
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2005 Vol. 29 No. 01
Especial
Tobin retrocede de sus ataques
Capítulos 12 y 13 del libro ’Fuerza Teamster’ por Farrell Dobbs
Por Farrell Dobbs
[Perspectiva Mundial
está publicando por entregas el libro Fuerza
Teamster, traducción de Teamster
Power por Farrell Dobbs.
Este es el segundo en la serie de cuatro tomos sobre las huelgas y campañas de
sindicalización así como las luchas políticas que en los años 30
transformaron al sindicato Teamsters en Minnesota y una gran parte del
movimiento obrero de la región del Medio Oeste de Estados Unidos en un
combativo movimiento social. Dobbs, el narrador, fue uno de sus principales
dirigentes. La editorial Pathfinder publicó una edición en español del primer
tomo, Rebelión Teamster.
A continuación publicamos los capítulos 12 y 13 del libro. Los subtítulos son
de Perspectiva Mundial.
Copyright © 2004 por Pathfinder Press; se publica con autorización.]
Capítulo 12:
Tobin se echa atrás
Las negociaciones formales comenzaron poco después de la propuesta de Tobin.
Carl Skoglund, Ray Dunne y yo representamos al Local 574. Pat Corcoran habló a
nombre del Consejo Unido de Teamsters. L.A. Murphy y Jack Smith se presentaron
como funcionarios del “Local 500”.
La primera conversación se sostuvo en medio de una atmósfera cargada,
reflejando la hostilidad que se había desarrollado entre las dos partes.
Nosotros aprovechamos el hecho que nuestros adversarios habían pedido la paz.
Cuando se acabaron las formalidades iniciales, simplemente guardamos silencio,
esperando ansiosamente que ellos jugaran la apertura.
Corcoran tomó la delantera. El Consejo Unido quería elaborar un arreglo
mediante el cual el Local 574 pudiera ser reincorporado al sindicato Teamster
como una entidad, dijo, pero eso se tendría que realizar de una forma especial.
Propuso que nos fusionáramos con el “Local 500” bajo una nueva carta
constitutiva; que cada parte nombrara tres funcionarios a la junta ejecutiva del
nuevo local, y que a un séptimo, un miembro “neutral” de la junta, lo
designara el Consejo Unido. Murphy y Smith indicaron su acuerdo con esta
propuesta.
Respondimos que la mayoría de los trabajadores en la industria general del
camionaje estaban en nuestras filas, mientras que ellos virtualmente no tenían
ningún miembro en esa esfera. Esto significaba que en realidad sería una
fusión con la IBT [Hermandad Internacional de Teamsters], no con el “Local
500”. Alegamos que el local de papel se debía liquidar. Si querían poner fin
a la lucha, lo único que tenían que hacer era readmitir al Local 574 en el [sindicato]
Internacional, con todos sus afiliados como miembros legítimos y con sus
funcionarios actuales, quienes habían sido elegidos democráticamente por las
filas.
Corcoran de nuevo recalcó que ciertos arreglos se tendrían que elaborar a
partir de los lineamientos de su propuesta, de lo contrario ellos no podrían
lograr que Tobin aceptara readmitirnos. Sugirió que lo pensáramos y que le
notificáramos cuando estuviéramos listos para reanudar la discusión. Así
terminó la primera plática.
Ahora teníamos que tomar una decisión vital. Si la pelea con Tobin iba a
superarse, quedaba claro que el Local 574 se tendría que reconstituir bajo una
nueva carta constitutiva, con cambios en el liderazgo formal. Esto nos planteaba
dos interrogantes claves. ¿Se podía lograr un compromiso que asegurara la
preservación del carácter y principios básicos del Local 574? De rechazar la
propuesta de paz, ¿nos arriesgaríamos al aislamiento del resto del movimiento
sindical y a la destrucción definitiva del sindicato?
Este último peligro rápidamente se podía volver real, a menos que
demostráramos que realmente deseábamos ayudar a encontrar una solución a la
lucha sindical interna. No podíamos esperar ganar nuevas fuerzas a través de
una alineación formal con el CIO [Comité para la Organización Industrial].
Brody ya nos había dicho que la nueva formación sindical industrial no
esperaba entrar a la industria del camionaje. Por tanto, nuestro principal apoyo
aún tendría que venir del movimiento de la AFL local. Hasta el momento
habíamos recibido respaldo desde ese lado en base a nuestra lucha por la
readmisión a la IBT. Pero si ahora dábamos la impresión de que intentábamos
perseguir un curso independiente en forma indefinida, ese apoyo comenzaría a
menguar. La maquinaria del IBT podría entonces tomar la delantera y
gradualmente hacernos trizas.
De estas consideraciones se derivaba que nuestro mejor curso era procurar el
mejor acuerdo posible con Tobin. Desde nuestra óptica, existían varios
factores que nos permitirían obtener un compromiso aceptable. A nivel nacional
estaba claro que en la industria básica había la posibilidad de una masiva ola
de huelgas. A nivel local los obreros estaban en marcha, arrastrando más
profundamente a los funcionarios de la AFL [Federación Americana del Trabajo] a
conflictos con los patrones. Estas tendencias por lo general impartían al
movimiento cierto tono de militancia que nos ayudaría dentro de la IBT.
Si bien era cierto que el plan de Corcoran nos reduciría al papel de una
minoría formal en el consejo ejecutivo del nuevo local propuesto, eso no
describía el cuadro a cabalidad. Los miembros continuarían apoyando a los
funcionarios del Local 574, tal como en el pasado. A nosotros nos respaldaría
un fuerte liderazgo secundario entre el plantel del sindicato y los
representantes sindicales en los sitios de trabajo, todos ellos aguerridos.
Sería una situación más o menos análoga a la relación que hubo entre el
comité organizador y el consejo ejecutivo oficial durante las huelgas de 1934.
En cuanto a las relaciones entre el liderazgo y los miembros, en lo referente
a los cuadros del Local 574, no habría ningún cambio. Sentíamos que eso
haría posible asegurar que continuara el control de los miembros de filas sobre
los asuntos del nuevo local. Consecuentemente, habría un medio de bloquear
cualquier intento de Tobin de alterar políticas fundamentales. De esto se
derivaba, en nuestra opinión, que bajo el nuevo arreglo propuesto, el local
podría preservar su carácter y principios básicos.
Por estas razones generales, dentro del liderazgo del sindicato decidimos que
la medida de fusionarse con el “Local 500” se debía aceptar como base para
la readmisión a la IBT. Se notificó a Corcoran que estábamos dispuestos a
reanudar las negociaciones. Luego se dieron varias discusiones, durante las
cuales se elaboraron los detalles necesarios de las condiciones de la fusión.
Los puntos claves se pueden resumir de la siguiente forma:
1. El Local 574 y el “Local 500” serían liquidados y se emitiría una
nueva carta constitutiva, creándose un Sindicato General de Choferes. (El
número que más tarde se nos asignó fue 544. Corcoran había inducido a Tobin
a que se acercara lo más posible al 574 sin permitir nuestra readmisión bajo
la denominación original del local.)
2. Los actuales afiliados del Local 574 debían ser readmitidos dentro de la
IBT como miembros legítimos, sin multas ni ningún otro gravamen. (Específicamente
esta última cláusula significaba que el asunto de los impuestos per cápita
atrasados que debíamos al Internacional -pretexto que Tobin había usado para
revocar nuestra carta constitutiva- se iba a abandonar.)
