se hizo así porque los contratos que estaban por renovarse implicaban a
otros sectores de la industria aparte de las empresas de trasbordo y al elaborar
nuestra táctica había que considerar asuntos delicados en cuanto al momento
más oportuno.
Para demostrar que íbamos en serio, el Local 544 salió en huelga primero
contra las grandes mueblerías el 16 de junio. Una semana después capitularon
los patrones de las empresas de trasbordo de Minneapolis, cuando estaba a punto
de convocarse la huelga en su contra. Firmaron un convenio en que concedían la
demanda del sueldo mínimo de 70 centavos por hora, lo que estableció un nuevo
precedente en la industria. Nuestra victoria rompió el frente único de las
Industrias Asociadas. También dio marcha atrás a la situación estratégica
que los patrones habían intentado crear en las Ciudades Gemelas.
En St. Paul las empresas de trasbordo rehusaron aceptar las condiciones del
convenio de Minneapolis, y el Local 120 convocó a una huelga en su contra el 23
de junio. El Local 544 inmediatamente se volcó con todo para apoyar los
piquetes y para contribuir conocimientos prácticos a partir de su propia
experiencia huelguística, que era considerable. Se asignaron especialistas para
ayudar en cada aspecto de las actividades.
Con la ayuda de estas manos experimentadas, se introdujo a los piquetes la
técnica de los escuadrones móviles. Se instaló un comisariato. Se formó un
comité auxiliar de mujeres para participar en la lucha. El personal del Northwest
Organizer también sacó un boletín huelguístico diario. A petición de
los huelguistas, un representante del Local 544 también ayudó en las
negociaciones con los patrones.
Los sindicatos de fuera de las Ciudades Gemelas y pertenecientes al NCDDC se
solidarizaron con la lucha rehusando transportar nada que normalmente
correspondería al Local 120.
Apenas comenzaba la huelga cuando la Asociación de Transporte Motorizado
Regulado (Regulated Motor Transportation Association) rompió filas con
el resto de patrones y firmó un convenio con el sindicato (tema que vamos a
retomar más adelante). Como esta Asociación representaba a grandes empresas
del transporte de larga distancia, su acción constituyó un gran avance para el
Local 120. Sin embargo, a pesar de este cambio las empresas dedicadas al
transporte local persistieron desesperadamente en su afán de vencer al
sindicato.
En los diarios se publicaron anuncios pagados en que se atacaba a Arthur F.
Hudson, presidente del Local 120, con el fin de sembrar discordia entre los
huelguistas. Luego de tergiversar los temas pertinentes, un anuncio tuvo el
descaro de proclamar: “La única conclusión que se puede sacar es que el
presidente de su sindicato, dominado por los dirigentes del Local No. 544, ha
considerado que su poder y programa personales son de mayor importancia que el
bienestar tanto de los camioneros de St. Paul como del público en general”.
Después se aprovechó un incidente de la huelga para insistir con aún más
saña en el tema falso de la “dominación” del Local 544. Resulta que un
día un camión esquirol se salió de la carretera y se fue en una zanja. Bill
Brown, que por casualidad andaba por esa zona, fue detenido. Lo acusaron de “atraco
en un camino”, delito punible con una condena de entre 5 y 40 años en
prisión. En la prensa se lanzó una campaña difamatoria en base a la
acusación, y los patrones dieron todas las señales de que aspiraban
condenarlo.
La amenaza suscitó una declaración del NCDDC de que convocaría a una
huelga de protesta de 48 horas entre sus 20 mil afiliados en cuatro estados si
se procesaba a Brown. Así, el intento de debilitar al consejo de los Teamsters
en su seno se convertía en un nuevo peligro para los patrones en la periferia
del distrito. Eso provocó que intervinieran elementos más sobrios dentro de la
clase dominante y al final se retiraron los cargos en contra de Brown.
A la vez que sucedía todo esto, las líneas de piquetes se habían mantenido
firmes. Habían surgido fuertes sentimientos de camaradería entre los locales
120 y 544 a medida que luchábamos hombro a hombro. De haber una rendición,
tendría que venir de los patrones, y es precisamente lo que sucedió.
Tras un paro de ocho días, las empresas de trasbordo llegaron a un acuerdo
con el sindicato. Se fijaron sueldos equiparables a los de Minneapolis. De
hecho, el contrato registró logros que en general eran tan impresionantes que a
los huelguistas les costaba creer cuando se enteraron de las condiciones del
convenio en la reunión de ratificación.
Al considerar la victoria que habían logrado -y la ayuda que habían
recibido- ya no cabía duda de que los funcionarios y filas del Local 120
serían de ahí en adelante partidarios activos del NCDDC.
Ahora que se había ganado la lucha clave, el Local 544 enfocó su atención
al problema de su propio contrato. La huelga contra las mueblerías ya se había
resuelto a favor de los trabajadores. No tardó para que la renovación de
convenios en otros sectores del transporte camionero se lograra sin necesidad de
luchar. En cada caso los patrones cedieron en los puntos más importantes. El
plan de las Industrias Asociadas, de socavar la fuerza del sindicato, había
estallado como una burbuja en el viento.
Como agregando un toque de ironía, el Local 544 sindicalizó a los choferes
privados de la clase adinerada. El movimiento lo iniciaron unos ex taxistas que
ahora ocupaban esos puestos. No hubo negociaciones. El sindicato simplemente
envió a cada empleador una carta en que se indicaba el sueldo mínimo que
había que pagar, tal como habían decidido los trabajadores afectados. Pocos
pusieron reparos. Al parecer temían que si se resistían los escuadrones
móviles del sindicato obligarían a sus limosinas a salir de circulación.
