
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR marzo de 2004 Vol. 28 No. 3
Cuba
Reestructuran industria azucarera
Obreros explican cómo les afecta; programas amplían acceso a educación
POR JONATHAN SILBERMAN, MARTÍN KOPPEL Y
MARY-ALICE WATERS
(Segundo de dos artículos)
SANTA CRUZ DEL NORTE, Cuba-"Antes de la revolución teníamos que pagar
para estudiar", dijo Misael Fonseca. Y pocos trabajadores disponían del
tiempo o del dinero para ir a la escuela. "Ahora nos pagan para
estudiar".
Fonseca había sido uno de los 1756 trabajadores del complejo de producción
azucarera Camilo Cienfuegos, 30 millas al este de La Habana, antes de que el
central cerrara en 2002. Al fondo se escuchaba el sonido de metal contra metal.
Una brigada de obreros del central desmontaba la vieja fábrica, recuperando
todo lo que pudiera utilizarse. Fonseca y otros 600 obreros que antes trabajaban
en el complejo azucarero, estaban sentados en aulas de una escuela que habían
establecido ahí mismo. Unos estudiaban para lograr el noveno grado; otros
seguían cursos preuniversitarios o de recapacitación técnica.
'Estudio como trabajo'
"Este programa de estudio como trabajo es una oportunidad de
superarnos", dijo Lourdes Beltrán, quien completaba un curso
preuniversitario de un año en lo que denominan la Escuela Camilo Cienfuegos de
Superación Integral.
Desde abril de 2002 en Cuba se ha estado llevando a cabo una reducción y
reorganización radical de la industria azucarera. La forma en que se están
efectuando estos cambios de gran envergadura es una viva ilustración de una
revolución socialista al afrontar desafíos que se le presentan. Muestra lo que
se hace posible conforme los trabajadores y agricultores les arrebatan el poder
político y económico a los gobernantes capitalistas, reorganizan las
prioridades sociales para responder a las necesidades del pueblo trabajador, y
defienden sus conquistas con las armas en la mano.
"Hoy seguramente se convertirá en un día histórico", dijo el
presidente cubano Fidel Castro ante más de 10 mil trabajadores y sus familias
reunidos en la ciudad de Artemisa el 21 de octubre de 2002. "Por primera
vez se pone en práctica el concepto del estudio como empleo, y seguramente uno
de los más importantes empleos".
Unos 100 mil obreros azucareros cuyos empleos fueron eliminados siguen
recibiendo sus salarios a medida que se convierten en estudiantes a tiempo
completo o parcial y se capacitan para nuevos empleos.
Cuba tiene una población de 11 millones, y produce azúcar en todas las
provincias menos una. Antes de abril de 2002, "había en esta industria
unos 420 mil trabajadores y otro millón y medio estaban vinculados
indirectamente", dijo Miguel Toledo, miembro del secretariado nacional del
Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros (SNTA). "Así que la
reestructuración ha afectado a todo el país".
En febrero de 2003 un equipo de reporteros de Perspectiva Mundial pasó
varios días hablando sobre este proceso con Pedro Ross, secretario general de
la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Manuel Cordero, presidente del SNTA, y
otros dirigentes de los sindicatos y de la industria azucarera de Cuba.
La CTC también accedió a nuestra solicitud de visitar un central azucarero,
conversar con trabajadores y enterarnos directamente de lo que los más
afectados por la reorganización piensan acerca de los cambios que están
impulsando.
Un artículo publicado en la edición anterior de Perspectiva Mundial
describió las raíces históricas del cultivo de la caña, la envergadura y
repercusiones iniciales de la reorganizción de la agroindustria más grande de
Cuba, y las implicaciones revolucionarias de la reestructuración radical que la
dirección comunista de Cuba está explicando y organizando. (Ver
"Reorganización radical de la industria azucarera cubana" en el
número de febrero.)
