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octubre de 2004 Vol. 28 No. 9

Estados Unidos

Cheney: política EE.UU. rompe con 25 años de ‘correr’ del ‘terrorismo’

POR MARTÍN KOPPEL

En discursos electorales recientes, el vicepresidente Richard Cheney ha defendido el cambio de estrategia militar norteamericana que ha realizado la administración Bush, calificándolo como una ruptura necesaria con la trayectoria que durante un cuarto de siglo han seguido tanto demócratas como republicanos. Bajo la política anterior, insistió Cheney, una administración tras otra reaccionó a los ataques “terroristas” como si fueran asuntos criminales que se podían enfrentar con acciones policiales, dando la impresión a sus adversarios de que Washington saldría corriendo si les golpeaban duro.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono cambiaron todo eso, dijo Cheney. Impusieron la necesidad de una reorientación radical de la anterior trayectoria si los gobernantes habían de hacerle frente a los retos que enfrentaban en el exterior y, bajo el lema de “una guerra global contra el terrorismo”.

El ultraderechista Patrick Buchanan, quien habló el 5 de septiembre en el programa televisivo “Meet the Press”, planteó fuertes críticas de la política de la administración, tachándola de contraproducente para los intereses de Washington. Argumentó, expresando un criterio compartido por una minoría de la clase gobernante de Estados Unidos, que la Casa Blanca está librando una “guerra innecesaria” en Iraq. Propuso “una retirada estrategia” de las tropas estadounidenses de ese país.

Este debate refleja la división más profunda entre los gobernantes de Estados Unidos sobre cómo llevar a cabo la “guerra antiterrorista” para promover los intereses estratégicos de Washington.

Cheney defiende ‘Doctrina Bush’

En un discurso pronunciado el 6 de septiembre en St. Paul, Cheney contrastó la actual estrategia militar estadounidense con la trayectoria de las últimas administraciones, desde la del republicano Reagan hasta la del demócrata Clinton. Todos les enseñaron a los “terroristas” que “se podían salir con la suya” y que “si nos golpeaban con suficiente fuerza, podrían cambiar nuestra política”, dijo.

Cheney repasó una lista de ataques contra objetivos estadounidenses que se dieron en las dos décadas antes del 11 de septiembre. Destacó el ataque dinamitero de 1983 contra un cuartel norteamericano en Beirut que mató a 241 marines, el ataque de 1996 a las Torres Jobar en Arabia Saudita, los ataques dinamiteros de 1998 contra las embajadas norteamericanas en Tanzania y Kenia, y el ataque al USS Cole en Yemen en 2000. El incidente de 1983 ocurrió durante la administración Reagan y las demás bajo Clinton.

“¿Cuáles fueron las consecuencias de estos ataques?” preguntó Cheney. “No pasó mucho. En una ocasión disparamos unos cuantos misiles cruceros. Básicamente nos golpearon impunemente y se salieron con la suya.”

En un discurso pronunciado el 12 de agosto en Joplin, Missouri, el vicepresidente señaló que durante las últimas décadas Washington abordó cada uno de estos incidentes como “una clase de empresa criminal” mediante acciones policiacas en que se encarcelaron a algunos individuos.

“Después sucedió el ataque del 11-S, y por supuesto, cambió todo. Creo que todo el mundo llegó a comprender en ese momento que en realidad estábamos en una guerra”, dijo Cheney. Hasta entonces, “no habíamos asimilado como nación esa proposición”.

Cheney aseveró que en los años 90 Washington actuó como si ya hubiera menos necesidad de librar guerras. A los gobernantes de Estados Unidos les tardó una década entender que se había acabado el “dividendo de la paz” del fin de la Guerra Fría y que hacía falta adaptarse al reto del “nuevo enemigo”.

La administración Bush, dijo Cheney, sí aprendió las lecciones del 11 de septiembre y las ha aplicado a través de la llamada Doctrina de Bush. Dijo que esta política significa que todo gobierno o individuo que según Washington esté protegiendo a “terroristas” será objeto de un ataque, y el gobierno norteamericano atacará de manera “preventiva”.