Al resumir, en su inimitable estilo, las conquistas de las filas del Local
544 en materia de sueldos, Bill Brown escribió en el Northwest Organizer:
“Recuerden, hace como tres años apenas estábamos ganando nuestros 42
centavos y medio por hora, que según los patrones no era ni más ni menos que
el comunismo. Entonces, con los 70 a 75 centavos por hora que recibimos ahora,
debemos estar en alguna etapa avanzada de la Utopía que aún no tiene nombre”.
Nuestro gran salto hacia adelante en las Ciudades Gemelas dio nuevo ímpetu a
la campaña Teamster en todo el distrito. Se constituyeron nuevos locales en
tres ciudades, con lo que llegaron a 11 las nuevas unidades desde que comenzó
la campaña. Dos estaban en Marshalltown y Mason City, lo que implicó el inicio
de una penetración en Iowa.
La tercera estaba en Winona, ubicada en el sureste de Minnesota. Esta región
del estado siempre había sido baluarte del antisindicalismo. De hecho, de
Winona se habían enviado los camiones esquiroles a Minneapolis durante la
huelga de la Strutwear de 1935. Ahora, dos años después, la AFL lograba su
primer avance en esa región.
Durante agosto el recién formado Local 799 de la IBT salió en huelga contra
las industrias del hielo, del carbón, de la madera y de trasbordos de Winona,
donde se había sindicalizado a unos 250 trabajadores. El sindicato ganó
aumentos sustanciales de sueldo y otros avances, estableciéndose firmemente en
ese pueblo.
En este periodo se realizaron huelgas contra diversos tipos de empresas
camioneras en Brainerd, Eau Claire, Mankato y Minot. En algunos casos los
patrones intentaron formar sindicatos amarillos para tratar de vencer a la IBT;
en otros casos, usaron a la policía ferrocarrilera junto a los policías
locales contra huelguistas; y en Mankato se dieron intentos de organizar
guardias ciudadanas, empleándose las sirenas de las fábricas como señal de
movilización. Sin embargo, ninguna de esas tretas antisindicales dio resultado.
Todas las huelgas las ganaron los Teamsters. Se registraron aumentos de
salario de hasta el 64 por ciento (Minot). Las horas de trabajo, que habían
sido insoportablemente largas, se recortaron a 48 por semana. Se reforzó el
reconocimiento del sindicato al establecer sistemas de representantes sindicales
para vigilar que los empleadores cumplieran con los convenios. En algunos casos
los triunfos sindicales fueron seguidos por “campañas antiesquirol”, que
emulaban la técnica del Local 544.
Así, con su campaña en pleno avance, el NCDDC celebró una conferencia los
días 18 y 19 de septiembre en Hibbing, Minnesota. Asistieron 83 delegados, en
representación de 29 locales de la IBT del distrito. Las deliberaciones se
centraron en un informe del Comité de Campo, el organismo dirigente del
consejo, que se incorporó a las actas de la reunión. Los fragmentos claves
decían lo siguiente:
“Es importante reconocer que el trabajo general del Consejo ahora pasa
rápidamente a una segunda etapa decisiva. Durante la primera etapa el trabajo
se centró principalmente en la formación de sindicatos locales y en la
creación de mecanismos para la organización de éstos y para la elaboración
de demandas para presentarse a los empleadores. Esta etapa del trabajo aún
queda por realizarse en diversos lugares.
“Sin embargo, una parte importante del Consejo ya ha pasado a esa etapa de
su evolución donde las negociaciones con los empleadores ya están en marcha y
podría resultar necesario salir en huelga. Esto crea una gran demanda para
hombres experimentados que puedan reunirse con los empleadores y, en general,
dirigir la estrategia del sindicato para tomar las medidas necesarias para
lograr contratos firmados. Se exige, además, establecer la más estrecha
cooperación entre los diversos sindicatos locales y el Comité de Campo del
Consejo.
“Se cometerán muchos errores, pero es de vital importancia recordar que un
grave error del sindicato local, que resulte en la derrota a manos de los
empleadores, tendría un efecto perjudicial en todos los sindicatos locales del
Consejo.
“Es importante asimismo tener muy en cuenta que hemos sorprendido en las
primeras etapas a los patrones, pero éstos se opondrán enérgicamente a
nuestras labores de sindicalización y para este fin utilizarán todo
instrumento que esté a su disposición. . .
“Hay que recordar que el Consejo sólo representa, a fin de cuentas, una
organización voluntaria de sindicatos locales que actúan en conjunto para que
la fuerza de uno sea la de todos. De ahí se desprende que la debilidad de un
local se convierte en la debilidad de todos, y cuando un local no pone de su
parte, la labor del Consejo se ve gravemente obstaculizada. . .
“Entendemos perfectamente que se trata de seres humanos y no de máquinas,
y que aun en las mejores circunstancias todos tenemos muchos defectos; pero es
precisamente por estas verdades que pedimos con seriedad que todos los delegados
y todos los sindicatos locales reconozcan la naturaleza de nuestro Consejo y los
impedimentos con los que éste funciona, y que hagan todo lo que esté en su
poder para ejercer el máximo de iniciativa y cooperación en lograr el éxito
de la sindicalización de todos los conductores del distrito”.
La conferencia aprobó las perspectivas establecidas por el Comité de Campo.
Además, se aprobó una resolución a favor de que la AFL adoptara el régimen
industrial de organización, una fórmula que los recién formados locales de la
IBT tendían a emular. Sintiéndose mejor preparados para la lucha, los
delegados regresaron a sus respectivas localidades, y pronto se perfiló una
nueva ola de batallas contra los patrones.
