
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2004 Vol. 28 No. 2
Cuba
Reorganización radical de la industria azucarera cubana
POR JONATHAN SILBERMAN, MARTÍN KOPPEL
Y MARY-ALICE WATERS
(Primero de dos artículos)
LA HABANA-En un informe presentado el 24 de diciembre a la Asamblea Nacional
de Cuba, el ministro de economía y planificación José Luis Rodríguez
confirmó que los resultados de la zafra azucarera nacional en 2002-2003
"no fueron satisfactorios", con una producción de 2.2 millones de
toneladas de azúcar cruda.
Si bien el gobierno cubano había proyectado una cifra inferior a los 3.6
millones de toneladas de azúcar cruda producida en 2001-2002, la baja fue
bastante más grande de lo anticipado. No se habían visto semejantes niveles de
producción desde principios de los años 30, en lo más hondo de la Gran
Depresión, cuando la producción cayó un poco por debajo de los 2 millones de
toneladas. Para cumplir sus contratos a largo plazo con otros países, Cuba
tendrá que comprar azúcar en el mercado spot (al contado) mundial.
La zafra de 2002-2003 será la primera desde que Cuba inició en abril de
2002 un proceso radical de reorganización y reducción de su industria
azucarera. La merma indica la envergadura de los retos que los trabajadores y
agricultores cubanos y su gobierno enfrentan en la producción azucarera.
Nuevas medidas del gobierno
El gobierno cubano ha tomado numerosas medidas en el último año y medio
para reorganizar lo que ha estado al centro de la agricultura y la industria de
Cuba por más de 150 años:
se ha cerrado 70 de los 155 centrales azucareros en la isla (50 ya habían
quedado parados);
• se ha retirado del cultivo de la caña unos 1.38 millones de hectáreas de
tierra (3.4 millones de acres) -un 62 por ciento del terreno total antes
dedicado a ese fin- para destinar esta tierra a otros usos agropecuarios;
• se ha reducido en un 25 por ciento el número de trabajadores: de 400 mil a
300 mil; y
• se les ha garantizado a 100 mil ex trabajadores azucareros su anterior
nivel salarial mientras aprovechan la oportunidad de inscribirse en más cursos
escolares y recapacitación, y hacen la transición a nuevos oficios.
El objetivo de esta transformación es la concentración de los recursos en
los centrales más eficientes y en las tierras más aptas para el cultivo de la
caña, a fin de reducir el costo de producción de una libra de azúcar por
debajo del precio promedio a largo plazo en el mercado mundial. La meta anual de
producción es un promedio de 4 millones de toneladas, para satisfacer el
consumo interno y cumplir los contratos internacionales.
Esta transformación de la industria azucarera impulsaría lo que ha sido
desde el principio un objetivo de la Revolución Cubana: romper el dominio de la
dependencia económica cubana del azúcar y diversificar más la agricultura y
la industria. Sin embargo, el momento en que se tomó la decisión de iniciar
estos cambios no fue dictado por esa meta. Tampoco fue dictado por la caída a
largo plazo de los precios del azúcar cruda en el mercado mundial (que han ido
bajando a una tasa anual promedio del 1.5 por ciento --ajustada para
inflación-- durante la segunda mitad del siglo XX).
El momento en que se decidió aplicar estas medidas es producto de la
creciente vulnerabilidad de Cuba, durante la última década, a las presiones
ejercidas mediante el mercado mundial y la guerra económica de Washington, así
como la necesidad de trastrocar la creciente obsolescencia de la industria
azucarera cubana. Los métodos de producción y maquinaria ineficientes y la
estructura de costos excepcionalmente altos de la agroindustria azucarera cubana
es un legado de tres décadas de producción orientada hacia la demanda y los
acuerdos comerciales a largo plazo con los países que entonces formaban parte
del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).
Opuesto del 'redimensionamiento' capitalista
Los trabajadores en cualquier país capitalista saben que cuando los patrones
empiezan a hacer propuestas para "reestructurar" la producción y
aumentar la eficiencia, lo último que tienen en mente es el bienestar de los
productores. Palabras tales como "redimensionamiento",
"racionalización", "productividad",
"competitividad" y "modernización" se han convertido en
sinónimos de la aceleración brutal del ritmo de trabajo, despidos, recortes
salariales, jornadas laborales más largas, intentos de destruir sindicatos y
ruina social.
