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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
julio de 2004 Vol. 28 No. 7

Estados Unidos

Odio antijudío, anticomunismo: detrás del mito de 'conjura neoconservadora'

POR SAM MANUEL

WASHINGTON, D.C.-En este último año ha habido una serie de artículos escritos por comentaristas liberales y radicales de clase media, así como también por autores derechistas, donde se ataca a la administración Bush alegando que la actual política exterior y militar de Estados Unidos está siendo dirigida por un pequeño grupo de "neoconservadores" en el Departamento de Defensa. Frecuentemente señalan al Secretario Adjunto de Defensa Paul Wolfowitz, al Subsecretario de Defensa Douglas Feith, al ex asesor del Pentágono Richard Perle y otros altos funcionarios.

Algunos de estos comentaristas han ido más lejos, destacando la presencia de funcionarios con nombres judíos, insinuando o declarando abiertamente que se trata de una conjura o "cábala neocon".

Todas las variantes de estas teorías de conjuras son falsas y reaccionarias. Desvían la atención del hecho de que es el capitalismo el problema que enfrentan los obreros y agricultores, y que el poder del estado se encuentra en manos de una clase de familias multimillonarias que explota la fuerza de trabajo del pueblo trabajador. Funcionarios de Washington -sean Demócratas o Republicanos- no son más que servidores de esta clase gobernante y llevan a cabo las políticas en sus intereses.

Un ejemplo de estas teorías se encuentra en la edición del 12 de mayo de la revista New Yorker, en un artículo del periodista liberal Seymour Hersh sobre la supuesta "captura del Pentágono por los neocons", a quienes él acusa de manipular las pruebas "con respecto a la posible posesión por Iraq de armas de destrucción masiva y su conexión con Al Qaeda" para justificar la invasión de ese país.

"Burlándose de sí mismos, se autodenominan la Cábala -un pequeño puñado de asesores y analistas de políticas con base en la Oficina de Planes Especiales del Pentágono", escribió Hersh. Según él, en este último año "su operación, concebida por el Secretario Adjunto de Defensa Paul Wolfowitz, ha llevado a cabo un cambio crucial en la orientación de la comunidad de inteligencia en Estados Unidos" y ellos "han contribuido a forjar la opinión pública y la política estadounidense frente a Iraq".

Las "revelaciones" de Hersh se basan en parte en información provista por una oficial de inteligencia retirada de la Fuerza Aérea. La misma oficial fue citada como fuente por el senador demócrata Edward Kennedy en un discurso pronunciado el 5 de marzo ante el Consejo de Relaciones Exteriores. Basado en información obtenida de esta "fuente de inteligencia", alegó Kennedy, "Lo que sucedió no fue meramente una falla de inteligencia, sino el resultado de la manipulación y tergiversación de la inteligencia, y el uso selectivo de inteligencia poco confiable para justificar una decisión de ir a la guerra".

Teorías reaccionarias de conjuras

La fuente de Hersh y Kennedy es la Teniente Coronel Karen Kwiatkowski. Luego de retirarse de su puesto de inteligencia en el Pentágono, Kwiatkowski concedió una entrevista a Executive Intelligence Review, una publicación del grupo fascista encabezado por Lyndon LaRouche, y escribió varios artículos publicados en el internet en los cuales alega la existencia de una conjura "neocon" en la administración Bush cuyo objetivo es tratar de "aprovechar todo el poderío de Estados Unidos para erigir una Sión más grande".

Este tipo de teorías sobre conjuras y conspiraciones son promovidas tanto por la ultraderecha, así como por sectores liberales de izquierda, estalinistas y otros radicales de clase media, desde la derecha representada por Patrick Buchanan y su revista The American Conservative y el sitio web buchananista, antiwar.com, hasta la izquierda representada por la revista liberal The Nation de Estados Unidos, y los periódicos Guardian y New Statesman del Reino Unido.

Esta campaña encuentra resonancia entre los que odian a los judíos y en sectores de las millonarias clases gobernantes estadounidenses y europeas y oficiales de sus fuerzas armadas que temen perder sus cargos y oportunidades de promoción a raíz de las políticas dirigidas por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld con el fin de transformar las fuerzas armadas norteamericanas en una fuerza más móvil y ligera para librar las guerras de Washington alrededor del mundo. También se hacen eco de esta campaña los restos de la burocracia estalinista todavía presentes entre los cuerpos de oficiales y organismos de "inteligencia" de Europa Oriental; capas inseguras de las clases medias y trabajadores de mejor posición económica que ahora se ven en aprietos debido a la crisis capitalista, y liberales y radicales pequeñoburgueses de todo el mundo influenciados por el estalinismo.