Durante octubre se realizó en Fargo una huelga de tres semanas en las
empresas de transporte de larga distancia y de carretas locales. El sindicato se
adjudicó un triunfo contundente, logrando el pleno reconocimiento de los
empleadores. Se registraron marcados avances en materia de sueldos, horarios y
condiciones de trabajo. Después de una demora de dos años y aún otra lucha
difícil, el Local 116 había superado la derrota en 1935 que Tobin les había
impuesto a sus predecesores.
Al tiempo que ocurría esto, también ocurrió un paro a varios kilómetros
hacia el norte, en Grand Forks, Dakota del Norte. Eran trabajadores de los
sectores de trasbordo, panaderías, mercados y abarrotes al por mayor, y los
conflictos duraron entre varios días y tres semanas en las distintas empresas.
A pesar de la violencia desatada por la clase gobernante contra los
trabajadores, el Local 581 de la IBT salió vencedor en todos los frentes. Se
lograron concesiones importantes de los empleadores. Se había alcanzado un
grado más alto de sindicalismo en esa población anteriormente sombría.
En el vecino estado de Dakota del Sur, en cuestión de semanas se produjo un
conflicto enconado en Sioux Falls. Jack Maloney y Happy Holstein, del antiguo
plantel del Local 574, habían sido enviados a esa ciudad a petición del Local
749 de los Teamsters. Este sindicato, recién constituido apenas, se concentraba
en ese entonces en la sindicalización de choferes de larga distancia y
conductores de carretas locales. Los patrones rehusaron negociar, y en noviembre
se convocó a una huelga.
Se trajeron esquiroles y la policía obtuvo equipos antimotines en un intento
de aplastar la huelga. Se dieron dos batallas campales, una en la empresa de
trasbordo Munce Bros. y la otra en la Wilson Transportation. Aunque varios
trabajadores resultaron heridos cuando la policía los agredió con gases y
porras, los piquetes se mantuvieron firmes. Al final las empresas se rindieron
ante el sindicato, y se registró otro avance más del NCDDC.
Entretanto, sin embargo, se le había asestado un gravísimo golpe a la
campaña Teamster en Minneapolis.
Capítulo 15:
Asesinato a sangre fría
“El miércoles por la noche, a eso de las 10, Patrick J. Corcoran,
secretario-tesorero del Consejo Unido de Teamsters de Minneapolis y presidente
del Consejo de Choferes del Distrito Norcentral, fue asesinado vil y brutalmente
cerca de su casa.
“Temprano esa noche había participado en una reunión del Local de
Choferes de Lavanderías en la sede del Consejo, en el 257 de la Avenida
Plymouth Norte. Salió de la reunión rumbo a su casa, puso su automóvil en el
garaje y empezó a dirigirse a la puerta. Fue entonces que su atacante o
atacantes lo agredieron, golpeándolo, rompiéndole el cráneo y metiéndole una
bala en la cabeza. Su cuerpo cubierto de nieve fue descubierto por un vecino a
las 11:30 p.m.”
Con esos párrafos tersos se describió en una edición especial del Northwest
Organizer del 17 de noviembre de 1937, el asesinato del dirigente Teamster.
El periódico sindical también informaba:
“El jueves por la mañana, a las 10 en punto, se celebró una reunión
especial ejecutiva del Consejo Unido de Teamsters en su sede central. La
asamblea ejecutiva decretó que el Consejo ofrece una recompensa de Diez Mil
Dólares por el arresto y condena de los responsables del asesinato de Corcoran.
Decretó, además, el sábado 20 de noviembre como día feriado para todos los
miembros de los oficios de Teamsters en Minneapolis, para permitir que los
miembros asistan a los servicios funerarios del martirizado sindicalista, a
celebrarse en la Basílica de Santa María. . .
“Miles Dunne fue electo para ocupar el puesto de secretario-tesorero del
Consejo temporalmente”. (Posteriormente Miles fue electo formalmente por los
delegados del Consejo Unido para ocupar el puesto por un turno completo.)
La reunión ejecutiva del Consejo también emitió un comunicado en que
declaraba: “Pat Corcoran ha dirigido una lucha intransigente contra los
patrones de Minneapolis y sin lugar a dudas ha incurrido, por su inquebrantable
lealtad a los intereses de los trabajadores, en la enemistad de una amplia
sección de los patrones de Minneapolis y sus agentes. Puede quedar poca duda de
que muchos de los patrones que tuvieron que vérselas con Corcoran durante los
últimos dos años tienen motivos para desear su eliminación”.
En un comunicado dado a conocer simultáneamente, el Local 544 afirmaba: “Pat
Corcoran y el Sindicato de Choferes en un momento dado estuvieron en campos
opuestos. Sin embargo, desde aquel momento y desde el momento en que el Local
del Sindicato de Choferes volvió a la Internacional de Choferes, no ha habido
partidario más firme, o amigo más auténtico, que Corcoran. Desde el
reacercamiento entre el otrora sindicato ilegal (574) y la AFL, no ha habido
nadie que haya dado mayor apoyo [al sindicato de] Choferes que Pat Corcoran. El
ha sido nuestro amigo y nos ha dado a conocer con todas sus acciones que estaba
activamente interesado en fomentar los intereses de los oficios de Teamsters en
Minneapolis. . .
“Durante su lucha por sindicalizar a los trabajadores del transporte por
carretera del noroeste, Corcoran había hecho enemigos que, sin duda, deseaban
su muerte. Si el asesinato de dirigentes de oficios de Teamsters es la respuesta
de la patronal, entonces el Local 544 dice: ustedes pueden matar a quienes crean
que son los dirigentes. Pero hemos adiestrado a gente que seguirá haciendo
avanzar la lucha”.
