
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR julio de 2004 Vol. 28 No. 7
Editorial Pathfinder
Local 574 ayudó otras luchas obreras
Cuarto y quinto capítulos de 'Fuerza Teamster' por Farrell Dobbs
POR FARRELL DOBBS
[Perspectiva Mundial está publicando por entregas el libro Poder Teamster,
traducción de Teamster Power por Farell Dobbs. Este es el segundo en la serie
de cuatro tomos sobre las huelgas y campañas de sindicalización, así como las
luchas políticas que en la década de 1930 transformaron al sindicato de los
Teamsters en Minnesota y a gran parte del movimiento obrero de la región del
Medio Oeste de Estados Unidos en un combativo movimiento social. Dobbs, quien
las narra, fue uno de sus principales dirigentes. El primer tomo, Rebelión
Teamster, fue publicado por Pathfinder Press a principios de este año. A
continuación publicamos el cuarto y quinto capítulos del libro. Los
subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright (c) 2004 por Pathfinder Press.
Se publica con autorización.]
Capítulo IV:
Se amplía la lucha
Estimulados por la victoria sindical en la industria del camionaje,
trabajadores por toda la ciudad comenzaron a orientarse hacia la
sindicalización como una vía sobre la cual podían conquistar una mejor vida.
Dondequiera que se desarrollaba una nueva batalla, las filas procuraban emular
los métodos del Local 574, en especial en la formación de comités de huelga
amplios. A los representantes del Sindicato General de Choferes a menudo los
invitaban a ser parte de estos comités para que aconsejaran a los huelguistas
sobre métodos eficaces de lucha.
La primera escaramuza en el conflicto que se iba ampliando ocurrió el otoño
de 1934 en la empresa Arrowhead Steel Products Co. Una mayoría de los 200
empleados de la planta se afilió al Local 382 de la Asociación Internacional
de Mecanometalúrgicos (International Association of Machinists-IAM), filial de
la AFL. El patrón les cerró entonces las puertas y ellos rápidamente
transformaron el cierre patronal en una huelga militante. A petición de los
huelguistas, el Local 574 les ayudó a organizar la lucha y apoyó la línea de
piquete. Después de unas dos semanas la compañía aceptó negociar con el
sindicato. Se logró un acuerdo con el que los trabajadores lograron un alza
salarial y el sindicato quedó firmemente establecido en la planta.
El éxito del Local 382 en la Arrowhead le dio ímpetu a una campaña
organizativa que el local venía conduciendo entre los mecánicos en las
sucursales de ventas y en los talleres de refacción de automóviles. El Local
459 de la IAM en St. Paul se sumó a la campaña y al poco tiempo se había
sindicalizado a más de 2 mil mecánicos en Minneapolis y St. Paul. En este caso
la batalla no se iba a ganar tan fácilmente. La Alianza Ciudadana se ocupó de
movilizar a los patrones de los garajes contra los trabajadores y de desarrollar
tácticas para destruir el sindicato. Por otro lado, los funcionarios de la IAM
decidieron emprenderla solos, aparentemente con la esperanza de impresionar a
los patrones con su "respetabilidad" al mantener al Local 574 al
margen de la situación.
En aras de ofrecer una imagen de "estadistas obreros", los
dirigentes sindicales comenzaron por procurar una elección de representación
sindical a través de la Junta Laboral. Parecía partirse del supuesto que una
victoria sindical en tales elecciones forzaría a los patrones a aceptar el
sindicato; pero las cosas no resultaron así. Justo antes de celebrarse la
elección programada, la Alianza Ciudadana lanzó un ataque contra Herman
Hussman, el agente de negocios del Local 382. El ataque consistió en una orden
judicial para impedir que a Hussman le otorgaran documentos de ciudadanía, a
partir de un intento de asesinato de carácter. Esta artimaña antisindical
provocó el apoyo del movimiento obrero en general en defensa de Hussman y al
final le otorgaron los documentos.
A pesar de la campaña difamatoria, la IAM ganó las elecciones por la
negociación colectiva. Después de eso los patrones de los garajes acordaron
reunirse con los representantes sindicales, pero rehusaron hacer una sola
concesión a los trabajadores. En realidad, aún alegaban que la cuestión del
reconocimiento sindical seguía siendo el tema primordial. Por consiguiente, los
mecánicos de autos votaron a favor de irse a la huelga contra todos los garajes
en Minneapolis y St. Paul el 3 de enero de 1935.
Se montaron líneas de piquete en los establecimientos donde había huelga,
los huelguistas portaban rótulos en que declaraban que esas compañías eran
"injustas con el movimiento sindical". Esta táctica no impresionó
mucho ni a los patrones ni a los esquiroles que la Alianza Ciudadana ayudó a
movilizar. En Minneapolis se organizaron policías especiales de compañías
para proteger a los esquiroles y algunos funcionarios de empresas comenzaron a
portar armas de fuego. Al pasar los días y verse que la mayoría de garajes
funcionaba como de costumbre, se fue haciendo cada vez más obvio que la huelga
era ineficaz. Miembros de filas inquietos y airados comenzaron a presionar a los
funcionarios sindicales para que consiguieran ayuda competente, y al Local 574
finalmente se le permitió la oportunidad de arrimar el hombro y ayudar.