3. Los funcionarios del nuevo local consistirían en dos representantes del
574, dos representantes del “500”, un síndico del 574 y un síndico del “500”;
la junta ejecutiva la compondrían los funcionarios y síndicos arriba indicados,
más el secretario del Consejo Unido de Teamsters, quien actuaría como séptimo
miembro y presidente. (En las negociaciones se sobreentendía que los cargos de
presidente y de secretario de actas del nuevo local serían ocupados por
representantes del 574, y que los cargos de vicepresidente y secretario-tesorero
los ocuparían representantes del “500”).
4. La junta ejecutiva se encargaría de establecer y escoger el plantel de la
organización. (Al respecto, se sobreentendía que a cada parte le
correspondería la mitad de los miembros del plantel; que en general los
organizadores trabajarían en parejas, uno por cada lado; y que el tamaño
global del plantel lo determinaría la situación financiera del sindicato.
También se acordó que yo seguiría siendo director del plantel.)
5. Todas las divisiones, es decir, las secciones existentes del Local 574,
permanecerían por un periodo de al menos un año bajo el local reorganizado.
(No nos preocupaba demasiado lo que implicaba que al cabo de un año se pudiera
intentar dividir el local en los distintos oficios, cada uno con su propia carta
constitutiva. Esperábamos que para entonces tendríamos control suficiente de
la nueva situación como para protegernos fácilmente contra ese peligro. Si eso
fallaba, significaría que enfrentábamos problemas más grandes. Por tanto no
veíamos razón para aferrarnos a una aparente condición para el futuro del
local.)
6. La Sección de Trabajadores Federales [Federal
Workers Section-FWS]
continuaría como una unidad auxiliar del nuevo local. (Los desempleados,
miembros de otros locales de los Teamsters ya se habían venido afiliando a la
FWS mientras el Local 574 estaba “proscrito”. Este estatuto significaba que
ahora tal acción pasaría a ser parte de la política oficial del Consejo Unido.
7. El Northwest
Organizer [Organizador del
Noroeste] pasaría a ser el órgano oficial del Consejo Unido de Teamsters, bajo
la supervisión de su junta ejecutiva. (Se entendió en las negociaciones que
Miles Dunne sería designado director del periódico. El primer número bajo los
nuevos auspicios apareció el 12 de Agosto de 1936.)
8. El plan arriba descrito tenía que ser aprobado por la Hermandad
Internacional de Teamsters. (Corcoran nos aseguró que eso era una mera
formalidad, que tenía que ver con la aprobación del acuerdo por la Junta
Ejecutiva Internacional. Dijo que a Tobin lo habían mantenido informado del
progreso de las negociaciones e, informalmente, ya había indicado que
aprobaría los términos establecidos para nuestra readmisión.)
Rara vez había concedido un burócrata sindical concesiones de tal magnitud
a “subordinados” a quienes en un principio él se había propuesto
disciplinar.
Tras revocar nuestra carta constitutiva en abril de 1935, Tobin había
exigido que, como condición para ser readmitido en la IBT, el Local 574 debía
ser completamente reorganizado. A los trabajadores internos se les negaría la
afiliación, y a los miembros se los definió usando un criterio estrecho como
aquellos quienes de verdad trabajaban en camiones, ya fuera manejando, cargando
y descargando. Las secciones del sindicato serían divididas en diversas
unidades de oficios. A los funcionarios electos y a los militantes destacados
entre las filas del local se les iba a expulsar.
Todo esto ahora había cambiado. Todos los afiliados del Local 574, incluidos
sus funcionarios y organizadores, debían ser reintegrados sin una sola
excepción. Se había dejado de exigir que el local se desmembrara de inmediato
en unidades diversas de oficios. Se había reconocido nuestro derecho a
organizar a los trabajadores internos, lo que significaba que el local
retendría su carácter esencial de sindicato semi-industrial.
Como se verá más adelante, esta concesión por parte de Tobin en cuanto a
la jurisdicción de la militancia marcó el primer paso en una cadena de sucesos
que al final de cuentas cambiarían el carácter organizativo de la propia IBT.
Antes de que sometiéramos la propuesta ante la membresía a fin de adoptar
una decisión final, se necesitaban otros dos pasos. Uno suponía la aprobación
formal por parte del Sindicato Internacional de los términos según los cuales
seríamos readmitidos. El otro tenía que ver con una consulta más amplia a
nivel de liderazgo por nuestro parte.
Tan pronto quedó claro de que habían buenas posibilidades de que
lográramos la readmisión a la IBT sobre bases aceptables, se informó de todo
el proceso a Jim Cannon, el dirigente central del movimiento trotskista a nivel
nacional. Le pedimos que viniera a Minneapolis para consultas, y él llegó a la
ciudad al poco tiempo. Antes de eso, había hablado con otros dirigentes
trotskistas en el Partido Socialista, al cual pertenecíamos en aquel entonces.
Los compañeros dirigentes del partido, entre ellos Jim, tenían dudas
respecto a nuestro propuesto acuerdo con Tobin. Les preocupaba si podríamos
sobrevivir según las condiciones planteadas. Pensaban que sería mejor ser
vencidos luchando que arriesgar a comprometernos como revolucionarios, si el
acuerdo nos salía mal. Sin embargo, en general se aceptaba que a las opiniones
de los camaradas Teamsters debía asignárseles un peso especial al determinar
qué hacer. Se entendía que la decisión sobre la política a seguir se
tendría que tomar mediante una consulta de liderazgo directa en el lugar de la
acción.
Jim Cannon se reunió con la fracción de Teamsters del partido en su
habitación del Hotel West. Bill Brown también estuvo presente. Fue una sesión
muy larga en la que cada faceta de la nueva situación se examinó de forma
cuidadosa.
Nosotros explicamos por qué pensábamos que se debía aceptar el acuerdo
propuesto con Tobin. Jim, a su vez, nos comunicó las dudas que los dirigentes
trotskistas nacionales tenían respecto a seguir ese curso. A medida que se
desarrolló la discusión, los camaradas Teamsters unánimemente expresamos
confianza de que podríamos retener un control decisivo del liderazgo dentro del
nuevo local propuesto. También debatimos con vigor para lograr que nuestra
recomendación obtuviera la aprobación partidaria.
Siendo un experimentado dirigente del partido, Jim entendía la necesidad de
ser flexible en esta situación. No podía ofrecer ninguna razón estratégica
de importancia para que el Local 574 continuara como sindicato independiente.
Todo se reducía a una cuestión de si podríamos evitar comprometernos en una
formación de liderazgo conjunto con los tobinistas. Nosotros confiábamos en
que podríamos hacerlo.
Si el partido insistía en que la oferta de readmisión a la IBT debía ser
rechazada, seríamos nosotros quienes tendríamos que llevar a cabo esa
política. Lo habríamos hecho con cierto resentimiento contra la imposición de
tal línea, porque no creíamos que era necesaria ni aconsejable. Por tanto,
como resultado se produciría un debilitamiento de la moral partidaria, con
consecuencias adversas.
Jim estaba plenamente consciente de estos factores. Sabía que cualquier
intento de imponernos una política a la que nos oponíamos, de seguro crearía
serios problemas. No se trataba de una cuestión de principios. Se trataba
sencillamente de una alternativa entre tácticas. Por tanto, Jim aceptó que el
partido nos diera el beneficio de la duda respecto a la decisión táctica. Al
hacerlo, mostró el sello de un verdadero dirigente.
“No estoy del todo de acuerdo con su decisión”, fue lo que en efecto nos
dijo Jim, “pero voy a asumir toda la responsabilidad con ustedes, aun si las
cosas salen mal”.
Para entonces, la disputa dentro de la AFL en torno al sindicalismo
industrial había alcanzado una nueva fase. El Consejo Ejecutivo había dado a
John L. Lewis y a los demás dirigentes del CIO un ultimátum para disolver su
nueva organización o enfrentar la expulsión de la federación. Se informaba
que Lewis desafiaba la orden y una escisión temprana se había convertido en
una clara probabilidad. (En realidad había de ocurrir en agosto de 1936, cuando
se suspendió la membresía del CIO dentro de la AFL.)
