
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2005 Vol. 29 No. 02
Estados Unidos
Codicia patronal mató a mineros
20 años desde el mortífero desastre en la mina Wilberg en Utah
Por Joe Geiser y Cecelia Moriarity
[A continuación reproducimos un artículo publicado en la edición del 21 de
enero de 1985 de Perspectiva Mundial en ocasión del vigésimo
aniversario del desastre que ocurrió en la mina Wilberg cerca de Orangeville,
Utah. Ambos autores de este artículo eran mineros del carbón que participaron
en los esfuerzos de socorro organizados por el sindicato minero UMWA.
Cecelia Moriarity trabajaba en la mina Wilberg donde ocurrió el incendio
fatal. Era miembro del Local 2176 del UMWA y de Lady Coal Miners (Mujeres
Mineras del Carbón) de Utah. Moriarity fue candidata a gobernadora de Utah por
el Partido Socialista de los Trabajadores en 1984.
Joe Geiser, miembro del Local 1769 del UMWA, trabajaba en la mina Deer Creek,
localizada directamente encima de la mina Wilberg. Ambas minas eran propiedad de
la Utah Power Light Co. y estaban administradas por la Emery Mining Corp.]
PRICE, Utah-Diecinueve miembros del Local 2176 del UMWA, y ocho capataces y
ejecutivos de la empresa, murieron en un incendio que comenzó el 19 de
diciembre de 1984 en la mina Wilberg, en las afueras de Orangeville, Utah. La
mina está situada en la principal región productora de carbón en la parte
suroriental del estado.
Los cadáveres de los 26 hombres y una mujer permanecen en la mina, a pesar
de los intentos de rescatarlos. El 23 de diciembre los equipos de socorro fueron
evacuados de la mina por orden de los inspectores federales de minas debido a la
concentración peligrosa de gases explosivos. El 29 de diciembre fueron
clausuradas las bocaminas para tratar de controlar el incendio.
Récord mundial de producción
Todos los mineros estaban trabajando en una sección de la mina donde se
empleaba un longwall, la maquinaria más moderna y mecanizada para
extraer el carbón. El día que ocurrió el incendio, la compañía se esforzaba
por alcanzar un récord mundial de producción en 24 horas.
Los miembros del UMWA, las viudas y otros en la comunidad aquí están de
acuerdo con Richard Trumka, presidente nacional del UMWA, quien dijo: “Cuando
una empresa del carbón se preocupa tanto con establecer récords de producción
de carbón a corto plazo, la seguridad se vuelve una preocupación secundaria y
mueren mineros innecesariamente”.
Hay pocos mineros o residentes locales aquí que creen en la versión
difundida por la compañía, según la cual el incendio fue un “accidente”
impredecible. Le echan la culpa a la Emery Mining Corp. por hacer peligrar vidas
y descuidar la seguridad en su inhumano empeño por aumentar la producción de
carbón y las ganancias a toda costa.
Los sindicalistas que cayeron victima de la codicia de la compañía son:
Bert Bennett, de 37 años de edad; Ricci Camberlango, 26; Curtis Carter, 29;
Robert Christensen, 32; Gordon Conover, 24; Randy Curry, 31; Owen Curtis, 31;
Roger Ellis, 28; Brian Howard, 23; Gary Jennings, 33; Lee Johansen, 35; Joel
Nevitt, 33; Kelly Riddle, 28; Lynn Robinson, 28; Ray Snow, 27; John Waldoch, 22;
Lester Walls, Jr., 23; Nanette Wheeler, 33, la única mujer muerta; y John
Wilsey, 31.
Sobreviven a los mineros más de 40 hijos y varias mujeres enviudadas.
La Emery Mining ha intentado encubrir su responsabilidad por el desastre,
alegando que el incendio fue probablemente consecuencia de un falla mecánica en
el sistema de bandas usado para transportar el carbón a la superficie.
Pero en una rueda de prensa realizada el 28 diciembre en la sede del Local
2176 del UMWA, en Orangeville, dos sindicalistas que descubrieron el incendio
dieron un informe presencial de la tragedia. Los hechos que describieron
contradicen la versión de la gerencia.
Testimonio de los sindicalistas
En la conferencia de prensa hablaron Alex Tidwell y Clinton Price. Ambos
sindicalistas están encargados de supervisar la banda transportadora y mantener
el sitio despejado del polvillo de carbón, cuya acumulación puede causar un
incendio.
Según Tidwell y Price, el incendio empezó cerca de un cable eléctrico en
el túnel de ventilación que conduce a la sección del longwall, y no en
la banda transportadora.
En la mina Wilberg, el sistema eléctrico está dotado de circuitos de
seguridad que deben apagar la corriente si los cables se sobrecargan, se dañan
o prenden fuego. Pero cuando estalló el incendio, y explotó el cable, la
corriente siguió ininterrumpida, según informaron los dos sindicalistas.