Ray Dunne recibió la tarea de asistir al local de St. Paul. Rápidamente
organizó y dirigió una gran fuerza móvil que fue barriendo garaje por garaje,
sacando esquiroles y cerrando instalaciones. Esto produjo una especie de
conmoción tanto entre patrones como entre rompehuelgas en St. Paul. Mientras
ardió la guerra en Minneapolis en 1934, ellos simplemente habían observado
desde el otro lado del río. El impacto repentino de piquetes militantes ya de
cerca los dejó consternados. A partir de entonces hubo pocos intentos de abrir
de nuevo los sitios en huelga. Como resultado el paro en esa ciudad se mantuvo
más o menos pacífico hasta que se logró un acuerdo.
En Minneapolis la situación era diferente. Nos enfrentábamos a nuestro
viejo enemigo, la Alianza Ciudadana, y la lucha se tenía que organizar de
manera acorde. A Jack Maloney y a mí nos enviaron a ayudar al Local 382, como
también a George Dreon, quien había fungido en nuestro comité de huelga en
1934. El comité de mecánicos me nombró director táctico de los operativos de
piquetes. A Maloney y a Dreon se les asignó organizar escuadras de piquetes
móviles al estilo antes desarrollado por el Local 574.
Nuestro primer objetivo era racionalizar las instalaciones operativas del
sindicato. En el cuartel general se estableció un comisariato con capacidad
para servir comidas calientes. Esto permitía que los huelguistas comieran de
forma regular y que a la vez se mantuvieran a mano para cumplir tareas. Ya que
esperábamos desafiar las tácticas de mano dura empleadas por los patrones, se
montaron también instalaciones para un hospital de emergencia. Se editó un
boletín de huelga para difundir la causa de los trabajadores. Apareció como
una edición especial del Labor Review, órgano oficial de la Unión Central del
Trabajo.
Se continuó la política de mantener piquetes en todos los garajes que
estaban en huelga para vigilar las actividades de las compañías. Sin embargo,
donde fuera que se dieran problemas, rápidamente se enviaban hasta ese sitio
escuadrones de piquetes móviles para ofrecer una presencia sindical fuerte.
Nuestro objetivo era detener las operaciones rompehuelgas, y los huelguistas
lucharon duro para lograr ese objetivo.
En los enfrentamientos que pronto se dieron, los patrones se enfrentaron con
saña a los huelguistas. En uno de los garajes un policía especial disparó
contra tres de los piquetes: Claire Hogan, Burns Powers y Everett Lindfors. Los
primeros dos recibieron heridas en las piernas y el tercero recibió un tiro en
la cara.
En una de las agencias automotrices más importantes, fueron dos de los
principales jefes quienes balearon a los piquetes. Bufort Eastman fue baleado en
el muslo, H. W. Collins en la mano y Louis LeMaux en la pierna. Rehusando
permitir que los aterrorizaran, los huelguistas desarmaron a los dos pistoleros
y frenaron la actividad rompehuelgas que ahí se realizaba. El jefe de policía
Johannes, quien se había ganado el título de "Mike el Sangriento" en
1934, procedió entonces a atacar a las víctimas de los patrones. Ordenó el
arresto de los piquetes pacíficos por "conducta escandalosa".
A pesar de la violencia desatada en su contra, los huelguistas estaban
cerrando de forma eficaz los garajes en huelga. Su posición se vio reforzada
más aún cuando el 16 de enero, los dueños de garajes de St. Paul llegaron a
un acuerdo con el Local 459. Sin embargo, los patrones de Minneapolis
resistieron estas presiones obstinadamente y siguieron oponiéndose al
sindicato. Esto agudizó de forma particular un problema que había causado
Herman Hussman, el agente de negocios del Local 382.
Aunque Hussman quería ofrecer pelea a los patrones, lo limitaba su previa
formación en la agencia de negocios de la AFL. Esta debilidad le hizo mantener
un control estrecho en las negociaciones, a menudo reuniéndose solo con el
mediador federal y con el comité de patrones. Había desarrollado así la idea
de que uno de los patrones en el comité era amigable con el sindicato. Aunque
este "amigo" operaba su garaje con esquiroles, Herman insistía que
los piquetes lo dejaran en paz, o se volvería antagónico en las negociaciones.
En las reuniones diarias de la huelga Hussman daba informes sobre sus
discusiones con el mediador y con los patrones. Conforme lo escuchábamos día
tras día, nos fue quedando más claro cada vez que su "amigo" venía
urdiendo una treta contra el sindicato. El asunto fue discutido entre los
dirigentes de piquetes y se tomó la decisión que este patrón necesitaba un
espolazo especial. Los escuadrones de piquetes visitaron su garaje, escogiendo
adrede el preciso instante en que se realizaba una sesión de negociación.
Arrasaron aquel sitio como si fueran un torbellino, barriendo con todos los
esquiroles. Cuando al "amigo" le informaron por teléfono lo que
había sucedido entró en estado de shock y solicitó que se suspendiera la
sesión de negociación.
Hussman se molestó casi tanto como el patrón. Poco después irrumpió en la
sede del sindicato encolerizado. Paseándose de un lado a otro, agitando los
brazos en el aire gritaba, "No me digan que esto pasó por error. Esto fue
idea de alguien". Finalmente se calmó, se tomó un par de aspirinas y se
tiró en uno de los catres del hospital para relajar sus nervios.
El espolazo pareció ayudar. El 19 de enero los patrones de Minneapolis
firmaron un acuerdo con el sindicato basado en condiciones similares a las
acordadas antes en St. Paul. Los trabajadores recibieron aumentos salariales
significativos, se mejoraron las condiciones laborales y se estableció un
sistema de representantes sindicales para hacer cumplir el contrato. Una vez
más se había dado una paliza a la Alianza Ciudadana. Un sindicato militante
había conquistado el reconocimiento y estaba firmemente arraigado en la
industria de garajes.