Aunque era poco probable, en la reunión de la fracción del partido se
decidió que debía hacerse un último intento para integrar el Local 574 al
CIO. Bill Brown y Ray Dunne fueron enviados por avión para que consultaran con
John Brophy sobre cuáles era nuestras posibilidades. De nuevo él les dijo que
el CIO no tenía planes para la industria del camionaje y repitió su consejo de
que aceptáramos la readmisión a los Teamsters.
Llega respuesta esperada
Ahora estábamos listos para proponer este último curso de acción a los
miembros del sindicato, siempre que la IBT aprobara las condiciones negociadas
con los tobinistas locales. La confirmación requerida llegó el 9 de julio en
un cable de Meyer Lewis, quien había ido al cuartel general de Indianapolis con
un comité del Consejo Unido de Teamsters. En su mensaje se leía:
“La propuesta firmada por los representantes del Local 500 de la Hermandad
Internacional de Teamsters y los representantes del Local 574 del Sindicato
General de Choferes, como base para resolver la disputa de los Teamsters en
Minneapolis, ha sido aprobado por la Hermandad Internacional de Teamsters a
través de John Gillespie como presidente interino. Ambas organizaciones pueden
ahora presentar una solicitud formal para una nueva carta constitutiva que será
emitida en base a las condiciones allí establecidas. Confío que esto dará
paso a una campaña para organizar completamente la industria de los Teamsters
en Minneapolis y que será un estímulo para la organización de la industria de
los Teamsters en todo el estado. Con ese fin, deseo a la nueva organización
todo un éxito y les ofrezco mi entera colaboración. Copia enviada a ustedes a
solicitud de Smith y Corcoran”.
El 10 de julio, en una reunión regular de representantes sindicales en el
trabajo, la cuestión de nuestra readmisión a la IBT se incluyó como asunto
especial en el orden del día. Al dar el informe en nombre del comité
negociador, presenté las condiciones del acuerdo propuestas y la recomendación
de la junta ejecutiva de que se aceptaran. Se leyó el telegrama de Meyer Lewis;
también un cable de Bill Brown y Ray Dunne informando sobre los resultados
negativos de su conversación con John Brophy.
En la discusión que siguió algunos hablaron a favor de la propuesta, otros
en contra. Para dar una idea de las opiniones de quienes se oponían, aquí
siguen algunos comentarios típicos, según se anotaron en las actas de la
reunión:
“Gagnon: Si se elimina el nombre 574, nos van a ver como si volviéramos
avergonzados . . .
“Gordon: Bajo ninguna circunstancia vamos a permitir que Pat Corcoran
actúe como dictador.
“Rogers: No quiero permitir a nadie que no sean nuestros propios
funcionarios.
“Zander: Me avergonzaría de lucir una insignia de la AFL . . . .
“Novey: Nos van a hacer pedazos y van a echar a nuestros funcionarios.
“Rommerdal: Si los miembros abren la boca en una reunión los van a
garrotear”.
Después de una larga discusión, la recomendación de la junta ejecutiva de
aceptar las condiciones propuestas fue aprobada con un margen de más o menos 2
votos contra 1. Entre quienes votaron a favor no había sentimiento alguno de
que se habían rendido ante Tobin; tampoco habría titubeo alguno por parte de
los miembros que habían votado en contra para aceptar la decisión final.
Básicamente, los representantes sindicales en el trabajo constituían un
organismo sindical relativamente homogéneo, dispuesto a actuar apegado al
principio democrático del régimen de la mayoría.
Antes de la asamblea general de miembros, programada para el 13 de julio, se
podía contar con que los representantes sindicales informarían de forma fiel
en el lugar de trabajo a los demás trabajadores sobre la discusión que habían
sostenido con los funcionarios del sindicato. Esto significaba que los miembros
del sindicato no se sorprenderían cuando el asunto se les presentara para una
decisión en la reunión.
Cuando comenzó la asamblea general, el salón estaba repleto. Fue la
reunión cerrada del sindicato más numerosa en más de un año. Al igual que en
la reunión de representantes, informé de la recomendación del liderazgo,
hablando a nombre de la junta ejecutiva. La presentación se puede resumir con
una exactitud razonable a partir de las notas que usé, que todavía están en
mis archivos.
Comenzó con una breve reseña de las negociaciones con los tobinistas. Se
informó de la votación realizada en la reunión de representantes. Luego se
leyeron las condiciones propuestas para la readmisión, haciéndose las
aclaraciones necesarias. Tras lo cual hablé según las siguientes líneas
generales:
“Todos lamentamos que vayamos a perder la designación 574, pero vale
señalar que también desaparece el ‘Local 500’. Realmente al respecto no
hay opción. No pudimos convencer al resto del movimiento que el retener el 574
como nuestro número constitutivo es algo por lo que merece luchar.
“Aunque el 574 va a ser minoría en la nueva junta ejecutiva, va a ser una
minoría poderosa. Nuestros representantes pueden usar el instrumento de los
informes de la minoría, de ser necesario. Pueden contar con el sólido respaldo
de los representantes sindicales en el trabajo y el de nuestra combativa
membresía. Al respecto hemos ganado una significativa victoria contra el
Internacional. No se va a expulsar a ningún funcionario, tal como originalmente
había exigido Tobin, y quienquiera que esté al corriente con sus cuotas tiene
derecho a ejercer un cargo.
“La junta ejecutiva ha dedicado largas horas a este problema, tratando de
considerar todos los aspectos del mismo. He aquí cómo vemos la situación.
“En el pasado nuestra fuerza ha estado en la consigna: ‘Queremos ser
parte del movimiento’. Así hemos ganado apoyo entre las filas de otros
sindicatos.
“El Internacional ahora ofrece llegar a un arreglo con nosotros. En la
oferta no hay un punto sólido del cual asirnos para defendernos, si es que la
rechazamos. El resto del movimiento considera y seguirá considerando que el
arreglo es justo.
“Todavía no se nos ha acusado de sindicalismo dual. Pero eso es lo que
pasaremos a ser a los ojos de otros sindicatos si rechazamos los términos
propuestos para la readmisión a la IBT.
“¿Nos podemos dar ese lujo?
“¿Qué sindicatos se nos podrían unir? Sólo los que nosotros hemos
forjado. Todos conocemos las debilidades de otros dirigentes en el movimiento,
quienes han vacilado a través de la larga lucha con Tobin. No se podría contar
con ellos.
“El Labor Review
[órgano oficial de la Unión Central del Trabajo] aún no nos ha atacado, pero
lo haría. Se transformaría en rival del Northwest
Organizer, en vez de que los
dos periódicos sindicales se complementen.
“A los miembros más débiles del sindicato los perderíamos casi enseguida.
Nuestras filas disminuirían paulatinamente, convirtiéndose en un grupo
comparablemente pequeño de guerreros que luchan hasta el amargo final.
“Si aceptamos la oferta del Internacional, reingresaremos con una
membresía fuerte y combativa. Vamos a tener tres miembros en la junta ejecutiva,
a la mitad del plantel de la organización y a todos los representantes
sindicales en el trabajo. Esto constituye una verdadera fuerza.
“Nuestros funcionarios pasarán a ser delegados del Consejo Unido de
Teamsters y de la Unión Central del Trabajo. Podemos contemplar construir una
organización estatal de Teamsters. Y podemos dar manos a la obra con nuestros
planes de organizar los choferes de larga distancia.
“En el movimiento sindical de la ciudad existe un nuevo espíritu. A los
funcionarios del Internacional les resultaría muy peligroso traicionarnos. Si
lo hacen, de nuevo salimos en marcha.
