Perspectiva Mundial
numeros anterioresbusqueda de articulosdistribuidores localescomo contactarnossuscribase


El Militant, un semanario socialista en inglés

en este numero

PORTADA

Washington escala ofensiva contra Venezuela y Cuba

Mineros en gira ganan solidaridad

Festival mundial de jóvenes de 2005 a celebrarse en Venezuela

'Ustedes serán los próximos': mensaje brutal del imperialismo

Washington propone visa de empleo temporal, busca control de inmigrantes

Reorganización radical de industria azucarera cubana

ESTADOS UNIDOS

Mineros rechazan treta patronal

'¡Esperamos otros 75 años!'

Fijan vistas para 5 cubanos presos en EE.UU.

Cortes declaran ilegal detención indefinida de 'combatientes enemigos'

Lanzan campaña por 180 mil dólares en contribuciones para construcción de nueva librería Pathfinder en Nueva York

Sindicatos en Los Angeles se movilizan en apoyo de huelguistas de supermercados

Inmigrantes en Nueva Jersey defienden derecho a trabajar

VENEZUELA

Pescadores luchan por ingresos

EDITORIAL PATHFINDER

Prólogo a nuevo libro 'Aldabonazo: en la clandestinidad revolucionaria cubana'

'La población entera cooperó'

EDITORIAL

Chantaje imperial contra Irán


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
febrero de 2004 Vol. 28 No. 2

Cuba

Reorganización radical de la industria azucarera cubana

POR JONATHAN SILBERMAN, MARTÍN KOPPEL
Y MARY-ALICE WATERS

(Primero de dos artículos)

LA HABANA-En un informe presentado el 24 de diciembre a la Asamblea Nacional de Cuba, el ministro de economía y planificación José Luis Rodríguez confirmó que los resultados de la zafra azucarera nacional en 2002-2003 "no fueron satisfactorios", con una producción de 2.2 millones de toneladas de azúcar cruda.

Si bien el gobierno cubano había proyectado una cifra inferior a los 3.6 millones de toneladas de azúcar cruda producida en 2001-2002, la baja fue bastante más grande de lo anticipado. No se habían visto semejantes niveles de producción desde principios de los años 30, en lo más hondo de la Gran Depresión, cuando la producción cayó un poco por debajo de los 2 millones de toneladas. Para cumplir sus contratos a largo plazo con otros países, Cuba tendrá que comprar azúcar en el mercado spot (al contado) mundial.

La zafra de 2002-2003 será la primera desde que Cuba inició en abril de 2002 un proceso radical de reorganización y reducción de su industria azucarera. La merma indica la envergadura de los retos que los trabajadores y agricultores cubanos y su gobierno enfrentan en la producción azucarera.

Nuevas medidas del gobierno

El gobierno cubano ha tomado numerosas medidas en el último año y medio para reorganizar lo que ha estado al centro de la agricultura y la industria de Cuba por más de 150 años:

se ha cerrado 70 de los 155 centrales azucareros en la isla (50 ya habían quedado parados);

• se ha retirado del cultivo de la caña unos 1.38 millones de hectáreas de tierra (3.4 millones de acres) -un 62 por ciento del terreno total antes dedicado a ese fin- para destinar esta tierra a otros usos agropecuarios;

• se ha reducido en un 25 por ciento el número de trabajadores: de 400 mil a 300 mil; y

• se les ha garantizado a 100 mil ex trabajadores azucareros su anterior nivel salarial mientras aprovechan la oportunidad de inscribirse en más cursos escolares y recapacitación, y hacen la transición a nuevos oficios.

El objetivo de esta transformación es la concentración de los recursos en los centrales más eficientes y en las tierras más aptas para el cultivo de la caña, a fin de reducir el costo de producción de una libra de azúcar por debajo del precio promedio a largo plazo en el mercado mundial. La meta anual de producción es un promedio de 4 millones de toneladas, para satisfacer el consumo interno y cumplir los contratos internacionales.

Esta transformación de la industria azucarera impulsaría lo que ha sido desde el principio un objetivo de la Revolución Cubana: romper el dominio de la dependencia económica cubana del azúcar y diversificar más la agricultura y la industria. Sin embargo, el momento en que se tomó la decisión de iniciar estos cambios no fue dictado por esa meta. Tampoco fue dictado por la caída a largo plazo de los precios del azúcar cruda en el mercado mundial (que han ido bajando a una tasa anual promedio del 1.5 por ciento --ajustada para inflación-- durante la segunda mitad del siglo XX).