Al día siguiente salieron en la radio Miles Dunne y Ray Sawyer, presidente
de la Unión de Choferes de la Leche. Retransmitieron para toda la ciudad la
oferta del Consejo Conjunto de una recompensa de 10 mil dólares por la
detención y condena de los asesinos de Pat. Además notificaron a todos los
trabajadores de los planes para un paro de camiones durante el funeral.
Durante el viernes por la noche y temprano en la mañana del sábado, una
río interminable de sindicalistas desfiló silenciosamente por el hogar de la
familia Corcoran, que se hallaba colmado de flores, para rendir su último
tributo a Pat. Desde las nueve de esa mañana hasta el mediodía, mientras se
realizaba el servicio fúnebre, no circuló ni un solo camión en la ciudad.
Más de 10 mil trabajadores acudieron a la basílica para los últimos
servicios, llenando esa gran iglesia y desbordándose hasta la calle. Había
delegaciones de los pueblos de la región representando los locales Teamsters
afiliados al NCDDN. Con dolor y con rabia todos habían venido a dar a Pat la
despedida que merecía. Y estaban más resueltos que nunca a seguir adelante en
la lucha sindical que a él le había costado la vida.
Después del funeral el Local 544 realizó una asamblea general de sus
miembros para evaluar la nueva situación. Todos los presentes estuvimos de
acuerdo en cuanto a los principales problemas que enfrentábamos. Para que
hubiera alguna posibilidad de encontrar a los que atacaron a Pat, el movimiento
sindicalizado tendría que poner mucha presión sobre el gobierno para que
actuara. Esto, sin duda, tendría que hacerse a la luz de un nuevo ataque
capitalista, ya que era de esperarse que los patrones usaran su trágica muerte
contra el sindicato.
Reconociendo que los enemigos del movimiento obrero podían intentar otros
asesinatos, la asamblea votó a favor de tomar medidas protectoras. Se autorizó
armar al plantel del Local 544. También se tomó la decisión de proveer
guardaespaldas de entre las filas del sindicato para sus funcionarios.
En el caso presente, armar a los funcionarios tuvo lugar bajo circunstancias
distintas de las que habían prevalecido en 1936. Esta vez no había una lucha
sindical interna. Uno de los nuestros había sido asesinado, teníamos que dar
por sentado, por agentes de la clase dirigente y había una amenaza implícita
para otros. Así que el sindicato compró revólveres calibre .38 para uso
defensivo. Como salvaguarda contra posible fabricación de cargos por la
policía por portar estas armas, se solicitaron permisos oficiales. Cuando las
autoridades denegaron la solicitud, nos cubrimos registrando los números de
serie de las pistolas con el jefe de la policía.
L.A. Murphy estuvo a cargo de estos trámites. Entonces, una vez esa tarea se
había cumplido a cabalidad, renunció como secretario-tesorero del Local 544.
Al hacerlo explicó que razones personales de importancia requerían que
volviera a Rockford, Illinois. Allí, pasado un tiempo, volvió a sus
actividades previas como funcionario Teamster en esa ciudad.
(La persona que regresó a Rockford era distinta de la que había salido de
esa ciudad en la primavera de 1936 para servir a Tobin en Minneapolis. En el
curso de combatir al Local 574, Murphy había llegado a respetar a sus
dirigentes trotskistas. Entonces, su asociación con nosotros en la junta
ejecutiva del Local 544 le había atraído, al menos en parte, a los principios
de lucha de clases por los que nos regíamos. A su propio modo, se había
convertido en un simpatizante trotskista. Hasta su muerte años más tarde,
Murphy hizo contribuciones financieras ocasionales al partido, haciéndolas a
través de Ray Dunne.)
Mientras tanto, Jim Cannon, tan pronto supo del asesinato de Corcoran, salió
sin demora hacia Minneapolis. Como en previos momentos de crisis, trabajó
estrechamente con la fracción Teamster del partido, ayudándonos en cualquier
forma posible. Además Jim trajo consigo a Felix Morrow, un competente
periodista del partido, para asistir a la redacción del Northwest Organizer.
En ambos casos la ayuda de veras fue apreciada. Nos enfrentábamos a problemas
complejos para darle forma a la estrategia del sindicato y contrarrestar los
ataques propagandísticos de sus enemigos.
Para empezar, ya se venía desarrollando una campaña difamatoria en los
diarios. Los capitalistas rápidamente intentaban aprovechar esta nueva
oportunidad de golpear a los trotskistas, contra quienes tenían quejas
profundas. Desde 1934 habíamos sido instrumentales en forzar a los patrones a
soltar millones de dólares para aumentos salariales. Y para 1937 nos habíamos
convertido en un factor clave en una campaña de sindicalización por toda la
región que había de añadir nuevas sumas enormes a las nóminas de las
empresas. Así que para la clase dirigente había incentivos materiales para
intentar usar el asesinato de Pat como medio de volver la marea contra nosotros.
Eran de esperarse llamados para que se investigara a los sindicatos. El objetivo
mínimo sería plantar divisiones en el movimiento obrero y desmoralizar a los
trabajadores. También existía el peligro de que intentaran fabricar falsos
cargos legales contra los dirigentes del Local 544.
Al mismo tiempo los estalinistas sin duda utilizarían esta oportunidad para
lanzar un ataque faccional sin principios contra nosotros. Lo que es más, era
seguro que lo harían sin importarles en lo absoluto las consecuencias que eso
tendría para el movimiento obrero. De eso podíamos estar seguros, ya que una y
otra vez habían hecho lo mismo en anteriores momentos críticos en la cambiante
lucha de clases.