“Hemos conversado sobre este tema con el CIO, así como con otros amigos y
consejeros. Después de estas discusiones y en base a los razonamientos que he
trazado aquí, la junta ejecutiva ha llegado a una firme decisión.
“Recomendamos que los términos propuestos para nuestra readmisión al
Internacional sean aceptados”.
Después del informe, Bill Brown, el presidente del sindicato, solicitó la
discusión de los presentes. A un orador tras otro se le concedió la palabra
para que debatiera la cuestión, a favor o en contra. Cuando finalmente se
llamó a la votación, los miembros votaron en proporción de seis a uno a favor
de reincorporarse a la Hermandad Internacional de Teamsters.
Una batalla de 15 meses había culminado con un Local 574 victorioso.
Los funcionarios del local reorganizado habían sido designados
específicamente de la siguiente forma: del antiguo Local 574, William S. Brown,
presidente; Carl Skoglund, síndico; Farrell Dobbs, secretario de actas. Del
antiguo “Local 500”, L.A. Murphy, secretario-tesorero; Jack Smith,
vicepresidente; Nick Wagner, síndico. Pat Corcoran, secretario del Consejo
Unido de Teamsters, fue nombrado presidente de la junta ejecutiva.
Debemos señalar que en esta nueva situación, ahora considerábamos que era
posible y aconsejable que Skoglund, a pesar de su problema de ciudadanía,
ocupara un cargo en el sindicato.
El 14 de julio, los nuevos funcionarios emitieron un documento público
conjunto declarando:
“Todo contrato sostenido por los locales disueltos con los empleadores lo
asumirá y lo hará cumplir el nuevo local.
“Con la espléndida armonía hecha posible gracias a las bases de
cooperación recién establecidas entre los dirigentes y los miembros del
movimiento obrero local, se garantiza que los miembros de los sindicatos de
Minneapolis y los de todos los sindicatos del estado extraerán mayores
beneficios de sus organizaciones. Las partes del nuevo acuerdo se comprometen a
trabajar de forma leal y consecuente para promover los mejores intereses de los
trabajadores según lo permita un movimiento unido de la Federación Americana
del Trabajo”.
La nueva carta constitutiva -bajo la denominación de Local 544 del Sindicato
General de Choferes- fue presentada formalmente al sindicato en una gran
asamblea pública, en general muy concurrida por miembros de la AFL. John Geary,
en nombre de Tobin, hizo la presentación, y Bill Brown la recibió. T.E.
Cunningham, presidente de la Federación Estatal del Trabajo, dio la bienvenida
al Local 544 a la AFL. Miles Dunne habló como director del Northwest
Organizer. Ray Dunne
reseñó la historia del sindicato General de Choferes a partir de 1933. Jack
Smith manifestó aprecio por el espíritu de armonía y buena voluntad que
había encontrado en el local reorganizado.
Poco después, los delegados del Local 544 ocuparon oficialmente sus cargos
en el Consejo Unido de Teamsters y en la Unión Central del Trabajo. En ambos
casos su llegada fue recibida con salvas de aplausos.
Tras una demora de casi dos años, ahora se había hecho posible lanzar la
campaña general de sindicalización que se debía haber iniciado luego de
nuestra victoria en la huelga de 1934. Esta perspectiva se había planteado en
una declaración de la junta ejecutiva del Local 574, emitida en conexión con
el retorno del sindicato a la IBT. Tal como lo reportó el Northwest
Organizer del 22 de julio de
1936, decía en parte:
“Los choferes deben dirigir la ruta hacia la organización y
sindicalización de los trabajadores no sindicalizados del estado y del noroeste.
Poderosos por derecho propio, los choferes pueden aumentar su fuerza sólo de
una manera. Esto es, siguiendo los ejemplos del Local 574, dando ayuda a otros
grupos de trabajadores para que logren llegar a las filas de la Federación
Americana del Trabajo . . .
“Los funcionarios y miembros del Local 574, junto a los miembros nuevos y
capaces y con las fuerzas aumentadas procedentes del Sindicato Internacional, se
entregan ahora a la seria tarea de organizar a los choferes, ayudantes y
trabajadores de almacenes de Minneapolis, de Minnesota y del noroeste”.
Capítulo 13:
Nuevos horizontes
Nuestro llamado a favor de una campaña de expansión de los Teamsters no era
un mero reflejo estimulado por la victoria sobre Tobin. Como cuestión de
política deliberada, esperábamos echar a andar tal campaña de inmediato,
tanto para que sirviera necesidades inmediatas como con la meta más a largo
plazo de ampliar nuestra influencia dentro de la IBT. Esto implicaba varias
consideraciones.
Las tendencias nacionales y locales seguían desarrollándose a favor nuestro.
Los dirigentes del CIO habían mostrado el coraje suficiente para enfrentar una
escisión con los intransigentes sindicalistas gremiales en la AFL en torno al
asunto del sindicalismo industrial. Los trabajadores de la industria básica no
tardaron en ver en este desarrollo nuevas oportunidades para un enfrentamiento
significativo con las grandes empresas. Su espíritu combativo servía, a la vez,
para generar nueva confianza en sí mismos y una acrecentada militancia en el
resto de la clase trabajadora.
En Minneapolis, estos impulsos los intensificó más aún la readmisión del
Local 574 dentro de la IBT. Nuestro retorno a la AFL no sólo puso fin al
conflicto sindical interno, sino que elevó a un plano superior el potencial
para una acción obrera unificada. Percibiendo las oportunidades que ofrecía la
nueva situación, los trabajadores de la ciudad en general estaban más ansiosos
de lanzar una nueva ofensiva contra los patrones.
Enérgica campaña de sindicalización
Al ayudar a echar a andar rápidamente la deseada ofensiva, nosotros
podíamos fortalecer nuestra posición dentro del reconstituido Local 544 del
sindicato General de Choferes. Una enérgica campaña de sindicalización
pondría a los tobinistas en desventaja. Pronto se desarrollarían nuevos
enfrentamientos con los patrones. Corcoran, Murphy y sus seguidores tendrían
que apoyar la lucha, o perderían toda capacidad de influenciar a las filas
sindicales. Al mismo tiempo, cualquier intento de su parte de introducir
políticas colaboracionistas de clases se podría rechazar bajo condiciones de
lucha que nos favorecían. Como mínimo, esto suponía la posibilidad de poder
neutralizarlos. Sin embargo, también teníamos un objetivo mayor. Nuestra
intención era atraerlos, de ser posible, a que apoyaran una trayectoria
sindicalista constructiva.
De lograr este último objetivo, se lograría ayuda para extender la
influencia de un Local 544 militante entre círculos más amplios de Teamsters.
Creíamos que otros locales de la IBT en otras partes del país estaban tomando
nota de nuestros logros al hacerle frente a Tobin. Ahora parecía razonable dar
por sentado que ellos comenzarían a imponerse con más fuerza en cuestiones de
política sindical. De ser así, ganaríamos aliados al intentar convertir a
todo el [sindicato] Internacional en una organización más combativa.
Como primer paso hacia este objetivo mayor, procuramos fortalecer el Consejo
Unido de Teamsters de Minneapolis. El esfuerzo comenzó con apoyo para el Local
471 de Choferes de la Leche en una campaña para sindicalizar varias lecherías
de taller abierto.1 Por años, estas compañías habían logrado resistir al
sindicato. Si ahora pudiéramos ayudar a aporrearlas y meterlas en cintura, eso
sería un buen comienzo en nuestras relaciones con Pat Corcoran. Su primera
relación verdadera con nosotros sería a través de un enfrentamiento con los
patrones en el que su sindicato sería el beneficiario.
