
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2004 Vol. 28 No. 1
Editorial Pathfinder
‘Aldabonazo’: en la clandestinidad revolucionaria cubana, 1952–58
Prefacio de editora
sobre relato de un dirigente del Movimiento 26 de Julio en las
ciudades
POR MARY-ALICE WATERS
[A
continuación reproducimos el prefacio al libro a ser publicado
por Pathfinder Aldabonazo: en la clandestinidad revolucionaria
cubana, 1952 – 58, por Armando Hart.
Mary-Alice Waters,
quien estuvo a cargo de la edición del libro, es la presidenta
de la editorial Pathfinder y directora de New International (Nueva
Internacional), una revista de política y teoría
marxistas. Ha editado más de una docena de libros de
entrevistas, escritos y discursos de dirigentes de la Revolución
Cubana. Copyright © 2003 por Pathfinder Press. Se reproduce con
autorización.]
Con la publicación
simultánea en inglés y español de la edición
de Pathfinder de Aldabonazo: en la clandestinidad revolucionaria
cubana, 1952–58, se ofrece este relato de la victoriosa
lucha para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista, que era
respaldada por Washington, a públicos significativamente
nuevos y más amplios.
Escrito por Armando
Hart, uno de los dirigentes históricos de la Revolución
Cubana, Aldabonazo está ahora por primera vez al
alcance de los lectores de habla inglesa. En español, agotado
por medio decenio, el libro está disponible de nuevo no sólo
en América Latina y España, sino por primera vez al
numeroso y cada vez mayor público de lectores hispano
parlantes en Estados Unidos, Canadá y demás rincones
del mundo: dondequiera que el flagelo del capital haya acelerado la
emigración de quienes no cuentan con otro medio para subsistir
que la venta de su propia fuerza de trabajo.
Hace más de
cinco décadas, Armando Hart surgió como dirigente de la
joven generación de estudiantes y trabajadores que irrumpieron
en la historia a medida que se volcaron a las calles en oposición
al golpe militar de 1952 en Cuba, con el cual se instaló una
de las dictaduras más brutales hasta entonces vivida en
América Latina. La Generación del Centenario, como se
les llegó a conocer, rehusó aceptar o transigir ante la
tiranía y la corrupción que marcaban la vida política
cubana. Ellos hicieron valer no sólo el derecho, sino la
obligación del pueblo cubano de alzarse en una insurrección
armada, de ser necesaria, para derrumbar a un régimen
sanguinario e ilegítimo que había usurpado el poder por
la fuerza. Y emprendieron la construcción de un movimiento
revolucionario capaz de lograr sus objetivos.
¡Aldabonazo! se
convirtió en un grito de adhesión de esa generación
de jóvenes que arriesgaron la vida desafiando al régimen
militar. Lo que los distinguió de los diversos partidos y
asociaciones políticos burgueses que se oponían a la
dictadura batistiana no fueron tanto las palabras como los hechos.
Sin miedo de las consecuencias para sí mismos, ni titubeos
políticos sobre dónde podría conducir la lucha,
pelearon por lo que creían justo y rehusaron conformarse con
menos.
Poco menos de siete
años después, bajo el liderazgo de Fidel Castro, el
Movimiento Revolucionario 26 de Julio y su Ejército Rebelde
condujeron a la victoria a los trabajadores, campesinos y jóvenes
de disposición revolucionaria de Cuba. Unos 20 mil habían
pagado con sus vidas para cuando Batista y sus esbirros huyeron del
país el primero de enero de 1959. Se instauró un nuevo
gobierno revolucionario con el apoyo jubiloso de la inmensa mayoría
del pueblo cubano. Armando Hart fue el primer ministro de educación
de ese gobierno.
Aldabonazo nos
adentra en esta historia desde la perspectiva de los cuadros que, con
valentía y audacia, dirigieron la lucha que libró la
clandestinidad urbana, conocida en el vocabulario político de
Cuba como el llano. Este libro se suma a otros títulos
editados por Pathfinder en el último decenio, entre los que
están:
Episodes of the
Cuban Revolutionary War, 1956–58 (Pasajes de la guerra
revolucionaria cubana, 1956–58) por Ernesto Che Guevara y
Marianas en Combate por Teté Puebla, los cuales relatan
aspectos de la historia desde el interior de lo que se conocía
como la sierra, narrando las experiencias y lecciones de las
fuerzas del Ejército Rebelde del Movimiento 26 de Julio cuya
base estaba en la Sierra Maestra del oriente de Cuba.