El azúcar ha sido la columna vertebral de la economía cubana durante mucho
tiempo, explicó Ross. Pero la mayoría de los ingenios cubanos son obsoletos, y
sus costos de producción son altos comparados con los de otros países
exportadores de azúcar. Al inicio de la década de 1990 -cuando la Unión
Soviética y países de Europa oriental dejaron de cumplir convenios a largo
plazo de compra de azúcar- Cuba enfrentó súbitamente la realidad de tener que
vender su azúcar a precios del mercado mundial. Dichos precios, además, se
redujeron por la mitad en el transcurso de esa década. Al mismo tiempo,
Washington siguió escalando su guerra económica contra ese país. Estos y
otros factores llevaron al gobierno revolucionario a lanzar una importante
reestructuración económica y plantear la necesidad de diversificar más la
agricultura y la industria cubanas.
El gobierno cubano, colaborando estrechamente con los sindicatos y otras
organizaciones de masas, ha estado aplicando un plan para cerrar 70 de los 155
centrales azucareros, reducir en más del 25 por ciento el número de
trabajadores dedicados a la producción azucarera, recuperar para otros usos
agropecuarios cerca de dos tercios de la tierra antes asignada al cultivo de la
caña, y ampliar el sistema educativo nacional para incorporar a decenas de
miles de obreros del azúcar que ahora continúan sus estudios a todos los
niveles.
El objetivo de esta transformación es la concentración de los recursos en
los centrales más eficientes y en las tierras más aptas para el cultivo de la
caña, a fin de reducir el costo medio de producción del azúcar: de unos 20
centavos por libra a 4 centavos, o sea, por debajo del precio medio a largo
plazo en el mercado mundial. La meta es producir un promedio anual de 4 millones
de toneladas de azúcar crudo, para satisfacer las necesidades del consumo
interno y cumplir los contratos internacionales.
"Al hacer esta reestructuración, que implica una importante reducción
en el número de trabajadores en la producción azucarera, partimos de dos
principios", dijo Ross a Perspectiva Mundial. "Primero, que ningún
trabajador quedará desamparado.
"Y segundo, que los trabajadores y las comunidades afectadas por la
reestructuración quedarán en mejores condiciones a través de este proceso, y
entenderán que se han beneficiado de éste".
En su discurso de octubre de 2002 en Artemisa, provincia de La Habana, para
lanzar los Cursos de Superación para Trabajadores Azucareros, Fidel Castro
informó que 84 mil trabajadores azucareros ya habían aprovechado la
oportunidad de retornar a la escuela, de los cuales 33 mil estudiaban a tiempo
completo y los demás a tiempo parcial. Los cursos están abiertos tanto para
los obreros cuyos trabajos han sido eliminados como para quienes aún trabajan.
En cuestión de meses, unas 122 mil personas se habían inscrito para ampliar su
educación.
Dependiendo de su edad y nivel de escolaridad alcanzado, cada
trabajador-estudiante se inscribe en uno de seis cursos distintos: clases hasta
el sexto grado, del séptimo al noveno grados, del décimo al duodécimo, clases
preuniversitarias, cursos técnicos y programas técnicos de postgrado.
"Cualquiera puede tomar estos cursos. No hay edad límite para
estudiar", dijo Misael Fonseca.
En la escuela Camilo Cienfuegos había unos 100 trabajadores entre las edades
de 16 y 19 que habían completado el noveno grado, y otros 120 que habían
completado el grado 12. La mayoría de los estudiantes tenían entre 30 y 45
años.
A los que ahora completan cursos preuniversitarios y desean continuar, se les
garantiza el ingreso a una de las nuevas universidades que se están
estableciendo en cada municipalidad del país. O pueden ir a una universidad
más lejos.
Lo realmente nuevo que podemos anunciar aquí, dijo Fidel Castro en el
encuentro de Artemisa, "es que cada central azucarero se convierte en una
sede universitaria . . . Eso sí que es una cosa extraña en el mundo,
¿verdad?, cualquier pueblo que tenga una secundaria básica o un
tecnológico".
