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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
junio de 2004 Vol. 28 No. 6

Especial

'Los obreros deben depender de su fuerza organizada'
Las huelgas fueron educando a los trabajadores sobre la sociedad de clases

POR FARRELL DOBBS

[Perspectiva Mundial está publicando por entregas el libro Poder Teamster, traducción de Teamster Power por Farell Dobbs. Este es el segundo en la serie de cuatro tomos sobre las huelgas y campañas de sindicalización, así como las luchas políticas que en la década de 1930 transformaron al sindicato de los Teamsters en Minnesota y a gran parte del movimiento obrero de la región del Medio Oeste de Estados Unidos en un combativo movimiento social. Dobbs, quien las narra, fue uno de sus principales dirigentes. El primer tomo, Rebelión Teamster, fue publicado por Pathfinder Press a principios de este año. A continuación publicamos el tercer capítulo del libro. Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright (c) 2004 por Pathfinder Press. Se publica con autorización.]

Capítulo III

Política de lucha de clases

Con el cambio en el liderazgo oficial, los esfuerzos por construir un ala izquierda cada vez más poderosa asumieron nuevas formas dentro del local. Ya no era cuestión de forjar un grupo amplio en torno a un programa militante en aras de desplazar a los maldirigentes que estaban en la cima de la organización. Al timón de la organización se hallaban ahora revolucionarios conscientes, y ellos gozaban de relaciones armoniosas con los miembros de filas. Tal como estaban las cosas ahora, el sindicato mismo se había convertido en una formación de ala izquierda tanto en el movimiento obrero local como en la IBT [Hermandad Internacional de Teamsters]. Esencialmente, las diferencias internas habían quedado reducidas a grados diversos de conciencia de clase. De esto se deducía que la siguiente tarea de importancia consistía en elevar el nivel de conciencia de la militancia en general en lo referente a las leyes de la lucha de clases.

Los trabajadores que carecen de una experiencia radical ingresan a los sindicatos empapados de conceptos falsos y de prejuicios que los gobernantes capitalistas les inculcan desde la infancia. Eso fue totalmente cierto de los miembros del Local 574. Ellos comenzaron a sacar lecciones de clases sólo en el transcurso de las luchas contra los patrones.

Sus experiencias huelguísticas les habían enseñado mucho. Las nociones de que los trabajadores tienen algo en común con los patrones las socavó la dura realidad. Comenzaron a desvanecerse las ilusiones de que los policías son "protectores del pueblo". Ante la vista quedó patente el papel del gobierno capitalista, según se manifestaba con sus métodos para regir mediante el engaño y la brutalidad. A la vez, habiendo salido victoriosos en su enfrentamiento organizado contra los patrones, los obreros fueron ganando confianza en su fuerza de clase.

Para intensificar el proceso de formación tan bien iniciado, la dirección del sindicato ahora empezaba un programa educacional. Se organizaron cursos de estudio abiertos a todos los miembros. El plan de estudios incluía economía, historia y política del movimiento obrero, oratoria, estrategia de huelga, y estructura y tácticas sindicales. Cuando resultaba práctico, los informes de los funcionarios ante las asambleas de miembros se presentaban con miras a hacerlos tanto instructivos como informativos en cuanto a los hechos. En el periódico del sindicato se publicaban artículos de carácter educativo. Los temas variaban, yendo desde análisis de problemas locales hasta información sobre sucesos y discusión de tópicos del movimiento obrero nacional e internacional.

Estos esfuerzos contrastaban de forma marcada con las políticas de los burocráticos funcionarios sindicales. Los burócratas no consideran al movimiento sindical como un instrumento combativo dedicado únicamente a servir los intereses de los trabajadores, más bien tienden a ver los sindicatos como una base sobre la cual edificar sus carreras personales como "estadistas obreros".