Cheney dijo que Washington ha logrado avances con este enfoque. Mencionó las invasiones de Afganistán e Iraq y el establecimiento de regímenes favorables a los intereses norteamericanos. Posteriormente el gobierno de Libia abandonó su programa de armas y el gobierno de Pakistán arrestó a un destacado científico ahí que supuestamente vendía materiales nucleares en otros países.

En un discurso pronunciado el 8 de septiembre en Des Moines, Iowa, el vicepresidente atacó la posición del candidato demócrata John Kerry. Este “dijo que usaría la fuerza militar. Le gustaría hacerlo de la forma bastante tradicional: una vez que atacan a Estados Unidos”, dijo Cheney. Si Washington vuelve a caer “en la mentalidad pre-11-S” de que “estos ataques terroristas son simplemente actos criminales, que no estamos realmente en guerra”, dijo, Estados Unidos será golpeado una y otra vez.

“Estamos ahora en un momento en que estamos tomando esa clase de decisión para los próximos 30 ó 40 años, y es absolutamente esencial que dentro de ocho semanas, el 2 de noviembre, escojamos la opción correcta. Porque si escogemos la incorrecta, entonces existe el peligro de que seremos atacados de nuevo”.

Aunque los demócratas pusieron el grito en el cielo diciendo que Cheney había difamado a Kerry, en realidad el vicepresidente presentaba una explicación coherente de la trayectoria que Washington ha seguido y de los desafíos que enfrenta. Puesto que no existe hoy día una perspectiva alternativa a la “guerra global contra el terrorismo”, la posición de la administración Bush goza de apoyo mayoritario entre las familias gobernantes norteamericanas, y, por lo tanto, entre la opinión pública.

Kerry y otros políticos demócratas han apoyado la política bélica esencial de la Casa Blanca. Solo han planteado desacuerdos tácticos sobre cómo impulsarla. La desventaja para Kerry es que el presidente cuenta con un historial consecuente de aplicar este curso, mientras que Kerry parece vacilar. Por lo tanto, el candidato demócrata parece estar encaminado hacia la derrota en noviembre.

Buchanan critica guerra de Iraq

En este debate entre la clase gobernante, el político ultraderechista Patrick Buchanan expresa con mayor claridad un curso alternativo de política exterior para Washington, aunque representa una posición minoritaria en los círculos dominantes norteamericanos.

En el programa “Meet the Press” del 5 de septiembre, Buchanan insistió que la guerra dirigida por Washington contra Iraq “es una guerra innecesaria; es una guerra injusta”. La prueba, afirmó, es que los partidarios de Osama bin Laden están ganando más apoyo. La oposición armada en Iraq a la ocupación norteamericana “podría desembocar en un estado fracasado sumido en caos y guerra civil”, dijo Buchanan. “Yo efectuaría una retirada estratégica de Iraq”.

Patrick Buchanan es un fascista incipiente que emplea demagogia radical, y hasta anticapitalista, para explotar las inseguridades medias y los resentimientos entre las clases medias que engendra el creciente desorden capitalista. Ataca a los partidos tanto republicano como demócrata por representar al Beltway establishment (políticos tradicionales de Washington) y traicionar “a la gente pequeña”.

Buchanan mantiene un pie en la política burguesa tradicional mientras intenta reclutar a cuadros a su meta más a largo plazo de organizar un movimiento callejero derechista y popular que con el tiempo pueda imponer soluciones radicales a fin de proteger los intereses del capital en épocas de crisis aguda.

Hace poco el ultraderechista publicó su último libro, Where the Right Went Wrong: How Neoconservatives Subverted the Reagan Revolution and Hijacked the Bush Presidency (Dónde se equivocó la derecha: cómo los neoconservadores subvirtieron la revolución de Reagan y secuestraron la presidencia de Bush). Con una postura de “Estados Unidos primero”, tilda la política exterior de Bush como “el edicto imperial de una superpotencia”. Argumenta que “el terrorismo es el precio del imperio. Ni no deseamos pagarlo, debemos abandonar el imperio”.