Las acusaciones de Kwiatkowski, los fascistas del grupo de LaRouche y otros, de que funcionarios en Washington quienes son judíos forman parte de una conspiración a favor de Israel no son más que una típica calumnia antisemita. Está relacionada con la denuncia de que existe una conjura o "cábala" promovida por el capital angloamericano, a menudo con la participación a la corona británica y desde la Revolución Rusa de octubre de 1917, también incluye a los bolcheviques.

Acusaciones anticomunistas

Una variante de los artículos publicados este último año sobre supuestas conspiraciones pretende vincular, por lo menos en cuanto a sus orígenes históricos, al líder bolchevique León Trotsky y los que trazan su continuidad política con el movimiento comunista que él luchó por construir a una "cábala judía neocon". Por ejemplo, el escritor liberal norteamericano Michael Lind, en un artículo publicado en el New Statesman en abril de 2003, afirma que la política exterior norteamericana se encuentra hoy bajo el control de una capa de "neoconservadores" quienes son "producto del mayoritariamente judío-americano movimiento trotskista de los años treinta y cuarenta, transformado en liberalismo anticomunista entre los años cincuenta y setenta, y finalmente en una especie de derecha militarista e imperial sin precedentes en la cultura e historia política de Estados Unidos".

Lind alega que este supuesto grupo forma parte de un "lobby de Israel" en Washington, cuya ideología es "la teoría de Trotsky de la revolución permanente mezclada con la versión de sionismo de ultraderecha del Likud", haciendo referencia al partido Likud de Israel. La diatriba liberal de Lind también fue publicada por el sitio web de tendencia pro Buchanan, antiwar.com.

Buchanan mismo, en un artículo publicado en el American Conservative del 24 de marzo de 2003, describe a los integrantes de lo que llama la primera generación de "neocons" como "ex liberales, socialistas y trotskistas...que se pasaron al Partido Republicano al final de la larga marcha del conservadurismo hacia el poder con Ronald Reagan en 1980".

Versiones de esta mezcla venenosa de odio antijudío y cacería de brujas antitrotskista han aparecido en el New York Times, la revista Foreign Affairs y varias otras publicaciones y sitios en el internet. Llevan títulos tales como: "¿Trotskycons?", "Los enlaces Bush-Trotsky: A ver cuántos son", "¿Ahora es culpa de Trotsky?", "Del trotskismo al anacronismo: la revolución neoconservadora", y "El fantasma de Trotsky deambula por la Casa Blanca".

Este tipo de calumnia contra Trotsky y el movimiento comunista, incluyendo el Partido Socialista de los Trabajadores en Estados Unidos, no es una novedad. Desde los inicios de la Revolución Bolchevique ha sido parte del arsenal anticomunista de la reacción imperialista, los socialdemócratas y posteriormente los estalinistas. Tales calumnias y argumentos reaccionarios aumentaran en frecuencia en la medida en que se agudizan la crisis capitalista y los conflictos entre las potencias imperialistas, incrementando la tensión entre las clases, la polarización política, la política del resentimiento, la restricción de derechos y la vulgarización del discurso político de la burguesía.

Contrario a lo que expresan las calumnias que hablan de "Trotskycons", lo cierto es que ninguna de las figuras destacadas de entre los llamados neoconservadores ha sido alguna vez miembro del Partido Socialista de los Trabajadores. Algunos cuantos de la generación más antigua -ninguno de los cuales ocupó alguna vez un cargo gubernamental- formaban parte del grupo juvenil de una organización dirigida por Max Shachtman en los años treinta y cuarenta. Shachtman y sus partidarios se escindieron del Partido Socialista de los Trabajadores en 1940, rompiendo con el marxismo. Al ir evolucionando políticamente, se disolvieron en el Partido Socialista en 1958 y aceleraron su curso al dar su respaldo al ala encabezada por Henry "Scoop" Jackson en el Partido Demócrata y ocupando puestos administrativos en los sindicatos de la AFL-CIO.

También vale la pena señalar que en el presente gobierno, los principales artífices de la política militar estadounidense son sobre todo Donald Rumsfeld y George Bush, desde las guerras imperialistas en Iraq y Afganistán, hasta las políticas de Washington con respecto a Israel. Ellos no son judíos y de hecho su trayectoria es tan convencional como lo podría ser la de cualquier otro político capitalista.


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