El momento en que se decidió aplicar estas medidas es producto de la creciente vulnerabilidad de Cuba, durante la última década, a las presiones ejercidas mediante el mercado mundial y la guerra económica de Washington, así como la necesidad de trastrocar la creciente obsolescencia de la industria azucarera cubana. Los métodos de producción y maquinaria ineficientes y la estructura de costos excepcionalmente altos de la agroindustria azucarera cubana es un legado de tres décadas de producción orientada hacia la demanda y los acuerdos comerciales a largo plazo con los países que entonces formaban parte del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

Opuesto del 'redimensionamiento' capitalista

Los trabajadores en cualquier país capitalista saben que cuando los patrones empiezan a hacer propuestas para "reestructurar" la producción y aumentar la eficiencia, lo último que tienen en mente es el bienestar de los productores. Palabras tales como "redimensionamiento", "racionalización", "productividad", "competitividad" y "modernización" se han convertido en sinónimos de la aceleración brutal del ritmo de trabajo, despidos, recortes salariales, jornadas laborales más largas, intentos de destruir sindicatos y ruina social.

El liderazgo en Cuba ha emprendido la tarea de mostrar que nada de esto va a ocurrir con la reducción de la industria azucarera, una reestructuración en la cual los trabajadores y sus organizaciones están ayudando a influir en cada decisión, y están supervisando la aplicación de cada paso.

Para conocer más acerca de este proceso, un equipo de reporteros de Perspectiva Mundial se pasó varios días en Cuba el año pasado con dirigentes de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y del Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros (SNTA), así como economistas y técnicos del Ministerio del Azúcar. También visitaron uno de los centrales clausurados en la provincia de La Habana, el complejo Camilo Cienfuegos en Santa Cruz del Norte. Anteriormente este central grande tenía más de 1 700 trabajadores. Ahí conocimos y hablamos con decenas de trabajadores acerca de los cambios (ver próximo artículo en el número de marzo).

"Al hacer esta reestructuración, que implica una importante reducción en el número de trabajadores en la producción azucarera, partimos de dos principios", dijo Pedro Ross en una entrevista. Ross es secretario general de la CTC y miembro del Consejo de Estado de Cuba.

"Primero, que ningún trabajador quedará desamparado.

"Y segundo, que los trabajadores y las comunidades afectadas por la reestructuración quedarán en mejores condiciones a través de este proceso, y entenderán que se han beneficiado de éste".

Un hecho ante todos explica la diferencia entre lo que, frente a estos cambios, les sucede a los trabajadores en Cuba y lo que les sucede a los trabajadores en países capitalistas como Estados Unidos y el Reino Unido. Ese hecho es la revolución socialista que los trabajadores y campesinos de Cuba iniciaron hace más de 40 años.

El origen de la dependencia cubana del precio del azúcar en el mercado mundial se remonta al legado de cuatro siglos de dominación colonial española seguidos por más de medio siglo de explotación imperialista norteamericana. Después de la exitosa rebelión de esclavos y el triunfo de la revolución haitiana en 1791-1804, Cuba, bajo la bota de España imperial, se transformó en el mayor productor de azúcar en el mundo, usando trabajo esclavo a una escala cada vez más masiva.

Como explicó el presidente cubano Fidel Castro en un discurso pronunciado el 21 de octubre de 2002 ante 10 mil obreros azucareros y sus familias en el pueblo de Artemisa en la provincia de La Habana, el arraigamiento de una monocultura azucarera se aceleró en la segunda mitad del siglo XIX tras la destrucción de las plantaciones cafetaleras cubanas por dos potentes huracanes en 1844 y 1845.

Los "accidentes" históricos que llevaron al dominio de la producción azucarera también prolongaron la existencia de la esclavitud en la isla. Casi 600 mil esclavos fueron traídos a Cuba entre 1816 y 1867, más del número que fue llevado a Estados Unidos durante toda la época del comercio de esclavos. En Cuba más de la mitad de los esclavos trabajaron -y murieron- en las plantaciones azucareras. No fue hasta 1886 que el gobierno colonial de Cuba proscribió el trabajo esclavo. Cuba y Brasil fueron los dos últimos países de América en hacerlo.

