Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

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Mineros en Utah rechazan treta patronal

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Introducción a libro 'Fuerza Teamster' por Farrell Dobbs

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Fuerza de EE.UU. y Francia extienden ocupación de Haití

EDITORIAL PATHFINDER

Presentación de Mary-Alice Waters en lanzamiento de 'Aldabonazo' en La Habana


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
abril de 2004 Vol. 28 No. 4

Editorial Pathfinder

Orígenes de la 'Fuerza Teamster'
Segundo libro de Farrell Dobbs en serie sobre lecciones de luchas obreras de los 30

POR FARRELL DOBBS

[A partir de este número, Perspectiva Mundial publicará por entregas el libro Poder Teamster, traducción de Teamster Power por Farell Dobbs. Es el segundo en la serie de cuatro tomos sobre las huelgas y las campañas de sindicalización, así como las luchas políticas que transformaron al sindicato de los Teamsters en Minnesota y gran parte del movimiento obrero de la región del Medio Oeste de Estados Unidos en un combativo movimiento social, relatada por uno de los principales dirigentes de esa batalla. El primer tomo, Rebelión Teamster, fue publicado por Pathfinder Press a principios de este año. A continuación publicamos como primera entrega la introducción del libro. Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright (c) 2004 por Pathfinder Press. Se publica con autorización.]

El sindicato Teamster es la organización sindical más grande y probablemente la más fuerte en Estados Unidos. ¿Cómo adquirió esa fuerza? Ese es el tema central de este libro.

El auge de los choferes de camión empezó a comienzos de la década de 1930. Durante 1934, trabajadores por todo el país se vieron estremecidos por una serie de dramáticas huelgas en Minneapolis, Minnesota. Esta lucha despertó atención a nivel nacional debido a sus rasgos únicos, aún cuando sólo se trataba de un solo local sindical. El sindicato era el Local 574 del Sindicato General de Choferes de la Hermandad Internacional de Teamsters, afiliado a la Federación Americana del Trabajo (AFL).

En un libro previo (Rebelión Teamster) he escrito un relato extenso de las huelgas de 1934 en Minneapolis. La siguiente sinopsis de la historia sencillamente tiene como fin familiarizar al lector con los antecedentes de los sucesos descritos en el presente tomo.

Al igual que otras unidades de la AFL, hacía mucho que el Local 574 se caracterizaba por políticas conservadoras y por una obsoleta estructura sindical de oficios que abarcaba a pocos miembros. Sin embargo, para 1934 estaba atrayendo a sectores amplios de trabajadores hacia una lucha militante contra los patrones del camionaje en general de la ciudad. El cambio resultaba de una transformación interna que venía experimentando el sindicato en medio del fragor de la batalla. Gradualmente iba tomando control un liderazgo nuevo, militante, que demostraba su competencia ante los ojos de los miembros de filas que querían utilizar la fuerza del sindicato en defensa de sus intereses de clase.

Por todo el país la militancia sindical iba en ascenso ante las presiones de una depresión económica severa. Millones y millones estaban desempleados a nivel nacional. Los trabajadores lo suficientemente afortunados de tener empleo tenían que arreglárselas como podían al recibir lo que usualmente eran salarios de hambre. En Minneapolis, las compañías de camionaje pagaban sueldos tan bajos de hasta 10 dólares, rara vez superando 18 dólares, por una semana laboral que oscilaba entre las 54 y las 90 horas. No era inusual que los trabajadores empleados necesitaran asistencia pública suplementaria para poder sostener a una familia. Bajo tales condiciones, los trabajadores fuertemente deseaban una mejora y estaban dispuestos a luchar para hacerla realidad.