Mientras se desarrollaban estas acciones en Minneapolis y St. Paul, también
se había desarrollado una batalla significativa en Fargo, Dakota del Norte. Su
origen databa de septiembre de 1934. Por aquel entonces los funcionarios del
Local 173 del Sindicato General de Choferes en Fargo habían solicitado
orientación de liderazgo de los victoriosos Teamster de Minneapolis. Miles
Dunne, quien había visitado la ciudad un poco antes y estaba familiarizado con
la situación, fue enviado a ayudarles. Para indica qué era con lo que se iba a
topar, se necesita un breve bosquejo de los antecedentes.
Fargo, una ciudad con menos de 50 mil habitantes, se desarrolló como un
centro ferrocarrilero y bancario a partir de la economía del trigo de la
región. También había unas cuantas fundiciones y plantas procesadoras de
alimentos. Aparte de eso, la oferta de empleos se daba principalmente en las
industrias tipográfica, la de oficios de la construcción y de distribución.
La vida económica de la ciudad estaba entrelazada con la de la comunidad vecina
más pequeña de Moorhead, Minnesota. Las dos ciudades estaban conectadas por un
puente sobre el río Rojo, que demarca la frontera entre Minnesota y Dakota del
Norte.
Durante los días álgidos de la organización Obreros Industriales del Mundo
(Industrial Workers of the World-IWW) había habido considerable actividad
sindical en este centro poblacional y en sus alrededores, y la clase patronal
estaba muy acostumbrada a usar métodos de patrullas ciudadanas para lidiar con
dicha actividad. En la década de 1920 la IWW decayó, y fue gravemente
paralizada mediante la represión desatada durante la Primera Guerra Mundial.
Desde entonces el movimiento obrero en Fargo se había mantenido débil, casi
adormecido. Sólo había unos cuantos sindicatos de oficios afiliados a la AFL,
y todos con membresías reducidas. Los obreros trabajaban jornadas largas en
pésimas condiciones y con salarios bajos; muchos de ellos carecían de trabajo
en aquellos tiempos de depresión. Como sucedió con otros trabajadores de la
región, se entusiasmaron por las noticias del éxito del sindicato Teamster en
Minneapolis. Como resultado, los sindicatos comenzaron a registrar logros en
cuanto al número de miembros, en especial el Local 173 de la IBT.
Fue en ese momento que entró en escena Miles Dunne. Primero ayudó a lanzar
una campaña de sindicalización en la industria lechera, la cual procesaba
leche cruda para su distribución doméstica. La campaña triunfó con rapidez y
pronto se le presentaron reivindicaciones a los patrones. Cuando rehusaron
negociar, se convocó a una huelga el 3 de noviembre de 1934. La eficacia del
paro pescó a los patrones desapercibidos. Al final del primer día, pidieron
una tregua y dijeron que estaban listos a negociar con el sindicato. Los
trabajadores aceptaron y 10 días más tarde se firmó un convenio en que se
estipulaban aumentos salariales, regulación de horas de trabajo y mejoras en
las condiciones laborales.
El éxito del Local 173 en la industria lechera estimuló el reclutamiento
entre las transportadoras de carga y en las carbonerías. También se atrajo a
los trabajadores envueltos en el corte de hielo en el río Red, que sus patrones
venderían el verano siguiente. Los empleados en todos estos trabajos pronto
estuvieron casi un 100 por ciento sindicalizados. Luego se presentaron demandas
ante los patrones, quienes rehusaron negociar. El 22 de enero de 1935, se
declaró la huelga contra las compañías implicadas. Se establecieron líneas
de piquete regulares -respaldadas con escuadrones móviles- en cada lugar de
trabajo. En un abrir y cerrar de ojos, los huelguistas habían cerrado la
ciudad.
Entretanto los patrones de Fargo habían pedido a la Alianza Ciudadana de
Minneapolis que les ayudaran a contrarrestar la estrategia y las tácticas
introducidas por Miles Dunne. Esto condujo a una movilización de patrullas
ciudadanas similares a las empleadas por la Alianza Ciudadana contra el Local
574 en mayo de 1934. En el caso actual, se apoyaron en la Legión Americana para
reclutar el ejército privado que la clase dominante deseaba. Para el quinto
día de la huelga, se había conformado una fuerza de cerca de 300, a quienes
las autoridades municipales habían convertido en agentes para hacerlos pasar
como "policías especiales".
Armada con cachiporras, esa fuerza represiva atacó las líneas de piquete
del sindicato el 27 de enero. En la trifulca que siguió, arrestaron a 32
huelguistas. Oficialmente se les acusó de "desbandada", que el fiscal
posteriormente definió como "una acción en dirección de un
disturbio".
Poco después se lanzó un ataque contra la sede sindical. En ese momento se
encontraban unos 75 hombres en las instalaciones, junto a una veintena de
mujeres y niños. Una gran fuerza de agentes se congregó en frente del edificio
en la Primera Avenida y sin previo aviso dispararon gases lacrimógenos a
través de las ventanas de la segunda planta de la sede del Local 173. A medida
que las víctimas de los gases lacrimógenos bajaban por las escaleras hasta la
calle, tenían que pasar por una hilera de patrulleros ciudadanos, y a varios
sindicalistas los garrotearon.