Derrotado el coloniaje español en 1898, Cuba inmediatamente cayó bajo la ocupación militar de Washington y fue sometida a la dominación imperialista. Se establecieron enormes plantaciones azucareras e ingenios de vapor que eran propiedad de acaudaladas familias norteamericanas. Empresas tales como la United Fruit suplieron los mercados norteamericanos durante 60 años. Cuba llegó a ser el principal país exportador de azúcar en el mundo: mientras los gobernantes norteamericanos prosperaban gracias a la vertiginosa demanda creada por dos guerras mundiales, millones de trabajadores y campesinos cubanos vivían en condiciones de pobreza desesperada.

Triunfo revolucionario de 1959

Todo eso se acabó en 1959. Los trabajadores y campesinos cubanos, dirigidos por el Movimiento 26 de Julio y del Ejército Rebelde bajo el mando de Fidel Castro, derrocaron a la dictadura de Fulgencio Batista, apoyada por Washington, y abrieron el camino a una profunda revolución social.

Como habían prometido los rebeldes victoriosos, el nuevo gobierno revolucionario llevó a cabo la reforma agraria de mayor alcance que el continente americano jamás había visto.

Millones de hectáreas de tierra, propiedad de familias norteamericanas y sus empresas, fueron expropiadas y entregadas a los productores rurales que las habían trabajado durante mucho tiempo. La tierra fue nacionalizada, para que los campesinos ya no enfrentaran más la esclavitud de deudas y ventas hipotecarias, y para garantizarles la tenencia permanente del suelo que cultivaban. Se indemnizó a los antiguos dueños con bonos a largo plazo financiados con los futuros ingresos de la cuota azucarera, las ventas anuales que el gobierno norteamericano les habría garantizado.

Washington tomó represalias recortando drásticamente la cuota azucarera y, poco después, prohibiendo todo comercio cubano con Estados Unidos. Comenzó a organizar esfuerzos para derrocar al gobierno revolucionario. Al profundizarse la lucha, el pueblo trabajador cubano expropió a las demás compañías de propiedad estadounidense, derrocando el dominio capitalista y librándose de la dominación imperialista. "Sin cuota, pero sin bota", una consigna que apareció en muros y en pancartas por toda la isla, expresó el espíritu revolucionario.

Washington no ha perdonado al pueblo cubano por su audacia y ejemplo peligroso. Y jamás lo hará.

Los trabajadores azucareros, el componente más grande de la clase trabajadora en Cuba, habían estado durante mucho tiempo a la vanguardia de las luchas revolucionarias. Después del triunfo de 1959, organizados y dirigidos por su gobierno revolucionario, también comenzaron a transformar la industria azucarera. Las ganancias extraídas del trabajo de los campesinos y trabajadores agrícolas ya no llenaban las arcas de los explotadores norteamericanos y cubanos. Las plantaciones privadas fueron expropiadas y reemplazadas por cooperativas y fincas estatales. Los ingresos de la producción azucarera fueron canalizados al desarrollo económico nacional para aumentar la productividad del trabajo y mejorar las condiciones de vida del pueblo trabajador.

Las condiciones de los propios trabajadores azucareros se transformaron de manera radical. Desapareció el tristemente célebre "tiempo muerto", los nueve meses entre zafras cuando la mayoría de los trabajadores azucareros estaban desempleados y sus familias pasaban hambre. En todas partes había escasez de mano de obra, mientras los trabajadores y otros voluntarios construían casas, escuelas y clínicas y atendían otras necesidades sociales.

En un espacio de pocos años, al mecanizarse la zafra y otras tareas agrícolas deslomadoras, los trabajadores aumentaron su productividad en las fincas, y cientos de miles de trabajadores quedaron libres para asumir otros tipos de trabajo. Se establecieron escuelas, clínicas y hospitales gratuitos para todos. Se forjó una fuerza armada revolucionaria de disposición internacionalista. Los agricultores y los trabajadores en el campo y en las ciudades fueron ejerciendo más influencia en las decisiones políticas sobre el desarrollo de la industria y la defensa de la trayectoria socialista de Cuba.