Políticamente ese estado de ánimo se expresó en Minnesota mediante un creciente apoyo hacia el Partido de los Agricultores y Trabajadores (FLP), un movimiento a nivel estatal basado en una alianza de sindicatos y organizaciones de agricultores. En cuanto a política nacional el FLP tendía a apoyar las políticas del "Nuevo Trato" del presidente demócrata Franklin D. Roosevelt. Sin embargo, en el estado contendía por cargos públicos tanto con demócratas como con republicanos. Su fuerza política se reflejó en 1930 y de nuevo en 1932 con la elección de Floyd B. Olson, candidato del FLP, como gobernador.

Si bien Olson intentaba proyectar una imagen pro sindical, su objetivo básico era impulsar su carrera política personal. Por eso actuaba de forma calculada para asegurar a la clase dominante que podía confiar en que él se apegaría a las reglas de juego capitalistas en el ejercicio de la autoridad gubernamental. Como resultado, su desempeño en el cargo público distaba mucho de los anhelos y expectativas de los trabajadores que lo habían elegido.

Paralelamente a su apoyo político del FLP, los trabajadores estaban listos a unirse a sindicatos para luchar por mejoras salariales y de condiciones laborales. Para tal objetivo, en Minneapolis se disponía de sólo un reducido movimiento de la AFL que consistía de unos cuantos locales sindicales, organizaciones que apenas contaban con una estructura mínima. Todas eran formaciones de oficios, restringidas esencialmente a trabajadores cualificados o semicualificados.

Una cúpula conservadora se sentaba a horcajadas sobre dicho arreglo, e intentaba lograr el favor de los patrones mediante una colaboración "como de estadistas" con ellos. Esta se enfocaba en esfuerzos destinados a crear oportunidades especiales de empleo para categorías de trabajo relativamente privilegiadas. Con ese fin unas cuantas compañías habían sido engatusadas para contratar sólo a miembros de la AFL; a cambio, a esas firmas se les prometía la clientela del movimiento sindical por ser patrones "justos". Entretanto, se pasaban por alto las necesidades del grueso de los trabajadores de la ciudad.

Los principales sectores de la clase dominante recibían con frialdad la actitud de actuar "como estadistas" de la AFL. Las políticas antisindicales las impulsaba rigurosamente la principal organización patronal, la Alianza Ciudadana, que estaba dominada por los capitalistas locales más ricos y más poderosos. Ante tan fuerte oposición, eran pocas las compañías a las que los sindicatos de oficios habían logrado inducir a que negociaran con ellos. Eso no sólo los dejaba débiles numéricamente; eran más o menos impotentes, como lo demuestra el hecho que en la ciudad no se había ganado una sola huelga en muchos años.

Los funcionarios conservadores de la AFL no tenían el deseo ni la capacidad de echar atrás esta situación con una lucha militante contra los patrones. En cambio, recurrían al gobernador Olson en pos de liderazgo sobre un rumbo "seguro y sensato" dirigido a fortalecer el movimiento sindical de forma gradual con la cooperación de patrones "justos".

Fue en esas circunstancias que los miembros de la Liga Comunista de América (la forma organizativa del movimiento trotskista en aquella época) elaboraron un plan de acción. Su objetivo fue brindar el liderazgo combativo que los trabajadores en la industria del camionaje necesitaban y querían. Sin embargo, primero tenían que batallar para abrirse paso en el Local 574, que tenía jurisdicción sobre los depósitos de carbón donde estaban empleados. Luego se podrían tomar medidas para convertir al sindicato en un instrumento capaz de responder a las necesidades de los trabajadores. Se podrían introducir políticas basadas en conciencia de clase revolucionaria. Se podría canalizar a los miembros de filas hacia una lucha decisiva con los patrones del camionaje. Los funcionarios sindicales conservadores que no lograran pasar la prueba de la batalla comenzarían a perder influencia sobre los miembros; y los militantes trotskistas gradualmente podrían desarrollar y consolidar su papel como los verdaderos dirigentes del local.

Cientos de trabajadores no sindicalizados en la industria del carbón estaban listos para la sindicalización. Sin embargo, no eran bienvenidos en el Local 574 porque el agente de negocios quería proteger un pequeño trust de empleos que había montado con una firma carbonera mediante un convenio de taller cerrado.* Para afrontar este problema, los trotskistas formaron un comité organizador voluntario en las carbonerías de taller abierto, con el propósito de movilizar una presión masiva para lograr la admisión al sindicato.