Tales ambiciones los hacen que busquen relaciones de colaboración con la clase gobernante. Con ese fin, los burócratas razonan que, como son los patrones quienes proporcionan empleos, entonces el trabajo y el capital tienen intereses comunes. Sostienen que los explotadores del trabajo deben obtener ganancias "justas" a fin de poder pagar salarios "justos". A los trabajadores se les dice que deben adoptar una actitud "responsable" de modo que los patrones perciban a los sindicatos como una parte necesaria de sus negocios. En todos los aspectos a la clase dominante se le concede una enorme ventaja en relación con las filas sindicales.

Al llevar a cabo su línea de colaboración de clases, los burócratas sindicales ejercen un estricto control sobre las negociaciones con los patrones. Procuran evitar huelgas en torno a convenios de trabajo siempre que sea posible. Cuando se produce un paro, por lo general no dejan escapar la primera oportunidad que se les presenta de lograr una resolución.

Una vez se ha firmado un contrato con un patrón, dan por terminadas todas las hostilidades. Los intentos de los miembros de tomar una acción directa cuando se cree necesario para hacer cumplir el convenio se declaran "sin autorización" y una violación de "pactos solemnes". En realidad, los burócratas a menudo se confabulan con los patrones para tomar represalias contra trabajadores rebeldes.

El liderazgo del Local 574 repudió tajantemente la fracasada línea de los colaboracionistas de clase. A los miembros se les enseñaba que no puede haber tal cosa como una paz de clases equitativa. En el capitalismo predomina la ley de la selva. Si para defender sus intereses los trabajadores no luchan como clase, los patrones los van a timar. Reflejando tales conceptos, el preámbulo de los nuevos estatutos aprobados por el local establecía:

"La clase trabajadora, cuya vida depende de la venta de su trabajo, y la clase patronal, que vive del trabajo de los demás, se enfrentan en el terreno de la industria compitiendo por la riqueza creada por quienes trabajan. La vida de los patrones la rige el afán de ganancias. Dentro del sistema de salarios, los bajos salarios, las largas horas, la aceleración del ritmo de trabajo, son armas en manos del patrón. Procurando siempre una porción más grande de la riqueza creada por su trabajo, el trabajador debe depender de su fuerza organizada. Al programa de los patrones hay que oponer una política militante respaldada por la acción unificada.

"En el pasado, los sindicatos no han sabido cumplir con su deber histórico. Las masas de trabajadores no están sindicalizadas. Hace mucho ya que la forma artesanal ha sido desplazada por la gigantesca expansión capitalista. Los sindicatos industriales son la orden del día.

"Es derecho natural de todo el trabajo poseer y gozar de la riqueza que ha creado. Organizados por industrias y preparados para la agotadora lucha cotidiana es como los trabajadores, como clase, pueden conquistar logros duraderos".

Como se sostiene en estos puntos de vista planteados en el preámbulo, no se acariciaban ideas reaccionarias sobre relaciones de clases estables en la industria del camionaje. Se procuraba únicamente la estabilidad del propio Local 574, de modo que se pudieran satisfacer mejor las necesidades de la militancia. Las relaciones con los patrones se moldeaban según las realidades de la lucha de clases. Los conceptos que esto suponía los ilustraba el enfoque del sindicato hacia la cuestión de los convenios de trabajo con las empresas del camionaje.

Se reconocía que los contratos entre los sindicatos y los patrones sólo sirven para reflejar la correlación de fuerzas de clase en una coyuntura dada. Dicho de forma más precisa: los contratos no son más que un registro de las promesas que se les han arrancado a los patrones. Si un sindicato es dirigido de forma deficiente, los patrones van a violar sus promesas, a socavar el contrato en la práctica diaria y a poner a los obreros a la defensiva. A la inversa, un sindicato que se dirija como se debe ha de procurar que el contrato se cumpla al pie de la letra. Propondrá también -en la medida que resulte práctico- ir más allá de los términos formales del acuerdo a fin de establecer condiciones que resulten en cláusulas escritas mejoradas a la hora de renovar el contrato. En cada caso, o los sindicatos presionan para lograr una mayor mejora en la situación de los trabajadores, o los patrones logran concentrarse en esfuerzos tendientes a anular los logros obtenidos por los trabajadores.