También existía la posibilidad que hubiera nuevas dificultades con Tobin,
ya que nuestras relaciones pacíficas con él en aquel momento eran de una
naturaleza más bien frágil.
En estas circunstancias generales se necesitaba una contraofensiva rápida
contra la clase dominante. Como primer paso en esa dirección, elaboramos
demandas concretas para que el gobierno actuara de forma vigorosa en la
búsqueda de los asesinos de Corcoran. Se realizaron intentos de desarrollar el
frente único más amplio posible dentro del movimiento obrero en torno a esas
demandas.
La contraofensiva comenzó con la redacción de dos resoluciones. Una exigía
que el forense del condado, Gilbert Seashore, creara un jurado del forense para
proceder con una investigación del asesinato. La otra llamaba a que el fiscal
general de Minnesota, Ervin, nombrara a un investigador especial para descubrir
a los asesinos. Específicamente, se pedía que Ervin nombrara a Sam Bellman,
representante estatal del Partido de los Agricultores y Trabajadores, muy
conocido y con amplia confianza en círculos sindicales, para el puesto
investigativo.
Ambas resoluciones fueron aprobadas en el Consejo Unido de Teamsters. Luego
los representantes de la IBT hicieron que se aprobara en una reunión de la
Junta de Agentes de Negocios Sindicales de Minneapolis. Esta organización, que
consistía de funcionarios de todos los sindicatos de la AFL, era ampliamente
representativa del movimiento sindical de la ciudad. De esta manera rápidamente
se había formado un frente único significativo en torno a las dos demandas
específicas, que fueron respaldadas al poco tiempo por la Unión Central del
Trabajo.
Posteriormente una amplia delegación sindical se reunió con Ervin y
Seashore para exigir una acción inmediata respecto a las demandas sindicales.
Ervin se negó a nombrar un investigador especial alegando falta de fondos. Sin
embargo, la administración estatal, siendo del Partido de los Agricultores y
Trabajadores, tenía que mostrar algún gesto de cooperación con el movimiento
sindical. Así que el gobernador Elmer Benson (quien había tomado posesión de
su cargo tras la muerte de Floyd Olson en 1936) le pasó el balón a Roosevelt,
pidiendo que el FBI ayudara a encontrar a los asesinos. El fiscal general de
Estados Unidos, Cummings, respondió que Washington no podía involucrarse en el
caso “a menos que se produjeran pruebas de que se había cometido un crimen
federal”. Como señaló el Northwest Organizer, el asesinato de
dirigentes sindicales no parecía merecer la atención federal.
Sin embargo, el forense Seashore sí respondió a las demandas sindicales.
Convocó un jurado que, desde el punto de vista sindical, era sorpresivamente
favorable en su composición. Estaba formado por T.E. Cunningham, presidente de
la Federación Estatal del Trabajo; Allen Sollie, de la Unión de Empleados del
Condado y Municipales de la AFL; I.G. Scott, comisionado del condado por el
Partido de los Agricultores y Trabajadores (anteriormente concejal de la
ciudad); Sam Bellman, a quien los sindicatos habían querido como investigador
especial; Charles Horn, un patrón con tendencias liberales; y el ex alcalde de
Minneapolis, Kunze, funcionario de banco.
El jurado se reunió el 30 de noviembre y condujo una investigación que
duró cinco días. Citaron a unas 140 personas para que comparecieran. Lo más
destacado de las sesiones se resumió en el Northwest Organizer.
Alice Corcoran, viuda de Pat, y Frank Dorrance, del Local 471, hablaron de
diversas amenazas que se habían hecho contra la víctima del asesinato. En un
caso, unos gángsteres habían amenazado a Pat de muerte, se informó, para
intentar prevenir que organizara a los choferes de los camiones de helados.
El doctor Russell Noice dijo que había escuchado a cuatro hombres amenazar a
los Dunne y a Bill Brown en una cervecería.
Ray Dunne declaró que las amenazas contra los dirigentes sindicales ocurren
con regularidad, especialmente cuando el movimiento sindical está logrando
grandes avances. “Poco antes de que Corcoran fuera asesinado”, dijo al
jurado, “habíamos presentado varias de ellas a la policía”.
Mientras yo comparecía como testigo, Horn, un miembro del jurado, me
preguntó sobre posibles resentimientos contra el sindicato por parte de
empresas del camionaje con bajos salarios que venían a Minneapolis de otras
ciudades. Su pregunta me permitió recalcar la posibilidad de que Pat había
sido asesinado por agentes de los patrones.
Durante las sesiones de la investigación, la prensa capitalista se quejaba
continuamente alegando que Grant Dunne dirigía la investigación. En realidad,
el sindicato había asignado a Grant para que asistiera al forense Seashore de
cualquier forma posible. Nuestra actitud quedaba en marcado contraste con el
fracaso de las fuerzas de “la ley y el orden” oficiales de prestar una ayuda
significativa al jurado del forense. Debido en buena medida a la actitud de
falta de cooperación de la policía, la investigación no logró producir
pistas sobre los asesinos de Corcoran.
Tomando nota de la poca atención en el intento de dar con los criminales, el
Northwest Organizer afirmó: “Nuestros enemigos prefieren mantener en
secreto la identidad de los asesinos. En primer lugar, porque esos asesinos
provinieron con certeza de entre los enemigos del movimiento sindical. Segundo,
porque en tanto no se halle a los asesinos de Pat, nuestros enemigos seguirán
intentado achacárselo a los sindicatos por los que Pat vivió y murió”.