El apoyo para tal objetivo no tardó en crecer dentro de la junta ejecutiva del Local 574. Una minoría de la junta favorecía la idea de ampliar la militancia sindical y librar una lucha por el reconocimiento sindical en toda la industria. Después de un tiempo, la junta ejecutiva se vio obligada a echar atrás su política exclusivista. Se lanzó entonces una campaña sindical oficial por toda la industria del carbón y al poco tiempo las carbonerías estaban sólidamente sindicalizadas.

Se redactaron reivindicaciones para un convenio de trabajo para presentársele a los patrones del carbón. Ellos rehusaron negociar y en febrero de 1934 se desató la huelga en la industria. La huelga tuvo varias características que eran nuevas para el movimiento sindical en Minneapolis. En vez de ser conducida con desgano, como una acción realizada poco a poco, envolvió a todos los trabajadores en todas las carbonerías. Las acciones de piquete, que se habían planeado por adelantado, se llevaron a cabo de forma militante y eficaz bajo la dirección directa del comité organizador voluntario. Así se dio rienda suelta a la iniciativa e ingenio de las filas, con resultados saludables. La primera mañana del paro la industria quedó completamente paralizada y así se mantuvo.

Tras un atascamiento de tres días durante una severa ola de frío los patrones hicieron un arreglo con el sindicato. A pesar del torpe manejo de las negociaciones por parte de la dirección oficial, el Local 574 se había anotado una victoria. El reconocimiento sindical -tema central de la huelga- se extendió indirectamente bajo la forma de una estipulación de la patronal con la Junta Laboral, una agencia gubernamental establecida por Roosevelt. La firma de la estipulación quedó supeditada al resultado de una elección de representación conducida por la junta, la cual fue ganada por el sindicato. Se registraron también logros en lo referente a salarios y condiciones laborales.

Lo más importante de todo era que se había demostrado que una huelga se podía ganar. Eso imbuyó a los trabajadores por toda la industria del camionaje en general con un nuevo sentido de esperanza en el sindicato. Se había preparado así el terreno para una lucha más amplia y más profunda.

Lanzan campaña de sindicalización

Para entonces el comité organizador voluntario había logrado apoyo suficiente entre las filas ampliadas del sindicato como para forzar una decisión que le otorgara condición oficial. Con la ayuda de simpatizantes en la junta ejecutiva del Local 574, el comité dirigido por los trotskistas logró poner en marcha una campaña de sindicalización grande y nueva. Se aceptaron miembros de todos los sectores de la industria del camionaje, salvo en áreas limitadas donde otros locales de los Teamsters tenían jurisdicción sobre un suboficio específico. El Local 574 también rebasó la norma del IBT de limitar su militancia más o menos a choferes de camión y ayudantes. Dondequiera que fue posible, a los trabajadores cuyas labores estaban de una u otra forma relacionadas con la industria del camionaje -en los cuartos de envíos, bodegas, etcétera- se les incorporó al local. Se estaba operando un cambio que iba de la estrecha forma de organización en base a oficios hacia la más amplia forma industrial de organización.

Los nuevos miembros comenzaron a llegar en tropel, por centenares, al sindicato. En una serie de reuniones llevadas a cabo democráticamente los trabajadores redactaron su propio programa de demandas que se les plantearían a los patrones. Esto ayudó a hacer que la militancia fuera parte integral de la lucha por una política sindical progresista. Eso también dio un nuevo impulso a los esfuerzos del comité organizador para establecer control por parte de las filas sobre todos los asuntos del sindicato.