Otro asunto relacionado con estas condiciones básicas es el lapso en que los convenios de trabajo han de estar vigentes. Los funcionarios sindicales colaboracionistas de clase -que ansían que las relaciones obrero-patronales sean estables- favorecen convenios a largo plazo. Ellos quieren mantener a la militancia encerrada en una situación en que un estado de cosas determinado dure el mayor tiempo posible. Por su parte, los dirigentes sindicales militantes prefieren convenios que duren relativamente poco tiempo, de manera que se puedan registrar conquistas para la militancia con más frecuencia.

En el caso del Local 574, la práctica general consistió en limitar los convenios a un periodo de un año. Esto se aplicó no sólo a la negociación de los términos de renovación cuando más adelante venció la resolución de la huelga de agosto de 1934, sino también al firmar contratos con compañías cuyos empleados recién se habían sindicalizado.

En lo que respecta a hacer que los patrones guarden sus promesas, el manejo de las quejas es vital. También aquí las políticas colaboracionistas de clase son una trampa para los trabajadores. Los burócratas sindicales son rápidos para incluir en los contratos una promesa de no salir a huelga y para que los reclamos se remitan al proceso de arbitraje. Los trabajadores pierden porque las juntas de arbitraje están cargadas en su contra, los "imparciales" miembros de las juntas invariablemente son "neutrales" del lado de los patrones. Además, los patrones quedan en libertad de violar los convenios de trabajo a voluntad, ya que las quejas se van acumulando detrás del dique de arbitraje.

Así por el estilo, cuando el gobierno capitalista proclama una "emergencia nacional", los funcionarios sindicales conservadores son propensos a hacer una promesa general de no salir a huelga. Lo hacen por decreto burocrático, sin que los trabajadores de filas tengan voz en la decisión. Tal condición de "estadistas obreros" equivale a proclamar una "tregua" total entre los trabajadores y los patrones. En realidad no se produce tregua alguna. Los capitalistas simplemente usan su gobierno para atacar al movimiento sindical bajo el pretexto de una "emergencia nacional", y a los trabajadores -privados en tal situación del arma de la huelga- les dan por el cuello.

Un acontecimiento ocurrido el otoño de 1934 implicó justo esta cuestión. En nombre de la "recuperación nacional", el presidente Franklin D. Roosevelt pidió al movimiento sindical que renunciara a su derecho a la huelga. En lo referente a disputas con los patrones, dijo, los sindicatos debían aceptar las decisiones de las juntas gubernamentales con carácter final y obligatorio. William Green, presidente de la Federación Americana del Trabajo (AFL), no vaciló en secundar la propuesta de Roosevelt y llamó al movimiento sindical a llevarla a la práctica. El Local 574 respondió tanto a Roosevelt como a Green a través de un editorial en The Organizer [El organizador]:

"Los trabajadores no pueden ni van a entregar el arma de la huelga. En el pasado, los trabajadores no han recibido ningún beneficio real de las juntas gubernamentales ni de las autoridades constituidas. Lo que los trabajadores han obtenido en cuanto a reconocimiento sindical, incrementos salariales y mejoras en la condiciones laborales, se ha logrado a pesar de tales juntas . . . La huelga es el arma que los patrones respetan . . . El que haya o no un periodo de paz en la industria depende de la respuesta que los patrones den a nuestras demandas". (Énfasis en el original)

Dicha postura no significaba que el Local 574 convocara huelgas a la ligera. Estas luchas siempre conllevan apuros para los trabajadores. Si el sindicato procediera campante de un paro a otro, sin considerar cuidadosamente todos los factores que la situación implica, fácilmente podría desgastar sus fuerzas combativas. Lo importante es que el sindicato esté listo y pueda emprender una acción huelguística cuando sea necesario. En realidad, hay ocasiones en que la disposición misma de usar el arma de la huelga puede hacer que su uso sea innecesario.