Dijeron que la compañía posiblemente burló el sistema de circuitos de
seguridad. La compañía suele hacer esto para poder sobrecargar el sistema y
aumentar así la producción, agregaron los sindicalistas.
Frecuentemente asignan a un minero a que encienda la maquina cada vez que los
circuitos de seguridad la apagan porque esta sobrecargada.
Los dos obreros dijeron que el teléfono más cercano al incendio estaba
descompuesto y por lo tanto no pudieron pedir socorro inmediatamente. Al
propagarse el incendio hasta el motor de la banda transportadora, debería
haberse prendido un mecanismo automático para generar espuma apagafuego; pero
esto tampoco funcionó. “Burbujeaba, nomás”, dijeron.
Papel de agencia gubernamental
Apenas una semana antes del incendio, la Administración de Seguridad y Salud
en la Minas (MSHA), había inspeccionado la mina Wilberg. Durante este tipo de
inspecciones deben detectarse aparatos defectuosos y otras violaciones de
seguridad.
A principios del otoño inspectores del MSHA encontraron carbón derrumbado y
rocas que obstruían una ruta de escape. En lugar de ordenarle a Emery que
despejara el derrumbe, le concedieron una exención de las reglas, o sea un
permiso para mantener operaciones a pesar de la violación de seguridad. El
sindicato no puede apelar una exención.
Como resultado de esta exención el derrumbe nunca fue removido quedando
libres sólo dos de las tres salidas de escape normalmente disponibles para los
mineros en la sección al momento de estallar el incendio. El incendio se
inició en una de las rutas de escape y rápidamente alcanzó la segunda; con la
tercera bloqueada, los mineros estaban completamente atrapados.
Los miembros del UMWA habían discutido el derrumbe antes del incendio. Una
persona había dicho que el área se convertiría en una “tumba” si algo
sucedía que requiriera un escape rápido.
En una conferencia de prensa el 24 de diciembre, Michael Dalpiaz, presidente
del Distrito 22 del UMWA dijo que las muertes fueron “evitables”. Joe Main,
director de seguridad del UMWA internacional, quien también habló dijo que
estas cosas “no suceden solas. Usualmente, cuando ocurren fuegos o
explosiones, es porque no se ha cumplido con las reglas de seguridad o han sido
alteradas”. Hizo mención especial a la cantidad inadecuada de rutas de escape
en Wilberg.
Estas violaciones a las normas de seguridad no son sino parte del asalto de
los patrones contra la salud e integridad de los mineros que la compañía ha
llevado a cabo en años recientes. La mina de Wilberg tiene una de las tasas de
accidentes más altas del país. Las cesantías han eliminado trabajos que
velaban por la seguridad de las minas y se ha introducido un plan de “bonificación”
de aceleración del trabajo que pone a los obreros en aún más peligro.
La carencia de cualquier interés en la salud y seguridad de los mineros por
la compañía quedó demostrada el pasado otoño cuando la Emery se rehusó a
firmar el contrato nacional ratificado por los miembros del sindicato UMWA. La
compañía insistió en cesar sus pagos al Fondo de Salud y Jubilación del UMWA
de 1950. Los mineros de la Emery en las minas Wilberg, Deer Creek y Des-BeeDove
estuvieron en huelga por un mes hasta que finalmente forzaron a la compañía a
aceptar un contrato similar al acuerdo nacional.
Encubrimiento de la compañía
Cuando se inició el incendio el 19 de diciembre, la compañía trató de dar
la impresión que los procedimientos de emergencia de la mina estaban en buen
estado. Emitieron declaraciones según las cuales los mineros podrían salvarse
si utilizaban las medidas de seguridad provistas por la compañía. Hablaban de
un “área segura donde sería lógico escapar” ubicado a 1,500 pies de donde
se estaban trabajando. Un vocero de Emery dijo que habían equipos de
emergencia, incluso tanques de oxigeno por toda la mina y que cada minero
cargaba su propia unidad de socorro.
Pero el “área segura donde sería lógico escapar” se refiere sólo a un
pequeño espacio vacío que quedó después de excavar unos túneles y que nunca
fue diseñado con propósitos de seguridad.
Otro ejemplo son los tanques de oxígeno que supuestamente los mineros
podrían utilizar para salvarse. Pero estos tanques no están en la mina para
que los mineros respiren con ellos sino para operar los sopletes para cortar
metal. Además, los equipos de emergencia provistos de oxígeno para cada minero
se encuentran localizados a más de 300 metros de las áreas de trabajo.
Cuando los grupos de rescate encontraron los cadáveres de 25 de las
víctimas, ninguna se encontraba en el “área lógica de seguridad”. Varios
mineros fueron encontrados muertos exactamente en el sitio donde trabajan, lo
que significa que nunca tuvieron la posibilidad de tratar de escapar.
