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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2004 Vol. 28 No. 2
Editorial Pathfinder
Prólogo a nuevo libro 'Aldabonazo: en la clandestinidad revolucionaria
cubana'
POR ELIADES ACOSTA
A continuación reproducimos el prólogo al libro de Armando Hart Aldabonazo:
en la clandestinidad revolucionaria cubana, 1952-58, recién publicado por
Pathfinder.
Eliades Acosta es el director de la Biblioteca Nacional José Martí de Cuba
desde 1997. Es autor de los libros Los hermanos santiagueros de Martí, El
árbol de la discordia, El siboney de los cubanos, El 98: la guerra que no cesa
y Los colores secretos del imperio. Copyright (c) 2003 por Pathfinder Press. Se
reproduce con autorización.
Una de las interpretaciones erróneas de la Revolución Cubana que ha
demostrado mayor vitalidad y difusión es aquella que ubica en el reino de la
casualidad absoluta y la improvisación irresponsable al pensamiento y la
acción de sus líderes y a la concreción de sus políticas. Como si un proceso
que ha puesto en movimiento a millones de cubanos, de forma inédita para la
nación, pudiese ser fruto del azar o la acción genial de maquiavélicos
cazadores de oportunidades.
En esta línea de pensamiento se inscribe lo escrito hace unos meses por uno
de los exponentes del ala postmoderna de la contrarrevolución cubana:
"Se pudiera pensar en el socialismo cubano como un artefacto, un
prodigio de avanzadísima ingeniería social, que ha sido importado por un país
de escaso desarrollo tecnológico, entiéndase político; un artefacto que
venía con las instrucciones para su uso, pero sin los planos maestros . . . No
me cabe duda que, incluso en la más alta dirigencia cubana, se ha tenido
siempre un conocimiento intuitivo del uso y funcionamiento de este artefacto. .
."1
El doctor Armando Hart Dávalos ha sido desde el inicio mismo de la lucha
contra la tiranía de Fulgencio Batista, y después del triunfo del primero de
enero de 1959, miembro de esa "alta dirigencia cubana" a que se hace
referencia en el párrafo anterior. Aldabonazo refuta con pruebas documentales
inobjetables -muchas de ellas inéditas hasta su primera edición en 1997-, este
astuto argumento de la derecha, lo mismo cavernaria que postmoderna, y las
interpretaciones ingenuas, lo mismo iletradas que perezosas, de una parte de la
izquierda. En ello radica el mayor mérito histórico de este libro. Es, sin
lugar a dudas, un texto imprescindible para aquellos que deseen entender, con
rigor, sin afeites ni mediadores, las esencias profundas y la lozanía de una
revolución que ha cumplido ya 45 años en el poder.
Las revoluciones son procesos y conceptos desterrados hoy de los diccionarios
políticamente correctos de la era global, y si piadosamente se les admite es
circunscribiéndolas a los ámbitos glamorosos de la bolsa, las modas o las
tecnologías de Silicon Valley. Tanto se ha repetido que forman parte del
estadio bárbaro, irracional y violento de la historia de la humanidad; que son
aberraciones que desvían el curso evolutivo de las sociedades; que triunfan al
aplicarse métodos egoístas de ascenso social por parte de grupos tenebrosos, y
tan a fondo se han empleado sus enemigos en convencerse y convencer a los demás
de ello, que quedan en el más lamentable de los ridículos cada vez que
vaticinan la caída y fin de la Revolución Cubana, incapaces de explicar las
razones de su sobrevida en medio de tantos naufragios.
Estos enemigos de las revoluciones son orgánicamente incapaces de entender
la historia en su concatenación de causas y efectos, en el eterno rejuego de
factores subjetivos y objetivos, en la existencia de clases, intereses de clases
y luchas de clases, tan palpables hoy, y más, que 200 años atrás. A esa
incapacidad se debe sumar la decadencia de un pensamiento conservador global
obnubilado por su dominio coyuntural, envanecido con su discurso
pseudolibertario, botín de guerra rapiñado entre las ruinas de la experiencia
socialista europea y la historia de las luchas populares, incapaz de librarse y
transgredir sus lugares comunes. Ese pensamiento es demasiado mediocre y
acomodaticio para entender, sin caer una vez más en el ridículo, el rebrote en
terrenos que se creían "pacificados" e inmunes a los cambios, de los
procesos sociales que tienen hoy lugar en Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador,
Argentina, México, Nicaragua, El Salvador, por sólo citar países
latinoamericanos.
Se podría pensar, parodiando a estos adversarios, que el mundo globalizado y
neoliberal, bajo el poder hegemónico del gobierno de los Estados Unidos, es el
camino más corto y seguro para la reconstrucción de la izquierda, para el
triunfo de las revoluciones populares, para la construcción del verdadero
socialismo. Quizás el día de mañana los pueblos tengan que agradecer más al
FMI, por ejemplo, que a la Comintern o al Ejército Rojo, la maduración de las
condiciones para el triunfo de su causa. Y más que los escritos de Marx,
Trotsky o Mao, hallarán el fracaso evidente de las prédicas de ideólogos
trasvestidos escritores, al estilo de Mario Vargas Llosa o Guillermo Cabrera
Infante, para no abandonar aquí tampoco el ámbito latinoamericano.