Conforme los agentes saquearon el cuartel general ocuparon los libros de
contabilidad y registros del sindicato. A 70 de los huelguistas que estaban en
la sede los arrestaron bajo cargos de "obstruir a un agente". A otros
trabajadores los levantaron en el transcurso del día, y para la noche más de
90 estaban presos. Uno de ellos era Miles Dunne, a quien acusaron de
"incitar al disturbio".
Cuando se supo del ataque en Minneapolis, a Jack Maloney y a mí nos enviaron
para ayudar a los huelguistas de Fargo a que se reorganizaran. La primera tarea
era sacar a Miles y a los demás luchadores sindicales bajo fianza. Para los
arrestados habían establecido fianzas por un total de cerca de 50 mil dólares.
Para empeorar las cosas, las autoridades dictaminaron que como garantía de las
fianzas sólo se aceptarían bienes raíces ubicados dentro de la ciudad. Eso
significaba de hecho que quienes quisieran ayudar a liberar a los huelguistas
tendrían que presentar las escrituras de sus casas como garantía. Esto hacía
que las posibilidades de una acción rápida parecieran muy sombrías.
Entonces de repente se recibió ayuda de donde menos se esperaba. Provino del
señor Ballew, un admirable y viejo caballero, de quien nunca supe el nombre
completo. Él se adhería a principios de libertades civiles, y poseía el valor
de sus convicciones. Poseía también grandes propiedades en la ciudad. Haciendo
de lado la indignación que su acción provocó entre sus relaciones pudientes,
se empeñó en manifestar su airado desacuerdo con la forma en que los patrones
estaban violando los derechos democráticos de los trabajadores. El señor
Ballew presentó sus propias propiedades como garantía de las fianzas, una por
una según se necesitaban, hasta que todos los huelguistas había sido liberados
de prisión.
Miles Dunne estaba entre los que salieron bajo fianza, pero con la salvedad
de que debía abandonar el estado. Él simplemente cruzó el río hasta
Moorhead, que queda en Minnesota. Eso lo mantuvo disponible para consultas,
aunque ya no era recomendable que entrara a Fargo, donde debía ocurrir la
acción.
Nuestra segunda tarea importante fue ayudar a conseguir apoyo para la huelga.
Con ese fin se echaron a andar proyectos gemelos. Se tomaron medidas para sacar
un boletín de huelga impreso en que se presentara la causa de los trabajadores.
Luego se emplearía como un medio para construir un mitin de masas para
protestar contra la violencia de la clase dominante.
Al principio no logramos que el boletín se imprimiera en Fargo. Ni una sola
firma aceptaba el trabajo. Incluso los funcionarios del sindicato de tipógrafos
de la AFL rehusaban ayudar. Tímidamente alegaban que la publicación del
proyectado boletín "antagonizaría a la policía". Entonces William
Cruden, presidente del Local 173, y yo nos adentramos en Dakota del Norte en
busca de un lugar que nos hiciera el trabajo. Manejamos más de 50 millas al
oeste de Fargo antes de que pudiéramos encontrar un taller que aceptara el
trabajo.
"¿Dónde tienen el texto?", preguntó.
"Te lo vamos a escribir ahora", le dijimos, "y tenemos prisa
de que se haga".
Nos dio lápices y unas largas hojas de papel que se empleaban para sacar
pruebas tipográficas. Comenzamos a escribir. Tan pronto tuvimos lista la
primera página de texto se la dimos al tipógrafo, quien ordenó que se
compusiera en la linotipia. Seguimos escribiendo y pasándole texto al
linotipista: página por página.
Finalmente dijo, "Ya pueden parar. Han escrito suficiente para el
tabloide de dos páginas que quieren".
Nos relajamos con nuestra primera comida del día, mientras que se realizaba
el trabajo de impresión del boletín de huelga. Luego salimos de prisa para
Fargo con los fajos de periódicos y recibimos una jubilosa acogida. El
sindicato había derrotado el boicot de imprentas. Ahora los huelguistas
podrían presentar su lado de la historia a la gente de la ciudad.
Mientras tanto Jack Maloney y Austin Swalde, secretario-tesorero del Local
173, habían estado haciendo preparativos para la reunión de masas. Habían
obligado a algunos funcionarios de la AFL a que les ayudaran a conseguir un
local adecuado. Bill Brown había aceptado venir desde Minneapolis para dar el
discurso principal. Lo único que se requería ahora era usar un sello para dar
la hora y el lugar del mitin y el boletín se podía emplear para ayudar a
forjar una buena asistencia.
La reunión fue un éxito. Hubo una gran asistencia, y estuvieron presentes
miembros de filas de la mayoría de sindicatos de la ciudad. Brown dio uno de
los discursos combativos por los que se había hecho famoso, y a los
trabajadores les encantó. Lo vitorearon fuertemente. La huelga continuó a
partir de entonces con un vigor renovado y las líneas de piquete se hicieron
más grandes.
Conforme se reanudaron las actividades de piquetes, comenzaron también los
preparativos para los juicios que se aproximaban contra los huelguistas que
habían sido arrestados. El Local 574 tomó la iniciativa desde Minneapolis para
forjar en nombre de ellos un movimiento regional de defensa. A Francis Heisler,
un abogado sindical de Chicago y simpatizante trotskista, se le contrató como
consejero en jefe de los acusados. Dos abogados de Fargo, Quenten Burdick y Lee
F. Brooks, colaboraron con él. Los juicios comenzaron el 13 de febrero de 1935,
ante un juez prejuiciado y hostil apellidado Paulson. Se había congregado un
jurado parcial para que juzgara a los trabajadores víctimas del ataque por
patrullas ciudadanas maquinado por los capitalistas.