Corcoran estaba ansioso por llevar a cabo tal campaña. Habiendo sido él
mismo un chofer de la leche, sinceramente estaba dedicado al movimiento sindical,
especialmente a los intereses del Local 471. Sin embargo, como dirigente
sindical lo perjudicaba su fuerte ambición en cuanto a su carrera personal. Esa
debilidad lo había puesto bajo la tutela de los funcionarios derechistas de la
AFL, quienes se dedicaron a educarlo en el arte del “estadismo obrero”. Tal
mala educación, junto a su perspectiva arribista, estaban a la raíz de su
mezquina conducta al apoyar a Tobin contra el antiguo Local 574.
Habiendo quedado atrás ese infame episodio, Corcoran ahora daba muestras de
un cambio de perspectivas. Su interés de combatir a los patrones lecheros, por
ejemplo, parecía ir más allá de un mero deseo de fortalecer al Local 471. Se
mostraba deseoso de enmendar la mala conducta pasada y mejorar su imagen como
dirigente sindical. Así que interpretamos como sinceros sus gestos amistosos
hacia nosotros, sujetos sólo a la prueba de un desempeño verdadero.
Corcoran no era de la talla de Bill Brown, ni en su estatura de liderazgo ni
en su perspicacia política. Aún así, creíamos que podía jugar un papel
útil, al menos parcialmente en comparación con el de Brown, si se le animaba y
ayudaba apropiadamente. En todo caso, nada se perdía con tratar. Nosotros, por
tanto, nos propusimos hacer que diera lo mejor de sí.
Hacia finales de julio empezó la operación de limpieza en la industria
lechera. La acción fue como un torbellino en el que los patrones sintieron la
fuerza impresionante de un movimiento de Teamsters unido. Los planteles de todos
los locales en el Consejo Unido salieron en apoyo del Local 471. Dentro del
plantel del Local 544 rápidamente se desarrolló una competencia sana entre los
del antiguo Local 574 y los del antiguo “500”, en la que cada grupo
procuraba lograr el mejor resultado.
Una huelga de un día en la Compañía Lechera Engell produjo un contrato
firmado con el Local 471. Esta firma, una de las opositoras más grandes, desde
hacía mucho tiempo que había sido una de las peores espinas en el costado del
sindicato. Cuando su resistencia se desplomó, las otras compañías de taller
abierto rápidamente comenzaron a alinearse. En seguida, la industria quedó 100
por ciento sindicalizada.
Un episodio particular le permitió a Pat Corcoran de veras avanzar para
ganarse el respeto de los veteranos del Local 574. Ocurrió en una lechería
ubicada en una pequeña comunidad justo en las afueras de Minneapolis.
Una mañana temprano, se montó una línea de piquetes en el lugar. Al poco
rato, el policía del pueblo se apareció portando una escopeta. Apuntó el arma
a la línea de piquetes y nos ordenó dispersarnos, diciendo que en su pueblo no
iba a tolerar esos tejemanejes de ciudad grande. Corcoran se volteó y avanzó
furiosamente sobre el hombre de la ley, poniéndose tan cerca que el cañón
casi le tocaba el pecho.
“Si crees que puedes disparar contra piqueteros pacíficos y salirte con la
tuya”, lo desafió, “trata de dispararme a mí, adora-patrones hijueperra”.
Para entonces los demás nos habíamos ido acercando para apoyar a Pat. Al
parecer afectado repentinamente por un agudo ataque intestinal, el policía
bajó el arma y se echó atrás. Menos de una hora después, el patrón firmó
el convenio sindical.
Por esa fecha, Jack Smith también causó buena impresión al negociar con la
Compañía de Agua de Manantial Chippewa. Este era uno de los sitios donde antes
el antiguo “Local 500” había intentado darnos problemas. Smith, al igual
que Corcoran, ahora buscaba hacer desagravios. Él pidió la tarea, y el
convenio que negoció para los trabajadores en esta compañía cumplió con los
parámetros que habían sido establecidos anteriormente por el antiguo Local
574. Era señal de que a los tobinistas -quienes ahora participaban en el
liderazgo del local reorganizado- se les podía convencer de nuestra forma de
tratar con los patrones.
Tras la campaña de limpieza en la industria lechera, el Consejo Unido de
Teamsters lanzó una “campaña del esquirol” general. Los representantes
sindicales y los miembros activos de los locales Teamster reforzaron a los
planteles sindicales para llevar a cabo la operación. Se asignaban cuadrillas
de cuatro por carro para diversos sectores de la ciudad. Se peinaban las calles,
y se revisaban los andenes de carga y los almacenes, a la vez que el consejo
presionaba por un 100 por ciento de sindicalización en la industria del
camionaje. El éxito de la campaña se reflejó en el hecho que sólo el Local
544 reclutó cerca de mil nuevos miembros en un mes.
Entre los reclutados habían muchos trabajadores de la industria de abarrotes
al por mayor. Su respuesta a la campaña de sindicalización indicaba que
estábamos en posición de hacer un importante avance en esta esfera. A Harry
DeBoer y Ray Rainbolt se les puso a cargo de un esfuerzo continuo para que la
sección de abarrotes al por mayor del Local 544 alcanzara toda su fuerza.
Conforme avanzaba la campaña, se sostenían reuniones de trabajadores en las
que se elaboraban las demandas para un convenio sindical. Estas se presentaban
luego a los patrones, quienes tajantemente rechazaban dialogar con los
representantes sindicales.
Detrás de la posición inflexible de los empleadores se hallaba un nuevo
complot de la Alianza Ciudadana. Los dirigentes de la alianza se alarmaron por
el éxito de la campaña de sindicalización del Consejo Unido de Teamsters, la
cual había electrizado a todo el movimiento obrero de Minneapolis. En un
intento desesperado de aplacar la ola creciente, habían inducido a las firmas
de ventas de abarrotes al por mayor a servir de punta de lanza de un
contraataque contra el movimiento sindical. Entre estas compañías habían
sucursales de las cadenas nacionales y de las grandes casas independientes
propiedad de gentes de sangre azul dentro de la clase pudiente de la ciudad. Con
estas fuerzas a la vanguardia, la alianza planeaba usar todo truco disponible
contra nosotros: red-baiting,2
policías, matones, artimañas del gobierno: todo. Así esperaban presionar a
los tobinistas que ahora estaban en el Local 544 lo suficiente como para dividir
al liderazgo del sindicato.
Sin embargo, sucedió que desde un comienzo Corcoran, Murphy, Smith y Wagner
tendieron a ceder a los criterios de los dirigentes trotskistas en el local.
Aceptaban el hecho de la superioridad de nuestra experiencia en luchas de este
tipo y en base a ello asumían un papel de reparto. Su actitud resultó ser muy
útil en la lucha que siguió.
Al negarse los empleadores a negociar, el sindicato les declaró la huelga el
20 de agosto. Más de 400 trabajadores de 12 firmas estuvieron involucrados. Las
filas del sector de abarrotes al por mayor eligieron un comité de huelga y uno
de los huelguistas, Pete Harris, fue escogido como su presidente. Los piquetes
comenzaron en las firmas en huelga, y se organizó un número de escuadrones
móviles para proveer a las fuerzas sindicales la agilidad necesaria. Aunque la
industria fue paralizada eficaz y rápidamente, esperábamos que sería una
lucha larga e hicimos las preparativos del caso. Estos iban desde las tareas
elementales de establecer un comisariato para alimentar a los huelguistas, hasta
el problema más complejo de publicar suplementos diarios del Northwest
Organizer para refutar las
mentiras de los patrones y contar el lado de los trabajadores en la historia.