De la sierra del
Escambray al Congo por Víctor Dreke, que incorpora
experiencias de las fuerzas dirigidas por estudiantes del Directorio
Revolucionario y la guerra de guerrillas en la sierra del Escambray
en la zona central de Cuba, y
Haciendo historia:
entrevistas con cuatro generales de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Cuba, que narra las experiencias de Enrique
Carreras y José Ramón Fernández, oficiales
militares que ayudaron a dirigir conspiraciones antibatistianas
dentro de las fuerzas armadas, así como las de Néstor
López Cuba y Harry Villegas (Pombo), quienes
combatieron en la sierra.
El relato de Hart sobre
su propia trayectoria y experiencias políticas en la
clandestinidad revolucionaria aprovecha extensamente y va atando una
rica y hasta vertiginosa colección de cartas, circulares,
artículos y manifiestos que se intercalan en las páginas
de este libro. Hart mismo participó en la redacción de
muchos de estos documentos, cada uno de ellos escritos al calor de la
lucha. Un buen número de ellos se publica por primera vez en
Aldabonazo.
A través del
relato de Hart comenzamos a entender más plenamente y con
mayor precisión la lucha política que día a día
libraron las fuerzas que en 1955 se unieron bajo el liderazgo de
Fidel Castro para conformar el Movimiento Revolucionario 26 de Julio,
que tomó su nombre de la fecha del asalto en 1953 al cuartel
Moncada en Santiago de Cuba, el cual señaló el inicio
de la insurrección popular contra la dictadura. Seguimos la
trayectoria de los hombres y mujeres del Movimiento 26 de Julio a
medida que se dedican a elaborar su programa político; a
medida que luchan, con la acción y los debates, por conquistar
la dirección de la vanguardia revolucionaria; a medida que
aprovechan cada oportunidad para intervenir en la amplia
efervescencia política, desenmascarando las posturas y
presunciones huecas de los tradicionales partidos de la oposición
burguesa; y a medida que clarifican problemas de estrategia y táctica
debatidos no sólo entre los cuadros revolucionarios del llano
y de la sierra, sino entre toda la oposición antibatistiana.
Ante todo, llegamos a
apreciar las capacidades de liderazgo de Fidel Castro, conforme aúna
y orienta políticamente a los cuadros revolucionarios de
orígenes y experiencias diversos, hombres y mujeres como
Armando Hart y su hermano Enrique, Celia Sánchez, Frank País,
Haydée Santamaría, Ñico López, Vilma
Espín y Faustino Pérez, para nombrar sólo
algunos de aquellos a quienes vamos conociendo en estas páginas.
Vemos cómo el núcleo de la dirección nacional
del Movimiento 26 de Julio en el llano emerge, crece y se recupera
ante los golpes de la represión, y se transforma en el
transcurso de la lucha.
Según lo expresa
Hart en su epílogo: “Las revoluciones no son paseos por
hermosos prados y jardines, donde los hombres marchan sin dificultad
y angustia. Los procesos de cambio están cargados de ellas y
las multiplican. La historia no transcurre en forma lineal. Las
situaciones contradictorias generan pasiones donde anda presente el
conflicto humano y marcan el proceder revolucionario”. Esos
fueron los retos de liderazgo que afrontaron y superaron.
Vemos cómo los
hombres y las mujeres del Movimiento 26 de Julio lucharon para forjar
una organización disciplinada de cuadros cuyo
objetivo—según explica la dirección en su
“Circular no. 1 al militante”, emitida en 1957 y
reproducida aquí—era “a) Derrocar a Batista por la
acción del pueblo, que no es lo mismo que simplemente
derrocarlo”, y “b) Consolidar el instrumento
revolucionario que asegure el cumplimiento del programa de la
revolución también por la acción del pueblo, que
no es lo mismo que simplemente crear un nuevo partido”.
