
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR diciembre de 2004 Vol. 28 No. 11
Editorial
Tropas de ocupación EE.UU. libran guerra contra baazistas en Iraq
¡Alto a la ocupación imperialista de Iraq! ¡Regresen las tropas ya!
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Soldado norteamericano durante asalto a
Faluya el 9 de noviembre
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Le instamos a que se sume a otros que se oponen a las agresiones de
Washington en Iraq y usar Perspectiva Mundial y el Militant para
hacer campaña con estas demandas en los centros de trabajo, a entradas de
fábrica, en las calles, en barrios obreros, en líneas de piquetes, en
manifestaciones antibélicas y otras actividades públicas.
Esta respuesta es necesaria ante la nueva ofensiva brutal de Washington en
Iraq, que comenzó con el asalto a la ciudad de Faluya y se propaga a Mosul y
otras ciudades.
Las tropas norteamericanas están librando la guerra que no libraron durante
la invasión de Iraq en 2003. Se proponen aplastar las unidades del ejército
del régimen de Saddam Hussein que se disolvieron ante la invasión imperialista,
que escondieron muchas de sus armas y municiones, y que les han cobrado un
precio elevado a las fuerzas de ocupación en los últimos 18 meses. No hay
forma que Washington gane esta guerra sin derrotar el núcleo de las fuerzas de
su enemigo.
El gobierno norteamericano preparó la ofensiva contra Faluya durante muchas
semanas. Sin embargo, no la lanzó sino después de las elecciones del 2 de
noviembre. La administración Bush no quería darles a sus críticos liberales
más argumentos para su campaña de propaganda -partidista y errónea- acerca de
un supuesto atolladero norteamericano en Iraq.
‘Guerra de Rumsfeld, ocupación de Powell’
Tampoco es casualidad el momento en que dimite Colin Powell. El secretario de
estado saliente había tenido muchos desacuerdos tácticos con la
administración Bush sobre la dirección de la guerra. Se podría decir que la
ofensiva de 2003 fue la guerra de Rumsfeld pero que fue seguida por la
ocupación de Powell. La política que proponía Powell y ex procónsul yanqui
en Iraq, Paul Bremer, aplazó la instalación de un régimen servil en Bagdad,
la creación de un ejército iraquí que los generales norteamericanos podían
entrenar, y la ofensiva final contra los baazistas. Pero no era más que una
demora.
Perspectiva Mundial planteó que Washington perseguiría la guerra en
Iraq independientemente de quién terminara ocupando la Casa Blanca. Dijimos que
no se trataba de “la guerra de Bush” sino de un ataque imperialista que
responde a los intereses de las familias multimillonarias que gobiernan a
Estados Unidos, según lo confirmó el candidato demócrata John Kerry con su
apoyo a la guerra y ocupación.
Explicamos que no era una guerra para traer la “libertad” y la “democracia”
al pueblo iraquí, según afirmaban los gobernantes norteamericanos. Era una
guerra imperialista de conquista en una época de creciente depresión mundial.
Uno de los principales objetivos era de golpear a los rivales imperialistas de
Washington, especialmente París y Berlín, que tenían jugosas inversiones en
ese país. Era una guerra por el control de las enormes reservas de petróleo en
la región y para cambiar la correlación de fuerzas en el Medio Oriente a favor
de Washington.
Los ejércitos invasores avanzaron rápidamente desde el sur de Iraq. Pero no
pudieron lanzar una invasión simultánea desde el norte porque el gobierno de
Turquía no permitió el uso de su territorio. Las unidades élite de la Guardia
Republicana iraquí, leales al gobernante Partido Baaz, se disolvieron ante la
enorme fuerza norteamericana.
Las fuerzas del Partido Baaz del Triángulo Suní eran la espina dorsal del
régimen policiaco-partidista de Saddam Hussein. Aunque los elementos baazistas
han perdido sus privilegios desde la invasión, han mantenido gran parte de su
cohesión de combate y sus armas, y las han usado en los últimos meses.
El régimen baazista gobernó el país con mano de hierro, ganándose el odio
de la mayoría de la población iraquí, desde los kurdos en el norte hasta los
chiítas, la mayoría de la población.
El uso de las unidades militares kurdas para repeler ataques baazistas a los
cuarteles de la policía en Mosul es parte de este proceso. Es posible que
Washington esté sentando las bases para entregar el control de las dos
principales ciudades norteñas a los partidos kurdos -que han colaborado con las
fuerzas norteamericanas- así como ofrecer alguna forma de autonomía para
Kurdistán iraquí: preparativos para un Iraq federado.
Hoy día no hay resistencia antiimperialista en Iraq a la dominación de
Washington y Londres. No es porque los trabajadores y campesinos iraquíes sean
incapaces de luchar. Ellos fueron marginados y desarmados políticamente por el
régimen baazista, que -después de asesinar a la vanguardia de la revolución
democrática de 1958- gobernó el país con métodos de terror y control social
durante 40 años.
Los métodos burgueses de los grupos “islámicos” que han usado métodos
parecidos -secuestros y decapitaciones de sus rehenes-tampoco ofrecen una
perspectiva para la mayoría.
Sin embargo, el imperialismo norteamericano no es invencible. El uso de la
fuerza militar bruta en Iraq y en las guerras del futuro no eran señales de
fuerza sino más bien de debilidad. Washington continúa irreversiblemente su
declive económico a largo plazo.
La inestabilidad permanente engendrada por el capitalismo creará más y más
oportunidades para que los pueblos de Iraq y de la región puedan ir
desarrollando su propia dirección revolucionaria. Para lograr este objetivo los
trabajadores iraquíes necesitan tiempo y el fin de la ocupación imperialista.
La crisis capitalista y la ofensiva patronal también está provocando
resistencia entre trabajadores en Estados Unidos. Necesitamos vincularnos a
estos trabajadores y agricultores combativos que rehusan subordinar sus luchas a
la “unidad nacional” y a la “seguridad de la patria”. Sus acciones
representan objetivamente el inicio de la resistencia a la guerra imperialista
por la clase trabajadora: la única clase capaz de frenar a los guerreristas.
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