El letargo policial en el caso de Corcoran era sintomático, como lo eran
también las calumnias contra el movimiento sindical en la prensa capitalista y
las continuas amenazas contra otros dirigentes obreros. Eso se había convertido
en norma cotidiana. Para los sindicalistas la vida bajo esas circunstancias se
reflejó en experiencias narradas posteriormente por Marvel Scholl.
“No sería del todo cierto decir que para mí el terror comenzó con el
asesinato de Pat Corcoran”, escribió. “En realidad, todo el periodo de
nuestra expulsión de los Teamsters, con la presencia de los matones de Tobin en
la ciudad, fue de incertidumbre por la vida de nuestros camaradas.
“Pero el verdadero terror comenzó temprano aquella mañana de noviembre,
cuando súbitamente alguien golpeó nuestra puerta y despertamos para escuchar
que Harry DeBoer decía, ‘Despierta, Farrell. Asesinaron a Pat anoche’.
“Por ese entonces no teníamos teléfono. Pero después de esto Farrell
cedió ante mis ruegos para instalar uno, aunque esto significaba que dejaría
de gozar de ese poquito de paz y privacidad que significaba el no tenerlo.
“Cuando Tommy Williams [un taxista que pertenecía al Local 544] se
convirtió en el guardaespaldas de Farrell, prácticamente vivía con nosotros:
incluso hasta el punto de ir al cine con nosotros los sábados por la noche,
aunque en esas ocasiones ambos insistíamos que llevara a Violet [su esposa] con
él.
“Farrell odiaba tener guardaespaldas y llevar pistola y siempre que podía
se escapaba y manejaba a casa solo. Al final dejó de portar la pistola y la
dejó, descargada, en un estante alto de la cocina.
“Una noche mientras escribía mi [columna para el Northwest Organizer]
Línea de Piquetes, nuestra perrita, Lady, se puso a ladrar hacia la puerta de
la cocina y la regañé. Entonces, de repente, oí que se rompió un cristal en
el sótano, en la parte del frente donde había un almacén.
“Entonces sabía que había alguien en el sótano. Aparentemente habían
estudiado los hábitos de Farrell. El solía conducir el coche hasta meterlo al
garaje, entraba a la casa por la puerta levadiza lateral y bajaba al sótano
para alimentar la calefacción para la noche.
“Llamé a la sede de los ayudantes de gasolineras, donde sabía que
probablemente estarían Farrell y Tommy, ya que estaban en huelga. Tommy se puso
al teléfono pero no pudo encontrar a Farrell, lo que significaba que
seguramente estaría de camino a casa solo. El preocuparme por él me hizo que
impulsivamente hiciera algo temerario.
“Cogí la pistola del estante, no intenté siquiera cargarla, y con Lady a
mi lado bajamos al sótano a alimentar la calefacción. Era evidente de que
había alguien en la pequeña área de almacenaje. Lady se quedó en la puerta
del sótano, ladrando sin parar, mientras yo cargaba la calefacción, y entonces
salimos corriendo al piso de arriba.
“Unos momentos después escuché el crujido de las escaleras del sótano y
que se cerraba de la puerta levadiza que daba al exterior. Así que me planté
detrás de la puerta de enfrente, viendo para cuando llegara Farrell. Tan pronto
como su coche empezó a meterse a la entrada salí corriendo, gritando que
saliera del coche y entrara en la casa. Estaba segura que el asesino aún
estaría esperándole en el garaje.
“Otro incidente, que ocurrió mientras Farrell estaba fuera de la ciudad,
sucedió así:
“Alrededor de la medianoche salí al pórtico cerrado para chequear el
candado de la puerta de enfrente antes de irme a acostar. Justo al otro lado de
la calle, pero enfrente del lote baldío que había entre nuestra casa y la de
los Zimmerman, había un auto. Como toda la cuadra de enfrente estaba llena de
lotes baldíos cubiertos de maleza, y como no podían ver luces en ninguna de
las casas del lado nuestro, sabía que el coche no era de un visitante de alguno
de los vecinos. Parada en la oscuridad vi que alguien encendió un cigarrillo y,
al poco rato, encendieron otros dos cigarrillos más en el asiento de atrás del
coche.
“Apagué las luces de la sala y del comedor, dejé encendida la luz del
baño por unos momentos y después la apagué. Así que me quedé completamente
encerrada y sin que se vieran luces en ninguna parte. Entonces llamé a la
oficina del 544 pero no había nadie. Acordándome que los trabajadores de la
electricidad estarían reunidos en la sede del sindicato, los llamé.
Afortunadamente hallé a George Phillips [presidente del Local 160].
“Según sus instrucciones, me escabullí hacia el pórtico de atrás y
esperé. Mientras estaba allí alguien salió del coche y cruzó la calle hacia
el descampado, probablemente a hacer sus necesidades porque regresó a los pocos
minutos.
“Como a los 15 minutos empezaron a llegar coches por las calles 40 y 41,
para converger desde ambos extremos hacia la cuadra en la 19 Avenida Sur donde
estaba nuestra casa. La gente que estaba en el coche se dio cuenta de lo que
estaba pasando y salieron disparados como un rayo. Los muchachos sindicalistas
dijeron que habían cuatro o cinco hombres en el auto.
“Todos entraron en la casa y la registraron, incluso el sótano y el garaje
en la parte trasera. Después de que ellos y yo quedamos satisfechos de que no
había nadie escondido, y de haberme calmado un poco, se prepararon para
marcharse.
“Cuando se iban un trabajador -probablemente nuevo en la lucha de clases-
me preguntó ‘¿Por qué no llamó a la policía?’ Y todos los demás se
echaron a reír a carcajadas”.