Crece influencia de comité organizador

Al hacerlo surgieron refuerzos para fortalecer la labor del comité organizador. Día a día el comité aumentaba su influencia a nivel de liderazgo. Las debilidades que emanaban de la incompetencia existente entre los funcionarios del Local 574 se iban compensando conforme el sindicato se preparaba para un duelo decisivo con los patrones del camionaje en general.

A mediados de abril, la campaña para captar miembros culminó en un mitin masivo celebrado en un teatro en el centro de la ciudad. Allí se hicieron públicas las reivindicaciones del sindicato para conseguir un convenio de trabajo con los patrones. La militancia votó a favor de salir en huelga si se rechazaban sus demandas. Se eligió a un numeroso comité de huelga para hacer los planes necesarios para un paro. El comité también gozaba de facultades para establecer una fecha tope para obtener respuesta por parte de los patrones a las demandas del sindicato.

De forma paralela a estas acciones, se tomaron medidas para que el gobernador Olson declarara públicamente su simpatía para con la causa de los trabajadores. Él se mostró reacio a asumir una postura pública, esperando, en cambio, poder mantener una posición "imparcial". Sin embargo, siendo del Partido de los Agricultores y Trabajadores, no podía hacer caso omiso de los deseos del movimiento sindical, que le hacía sentir una presión considerable para que se pronunciara. Entonces envió una carta al masivo mitin del Local 574 aconsejando a los trabajadores que "se unan para su propia protección y bienestar". Eso no lo volvía un aliado de fiar. Sin embargo, le dificultaba cualquier intento propio de intervenir contra el sindicato durante el inminente conflicto.

A todos los sectores de la cúpula de la AFL en la ciudad se les atrajo para que apoyaran de manera formal las reivindicaciones del Local 574. Eso les impuso la obligación de ayudar a que el local ganara su lucha; también sirvió como un recurso para rechazar maniobras que más tarde habían de realizar. Se desarrollaron relaciones cooperativas con las organizaciones de los desempleados en lo que demostró ser un exitoso esfuerzo para movilizar a los trabajadores desempleados como aliados de combate del sindicato. Se formó un comité auxiliar entre mujeres de las familias del Local 574 para atraerlas hacia un apoyo activo de la lucha. Se estableció también la colaboración con los agricultores del área.

Entretanto, los patrones persistieron en su rechazo de tratar con el sindicato. Denunciaron las reivindicaciones de los trabajadores como un "complot comunista" para tomarse la ciudad mediante la imposición del control sindical sobre todas las empresas. La Alianza Ciudadana anunció medidas para obtener la cooperación del alcalde de Minneapolis y de la policía municipal en caso de huelga. La alianza trazó planes para reforzar a la policía con un número considerable de agentes especiales. También se alinearon rompehuelgas profesionales para utilizarlos contra el sindicato.

Por su parte, el Local 574 estableció un cuartel general de huelga grande. Tenía un comisariato para alimentar a los huelguistas, un hospital improvisado para atender las bajas sindicales y un taller de refacción para reparar los autos utilizados por los escuadrones de piquetes móviles. Los planes para montar piquetes se trazaron de forma cuidadosa y se ideó la estructura de mando necesaria. Convencidos mediante tales medidas de que el sindicato iba en serio, los trabajadores pasaron a la acción con la moral en alto.

Se desata la huelga

El 16 de mayo de 1934 se desató una huelga contra los patrones del camionaje en general. Los masivos destacamentos de piquetes rápidamente frenaron todo intento de realizar operaciones con esquiroles, demostrando que el Local 574 se había convertido en una fuerza que había que tener en cuenta. Luego, después de cuatro días de relativa quietud los patrones iniciaron una campaña de violencia contra el sindicato. Conforme anunciaron sus planes de comenzar a hacer circular camiones, policías y matones a sueldo lanzaron ataques brutales contra piquetes pacíficos. Los trabajadores se defendieron con una determinación inflexible, haciendo todo lo que pudieron estando desarmados.