El liderazgo en Cuba ha emprendido la tarea de mostrar que nada de esto va a
ocurrir con la reducción de la industria azucarera, una reestructuración en la
cual los trabajadores y sus organizaciones están ayudando a influir en cada
decisión, y están supervisando la aplicación de cada paso.
Para conocer más acerca de este proceso, un equipo de reporteros de
Perspectiva Mundial se pasó varios días en Cuba el año pasado con dirigentes
de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y del Sindicato Nacional de
Trabajadores Azucareros (SNTA), así como economistas y técnicos del Ministerio
del Azúcar. También visitaron uno de los centrales clausurados en la provincia
de La Habana, el complejo Camilo Cienfuegos en Santa Cruz del Norte.
Anteriormente este central grande tenía más de 1 700 trabajadores. Ahí
conocimos y hablamos con decenas de trabajadores acerca de los cambios (ver
próximo artículo en el número de marzo).
"Al hacer esta reestructuración, que implica una importante reducción
en el número de trabajadores en la producción azucarera, partimos de dos
principios", dijo Pedro Ross en una entrevista. Ross es secretario general
de la CTC y miembro del Consejo de Estado de Cuba.
"Primero, que ningún trabajador quedará desamparado.
"Y segundo, que los trabajadores y las comunidades afectadas por la
reestructuración quedarán en mejores condiciones a través de este proceso, y
entenderán que se han beneficiado de éste".
Un hecho ante todos explica la diferencia entre lo que, frente a estos
cambios, les sucede a los trabajadores en Cuba y lo que les sucede a los
trabajadores en países capitalistas como Estados Unidos y el Reino Unido. Ese
hecho es la revolución socialista que los trabajadores y campesinos de Cuba
iniciaron hace más de 40 años.
El origen de la dependencia cubana del precio del azúcar en el mercado
mundial se remonta al legado de cuatro siglos de dominación colonial española
seguidos por más de medio siglo de explotación imperialista norteamericana.
Después de la exitosa rebelión de esclavos y el triunfo de la revolución
haitiana en 1791-1804, Cuba, bajo la bota de España imperial, se transformó en
el mayor productor de azúcar en el mundo, usando trabajo esclavo a una escala
cada vez más masiva.
Como explicó el presidente cubano Fidel Castro en un discurso pronunciado el
21 de octubre de 2002 ante 10 mil obreros azucareros y sus familias en el pueblo
de Artemisa en la provincia de La Habana, el arraigamiento de una monocultura
azucarera se aceleró en la segunda mitad del siglo XIX tras la destrucción de
las plantaciones cafetaleras cubanas por dos potentes huracanes en 1844 y 1845.
Los "accidentes" históricos que llevaron al dominio de la
producción azucarera también prolongaron la existencia de la esclavitud en la
isla. Casi 600 mil esclavos fueron traídos a Cuba entre 1816 y 1867, más del
número que fue llevado a Estados Unidos durante toda la época del comercio de
esclavos. En Cuba más de la mitad de los esclavos trabajaron -y murieron- en
las plantaciones azucareras. No fue hasta 1886 que el gobierno colonial de Cuba
proscribió el trabajo esclavo. Cuba y Brasil fueron los dos últimos países de
América en hacerlo.
Derrotado el coloniaje español en 1898, Cuba inmediatamente cayó bajo la
ocupación militar de Washington y fue sometida a la dominación imperialista.
Se establecieron enormes plantaciones azucareras e ingenios de vapor que eran
propiedad de acaudaladas familias norteamericanas. Empresas tales como la United
Fruit suplieron los mercados norteamericanos durante 60 años. Cuba llegó a ser
el principal país exportador de azúcar en el mundo: mientras los gobernantes
norteamericanos prosperaban gracias a la vertiginosa demanda creada por dos
guerras mundiales, millones de trabajadores y campesinos cubanos vivían en
condiciones de pobreza desesperada.