Heisler era un guerrero y salió con todas sus fuerzas en pos del fiscal
estatal Bergeson. Su áspero ataque obligó a Bergeson a proponer que se
desestimaran los casos en que se acusaba a los trabajadores de "obstruir a
un agente" y de "desbandada". El juez Paulson se vio en la
necesidad de conceder la moción.
Sólo 16 de los arrestados fueron procesados en realidad. Entre los acusados
de "disturbio" había 13 sindicalistas de filas. A Cruden, Swalde y a
un tercer funcionario del Local 173, Hugh Hughes, los acusaron de "incitar
al disturbio". A todos los declararon culpables. Cada uno de los 13
miembros de filas recibió una condena de dos meses de cárcel. Cruden, Swalde y
Hughes recibieron cada uno seis meses de trabajos forzados. Los 16 fueron
liberados bajo fianza hasta que se apelaran las condenas.
Mientras venían ocurriendo estos hechos, de vez en cuando se realizaban
reuniones públicas en Moorhead, donde Miles Dunne podía dirigirse a los
huelguistas y a sus simpatizantes. Sus charlas entonces se presentaban en el
periódico del Local 173. Para entonces el periódico se estaba imprimiendo en
Fargo; la presión de masas sobre los funcionarios de los sindicatos
tipográficos afiliados a la AFL los indujeron a ayudar a hacerlo posible. El
órgano sindical ahora salía semanalmente con el nombre de Gate City Labor
Review.
Su salida regular sirvió para promover un apoyo creciente para la huelga.
Los conductores de camiones lecheros del Local 173 participaban todo el tiempo
que podían en las líneas de piquete. Se recibió ayuda de miembros de filas de
los trabajadores de imprentas y de los gremios de la construcción.
Catedráticos y estudiantes de la escuela de agricultura en la ciudad dieron
ayuda. Los trabajadores desempleados se unieron a las líneas de piquete en
cantidades significativas. Se recibió apoyo de la Farmers' Holiday Association
(Asociación de Feriado de Agricultores) y de la Farmers' Union (Unión de
Agricultores). Los militantes entre los agricultores ponían rótulos en los
caminos que conducían a Fargo. En ellos se leía: "Ciudad de esquiroles.
Manténgase alejado. No comercie en ella".
La clase patronal respondió con una campaña difamatoria contra la huelga en
las columnas del Fargo Forum, el diario capitalista local que contaba con un
extenso número de lectores en el campo. Los predicadores denunciaban al Local
173 en sus sermones dominicales. Usando esa campaña difamatoria como pantalla,
las empresas del camionaje consiguieron de parte de jueces acomodaticios
restricciones judiciales contra las líneas de piquetes en un esfuerzo de
paralizar al sindicato.
Fue en ese momento que D.J. Tobin, jefe de la Hermandad Internacional de
Teamsters, hizo su contribución. Hacia finales de marzo revocó la carta
constitutiva del Local 173 por el supuesto incumplimiento de pago del impuesto
per cápita al sindicato internacional. No le bastó que este acto implicara
"proscribir" a los huelguistas en el movimiento sindical. Emitió
declaraciones al Fargo Forum -un diario capitalista- denunciando a Miles Dunne y
a los funcionarios del Local 173. Al mismo tiempo exigió que el local fuera
expulsado de la Asamblea de Oficios y del Trabajo de Fargo, el organismo central
de los sindicatos de la AFL de la ciudad.
Los huelguistas reaccionaron ante el ataque de Tobin con ira inflexible, como
fue el caso con muchos otros en el movimiento de la AFL local. Los delegados del
Sindicato de Maestros tomaron la delantera para oponerse a los esfuerzos de
Tobin para hacer que el Local 173 fuera expulsado de la Asamblea de Oficios y
del Trabajo. Sin embargo, al final, los conservadores agentes de negocios de la
AFL consiguieron llevar a cabo el mandato de Tobin y echaron al perseguido local
de la IBT de la asamblea.
Irónicamente, este golpe ocurrió en un momento en que nuevos desarrollos
estaban a punto de brindarle ayuda a la causa de los huelguistas. Amplias
expresiones de resentimiento sobre las tácticas salvajes de los patrones de
Fargo estaban creando una situación incómoda para miembros del cuerpo
legislativo de Dakota del Norte. Finalmente ese cuerpo se sintió obligado a
iniciar una investigación sobre el ataque de patrullas ciudadanas contra el
cuartel general de la huelga. A su vez, esto puso presión sobre el tribunal
supremo estatal, como lo demostró su anulación posterior de los veredictos
condenatorios contra Cruden, Swalde y Hughes bajo cargo de "incitar al
disturbio".
Desafortunadamente, estos acontecimientos ocurrieron demasiado tarde para
tener un verdadero efecto en la lucha del sindicato. Habían roto la huelga,
gracias principalmente a la puñalada trapera de Tobin. Tal como estaban ahora
las cosas, los trabajadores en el Local 173 sólo podían aspirar a mantener a
flote su sindicato y aguardar un cambio para reanudar la lucha contra los
patrones del camionaje.
Capítulo V:
Se extiende el ala izquierda
La expansión del auge laboral allanó el camino para extender el ala
izquierda hacia círculos sindicales amplios. El Local 574 tomó la iniciativa
sobre esa medida, lo que acogían y necesitaban muchos militantes sindicales.
Habían surgido diversos problemas de liderazgo al cobrar impulso el ritmo de
sindicalización en la región. Funcionarios bien intencionados de nuevas
organizaciones por lo general carecían de experiencia y por regla general sólo
tenían un conocimiento limitado de la lucha de clases. Estas desventajas
podrían hacerlos fallar en tiempos de crisis y cometer errores costosos.