La retención del derecho incondicional a la huelga y la disposición de usar tal arma fueron factores centrales para que el sindicato hiciera cumplir el acuerdo de 1934 con las empresas del camionaje. Los intentos de los patrones de imponer el arbitraje sobre las quejas de los trabajadores se dejaban de lado. Los términos del acuerdo se debían cumplir a plenitud y al instante, de lo contrario. . .

Al llevar a cabo esta política, la dirección del sindicato no simplemente se quedaba aguardando a que alguno que otro miembro presentara una queja. A todos los trabajadores se les instaba a exigir todos sus derechos en el trabajo, a protestar cualquier denegación de esos derechos y a solidarizarse con un compañero de trabajo que enfrentara dificultades. Con ese objetivo, cuando se revisaron los estatutos, se incluyó una cláusula inusual. Los nuevos miembros que ingresaban al sindicato debían asumir la siguiente obligación:

"Yo, solemne y sinceramente, doy mi palabra y comprometo mi honor de que seré verdaderamente leal al Local 574 y a todo el movimiento obrero sindicalizado. Obedeceré las normas y reglamentos de mi sindicato. Reclamaré todos mis derechos en el trabajo según el convenio sindical bajo el que esté trabajando. No actuaré como esquirol contra mis compañeros trabajadores de ninguna industria u oficio, y en caso de una huelga de mi sindicato o de cualquier sindicato legítimo, haré todo lo que esté en mi poder para contribuir a la victoria de los trabajadores en huelga".

A la anterior obligación se le añadió algo importante: cuando se convocaba a una reunión para abordar quejas planteadas contra un patrón, los nuevos estatutos hacían obligatoria la asistencia de todos los miembros del sindicato que trabajaban en la compañía implicada.

Si bien estas cláusulas eran muy importantes, servían principalmente como medio de educar a los miembros sobre los principios sindicales básicos. Las obligaciones y reglas formales no podían por sí solas crear el dinamismo necesario para que dichos principios se aplicaran en la práctica diaria. Con ese propósito, las cualidades combativas del Local 574 de nuevo se tuvieron que demostrar en la situación cambiada, después que se resolvió la huelga de julio-agosto. Rápidamente las compañías del camionaje facilitaron una oportunidad de hacerlo.

Resistiendo ajustarse ante la nueva presencia sindical dentro de la industria, los patrones trataron diversas formas de proceder como si nada hubiese cambiado. Se comenzaron a acumular las quejas que implicaban discriminación contra los miembros del sindicato. Teóricamente, bajo los términos del acuerdo de agosto, esos asuntos los debía tratar la Junta Laboral de Roosevelt, pero ese organismo jamás hizo nada.

Por tanto, se advirtió que si la junta no cumplía las funciones acordadas, eso llevaría a la acción directa por parte del sindicato. No atendieron la advertencia. Se declaró entonces la huelga contra unas cuantas compañías -las culpables de las violaciones más flagrantes- y éstas se vieron obligadas a resolver todos las quejas. Toda la industria entendió el mensaje. Después de eso, sólo se requirió de acciones huelguísticas esporádicas para hacer que se cumplieran los convenios de trabajo.

No sólo era cuestión de escarmentar a los patrones. Al mismo tiempo, todos los miembros del sindicato recibían de forma dramática una garantía de que sus quejas iban a ser atendidas con seriedad. También se demostraba que los representantes sindicales en el centro de trabajo serían respaldados por toda la fuerza sindical. Así se iba forjando la unidad de acción entre la junta ejecutiva, el plantel organizativo, los representantes sindicales y los miembros de filas para meter a los patrones en cintura.

El local se encaminaba hacia el establecimiento del control sindical en el trabajo. Además, iba a ser el tipo de control que siempre procurara ayudar a los obreros, jamás perjudicarlos.

