
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR septiembre de 2004 Vol. 28 No. 8
Editorial Pathfinder
Sexto y séptimo capítulos de 'Fuerza Teamster' por Farrell Dobbs
POR FARRELL DOBBS
[Perspectiva Mundial está publicando el libro Fuerza Teamster,
traducción de Teamster Power por Farell Dobbs, por entregas. Este es el
segundo en la serie de cuatro tomos sobre las huelgas y campañas de
sindicalización y las luchas políticas que en la década de 1930 transformaron
al sindicato de los Teamsters en Minnesota y a gran parte del movimiento obrero
de la región del Medio Oeste de Estados Unidos en un combativo movimiento
social. Dobbs, quien las narra, fue uno de sus principales dirigentes. El primer
tomo, Teamster Power, fue publicado por Pathfinder Press a principios de
este año. A continuación publicamos el sexto y séptimo capítulos del libro.
Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright (c) 2004 por
Pathfinder Press. Se publica con autorización.]
Capítulo VI:
Tobin declara la guerra
Desde el comienzo de la campaña trotskista en el Local 574 había quedado
patente que un choque frontal con el presidente de la Hermandad Internacional de
Teamsters [International Brotherhood of Teamsters-IBT] era inevitable.
Tobin basaba su línea general en la colaboración con la clase dominante, y
su ejecución de políticas adoptaba ciertas formas de lo más crudas. A nivel
organizativo era un sindicalista gremial de la vieja escuela de la AFL [American
Federation of Labor-Federación Americana del Trabajo]. Dentro de la IBT
manejaba las cosas con arbitrariedad burocrática, desechando sin rodeos a quien
le llevara la contraria.
Esto lo ponía directamente en oposición al curso que ahora seguía el Local
574, a cuya línea general se le daba forma según las realidades de la lucha de
clases. A nivel estructural, el local estaba rompiendo con las desfasadas formas
de organización por oficios y yendo hacia la organización basada en
lineamientos industriales. No menos importante, era que en sus asuntos internos
prevalecía la democracia de filas.
La vida misma había aclarado ya la diferencia fundamental entre los dos
cursos. En conexión con la huelga del carbón de 1934, Tobin había procurado
interponer obstáculos de procedimiento que, de haberse salido con la suya,
habrían incapacitado al local. Mientras ardía la lucha en la zona del mercado
durante el paro de mayo, ordenó que el sindicato buscara el arbitraje de la
disputa con los patrones, un toque de arrogancia del que los huelguistas
hicieron caso omiso. Luego, en julio, en uno de los momentos más críticos del
conflicto con la Alianza Ciudadana, atacó públicamente al Local 574. Estos
pasajes revelaban que de haberse aceptado la línea de Tobin, el local aún
estaría donde se hallaba en 1933.
A la vez que se le plantaban a Tobin cuando era necesario en interés de la
lucha contra los patrones, los dirigentes trotskistas del local habían
procurado tener un mínimo de fricciones con él. Esta política ayudó a que
ganáramos tiempo para preparar el choque que se había de producir.
Durante las huelgas todavía estábamos en vías de poner en marcha fuerzas
que se pudieran desarrollar más allá del alcance de lo que él podría
controlar. Este objetivo se había logrado ahora de manera parcial a través de
la victoria sobre las empresas del camionaje. Habíamos surgido de la lucha con
un cuerpo de soldados fogueados capaces de causar muy buena impresión. No
obstante, aún necesitábamos un respiro para que el sindicato se pudiera
recuperar del desgaste de la larga batalla. También ayudaría hacer que la
lucha de clases que se venía ampliando en la región avanzara más antes de que
surgieran problemas sindicales internos. Por estas razones no teníamos prisa en
un duelo con el dictador de la IBT.
Por el momento, éramos más vulnerables en cuanto a la cuestión de los
impuestos per cápita que se debían a la Internacional. A pesar de que las
demandas de Tobin en este sentido eran injustas -ya que él había actuado para
perjudicar al local, no para ayudarlo- reconocimos nuestra deuda y simplemente
pedimos tiempo para saldarla. Eso equivalía a pagar chantaje, pero esa era
mejor que tener problemas con él sobre un asunto así.
Cuotas injustas
Por aquella época a los locales de la IBT se les cobraba un impuesto per
cápita de 30 centavos por cada cotización mensual de membresía y de $1 de la
cuota de iniciación para los nuevos miembros. Tobin exigía además que su
impuesto saliera directamente de las cuotas recibidas. Eso significaba
arrancarle una buena tajada a los ingresos que el Local 574 percibía de las
cotizaciones mensuales de $1.60 y de una cuota de ingreso posterior a la huelga
de $3. Para colmo de males, el local cargaba con fuertes deudas acumuladas
durante la larga lucha huelguística.
Se debía dinero a médicos y hospitales por la atención de piquetes
heridos. Había que pagar a los tenderos, carniceros y lecheros por suministros
que dieron fiados durante las huelgas. Las deudas de esa índole ascendían a
más de 10 mil dólares.
También se necesitaban fondos para ayudar económicamente a los miembros
lesionados que aún no habían podido retornar al trabajo. Freda Ness, cuyo
marido Henry había sido asesinado el Viernes Sangriento, y sus cuatro hijos,
tenían que tener ayuda financiera. En realidad, fueron éstas -no los impuestos
de Tobin- las obligaciones que cumplimos directamente de las cuotas recogidas.
Al mismo tiempo el sindicato debía seguir funcionando. Había que pagar
cosas como el alquiler del local y otros gastos generales. Incluso con un
salario semanal promedio de unos 18 dólares, no era fácil proveer los fondos
para el plantel necesario de organizadores. Para completar el cuadro de las
dificultades financieras del local habría que añadir que cuando asumí el
cargo de secretario-tesorero, el efectivo disponible no llegaba a los 800
dólares.
También hubo problemas excepcionales en lo referente a la recaudación de
fondos a través de los pagos de las cuotas de miembros. Aunque durante las
huelgas se habían inscrito unos 7 mil trabajadores en el Local 574, esa cifra
ahora había bajado. Un número considerable habían llegado de empleos que
claramente estaban fuera de la jurisdicción del local y se les tenía que
transferir a otros sindicatos de la AFL. Esto todavía dejaba a unos cuantos
miles que debidamente pertenecían a la organización, pero muchos de ellos
atravesaban dificultades personales. Como resultado de todos estos factores
combinados, el número de cotizaciones mensuales bajó hasta cerca de 900
inmediatamente después de las huelgas.
Presiones económicas
Los problemas personales de los trabajadores eran, claro está, de índole
económica. Tras pasar semanas sin paga, se habían atrasado en los pagos de
alquiler. Se habían acumulado las cuentas de los abarrotes, de cuidado médico
y otras necesidades. La mayoría de familias necesitaba ropa, especialmente al
volver los niños a la escuela tras las vacaciones de verano. En algunos casos
esos problemas se agravaban porque sólo había trabajo disponible a tiempo
parcial. Estaban también los casos donde trabajadores con empleos estacionales
habían sido cesanteados temporalmente.
Ahora que el sindicato había derrotado a los patrones del camionaje, los
trabajadores sentían que las necesidades económicas personales de tal urgencia
debían venir primero. Por consiguiente, por el momento daban a estas cuestiones
cierta prioridad por encima de los pagos de las cuotas sindicales y,
ciertamente, por encima de las exigencias monetarias que Tobin hacía al local.
