
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR julio de 2004 Vol. 28 No. 7
Editorial
La guerra por la electricidad
Bajo la bandera de oponerse a la "proliferación nuclear",
Washington, Londres y otras potencias imperialistas libran una ofensiva para
impedir que Irán, Corea del norte y otras naciones del Tercer Mundo usen la
energía nuclear como fuente de electricidad y otras necesidades vitales. Esto
representa una guerra de las potencias más ricas contra las nacines oprimidas
para que no usen los medios a su disposición a fin de levantar de la oscuridad
a gran parte de la humanidad.
El movimiento obrero en Estados Unidos y otros países industrializados debe
oponerse a esta guerra, defendiendo los esfuerzos del pueblo trabajador en el
Tercer Mundo por ampliar la electrificación.
Al rechazar los intentos del gobierno iraní de desarrollar la industria
nuclear para satisfacer sus necesidades energéticas, ¡Washington hasta tiene
el descaro de "aconsejarle" de que no necesita la energía nuclear
porque puede depender de sus reservas de petróleo y gas natural!
Irán enfrenta necesidades energéticas que van creciendo rápidamente. Desde
la revolución de 1979 que tumbó al sha apoyado por Washington, la población
del país aumentó a más del doble -de 32 a 70 millones-mientras que su
producción petrolera está al 70 por ciento del nivel pre-1979. La generación
de energía eléctrica no se ha mantenido a la par de las crecientes
necesidades, especialmente en el campo. El gobierno iraní explica que por eso
está desarrollando su programa de energía nuclear. La dependencia exclusiva
del petróleo y el gas -en vez de la diversificación energética-condenaría a
Irán a convertirse en importador de petróleo en las próximas décadas y a
sufrir las consecuencias ambientales de la contaminación causada al quemar esos
combustibles. Las potencias imperialistas buscan impedir que Irán desarrolle
centrales nucleares que producen uranio enriquecido: sin embargo, ese elemento
es esencial para el desarrollo de la energía nuclear, no solo para las armas.
Irán es solo un ejemplo de la realidad que enfrenta la gran mayoría de la
humanidad. Hoy día, 2 mil millones de personas no tienen acceso a la energía
moderna. En el mundo semicolonial hay una gran disparidad entre las condiciones
en la ciudad y el campo. En Ghana, por ejemplo, apenas el 4 por ciento de la
población rural tiene acceso a la electricidad. Las únicas partes del mundo
que se aproximan a la electrificación universal son los países imperialistas
así como los estados obreros en Rusia y Europa oriental. En Cuba, donde los
trabajadores y campesinos han tomado el poder político y realizado una
revolución socialista, el 95 por ciento del país está electrificado.
El carbón y el petróleo son las fuentes energéticas más usadas en el
mundo. Pero estos combustibles cobran un fuerte saldo en cuanto a la salud
pública y el medio ambiente, y no son la solución a largo plazo. Tampoco lo
son la energía solar o el viento.
En contraste con las potencias industriales del mundo imperialista, los
países semicoloniales prácticamente no tienen acceso a la energía nuclear.
Esta produce la mayor cantidad de energía con el menor uso de recursos y el
menor riesgo de contaminación atmosférica. En el mundo semicolonial en
especial, el uso de la energía nuclear podría ser decisivo para poder ampliar
la electrificación para toda la población.
La electrificación es una precondición para la industria moderna y la vida
cultural. Permite cerrar la brecha entre las condiciones del pueblo trabajador
en las ciudades y el campo. Hace falta elevar el nivel cultural en las zonas
rurales, en particular, y superar el atraso, la ignorancia, la miseria y las
enfermedades. Al reivindicar la lucha por la electrificación, se plantea la
necesidad de forjar una alianza de trabajadores y agricultores en una lucha
común, para quitarle el poder político a los explotadores capitalistas y
comenzar a transformar la sociedad para beneficiar los intereses de la gran
mayoría.
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