
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR abril de 2004 Vol. 28 No. 4
Editorial Pathfinder
'La Revolución Cubana debe ser entendida en EE.UU. para emularla'
Presidenta de Pathfinder habla en lanzamiento de 'Aldabonazo' en La Habana
POR MARY-ALICE WATERS
A continuación publicamos la presentación de Mary-Alice Waters ante las 150
personas que asistieron a la presentación de Aldabonazo: en la clandestinidad
revolucionaria cubana, 1952-58 por Armando Hart, organizada como parte de la
XIII Feria Internacional del Libro en La Habana, Cuba. Waters, quien estuvo a
cargo de la edición del libro y fue la autora del prefacio, es la presidenta de
la editorial Pathfinder.
El lanzamiento de la nueva edición de Pathfinder se realizó el domingo 15
de febrero, el último día de la feria del libro, en la sala Nicolás Guillén.
Posteriormente el libro fue también presentado en otras dos reuniones
públicas, una en la Universidad Politécnica de La Habana y la otra en el
centro nacional de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ver
artículo en la página 16). Copyright (c) 2004 por Pathfinder Press. Se
reproduce con autorización.
Primero, gracias a todos esta tarda por la oportunidad de estar con ustedes
al celebrar la publicación tanto en inglés como en español de esta nueva
edición de Aldabonazo.
Ante todo, a nombre de la editorial Pathfinder, quisiera expresar nuestro
profundo agradecimiento al compañero Hart y a Eloísa Carreras por las horas de
trabajo y la energía que cada uno de ellos dedicó a colaborar con nosotros
para producir esta valiosísima edición que pone a la disposición de una gama
nueva y más amplia -y en inglés, muy diferente-- de lectores otro aspecto más
de la historia y de las nutridas lecciones políticas de la Revolución Cubana.
Voy a comenzar con una confesión. Hace cuatro años, cuando por primera vez
conversamos con el compañero Hart sobre este proyecto, le dijimos que no
podíamos publicar un libro de más de 150 ó 200 páginas, y le pedimos que
propusiera alguna forma de reducir el texto para mantenerse dentro de ese
límite. Siendo un experimentado táctico político, puso reparos y dijo,
"Ustedes son mejores jueces que yo de lo que es útil en este libro".
Se dispuso a considerar toda sugerencia que hiciéramos.
El resultado es el libro que tenemos aquí hoy: con unas 400 páginas. Y eso
no cuenta las otras 28 páginas de fotos magníficas que dan vida a los sucesos
que aquí se relatan, aún para los jóvenes trabajadores y estudiantes en
Norteamérica que nunca han estado en Cuba y que no conocen casi nada de su
historia. No es porque no hayamos tratado de hacer algunos cortes. Como podrá
confirmarlo Armando, sí tratamos. Pero, cuando nos pusimos a estudiar y
asimilar no solo la narrativa, sino el caudal de documentos en torno al cual se
construyó Aldabonazo, nos dimos cuenta que cada vez que contemplamos eliminar
uno u otro documento, o parte de un documento, estaríamos cortando parte del
músculo, haciendo que las lecciones políticas se desarrollaran de forma menos
clara, menos comprensible, menos rica, menos útil hoy para aquellos que -a
diferencia de muchos de ustedes que están aquí presentes- no vivimos esta
historia de hora en hora, poniendo a riesgo la vida.
Pathfinder no es una editorial de libros de historia, por más necesarias que
sean esas obras. Publicamos las herramientas, las armas, que el pueblo
trabajador en Estados Unidos -y en otras partes del mundo-necesita para armarnos
políticamente para las batallas de clases que vemos acercarse en los primeros
años del siglo 21, batallas que decidirán el futuro, y hasta la supervivencia
de la humanidad. Sabemos que no luchamos solos, pero también sabemos que las
batallas más duras van a darse en entrañas del monstruo.
Lo que necesitamos es la verdad, con todas sus contradicciones y
complejidades. Necesitamos acceso a nuestra historia revolucionaria -con sus
pelos y verrugas- según la relatan los dirigentes que, desde adentro, saben
cómo se tomó cada decisión, cómo se sopesó cada acción. La Revolución
Cubana nunca será copiada. Pero los que buscamos emular su trayectoria tenemos
que comprenderla a fondo. Es lo que Aldabonazo intenta transmitir: esa trama de
la historia, como dice Armando. Todo esto explica por qué lo hemos publicado, y
para quién lo hemos publicado.