Muchos mineros en la mina Wilberg informan que hace años que no participan
en ejercicios contra incendios, a pesar de que según la ley éstos deben
realizarse periódicamente para asegurar que los mineros sepan cómo usar las
rutas de escape. Muchos dicen que no se les dio instrucción especial de cómo
combatir incendios o cómo escapar de uno. A lo sumo les decían cómo ponerse
las unidades de autosalvación. Era común en la mina que las “reuniones de
seguridad” no fueran sino reuniones en las que el personal de la compañía
les preguntaba a los mineros si sabían como evacuar la mina en caso de
incendio. Después los mineros tenían que firmar una declaración de que
habían recibido entrenamiento de escape.
Esfuerzos de rescate de mineros
A pesar de los obstáculos creados por la compañía, los mineros hicieron
todo lo posible para salvar a sus compañeros de trabajo desde que se inició el
incendio. Los miembros del UMWA que estaban de turno así como los que llegaron
para el turno de media noche se ofrecieron para hacer lo que fuera necesario
para ayudar a los grupos profesionales de rescate. Algunos mineros se esforzaron
por apagar el incendio mientras que otros ayudaron a cargar materiales o a
operar rociadores de roca para reducir el polvo de carbón. Muchos mineros
trabajaron por períodos largos, se quedaron a dormir en la mina o regresaban de
sus casas después de un corto descanso.
Miembros del UMWA trabajaron con urgencia arriesgando sus propias vidas con
las esperanzas de salvar las vidas de los atrapados. Uno de los mineros que
operaba una manguera dijo que el fuego subterráneo parecía rugir “como un
horno”.
La moral de los mineros se mantuvo alta, hasta que todos fueron informados
que los equipos de rescate habían localizado 25 cuerpos y que no había
esperanza para los dos restantes.
Al mismo tiempo, muchos mineros criticaron la lentitud y desorganización con
la que la compañía realizó la operación de rescate. Algunos mineros
sospechan que Emery pudo haber querido mantener el incendio por más tiempo para
destruir evidencia.
La gente de las comunidades mineras de Carbon y Emery salieron a ayudar a los
equipos de bomberos y de rescate. Las organizaciones comunitarias se vieron
inundadas con ofertas de ayuda. También hubo muchísimas llamadas de amigos y
parientes ansiosos que querían saber si sus seres queridos estaban atrapados y
si podían hacer algo para ayudar.
El sindicato nacional de mineros de Gran Bretaña, que lleva 10 meses en
huelga, llamó desde Londres para expresar su preocupación por los mineros, sus
amigos y familias. El sindicato de mineros de Australia también llamó.
Mientras que solidaridad como ésta llegaba de obreros alrededor del mundo,
la Emery Mining no mostró más que desprecio por las víctimas y sus familias.
Las declaraciones de prensa sólo trataban de mantener la reputación de la
compañía y continuamente daban falsas impresiones y levantaban falsas
expectativas. Antes de que la mina fuera cerrada la compañía ni siquiera les
decía a las viudas si pagarían por el funeral de sus esposos. Emery hizo
fanfarria por haber pagado los pasajes de familiares que vinieron a Utah, pero
se rehusó a hacer algo para ayudar a las familias una vez que estaban aquí.
Mineros organizan ayuda
Fue el UMWA y sus partidarios, no la compañía, quien se encargó del
socorro para las familias de las víctimas. El Local 2176 del UMWA estableció
un centro de información en Orangeville con la ayuda del distrito del UMWA y de
voluntarios. La Lady Coal Miners de Utah ayudó también. Este es un grupo de
apoyo de mujeres mineras y es el capítulo local del Coal Employment Project
(Proyecto de Empleo del Carbón), una organización nacional que ayuda a mujeres
a conseguir y mantener empleos en las minas.
Una vez que los 25 cuerpos fueron encontrados, el sindicato y la Lady Coal
Miners ayudaron a los familiares a obtener los salarios de sus parientes muertos
y retirar de la mina sus pertenencias, a hacer citas para obtener beneficios de
la seguridad social y finalmente para informarles a las familias que la mina
había sido cerrada.
Los voluntarios también organizaron la distribución y preparación de
comida para los equipos de rescate. La comida fue cocinada por residentes de la
comunidad o donada por restaurantes y tiendas locales.
Varias mineras de Wilberg trabajaron largas horas en la mina haciendo café y
preparando comida para las brigadas de rescate. La compañía no les permitió a
las mujeres participar en los equipos subterráneos.
La iglesia mormona patrocinó el 26 de diciembre un servicio para las
víctimas del incendio en Castle Dale, Utah. Unas dos mil personas participaron
incluyendo mineros y patrones. Desde la plataforma los oradores instaron a los
mineros a olvidar el desastre. Uno de ellos era Gordon Hinkley, un alto
funcionario de la iglesia mormona que es también miembro de la junta directiva
de la Utah Power and Light, la compañía matriz a la que pertenece la Emery.
Hinkley calificó al incendio como un accidente, comparándolo con huracanes,
terremotos y erupciones volcánicas.
Cuando terminó el servicio un minero dijo: “Esto no fue un accidente. Fue
hecho por el hombre”.
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