Estas características progresistas emanaban de la ideología de lucha de clases que ahora predominaba dentro del Local 574. Había variaciones, por supuesto, en el grado en que dicha ideología la comprendían los distintos niveles que había entre la militancia. Entre los sectores más amplios, la conciencia de clase se desarrollaba sólo en las formas más elementales. Se empezaba a adquirir conciencia de los antagonismos básicos a partir de intereses de clases opuestos entre el trabajo y el capital. En general se percibía la necesidad de la unidad de la clase trabajadora, como también se percibía la necesidad del uso de la fuerza del sindicato en una defensa agresiva de los intereses obreros.

Gracias a sus experiencias en la lucha de clases, una capa más restringida pero significativa de miembros estaba aprendiendo lecciones políticas. Estos trabajadores estaban comenzando a entender algunas de las causas de los antagonismos de clases entre el trabajo y el capital. Percibían cada vez mejor el papel de clase que jugaba el gobierno de los patrones. En sus conciencias fue aumentando la comprensión de que, dentro del capitalismo, el conflicto de clases era un proceso interminable y complejo.

Algunos de los trabajadores más avanzados gradualmente desarrollaron su pensamiento hasta el punto de que se volvieron receptivos a las ideas socialistas-revolucionarias. Como resultado, se reclutaban uno o dos a la vez al partido trotskista, llamado entonces Liga Comunista.

En el partido revolucionario -que representa la forma más elevada de conciencia de clase dentro del movimiento obrero- estos trabajadores avanzaron más aún en su comprensión de la lucha de clases. Aprendieron la necesidad de que la clase obrera y sus aliados se orientaran hacia una lucha por el poder estatal. Les fue quedando claro que ninguno de sus problemas básicos podría ser resuelto de forma definitiva a menos que el capitalismo fuera abolido y se reorganizara la sociedad bajo un sistema socialista culto. También comenzaron a aprender sobre el programa, la estrategia y las tácticas requeridos para lograr ese objetivo revolucionario.

De paso hay que señalar que la lealtad a un programa no siempre conduce automáticamente a aceptar en su totalidad las responsabilidades organizativas que ello implica. Hay casos de negligencias organizativas en las que van a incurrir individuos que por lo demás son leales. Aun así, no obstante esa debilidad, seguirán siendo capaces de hacer importantes aportes al movimiento. Un liderazgo astuto tendrá en mente este último factor y se esforzará por involucrar a tales individuos en la actividad hasta donde sea posible. Dos ejemplos del Local 574 han de ilustrar este punto: fueron los casos de Bill Abar, un miembro de filas, y el de Bill Brown, presidente del local.

Abar era un ejército de un solo hombre en las líneas de piquetes, pero mostraba poco o casi ningún interés en los asuntos sindicales de rutina. En una situación de huelga, de seguro que iba a estar en primera fila en las asambleas de miembros, deseoso de entrar en acción. Sin embargo, en otras ocasiones con harta frecuencia se mantenía ausente de las reuniones y, de forma correspondiente, delinquía en el pago de sus cuotas sindicales. Aunque estas negligencias eran lamentables, en el caso de Abar se consideraban como algo secundario. El plantel del sindicato solía hacer colectas voluntarias para asegurar que sus obligaciones de cuotas se cubrían. Eso se hacía por respeto a sus cualidades como luchador y por la confianza que se le podía tener al ocurrir una huelga.

Brown, por su parte, era totalmente activo en el sindicato. Sus defectos a nivel organizativo se hallaban en un terreno distinto. Él se consideraba un trotskista leal, y políticamente lo era. Sin embargo, por sus propias razones, en realidad no se unió al partido trotskista, ni ofreció ayuda organizativa directa para forjarlo. Si bien esto implicaba -de considerarse de manera formal- que se le debía excluir de las reuniones de los miembros del partido dentro del Local 574, no se hizo así. Se le invitaba a participar siempre que se iban a discutir asuntos importantes relacionados con la política sindical.