Para nosotros, la importancia de este libro radica en lo que ya está
sucediendo en Estados Unidos y -sobre todo- en lo que viene. La fuerza motriz de
la política exterior norteamericana no es la irracionalidad, según argumentan
algunos. Tanto en su proteccionismo y en las ofensivas comerciales cada vez más
agresivas que libran bajo la bandera del libre comercio, como en las guerras de
conquista imperial que libran en nombre de combatir el terrorismo, se ven
impulsados por algo mucho más mortífero: las insaciables demandas del propio
capitalismo. Las condiciones económicas y sociales que definen la realidad
internacional se parecen cada vez más a las burbujas financieras
sobrecalentadas, al estancamiento capitalista subyacente, a los crecientes
conflictos comerciales y ofensivas imperialistas que culminaron con la Gran
Depresión y las luchas de los años 30, y la segunda matanza imperialista
mundial del siglo 20.
Todos podemos ver con cierta claridad lo que los gobernantes de Estados
Unidos están haciendo en Afganistán y en su base naval de la Bahía de
Guantánamo, en Iraq y en Corea, en sus bases de avanzada en Europa central, a
lo largo de la Ruta de Seda en Asia central, con su escalada militar en
Colombia, a las puertas de Venezuela.
Sin embargo, para los que viven fuera de Estados Unidos -y fuera de la clase
trabajadora de Estados Unidos- es más difícil ver concretamente las
consecuencias de exactamente la misma política dentro de ese país. Pero el
hecho que recalcó Lenin, de que la política exterior es una extensión de la
política nacional, es tan cierto hoy como en el momento en que lo dijo. La
ofensiva brutal de los patrones y su gobierno -contra los derechos, las
condiciones de trabajo y el nivel de vida del pueblo trabajador en Estados
Unidos- comenzó mucho antes de la elección de George W. Bush o del 11 de
septiembre. Esta ofensiva se ve impulsada por su necesidad desesperada de
aumentar su tasa de ganancia lo suficiente como para estabilizar el dólar
sobreinflado con la esperanza fútil de aplazar el creciente conflicto
interimperialista. Esta es la dinámica que se ha acelerado durante los últimos
dos años, y que ha estado produciendo una resistencia de un carácter nuevo.
Muchos de ustedes sabe de la huelga de unos 70 mil trabajadores en las
gigantescas cadenas de supermercados de California del Sur, quienes están
luchando por mantener el escaso seguro médico que actualmente tienen. Menos
conocidas, pero tal vez aún más notables, son numerosas otras luchas recias,
como la huelga contra la compañía Point Blank en Miami, un taller
sindicalizado de confección de ropa que fabrica chalecos a prueba de balas para
contratos con la policía y las fuerzas militares. Con guerra o sin guerra, y
poniendo a un lado todos los llamamientos al nacionalismo imperialista, la
fuerza laboral de Point Blank -mayormente inmigrantes de todo el Caribe y
Latinoamérica, incluyendo cubanos, algunos de ellos recién llegados-está en
las calles, impulsada por condiciones de trabajo tales como el límite impuesto
por el patrón de un solo vaso de agua por día para cada trabajador a fin de
reducir el tiempo "perdido" por los recesos para ir al baño.
O la campaña de sindicalización que libran 75 mineros del carbón en el
estado occidental de Utah, casi todos inmigrantes indocumentados del estado
mexicano de Sinaloa, cuyos dirigentes tienen veintitantos años, quienes
finalmente dijeron "basta". Decidieron luchar, rechazando el peligro
de trabajar con equipo defectuoso, en pozos con una sola salida, inundados de
agua, para lo cual les pagaban entre la tercera y la cuarta parte de los que
ganaban otros mineros en la región. Hoy día están enfrascados en una batalla
que tiene el apoyo no solo del sindicato minero -uno de los sindicatos que
tienen una larga tradición combativa- sino de amplios sectores del movimiento
obrero, de estudiantes, iglesias y organizaciones por los derechos de los
inmigrantes, y que se está convirtiendo en una lucha social por toda la
región, con un impacto de alcance nacional.
Son estas fuerzas, que con cada vez mayor frecuencia, se encuentran en
batallas recias como éstas, para las cuales se publican libros como Aldabonazo.