Nuestra meta, dijo Castro, "que podía parecer un sueño, [es] ser el
país más culto del mundo, con el sentido amplio de la palabra . . . un país
poseedor de una cultura general integral, que comprende no sólo los
conocimientos profesionales, sino los conocimientos relacionados con las
ciencias, las letras y las humanidades".
Los jubilados pueden ingresar a una de las nuevas Universidades del Adulto
Mayor, una iniciativa del Movimiento de Jubilados y Pensionados, dirigido por la
CTC.
"Nuestra escuela ofrece cursos de superación que preparan a los
estudiantes para cualquier empleo nuevo que quisieran buscar, así como otros
temas que les interesen, como inglés, geografía y matemáticas", dijo
Mario Víctor Rodríguez, secretario docente de la escuela.
La escuela cuenta con 52 maestros, dijo. Algunos de ellos, como Rodríguez,
habían sido maestros de las escuelas públicas en la municipalidad. Otros eran
antiguos empleados del complejo azucarero que se habían capacitado como
maestros. "Yo trabajé cuatro años en el central envasando azúcar y como
custodio", dijo Marlene Cordero. "Ahora soy profesora de computación
aquí".
Antes del inicio de los cursos, los propios estudiantes acondicionaron lo que
pasaron a ser las aulas. Ocuparon el recinto recién desalojado del Ejército
Juvenil del Trabajo (EJT), las unidades especiales de producción de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias, que antes habían trabajado las tierras de la granja
estatal del complejo Camilo Cienfuegos. Los obreros azucareros pintaron paredes
y mejoraron la biblioteca. Construyeron escritorios con tableros producidos en
una fábrica -parte del complejo azucarero- que para ello utiliza bagazo de
caña. Varios trabajadores comentaron orgullosamente acerca del trabajo que
habían hecho para hacer suya la escuela.
"Al principio algunos teníamos un poco de miedo de volver a la escuela.
Pensábamos que sería difícil aprender a concentrarse, a ser estudiantes de
nuevo", dijo Alberto Alfonso. "Pero no resultó así".
Los alumnos estudian cuatro horas en el aula -en la mañana o en la tarde-,
horario que a algunos les permite trabajar a tiempo parcial. "Como
estudiantes nos pagan el mismo salario que teníamos como trabajadores
azucareros: aun si estamos trabajando y nos pagan en otro empleo", dijo
Alfonso. "Y los profesores son muy buenos".
Joaquín Almaguer dijo que cursaba clases por la mañana y trabajaba como
electricista de seis a siete horas por la tarde. Estudiaba para ser técnico
medio.
"Ya hay un saldo positivo de estas clases", dijo Diosdado Fonseca,
jefe del departamento de educación adulta en Santa Cruz del Norte. "Somos
diferentes de hace cuatro meses. Es difícil medirlo, pero la ampliación
cultural se siente. Se irradia la cultura en los hogares. Ahora se escucha a la
gente hablar en la casa de ciencia, de geografía, de matemáticas".
El maestro de geografía en la escuela, Luis Brizuela, dijo que tenía nueve
años cuando triunfó la revolución contra la dictadura de Batista en enero de
1959. "Yo vengo de una familia campesina en Manzanillo", en Cuba
oriental, explicó Brizuela. "Antes de la revolución la escuela costaba 25
centavos por semana, ¡y teníamos que comprar los libros! Con la revolución me
bequé, y soy ingeniero. Ahora estoy enseñando a los trabajadores, a los que se
les paga para estudiar", dijo, mostrando su placer por el contraste.
El complejo azucarero en Santa Cruz del Norte, cuyas operaciones comenzaron
en 1917, perteneció al principio a la familia Hershey -los dueños del imperio
chocolatero Hershey- y posteriormente se le vendió al multimillonario magnate
del azúcar Julio Lobo, quien en una época fue dueño de 14 centrales en Cuba.