Hubo varias razones para proceder así. Como partidario leal de la política de lucha de clases del partido dentro del sindicato, Brown se había ganado el derecho a tal respeto y confianza. Por su parte, él correspondía el gesto haciendo importantes aportes en las discusiones sobre cuestiones de la política a seguir. Al mismo tiempo, tales discusiones colectivas ampliaban su forma de pensar más allá del marco común, más limitado, de las deliberaciones sindicales formales. Esto le permitía actuar de forma más eficaz para ayudar a alcanzar los objetivos del liderazgo sindical.

Entre los trotskistas del Local 574 las discusiones sobre la política a seguir eran esenciales para su funcionamiento como fracción organizada del partido. Dentro de la fracción, los camaradas del partido tenían igualdad de voz y voto, lo cual se aplicaba fueran miembros de filas, representantes sindicales en el trabajo, organizadores, o funcionarios electos del sindicato. Este procedimiento emanaba de los objetivos comunes que tenían como militantes políticamente concientes. En general, todos procuraban impulsar perspectivas de lucha de clases entre los trabajadores y contribuir a llevar dichas perspectivas al plano de la acción. En lo referente a las diferencias en la condición formal dentro del sindicato, estas dependían principalmente de la forma en que cada camarada en particular contribuía al esfuerzo único.

Las fracciones de ese tipo funcionaban como una subdivisión de una rama de militancia general que abarcaba a todos los camaradas del partido en la ciudad. La rama incluía obreros de diversos sindicatos, así como a estudiantes e intelectuales. A través de su relación colectiva -enfocada en la actividad política y la educación socialista- a todos se les ayudaba a ampliar y profundizar su conciencia revolucionaria. A este proceso ayudó la literatura del partido distribuida a nivel nacional, especialmente el semanario trotskista The Militant.

Los miembros envueltos en actividades de la lucha de clases siempre tuvieron a su disposición la orientación y ayuda directas de la dirección nacional del partido. Esto fue ricamente demostrado durante la etapa crítica de julio-agosto de la lucha del Local 574 contra los patrones del camionaje. Los más altos dirigentes del partido llegaron a Minneapolis para brindar ayuda en la escena al sindicato enfrascado en la batalla. Su apoyo no sólo consistió en dar consejos políticos valiosos a los dirigentes del sindicato que estaban envueltos en una lucha compleja. Llevaron también consigo especialistas para que ayudaran en cosas tan vitales como la publicación de The Organizer, la movilización de apoyo entre los desocupados y el manejo de problemas legales.

A través de la totalidad de sus esfuerzos para reforzar la lucha de los trabajadores, el partido fue captando nuevos miembros de forma regular. Sus logros dentro del Local 574 eran sólo parte de ese desarrollo. Las pautas más amplias del crecimiento del partido se reflejaron en las estadísticas de la rama de Minneapolis. En 1933 la rama tenía alrededor de 40 miembros y simpatizantes cercanos, a finales de 1934 la cifra era más del doble, llegando a unos 100.

También se estaban logrando avances a nivel nacional, tal como lo simbolizó un acontecimiento particularmente significativo. A fines de 1934, la Liga Comunista se fusionó con el Partido Americano de los Trabajadores (American Workers Party--AWP) creando una nueva organización llamada Partido de los Trabajadores de Estados Unidos (Workers Party of the United States--WPUS). La fusión se basó en la aceptación mutua del programa trotskista esencial.

Dentro del AWP había revolucionarios que habían dirigido una huelga de trabajadores automotrices en la planta Electric Auto-Lite en Toledo, Ohio. Su lucha era comparable a las huelgas de Minneapolis tanto por su militancia como por su importancia nacional. Ahora estos dirigentes de trabajadores revolucionarios de Toledo y Minneapolis se habían unido en un mismo partido. Eso era un buen presagio para el movimiento trotskista conforme entraba al año de 1935 en la forma de Partido de los Trabajadores.


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