Mis datos como secretario-tesorero muestran que el Local 574 pagó a Tobin
alrededor de 3500 dólares en impuestos per cápita durante 1934. Esta cifra
contrastaba de forma aguda con los 400 que había recibido en 1933, lo cual
reflejaba la condición de parálisis del local antes de que se echara a andar
la gran campaña de sindicalización. Sin embargo, según estaban luego de las
huelgas, todavía le debíamos alrededor de 3 mil dólares en impuestos
atrasados. No queriendo tener problemas en torno a ese asunto, teníamos
intención de pagarlos. Nuestro objetivo era mantenernos al día lo más que
pudiéramos con los pagos de los impuestos per cápita y al mismo tiempo ir
eliminando gradualmente la deuda atrasada.
El 20 de octubre de 1934, le escribí a Thomas L. Hughes, secretario-tesorero
general de la IBT, quien asistía a Tobin en la presidencia del sindicato desde
su torre de marfil en Indianápolis, Indiana. En la carta le informaba de
nuestra difícil situación y de nuestra intención de pagar la deuda de
impuestos tan pronto como pudiéramos. Él envió una respuesta tersa en la que
decía, ". . . se debe llamar la atención sobre estos asuntos al
Presidente General, a quien le estoy refiriendo su carta, y sin duda que usted
va a saber del Presidente Tobin sobre este asunto".
Pasaron semanas sin que se supiera nada más de Indianápolis. Naturalmente,
esto nos hizo sospechar que algo se estaba tramando contra el local e intentamos
adoptar medidas protectoras. El 3 de diciembre de 1934 se le remitió una carta
a Emery Nelson, secretario del Consejo Unido de Teamsters en Minneapolis. El
consejo era un cuerpo de delegados compuesto por las juntas ejecutivas de los
distintos locales de la IBT en la ciudad. Estaba supuesto a supervisar las
actividades de estos locales, actuando con apego a las "leyes"
impuestas por Tobin y llevando a cabo sus directrices específicas.
Tras llamar la atención a nuestra crisis financiera, la carta a Nelson
concluía: "No pedimos específicamente la donación de fondos, pero sí
pedimos que los dirigentes del movimiento sindical de Minneapolis se sienten con
nosotros en una mesa de conferencias, donde explicaremos en detalle y sin
reservas la situación exacta que existe, esperando que de esta conferencia
obtengamos sugerencias y apoyo influyente que nos ayude a resolver nuestro
problema . . . En base a esto pedimos que a la mayor brevedad posible se
organice una reunión conjunta de las Juntas Ejecutivas del Consejo Unido de
Teamsters, de la Unión Central del Trabajo y del Local 574."
La reunión conjunta de las tres juntas ejecutivas se realizó como una
semana más tarde. En la sesión también estuvo presente John Geary, un
vicepresidente de la IBT y organizador general de Tobin, quien vivía en St.
Paul. Todos estuvieron de acuerdo de que teníamos derecho a una apreciación
comprensiva de nuestro problema. Sin embargo, entre los presentes había una
diferencia sutil de actitudes. Algunos genuinamente se mostraban sensibles, al
punto de preguntarse en voz alta qué se podía hacer para ayudarnos. Otros, sin
embargo, reaccionaban nada más que con expresiones de preocupación remilgadas,
tras las cuales se escondía su verdadera actitud. En todo caso, habíamos
ganado cierta ventaja propagandística para uso futuro contra Tobin. Se había
dejado constancia de que sería él -no el Local 574- el responsable de
cualquier escisión que pudiera desarrollarse dentro del movimiento sindical de
la ciudad.
Terapia casera
Durante las semanas siguientes pasamos a involucrarnos fuertemente en
respaldar las huelgas de los trabajadores de garajes en Minneapolis-St. Paul y
de los Teamsters en Fargo. Al mismo tiempo aumentaba la tensión debido al
problema que se venía desarrollando con el jefe de la IBT, que se podía
esperar estallaría públicamente de un día para otro. No ayudaba para nada el
hecho que la Alianza Ciudadana había olfateado esta situación y ya andaba
buscando la oportunidad de intentar golpear de nuevo al Local 574.
En tales condiciones, a veces se caldeaban los ánimos en el plantel del
sindicato y se necesita de la terapia casera que espontáneamente habíamos
desarrollado en forma de bromas pesadas. Tanto el mal humor, como el tratamiento
ideado para aliviar las tensiones que lo habían creado, se vieron reflejados en
un incidente ocurrido un frío día de febrero.
Yo mandé a Harry DeBoer al banco a que hiciera un depósito para el
sindicato. No tardó en regresar, me devolvió el dinero y dijo que rehusaban
aceptarlo. Esa maniobra de capitalistas mezquinos contra el sindicato me sacó
de quicio. "Ya veremos qué diablos es esto de que no lo aceptan",
anuncié en voz alta, mientras me ponía el abrigo y salía rumbo a la ciudadela
de las finanzas. Cuando llegué la puerta estaba cerrada con llave. Sólo
entonces caí en la cuenta. Era el natalicio de Washington, un feriado legal, y
había enviado a Harry a un banco cerrado. Con una mueca de vergüenza volví al
local del sindicato donde el plantel me aguardaba para reírse de mí a
carcajadas.
Poco después, los pelotilleros de Tobin estaban maniobrando abiertamente
contra nosotros. John Geary intentó arrebatarle al Local 574 los choferes del
hielo y los taxistas y ponerlos en sindicatos de oficios aparte. Los derechistas
tramaron destituir a Bill Brown de su cargo como organizador del Consejo Unido
de Teamsters, puesto que él había ocupado desde 1932. Hicieron eso mientras
Bill estaba enfermo y postrado en cama.
Revoca carta constitutiva
Asestaron entonces el golpe principal. Vino en forma de una carta no fechada
del tesorero-secretario general de la IBT, que nosotros recibimos el 15 de abril
de 1935:
"Bajo instrucciones de la Junta Ejecutiva General les notifico que . . .
en esta fecha se revoca la carta constitutiva del Local 574 . . ." Hughes
lo planteó con frialdad. "En la Sección 48 de la constitución del
Internacional se lee, a saber: 'Ningún sindicato local tiene derecho a pagar
factura alguna antes de pagar el impuesto per cápita pagadero al Sindicato
Internacional cada mes'. . . El Sindicato Local 574 debe ahora al Internacional
seis meses de impuesto per cápita . . ."
La noticia de la revocación de la carta constitutiva resultó de inmediato
en la destitución de los delegados del Local 574 ante el Consejo Unido de
Teamsters. La decisión no sólo nos perjudicaba a nosotros, sino que dañaba a
todos los locales de los Teamsters. Ellos tenían que estar concentrándose en
una campaña de sindicalización general bajo el ímpetu de la victoria del
Local 574 en la industria del camionaje. En cambio, violaban sus propios
intereses permitiendo que Tobin los utilizara en una lucha sindical interna que
sólo podría ayudar a los patrones.
Haciendo caso omiso de las acciones del consejo por el momento, enviamos a
Hughes una rápida respuesta. Para dejar constancia, le recordamos de nuestra
correspondencia anterior con él en lo relacionado a nuestros esfuerzos por
pagar la deuda atrasada de los impuestos per cápita y su declaración en el
sentido de que Tobin se comunicaría con nosotros sobre el asunto.
"Todavía no hemos tenido noticias del presidente Tobin", señalamos
en nuestra carta, "y el asunto no lo volvió a mencionar ninguno de los
funcionarios del Internacional, sino hasta el recibo de su carta en la que nos
informan de la revocación de la carta constitutiva". Nuestra respuesta
concluía con una apelación formal a la decisión de la Junta Ejecutiva
General.