Este último paso fue sumamente vital porque la clase gobernante rápidamente
lanzó una andanada de propaganda malintencionada contra el sindicato. Los
campos pagados de plana entera en los diarios, junto a las extensas
declaraciones de los empleadores, intentaron lanzar gritos de pánico acerca de
que los huelguistas estaban provocando una “escasez de alimentos”. Esto iba
acompañado, claro está, de acusaciones que tachaban de trotskista al liderazgo
sindical, repitiendo las calumnias de 1934. Como señaló el Northwest
Organizer, la prensa de los
patrones daba completa cobertura a las declaraciones de las compañías,
usualmente en la primera plana. Por otra parte, de 12 declaraciones emitidas por
el sindicato, sólo una apareció en los periódicos y entonces sólo en parte.
Esa logró un par de pulgadas de espacio en una obscura sección interna.
Al mismo tiempo la Alianza Ciudadana estaba emitiendo boletines para los
empleadores en toda la ciudad llamándolos a unirse para un “duelo decisivo”
con el movimiento obrero. Con esa propaganda se celebró un mitin patronal en el
Hotel Radisson. L.A. Murphy asistió al encuentro en nombre del Local 544,
haciéndose pasar como un hombre de negocios. Allí escuchó cómo los patrones
congregados se agitaron hasta el agobio a la vez que empezaron a contribuir para
un fondo financiero a ser utilizado en su campaña rompehuelgas.
En ese cuadro, la Junta Obrero-Patronal de Latimer salió con una
declaración pública. Instaba a los trabajadores de abarrotes en huelga a que
volvieran a sus trabajos, diciendo que no podía mediar la disputa con los
empleadores hasta que no lo hicieran. Aunque en la junta había tres miembros
obreros -T.E. Cunningham, J. Boscoe y G. Alexander- el Local 544 no fue
consultado antes de que la junta emitiera su declaración unánime. Esta acción
desleal de los tres “estadistas obreros” provocó un rudo reproche de parte
de la dirección de la huelga. El tema central era el reconocimiento del
sindicato, se les dijo, y eso no era debatible.
El rechazo de la línea de la junta de Latimer fue seguido por un mitin
masivo de apoyo a los huelguistas. La membresía general del Local 544 se volcó
al mitin en masa para demostrar solidaridad con la sección del sindicato en
lucha. Miembros de otros locales del Consejo Unido de Teamsters asistieron como
un solo cuerpo. Inspirados por este respaldo, los trabajadores de abarrotes se
volvieron más resueltos que nunca para ganar la lucha. Sus líneas de piquetes
se mantuvieron sólidas y las compañías que estaban en huelga no pudieron
realizar sus entregas.
Al preparar su próxima movida, la Alianza Ciudadana usó una organización
“cívica” para celebrar un mitin de “ley y orden”. Se planteó una
demanda para que la acción policiaca contra los huelguistas fuera más eficaz.
A su vez, eso se utilizó como pantalla propagandística de un plan para traer
matones a sueldo. La primera acción se realizó contra lo que la Alianza
parecía considerar un punto débil en el frente sindical.
En ese momento el Sindicato de Trabajadores de la Harina y de Molinos de
Cereales estaba en huelga en el molino de la Archer-Daniels-Midland. En la tarde
del 17 de septiembre, salvo por una fuerza de piquetes mínima, todos se
encontraban en una reunión sindical. Aprovechando esta situación, la
compañía hizo que metieran un vagón por el apartadero del molino. Llevaba a
unos 10 hombres armados y una cantidad de provisiones.
La maniobra se supo de inmediato en la reunión de huelguistas del molino y
en el Local 544. Cientos de piqueteros del molino y simpatizantes, entre ellos
huelguistas de los abarrotes, se apresuraron a llegar al sitio de la acción.
Allí se pararon alrededor del vagón y los matones rápidamente salieron
portando rifles. Los policías de turno en el molino les ordenaron que guardaran
las armas. Ellos se metieron de regreso en el vagón para hacerlo. Entonces
salieron de nuevo, esta vez armados con revólveres, e hicieron varios disparos
en dirección de los piquetes.
Los trabajadores enfurecidos respondieron lanzándose contra los matones,
quienes precipitadamente se replegaron dentro del vagón. Pero por alguna razón
había cogido fuego durante la trifulca. Así que los policías tuvieron que
rescatar a los matones de la compañía y escoltarlos al molino para su
seguridad. En su primerísimo intento de usar el gamberrismo, a la Alianza
Ciudadana le había salido el tiro por la culata.
Empleando una nueva táctica, la alianza puso en marcha una demanda para que
el gobernador enviara soldados contra los huelguistas. La solicitud de
intervención militar la hizo el sheriff John Wall, quien usó el episodio de la
Archer-Daniels-Midland para alegar que había “motines y violencia”. En la
prensa comenzaron a aparecer rumores de que la Guardia Nacional estaba siendo
“movilizada para una acción de emergencia en las disputas laborales de
Minneapolis”. Se intensificó la propaganda de miedo sobre una “escasez de
alimentos”, dando a entender que las tropas llegaban para romper la huelga de
los abarrotes. Intentando a la vez darse cierto aire de ser dulcemente
razonables, los patrones de los abarrotes ahora se reunían con el sindicato:
pero las negociaciones se mantenían en un punto muerto. Se había convertido en
toda una maniobra rompehuelgas.
Apoyo a huelguistas de abarrotes
Con las líneas de clase demarcadas de forma aguda en el conflicto, la Unión
Central del Trabajo y el Consejo de Gremios de la Construcción hicieron
promesas formales de apoyo a los huelguistas de los abarrotes. El Consejo Unido
de Teamsters votó para detener todas las entregas a las cadenas de tiendas en
los vecindarios. Ya no podían recibir leche, hielo o carne, por no mencionar
abarrotes. Antes de que pasara mucho tiempo, las tiendas de dos cadenas tuvieron
que cerrar por completo.
Las firmas pequeñas de abarrotes al por mayor también estaban sintiendo la
presión. Algunas de ellas ya le habían comunicado al sindicato que les
gustaría resolver la huelga, pero tenían miedo de actuar debido a las amenazas
de represalias urdidas por la Alianza Ciudadana. Ahora se hallaban contra el
paredón a medida que las grandes compañías intentaban matar de hambre a los
huelguistas. Como resultado, comenzaron a romper filas y a firmar el convenio
con el sindicato, arriesgándose a lo que el futuro les podría deparar.
En lugar de matarlos de hambre, como esperaba la alianza, los huelguistas de
los abarrotes estaban recibiendo donaciones regulares de dinero y comida de
otros sindicatos y de las organizaciones de agricultores. Generosas
contribuciones llegaban de pequeños comerciantes independientes de los barrios,
quienes se daban cuenta que tenían algo en juego en la lucha sindical contra
las cadenas de tiendas. La Sección de Trabajadores Federales tomó la delantera
para obligar a la municipalidad a que pusiera a los huelguistas en las planillas
de asistencia social.
Conforme la marea de la batalla se iba volcando contra las compañías, la
minoría de trabajadores de abarrotes que habían resistido la sindicalización
comenzaron a afiliarse al Local 544. En todo caso, la huelga estaba tomando un
nuevo impulso.
Luego, el 7 de octubre, después de una guerra de casi dos meses, las grandes
firmas de abarrotes al por mayor se rindieron. Se firmó un contrato directo con
el Local 544 dando reconocimiento pleno al sindicato. Los salarios y las
condiciones de trabajo se elevaron a las normas que habíamos establecido en
otros sectores de la industria del camionaje. Para los trabajadores fue una
victoria arrasadora.