Objetivo de diversificación

En la sesión de la Asamblea Nacional de diciembre de 2002, hace poco más de 12 meses, el ministro del azúcar Ulises Rosales del Toro les recordó a los delegados que en los primeros años de la revolución el objetivo de Cuba, reiterado repetidamente, había sido la diversificación de la agricultura y la reducción de la dependencia de Cuba en el azúcar. Citó un discurso que esbozó este objetivo, pronunciado en agosto de 1960 por el entonces primer ministro Fidel Castro ante 600 coordinadores de cooperativas cañeras 10 días después de la nacionalización de los intereses azucareros norteamericanos. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos iniciales en este sentido, ese curso se acción fue desviado.

"Solo por el surgimiento de un mercado con precios justos y estables con la Unión Soviética y los demás países socialistas, se aplaza aquella estrategia", señaló Rosales del Toro.

"Durante más de tres décadas la revolución desarrolló una agroindustria hasta alcanzar un potencial de unos 10 millones de toneladas de azúcar, con el objetivo de darle respuesta a ese mercado", dijo. Para satisfacer esta demanda lucrativa de la Unión Soviética y de otros países del CAME, Rosales del Toro les recordó a los delegados que "si se hubiera podido sembrar caña en las macetas de los jardines hubiera estado plenamente justificado, por la riqueza que representaba para Cuba".

Por más de 30 años , hasta comienzos de la década de 1990, los trabajadores cubanos produjeron un promedio anual de 6.4 millones de toneladas de azúcar, sobrepasando los 8 millones una media docena de veces.

"Sin embargo, al desintegrarse la Unión Soviética y el campo socialista, se desplomó el soporte que sustentaba aquel fabuloso mercado" dijo Rosales del Toro. "Con ello mermó extraordinariamente nuestra capacidad para asumir los costos de producción, teniendo que acudir nuevamente al mercado mundial".

La producción azucarera de Cuba se había vuelto dependiente del cultivo extenso de tierras no aptas para la caña, que exigían grandes cantidades de fertilizantes, pesticidas y combustible obtenidos por acuerdos de trueque bajo condiciones favorables con la Unión Soviética, que disponía de riquezas petroleras. Este proceso altamente mecanizado también dependía mucho de tractores de fabricación soviética que consumían muchísima gasolina. En los primeros años de la revolución, cuando los precios relativos del azúcar y del petróleo eran tales que con una tonelada de azúcar se podía comprar ocho toneladas de petróleo -a diferencia de hoy, cuando hacen falta dos toneladas de azúcar para comprar una tonelada de petróleo- había pocos estímulos económicos para que Cuba desarrollara maquinaria más eficiente, explicó el presidente cubano Fidel Castro a los obreros azucareros en Artemisa.

El principal problema era el que Castro explicó tan claramente casi una década antes, en el congreso de noviembre de 1993 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). La dirección cubana, apuntó, actuó a partir de la suposición de que los regímenes soviético y de Europa oriental -y la ayuda-- iban a durar para siempre.

Cuando comenzó el derrumbe de estos regímenes, fue como "si dijeran que un día el sol no va a amanecer", dijo Castro a los delegados de UNEAC. "Todo el mundo espera que el sol amanezca todos los días, de la misma manera que todo el mundo, revolucionario o no revolucionario, esperaba que el campo socialista siguiera existiendo y que la URSS siguiera existiendo; pero nosotros nos quedamos como si un día no aparece el sol ni a las 6:00 de la mañana, ni a las 7:00, ni a las 10:00, ni a las 12:00, y, en medio de esas tinieblas, hemos tenido que buscar soluciones".

Con la suspensión abrupta a principios de los años 90 de los acuerdos comerciales a largo plazo con la CAME, que representaban el 85 por ciento de las importaciones a la isla y la mayor parte de sus contratos de exportación de azúcar, la producción azucarera quedó desvastada. La producción se desplomó precipitosamente de su punto más alto --8 millones de toneladas en 1989-90-a unos 4 millones de toneladas en 1992-93. Desde entonces no ha superado ese nivel.

