
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2005 Vol. 29 No. 01
Colombia
Perdonan a grupos derechistas
Desmovilizan algunos escuadrones de la muerte, dan amnistía a líderes
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Miembros de ultraderechistas Autodefensas Unidas de Colombia, grupo
ultraderechista encabezado por Carlos Castaño, esgrimen armas durante
entrenamiento.
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Por Sam Manuel
Autoridades del gobierno colombiano asistieron a una ceremonia, realizada el
25 de noviembre, donde se efectuó la desmovilización del llamado Bloque
Bananero, una unidad de los ultraderechistas escuadrones de la muerte que sirven
de brazo extralegal del ejército colombiano.
La unidad opera en la zona bananera del norte del país. Estos escuadrones,
organizados por ricos terratenientes y empresarios, son responsables de la
muerte de miles de sindicalistas, campesinos y otros civiles. El gobierno no ha
llevado a la justicia a la mayoría de los involucrados en los asesinatos.
Esta desmovilización es parte de la política del gobierno del presidente
Alvaro Uribe de aplastar los grupos guerrilleros que combaten contra el gobierno
en muchas zonas rurales de Colombia. El gobierno quiere llegar a un acuerdo con
los grupos ultraderechistas para desarmar algunos de ellos, al tiempo que en la
práctica les da amnistía a sus dirigentes por sus acciones brutales.
El presidente norteamericano George Bush hizo una muestra de apoyo a Uribe en
su breve visita a Cartagena el 22 de noviembre, a su regreso de las
conversaciones regionales en Chile sobre “libre comercio”. “El plan de
este hombre está dando resultados”, dijo Bush, prometiendo pedirle al
Congreso de Estados Unidos que aumente los fondos que Washington le canaliza al
gobierno colombiano.
Unos 450 miembros del Bloque Bananero entregaron sus fusiles, morteros y
demás armas en un estadio en el pueblo de Turbo, cerca de la frontera con
Panamá.
El Bloque Bananero es parte de la fuerza de 15 mil efectivos de las
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), organización de extrema derecha que,
junto con el ejército, los latifundistas y capitalistas han usado en una guerra
de 40 años contra los principales grupos guerrilleros, las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Los grupos paramilitares han sido implicados en la muerte de 2 100 sindicalistas
desde 1991.
Washington ha encausado y pedido la extradición de por lo menos 10
dirigentes de los escuadrones de la muerte por cargos de narcotráfico. El 24 de
noviembre la Corte Suprema colombiana aprobó la extradición de Salvatore
Mancuso, dirigente de las AUC. Mancuso estaba tan despreocupado por la orden de
extradición que asistió a la ceremonia de desarme del Bloque Bananero. “Hoy
estamos haciendo un gesto mayor, avanzando hacia la reincorporación a la vida
civil de todos los combatientes de las autodefensas,” declaró a la prensa.
Mancuso porta un “salvoconducto” del gobierno que lo protege de ser
arrestado.
El gobierno de Uribe ha expresado su preocupación por las gestiones de un
grupo de legisladores colombianos que promueven una ley que impondría
sentencias de ocho años de cárcel o más a los dirigentes de las AUC. La ley
exigiría que los dirigentes de los escuadrones de la muerte aseguren el
desmantelamiento total de sus fuerzas, brinden información sobre sus miembros,
colaboren con las investigaciones y paguen indemnización a sus víctimas.
Por otra parte, el gobierno de Uribe ha lanzado el “Plan Patriota”, la
mayor ofensiva contrainsurgente contra las FARC en muchos años.
El 3 de diciembre el gobierno de Uribe dijo que excarcelaría a 23 miembros
de las FARC para lograr que el grupo guerrillero libere a los rehenes
colombianos y norteamericanos retenidos en sus campos. Las FARC no respondieron
inmediatamente. En noviembre las FARC rechazaron la oferta del gobierno de
liberar a 50 guerrilleros a cambio de 22 políticos colombianos, 34 soldados y
policías, y tres “contratistas” militares norteamericanos. Las FARC exigen
que le gobierno les ceda dos zonas desmilitarizadas antes de celebrar
negociaciones sobre un intercambio de rehenes, demanda que el gobierno rechaza.
El gobierno norteamericano ha suministrado 3.3 mil millones de dólares al
régimen colombiano desde 2000 bajo el denominado Plan Colombia. Bajo el
pretexto de luchar contra el “terrorismo” y el narcotráfico, Washington ha
utilizado este programa para incrementar su intervención militar en toda la
región, anticipando la creciente resistencia de los trabajadores y campesinos
frente a la catástrofe económica y social que está sacudiendo a
Latinoamérica.
El 9 de octubre el Congreso de Estados Unidos decidió duplicar la presencia
militar de Washington en Colombia de 400 a 800 efectivos. También decidió
aumentar de 400 a 600 el número de “contratistas civiles” que el Pentágono
puede contratar para operaciones militares en el país.
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