
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2004 Vol. 28 No. 9
Argentina
Argentina: gobierno arremete contra piqueteros, crece polarización de clase
POR MARTÍN KOPPEL
El gobierno del presidente Néstor Kirchner de Argentina
está intensificando sus medidas represivas contra las protestas de trabajadores
desocupados, sindicalistas y otros.
El gobierno peronista, que asumió el mando el año pasado
con la promesa de no desatar la policía contra las protestas sociales, ha
estado desplegando a más policías en las calles, y amenaza con enjuiciar a
cientos de manifestantes.
Para justificar esta ofensiva la clase gobernante argentina
ha atizado una campaña de propaganda contra las organizaciones de trabajadores
desocupados, conocidos como piqueteros por su táctica de poner piquetes para
cortar rutas. Los medios de difusión capitalistas culpan a los grupos de los
desempleados por crear “caos” y perjudicar a la economía. Esta campaña ha
encontrado un eco entre sectores de la clase media.
El 25 de agosto, en una señal de que el gobierno está
tomando abiertamente una línea más dura, la policía arrestó a Raúl
Castells, dirigente del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados
(MIJD). Castells fue acusado de organizar una toma de un casino y de exigir
dinero a cambio de abandonar el casino.
Actualmente hay unos 4 mil piqueteros presos que están
siendo procesados.
El 6 de septiembre el gobierno movilizó a decenas de
policías antimotines en el centro de Buenos Aires para impedir que grupos de
trabajadores desempleados bloquearan las boleterías.
El diario Clarín aplaudió la represión policial. Se
quejó de que los grupos de desocupados ya habían efectuado 100 bloqueos de las
boleterías en lo que va del año, y “para colmo” dejando que los pasajeros
viajen gratis.
La clase dominante ha aprovechado la polarización de clases,
alimentada por la creciente crisis social, para atizar su campaña contra los
piqueteros. Los titulares de los diarios declaran que el “apoyo público” a
los piqueteros se ha “agotado”. Estas tácticas de “divide y reinarás”
han influido entre sectores de la clase media y trabajadores mejor remunerados
que antes habían simpatizado con los trabajadores desempleados porque también
tenían sus propias quejas económicas.
El gobierno de Kirchner ha aprovechado al máximo la negativa
de la cúpula sindical peronista de salir a la defensa de las organizaciones de
los desocupados.
Los medios de comunicación burgueses han fomentado una
histeria de clase media en torno al aumento de la delincuencia callejera y los
secuestros.
El 26 de agosto unas 75 mil personas con velas se congregaron
frente al Congreso en Buenos Aires para exigir que la policía tome medidas
contra la delincuencia. El dirigente de la protesta fue Juan Carlos Blumberg, un
empresario textil cuyo hijo murió en marzo en un secuestro malogrado. El 1 de
abril, Blumberg encabezó una marcha anticrimen de 135 mil personas por la
capital.
Estas reacciones, producto de la polarización de clases, se
han agudizado ante el desarrollo de la recuperación económica, que ha tenido
un efecto diferenciado entre distintas capas de la población.
Tras una severa recesión en 1999-2002, durante la cual la
economía se encogió en más del 19 por ciento, el producto interno bruto
creció en un 8.4 por ciento el año pasado. Las exportaciones argentinas han
tenido un fuerte aumento. La inflación ha bajado mucho y el desempleo ha
disminuido un poco desde 2002. La tasa oficial de desempleo es del 14.4 por
ciento. Pero la cifra es del 19.5 por ciento si se incluye el número de
trabajadores que dependen de los programas de asistencia pública, los cuales
obligan que uno “trabaje”, aunque sean “trabajos basura”. La mitad de la
población vive por debajo del nivel oficial de la pobreza.
La clase media se ha beneficiado de la actual recuperación
económica mucho más que la clase trabajadora, la cual aún siente el efecto a
largo plazo de la privatización de las empresas estatales de los años 90 -y
sus despidos de masas-y de los cierres de empresas en los últimos años.
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