No sorprende que sindicalistas experimentados se rieran cínicamente de la
idea de obtener protección policiaca contra asesinos. Desde la muerte de Pat se
había vuelto cada vez más patente que, en el mejor de los casos, las
autoridades sólo realizaban una búsqueda somera de los asesinos. De vez en
cuando la policía anunciaba una esperada “pista” en el caso, sólo para
admitir más tarde que tenían que estaba de regreso a donde empezaron. En
realidad, su actuación se estaba convirtiendo en una farsa obvia.
Mientras tanto en la prensa capitalista continuaba la campaña difamatoria.
Intentaban vincular la muerte de Corcoran con el “gangsterismo” en el
movimiento sindical. Una caracterización típica apareció en el St. Paul
Daily News, refiriéndose a “los zares del movimiento obrero, cobrando
tributos por medio de la violencia”. En su edición del 29 de noviembre de
1937, este mismo periódico afirmaba: “De continuar el terrorismo, va a surgir
un movimiento de bandas ciudadanas”.
Fue en este contexto que los estalinistas hicieron su contribución. Ellos no
necesitaban ni investigación ni pruebas para achacar la culpa del asesinato. El
Daily Worker del 23 de noviembre de 1937 simplemente anunció que en
Minneapolis había “una creciente indignación popular contra las revelaciones
de que el crimen organizado y gangsterismo importados al movimiento obrero
local, y vinculados a los trotskistas en la dirección del Sindicato de
Choferes, han estado a la raíz del asesinato”.
Esta acusación fue repetida por el llamado “Consejo Industrial del CIO del
Condado de Hennepin”, que por aquello época era más que nada una formación
de papel utilizada como fachada por los secuaces del Partido Comunista local.
Por medio de esta entidad alegaron que el “asesinato era el resultado lógico
del gangsterismo y crimen organizado fomentados en el movimiento obrero de
Minneapolis por la dirección Dunne-Brown-Dobbs del 544 y sus aliados”.
Sin embargo, esa acción la repudió rápidamente George Cole, Director
Regional del CIO. El uso del nombre CIO para hacer tales acusaciones no había
sido autorizado, declaró públicamente. Su repudio fue seguido al poco tiempo
por otro del Consejo de Trabajadores del CIO de Empacadoras de Minnesota. Esta
organización de carne y hueso de verdad calificó los cargos maquinados por los
estalinistas contra los Teamsters como de “lo más dañino para el bienestar y
el futuro del CIO y de un movimiento obrero unido”.
Al verse obstaculizado en el frente del CIO, el PC volvió su atención hacia
la AFL. Harold Bean, un funcionario sindical estalinista, tomó la iniciativa de
formar un “Comité de voluntarios para echar el gangsterismo del movimiento
sindical”. Se anunció entonces que el comité organizaría el 1 de diciembre
una “audiencia pública de masas sobre el gangsterismo en el movimiento
sindical de Minneapolis que resultó en el asesinato de Patrick J. Corcoran”.
Los individuos que aparecían como patrocinadores de la “audiencia pública”
de inmediato fueron citados a comparecer ante el jurado del forense. Allí se
les puso en el banquillo de los testigos y se les pidió que presentaran la
evidencia en la que basaban sus alegatos. No teniendo nada que ofrecer, quedaron
expuestos como mentirosos.
Ante esta presión 11 funcionarios de la AFL, quienes figuraban entre los que
convocaban el acto del 1 de diciembre, repudiaron la farsa en su totalidad.
Afirmaron que sus nombres habían sido usados fraudulentamente sin su
conocimiento o consentimiento. Esto redujo el “comité de voluntarios” a
nada más que conocidos estalinistas, tornándolo impotente.
Luego del incidente con el jurado del forense, más de 150 funcionarios del
movimiento sindical de Minneapolis se reunieron tras un llamado de la Junta de
Agentes de Negocios Sindicales. La reunión aprobó una resolución que
declaraba:
“Todo intento de atribuir el asesinato de Corcoran a fuerzas dentro del
movimiento sindical, y de mancillar a los sindicatos con la acusación de que
‘el gangsterismo y el crimen organizado’ dentro de las filas del movimiento
sindical son responsables del asesinato, constituyen una vil calumnia contra el
movimiento sindical genuino y su funcionario martirizado, y encubre a los
verdaderos asesinos y las obscuras fuerzas que hay detrás de ellos…
“Condenamos el acto de masas anunciado para el miércoles 1 de diciembre en
el Salón de los Eagles, como un acto que de ninguna manera representa la
actitud del movimiento obrero sindicalizado, como una ayuda a los enemigos
mortales del movimiento sindical y como una muestra clara más de la campaña
sin escrúpulos de elementos irresponsables para desacreditar y dividir al
movimiento sindical de Minneapolis”.
Esta condena de los estalinistas bloqueó con efectividad su intento artero
de convertir la investigación del asesinato en un linchamiento de los
dirigentes del Local 544. Sin embargo, estos faccionalistas sin principios ya
habían ocasionado un gran daño al movimiento obrero. Habían ayudado a que los
patrones desviaran las sospechas en ellos mismos y usaran el asesinato como un
arma contra los sindicatos. En realidad, su conducta atroz le había dado
respiración artificial a la campaña de difamación en la prensa capitalista.
El Minneapolis Star, por ejemplo, señalaba con júbilo las “acusaciones
hechas por dirigentes sindicales” como la cuestión de más importancia en lo
referente al asesinato.
Detrás de la pantalla del ataque graneado contra el Local 544 en la prensa
diaria, la patronal a continuación emprendió un intentona para averiguar si el
sindicato se había debilitado internamente. Una vez más tomaron la delantera
las firmas de tiendas de abarrotes al por mayor, cuyo contrato con el local
recientemente había vencido. Durante las negociaciones las empresas lanzaron un
ultimátum: si el sindicato no aceptaba de inmediato sus condiciones para
renovar el contrato, declaraban, retirarían todas las ofertas. Era claro que
querían provocar una huelga, y los trabajadores les dieron gusto votando a
favor de un paro de labores a partir del 9 de diciembre.