También hubo diversos casos en que los trabajadores militantes tuvieron
dificultades con funcionarios conservadores que estaban en la cima de sindicatos
existentes que experimentaban un nuevo crecimiento.
Esta situación general requería el desarrollo de una cooperación
organizada entre los sindicalistas que querían combatir a los patrones. Los
dirigentes potenciales necesitaban ayuda de guerreros experimentados para poder
estar mejor capacitados para guiar a los trabajadores en la lucha. La discusión
colectiva de problemas y la comparación de experiencias estaban, por tanto, en
el orden del día. Con ese objetivo el Local 574 procuraba juntar militantes en
sindicatos de la AFL [Federación Americana del Trabajo] e independientes.
Una de las principales fuerzas atraídas a tal tipo de colaboración fue el
Sindicato Independiente de Todos los Trabajadores [Independent Union of All
Workers-IUAW] en Austin, Minnesota. El sindicato se había establecido a través
de una lucha enconada en la planta empacadora de carne de la Hormel en esa
ciudad. Ya que la AFL era virtualmente inexistente en los alrededores, pasó
entonces a atraer hacia sus filas a la mayoría del resto de trabajadores de la
ciudad. El IUAW también buscó contactar y organizar a los obreros de las
empacadoras en otras partes del sur de Minnesota. Al mismo tiempo estableció
relaciones con otros sindicatos independientes en las plantas empacadoras del
norte de Iowa.
El principal dirigente del IUAW era Frank Ellis, un hombre que contaba con
una considerable experiencia del IWW [Trabajadores Industriales del Mundo].
Aunque no era marxista, había absorbido muchos conceptos de lucha de clases y
era un luchador de pies a cabeza. Hacía todo lo que podía para enseñar a los
trabajadores que deben depender enteramente de su propia fuerza, y nunca
depositar su confianza en ningún representante de la clase capitalista. Ellis
advertía especialmente contra la idea de que los trabajadores podían obtener
justicia en los tribunales capitalistas.
"No importa el cargo por el que lleven a un trabajador ante un juez
capitalista, es un caso fabricado", le decía a los trabajadores jóvenes.
"Si te pescan robándote una iglesia y se te está saliendo el campanario
por el bolsillo, declárate inocente".
Entre estos jóvenes empacadores estaba Joe Ollman. Él avanzó más que
Ellis en cuanto a conciencia política para convertirse en un socialista
revolucionario y un firme partidario del movimiento trotskista. Joe jugó un
papel excepcional en actividades de izquierda en ese periodo y más tarde hizo
importantes aportes para forjar el sindicato de obreros de empacadoras del CIO
[Congreso de Organizaciones Industriales].
Otra aliada atraída hacia el movimiento izquierdista en expansión fue la
Asociación de Empleados Estatales de Minnesota. Con un gobernador del Partido
de los Agricultores y Trabajadores en el poder -quien consideraba necesario dar
al menos apoyo verbal a las campañas de sindicalización-, la organización
venía logrando avances significativos entre los empleados gubernamentales por
todo el estado. También era notable la presencia de numerosos radicales entre
estos trabajadores. Uno de ellos, Julius F. Emme, era el dirigente fundador de
la asociación.
Emme, quien había sido un trabajador metalúrgico de oficio, se afilió al
Local 459 del sindicato mecanometalúrgico en St. Paul allá por 1913. Después
de eso fue arrestado muchas veces por su participación en luchas laborales y se
le consideraba un dirigente de izquierda en los sindicatos. Habiendo ingresado
también al Partido Socialista, dirigió el Minnesota Socialist por un periodo
antes de la Primera Guerra Mundial. Después de la revolución de 1917 en Rusia
se unió al Partido Comunista y siguió militando hasta alrededor de 1925.
Posteriormente llegó a considerarse trotskista, aunque no se unió formalmente
al movimiento revolucionario-socialista.
Para 1928 Emme integraba absolutamente todas las listas negras de la
industria metalúrgica de St. Paul, por lo que debió estar desempleado hasta
1930. Por ese entonces logró -mediante la influencia que resultaba de su papel
como uno de los fundadores del Partido de los Agricultores y Trabajadores-
asegurar que el gobernador Olson lo nombrara secretario de la Comisión
Industrial Estatal. Fue desde la ventajosa posición de ese cargo que emprendió
la labor de organizar a los empleados estatales. Luego, en 1935, los
comisionados lo despidieron por criticar públicamente la conducta de un juez en
una huelga.
Aunque Emme murió en octubre de 1935, a la edad de 56 años, durante los
últimos meses de su vida logró hacer algunos de sus aportes más importantes
al movimiento.
Henry Schultz se desempeñó como organizador estatal de la Asociación de
Empleados Estatales de Minnesota. Era de oficio guardafrenos de trenes, pero en
aquellos tiempos de la depresión su poca antigüedad -por ser un trabajador
joven- le proporcionaba poco trabajo en esa ocupación. Así que en 1934 echó
una mano al Local 574 y jugó un papel destacado en la huelga de julio y agosto.
Su estrecha asociación con los dirigentes de la huelga le llevó también a
unirse al movimiento trotskista. Después de que se ganó la batalla él
continuó haciendo lo que pudo para ayudar al Local 574; sin embargo, ahora
dedicaba la mayor parte de su tiempo a organizar a los empleados estatales.