Son ellos cuyas luchas los llevan a buscar las experiencias de otros que
lucharon y vencieron. Ellos comienzan a rechazar las mentiras de los patrones y
los intentos de prejuzgarlos en contra del ejemplo de la Revolución Cubana.
Y es para trabajadores y agricultores como éstos que Pathfinder -con la
ayuda de Armando, Eloísa y otros que reclutaron a la causa- se empeñó en
hacer que este relato fuera lo más accesible para los que puedan conocer poco
de la historia revolucionaria de Cuba: al preparar una cronología que traza la
historia desde el Grito de Yara al inicio de las guerras de independencia hasta
el nombramiento de Fidel como primer ministro en el primer gobierno de
trabajadores y campesinos en este hemisferio; así como un glosario de más de
200 entradas que proporcionan datos cruciales para los lectores nuevos. Y
además del prólogo escrito por Roberto Fernández Retamar para la primera
impresión aquí en Cuba hace más de seis años, Eliades Acosta preparó un
excelente prólogo nuevo para la edición norteamericana, por los cuales
aprovechamos la oportunidad de expresar nuestra gratitud y aprecio.
La publicación de la edición norteamericana de Aldabonazo es muy oportuna
por una segunda razón también. Desmiente uno de los mitos más persistentes de
la izquierda liberal en Estados Unidos, un mito que ha recibido nuevo maquillaje
con la publicación de unas recién completadas tesis doctorales. Según esta
mitología, hubo profundas diferencias políticas entre los hombres y mujeres
formados como cuadros del Ejército Rebelde en la Sierra, y los que dirigieron
las fuerzas del 26 de Julio en la lucha clandestina en las ciudades y los
pueblos. Si el llano hubiera prevalecido sobre la sierra en el último año
decisivo de la guerra revolucionaria, plantean, la Revolución Cubana habría
sido burguesa democrática -orientándose naturalmente hacia Washington como
modelo de emulación y como liderazgo- en vez de ser el inicio de la revolución
socialista en las Américas.
La extensa documentación sobre la cual se basa Aldabonazo ofrece amplias
pruebas de lo contrario. Ilustra, según escribe el compañero Hart, "el
carácter social, profundamente radical, que desde los años forjadores tenía
la revolución." Es "la prueba de que marchábamos a un enfrentamiento
con el imperialismo, y de que la idea de la revolución social había penetrado
en los combatientes del 26 de Julio de forma radical".
Ofrece pruebas impresionantes de las capacidades directivas que demostró
Fidel al forjar la fuerza unificada de cuadros cada vez más homogéneos,
transformados por sus propias experiencias a medida que lucharon para sentar las
bases de una transformación social cuyo perfil general ya se podía divisar
aún en las primeras declaraciones y en los primeros sueños.
Dejos de ser una contraposición, según escribe Faustino Pérez en una carta
a Armando, con fecha de octubre de 1958, que se incluye en este libro. "La
sierra es salvadora. Ha salvado a la revolución de ser aniquilada y salva a los
espíritus enfermos de la muerte.... desintoxica, estimula, recupera y
vivifica".
En el último capítulo de Aldabonazo, el compañero Hart relata la historia
de la reacción del coronel Barquín, encarcelado allá en la Prisión Modelo,
cuando todos se enteraron de la exitosa invasión que llevaron a cabo las
columnas dirigidas por Che y Camilo. Cuando Barquín insistió en que "No
es posible que esto sea así, porque militarmente ello no es factible", un
compañero le contestó, "Coronel, lo hicieron porque no sabían que era
imposible".
Este es el ejemplo por el cual Washington jamás ha perdonado, y jamás
perdonará, al pueblo de Cuba. Es la inevitabilidad de toparse con la
resistencia de millones --millones que aún "no saben que es
imposible"-lo que siempre les ha infundido el temor a los gobernantes
norteamericanos de invadir a Cuba. Es la dignidad inquebrantable y la fibra
revolucionaria de Gerardo, Ramón, René, Fernando y Antonio -y el ejemplo que
dan a los jóvenes militantes en Norteamérica a ser emulado. Es la confianza
política y valentía que la Revolución Cubana sigue brindando a los que están
en las primeras filas de luchas revolucionarias en todas partes.
Es nuestra razón para publicar esta nueva edición de Aldabonazo.
Es nuestra razón para agradecerles de que se haya podido realizar este acto.
Gracias, muchas gracias.
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