Esta primera edición de Aldabonazo aparece en Estados Unidos, entonces, en
el momento exacto. No sólo demostrará la coherencia ideológica, popular y
humanista de quienes en Cuba arriesgaron su vida, primero, y desde entonces
dedican cada minuto de su existencia a la causa del pueblo cubano, de la
justicia, los derechos, la libertad y la democracia para todos, y no sólo para
élites privilegiadas. Aldabonazo estará también de lleno en la primera línea
de los combates ideológicos que se avecinan en nuestro continente y el resto
del mundo, frente a los que tratan de descalificar y satanizar, con argumentos
de sobra conocidos por nosotros, a los procesos que tienen lugar en la región.
En rigor, las revoluciones postmodernas, como dijo recientemente Fidel
Castro, "no serán como la Revolución Bolchevique, ni siquiera como la
Revolución Cubana". Pero debe inquietar a sus tradicionales adversarios, a
quienes se apresuraron a excomulgarlas de la vida política, los diccionarios y
la prensa, que siguen ocurriendo hasta el presente, con rigurosa puntualidad,
aunque bajo otros ropajes y consignas, desde las señeras que irrumpieron contra
las monarquías de Inglaterra y Francia. ¿Puede explicar eso el pensamiento
globalizado postmoderno? ¿Puede hacerlo sin los fuegos fatuos de las citas de
Derridá, Foucault o Popper, quizás brillantes en lo literario, pero inútiles
para resolver los problemas del hambre, las enfermedades, la violencia, la
corrupción o el analfabetismo de América Latina? ¿Lo han logrado acaso,
apelando a fórmulas y conceptos del mundo desarrollado, creyendo que bastaba
invocar los sacrosantos nombres de la libertad, la democracia y los derechos
humanos para resolver todos los problemas humanos, como aquel jarabe milagroso
de nuestras abuelas, el mismo para todas las dolencias?
Aldabonazo es también la defensa de una concepción del mundo que se afinca
en la creatividad política de los verdaderos revolucionarios, fruto del
análisis de las condiciones reales de cada momento, y lo hace en el mejor
espíritu de las enseñanzas de José Martí. Es una reivindicación valiente
-en tiempos de renuncias y claudicaciones bochornosas- de la fe en el pueblo, en
la capacidad revolucionaria de las masas, en la ineludible necesidad de su
participación culta, activa y consciente en los procesos y las luchas sociales.
Y si todo esto no hiciera del libro de Armando Hart un texto especial, es
Aldabonazo, además, un conmovedor canto a las soluciones radicales en lo
político desde la poética de una vida entera entregada a luchar por
principios. Y no temo usar el término "soluciones radicales en lo
político", porque en la concepción que sustenta el autor, y que forma
parte de lo esencial y trascendente de la filosofía política de la Revolución
Cubana, ser radical, como pedía Martí, no es propugnar la violencia, sino ir a
la raíz de los males sociales y aplicar las medidas que su magnitud y alcance
exigen: no paliativos demagógicos ni populistas; no soluciones ilusorias para
entrañas sangrantes y vidas maltrechas. Soluciones verdaderas, de pueblo,
perdurables, para los humillados y ofendidos, que siempre son mayoría. Y
también para sus hijos.
Si algo se ha reprochado, con razón, a muchos protagonistas de la
Revolución Cubana es que no han sabido dedicar tiempo a escribir sus vivencias
e ideas en medio de muchas ocupaciones, la batalla por la supervivencia de la
nación y su proyecto social. Uno de los que ha cumplido debidamente este otro
deber para con la patria ha sido el doctor Armando Hart, como lo demuestra el
recién publicado primer tomo de su bibliografía, al cuidado de Eloísa
Carreras.2 Quien lea sus escritos, y Aldabonazo es un buen ejemplo de ello,
apreciará lucidez y pasión, y no podrá quedar indiferente ante la honradez
del autor y la belleza de su prosa.
Especialmente recomiendo a los lectores sensibles y exigentes la lectura de
algunas de sus cartas, como la dirigida a sus familiares desde la
clandestinidad, el 4 de enero de 1957, y sobre todo, la carta de abril de 1958
escrita desde la cárcel para consolar a la familia, al conocer la noticia de la
caída en la lucha de su hermano Enrique. Pocas veces con mayor exactitud y
altura se ha explicado la entrega generosa de la vida de un joven revolucionario
en aras de los demás, como con la idea de que se puede "morir de
vida", como expresa el autor al final de dicha carta.
A escasas 90 millas de las costas de la Florida, Cuba, su revolución y los
cubanos siguen siendo un atrayente enigma para la mayoría del pueblo de los Estados Unidos. En no poca medida, el bloqueo y
las campañas hostiles de prensa sostenidas durante el mandato de diez
administraciones norteamericanas han contribuido a que crezca el interés de
mucha gente por conocer de primera mano qué ha ocurrido y qué ocurre en esta
isla situada muy cerca del borde sureño de su nación. Cuando libros como
Aldabonazo sean leídos por los norteamericanos, estoy seguro que al hallar en
cubanos como su autor los mismos anhelos de justicia, honradez, libertad y
patriotismo que los caracterizan como pueblo, el mismo apego a los ideales más
nobles, a la paz, y a la vida misma, comenzará a tenderse el puente de
comprensión y mutuo entendimiento que tanto necesitamos.
Sea este libro, también en este sentido, un aldabonazo sobre las conciencias
de sus lectores de la patria de Lincoln y de Whitman, a la que tanto respetamos
los cubanos.
La Habana, octubre de 2003
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1 José Manuel Prieto, presentación del número correspondiente a noviembre
de 2002 de la revista mexicana Letras Libres en la Feria Internacional del Libro
de Guadalajara.
2 Eloísa Carreras, Biobibliografía de Armando Hart Dávalos: 1990-2000 (La
Habana: Sociedad Cultural José Martí, 2000).
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