Después de eso los huelguistas furiosos se armaron con garrotes para defender sus líneas de piquete. En dos días sucesivos combatieron los ataques de grandes cuerpos de policías y agentes especiales. Hubo montones de heridos en ambos lados y dos agentes especiales murieron durante la cruenta batalla en la zona del mercado de Minneapolis. El sindicato salió victorioso; ni un solo camión había circulado.

Después del segundo día de lucha se concertó una tregua. Por fin comenzaron las negociaciones, en las que el gobernador Olson actuó como intermediario entre el sindicato y los patrones. Se produjo un acuerdo en el que los patrones del camionaje en general aceptaban reconocer al sindicato en la forma indirecta de una orden de consentimiento de la Junta Laboral. Olson aseguró al sindicato que la cláusula de reconocimiento abarcaba a todos sus miembros, incluidos los trabajadores internos en labores relacionadas al camionaje. Los aumentos salariales que los patrones habían dado en un intento de impedir la sindicalización iban a permanecer intactos; aumentos de paga adicionales se iban a decidir mediante la negociación o el arbitraje después de la huelga. Los términos del acuerdo fueron aceptados por los miembros del sindicato y los victoriosos huelguistas retornaron a sus labores después de un paro de 10 días.

Patrones provocan huelga

Poco después la Alianza Ciudadana lanzó una campaña diseñada a repudiar la resolución de huelga. Intentando dividir el sindicato, los patrones dijeron que negociarían con él sólo en lo concerniente a los choferes, ayudantes y trabajadores de andén; de forma tajante rehusaron negociar con respecto a los trabajadores internos. Al mismo tiempo, comenzaron un proceso selectivo de recortes salariales y de despido de sindicalistas. Sus acciones sólo podían significar una cosa. Adrede estaban forzando otra huelga, esperando que en la próxima ocasión podrían aplastar el sindicato. Ese intento quedó doblemente patente cuando se entregaron fusiles antimotines -armas asesinas que usaban grandes perdigones- a los policías municipales.

Ante estas provocaciones, el Local 574 de nuevo se preparó para la batalla. Al hacerlo adoptó una medida sin precedentes. Se creó una nueva arma mediante la publicación de un órgano oficial del sindicato, The Organizer [El organizador], que apareció diariamente durante el conflicto que siguió. El periódico servía de forma eficaz para refutar las mentiras de los patrones, brindaba a los trabajadores los hechos sobre la controversia, por lo que ayudaba enormemente a movilizar apoyo para el local.

Un aspecto de la movilización del movimiento obrero asumió la forma de una masiva manifestación de protesta contra la Alianza Ciudadana. Entre los miles que participaron hubo miembros de otros sindicatos, desempleados, pequeños agricultores de las cercanías y estudiantes universitarios. Todos se unieron tras la consigna: "Hagamos de Minneapolis una ciudad sindical".

En ese momento Daniel J. Tobin, presidente general de la Hermandad Internacional de Teamsters [IBT], lanzó un ataque de red-baiting* contra el Local 574 a través de editoriales en la revista oficial del IBT. Su fuego lo concentró contra los militantes trotskistas en el local. Se les acusó de crear "desconfianza, descontento, derramamiento de sangre y rebelión". Se instó al movimiento sindical en Minneapolis a "[ponerse] a trabajar y repriman a estos radicales". La diatriba de Tobin la reprodujeron entusiasmados los patrones del camionaje a través de un campo pagado en la prensa capitalista, volviéndose más inflexibles aún hacia el sindicato.

El ataque de Tobin provocó una reacción indignada entre los sindicalistas de filas. Ellos veían a los trotskistas como dirigentes combativos honestos, competentes, cuyas cualidades se habían demostrado en la batalla. Ya que los asuntos internos del sindicato ahora se conducían sobre una base democrática, sentían que Tobin en realidad estaba atacando los objetivos y aspiraciones del conjunto de los miembros del sindicato. Esta opinión fue demostrada claramente en una reunión general el 16 de julio en la que el Local 574 decidió mediante un voto unánime reanudar la huelga contra las compañías de camionaje. Un pasaje de la convocatoria a huelga sostenía:

"A D.J. Tobin le decimos llanamente: si usted no puede actuar como hombre de sindicato, y ayudarnos, en vez de ayudar a los patrones, entonces al menos tenga la decencia de hacerse a un lado y deje que libremos nuestra batalla solos".