Durante la lucha revolucionaria contra la tiranía batistiana, "el
Movimiento 26 de Julio estaba arraigado entre los trabajadores de este
central", dijo Guillermo Santiago González, al mostrarnos la casa y los
jardines de los antiguos dueños, ahora utilizados por los trabajadores para
actividades sociales. Cuando el gobierno revolucionario tomó el poder él
tenía 17 años y trabajaba como office boy en el central. En 1960, al
profundizarse la revolución, el complejo fue tomado por los obreros del
azúcar, "intervenido", y poco después expropiado por el estado junto
al resto de la industria.
Durante muchos años, el central Camilo Cienfuegos había contado con
tecnología punta para el refinado de azúcar de alta calidad. Pero su
tecnología cada vez más costosa -que utilizaba filtros de carbón hechos de
hueso animal importados del Reino Unido, el único central de este tipo en Cuba-
lo convirtió en uno de los principales candidatos para ser clausurado después
de la decisión de abril de 2002 de reducir de manera aguda la producción
azucarera. Durante la década anterior el central se había ido deteriorando, a
medida que se agudizaron las escaseces de piezas de repuesto, combustible,
fertilizante, pesticidas y otros insumos tras la suspensión abrupta de acuerdos
favorables a largo plazo con el antiguo bloque soviético. El central perdía
más de 10 millones de pesos durante cada zafra.
"Realmente nos esforzamos para convencer a la comisión nacional que
tomaba la decisión final de que sí podíamos cambiar la situación, y que el
Camilo Cienfuegos debía seguir produciendo", señaló Eduardo González,
director de recursos humanos en la empresa. "Pero al final estuvimos de
acuerdo con la decisión de que el cierre del central era lo correcto".
Ahora gran parte de la tierra antes dedicada al cultivo de la caña se está
usando para aumentar el cultivo de viandas y la cría de ganado.
Una vez que se tomó la decisión, el gobierno, el sindicato y otras
organizaciones de masas comenzaron a colaborar a principios de 2002 para
realizar ocho meses de reuniones en las que se involucraba a cada obrero
azucarero a fin de discutir la reorganización y sus implicaciones.
Para iniciar el debate se utilizó un "Documento programático"
elaborado por el sindicato y el Ministerio del Azúcar. El documento explicaba
de forma cuidadosa las razones por las que era necesario recortar la producción
azucarera.
"Desde la primera asamblea en el central, los trabajadores aceptaron
que, por la realidad económica, no sólo aquí, sino en la economía nacional,
era necesario cerrar el central", dijo González.
"La principal duda de la mayoría de los trabajadores era su futuro: su
salario, su empleo, su casa. Hay muchas generaciones de familias cuyos miembros
han trabajado en el central".
Se organizaron cinco ciclos de asambleas obreras para debatir el cierre del
central como parte de la reestructuración más amplia de la industria
azucarera, dijo Toledo. El SNTA organizó tres de estas reuniones para abordar
las inquietudes inmediatas de los trabajadores que estaban empleados
directamente en la industria y sus familias.
El cuarto ciclo de asambleas se organizó en colaboración con los Comités
de Defensa de la Revolución (CDR) para discutir cómo la reestructuración
afectaría los bateyes, las comunidades adyacentes a los complejos de
producción azucarera donde viven muchos de los trabajadores. Los CDR son una
organización de masas a nivel nacional que incorpora a los residentes de cada
municipalidad, organizados cuadra por cuadra, para ayudar a las familias a
enfrentar importantes cambios sociales como éste, así como otras necesidades
comunitarias.
Se crearon 13 comisiones provisionales y 155 comisiones en complejos
agroindustriales por todo el país. En el central Camilo Cienfuegos, como en
cada uno de los 70 complejos azucareros que se cerraron, se estableció una
comisión para ayudar a cada trabajador a decidir qué haría ahora. Esa
comisión, cuya composición la aprobaron los trabajadores, estuvo integrada por
un representante de la gerencia y tres representantes del sindicato.
"Después de las primeras asambleas, los miembros de la comisión se
reunieron con cada uno de los 1756 trabajadores sobre las propuestas para su
nuevo empleo o estudio. Si un trabajador estaba enfermo o lesionado, íbamos a
su casa para hablar con ellos. Escuchamos y conversamos con cada trabajador dos,
tres, hasta seis veces: las veces necesarias , hasta que se respondiera a sus
dudas y se tomara una decisión", dijo González.