Arrogancia burocrática
Esta acción provocó una respuesta directa del presidente de la IBT. El 22
de abril de 1935, se dirigió a mí personalmente como secretario-tesorero del
local. Después de referirse tanto al hecho de que delinquíamos sobre los
impuestos como a los estatutos de la constitución Internacional pertinentes,
Tobin nos leyó la cartilla.
"Ustedes recurren, como excusa para no acatar nuestras leyes",
continuó, "al hecho de que tuvieron una huelga durante la cual algunos de
sus miembros se metieron en líos, etcétera. No supimos nada de su huelga salvo
lo que leímos en los periódicos. Lo que sí sabemos es que su huelga carecía
de autorización y de justificación, y que durante la huelga se dieron
condiciones que estaban en violación directa de nuestras leyes . . . Es una
lástima que los miembros de filas, quienes indudablemente son honestos y
sinceros, fueron guiados por funcionarios como usted y sus socios, quienes no
tienen en cuenta las leyes de nuestra organización o las leyes del Movimiento
Obrero organizado . . .
"Cuando digo ustedes, me refiero a su local sindical, local que usted y
sus socios alegan haber representado. No es la cola la que menea al perro en
este caso . . . Mejor no tener un Sindicato Internacional que tener uno
compuesto de organizaciones como el Local No. 574, por la forma en que ha sido
conducido. Claro está, su respuesta va a ser de que no habrían obtenido
sanción de su huelga. Hemos sancionado o respaldado más de 50 huelgas en los
últimos 6 meses, pero sólo en casos donde se han apegado a la ley, donde no
actuaban desafiando los principios del movimiento sindical y donde no estaban
haciendo huelgas con fines de estafa y propaganda . . ."
Tobin terminó su diatriba con la típica arrogancia burocrática: "En
vista del hecho de que ya no están asociados al Sindicato Internacional, les
hago saber que cualquier comunicación que manden en el futuro a los
Funcionarios del Internacional no va a ser contestada".
El viejo tirano de veras parecía creer que con un conjuro haría desaparecer
al Local 574 al arrancar un pedazo de papel de la pared de nuestras oficinas.
Habría sido un truco hábil, considerando que el local había demostrado ser lo
suficientemente fuerte como para derrotar a la Alianza Ciudadana en una virtual
guerra civil. No obstante, nos había asestado un golpe traidor que sería de
ayuda a los patrones. Ahora tendríamos que cuidarnos constantemente de no ser
apuñalados por la espalda mientras continuábamos la batalla contra la clase
dominante.
Nuestra primera medida al movilizarnos para combatir el nuevo ataque fue
convocar una asamblea general de miembros. La noticia de la revocación de la
carta constitutiva se había esparcido rápidamente y los miembros del Local 574
asistieron en masa para conocer los hechos sobre la nueva amenaza contra el
sindicato. La lectura de las cartas de los altos funcionarios de la IBT provocó
reacciones acaloradas. A Tobin lo maldijeron de forma rotunda los trabajadores,
quienes recordaban bien el vil golpe que le había dado al local cuando nos
atacó públicamente en la víspera de la huelga de julio-agosto de 1934. Se
expresó una determinación unánime de repeler el nuevo ataque. La junta
ejecutiva recibió un voto de confianza en su capacidad de proveer el liderazgo
necesario para ese fin.
Faccionalismo estalinista
Aquí resulta pertinente una nota sobre la política estalinista con respecto
a esta reunión. Desde 1928 hasta 1934 habían seguido un curso sectario y
ultraizquierdista, con el objetivo de dividir al movimiento sindical y
reorganizarlo bajo el control del Partido Comunista. Esta línea, más su ciego
faccionalismo hacia los trotskistas, los había empujado a aislarse de la lucha
de clases viva en Minneapolis.
Durante 1935 realizaron uno de los cambios de posición repentinos por los
que el estalinismo se ha hecho tristemente célebre desde hace mucho. Las
condiciones de la lucha de clases en Minneapolis -o para el caso en cualquier
otro lugar- tenían poco o nada que ver con su viraje. Este había sido dictado
desde el Kremlin después de que Hitler tomara el poder en Alemania, lo cual
creaba una amenaza militar para la Unión Soviética. Stalin burocráticamente
había decidido buscar la "seguridad colectiva" a través de alianzas
con países imperialistas cuyos intereses estuvieran en conflicto con los de los
capitalistas alemanes. Con ese objetivo se dispuso a utilizar los partidos de la
Tercera Internacional como peones políticos en la diplomacia del Kremlin. Esto
llevó a la infame línea del "Frente Popular", de colaboracionismo de
clases en la política, que el Partido Comunista está siguiendo hasta la fecha.
El cambio en la línea política también trajo consigo una media vuelta en
la política sindical estalinista. Previamente habían hecho intentos fútiles
para construir su propia federación sindical "roja". Ahora a toda
costa querían volver a la AFL. Y para conseguir ese fin, se convirtieron de
repente en opositores frenéticos del sindicalismo independiente, sin importar
las razones de su existencia.
Para los secuaces locales del Partido Comunista el cambio de línea se veía
como una nueva oportunidad de lanzar un ataque faccional contra los dirigentes
trotskistas del Local 574. De conformidad con ese objetivo, pronto se dieron a
la tarea de tergiversar los hechos en torno a la revocación de la carta
constitutiva. Su ataque contra nosotros subrayaba la necesidad de que el local
fuera parte de la AFL. El reingreso a la IBT era imposible -afirmaban
piadosamente- a menos que se pagaran a Tobin los impuestos per cápita que le
tocaban. Dando a entender que las finanzas del sindicato se manejaban de forma
deshonesta, instaron a que se formara un amplio comité auditor entre las filas
para averiguar por qué no se habían pagado los impuestos.
Los estalinistas comenzaron a desarrollar esta línea por medio de un volante
mimeografiado distribuido fuera del salón en que se había informado a los
miembros del sindicato sobre la revocación de la carta constitutiva. Su acción
implicaba el apoyo a Tobin contra el local. De forma no muy sutil estaban
diciendo que la única forma de que el Local 574 volviera a la AFL era
destituyendo a sus dirigentes. Como lo veía la mayoría de trabajadores, esa
meta los aliaba a Tobin y a la Alianza Ciudadana en su deseo de que el sindicato
fuese decapitado.
A pesar de que nadie tomó en serio la bazofia estalinista, el Local 574 sí
tenía que tomar una decisión vital en torno a su curso futuro. El asunto
tenía que pensarse cuidadosamente a la luz de las condiciones objetivas
existentes. La combatividad obrera seguía en ascenso a nivel nacional. Los
trabajadores de la industria básica entraban en tropel a la AFL y presionaban
por un cambio hacia la forma industrial de organización a fin de luchar con
efectividad contra las empresas monopolistas. Sin embargo, enfrentaban un
obstáculo dentro de la jerarquía de la AFL. Los sindicalistas gremiales
intransigentes estaban maniobrando para impedir que los trabajadores lograran
sus objetivos.
Como resultado habían surgido antagonismos entre las filas y la cúpula de
la AFL. Esto, a su vez, a nivel nacional estaba provocando una oposición
progresista a los dirigentes conservadores. John L. Lewis, jefe del Sindicato
Unido de Mineros, estaba dando impulso a esa tendencia al ofrecerse como un
partidario del sindicalismo industrial. Sin embargo, en aquel momento nadie
podía saber a ciencia cierta el curso que iba a tomar el conflicto en
desarrollo. Podía resultar en una transformación interna de la federación, o
podía llevar a una escisión. Sólo los acontecimientos posteriores lo
revelarían.
