
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2005 Vol. 29 No. 02
Editorial
Un desastre no solo natural sino social en Asia del sur
¡Ayuda masiva e incondicional! ¡Anular la deuda externa de todos los
países afectados por el maremoto del Océano Indico! Esas deben ser las
demandas del pueblo trabajador.
Por otro lado, la magnitud del saldo humano; el desastre social que hoy
enfrentan millones de personas en India, Indonesia, Sri Lanka, Tailandia y otros
países -el peligro de epidemias, el número de personas sin techo o sustento,
los miles de niños desamparados- y el carácter de clase de la ayuda ofrecida y
su distribución local: todos estos hechos plantean la necesidad imperiosa de
una revolución social. Ningún gobierno capitalista -ni Washington ni los del
mundo semicolonial- usará o es capaz de usar los recursos y la tecnología
existentes así como la creatividad humana que podrían paliar enormemente los
efectos de una calamidad natural de esta índole.
Si bien los sismos son naturales y no se pueden evitar, la envergadura de la
catástrofe fue producto de esta sociedad capitalista. Por ejemplo, existen -y
en las costas de Japón y de California se usan- sistemas de alerta temprana
para los tsunamis. Pero ninguno de los gobiernos de los países afectados tiene
los recursos para construirlos y usarlos de manera eficaz.
El problema radica en el subdesarrollo económico de todos los países
afectados, causado y perpetuado por la dominación imperialista. El saqueo de
sus recursos naturales y la explotación de su mano de obra por Washington,
París, Londres, Tokio y otras potencias imperialistas son la causa de la falta
de acceso para millones de personas a la electricidad, teléfonos, caminos
pavimentados, viviendas, salud y sanidad públicas y alimentación adecuada.
La “ayuda” que se brinda y su distribución se define por el carácter de
clase de los gobiernos contribuyentes y receptores. Lo que han dado las
potencias imperialistas es mísero. Y no han dejado de insistir que los
gobiernos de la región paguen su insoportable y creciente deuda externa.
Mucha ayuda prometida jamás se verá. Gran parte de la distribución está
en manos de la ONU, esa guarida de ladrones, según calificara el líder
revolucionario ruso V.I. Lenin a la antigua Liga de Naciones. Ese hecho no es
reconfortante, como lo indican las actuales revelaciones de la corrupción de
los funcionarios asociados con el programa “petróleo por alimentos” para
Iraq. Ya se han difundido informes sobre toneladas de ayuda material que se
acumulan en almacenes, militares que se roban donaciones y la indiferencia de
muchos funcionarios locales hacia los damnificados.
Cuba se destaca como un faro ante esta realidad horrorosa en el mundo de hoy.
Gracias a sus preparativos de antemano, las evacuaciones masivas y los esfuerzos
posteriores de reconstrucción, el saldo de muertos durante los huracanes del
año pasado fueron mínimos, aún comparado con su rico vecino yanqui del norte.
¿Por qué? Porque los trabajadores y campesinos de Cuba, con una dirección
comunista que responde a los intereses de la gran mayoría, hicieron una
revolución socialista. Tomaron el poder estatal, empezaron a reorganizar la
sociedad sobre la base de relaciones sociales donde no impera el dominio del
capital, y se sumaron a la lucha mundial por una sociedad que valora la vida y
dignidad humana para todos y no solo para unos pocos privilegiados. Esa es la
diferencia fundamental, que subraya por qué el camino revolucionario que
emprendió Cuba es el único camino posible para el futuro de la humanidad.
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