En varios casos más, grupos de empleadores habían usado pretextos para
posponer los acuerdos con el sindicato, esperando a ver cómo resultaba la lucha
de los abarrotes. Ahora estos grupos comenzaron negociaciones serias con el
Local 544. En un lapso breve, los empleadores del carbón y de trasbordos
firmaron renovaciones de contratos. Por primera vez se llegó a un acuerdo con
los grandes almacenes, en el que se cubría a los choferes, ayudantes y
empleados de los cuartos de envíos y de bodegas. En cada caso se registraron
importantes logros para los trabajadores sin tener que recurrir a una acción
huelguística.
Los dueños del molino también se vieron obligados a negociar con el
Sindicato de Trabajadores de la Harina y de Molinos de Cereales.
A la Alianza Ciudadana como tal se le había asestado un golpe mortal. En
enero de 1937, la alianza fue formalmente disuelta y los patrones se
reorganizaron en una nueva entidad llamada Industrias Asociadas. En un editorial
titulado “El leopardo cambia sus manchas”, el Northwest
Organizer describió así la
acción:
“El reciente anuncio en los periódicos de que la Alianza Ciudadana se ha
disuelto, ha despedido a sus funcionarios y ha desalojado sus oficinas hay que
admitirlo con reservas.
“Los mismos empleadores, los mismos que odian al movimiento obrero y la
misma gente cuya única perspectiva es la de desbaratar, destruir y derrotar al
movimiento sindical pasan a conformar la membresía de la nueva entidad de los
empleadores.
“Pero también sería un error pensar que los empleadores de Minneapolis no
han cambiado sus tácticas, métodos y estrategias para tratar con sus empleados.
Los dirigentes que trazaban la política de la ‘desaparecida’ Alianza
Ciudadana creían en choques frontales con las organizaciones obreras y creían
en derrotar a los sindicatos con la fuerza bruta . . .
“Aquí ha crecido un poderoso movimiento sindical en los últimos tres
años que absolutamente impide abrigar la idea de que cualquiera puede
derrotarlo con tácticas de mano dura. Los empleadores tenían que idear un
método nuevo, más sutil y más siniestro para tratar con los sindicatos
obreros . . .
Tácticas utilizadas por los patrones
“Los pistoleros, matones y rompehuelgas importados serán remplazados con
un pequeño ejército de representantes patronales entrenados, conciliadores
laborales y directores de relaciones de personal. Su política consistirá en
hacer trastabillar a los sindicatos en negociaciones, redactar acuerdos
sindicales con doble sentido y sobornar representantes sindicales con dinero y
con favores.
“El nuevo movimiento obrero de Minneapolis ha alcanzado la etapa más
peligrosa en su historia”, advirtió el editorial. “Dirigentes sindicales
cuyo coraje es incuestionable y que tienen la capacidad de luchar a muerte en la
línea de piquetes son propensos de caer presa de los nuevos voceros de los
grupos de los empleadores. El movimiento obrero debe redoblar su guardia”.
Como atestiguaba la publicación misma del editorial en el periódico
sindical, dentro de la dirección del Local 544 las cosas iban muy bien en
cuanto a este aspecto. Las experiencias en la huelga de los abarrotes habían
acercado a Corcoran, Murphy, Smith y a Wagner a nuestros puntos de vista sobre
las relaciones sindicato-patronales. Esa tendencia se vio reflejada en la
recomendación unánime de la junta ejecutiva para que la membresía aprobara un
“contrato modelo” que sirviera como guía para el plantel sindical en las
negociaciones con los patrones. Según se aprobó oficialmente, contenía los
siguientes puntos centrales:
1. Los contratos con los empleadores estarán limitados a un plazo de un año.
2. Las demandas referentes a salarios y condiciones de trabajo se decidirán
en consulta con los miembros del sindicato implicado en cada caso particular.
3. Se recibirá una prima por horas extras, con la disposición añadida de
que no habrá horas extras hasta que todos los empleados en ese sitio hayan
trabajado su cuota total de horas regulares.
4. Si se redujera la semana laboral por una ley legislativa, las tasas de
salarios se deberán aumentar en la proporción necesaria para garantizar que no
haya reducción en la paga semanal total. (Esta demanda estaba vinculada con la
lucha sindical general por una semana laboral más corta para reducir el
desempleo.)
5. Las disputas sobre el orden de antigüedad las resolverá el sindicato. El
empleador no tendrá voz en este asunto.
6. Los pagos atrasados que se les debían a trabajadores a causa de
violaciones del contrato por el empleador se deberán computar al doble de la
tasa salarial regular.
7. Se exigirá el reconocimiento formal por parte del empleador del derecho
del sindicato a operar su sistema de representantes en el sitio de trabajo.
8. El sindicato retiene el derecho de irse a huelga por las violaciones del
empleador al contrato pactado.
9. Ningún patrón puede ordenar que sus empleados crucen una línea de
piquetes de un sindicato en huelga.
Ninguna de estas disposiciones representaban meros puntos de regateo para las
negociaciones con los patrones. Todos y cada uno constituían asuntos de
política elemental. Todos se hacían cumplir debidamente en la verdadera
práctica. Como director del plantel, mi trabajo era velar que así fuera.
Trabajo sindical conjunto
En la medida de lo posible, los miembros del plantel sindical trabajaban en
parejas: uno del antiguo Local 574, el otro del antiguo “Local 500”. Esto
nos ayudaba no sólo a ejercer una influencia progresista sobre los novatos del
plantel, sino también inculcarles el concepto de equipo en el liderazgo. A este
último objetivo ayudó también el que lográramos retener la política de
igual paga para el plantel a un nivel que no superara la recibida por los
trabajadores cualificados en la industria.
La organización del trabajo del plantel se tenía que llevar a cabo bajo
condiciones complejas. La fusión en la práctica de dos fuerzas previamente
hostiles era sólo parte del problema. Hubo un crecimiento sustancial y rápido
de la membresía del sindicato. Había que negociar contratos con una gran
cantidad de empleadores y había que hacerlos cumplir. Había que desarrollar
nuevos patrones de actividad organizativa ampliada si se iba a aprovechar todo
el potencial de las condiciones objetivas favorables.
Para lograr estos fines diversos, las operaciones del plantel se dividieron
en tres amplias categorías. A unos equipos se les asignó al trabajo en el
terreno, buscando la expansión de la fuerza sindical. A otros se les dio la
tarea de manejar las negociaciones con los patrones. Otros más tuvieron la
tarea de resolver los reclamos que surgían de las violaciones de los contratos
existentes por parte de los empleadores.
Se codificaron procedimientos regulares para el manejo de reclamos, como se
había hecho en el caso de negociaciones de contratos. Se ideó un formulario
adecuado para el registro por escrito de todos los reclamos, tanto para asegurar
que los trabajadores involucrados proporcionaran la información necesaria, como
para verificar que sus quejas no se perdieran en el ajetreo. Era política del
sindicato dar por sentado que el trabajador siempre tenía la razón. Si un
patrón alegaba que un reclamo se había presentado de forma injusta, era él a
quien correspondía la carga de la prueba. En cada caso, el informe del reclamo
me lo tenían que devolver a mí, como director del plantel, con un recuento
escrito de la disposición del caso.
La verificación del cumplimiento del contrato según estos lineamientos dio
lugar a un problema que involucró a dos organizadores quienes provenían del
antiguo “Local 500”, Eddie y Al Firotto. Ninguno de ellos parecía tener
mucha experiencia sindical, no obstante insistieron en trabajar juntos. Esto
dificultó utilizar sus servicios. Así que hice lo mejor que pude para
asignarlos a manejar reclamos en compañías pequeñas donde relativamente los
problemas no eran complicados y donde el sindicato fácilmente pudiera ejercer
la presión necesaria sobre los patrones.