Al seguir esa vía
el Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde no sólo
dirigieron al pueblo trabajador cubano a derrocar a la dictadura y
establecer el primer “territorio libre de América”.
Además abrieron el camino a la primera revolución
socialista de nuestro hemisferio. Y por primera vez desde que los
bolcheviques al mando de Lenin condujeron al poder a los
trabajadores, campesinos y soldados del imperio zarista en octubre de
1917, salió a la palestra mundial un liderazgo del pueblo
trabajador libre del veneno de la degeneración de la
Revolución Rusa, soslayando obstáculos y creando nuevas
posibilidades para combatir.
He ahí la raíz
del odio implacable de los gobernantes estadounidenses hacia la
Revolución Cubana, y hacia quienes la dirigieron y la dirigen.
He ahí las razones por las cuales, durante más de 40
años, Washington no ha cejado un instante en sus intentos de
castigar al pueblo cubano por su audacia, o doblegarlo. Son ésas
las mismas razones por las que el imperialismo ha fracasado.
Aldabonazo no
recoge “interioridades del asunto” ni es una polémica.
“No me propuse investigar lo que supuestamente anduvo mal, no
pudo ser o debió ser mejor”, escribe Hart en su epílogo.
“El interés principal de este texto está en
mostrar algunas esencias de un hilo histórico que no debe
olvidarse y que puede servir como punto importante de referencia para
profundizar en la trama revolucionaria cubana e, incluso, de más
amplio alcance, de la segunda mitad del siglo XX”.
Es con ese mismo ánimo
que Pathfinder publica esta nueva edición de Aldabonazo.
El libro resulta de interés no solamente—ni siquiera
principalmente—por razones históricas, por importantes
que sean. La Revolución Cubana, en toda su rica complejidad,
constituye una parte vital y viva de las luchas presentes y futuras
de Nuestra América y del mundo. Mientras mejor comprendamos
cómo esa revolución fue conducida a la victoria, mejor
preparados estaremos para emular su ejemplo y enfrentar los retos que
nos planteen las explosiones sociales y políticas que le darán
forma al siglo XXI.
Ernesto Che Guevara, el
dirigente de la Revolución Cubana nacido en Argentina, afirmó
ante un congreso juvenil internacional celebrado en La Habana en
julio de 1960: “Esta revolución, en caso de ser marxista
. . . sería porque descubrió también, por sus
métodos, los caminos que señalara Marx”.
Durante más de
40 años, uno de los temas más persistentes entre los
voceros liberales de izquierda de la clase gobernante estadounidense
ha sido el análisis y reanálisis de lo que pudo haberse
hecho, lo que debió haberse hecho para impedir (o lo que aún
puede hacerse para echar atrás) la poderosa revolución
social en Cuba. Una revolución que arrasó no sólo
con los intereses acaudalados norteamericanos sino con los de sus
homólogos cubanos, y estableció en el poder a una nueva
clase, la clase trabajadora.
Se ha cultivado y
diseminado extensamente una mitología, especialmente por parte
de un sector de individuos que habían respaldado la lucha
contra Batista pero que retrocedieron ante la profunda revolución
social que se aceleró a medida que avanzaba esa lucha, y
aseguraba su victoria. Entre estas personas figuraban hombres y
mujeres que, según Hart, “aspiraban a más de lo
que ellos podían ser dentro de la revolución; los movió
el resentimiento”.
Esa mitología,
en la versión que es popular entre liberales en Estados
Unidos, sostiene que existían profundas diferencias políticas
entre los cuadros dirigentes de la sierra y del llano, siendo estos
últimos más inclinados a la “democracia”.
Si acaso el gobierno de Estados Unidos hubiese actuado de forma
distinta, alegan ellos, entonces de alguna manera los dirigentes del
llano, y no Fidel Castro y los comandantes del Ejército
Rebelde en la sierra, habrían surgido como el liderazgo
político del pueblo cubano después que Batista fue
derrocado. La historia posterior de Cuba, e incluso del siglo XX,
habría sido distinta.
Hart aborda esta
mitología directa e indirectamente a través de las
páginas de Aldabonazo, poniendo al descubierto las
falacias que dan pie a dichos argumentos. “Fuera del país”,
escribe, “se tejió la historia de que nuestro proceso
podía haber derivado hacia una revolución burguesa. A
los que tal cosa han pensado, les invito a que reflexionen sobre las
consecuencias de la aplicación de todo nuestro programa.