Esto significaba que en ese momento el Local 574 no podía encontrar ninguna
fuerza significativa afuera de la AFL con la cual aliarse. Tampoco podíamos
planear seguir solos como un sindicato independiente, hasta que se resolviera el
conflicto interno que se desarrollaba dentro de la federación sindical
existente. Hacerlo nos habría hecho desentonar con el movimiento de la AFL en
la ciudad. Los burócratas derechistas entonces habrían logrado empujar al
local gradualmente hacia el aislamiento respecto de otros trabajadores
sindicalizados y hacerlo añicos.
Por estas razones la junta ejecutiva decidió recomendar una campaña para la
readmisión en la IBT.
Tras ese objetivo se podría movilizar un amplio apoyo debido al papel
perjudicial que jugaba Tobin. Él estaba violando el espíritu de solidaridad
forjado durante 1934, el cual había dado nueva vida al movimiento sindical de
la ciudad. En base a la formalidad de una irrisoria cuestión monetaria, había
expulsado a un local que llevaba unos 20 años en la AFL, un local que había
sido punta de lanza en la lucha para convertir a Minneapolis en una ciudad
sindicalizada. Era un acto manifiesto de despecho contra una organización que
se había transformado de la caricatura de sindicato que había sido por tanto
tiempo bajo el dominio del jefe de la IBT en una organización dinámica.
A pesar de Tobin, el Local 574 ahora se había convertido en un instrumento
de lucha eficaz. Era enteramente representativo de miles de trabajadores y
plenamente capaz de servir sus intereses. Además, sus huelgas de 1934 las
había respaldado la totalidad de la AFL de la ciudad y eso lo sabían todos los
trabajadores. Por eso ellos rápidamente sabrían calar las afirmaciones de
Tobin de que las huelgas violaron las "leyes" de la IBT. Quedaría
patente que lo que en verdad estaba exigiendo era el poder de veto sobre todo el
movimiento sindical de Minneapolis.
De acuerdo con la demanda a favor de la restauración de la carta
constitutiva de la IBT, la junta ejecutiva propuso que el local siguiera
actuando como si aún era parte de la AFL. La política de extenderse hasta los
límites extremos de la jurisdicción de la IBT siguiendo lineamientos
industriales, por supuesto, se iba a continuar. Sin embargo, no se invadirían
categorías de trabajos específicamente asignadas a otros sindicatos de la AFL.
En cambio, asistiríamos a esas organizaciones en sus luchas contra los
patrones.
Tales medidas de cooperación fraterna así como nuestros actos de
solidaridad en la lucha estarían acordes con las necesidades del día.
Definirían un marcado contraste con las políticas de Tobin, que eran reliquias
del pasado. Como resultado, los trabajadores de toda la ciudad sentirían que
tenían algo en juego con la supervivencia del Local 574.
Cuando se presentaron estas recomendaciones sobre la política a seguir ante
la asamblea general de miembros del sindicato, ocurrió cierto debate. Eso no
era debido a que alguien se inclinara a capitular ante Tobin. Por el contrario.
Algunos trabajadores impulsivos pero de vista corta querían que el local se
olvidara completamente de la IBT y continuara totalmente por su cuenta como
sindicato independiente. Los motivaba una combinación de odio acérrimo hacia
los jefes de los Teamsters y una confianza suprema en la fuerza de su
organización. Las respuestas ofrecidas por la dirección a tales puntos de
vista ayudaron a aclarar el cuadro general de nuestra situación, y el curso de
acción recomendado fue aprobado.
Una vez más el Local 574 estaba preparado para ir a la batalla como una
fuerza unificada con una política única.
Capítulo VII:
El primer asalto
Aún antes de que se revocara la carta constitutiva del Local 574, la Alianza
Ciudadana se había enterado del ataque inminente que Tobin estaba por
lanzarnos. Sus estrategas procedieron con rapidez para conseguir ventajas para
la clase dominante a partir de la política reaccionaria del dictador de la IBT.
Se ideó un plan para atraer funcionarios conservadores de la AFL hacia un
frente único con los patrones a nivel de toda la ciudad en oposición a los
sindicalistas del ala izquierda.
Con ese fin se proyectó un organismo "público". Iba a estar
compuesto principalmente de patrones y de burócratas de la AFL, salpicado de
unos cuantos "neutrales", como abogados, pastores y políticos
reformistas. Estos individuos de "espíritu cívico", todos escogidos
a dedo y a espaldas de los trabajadores, iban a ser quienes juzgaran los temas
en disputa entre trabajadores y patrones. En suma, iban a desempeñar el papel
de rompehuelgas.
Para dar un matiz engañoso a su conspiración, los dirigentes de la alianza
recurrieron a otro ardid por el que la clase dominante es muy conocida. Al darle
un nombre a su organismo "público", intentaron apropiarse de una idea
popularizada por el Local 574 durante la lucha de 1934. Lo denominaron el
"Comité de 100". Esa había sido la designación de la formación
amplia electa dentro del sindicato para dirigir la huelga de julio-agosto.
Ahora, los patrones intentaban usar ese honroso nombre para camuflar una
organización antisindical a través de la cual intentaban contener el auge
obrero en la ciudad.
Desde principios de abril la alianza había estado ofreciendo su carnada de
colaboración de clases a los agentes de negocios de la AFL y algunos de ellos
la estaban mordisqueando. La emprendimos entonces con ellos en el primer número
del Northwest Organizer [Organizador del noroeste], que salió el 16 de
abril de 1935. Dirigiéndonos a los sindicalistas de filas en toda la ciudad,
advertimos que los patrones buscaban dividir las filas del movimiento obrero en
dos facciones. Para hacerlo se estaban realizando esfuerzos a fin de avivar un
ánimo de linchamiento contra sindicalistas progresistas. El objetivo era
debilitar la fuerza de los trabajadores y luego lanzar una campaña para
aplastar el sindicato.
"Si los dirigentes sindicales no pueden ver esto por cuenta
propia", insistimos, "entonces toca a la membresía mostrarles dónde
radican sus intereses".
En el mismo número del periódico sindical se informó de la formación de
la Conferencia de Unidad Sindical del Noroeste. Este vehículo para la
cooperación del ala izquierda en los sindicatos se había hecho aún más
valioso en vista del ataque de Tobin contra el Local 574. Durante los cruciales
meses inmediatamente posteriores demostró ser extremadamente útil en la lucha
por la democracia sindical.
Ya que la notificación de la revocación de la carta constitutiva sólo
había llegado el día antes de que se imprimiera el periódico, enfrentábamos
un gran problema. Teníamos que responder al ataque y la labor necesaria había
que hacerla rápidamente. Para colmo, ninguno de nosotros tenía conocimientos
periodísticos. Procedimos lo mejor que pudimos y más tarde Marvel Scholl
escribió sus memorias sobre nuestra experiencia.
"Farrell trajo a Ray Dunne a cenar a nuestra casa", escribió,
"y después los tres -yo en la vieja, vieja, Smith portátil que teníamos,
y con mi método de mecanografiar de entonces, cazando, maldiciendo y picoteando
teclas- empezamos a trabajar. Una tras otra salían las páginas, mientras los
dos autores expandían en algunos puntos, añadían nuevos, tachaban malas
formulaciones, etcétera. Cuando habíamos terminado a satisfacción de todos,
teníamos muchas páginas de texto que de prisa se llevaron a la imprenta Argus.