Aún así, explicó Rosales del Toro en su informe de 2002 a la Asamblea Nacional, "durante los primeros siete años del Periodo Especial, mientras el azúcar tuvo precios por encima de 200 dólares la tonelada, el Minaz [Ministerio del Azúcar] trató de recuperar la producción de caña y azúcar y mantuvo aquella capacidad potencial". Esto había sido posible durante aquellos años, dijo, cuando los precios mundiales del azúcar fluctuaban entre 18 y 12 centavos la libra y el precio del petróleo era alrededor de 15 dólares y no los 30 dólares actuales.

Para 1998, gracias a su empeño, Cuba se había sobrepuesto a los peores años del Periodo Especial. ¡Su propia supervivencia había estado en juego! Con un respiro logrado con duros esfuerzos, la dirección emprendió un rumbo hacia la reducción del tamaño y del peso del sector azucarero y la diversificación acelerada de la agricultura.

Hito en abril de 2002

A principios de 2002, según dijo Fidel Castro a los obreros azucareros en Artemisa, los precios del azúcar se había desplomado a menos de 6 centavos la libra. "En abril se hizo imprescindible tomar con urgencia una decisión", dijo. El seguir adelante con la siembra de 286 mil hectáreas "habría sido una ruina". Urgía una reorganización. Sencillamente, dijo Castro, el gobierno decidió "seleccionar los mejores centrales, con las mejores tierras, que producen o pueden producir el azúcar a un costo por debajo, incluso, de los 4 centavos".

También incidieron otros factores en la decisión de abril de 2002, dijo Castro a los trabajadores en Artemisa. No solo había subido el precio del petróleo a 27 dólares el barril, sino que, al acercarse una guerra imperialista dirigida por Washington contra Iraq, al gobierno cubano no le quedaba otra opción que la de elaborar planes de emergencia , anticipando un aumento aún más súbito en los costos del combustible. Ese mes, apuntó, hubo "un intento de golpe de estado en Venezuela, que interrumpió los suministros y que estuvieron interrumpidos durante meses.... Hubo que gastar más dinero todavía en la adquisición de petróleo....Entonces es cuando se toma la decisión de la reestructuración de la industria azucarera". Venezuela suple un tercio del consumo cubano de petróleo.

Crisis de productores de azúcar

La crisis en la industria azucarera no es exclusiva a Cuba. Muchas otras naciones semicoloniales encaran retos parecidos: el mayor uso de sustitutos de azúcar y otros edulcorantes en los países industrialmente desarrollado, tecnología obsoleta, los desequilibrios y sacudones reforzados por la falta de diversificación de la agricultura y la industria, y el proteccionismo agresivo de los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea en relación a sus propios productores de caña y remolacha. Estos y otros factores han llevado a una tendencia de sobreproducción en el mercado mundial.

Asimismo, otros países del mundo semicolonial se han visto obligados a reducir su producción azucarera. En estos países capitalistas, a diferencia de Cuba, las consecuencias para los trabajadores y agricultores han sido desastrosas.

Un informe presentado por el Ministerio del Azúcar en mayo de 2002 pone el ejemplo de un hermano país antillano, República Dominicana. A pesar de gozar de una cuota preferencial con Estados Unidos, dice el informe, República Dominicana ha reducido a un tercio su producción azucarera desde 1960, y durante el último lustro se han cerrado casi la mitad de sus ingenios. El impacto ha sido catastrófico para los trabajadores azucareros. Son muy notorias las condiciones de trabajo de los cortadores de caña dominicanos, especialmente las de los "trabajadores huéspedes" superexplotados de Haití cerca de la frontera entre los dos países.

La producción azucarera en los países del Caribe ha caído en más del 50 por ciento durante los últimos 18 años, reduciendo precipitosamente su parte de la producción mundial del 11 por ciento en 1985 al 3 por ciento en 2003.

En Filipinas, otrora un importante productor de azúcar, decenas de miles de ex trabajadores azucareros se encuentran desempleados o permanentemente subempleados. En la isla de Negros, principal región productora de azúcar en el país, la caída de la producción ha multiplicado drásticamente la pobreza y la desnutrición. Desde 1980 la producción azucarera ha caído abruptamente en Indonesia y Malasia.