Los colaboradores de las actividades de izquierda se encontraban también en
otros círculos. Incluían a varios militantes en los ferrocarriles y en los
gremios de la construcción en Minneapolis, junto a jóvenes veteranos de la
huelga de los garajes; a trabajadores con formación radical en Duluth,
Minnesota, y en la cordillera ferrosa del Mesabi; y a jóvenes dirigentes de la
huelga en Fargo.
En noviembre de 1934 se llevó a cabo una conferencia preliminar de
izquierdistas en St. Paul. Llegaron representantes de unos quince sindicatos de
la AFL e independientes. Todos los funcionarios sindicales presentes actuaban
con el consentimiento de sus juntas ejecutivas.
El Partido Comunista también se apareció con toda la gente que pudo juntar,
esperando acaparar la conferencia. Cada uno de los estalinistas sostenía que
representaba alguna organización ficticia, artimaña que eran buenos para
inventar en tales ocasiones. Al hablar, empezaban diciendo, "En nombre de
los 6 mil mineros del hierro en la cordillera del Mesabi . . ." o con
alguna afirmación igualmente ficticia de ser tribuno de una gran formación de
trabajadores. Pero su estratagema no funcionó. Demasiados entre los presentes
sabían todo acerca de los métodos faltos de principios que utilizaban los
estalinistas, por lo que se les puso en su puesto con firmeza.
Poniéndose a trabajar ya en serio, la conferencia aprobó un programa de
seis puntos para la construcción del movimiento de izquierda. Este incluía: el
reconocimiento de la realidad de la lucha de clases en toda actividad sindical;
la oposición a cualquier y todo tipo de colaboración de clases con los
patrones; la solidaridad obrera y la ayuda recíproca en las luchas sindicales;
el fomento de la estructura sindical de tipo industrial; la organización de los
desempleados con el apoyo pleno de los sindicatos; el desarrollo de programas
educativos para la clase trabajadora.
Un periodo de trabajo de contacto basado en estas perspectivas condujo a la
convocatoria de una reunión de ala izquierda más numerosa en Minneapolis el 13
de abril de 1935. En ese entonces se inició una estructura formal conocida como
la Conferencia de Unidad Laboral del Noroeste (Northwest Labor Unity
Conference-NLUC). Para refutar por adelantado la acusación de que se estaba
estableciendo una "federación dual", acusación que era de esperarse
de los funcionarios conservadores del AFL, cuidadosamente se explicó a todo el
movimiento obrero el propósito y el funcionamiento de la NLUC.
La nueva formación de ala izquierda, se señaló, no duplicaba ni sustituía
nada. No hacía nada para alterar la unidad existente del movimiento. No se
permitía la afiliación de organizaciones; los sindicalistas podían unirse a
la NLUC sólo como individuos. Su único objetivo era ayudar a todas las
organizaciones de trabajadores a hacer que la unidad laboral fuera más
significativa y productiva. Este objetivo crucial se enfocaba en su lema
central: "Todos los trabajadores a los sindicatos. Todos los sindicatos a
la lucha".
Para llevar adelante la construcción de un ala izquierda basada en
perspectivas de lucha de clases, la conferencia seleccionó un comité de
continuación. Incluía a: Frank Ellis y Joe Voorhees de Austin; Milton Carlson
y R.C. Sermon de Duluth; J.F. Emme y O.R. Votaw de St. Paul; William Cruden de
Fargo; Ray Dunne, Carl Skoglund y a mí de Minneapolis.
Se prestó atención al problema de la defensa obrera ya que la lucha de
clases conduce a arrestos y juicios de los trabajadores en las cortes
capitalistas a partir de cargos fabricados. La acción eficaz requería de
medidas para lidiar con dos problemas que surgieron dentro del propio movimiento
sindical. Uno implicaba el faccionalismo estalinista en esta esfera. El otro
tenía que ver con el mal manejo de los casos por parte de los abogados
sindicales conservadores.
A principios de la década de 1920, el entonces sano Partido Comunista creó
un movimiento conocido como la Defensa Obrera Internacional [International Labor
Defense-ILD]. Fue desarrollado bajo la orientación de James P. Cannon, quien
más tarde se convirtió en uno de los fundadores y el principal dirigente del
movimiento trotskista de este país. Apegada a principios correctos, la ILD en
aquel entonces funcionó a partir de una base auténticamente imparcial y no
faccional, lista para ayudar a todas las víctimas de la guerra de clases.
Sin embargo, cuando el PC se contagió del virus del estalinismo se revirtió
la política de la ILD. Las actividades de "defensa" se redujeron a la
menudencia de pequeñas maniobras faccionales. A las víctimas atrapadas en las
redes de las leyes capitalistas las usaban de manera cínica para ganar uno u
otro tipo de ventaja partidista para el propio PC. A los opositores políticos
de los estalinistas por lo general se les negaba por completo cualquier ayuda.
Lo que es peor, se les sometía a campañas difamatorias encaminadas a
entorpecer el fomento del apoyo de otros círculos.
El segundo problema era de otra naturaleza. Surgieron dificultades con varios
abogados particulares -que funcionaban a partir de una cuota- quienes
practicaban la colaboración de clases en los tribunales capitalistas. Al igual
que los burócratas de la AFL que trataban de promocionarlos como
"defensores del trabajo", estos personajes trataban de ganarse el
favor de la clase gobernante.