Triunfo revolucionario de 1959
Todo eso se acabó en 1959. Los trabajadores y campesinos cubanos, dirigidos
por el Movimiento 26 de Julio y del Ejército Rebelde bajo el mando de Fidel
Castro, derrocaron a la dictadura de Fulgencio Batista, apoyada por Washington,
y abrieron el camino a una profunda revolución social.
Como habían prometido los rebeldes victoriosos, el nuevo gobierno
revolucionario llevó a cabo la reforma agraria de mayor alcance que el
continente americano jamás había visto.
Millones de hectáreas de tierra, propiedad de familias norteamericanas y sus
empresas, fueron expropiadas y entregadas a los productores rurales que las
habían trabajado durante mucho tiempo. La tierra fue nacionalizada, para que
los campesinos ya no enfrentaran más la esclavitud de deudas y ventas
hipotecarias, y para garantizarles la tenencia permanente del suelo que
cultivaban. Se indemnizó a los antiguos dueños con bonos a largo plazo
financiados con los futuros ingresos de la cuota azucarera, las ventas anuales
que el gobierno norteamericano les habría garantizado.
Washington tomó represalias recortando drásticamente la cuota azucarera y,
poco después, prohibiendo todo comercio cubano con Estados Unidos. Comenzó a
organizar esfuerzos para derrocar al gobierno revolucionario. Al profundizarse
la lucha, el pueblo trabajador cubano expropió a las demás compañías de
propiedad estadounidense, derrocando el dominio capitalista y librándose de la
dominación imperialista. "Sin cuota, pero sin bota", una consigna que
apareció en muros y en pancartas por toda la isla, expresó el espíritu
revolucionario.
Washington no ha perdonado al pueblo cubano por su audacia y ejemplo
peligroso. Y jamás lo hará.
Los trabajadores azucareros, el componente más grande de la clase
trabajadora en Cuba, habían estado durante mucho tiempo a la vanguardia de las
luchas revolucionarias. Después del triunfo de 1959, organizados y dirigidos
por su gobierno revolucionario, también comenzaron a transformar la industria
azucarera. Las ganancias extraídas del trabajo de los campesinos y trabajadores
agrícolas ya no llenaban las arcas de los explotadores norteamericanos y
cubanos. Las plantaciones privadas fueron expropiadas y reemplazadas por
cooperativas y fincas estatales. Los ingresos de la producción azucarera fueron
canalizados al desarrollo económico nacional para aumentar la productividad del
trabajo y mejorar las condiciones de vida del pueblo trabajador.
Las condiciones de los propios trabajadores azucareros se transformaron de
manera radical. Desapareció el tristemente célebre "tiempo muerto",
los nueve meses entre zafras cuando la mayoría de los trabajadores azucareros
estaban desempleados y sus familias pasaban hambre. En todas partes había
escasez de mano de obra, mientras los trabajadores y otros voluntarios
construían casas, escuelas y clínicas y atendían otras necesidades sociales.
En un espacio de pocos años, al mecanizarse la zafra y otras tareas
agrícolas deslomadoras, los trabajadores aumentaron su productividad en las
fincas, y cientos de miles de trabajadores quedaron libres para asumir otros
tipos de trabajo. Se establecieron escuelas, clínicas y hospitales gratuitos
para todos. Se forjó una fuerza armada revolucionaria de disposición
internacionalista. Los agricultores y los trabajadores en el campo y en las
ciudades fueron ejerciendo más influencia en las decisiones políticas sobre el
desarrollo de la industria y la defensa de la trayectoria socialista de Cuba.
Objetivo de diversificación
En la sesión de la Asamblea Nacional de diciembre de 2002, hace poco más de
12 meses, el ministro del azúcar Ulises Rosales del Toro les recordó a los
delegados que en los primeros años de la revolución el objetivo de Cuba,
reiterado repetidamente, había sido la diversificación de la agricultura y la
reducción de la dependencia de Cuba en el azúcar. Citó un discurso que
esbozó este objetivo, pronunciado en agosto de 1960 por el entonces primer
ministro Fidel Castro ante 600 coordinadores de cooperativas cañeras 10 días
después de la nacionalización de los intereses azucareros norteamericanos. Sin
embargo, a pesar de los esfuerzos iniciales en este sentido, ese curso se
acción fue desviado.