De nuevo los miembros eligieron a un amplio comité de huelga, facultándolo para que tomara todas las decisiones ejecutivas durante el paro. A la junta ejecutiva oficial se la integró al cuerpo más grande, aunque subordinada al mismo. De esa forma se creo una formación de liderazgo altamente eficaz para guiar a las filas en el duelo decisivo que venía. El sindicato pudo actuar como una fuerza sólidamente unificada con un propósito único y con una política única.

Como en mayo, las hostilidades comenzaron con una impresionante muestra de la fuerza del Local 574. Rápidamente se puso freno a las operaciones de camionaje. Entonces, el cuarto día de la huelga, el 20 de julio de 1934, un grupo numeroso de policías disparó con rifles antimotines, sin advertencia alguna, contra una línea de piquete masiva realizada pacíficamente. Al final, 67 piquetes y observadores casuales yacían heridos, dos de los cuales morirían después de sus lesiones. La mayoría de las víctimas del motín policiaco habían sido baleados por la espalda.

A raíz de ese ultraje, se extendieron olas de ira a travées de la clase trabajadora de la ciudad. Sectores de la clase media, horrorizados por la violencia policíaca, también dieron su apoyo al sindicato. Los propios huelguistas, respaldados por una creciente masa de partidarios, continuaron sus piquetes pacíficos a pesar de los policías asesinos. Aunque circularon unos cuantos camiones bajo convoyes armados, la paralización básicamente seguía vigente. Los fusiles antimotines no habían logrado romper la huelga; en realidad, ésta había logrado un nuevo vigor.

Papel de mediadores y del gobernador

En medio de esta tensa situación, los mediadores federales en la escena salieron con una propuesta de resolución para la disputa. Pidieron el reconocimiento del sindicato donde este pudiera ganar una elección para la representación conducida por la Junta Laboral. Sobre el tema de los salarios por hora, el sindicato exigía 55 centavos para los choferes de camiones y 45 centavos para los ayudantes y los trabajadores internos; eso lo redujeron los mediadores a 52.5 centavos y 42.5 centavos para las categorías respectivas. El gobernador Olson aprobó entonces la propuesta y pidió al sindicato y a los patrones que la aceptaran; de no hacerlo, anunció, declararía la ley marcial e impondría una resolución de huelga en base a las condiciones de los mediadores. En esta difícil situación, el Local 574 decidió que era recomendable aceptar la resolución propuesta. Sin embargo, los arrogantes patrones la rechazaron.

El 26 de julio, Olson impuso la ley marcial en la ciudad y decretó que los camiones sólo podrían ser operados por firmas que aceptaran la propuesta de los mediadores. No obstante, al poco tiempo se estaban emitiendo permisos militares para las operaciones de camionaje en general de una forma tan irrestricta que la huelga se vio amenazada. El Local 574 reaccionó preparándose para reanudar piquetes masivos a pesar de los militares. Olson de inmediato ordenó a sus soldados que ocuparan el cuartel general de la huelga y arrestaran a los dirigentes sindicales. Con la ayuda de los conservadores funcionarios de la AFL, intentó entonces inducir al sindicato, aparentemente acéfalo, a que suspendiera la huelga.

Fracasa intentona patronal

Su plan no funcionó. Piquetes militantes estallaron en la ciudad a pesar de la presencia de los soldados, y las bajas entre los choferes de camiones esquiroles se iban acumulando con cada hora que pasaba. La acción de Olson produjo una rápida condena de los miembros de los sindicatos de la AFL y de las filas del Partido de los Agricultores y Trabajadores. Se vio obligado a liberar a aquellos dirigentes del Local 574 que sus soldados habían conseguido arrestar y a devolver al sindicato el cuartel general de la huelga; también sintió que era necesario restringir la emisión de permisos militares para el camionaje esquirol.