Por otra parte, los gobiernos imperialistas usan numerosas medidas proteccionistas contra las importaciones del Tercer Mundo, tales como el subsidio de la producción azucarera en sus propios países, el dumping de excedentes en el mercado mundial, y la imposición de aranceles a los productos importados.

En Estados Unidos el precio del azúcar en el mercado nacional, unos 21 centavos la libra -más de tres veces el precio del mercado mundial- está apoyado por aranceles proteccionistas así como cuotas que limitan las importaciones de países caribeños y otras naciones. Los países de la Unión Europea pagan 1 500 millones de dólares para subsidiar sus propias industrias de azúcar de remolacha. El dumping del excedente en el mercado mundial contribuye mucho a deprimir los precios mundiales del azúcar.

Sin embargo, además de estos retos, comunes a todos los países productores de azúcar, Cuba sigue enfrentando la guerra económica que Washington ha librado contra este país durante más de cuatro décadas. Uno de los primeros actos de esa guerra fue la decisión del presidente Dwight D. Eisenhower de eliminar el 95 por ciento de la cuota azucarera de Cuba en julio de 1960. Posteriormente la administración del presidente John F. Kennedy no solo prohibió las demás importaciones de azúcar cubana sino que impuso un embargo total al comercio con Cuba. Entre muchas otras consecuencias, el embargo interrumpió el acceso a las piezas de repuesto de la maquinaria que se usa para la producción azucarera, gran parte de la cual era de fabricación estadounidense.

Con la ley Torricelli adoptada en 1992 durante la administración de George Bush padre, y la ley Helms-Burton promulgada por el presidente William Clinton en 1996, Washington ha apretado aún más su embargo. La ley de 1992 prohibe el comercio con Cuba por parte de filiales norteamericanas en el exterior, y sanciona a los buques que atracan en puertos cubanos prohibiendo su entrada a puertos estadounidenses durante 180 días. La ley de 1996 permite que empresarios norteamericanos entablen demandas judiciales contra compañías que no son norteamericanas y que invierten en propiedades que fueron expropiadas por los trabajadores cubanos; esta medida ha hecho que muchas compañías extranjeras impongan condiciones más severas, cancelen inversiones y hasta cesen su comercio con Cuba.

El gobierno de Cuba calcula que el impacto de estas dos medidas sobre la agroindustria azucarera cubana asciende a unos 70 mil dólares al año.

Ineficiencia de industria azucarera cubana

Hace tres décadas, a principios de los años 70, Cuba era el principal exportador de azúcar en el mundo. Ya para 2001, sus exportaciones eran inferiores a las de Brasil, Australia y Tailandia, entre otros países.

El costo de producción del azúcar cubana -que se calculaba en 20 centavos la libra a fines de 90- es más del doble del de Brasil y un 20 por ciento más alto que el promedio global.

El complejo de producción azucarera en Cuba es muy anticuada. Un 90 por ciento de las fábricas aquí fueron construidas antes de 1925. La capacidad de moler de la mayoría de los centrales es pequeña, y muchos tienen calderas viejas que deben ser reparadas urgentemente.

La estructura del suelo en gran parte de los terrenos donde se ha sembrado caña tiene bajos niveles de minerales y otros elementos nutritivos que se necesitan para una producción de alto rendimiento. En años recientes, Cuba ha buscado compensar por estos obstáculos prolongando el periodo de la zafra. Puesto que el rendimiento de la producción azucarera no se basa en la cantidad de caña cortada sino en la cantidad de azúcar cruda extraída por tonelada de caña, la prolongación de la zafra en realidad reducía el rendimiento promedio, ya que la calidad de la caña cortada tanto tarde como temprano durante la zafra es de calidad inferior. Además, la prolongación de la zafra empeora los problemas mecánicos porque el trabajo se hace durante la estación lluviosa, aumentando la ineficiencia, y lo que es más importante, tiene un impacto negativo acumulativo sobre las zafras posteriores.

Reestructuración inevitable

El actual proceso de reestructuración hace permanentes muchas de las medidas temporarias que se iniciaron durante el último lustro. Después de las decisiones del quinto congreso nacional del Partido Comunista de Cuba en octubre de 1997, la zafra de 1997-98 comenzó con 116 centrales en funcionamiento. Ya se había retirado 40 centrales por ser muy ineficientes y demasiado costosos para reparar.