Su entrenamiento universitario los había preparado para esta línea de
conducta. Les habían inculcado la "santidad" de las leyes
capitalistas. Aceptaban como si fuera el evangelio la premisa de la clase
gobernante de que los abogados se deben comportar como "funcionarios del
tribunal". Condicionados mentalmente a deliberar cualquiera de los dos
lados de un caso según lo mande el azar -dependiendo de quién los contrate-,
congeniaban con los abogados contrincantes en tanto colegas de la fraternidad
legal. Esto hacía más que llevarlos a mostrarse amistosos con los fiscales del
gobierno; tendían a pensar en términos de hacer tomas y dacas legales a costa
de los clientes-trabajadores. En general, tales abogados no eran de fiar como el
brazo defensor del movimiento sindical.
Bajo esas circunstancias se necesitaba urgentemente una nueva organización
de defensa. La ahora ampliada formación trotskista, el Partido de los
Trabajadores, había dado ya los pasos iniciales para acometer ese requisito.
Como resultado, a nivel nacional se había creado una estructura del tipo
deseado, conocida como la Defensa Obrera No Partidista (Non-Partisan Labor
Defense-NPLD).
Esta se dedicó a apoyar a todas y cada una de las víctimas obreras de la
injusticia capitalista. A quienes ofrecieron sus nombres a favor de este
esfuerzo y contribuyeron financieramente no se les usó de ninguna manera para
sacar ventajas políticas partidistas. Además, se extendió solidaridad a los
esfuerzos de defensa llevados a cabo por otros, incluso los del Partido
Comunista. Estas políticas se apegaban al consagrado lema obrero: "Un
golpe contra uno, es un golpe contra todos".
Para lograr sus objetivos, la NPLD buscó abogados competentes que lucharían
por sus clientes. Se recaudaron fondos para pagar fianzas, cubrir gastos de
tribunal, pagar gastos relacionados con apelaciones de las condenas ante
tribunales superiores, y para difundir los casos de quienes representaba. Los
abogados del tipo que verdaderamente iba a servir a la causa de los trabajadores
se obtenían por lo general por un honorario nominal o de forma gratuita.
Comúnmente, el costo de sus servicios incluía sólo sus gastos al manejar un
caso, especialmente cuando era necesario viajar.
Entendiendo que eran estos los atributos de la NPLD, la conferencia del ala
izquierda en Minneapolis votó a favor de apoyar el establecimiento de una rama
regional del movimiento de defensa. En realidad, fue esta nueva unidad, que
apenas se estaba creando, la que hizo los arreglos para que Francis Heisler
defendiera a los huelguistas atacados por las redadas de patrullas ciudadanas en
Fargo.
La conferencia también dio un paso importante con respecto a la prensa
obrera. Las graves dificultades económicas habían hecho necesario que el Local
574 suspendiera la publicación de su órgano oficial, The Organizer [El
organizador] en octubre de 1934. Debido a lo valiosísimo que era para ayudar a
que el sindicato creciera numéricamente y ampliara su influencia, habíamos
estado buscando una oportunidad de poner de nuevo el periódico en circulación.
Entonces nos enteramos que Julius Emme también estaba planeando iniciar un
periódico sindical para los empleados estatales.
Estas necesidades compartidas nos llevaron a presentar todo el problema ante
la conferencia para su consideración. Allí se tomó la decisión de crear de
inmediato una publicación en base al apoyo de todo el movimiento del ala
izquierda. Efectivamente, esto significaba que el periódico del Local 574 iba a
reaparecer, esta vez como el órgano oficial de la Conferencia de Unidad Laboral
del Noroeste bajo el nombre de Northwest Organizer [Organizador del noroeste].
La publicación semanal del periódico en forma de tabloide de cuatro
páginas empezó con el ejemplar del 16 de abril de 1935. Lo imprimió la
imprenta Argus: la leal amiga del sindicato que había imprimido The Organizer,
y que al hacerlo desafió valientemente la fuerte presión de la Alianza
Ciudadana durante la huelga de julio-agosto de 1934.
La composición del Northwest Organizer se planeó -y el contenido del primer
número se esbozó- en una sesión realizada donde se alojaba Emme en St. Paul,
con Ray Dunne, Henry Schultz, y conmigo también presentes. Durante las primeras
semanas Henry y yo sacamos el periódico lo mejor que pudimos, con la ayuda de
Ray en cuanto a la línea editorial. Más tarde la dirección quedó a cargo de
Carlos Hudson, un joven intelectual trotskista con talento periodístico, quien
había ayudado con el diario de la huelga en 1934. Él, por supuesto, actuaba en
consulta con la dirección del sindicato.
Marvel Scholl, que está casada conmigo, contribuía al periódico con
regularidad, especialmente en una columna llamada "La línea de piquete
nacional", que se leía ampliamente como fuente de noticias sindicales
generales. Entre otras secciones regulares estaban "Bill Brown dice",
que contenía comentarios mordaces del presidente del sindicato, y una columna
vivaz, "Llevando el paso con el 574", escrita por Miles Dunne. A tono
con su predecesor irreverente, The Organizer, el nuevo periódico publicó un
poema en su encabezado, donde se leía:
Cuando empleo mi aguja, paleta o pico,
Soy un Sheeney, Wop o Mick decente,*
Mas cuando me voy a huelga, soy un bolchevique,
Soy el trabajo.
Según resultaron las cosas, la decisión de publicar el Northwest Organizer
fue en efecto oportuna. El local 574 estaba a punto de recibir por parte de
Tobin un trato tipo Fargo. Sin el periódico es dudoso que el sindicato pudiese
haber capeado el temporal que ya estaba por caerle.
* Términos despectivos para los judíos, italianos e irlandeses
respectivamente.-Nota del traductor.
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