‘Neocons secuestran política’

Buchanan argumentó en el programa de NBC que era un pequeño grupo de “halcones belicistas neoconservadores [en el Pentágono] quienes planificaron, prepararon y propagandizaron a favor de una guerra en Iraq a partir de 1996”. Y agregó, “Creo que se lo impusieron al presidente”.

Al hacer estas aseveraciones, Buchanan promueve una afirmación repetida por una gama de liberales, radicales de izquierda y derechistas quienes atacan al gobierno de Bush atribuyendo su política exterior y estrategia militar a un grupito de “neocons” en el Departamento de Defensa. A menudo señalan al vicesecretario de defensa Paul Wolfowitz, al subsecretario de defensa Douglas Feith y al ex asesor del Pentágono Richard Perle. Algunos van más lejos, e implican que se trata de una conjura o “cábala” judía.

Buchanan ha llevado su argumento al extremo. En “Meet the Press” el presentador, Tim Russert, citó el libro de Buchanan, “Fuimos atacados… por nuestro apoyo incondicional al régimen likudista de Ariel Sharon”. Russert preguntó, “¿Estás sugiriendo que nuestra alianza con Israel es una de razones por las cuales fuimos atacados el 11 de septiembre?” Buchanan contestó que sí.

Buchanan, insinuando que la administración Bush está siendo dirigida por “neocons” que son más leales al gobierno israelí que a Washington, declaró, “Necesitamos investigar si hay un nido de pollardistas en el Pentágono que han estado transmitiendo secretos americanos a través de AIPAC, el grupo de presión israelí, hasta la calle Reno, la embajada israelí, para que sean entregados al Sr. Sharon”. Dijo, “Estamos acercándonos peligrosamente a la ‘palabra T’ (traición). Y luego añadió, “Estoy seguro que el presidente no tiene nada que ver con esto”.

“Pollardistas” -palabra que implica “espías judíos para Israel”-se refiere a Jonathan Pollard, un analista de inteligencia de la Marina de Guerra estadounidense, quien fue declarado culpable en 1987 y condenado a cadena perpetua bajo cargos de vender documentos secretos del gobierno norteamericanos al gobierno israelí. Los partidarios de Tel Aviv han hecho pedido que sea indultado.

Buchanan se refería a las recientes “filtraciones” a la prensa de que el FBI está investigando a Lawrence Franklin, un analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa que trabajó en el Pentágono bajo Feith y Wolfowitz, en torno a la acusación de que dio documentos “delicados” sobre Irán al Comité Americano Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC), un grupo de presión pro-Tel Aviv.

Si bien Buchanan es antisemita, su principal objetivo en este caso no son los judíos sino los principales funcionarios en la administración Bush: Cheney y Rumsfeld, quienes no son judíos. Cheney ha sido el principal vocero de la administración en las últimas semanas. Muchos políticos liberales y de la “izquierda” también han estado exigiendo la renuncia de Rumsfeld y han condenado a Cheney por muchos de los males de la administración. Esto representa un punto de convergencia entre ultraderechistas como Buchanan y liberales de izquierda como el candidato “independiente” Ralph Nader.

Buchanan pretende avivar una caza de brujas, bajo la consigna de exponer a espías “sionistas” (léase: judíos) en el gobierno, para atacar a estos “neocons”.

Un aspecto notable del programa televisivo fue la falta de respuesta por los otros dos panelistas, el ex presidente republicano de la Cámara de Representantes Newton Gingrich y el senador demócrata Robert Graham de Florida, quienes intercambiaron criterios con Buchanan con tono amistoso. No impugnaron a Buchanan por su demagogia sobre los “neocons” que supuestamente actúan casi como espías israelíes. Esto se debe en gran parte a que el principal objetivo de Buchanan no son los judíos sino figuras como Cheney y Rumsfeld, contra quienes muchos políticos y comentaristas liberales dirigen su fuego.


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