"Al día siguiente mamá se encargó de los niños para que yo pudiera
ir con Farrell y Ray a la imprenta. Cuando llegamos allí, Ace Johnston, el
linotipista, nos dio un fajo de galeras que contenían nuestra declaración
editorial. Él comentó: 'En este editorial hay suficiente como para llenar tres
números del periódico. Tendrán que recortarlo'.
"Nos fuimos a un pequeño café en la esquina para hacer nuestro
trabajo. Luego de sudar sangre y después de quién sabe cuántas tazas de
café, logramos por fin hacer los recortes necesarios. Íbamos escarmentando
sobre cómo hacer que en cierta cantidad de espacio cupiera lo que había que
decir".
En la declaración que surgió de las labores de aprendiz descritas por
Marvel, resumimos los factores de fondo que suponía la revocación por parte de
Tobin de la carta constitutiva del Local 574. Se señalaba que los logros de
todos los trabajadores de Minneapolis implícitos en la victoria sindical de
1934 ahora estaban en peligro porque el local no podía pagar a Tobin la
totalidad del tributo impositivo. Él había recompensado a los trabajadores por
su espléndida lucha dando una puñalada en la espalda a todo el movimiento.
"Ha llegado la hora de un duelo decisivo", declaramos. "A los
Sindicatos Internacionales se les debe demostrar que ellos son los sirvientes de
los trabajadores y no sus amos. Hasta que esto no se haga no se podrá construir
un verdadero movimiento sindical".
Nuestra declaración obtuvo una gran respuesta entre los trabajadores de la
ciudad. Estaban totalmente de acuerdo de que las filas hicieran rendir cuentas a
los despóticos representantes del sindicato internacional. Muchos empezaron a
agitar para que se devolvieran todas las cartas constitutivas locales a la AFL
en protesta contra el trastorno causado por Tobin al movimiento, acto que él
había realizado sencillamente para mantener su dominio burocrático sobre los
Teamsters.
A pesar de que el espíritu que había detrás de esa idea era loable, no era
una buena táctica. Algunos sindicatos locales habrían devuelto sus cartas
constitutivas, pero otros no lo habrían hecho. Como resultado se podría haber
desarrollado y endurecido una escisión desventajosa dentro del movimiento: una
escisión de una naturaleza mucho más seria de la que Tobin podía precipitar
por su propia cuenta.
"Sería un error que los sindicatos se desprendan de la unificación
hecha posible a través de la AFL", aconsejaba en un editorial el Northwest
Organizer. "La lucha se debe llevar a cabo de forma distinta. Primero,
y lo más esencial, es que a la burocracia -que desde la cima chupa la sangre
del movimiento- hay que destituirla. Para lograr esto, a los funcionarios
subalternos que mantienen cargos a través de su servilismo con sus superiores,
y que les sirven de instrumento, hay que reemplazarlos con verdaderos dirigentes
que han de servir honestamente a los trabajadores. Esto se puede lograr en las
elecciones celebradas en los sindicatos locales. Esta nueva dirección, a medida
que aumente en número, reemplazará a los burócratas menores en los órganos
centrales y en los consejos ejecutivos estatales. A partir de ahí se podrá
lograr una verdadera limpieza de la casa, con lo cual se reconstruirá
completamente al movimiento y se lo transformará en algo saludable y
creciente".
De acuerdo con este consejo por escrito sometimos ante la Unión Central del
Trabajo [Central Labor Union-CLU] una solicitud de apoyo para nuestra
lucha por lograr la readmisión en la AFL. Era un documento extenso que revisaba
los problemas que encaraba el Local 574 tras el desenlace de las huelgas de 1934
y daba hechos y cifras respecto de nuestras dificultades del impuesto per
cápita con Tobin. Nuestro llamado concluía con un resumen de las líneas
políticas en conflicto implicadas en la disputa con el jefe de la IBT.
La línea de Tobin exigía el pago de los impuestos per cápita antes de que
se pagara cualquier otra cuenta. El cumplir esa demanda, indicamos, habría
significado que el local no hubiese podido tener nada más que una oficina
pequeña con un secretario a cargo. El secretario no habría podido hacer más
que colectar las cuotas de los que viniesen a la oficina y remitir el impuesto
per cápita al Internacional. Esto habría paralizado al sindicato,
reduciéndolo en pocas semanas a su antigua condición de impotencia.
A esta línea fracasada contrapusimos la política que venía siguiendo el
Local 574. Era vital detener y finalmente derrotar el plan patronal de
discriminaciones en masa contra miembros del sindicato. Para lograrlo habíamos
establecido un sistema de representantes y empezado a formar un plantel bien
confeccionado de organizadores activos. Aún había piquetes heridos, más sus
familias, de quienes había que cuidar. Había que saldar deudas huelguísticas
pendientes con médicos, hospitales y por alimentos. Había que mantener un
salón sindical adecuado. A la vez que cumplíamos estas necesidades
imperativas, teníamos la intención de pagar al Internacional cada centavo que
pudiéramos sin paralizar al local y esperábamos liquidar toda la deuda de
impuestos en un periodo de tiempo razonable.
Este llamado de apoyo para recuperar nuestra carta constitutiva del IBT
coincidió con una demanda de parte de Tobin de que a los delegados del Local
574 se les retiraran sus escaños en la Unión Central del Trabajo (CLU). Los
derechistas en este organismo central querían que se cumpliera la demanda de
Tobin; sin embargo, eran una minoría. La mayoría de los delegados de los
sindicatos locales, ya fuera que expresaran su propio sentir o que reflejaran
presiones de los miembros de filas, querían apoyar al Local 574. Como
consecuencia, se dejó de lado la demanda de que se nos quitaran los escaños.
Se eligió un comité de tres personas para ir a la sede de la IBT y
presentar a Tobin una contrademanda para que se restituyera nuestra carta
constitutiva. El comité incluía a Jean Spielman de los encuadernadores, Andrew
Lief de los carpinteros y Sander Genis de los trabajadores de la costura.
La acción de la CLU puso a los burócratas del Consejo Unido de Teamsters en
aprietos. Ya habían despertado críticas de las filas en otros locales de
Teamsters por apresurarse a retirar los escaños de nuestros delegados en el
consejo cuando se revocó nuestra carta constitutiva. Ahora iba rumbo a
Indianápolis un comité especial del cuerpo central de la AFL a exigir que todo
ese asunto se echara atrás. Así es que decidieron hacer como si iban a
participar, tanto para protegerse de críticas futuras como para mantenerse al
corriente de los acontecimientos. Esto hizo que arreglaran la inclusión de
Patrick J. Corcoran, un funcionario del Sindicato de Chóferes de la Leche, en
el comité del CLU.
Ya que era muy poco probable que el comité lograra algo con Tobin, no nos
quedamos esperando callados los resultados de la reunión en Indianápolis. En
cambio, concentramos nuestra atención en fortalecer la posición del Local 574
en preparación para una lucha prolongada.
Se inicia campaña sindical
Se lanzó una campaña general de sindicalización, la cuál se extendió
rápidamente a todos los sectores no sindicalizados de la industria del
camionaje. Como resultado se dieron logros regulares en la fuerza de la
militancia y se hizo que otras compañías entraran en contratos con el
sindicato. Las quejas de los trabajadores por violaciones del contrato por parte
de la patronal recibían atención rápida y eficaz. Esta última tarea pasó a
ser algo enorme, porque el local ahora lidiaba con más de 500 empleadores, la
mayoría de los cuales jamás antes había tenido nada que ver con un sindicato.