"Solo por el surgimiento de un mercado con precios justos y estables con
la Unión Soviética y los demás países socialistas, se aplaza aquella
estrategia", señaló Rosales del Toro.
"Durante más de tres décadas la revolución desarrolló una
agroindustria hasta alcanzar un potencial de unos 10 millones de toneladas de
azúcar, con el objetivo de darle respuesta a ese mercado", dijo. Para
satisfacer esta demanda lucrativa de la Unión Soviética y de otros países del
CAME, Rosales del Toro les recordó a los delegados que "si se hubiera
podido sembrar caña en las macetas de los jardines hubiera estado plenamente
justificado, por la riqueza que representaba para Cuba".
Por más de 30 años , hasta comienzos de la década de 1990, los
trabajadores cubanos produjeron un promedio anual de 6.4 millones de toneladas
de azúcar, sobrepasando los 8 millones una media docena de veces.
"Sin embargo, al desintegrarse la Unión Soviética y el campo
socialista, se desplomó el soporte que sustentaba aquel fabuloso mercado"
dijo Rosales del Toro. "Con ello mermó extraordinariamente nuestra
capacidad para asumir los costos de producción, teniendo que acudir nuevamente
al mercado mundial".
La producción azucarera de Cuba se había vuelto dependiente del cultivo
extenso de tierras no aptas para la caña, que exigían grandes cantidades de
fertilizantes, pesticidas y combustible obtenidos por acuerdos de trueque bajo
condiciones favorables con la Unión Soviética, que disponía de riquezas
petroleras. Este proceso altamente mecanizado también dependía mucho de
tractores de fabricación soviética que consumían muchísima gasolina. En los
primeros años de la revolución, cuando los precios relativos del azúcar y del
petróleo eran tales que con una tonelada de azúcar se podía comprar ocho
toneladas de petróleo -a diferencia de hoy, cuando hacen falta dos toneladas de
azúcar para comprar una tonelada de petróleo- había pocos estímulos
económicos para que Cuba desarrollara maquinaria más eficiente, explicó el
presidente cubano Fidel Castro a los obreros azucareros en Artemisa.
El principal problema era el que Castro explicó tan claramente casi una
década antes, en el congreso de noviembre de 1993 de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba (UNEAC). La dirección cubana, apuntó, actuó a partir de la
suposición de que los regímenes soviético y de Europa oriental -y la ayuda--
iban a durar para siempre.
Cuando comenzó el derrumbe de estos regímenes, fue como "si dijeran
que un día el sol no va a amanecer", dijo Castro a los delegados de UNEAC.
"Todo el mundo espera que el sol amanezca todos los días, de la misma
manera que todo el mundo, revolucionario o no revolucionario, esperaba que el
campo socialista siguiera existiendo y que la URSS siguiera existiendo; pero
nosotros nos quedamos como si un día no aparece el sol ni a las 6:00 de la
mañana, ni a las 7:00, ni a las 10:00, ni a las 12:00, y, en medio de esas
tinieblas, hemos tenido que buscar soluciones".
Con la suspensión abrupta a principios de los años 90 de los acuerdos
comerciales a largo plazo con la CAME, que representaban el 85 por ciento de las
importaciones a la isla y la mayor parte de sus contratos de exportación de
azúcar, la producción azucarera quedó desvastada. La producción se desplomó
precipitosamente de su punto más alto --8 millones de toneladas en 1989-90-a
unos 4 millones de toneladas en 1992-93. Desde entonces no ha superado ese
nivel.
Aún así, explicó Rosales del Toro en su informe de 2002 a la Asamblea
Nacional, "durante los primeros siete años del Periodo Especial, mientras
el azúcar tuvo precios por encima de 200 dólares la tonelada, el Minaz
[Ministerio del Azúcar] trató de recuperar la producción de caña y azúcar y
mantuvo aquella capacidad potencial". Esto había sido posible durante
aquellos años, dijo, cuando los precios mundiales del azúcar fluctuaban entre
18 y 12 centavos la libra y el precio del petróleo era alrededor de 15 dólares
y no los 30 dólares actuales.
Para 1998, gracias a su empeño, Cuba se había sobrepuesto a los peores
años del Periodo Especial. ¡Su propia supervivencia había estado en juego!
