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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
marzo de 2004 Vol. 28 No. 3

Editorial Pathfinder

A 31 años de 'Roe contra Wade': victoria en lucha de la mujer por su liberación

POR PAT GROGAN

El siguiente es un fragmento del folleto de Pathfinder 'El aborto: derecho fundamental de la mujer' por Pat Grogan. Lo reproducimos con motivo del 31 aniversario de Roe contra Wade, el dictamen de la Corte Suprema en 1973 con que se despenalizó el aborto y pasó a ser un derecho constitucional de la mujer. Hoy es oportuno también ante los intentos de Washington de seguir minando este derecho. El más reciente fue la decisión bipartidista en el Congreso de prohibir un procedimineto en embarazos avanzados, convertida en ley por el presidente George Bush el pasado 5 de noviembre. Se reproduce con autorización, Pathfinder (c) 1985.

El 22 de enero de 1973, la mujer en Estados Unidos ganó su victoria más importante en varias décadas.

La Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó en el caso Roe contra Wade que la mujer tiene el derecho constitucional al aborto, legalizándolo para las primeras 24 semanas de embarazo y aboliendo las leyes anteriores que lo restringían.

Por primera vez se reconocía el derecho de la mujer -y no del estado, de la iglesia, del marido, del padre, o del sacerdote- a decidir si quiere tener hijos o no.

El movimiento para la emancipación de la mujer consideraba la libertad en la reproducción como el derecho más fundamental, como una precondición para la plena igualdad y la liberación. Sin el derecho a controlar su propio cuerpo, una mujer no podría realmente ejercer el control de su propia vida.

Comenzando en los años 60, los métodos anticonceptivos llegaron a hacerse más accesibles y a ser más aceptados, pero todavía no ofrecían -ni ofrecen aún- un cien por ciento de seguridad. Los avances en la ciencia médica habían convertido el aborto en una práctica sencilla y segura. Pero en la mayoría de los estados del país seguía siendo ilegal. La mujer se veía forzada a tener hijos contra su voluntad, o correr el riesgo peligroso -que a menudo era mortal- de realizar el aborto ilegalmente o provocárselo ella misma.

En 1969, un año antes de que el estado de Nueva York adoptara leyes que eliminaban muchas restricciones sobre el derecho al aborto -medida que sentó las bases para la posterior victoria en la Corte Suprema-, aproximadamente 210 mil mujeres ingresaron a hospitales de la ciudad debido a complicaciones por abortos mal efectuados.

Las restricciones al derecho al aborto pesaban como poderosas y despiadadas cadenas sobre la mujer. Afroamericanas y latinas eran las que sufrían más la ilegalidad del aborto. Hasta un 80 por ciento de los cientos de mujeres que morían cada año por esa causa eran negras hispanoparlantes.

Y muchas de estas mujeres negras y latinas eran obligadas a someterse a operaciones de esterilización a cambio de obtener un aborto.

Antes del surgimiento del movimiento feminista a finales de los años 60, muchos de los que apoyaban el aborto legal presentaban sus argumentos en términos de control de la población -argumentos que son usados para alentar la práctica racista de la esterilización forzada-.

El movimiento feminista puso el enfoque de la lucha por la legalización del aborto donde correspondía: sobre el derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo. Fue en base a esto que se ganó un respaldo mayoritario al derecho al aborto. Debido a las importantes cuestiones que estaban en juego, el derecho al aborto nunca estuvo completamente asegurado.

Hace varios años que tanto demócratas como republicanos comenzaron a intensificar sus ataques contra este derecho. La Enmienda Hyde, aprobada por el Congreso en 1976, fue uno de los golpes más serios. Esta medida prohibió que se destinaran fondos de Medicaid -un programa federal de asistencia médica- para el aborto, excepto en casos de violación, incesto, o cuando peligrara la vida de la mujer. En mayo de 1981, el Congreso recortó aún más estos fondos impidiendo que fueran utilizados incluso en casos de violación o incesto . . .

Las elecciones de 1984 fueron utilizadas como plataforma para una escalada aún mayor en la ofensiva ideológica contra los derechos de la mujer. Y el tema más repetido era "¡El aborto es asesinato!"

Los arzobispos católicos se empeñaron en convertir el aborto en "la cuestión fundamental" durante las elecciones. Predicadores protestantes fundamentalistas tales como el líder de la "Mayoría Moral", Jerry Falwell, incrementaron su propaganda contra el aborto.

Reagan y la convención del Partido Republicano abiertamente apoyaron proyectos de ley para "aclarar que las garantías de la Enmienda 14 [de la Constitución de Estados Unidos] protegen al niño no nacido".