En su discurso del 21 de octubre de 1997 a los trabajadores azucareros en Artemisa, Castro señaló que durante los cinco años anteriores el número de complejos azucareros parados había aumentado a 45, y que todos menos dos o tres se habían cerrado en la práctica. En 2002 este número había subido a 50.

"Todos estos factores hicieron inevitable la reestructuración de la industria azucarera cubana", dijo Miguel Toledo, miembro del secretariado nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros (SNTA), en una entrevista concedida a reporteros de Perspectiva Mundial en las oficinas nacionales del sindicato. Destacó "las malas y cada vez más deterioradas condiciones de los centrales azucareros, el hecho que se sembró la caña en tierras de calidad muy desigual --los rendimientos son muy buenos en algunas zonas del país pero muy bajos en otras- y los costos muy altos de producción" a raíz de los métodos de cultivo y las malas condiciones de los ingenios.

Medidas para reestructurar industria

En 2001 se estableció una Comisión Central del Gobierno, presidida por Carlos Lage, secretario del Consejo de Ministros, para supervisar esta reorganización. La comisión está integrada también por otros ministros así como por dirigentes de la CTC, del SNTA y de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Se estableció una comisión distinta del Ministerio de Agricultura, y las dos comisiones se reúnen semanalmente. También se crearon comisiones a nivel de las 13 provincias y en cada uno de los 155 centrales. Su trabajo llevó a la decisión de fijar una meta anual de producción de 4 millones de toneladas de azúcar cruda.

"Cumplir este objetivo permitirá satisfacer el consumo interno de Cuba en unas 700 mil toneladas por año y dedicar más de 3 millones de toneladas a la exportación para cumplir nuestros compromisos internacionales", explicó Toledo. "Después del cierre de 70 complejos de producción, dejará 85 en funcionamiento. De éstos, 71 se dedicarán a la producción del azúcar y 14 a la producción de mieles integrales para el alimento animal, alcohol y medicina, para lo cual existe un importante mercado de exportación, especialmente en Rusia, China y Japón".

Un aspecto integral de este plan es el uso más eficaz del bagazo, un derivado del azúcar, como fuente energética. "La industria azucarera solía ser un fuerte consumidor de petróleo importado", dijo Tirso Sáenz, presidente de la Asociación de Técnicos Azucareros de Cuba, en una entrevista con Perspectiva Mundial. De hecho, hoy en día la industria azucarera contribuye a satisfacer las necesidades energéticas de Cuba.

En general, la reducción de terrenos y de ingenios está destinado a liberar importantes recursos para otros sectores de la agricultura y la industria: ante todo a trabajadores, pero también maquinaria y equipos, combustible, fertilizante y tierra productiva.

Trabajadores debaten, apoyan plan

El plan del gobierno fue presentado a asambleas de los trabajadores azucareros para ser debatido. Dirigentes sindicales y trabajadores azucareros nos describieron los cinco ciclos de asambleas en 2002 con la participación de casi un millón de trabajadores. Los trabajadores debatieron todo desde el plan general y las necesidades de la economía nacional hasta las consecuencias para el nivel de vida, las condiciones de trabajo y las vidas de los trabajadores, sus familias, sus comunidades y los cubanos en su conjunto.

"El objetivo es de mejorar la vida de los trabajadores junto con los beneficios para el país", dijo Toledo. "Se mantienen intactas y se mejoran todas las viviendas y demás servicios sociales de las comunidades locales cerca de los complejos azucareros. Estamos trabajando para mejorar la calidad de la vida con más bibliotecas, grupos teatrales y otros grupos culturales, actividades deportivas y museos. Y por supuesto, algunos trabajadores decidirán mudarse para ocupar puestos en otros lugares".

Toledo señaló que la diversificación llevará a mayores necesidades de mano de obra en otras esferas de la agricultura y la industria. Pero esa transición no se dará de la noche a la mañana. Un aspecto de sentar las bases para dicho cambio consiste en aprovechar el momento para que decenas de miles de trabajadores tengan la oportunidad de regresar a la escuela, sea a tiempo completo o a tiempo parcial, mientras siguen recibiendo un ingreso un poco mayor que su salario anterior.

