Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

en este numero

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Trabajadores conmemoran 20 años desde desastre de mina Wilberg

Iraq: kurdos luchan por autonomía

Cuatro millones de cubanos participan en ejercicios de defensa

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Concluye huelga de acueductos, unión frena ataques

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Inversores extranjerros nerviosos tras venta de empresa petrolera

EDITORIAL

Un desastre no solo humano sino social en Asia del sur

ESPECIAL

Capítulos 14 y 15 de ‘Fuerza Teamster’ por Farrell Dobbs


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
febrero de 2005 Vol. 29 No. 02

Editorial

Un desastre no solo natural sino social en Asia del sur

¡Ayuda masiva e incondicional! ¡Anular la deuda externa de todos los países afectados por el maremoto del Océano Indico! Esas deben ser las demandas del pueblo trabajador.

Por otro lado, la magnitud del saldo humano; el desastre social que hoy enfrentan millones de personas en India, Indonesia, Sri Lanka, Tailandia y otros países -el peligro de epidemias, el número de personas sin techo o sustento, los miles de niños desamparados- y el carácter de clase de la ayuda ofrecida y su distribución local: todos estos hechos plantean la necesidad imperiosa de una revolución social. Ningún gobierno capitalista -ni Washington ni los del mundo semicolonial- usará o es capaz de usar los recursos y la tecnología existentes así como la creatividad humana que podrían paliar enormemente los efectos de una calamidad natural de esta índole.

Si bien los sismos son naturales y no se pueden evitar, la envergadura de la catástrofe fue producto de esta sociedad capitalista. Por ejemplo, existen -y en las costas de Japón y de California se usan- sistemas de alerta temprana para los tsunamis. Pero ninguno de los gobiernos de los países afectados tiene los recursos para construirlos y usarlos de manera eficaz.

El problema radica en el subdesarrollo económico de todos los países afectados, causado y perpetuado por la dominación imperialista. El saqueo de sus recursos naturales y la explotación de su mano de obra por Washington, París, Londres, Tokio y otras potencias imperialistas son la causa de la falta de acceso para millones de personas a la electricidad, teléfonos, caminos pavimentados, viviendas, salud y sanidad públicas y alimentación adecuada.

La “ayuda” que se brinda y su distribución se define por el carácter de clase de los gobiernos contribuyentes y receptores. Lo que han dado las potencias imperialistas es mísero. Y no han dejado de insistir que los gobiernos de la región paguen su insoportable y creciente deuda externa.

Mucha ayuda prometida jamás se verá. Gran parte de la distribución está en manos de la ONU, esa guarida de ladrones, según calificara el líder revolucionario ruso V.I. Lenin a la antigua Liga de Naciones. Ese hecho no es reconfortante, como lo indican las actuales revelaciones de la corrupción de los funcionarios asociados con el programa “petróleo por alimentos” para Iraq. Ya se han difundido informes sobre toneladas de ayuda material que se acumulan en almacenes, militares que se roban donaciones y la indiferencia de muchos funcionarios locales hacia los damnificados.

Cuba se destaca como un faro ante esta realidad horrorosa en el mundo de hoy. Gracias a sus preparativos de antemano, las evacuaciones masivas y los esfuerzos posteriores de reconstrucción, el saldo de muertos durante los huracanes del año pasado fueron mínimos, aún comparado con su rico vecino yanqui del norte. ¿Por qué? Porque los trabajadores y campesinos de Cuba, con una dirección comunista que responde a los intereses de la gran mayoría, hicieron una revolución socialista. Tomaron el poder estatal, empezaron a reorganizar la sociedad sobre la base de relaciones sociales donde no impera el dominio del capital, y se sumaron a la lucha mundial por una sociedad que valora la vida y dignidad humana para todos y no solo para unos pocos privilegiados. Esa es la diferencia fundamental, que subraya por qué el camino revolucionario que emprendió Cuba es el único camino posible para el futuro de la humanidad.


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