Con un respiro logrado con duros esfuerzos, la dirección emprendió un rumbo
hacia la reducción del tamaño y del peso del sector azucarero y la
diversificación acelerada de la agricultura.
Hito en abril de 2002
A principios de 2002, según dijo Fidel Castro a los obreros azucareros en
Artemisa, los precios del azúcar se había desplomado a menos de 6 centavos la
libra. "En abril se hizo imprescindible tomar con urgencia una
decisión", dijo. El seguir adelante con la siembra de 286 mil hectáreas
"habría sido una ruina". Urgía una reorganización. Sencillamente,
dijo Castro, el gobierno decidió "seleccionar los mejores centrales, con
las mejores tierras, que producen o pueden producir el azúcar a un costo por
debajo, incluso, de los 4 centavos".
También incidieron otros factores en la decisión de abril de 2002, dijo
Castro a los trabajadores en Artemisa. No solo había subido el precio del
petróleo a 27 dólares el barril, sino que, al acercarse una guerra
imperialista dirigida por Washington contra Iraq, al gobierno cubano no le
quedaba otra opción que la de elaborar planes de emergencia , anticipando un
aumento aún más súbito en los costos del combustible. Ese mes, apuntó, hubo
"un intento de golpe de estado en Venezuela, que interrumpió los
suministros y que estuvieron interrumpidos durante meses.... Hubo que gastar
más dinero todavía en la adquisición de petróleo....Entonces es cuando se
toma la decisión de la reestructuración de la industria azucarera".
Venezuela suple un tercio del consumo cubano de petróleo.
Crisis de productores de azúcar
La crisis en la industria azucarera no es exclusiva a Cuba. Muchas otras
naciones semicoloniales encaran retos parecidos: el mayor uso de sustitutos de
azúcar y otros edulcorantes en los países industrialmente desarrollado,
tecnología obsoleta, los desequilibrios y sacudones reforzados por la falta de
diversificación de la agricultura y la industria, y el proteccionismo agresivo
de los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea en relación a sus
propios productores de caña y remolacha. Estos y otros factores han llevado a
una tendencia de sobreproducción en el mercado mundial.
Asimismo, otros países del mundo semicolonial se han visto obligados a
reducir su producción azucarera. En estos países capitalistas, a diferencia de
Cuba, las consecuencias para los trabajadores y agricultores han sido
desastrosas.
Un informe presentado por el Ministerio del Azúcar en mayo de 2002 pone el
ejemplo de un hermano país antillano, República Dominicana. A pesar de gozar
de una cuota preferencial con Estados Unidos, dice el informe, República
Dominicana ha reducido a un tercio su producción azucarera desde 1960, y
durante el último lustro se han cerrado casi la mitad de sus ingenios. El
impacto ha sido catastrófico para los trabajadores azucareros. Son muy notorias
las condiciones de trabajo de los cortadores de caña dominicanos, especialmente
las de los "trabajadores huéspedes" superexplotados de Haití cerca
de la frontera entre los dos países.
La producción azucarera en los países del Caribe ha caído en más del 50
por ciento durante los últimos 18 años, reduciendo precipitosamente su parte
de la producción mundial del 11 por ciento en 1985 al 3 por ciento en 2003.
En Filipinas, otrora un importante productor de azúcar, decenas de miles de
ex trabajadores azucareros se encuentran desempleados o permanentemente
subempleados. En la isla de Negros, principal región productora de azúcar en
el país, la caída de la producción ha multiplicado drásticamente la pobreza
y la desnutrición. Desde 1980 la producción azucarera ha caído abruptamente
en Indonesia y Malasia.
Por otra parte, los gobiernos imperialistas usan numerosas medidas
proteccionistas contra las importaciones del Tercer Mundo, tales como el
subsidio de la producción azucarera en sus propios países, el dumping de
excedentes en el mercado mundial, y la imposición de aranceles a los productos
importados.
En Estados Unidos el precio del azúcar en el mercado nacional, unos 21
centavos la libra -más de tres veces el precio del mercado mundial- está
apoyado por aranceles proteccionistas así como cuotas que limitan las
importaciones de países caribeños y otras naciones. Los países de la Unión
Europea pagan 1 500 millones de dólares para subsidiar sus propias industrias
de azúcar de remolacha. El dumping del excedente en el mercado mundial
contribuye mucho a deprimir los precios mundiales del azúcar.