El 1 de septiembre de 2002 comenzó el proceso de desmontar los 70 centrales. Cinco están siendo desmontados solo parcialmente para ser convertidos en museos, y otros cinco quedarán parados como reserva para los que están en funcionamiento. Los centrales más nuevos, eficientes y grandes, concentrados en el oriente del país, son el grueso de los que van a continuar procesando azúcar.

"Estamos tratando de usar el equipamiento y las piezas de los centrales desmontados como repuestos para los ingenios que siguen funcionando, o para otros usos", dijo Sáenz. "Por ejemplo, las tuberías de las calderas son muy útiles en las nuevas casas de cultivo de alta tecnología que se están desarrollando. Estamos vendiendo algunas partes a otros productores de azúcar en el Caribe. Así dejamos lo mínimo de chatarra para reciclar". Están vendiendo las paredes, tuberías y otras partes a los trabajadores a precios módicos.

"Con este plan, los 1.38 millones de hectáreas de tierra que antes se dedicaban a la producción azucarera ahora se destinarán a otros usos, principalmente la reforestación y la producción vacuna, lechera, frutal y de viandas", agregó Sáenz. Unas 700 mil hectáreas (1.7 millones de acres) de la tierra más productiva, donde la zafra se puede completar en 90 ó 100 días, se mantendrá para la producción azucarera.

Cooperativas agropecuarias

"Un 97 por ciento del azúcar en Cuba proviene de las UBPC", señaló Sáenz, refiriéndose a las cooperativas agropecuarias conocidas como Unidades Básicas de Producción Cooperativa.

Las UBPC cañeras se establecieron a fines de 1993 al reorganizarse las grandes fincas estatales como cooperativas más pequeñas, cuyos miembros venden su producción, de la cual son dueños. Esta medida iba dirigida a darles a los que trabajan la tierra más poder de decisiones en la operación de las fincas, aumentar los estímulos para producir con más eficacia, y eliminar el gran número de trabajadores no productivos en las granjas estatales -que a veces superaba el 50 por ciento de la fuerza laboral- que estaban encargados de tareas administrativas.

"Se podría decir que la creación de las UBPC fue la primera etapa en la reestructuración de la industria azucarera", dijo Sáenz. "La etapa actual significa un esfuerzo nuevo para que las UBPC sean más eficientes y sostenibles a largo plazo".

Las exigencias de liderazgo político que se plantean al efectuar la masiva reestructuración de la producción azucarera --al dirigir a los seres humanos que harán realidad esta transformación-- son el principal reto que hoy día enfrentan los trabajadores cubanos y su gobierno en la reorganización de la agroindustria.

El carácter social y proletario de la actual reorganización de industria azucarera en Cuba se refleja en el sumario contenido en el "Documento Programático" que el Ministerio del Azúcar preparó para distribuir a todos los 400 mil obreros azucareros en 2002. Este sirvió de base para los debates en los múltiples ciclos de asambleas obreras que moldearon los cambios. El documento afirma:

"Acerca del personal que pueda exceder las necesidades que resulte del redimensionamiento, hay principios inviolables:

"Nadie se quedará desamparado.

"Todos los trabajadores tendrán una garantía salarial.

"Habrá garantía de empleo o estudio para todos los trabajadores azucareros.

"Cien mil azucareros podrán incorporarse a distintos cursos de superación.

"Todos los trabajadores que continúen en el sector seguirán perteneciendo al sindicato azucarero.

"Todos los campesinos seguirán en su Asociación Nacional de Agricultores Pequeños.

"Los trabajadores agrícolas cuyos ingresos dependan de los rendimientos del trabajo continuarán cobrando sus salarios bajo este mismo concepto. El número de los que se acojan a la opción de recalificación y superación, la cual incluye los niveles universitarios, no está limitado por cuota alguna. Aspiramos a la enorme y noble cifra de 100 mil agroindustriales azucareros acogidos a estos planes de recalificación y superación y no faltarán las instalaciones necesarias para acogerlos.

"Esta excepcional oportunidad es posible ofrecerla hoy a nuestros agroindustriales, y ya se ha hecho con decenas de miles de jóvenes desvinculados del estudio y del trabajo".

(En el próximo número: trabajadores cubanos explican cómo se benefician de la reorganización de la industria azucarera.)


Portada | Portada este número