Entonces el 1 de junio los veteranos de 1934 obtuvieron un pequeño estímulo
financiero. Bajo las condiciones de la resolución de huelga, sus salarios
incrementaron en esa fecha 2.5 centavos por hora. Esto significaba una tarifa
por hora de 55 centavos para los choferes de camiones y 45 centavos para
ayudantes, trabajadores de plataforma y los trabajadores internos.
En este momento se demostró gráficamente la devoción de los trabajadores
por el sindicato. Una asamblea general de miembros votó para que se pagara un
mes más de cuota para ayudar a saldar las cuentas pendientes de la huelga por
servicios médicos y alimentos.
Manteniéndose a tono con su continuo crecimiento, el local alquiló un nuevo
cuartel general, más amplio, en el 257 de la Avenida Plymouth Norte. El salón
principal acomodaría a unas 2 mil personas. También había cuartos más
pequeños para reuniones y conferencias, así como espacio para oficinas, una
biblioteca y un club. Había una cocina para eventos sociales y un guardarropa
con capacidad para 600.
Pronto se demostró a los trabajadores de los gremios de la construcción la
fuerza de un sindicato que necesita tales instalaciones para su funcionamiento
normal. Ellos estaban tratando de sindicalizar una gran obra de construcción;
sin embargo, los patrones, como habían acostumbrado desde hacía mucho tiempo,
pretendían manejarla sobre la base de un taller abierto. El Local 574 rehusó
permitir que se transportara ningún material a los esquiroles en esa obra y los
patrones tuvieron que aceptar la sindicalización del proyecto en un 100 por
ciento. Este acto de solidaridad con los sindicatos de los gremios de la
construcción -el cual fortaleció su buena voluntad hacia nosotros- fue de lo
más oportuno. El comité especial enviado por la CLU para ver a Tobin estaba
por presentar su informe ante ese organismo central.
Como anticipábamos, el presidente de la IBT rotundamente rehusó restituir
al Local 574. Insistía en que se debía expedir una nueva carta constitutiva
para el Sindicato General de Chóferes, sujeta a una serie de restricciones
severas.
Primero: Varias secciones del local tendrían que ser cercenadas y
organizadas por su propia cuenta como oficios separados. Para empezar, a los
trabajadores del hielo y del carbón se los iba a poner en sindicatos separados,
así como a los choferes de taxis.
Segundo: A todos los trabajadores internos se les iba a negar la
afiliación. Para ser miembro, uno tenía que pasar el 51 por ciento del tiempo
manejando o realizando algún otro trabajo real en un camión.
Tercero: Los funcionarios actuales del Local 574 tenían que ser
excluidos del nuevo local y todas las solicitudes de afiliación tendrían que
ser sometidas a la aprobación del Internacional. El local había de ponerse
bajo la supervisión directa de un representante especial de Tobin.
Cuarto: El nuevo local tendría que pagar todos los impuestos per cápita
atrasados que debía el Local 574.
Control burocrático
Estas demandas dejaban claras, para casi todos, las intenciones de Tobin.
Intentaba dividir al Local 574 en unidades pequeñas, indefensas, en base a
oficios estrechos. No le molestaba el hecho de que esto le quitaría la al local
su capacidad de lucha a un costo terrible para los trabajadores. Su principal
preocupación era mantener al sindicato bajo su control burocrático y para
lograrlo estaba dispuesto a debilitarlo. Encima de esto intentaba forzar a los
sindicatos de la AFL de la ciudad a que le ayudaran a doblegarnos.
El comité de la CLU informó que mientras estaban en la oficina de Tobin,
él llamó a William Green, presidente de la AFL, quien le prometió toda su
colaboración. El comité interpretó que eso significaba que cualquier intento
de ayuda al Local 574 por parte de la CLU o cualquiera de sus afiliados
resultaría en la pérdida de sus cartas constitutivas con la AFL.
A pesar de que la mayoría de delegados de la CLU estaban indignados por las
arrogantes demandas de Tobin, votaron por retirar formalmente del organismo al
Local 574 antes que arriesgarse a medidas de castigo a manos de Green. Al mismo
tiempo, una mayoría insistió en que continuáramos participando en las
sesiones como delegados no oficiales, que fue lo que hicimos. En la superficie,
parecería que habíamos perdido un asalto; en realidad se estaba dando una
polarización profunda, en gran parte a favor nuestro, dentro del organismo
central de la AFL.
Poco después de que la CLU había cumplido formalmente con su demanda de que
nos retiraran, Tobin constituyó el "Local 500", que él esperaba usar
para destruir al Local 574. Entonces ordenó al Consejo Unido de Teamsters que
procediera contra nosotros, según los decretos que él había impuesto ante el
comité de la CLU. Al mismo tiempo reconstituyó el Local 125 de Choferes de
Taxis, que anteriormente había sido desplazado cuando los trabajadores
afectados habían votado a favor de unirse al Local 574.
Pat Corcoran fue asignado para que dirigiera la campaña de Tobin a nivel
local. Él, a su vez, designó a Cliff Hall -a quien habíamos despedido de su
antiguo cargo en el Local 574 por incompetencia y deslealtad-, como agente de
negocios del "Local 500". Juntos fueron a hablar con los patrones con
quienes la cúpula del viejo Local 574 había mantenido relaciones de
colaboración de clase antes de 1934. Pidieron ayuda para forzar a los
trabajadores de estas compañías a que se cambiaran al sindicato artificial
sancionado por Tobin, pero eso dio pocos resultados. El "Local 500"
comenzó lo que había de ser una breve vida con sólo 26 miembros, comparado
con más de 3 mil del Local 574.
La línea de Corcoran ante los patrones era subrayar la "legalidad"
del nuevo sindicato artificial. Aseguraba también que sólo aceptaría miembros
"responsables" que supieran llevarse bien con los patrones. Sobre esa
base, él y Hall fueron a la Cámara de Comercio local para pedir ayuda para
organizar un local de choferes "seguro y sensato". Esto llevó a una
reunión el 24 de junio en el Hotel Nicollet con los patrones del camionaje, a
quienes se les pidió que rompieran sus contratos con el Local 574 y negociaran
con el "Local 500".
Por supuesto, los patrones se mostraban amistosos ante el pedido, viéndolo
como una oportunidad de aplastar el poder sindical en la industria. Sin embargo,
tenían un problema. El Local 574 no sólo tenía contratos con ellos, tenía a
sus trabajadores sólidamente organizados. Sabían que el intentar ponerse de
acuerdo con los tobinistas resultaría en una batalla que no estaban seguros que
podían ganar. Así que decidieron tomar las cosas con calma.
El mismo día que Corcoran y Hall se reunieron con los patrones del
camionaje, el Local 574 sostuvo una asamblea general de miembros. Se realizó en
el nuevo cuartel general, el cual se había convertido para los trabajadores en
símbolo de la fuerza de su sindicato. La noticia de que los patrones andaban
jugueteando con la pandilla de Tobin fue recibida con ira e indignación. Se
discutieron todos los aspectos de la situación y los miembros expresaron su
determinación de combatir a Tobin . . . y a los patrones también, si decidían
entrometerse en el asunto. Entonces se aprobó una moción autorizando a la
dirección a que tomara la iniciativa para organizar un frente único con los
sindicatos de la AFL que simpatizaran con nuestra causa.
Esta decisión llevó a la formación de un Consejo Unido del Transporte,
compuesto por dos sindicatos de la AFL -los trabajadores de garajes y los
encargados de gasolineras- y por el Local 574. Se concebía principalmente como
un instrumento para construir sindicatos, dedicado a sindicalizar a todos los
trabajadores del transporte y a participar en la lucha común contra los
patrones. Al mismo tiempo, nuestra relación con estos sindicatos de la AFL nos
ayudó a desarrollar un núcleo en torno al cual forjar un ala izquierda
organizada en la Unión Central del Trabajo.