Después de eso la controversia pasó a ser una guerra de desgaste. Los patrones trataron infructuosamente de obtener una orden judicial contra Olson para que ellos pudieran reanudar el uso de la violencia policíaca contra el sindicato. Los mediadores federales buscaron entonces inducir al Local 574 a que aceptara una versión diluida de las condiciones que ellos habían propuesto anteriormente para terminar la huelga. Cuando eso falló, los patrones comenzaron a maniobrar a favor de una elección amañada de la Junta Laboral en la que se dictaminaría que los esquiroles eran empleados "aptos" para votar. Mientras venía sucediendo todo esto, Olson aumentó la concesión de permisos para el camionaje esquirol e intensificó los arrestos militares de piquetes.

Para entonces el desgaste estaba creándole dificultades al Local 574. Las cosas se estaban poniendo duras para los huelguistas cuyas familias habían caído en una necesidad económica extrema en el curso del largo conflicto. El sindicato, al enfrentar dificultades para sufragar los gastos de la huelga, poco podía hacer aparte de ayudarles a conseguir asistencia pública. Como resultado, unos cuantos huelguistas estaban abandonando la lucha y poco a poco retornaban al trabajo.

El desgaste no se limitaba sólo al sindicato. Los patrones, también, estaban sintiendo los efectos de la larga lucha y no podían resistir de forma indefinida contra el sindicato. El asunto se había reducido a una cuestión de fuerza de resistencia, en la que a ambos lados se les puso a prueba.

En esta etapa llegó desde Washington, DC, un nuevo mediador. Él informó a los dirigentes de la huelga que había convencido al jefe de la Alianza Ciudadana a suspender la lucha. A solicitud del sindicato garantizó por escrito que los patrones aceptarían su propuesta de resolución. Las condiciones exigían una elección conducida por la Junta Laboral para determinar el reconocimiento sindical, en la cual el voto se limitaría a los empleados que estaban en las plantillas de las compañías a la fecha en que comenzó la huelga. La representación sindical incluiría a los trabajadores internos en las firmas del mercado de mayoreo, y se tomaría una decisión sobre salarios mediante el arbitraje.

Triunfa la huelga

El 21 de agosto de 1934, los miembros del sindicato votaron a favor de aceptar la nueva propuesta de resolución y la huelga terminó. En las elecciones de la Junta Laboral el sindicato ganó el derecho de negociar en nombre de una mayoría de los empleados en la industria del camionaje en general. La decisión de arbitraje estableció los salarios a 52.5 centavos por hora para los choferes de camión y 42.5 centavos por hora para los ayudantes y trabajadores internos; al cabo de un año cada categoría había de recibir otro aumento de 2.5 centavos por hora.

En toda la lucha lo fundamental había sido conquistar el reconocimiento del sindicato. Al haberse logrado, cualquier atraso en otras cuestiones sólo sería limitado y temporal. Establecido ahora de manera firme en la industria, el sindicato estaba en posición de lograr avances regulares. Bien visto, los trabajadores habían ganado una victoria arrasadora y el Local 574 había surgido de la lucha como una fuerza principal en el movimiento sindical de Minnesota.

* En Estados Unidos el movimiento obrero ha luchado por convenios -y frecuentemente los ha ganado- con cláusulas que refuerzan la solidaridad y eficacia de los sindicatos en el trabajo al enrolar automáticamente como miembros del sindicato a todos los contratados en una mina, fábrica u otro centro de labores durante el plazo del convenio. Estos se conocen comúnmente como convenios de closed shop (taller cerrado). Los patrones han peleado, estado por estado, a fin de imponer leyes que prohíban los convenios de taller cerrado, situación a la cual se refieren eufemísticamente como open shop (taller abierto).-NOTA DEL TRADUCTOR.


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