Sin embargo, además de estos retos, comunes a todos los países productores
de azúcar, Cuba sigue enfrentando la guerra económica que Washington ha
librado contra este país durante más de cuatro décadas. Uno de los primeros
actos de esa guerra fue la decisión del presidente Dwight D. Eisenhower de
eliminar el 95 por ciento de la cuota azucarera de Cuba en julio de 1960.
Posteriormente la administración del presidente John F. Kennedy no solo
prohibió las demás importaciones de azúcar cubana sino que impuso un embargo
total al comercio con Cuba. Entre muchas otras consecuencias, el embargo
interrumpió el acceso a las piezas de repuesto de la maquinaria que se usa para
la producción azucarera, gran parte de la cual era de fabricación
estadounidense.
Con la ley Torricelli adoptada en 1992 durante la administración de George
Bush padre, y la ley Helms-Burton promulgada por el presidente William Clinton
en 1996, Washington ha apretado aún más su embargo. La ley de 1992 prohibe el
comercio con Cuba por parte de filiales norteamericanas en el exterior, y
sanciona a los buques que atracan en puertos cubanos prohibiendo su entrada a
puertos estadounidenses durante 180 días. La ley de 1996 permite que
empresarios norteamericanos entablen demandas judiciales contra compañías que
no son norteamericanas y que invierten en propiedades que fueron expropiadas por
los trabajadores cubanos; esta medida ha hecho que muchas compañías
extranjeras impongan condiciones más severas, cancelen inversiones y hasta
cesen su comercio con Cuba.
El gobierno de Cuba calcula que el impacto de estas dos medidas sobre la
agroindustria azucarera cubana asciende a unos 70 mil dólares al año.
Ineficiencia de industria azucarera cubana
Hace tres décadas, a principios de los años 70, Cuba era el principal
exportador de azúcar en el mundo. Ya para 2001, sus exportaciones eran
inferiores a las de Brasil, Australia y Tailandia, entre otros países.
El costo de producción del azúcar cubana -que se calculaba en 20 centavos
la libra a fines de 90- es más del doble del de Brasil y un 20 por ciento más
alto que el promedio global.
El complejo de producción azucarera en Cuba es muy anticuada. Un 90 por
ciento de las fábricas aquí fueron construidas antes de 1925. La capacidad de
moler de la mayoría de los centrales es pequeña, y muchos tienen calderas
viejas que deben ser reparadas urgentemente.
La estructura del suelo en gran parte de los terrenos donde se ha sembrado
caña tiene bajos niveles de minerales y otros elementos nutritivos que se
necesitan para una producción de alto rendimiento. En años recientes, Cuba ha
buscado compensar por estos obstáculos prolongando el periodo de la zafra.
Puesto que el rendimiento de la producción azucarera no se basa en la cantidad
de caña cortada sino en la cantidad de azúcar cruda extraída por tonelada de
caña, la prolongación de la zafra en realidad reducía el rendimiento
promedio, ya que la calidad de la caña cortada tanto tarde como temprano
durante la zafra es de calidad inferior. Además, la prolongación de la zafra
empeora los problemas mecánicos porque el trabajo se hace durante la estación
lluviosa, aumentando la ineficiencia, y lo que es más importante, tiene un
impacto negativo acumulativo sobre las zafras posteriores.
Reestructuración inevitable
El actual proceso de reestructuración hace permanentes muchas de las medidas
temporarias que se iniciaron durante el último lustro. Después de las
decisiones del quinto congreso nacional del Partido Comunista de Cuba en octubre
de 1997, la zafra de 1997-98 comenzó con 116 centrales en funcionamiento. Ya se
había retirado 40 centrales por ser muy ineficientes y demasiado costosos para
reparar.
En su discurso del 21 de octubre de 1997 a los trabajadores azucareros en
Artemisa, Castro señaló que durante los cinco años anteriores el número de
complejos azucareros parados había aumentado a 45, y que todos menos dos o tres
se habían cerrado en la práctica. En 2002 este número había subido a 50.