Después de un tiempo se supo que estaban aceptando favores de los
empleadores. Al informar del asunto a la junta ejecutiva, señalé también que
ellos mostraban poco interés en el trabajo sindical y quizás no se opondrían
a buscar empleo en otra parte. Se acordó que yo hablase con ellos en este
sentido. Así lo hice y al ver la lógica de la situación, los hermanos Firotto
voluntariamente dejaron el plantel sindical.
Al poco tiempo sucedió otro percance, esta vez tuvo que ver con Joe Bellini,
quien también había llegado al plantel del antiguo “Local 500”. Se supo
que había agredido a un miembro de filas del sindicato. Brown, Skoglund y yo
pusimos una moción ante la junta ejecutiva para que fuera despedido de
inmediato. Murphy, Smith y Wagner votaron contra nuestra moción.
Hasta ese punto, en la junta ejecutiva habíamos logrado tomar las decisiones
necesarias por consenso. Ambos lados parecían sentir que, dada la situación,
esa había sido la mejor manera de proceder, ya que estábamos en vías de
forjar una cooperación principista de liderazgo con la buena voluntad de ambos
lados. Sin embargo, ahora estábamos en un punto muerto, y por primera vez
Corcoran tendría que dar su voto decisivo en su capacidad de presidente “neutral”
de la junta.
Cuestión de principios
Corcoran -como Murphy, Smith y Wagner- parecía tener un sentido de
obligación para con Bellini, quién había fungido con ellos en la anterior
lucha contra nosotros. Al mismo tiempo, sabía que nosotros íbamos
absolutamente en serio en cuanto a nuestra moción. Si votaba contra nosotros,
llevaríamos de inmediato el asunto ante los miembros del sindicato. Estaba en
juego una cuestión de principios. Bajo ninguna circunstancia se podía tolerar
que los funcionarios del sindicato abusaran físicamente de las filas.
Corcoran decidió resolver el problema votando a favor nuestro y Bellini fue
sumariamente despedido del plantel sindical.
Murphy, Smith y Wagner aceptaron la decisión de buena gana. Nuestras
relaciones de liderazgo colectivo continuaron como antes, aún cuando uno o dos
más del antiguo “Local 500” se retiraron del plantel sindical
voluntariamente, aparentemente por no agradarles la disciplina que ahora se
había establecido firmemente.
Se había llegado a un punto en que los miembros del antiguo Local 574 en el
plantel sindical estaban listos para iniciar a los novatos sobrevivientes en la
“Orden del Cuarto Grado”. El ritual era simple, aunque un tanto violento. El
candidato al grado era llevado a un bar por cuatro miembros de la orden. Allí
lo sentaban con ellos en una mesa, de manera que no se pudiera escapar. Se
pedían los tragos, a cuenta del candidato, por supuesto. Se alzaban las copas
para hacer un brindis, y cuando el novato intentaba dar un sorbo, los otros le
daban con fuerza en el brazo, haciendo que derramara el trago. El proceso se
repetía hasta que la víctima lograra beberse su poción. Molido y magullado,
se le proclamaba entonces miembro de la orden.
Ya que la iniciación se ofrecía sólo a individuos respetados por quienes
ostentaban el “Cuarto Grado”, aunque el procedimiento era tosco, en realidad
era considerado un honor. En este caso, por tanto, era señal de la creciente
afinidad de los dos componentes en el liderazgo del sindicato, una afinidad que
ahora se basaba en gran parte en la adherencia común a políticas sindicales de
principios cuyo carácter era de lucha de clases.
También se venían registrando avances incluso de otra forma. A Pat Corcoran
lo había impactado el potencial de crecimiento sindical que era evidente en la
nueva situación. Comenzó a responder a las oportunidades de una forma que
reflejaba una capacidad de concebir la construcción sindical en gran escala. De
entrada inició varias medidas para fortalecer el Consejo Unido de Teamsters,
usando su puesto de organizador para ese propósito.
Se consiguió una nueva carta constitutiva, como Local 289, para los choferes
de panaderías, entre quienes apenas se empezaba a afianzar una campaña de
sindicalización. Harry DeBoer, quien había sido un funcionario del antiguo
Local 574, fue electo organizador del nuevo local. Más tarde pasó a ser su
presidente.
El Local 221 de Choferes del Hielo -que desde hacía mucho existía como poco
más que una caricatura de sindicato- fue completamente reorganizado. Dos
miembros del plantel organizativo del antiguo Local 574, Ray Rainbolt y Kelly
Postal, fueron electos como los principales funcionarios del local reorganizado.
Rainbolt pasó a ser presidente, mientras que Postal fue designado
secretario-tesorero.
Como parte de este proyecto, el Local 544 traspasó sus choferes del hielo al
Local 221, haciéndolo con el consentimiento de los trabajadores implicados. El
curso opuesto, el de liquidar el 221 en el 544, no se habría podido tomar sin
arriesgar alguna fricción con Tobin. Ya que eso no habría sido aconsejable -y
ya que el local reorganizado ahora estaría bajo una dirección capaz- creímos
que lo mejor era transferir a los choferes del hielo. Parecía ser la única
forma en que la unidad obrera necesaria se podría obtener dentro de la
industria.
Excepto por nuestra transferencia voluntaria de los choferes del hielo,
ninguna otra sección del Local 544 fue tocada en forma alguna durante el
periodo que siguió.
Se avanzó otro paso más cuando las oficinas del Consejo Unido de Teamsters
y todos sus afiliados se trasladaron al cuartel general del Local 544. El
edificio completo fue ocupado para ese propósito, casi duplicando el espacio
disponible. Se hizo una remodelación considerable para racionalizar la oficina
y las instalaciones para las reuniones a fin de que se apegaran a las
necesidades ampliadas.
En el cuartel general renovado se facilitó también espacio para el Local
160 de Trabajadores de la Energía y para el Local 1859 de Trabajadores de
Muebles. Ambas organizaciones se habían vuelto fieles aliadas de los Teamsters,
debido a la ayuda que les habíamos brindado, y ellos querían estar lo más
cerca que pudieran para tener una parte integral en nuestra estructura de
operaciones.
Otro ocupante era el Local 20316 de Trabajadores de Almacenes e Internos, que
recientemente había sido constituido por la AFL. Este local, dirigido por James
Bartlett y Robert F. Tibbetts, estaba sindicalizando entre algunos de los
sectores más explotados de la clase obrera: trabajadores jóvenes, no
cualificados y mujeres. Una de sus primeras campañas, por ejemplo, se condujo
en la Sears-Roebuck, una entidad de taller abierto, de bajos salarios y de mala
fama a nivel nacional.
En suma, se estaba concentrando toda una potencia en el 257 Avenida Plymouth
Norte. Se estaba logrando una nueva palanca en la campaña para ampliar nuestra
influencia dentro de la IBT, un esfuerzo que ya iba en camino.
Notas del traductor
1 En Estados Unidos el movimiento obrero ha luchado por convenios -y con
frecuencia los ha ganado- con cláusulas que refuerzan la solidaridad y eficacia
de los sindicatos en el lugar de trabajo al enrolar automáticamente como
miembros del sindicato a todos los trabajadores empleados en una mina, una
fábrica u otro centro laboral durante el plazo del convenio. Estos se conocen
comúnmente como convenios de closed shop (taller cerrado). Los patrones
han peleado, estado por estado, con el propósito de imponer leyes que prohíban
los convenios de taller cerrado, situación a la cual se refieren
eufemísticamente como open shop (taller abierto).
2 Red-baiting se refiere a la campaña demagógica y estridente de los
patrones y sus aliados para asustar a tanta gente como pudieran para que se
opusieran a las campañas de sindicalización -en este caso del Local 544 de los
Teamsters- en base a que dirigentes destacados del sindicato eran también
comunistas.
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