"Las asambleas no fueron convocadas simplemente para que se aceptara una
serie de decisiones ya tomadas". Hubo intercambios entre las asambleas, el
sindicato y las comisiones creadas por el gobierno en cada complejo y a nivel
provincial y nacional. Nos esforzamos para llegar a conclusiones que
respondieran a los intereses de los trabajadores afectados directamente y a los
del país en general, dijo.
Resultó fructífero haber dedicado el tiempo y la atención necesarios para
trabajar con cada individuo a fin de llegar a una decisión satisfactoria. Eso
lo ilustró ante todo un hecho, según explicó a Perspectiva Mundial Manuel
Cordero, presidente del sindicato de obreros del azúcar. Cada trabajador tenía
derecho de apelar a la dirección sindical nacional si no estaba satisfecho con
la decisión alcanzada al final sobre su futuro estudio y trabajo. De los más
de 100 mil trabajadores cuyos empleos fueron eliminados, solo cinco apelaron al
sindicato nacional pidiendo la revisión de sus casos.
El gobierno dio a todos los antiguos obreros azucareros garantía de por vida
de que seguirán recibiendo un salario que no será inferior al que habían
ganado como azucareros, ya sea que ingresen a la escuela, acepten un nuevo
empleo o ambas cosas. Todos también siguen siendo miembros del Sindicato
Nacional de Trabajadores Azucareros, independientemente de su ocupación actual.
Una de las decisiones que surgió de las asambleas en los centros de trabajo,
explicó Toledo, fue la de cómo definir estos niveles salariales. Además del
salario básico mensual, los obreros azucareros reciben estímulos de
producción, que por lo general son mayores durante los meses de la zafra, dijo
Toledo.
"La propuesta que se adoptó fue que los trabajadores -cada mes del
año- seguirán recibiendo no sólo su salario básico, sino el promedio de la
bonificación que recibieron durante la última zafra. O sea, están recibiendo
un poco más del 100 por ciento de su salario anterior".
En el central Camilo Cienfuegos, de los 1756 trabajadores afectados por el
cierre, fueron cerca de 600 quienes escogieron el estudio como trabajo.
"Otros 414 escogieron empleos criando ganado o ampliando el cultivo de
viandas en la granja estatal reorganizada; 368 decidieron ocupar empleos de
servicios en la nueva empresa agropecuaria; 26 aceptaron la jubilación
adelantada, y 31 aceptaron otros empleos en la zona", informó González.
Se dio un proceso similar en cada complejo azucarero en la isla. A nivel
nacional se organizaron un total de 7850 asambleas con la participación de 900
mil trabajadores. Y las discusiones sobre este tema se han dado ampliamente
entre el pueblo trabajador en Cuba. Por ejemplo, los trabajadores en la fábrica
de trajes Antonio Maceo en La Habana, a quienes también visitaron los
reporteros de Perspectiva Mundial, dijeron que el sindicato en la fábrica
había organizado una asamblea para debatir la reorganización de la industria
azucarera.
La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) organizó
discusiones similares en las cooperativas y con agricultores individuales.
El programa de estudio como empleo para los trabajadores azucareros se ha
convertido en parte del esfuerzo más amplio del gobierno revolucionario para
fortalecer la trayectoria proletaria de la revolución, la composición de clase
de las universidades ampliando el acceso a la educación y la cultura para toda
la población. Esto es un aspecto de lo que se conoce en Cuba como la Batalla de
Ideas.
La Batalla de Ideas se inició hace varios años, organizada y dirigida por
la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), como contraofensiva política a la
ofensiva ideológica imperialista y los valores pro capitalistas que fomenta,
los cuales se refuerzan por la creciente circulación del dólar y otras medidas
de repliegue que el gobierno revolucionario ha tenido que tomar durante el
último decenio en respuesta a la profunda crisis económica que enfrentó a
principios de la década de 1990. La Batalla de Ideas comprende decenas de
programas educativos y de empleos, y su esencia es la oportunidad que se ofrece
de realizar estudios universitarios y de un futuro productivo a decenas de miles
de jóvenes que habían abandonado la escuela y no tenían perspectivas de
empleo.