"Todos estos factores hicieron inevitable la reestructuración de la
industria azucarera cubana", dijo Miguel Toledo, miembro del secretariado
nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores Azucareros (SNTA), en una
entrevista concedida a reporteros de Perspectiva Mundial en las oficinas
nacionales del sindicato. Destacó "las malas y cada vez más deterioradas
condiciones de los centrales azucareros, el hecho que se sembró la caña en
tierras de calidad muy desigual --los rendimientos son muy buenos en algunas
zonas del país pero muy bajos en otras- y los costos muy altos de
producción" a raíz de los métodos de cultivo y las malas condiciones de
los ingenios.
Medidas para reestructurar industria
En 2001 se estableció una Comisión Central del Gobierno, presidida por
Carlos Lage, secretario del Consejo de Ministros, para supervisar esta
reorganización. La comisión está integrada también por otros ministros así
como por dirigentes de la CTC, del SNTA y de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP). Se estableció una comisión distinta del
Ministerio de Agricultura, y las dos comisiones se reúnen semanalmente.
También se crearon comisiones a nivel de las 13 provincias y en cada uno de los
155 centrales. Su trabajo llevó a la decisión de fijar una meta anual de
producción de 4 millones de toneladas de azúcar cruda.
"Cumplir este objetivo permitirá satisfacer el consumo interno de Cuba
en unas 700 mil toneladas por año y dedicar más de 3 millones de toneladas a
la exportación para cumplir nuestros compromisos internacionales",
explicó Toledo. "Después del cierre de 70 complejos de producción,
dejará 85 en funcionamiento. De éstos, 71 se dedicarán a la producción del
azúcar y 14 a la producción de mieles integrales para el alimento animal,
alcohol y medicina, para lo cual existe un importante mercado de exportación,
especialmente en Rusia, China y Japón".
Un aspecto integral de este plan es el uso más eficaz del bagazo, un
derivado del azúcar, como fuente energética. "La industria azucarera
solía ser un fuerte consumidor de petróleo importado", dijo Tirso Sáenz,
presidente de la Asociación de Técnicos Azucareros de Cuba, en una entrevista
con Perspectiva Mundial. De hecho, hoy en día la industria azucarera contribuye
a satisfacer las necesidades energéticas de Cuba.
En general, la reducción de terrenos y de ingenios está destinado a liberar
importantes recursos para otros sectores de la agricultura y la industria: ante
todo a trabajadores, pero también maquinaria y equipos, combustible,
fertilizante y tierra productiva.
Trabajadores debaten, apoyan plan
El plan del gobierno fue presentado a asambleas de los trabajadores
azucareros para ser debatido. Dirigentes sindicales y trabajadores azucareros
nos describieron los cinco ciclos de asambleas en 2002 con la participación de
casi un millón de trabajadores. Los trabajadores debatieron todo desde el plan
general y las necesidades de la economía nacional hasta las consecuencias para
el nivel de vida, las condiciones de trabajo y las vidas de los trabajadores,
sus familias, sus comunidades y los cubanos en su conjunto.
"El objetivo es de mejorar la vida de los trabajadores junto con los
beneficios para el país", dijo Toledo. "Se mantienen intactas y se
mejoran todas las viviendas y demás servicios sociales de las comunidades
locales cerca de los complejos azucareros. Estamos trabajando para mejorar la
calidad de la vida con más bibliotecas, grupos teatrales y otros grupos
culturales, actividades deportivas y museos. Y por supuesto, algunos
trabajadores decidirán mudarse para ocupar puestos en otros lugares".
Toledo señaló que la diversificación llevará a mayores necesidades de
mano de obra en otras esferas de la agricultura y la industria. Pero esa
transición no se dará de la noche a la mañana. Un aspecto de sentar las bases
para dicho cambio consiste en aprovechar el momento para que decenas de miles de
trabajadores tengan la oportunidad de regresar a la escuela, sea a tiempo
completo o a tiempo parcial, mientras siguen recibiendo un ingreso un poco mayor
que su salario anterior.
El 1 de septiembre de 2002 comenzó el proceso de desmontar los 70 centrales.