Liberales prominentes del Partido Demócrata como Geraldine Ferraro, candidata para vicepresidenta de Estados Unidos en las elecciones de 1984, respondieron mostrándose de acuerdo con el argumento de que el aborto es un asesinato, pero afirmando que mientras la mayoría respalde este derecho, no debe ilegalizarse.

"Yo no creo en el aborto", dijo Ferraro a la prensa enfáticamente. "Me opongo al aborto como católica . . . pero no impondré mis creencias religiosas sobre otros".

Pero no se trata de la separación de la iglesia y el estado. Se trata del derecho de la mujer al aborto . . .

La propaganda contra el aborto no es resultado de una gran victoria de los gobernantes capitalistas sobre los derechos de la mujer. Más bien, esta campaña está dirigida a iniciar una batalla para revertir los logros que la mujer ha conquistado los últimos 15 años.

Se fortalece toda la clase obrera

Los avances hacia la igualdad, conquistados tanto por el movimiento de la mujer como el movimiento por los derechos civiles, han fortalecido a toda la clase obrera en su capacidad de luchar contra la patronal . . .

La ofensiva ideológica de la clase gobernante tiene como objetivo debilitar la poderosa idea de que la mujer debe gozar de derechos iguales. Tiene como objetivo convencer tanto a los hombres como a las mujeres de que el lugar de la mujer es el hogar y que la familia, no el gobierno, es quien debe sufragar los gastos para el cuidado de los hijos, los enfermos y los ancianos.

Tiene como objetivo justificar los bajos salarios que recibe la mujer y hacer más aceptable el desempleo entre las mujeres.

Se atenta contra el derecho al aborto en particular porque el derecho de la mujer a decidir si quiere tener hijos o no es una precondición elemental para su liberación . . .

Al ligar el aborto a las auténticas injusticias y lacras sociales, [el entonces cardenal de Nueva York John] O'Connor intenta hacer más aceptable su reaccionaria campaña contra los derechos de la mujer para los millones de trabajadores que, en su mayoría, respaldan el derecho al aborto legal. O'Connor intenta pintarla como un nuevo movimiento "por los derechos civiles".

Pero el aborto no es una injusticia, es un derecho humano elemental. El derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo -que es lo que está en juego en la lucha por el aborto legal- es una precondición básica para la liberación de la mujer de la opresión que sufre como sexo.

Es el movimiento por la liberación de la mujer -que hizo suya la lucha por el derecho al aborto- el que se asemeja a la lucha por los derechos civiles y contra las guerras promovidas por Washington. Los activistas por la liberación de la mujer y los derechos civiles se encuentran unidos frente a la desigualdad, la discriminación y la explotación. Ambos fortalecen enormemente la capacidad del movimiento sindical para resistir la actual ofensiva de la clase patronal.

O'Connor basa sus argumentos en la acusación de que el aborto es homicidio y que las mujeres que lo practican son, por lo tanto, culpables de asesinar niños.

Pero el aborto no es homicidio, es un sencillo procedimiento médico que interrumpe un embarazo. El derecho al aborto es la clave para que la mujer decida si quiere o no tener hijos y cuándo tenerlos.

Uno de los argumentos predilectos de la jerarquía de la iglesia es la comparación entre lo que O'Connor llama el "asesinato" de "millón y medio de vidas que no llegan a nacer . . . cada año" y el holocausto hitleriano, el masivo asesinato nazi de judíos y demás. O'Connor no menciona que, como parte de su degradación del ser humano, los nazis ilegalizaron el aborto y prohibieron el uso de anticonceptivos, reduciendo a las mujeres a la condición de reproductoras destinadas sólo a tener hijos y cuyo único lugar era la cocina y la iglesia . . .

Afecta todos los aspectos de su vida

El forzar a una mujer a tener hijos afecta todos los demás aspectos y decisiones de la vida de la mujer: sus posibilidades de conseguir una educación, de conseguir un empleo mejor, o simplemente conseguir cualquier trabajo. Mientras la mujer sea susceptible a embarazos no deseados, será mucho más difícil derribar las barreras económicas y sociales en el trabajo, en la educación y en el hogar.

Por supuesto, la legalidad del aborto no puede resolver todos los problemas que enfrenta la mujer, pero el derecho al aborto es el paso más fundamental hacia la consecución de la plena igualdad de la mujer.

Por eso, tras la incorporación masiva de la mujer a la fuerza de trabajo durante las últimas tres décadas, la legalización del aborto se convirtió en una cuestión candente para millones de personas. Cuando la mujer es capaz de controlar sus funciones representativas, puede entonces comenzar a participar más plenamente en todos los aspectos de la vida social. El derecho al aborto conlleva una expansión cualitativa de libertad y movilidad de la mujer.


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