Este último esfuerzo recibió un impulso adicional el 20 de julio, el primer
aniversario del motín policiaco del "Viernes Sangriento" en 1934. Se
programó una reunión conmemorativa, patrocinada oficialmente por la CLU, en la
Plaza de Armas, un campo abierto amplio en las inmediaciones del distrito del
centro de la ciudad. Asistieron miles de trabajadores, que representaban a casi
todos los sindicatos de la ciudad. Los funcionarios prominentes de la AFL se
sintieron obligados a participar en el programa de oradores y mencionar el papel
vital que el Local 574 había desempeñado en hacer de Minneapolis una ciudad
sindicalizada. Después, más de 2 mil personas marcharon desde la reunión,
fueron por las calles del centro de la ciudad hasta la escena del tiroteo, y
paralizaron el tráfico por casi dos horas. El renovado espíritu de solidaridad
generado por ese acto dio nuevos ánimos a los amigos del Local 574 y dificultó
como nunca antes las intenciones de los burócratas de la AFL de llevar a cabo
las órdenes de Tobin para que se nos estigmatizara como "proscritos".
Bajo el ímpetu de la manifestación del 20 de julio, se tomaron nuevas
medidas para forjar un ala de izquierda organizada dentro de la Unión Central
del Trabajo. A iniciativa de los trabajadores de garajes y de los encargados de
las gasolineras se convocó una conferencia especial de los sindicatos de la
AFL. El Local 574 fue invitado a participar con voz plena en las deliberaciones.
A las sesiones de la conferencia llegaron delegaciones oficiales de muchos
sindicatos. Entre ellos estaban los locales de carpinteros, torneros, pintores,
trabajadores de garajes, encargados de gasolineras, tapiceros, trabajadores de
hierro ornamental, choferes municipales y del aseo, trabajadores de la harina y
cereales, empleados del servicio de edificios, lavanderos, ingenieros fijos,
albañiles, empleados de restaurantes y panaderos. La participación de los
choferes municipales y del aseo era inusualmente importante, ya que señalaba un
avance para nosotros en el Consejo Unido de Teamsters.
Por voto unánime la conferencia aprobó una resolución que exigía la
restitución del Local 574 en la IBT y en la AFL. Esta acción hizo más que
ayudar a obstruir los intentos de Tobin de hacer que nos expulsaran del
movimiento sindical. Fortaleció nuestra posición para hacer cumplir acuerdos
laborales existentes con los patrones del camionaje y para renegociar contratos
cuyas renovaciones se aproximaban.
Cuando el contrato con la compañía de taxis Yellow Cab venció en junio,
tuvimos pocas dificultades en negociar la extensión del contrato por un año
más. Las nuevas condiciones significaron logros adicionales respecto de sueldos
y condiciones de trabajo, por lo que estos trabajadores se veían vinculados de
forma más estrecha con el Local 574. Ya que esta compañía empleaba al grueso
de los taxistas de la ciudad, la reconstitución que hizo Tobin del Local 125 de
Choferes de Taxi resultó ser relativamente insignificante. Sólo pudo acorralar
a un puñado de dueños particulares de taxis y a sus choferes de relevo.
De forma similar, tuvimos pocas dificultades con los patrones del carbón,
quienes habían sido los primeros en darnos batalla en 1934. Por un lapso breve,
algunos de ellos jugaron con la idea de usar contra nosotros a la pandilla de
Tobin. Entonces el Comité de Trabajo General de los patrones del carbón envió
una carta a la industria carbonera aconsejándoles que ". . . no se
interesen en disputas entre sindicatos rivales". En realidad, a los
patrones se les estaba recordando que el Local 574 mantenía el poder en la
industria y por el momento no se podía hacer nada al respecto. Sin más ni
más, se lograron nuevos y mejores contratos, los cuales se extendieron hasta el
otoño y el invierno de 1935-36.
Choferes del hielo
En la industria del hielo las cosas eran un poco más complejas. En la ciudad
había existido por años el Local 225 de Choferes del Hielo y más o menos se
había limitado a mantener relaciones colaboracionistas de clase con la
Compañía de Hielo Cedar Lake, una gran firma que operaba su propia flotilla de
camiones. Mientras tanto, en la industria había habido un crecimiento constante
de agentes comerciales. Estos grupos limitaban sus inversiones de capital casi
únicamente a la producción de hielo, empleando a dueños de camiones
independientes para hacer entregas. Estos últimos eran trabajadores que habían
comprado camiones, por lo general con financiamiento a largo plazo, que
conducían ellos mismos en base a una comisión por camión y chofer.
Muchos de estos trabajadores pasaban el invierno transportando carbón y se
habían afiliado al Local 574 durante la lucha de 1934. Ahora querían que los
logros que el sindicato había conquistado para ellos en el carbón se
extendieran a la industria del hielo, donde trabajaban durante el verano.
Nuestros esfuerzos de cooperar en este objetivo legítimo rápidamente nos
pusieron en conflicto con los pequeños burócratas del Local 225. Aunque no
tenían intención alguna de hacer nada por estos propietarios de camiones
independientes, planteaban objeciones a nuestros esfuerzos de ayudar a estos
trabajadores en base a que el Local 574 no debería de "interferir" en
su jurisdicción en la industria del hielo. Como su argumento era falso, lo
hicimos a un lado y empezamos a actuar.
Se negoció un convenio de protección con los agentes comerciales más
importantes, estipulándose logros importantes para los trabajadores que les
hacían sus entregas de hielo. Se asignó a Ray Rainbolt y a Harry DeBoer del
plantel del Local 574 para que pusieran bajo el convenio a los intransigentes
que había entre las compañías de poca monta. Como un primer paso, se hizo una
huelga contra la Lucas Ice and Fuel.
Cierto día, a las 5 de la mañana montamos una línea de piquete alrededor
de ese sitio. Pronto llegaron varios autos patrulla llenos de policías y al
poco rato un chofer esquirol empezó a prepararse para cargar un camión. El
sindicato respondió actuando con rapidez para traer refuerzos. Entonces un
policía bocón empezó a rebuznar de que a él lo habían juramentado para
hacer respetar "la ley y el orden". Eso nos dio a entender de que
mentalmente se estaban preparando para lanzar un ataque contra la línea de
piquete y nosotros nos preparamos para recibir la embestida anticipada.
Más o menos en esos momentos salió de la oficina de la empresa el teniente
al mando, pero no les ordenó a los policías que se prepararan para escoltar el
camión esquirol. En cambio, les indicó a dos de ellos que lo siguieran,
caminó más o menos hasta el punto intermedio entre las líneas opuestas e
indicó que quería conversar. DeBoer, Rainbolt y yo avanzamos para encontrarlo.
"El señor Lucas está listo para firmar con ustedes", dijo,
"pero primero quiere que retiren sus piquetes".
"¿Va a retirar usted también a sus policías?" preguntamos.
"No, no puedo hacer eso", respondió. "Mis órdenes son de
darle plena protección".
Después de más discusión llegamos a un acuerdo. Ambos lados retirarían
sus fuerzas un carro a la vez, alternándose, hasta que quedara sólo un
destacamento de piquetes y un escuadrón de policías. En ese momento se
esperaría que Lucas pusiera su firma en la línea de puntos.
El teniente fue entonces a consultar con Lucas sobre el arreglo propuesto y
regresó al poco tiempo, luciendo muy aliviado.