Cinco están siendo desmontados solo parcialmente para ser convertidos en
museos, y otros cinco quedarán parados como reserva para los que están en
funcionamiento. Los centrales más nuevos, eficientes y grandes, concentrados en
el oriente del país, son el grueso de los que van a continuar procesando
azúcar.
"Estamos tratando de usar el equipamiento y las piezas de los centrales
desmontados como repuestos para los ingenios que siguen funcionando, o para
otros usos", dijo Sáenz. "Por ejemplo, las tuberías de las calderas
son muy útiles en las nuevas casas de cultivo de alta tecnología que se están
desarrollando. Estamos vendiendo algunas partes a otros productores de azúcar
en el Caribe. Así dejamos lo mínimo de chatarra para reciclar". Están
vendiendo las paredes, tuberías y otras partes a los trabajadores a precios
módicos.
"Con este plan, los 1.38 millones de hectáreas de tierra que antes se
dedicaban a la producción azucarera ahora se destinarán a otros usos,
principalmente la reforestación y la producción vacuna, lechera, frutal y de
viandas", agregó Sáenz. Unas 700 mil hectáreas (1.7 millones de acres)
de la tierra más productiva, donde la zafra se puede completar en 90 ó 100
días, se mantendrá para la producción azucarera.
Cooperativas agropecuarias
"Un 97 por ciento del azúcar en Cuba proviene de las UBPC",
señaló Sáenz, refiriéndose a las cooperativas agropecuarias conocidas como
Unidades Básicas de Producción Cooperativa.
Las UBPC cañeras se establecieron a fines de 1993 al reorganizarse las
grandes fincas estatales como cooperativas más pequeñas, cuyos miembros venden
su producción, de la cual son dueños. Esta medida iba dirigida a darles a los
que trabajan la tierra más poder de decisiones en la operación de las fincas,
aumentar los estímulos para producir con más eficacia, y eliminar el gran
número de trabajadores no productivos en las granjas estatales -que a veces
superaba el 50 por ciento de la fuerza laboral- que estaban encargados de tareas
administrativas.
"Se podría decir que la creación de las UBPC fue la primera etapa en
la reestructuración de la industria azucarera", dijo Sáenz. "La
etapa actual significa un esfuerzo nuevo para que las UBPC sean más eficientes
y sostenibles a largo plazo".
Las exigencias de liderazgo político que se plantean al efectuar la masiva
reestructuración de la producción azucarera --al dirigir a los seres humanos
que harán realidad esta transformación-- son el principal reto que hoy día
enfrentan los trabajadores cubanos y su gobierno en la reorganización de la
agroindustria.
El carácter social y proletario de la actual reorganización de industria
azucarera en Cuba se refleja en el sumario contenido en el "Documento
Programático" que el Ministerio del Azúcar preparó para distribuir a
todos los 400 mil obreros azucareros en 2002. Este sirvió de base para los
debates en los múltiples ciclos de asambleas obreras que moldearon los cambios.
El documento afirma:
"Acerca del personal que pueda exceder las necesidades que resulte del
redimensionamiento, hay principios inviolables:
"Nadie se quedará desamparado.
"Todos los trabajadores tendrán una garantía salarial.
"Habrá garantía de empleo o estudio para todos los trabajadores
azucareros.
"Cien mil azucareros podrán incorporarse a distintos cursos de
superación.
"Todos los trabajadores que continúen en el sector seguirán
perteneciendo al sindicato azucarero.
"Todos los campesinos seguirán en su Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños.
"Los trabajadores agrícolas cuyos ingresos dependan de los rendimientos
del trabajo continuarán cobrando sus salarios bajo este mismo concepto. El
número de los que se acojan a la opción de recalificación y superación, la
cual incluye los niveles universitarios, no está limitado por cuota alguna.
Aspiramos a la enorme y noble cifra de 100 mil agroindustriales azucareros
acogidos a estos planes de recalificación y superación y no faltarán las
instalaciones necesarias para acogerlos.
"Esta excepcional oportunidad es posible ofrecerla hoy a nuestros
agroindustriales, y ya se ha hecho con decenas de miles de jóvenes
desvinculados del estudio y del trabajo".
(En el próximo número: trabajadores cubanos explican cómo se benefician de
la reorganización de la industria azucarera.)
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