Al segundo día de la huelga los patrones contaron con la ayuda del alcalde
Leach (un reaccionario abierto que había ganado las elecciones de 1937 para la
alcaldía, desplazando de su puesto a Latimer). Leach salió en la radio para
deplorar la interrupción de labores por parte de “una facción de ciertos
auto-designados dirigentes sindicales”, y para instar al movimiento sindical a
“que se purgue a sí mismo”.
Luego el alcalde intentó lograr una maniobra de sindicato empresarial
pidiendo a los trabajadores de abarrotes que soslayaran al Local 544 y firmaran
pactos individuales con los patrones. Lo hizo enviando por correo a las casas de
los huelguistas copias de la propuesta empresarial, pidiéndoles que escribieran
su voto al respecto y se lo mandaran de regreso a él. Esta cabriola fue
descrita en los diarios como un “voto secreto” por medio del cual los
trabajadores podían hablar por sí mismos.
El intento de Leach de destruir el sindicato fracasó por completo. La huelga
se mantuvo sólida, probando que la fuerza combativa del Local 544 era tan
grande como siempre. Al darse perfecta cuenta que esta era la verdadera
situación, los patrones ni siquiera esperaron los resultados del “voto
secreto” del alcalde. En el cuarto día de la disputa firmaron la renovación
del contrato. En él se equiparaban los salarios y condiciones laborales a los
logrados recientemente en otros sectores de la industria del camionaje.
Poco después de la victoria sobre los patrones de los abarrotes, el Local
544 hizo otra demostración de que su estabilidad interna no había sido
afectada por la campaña difamatoria que siguió al asesinato de Corcoran. El
vehículo fue la elección de funcionarios sindicales. De los siete puestos
vacantes sólo cinco estaban ocupados por los titulares de la anterior junta
ejecutiva. Se habían abierto dos puestos con el asesinato de Pat y la dimisión
de Murphy.
La elección se llevó a cabo estrictamente de acuerdo con los procedimientos
establecidos anteriormente por el antiguo Local 574. Las postulaciones se
hicieron en una asamblea general, que también eligió jueces para la elección
de entre sus filas. Se estipuló que hubiera un mes de campaña electoral. Luego
los miembros votaron mediante papeleta secreta, manteniéndose abiertas las
urnas durante dos días en la sede sindical.
Entre las candidaturas se presentó una lista compuesta por los actuales
dirigentes del sindicato. Incluía a: Bill Brown, para presidente; Jack Smith,
para vicepresidente; Grant Dunne, para secretario de actas (para remplazarme en
este puesto); Farrell Dobbs, para secretario tesorero (para remplazar a Murphy).
También se postularon tres síndicos: Carl Skoglund y Nick Wagner (ambos
titulares), y Miles Dunne (para reemplazar a Corcoran).
Sólo uno de los puestos fue disputado. Oscar Gardner, un representante
sindical en el trabajo, se postuló contra Brown para presidente del sindicato.
En su campaña Gardner no planteó diferencias programáticas importantes con la
actual dirección. Según recuerdo, su principal posición era que él podía
hacer un mejor trabajo que Bill en ejecutar la política sindical. Los miembros
estuvieron en desacuerdo con ese argumento y Brown fue reelegido por un margen
de tres a uno.
La votación fue fuerte, incluso para aquellos candidatos que se presentaban
sin oposición. La presencia en las urnas fue casi el doble de la de elecciones
anteriores. Simple y llanamente era así que los trabajadores decían a los
enemigos del Local 544 que mantenían completa confianza en sus dirigentes.
Fue especialmente significativo que Smith y Wagner, que venían del antiguo
“Local 500”, no tuvieron oposición en la reelección. A partir de su
conducta como funcionarios del Local 544, se habían ganado la aprobación de
las filas sindicales. Esto, por sí solo, reflejaba el grado en que habían
llegado a aceptar las políticas fiables de los dirigentes del antiguo Local
574, que ahora constituían una sólida mayoría en la junta ejecutiva del local
reconstituido. Una vez más, la dirección del sindicato se estaba tornando
relativamente homogénea.
Enfrentados con un fracaso manifiesto en su intento de mellar la roca más
sólida en el movimiento sindical de la ciudad, los capitalistas aminoraron su
ofensiva propagandística contra nosotros. Al mismo tiempo los diarios redujeron
su cobertura sobre la búsqueda de los asesinos de Corcoran. No tardó para que
las autoridades dejaran el caso de lado, y nunca se ha resuelto.
A pesar de que el movimiento obrero vio frustrados sus intentos de dar con
los asesinos, en cierto sentido se había logrado una victoria. El movimiento
sindical había combatido un ataque de la clase gobernante que, de muchas
formas, era el más artero desde que la policía utilizó sus armas antimotines
contra nosotros en 1934. Esto significaba que la campaña de los Teamsters por
toda la región podía otra vez echar a rodar con el acelerador a fondo.
Al menos así habría sido si no nos hubiéramos topado con nuevas
dificultades con Tobin. Como secretario del NCDDC escribí al jefe de la IBT
poco después de que Pat fuera asesinado. En mi carta le di un recuento de la
tragedia y de nuestros intentos de encontrar a los asaltantes. Fuera cual fuere
lo que Tobin pensaba sobre el tema, no se tomó la molestia de comunicárnoslo.
Eso no era una buena señal.
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