
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR septiembre de 2004 Vol. 28 No. 8
Paraguay
Exportan electricidad del país mientras millones carecen de ella
POR MILLIE SÁNCHEZ
[A continuación publicamos el texto de una presentación de Millie Sánchez,
Joven Socialista y candidata del Partido Socialista de los Trabajadores para el
Congreso en el Distrito 8, en un mitin del Militant Labor Forum en Nueva
York el 9 de julio. El tema del foro era la defensa de los esfuerzos de los
países semicoloniales, contra la oposición de las potencias imperialistas, de
desarrollar las fuentes de energía necesarias para ampliar el acceso a la
electricidad.]
Paraguay es una nación en Sudamérica con 5 millones habitantes. Es un país
agrícola con un vasto potencial hidroeléctrico. De hecho, es una de las
naciones con más potencial hidroeléctrico, debido a sus principales ríos, el
Paraná y sus afluentes.
Paraguay tiene dos grandes centrales hidroeléctricas, Itaipú y Yacyretã,
construidas a través de convenios con Brasil y Argentina, respectivamente.
La capacidad de producción eléctrica de Paraguay es de 45 mil gigavatios
por hora, uno de los niveles per capita más grandes del mundo. Pero solo el 12
por ciento de esta energía se usa para el mercado nacional. El resto se exporta
principalmente a Brasil y Argentina. Según los llamados expertos, esta
exportación es consecuencia de un excedente de energía que resulta de la
"falta de demanda". La realidad es que solo el 26 por ciento de las
áreas rurales en Paraguay están electrificadas. Cerca del 90 por ciento de la
energía producida en Paraguay se exporta.
En contraste con esta abundancia de energía eléctrica, la leña continúa
siendo un combustible con muchísima demanda, sobre todo en el campo para el uso
domééstico. En cuanto a la industria, todavía existe una gran difusión en el
uso de calderas alimentadas con leña. Las carboneras producen carbón vegetal
para uso industrial y doméstico. La siderúrgica Aceros Paraguayos usa carbón
vegetal como combustible.
La leña y el carbón son muy comunes para uso doméstico en las zonas
rurales y en los barrios aledaños a las ciudades. Los informes gubernamentales
atribuyen esto a lo que llaman "hábitos y costumbres" del campo, que
describen como un sector muy conservador de la sociedad. Según estos
"expertos" existe cierta "inercia" en el campo para
adaptarse al uso de la electricidad.
De los 18 años que viví en Paraguay, viví tres años en el campo, incluido
uno sin luz eléctrica. Esto fue en San Pedro de Paraná, cerca de la frontera
con Argentina. En nuestra casa usábamos lámparas de kerosén. Pero hay miles
de campesinos que no tienen acceso a estas lámparas y usan velas.
También pude ver las casotas de los hacendados de la zona, que no solo
tienen electricidad sino hasta tienen antenas parabólicas para pasar cómodos
algunos fines de semana. Como es obvio, el problema no es la localidad donde uno
vive sino la clase social a la que uno pertenece.
Es inaudito que ésta sea la realidad de la mayoría de la población en uno
de los países que generan más energía eléctrica en el mundo, que tengan que
recurrir al uso de velas para estudiar, que tengan que cocinar en el piso, que
no tengan cómo conservar sus alimentos, que tengan poco acceso a la
información, que haya escuelas y centros de salud sin electricidad.
Es por todo esto que el movimiento obrero debe identificarse con las
necesidades de los campesinos y así lograr una alianza. Son los trabajadores y
campesinos juntos quienes tienen la fuerza para cambiar la sociedad, no solo en
Paraguay sino en Estados Unidos.
En junio hubo un aumento en las luchas. Centrales campesinas organizaron
protestas y fueron hasta Asunción, la capital de Paraguay, a protestar por las
excesivas tarifas cobradas por ANDE, la empresa estatal de electricidad.
Reclamaban que solo cobraran la "tarifa social", la tarifa más baja
de electricidad. Llevaron sus boletas para demostrar el fraude y amenazaron con
no pagarla.
El presidente de ANDE respondió con arrogancia a las demandas diciendo:
"Estos campesinos no solo invaden tierras ajenas, ahora quieren luz gratis.
Si se esto se les permite no será un buen ejemplo para el resto de la
población".
Quiero concluir diciendo que si hubiera un movimiento obrero combativo con
credibilidad, y especialmente un partido revolucionario, cambiarían algunas
cosas. Porque el pueblo trabajador quiere luchar, y sí lucha. Es la única
clase que, en alianza con los campesinos, puede cambiar el mundo.
|