"Muy bien", dijo. "Así es como lo vamos a hacer".
A eso de las 6:45 de la mañana, Rainbolt entró en la oficina de la
compañía y se firmó el convenio con el sindicato.
Operación de limpieza
En un enfrentamiento colmado de tensión, que duró poco menos de dos horas,
habíamos ganado una victoria decisiva. Se había ofrecido una demostración de
que, a pesar del ataque de Tobin contra nosotros, el Local 574 retenía la
fuerza combativa por la que se había hecho famoso.
Lo único que ahora quedaba por hacer era una operación de limpieza. Sin
embargo, eso requirió mucho trabajo porque en la industria del hielo abundaba
la anarquía. Hubo que pelear varias escaramuzas antes de completar el trabajo.
En un caso, por ejemplo, un patrón cucaracha intentó hacer que metieran preso
a Rainbolt alegando que le había quebrado una pierna en un altercado que
surgió de un intento de entrega de hielo con choferes rompehuelgas. Rainbolt
evadió los cargos.
Finalmente toda la situación se puso bajo control del sindicato y después
de eso los ingresos de los choferes del hielo mejoraron regularmente.
En las firmas donde el Local 574 había perdido la elección para negociar
colectivamente después de las huelgas de 1934 se presentó un problema
distinto. Entre ellas estaba la firma La Belle Safety Storage, una de las
compañías más grandes en la industria de trasbordo. Cómo en la gran mayoría
de situaciones de esta índole, los trabajadores de esta compañía se habían
arrepentido de haber votado contra el sindicato. Uno por uno, salvo un puñado,
todos se habían unido desde entonces al Local 574, y ahora estábamos en
posición de exigir que la compañía firmara un contrato laboral.
En este caso el "Local 500" intentó intervenir contra nosotros.
Corcoran y Hall trataron de hacer que los patrones de transbordos les ayudaran a
excluir al Local 574 de la industria. Como incentivo elaboraron sus propuestas
contractuales en torno a la promesa de que los miembros del sindicato
"trabajarían por los intereses de la compañía en todo momento".
Esto hizo que la Asociación de Transbordadores convocara una reunión para
considerar un "movimiento iniciado . . . en los últimos días . . . que es
de vital importancia".
El Local 574 respondió a la amenaza yéndose a huelga contra la La Belle.
Esta acción puso al "Local 500" en aprietos. Hall había enrolado a
cuatro hombres en la compañía, a quienes los otros trabajadores consideraban
esquiroles. Al hacerlo les había prometido protección para que pudieran seguir
trabajando, sin importar lo que hiciera el Local 574. Ahora habíamos puesto una
fuerte línea de piquete alrededor de aquel lugar y Hall no podía hacer nada al
respecto. Y los patrones tampoco. Así que la La Belle firmó un convenio con el
Local 574 tras un atascamiento de tres días.
Poco después los patrones de transbordos decidieron, como grupo, dar un
portazo al "Local 500". Procedieron a negociar un nuevo acuerdo con el
Local 574, a pesar de que el convenio de la huelga de 1934 no vencía sino hasta
el 31 de mayo de 1936. El nuevo contrato, de un año de duración, entró en
vigor el 1 de noviembre de 1935. Según sus condiciones todos los trabajadores
de trasbordo recibieron un aumento salarial de cinco centavos por hora, efectivo
a partir del 1 de junio de 1936. Esta vez los patrones firmaron directamente con
el sindicato, en vez de tratar con la Junta Laboral, cómo habían hecho en
1934.
Al resumir el significado de estas experiencias, el Northwest Organizer
afirmó: "El Local 574 es un sindicato establecido, con raíces profundas.
Está aquí para quedarse y para construir".
Claramente sabíamos resistir ante Tobin en Minneapolis, pero no nos
detuvimos allí. También se tomaron medidas para llevar la lucha en su contra
al sindicato Internacional. Estaba a punto de realizarse una convención de la
IBT; estas se celebraban cada cinco años. Esto nos brindaba un vehículo para
apelar a todos los locales de Teamsters del país. Les enviamos una carta
abierta, presentando nuestro caso y pidiéndoles su apoyo en nuestra lucha para
ser restituidos en el Internacional.
Ya que Tobin manejaba todo con mano férrea, no teníamos ilusiones de que la
convención anulara su decisión. Sin embargo, era posible que nuestro
contraataque tuviera buenos efectos. El temperamento de las masas en el
movimiento obrero estaba cambiando debido a las condiciones de radicalización
del momento, y la IBT no podía permanecer totalmente inmune a este proceso.
Había una buena oportunidad de que provocáramos sentimientos de simpatía
entre las filas, quizás incluso entre unos cuantos funcionarios subalternos.
Esta probabilidad la mejoraba la reputación que el Local 574 había alcanzado a
través de sus luchas militantes de 1934.
Nos dábamos cuenta que no se podría desarrollar una oposición
significativa a la línea de Tobin a tiempo como para afectar la próxima
convención, pero eso era una consideración secundaria. Según veíamos las
cosas, la lucha en torno a la política de la IBT iba a ser larga. Lo que había
empezado en 1934, seguramente iba calar mucho más hondo de lo que muchos se
daban cuenta. Por estas razones el éxito o el fracaso de nuestros esfuerzos no
dependía del resultado de sucesos inmediatos. Seguía siendo enteramente
posible que a la larga nuestra lucha resultaría en cambios básicos en el
Internacional.
En cuanto al problema inmediato, la maquinaria de Tobin forzó una decisión
de la convención que defendía la revocación de nuestra carta constitutiva,
como era de esperarse. Además, se enmendó la constitución de la IBT para
prohibir la afiliación de comunistas.
Las dos acciones estaban interrelacionadas, ambas tenían como objetivo
impedir la propagación de un movimiento rebelde dentro de la organización
nacional. El establecimiento de una política de membresía excluyente sentaba
las bases para la expulsión de izquierditas por cargos falsos. A la vez,
brindaba un instrumento para que el red-baiting* indiscriminado empañara
los asuntos en disputa. Junto a estas amenazas, a los oposicionistas se les
recordó que ellos también serían objeto de actos generales de represalias. Se
les advertía que los locales sindicales desafiantes podían esperar perder sus
cartas constitutivas.
Tobin obviamente dio por sentado que medidas de este tipo le permitirían
llevar a cabo su plan de dividir al Local 574 y reorganizar lo que quedara bajo
su control burocrático. Sin embargo, al hacer un balance, la situación en
Minneapolis planteaba serias dudas sobre si él podría lograr ese objetivo.
Después de meses de esfuerzos sostenidos, sus pelotilleros habían logrado
inscribir a menos de 50 trabajadores en el "Local 500". Esa cifra
equivalía a un poquito más del uno por ciento de la membresía del Local 574.
"Si eso representa una escisión", observó el Northwest
Organizer, " . . . Webster no entendía su propio diccionario".
* Red-baiting se refiere a la campaña demagógica y estridente de los
patrones y sus aliados para asustar a tanta gente como les fuera posible para
que se opusieran a la campaña de sindicalización del Local 574 de los
Teamsters, en base a que dirigentes destacados del sindicato eran a la vez
miembros de la Liga Comunista de América. Al alegar que los "comunistas de
Trotsky" fomentaban el derrocamiento del estado de Minnesota, quienes
recurrían al red-baiting esperaban que los trabajadores no apreciaran de forma
objetiva los logros conquistados mediante el sindicalismo militante, ni la
competencia desplegada por el amplio liderazgo de la huelga y el ejemplo
incorruptible que ofrecía.-NOTA DEL TRADUCTOR
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