"Se crea una fuente de empleo de todo tipo para los jóvenes . . . que
no tenían perspectiva", explicó Castro en el encuentro con los azucareros
en Artemisa. "Todos estos planes, que se hacen con decenas de miles de
jóvenes, significan empleo a edades relativamente tempranas, conocimientos,
dignidad, autoestima y la posibilidad de ir incrementando sus perspectivas
futuras".
Se han iniciado cursos emergentes para formar maestros de primaria e
instructores de arte, así como cuatro escuelas para formar a miles de jóvenes
trabajadores sociales revolucionarios. Se les ha abierto el acceso a la
universidad.
El número de estudiantes por aula, desde la enseñanza primaria hasta los
niveles superiores, se ha reducido casi a la mitad: de un promedio de 37 por
aula en las escuelas primarias de La Habana un par de años atrás, a menos de
20 en la actualidad.
La Universidad para Todos, un programa de televisión diario transmitido a
nivel nacional, ofrece cursos para personas de todas las edades y profesiones,
en respuesta a una amplia gama de intereses, desde idiomas hasta historia y
música.
Se han instalado televisores y videocaseteras en prácticamente todas las
aulas, inclusive en las zonas rurales más remotas -algunas con apenas uno o dos
alumnos- equipándolas con paneles solares para suplir la electricidad. Se han
establecido centros de computación en cada municipalidad, y se están
introduciendo computadoras a más y más escuelas.
También está en marcha un esfuerzo editorial para hacer accesible ediciones
económicas de lo mejor de la literatura mundial y cubana. Bajo la bandera de la
muy repetida consigna "La revolución no te dice 'Cree'. La revolución te
dice '¡Lee!'" la feria internacional del libro, antes limitada a La
Habana, se ha extendido a ciudades por toda la isla.
"La Batalla de Ideas ha permitido el avance que llamamos estudio como
empleo, que es el elemento fundamental de las oportunidades que tienen los
trabajadores cuyos empleos son eliminados por la reestructuración de la
industria azucarera", explicó a Perspectiva Mundial Tirso Sáenz,
presidente de la Asociación Nacional de Técnicos Azucareros, en una entrevista
realizada en el Ministerio del Azúcar. Sin la Batalla de Ideas, apuntó,
"no podríamos haber empezado las reducciones y la reestructuración que
tanto hacía falta".
En un discurso pronunciado en febrero de 2003 ante una conferencia
internacional de maestros, Castro dijo, "Como la educación es el
instrumento por excelencia en la búsqueda de la igualdad, el bienestar y la
justicia social, se puede comprender mejor por qué califico de revolución
profunda lo que hoy, en busca de objetivos más altos, tiene lugar con la
educación en Cuba".
"La propia vida material futura de nuestro pueblo tendrá como base los
conocimientos y la cultura", dijo el dirigente cubano. "Nuestro país,
en medio de una colosal crisis económica mundial, avanza en distintos frentes .
. . Tal vez la más audaz decisión adoptada en fecha reciente ha sido la de
convertir el estudio en una forma de empleo, principio bajo el cual se han
podido dejar de utilizar 70 fábricas azucareras, las menos eficientes, cuyos
costos en divisas convertibles superaban los ingresos que producían".
"Algunos proclamaron que era el fin de las ideas del socialismo",
dijo Castro en el encuentro con los trabajadores en Artemisa. Sin embargo, aquí
encontrarán un país "haciendo cosas que ni en sueño puede ocurrírseles
a los países que viven bajo el sistema capitalista".
En la escuela Camilo Cienfuegos, el azucarero José Abreu, quien ahora sigue
cursos de computación, expresó, "Estudiamos siguiendo las palabras de
nuestro héroe nacional, José Martí: ser culto es ser libre".
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