Solamente la promulgación y la aplicación rigurosa de
las leyes complementarias de la constitución de 1940,
significaban una oposición radical a los intereses de la
oligarquía nacional y el imperialismo. Baste decir que en ella
se disponía de la abolición del latifundio”.
Si bien él mismo
provenía de la familia de un prominente magistrado de La
Habana, “la composición social de los cuadros más
representativos de la dirección y de los combatientes de filas
no era burguesa”, señala Hart. “Pertenecían
a las masas trabajadoras, a las capas medias, en su mayoría de
escasos recursos, a los campesinos pobres y a los desempleados”.
El lector no tiene más que examinar el contenido de las
circulares, cartas y otras declaraciones aquí impresas,
emitidas desde el comienzo de la guerra revolucionaria en 1956, para
constatar la exactitud con la cual Hart afirma que éstas
ilustran “el carácter social, profundamente radical, que
desde los años forjadores tenía la revolución”.
Son “la prueba de que marchábamos a un enfrentamiento
con el imperialismo, y de que la idea de la revolución social
había penetrado en los combatientes del 26 de Julio de forma
radical”.
La
mayoría de los cuadros de Movimiento 26 de Julio, tanto en el
llano como en la sierra, experimentaron una transformación
profunda al arriesgar la vida día tras día, luchando
por transformar su mundo. Surgieron como seres diferentes, moldeados
por estas experiencias y por las realidades sociales que compartieron
con los hombres y mujeres en la montaña y en el campo, de
quienes aprendieron y con quienes estaba fundido su destino.
Cualesquiera que fueran las ideas de cada individuo en un principio,
estas ideas evolucionaron, maduraron, devinieron más claras,
más proletarias, al ahondarse la lucha revolucionaria. El
hecho de trasladarse de la ciudad a la montaña, y a veces a la
inversa, como hiciera un número considerable de dirigentes del
llano, dio más homogeneidad al carácter político
y a las prioridades revolucionarias del núcleo directivo.
Según le explica Faustino Pérez a Hart, su íntimo
compañero de armas, en una carta que se incluye en estas
páginas, la “sierra es salvadora. Ha salvado a la
revolución de ser aniquilada y salva a los espíritus
enfermos de la muerte . . . desintoxica,
estimula, mejora, recupera y vivifica”.
El cordón que ha
mantenido unida a la dirección de la Revolución Cubana
por más de cinco décadas no es otro que su compromiso
con ese programa social “profundamente radical”
presentado por primera vez en La historia me absolverá, el
alegato de defensa pronunciado ante el tribunal por Fidel Castro
durante su juicio por haber dirigido el asalto al cuartel Moncada el
26 de julio de 1953. Ese programa cobró vida en las trincheras
de la batalla para derrocar a la dictadura e impedir que los amos del
imperio del norte robaran una vez más los frutos de la
victoria.
Aldabonazo fue
publicado por primera vez en Cuba en 1997 por la Editorial Letras
Cubanas. En 1998 la casa editorial española Libertarias
Prodhufi sacó una edición bajo el título Cuba:
raíces del presente.
La edición de
Pathfinder, preparada en colaboración con el autor, reorganiza
materiales incluidos en ediciones anteriores, incorporándolos
a la narrativa de una forma más integral. A los lectores, en
especial aquellos para quienes la rica historia revolucionaria de
Cuba es relativamente desconocida, les resultarán valiosos la
cronología y el glosario extensos, redactados con la generosa
ayuda de varios colaboradores bien informados en Cuba, pero por los
cuales Pathfinder asume responsabilidad editorial.
Las fotos históricas
y las ilustraciones gráficas de las publicaciones clandestinas
de la década de 1950 que aparecen en estas páginas se
reproducen también en gran parte por cortesía de
Armando Hart, quien las facilitó de su propia colección
o ayudó a conseguirlas de otros archivos.
El prólogo de la
edición norteamericana, por Eliades Acosta, director de la
Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, es una
contribución especialmente grata. Se suma al valioso prólogo
de la edición original cubana por Roberto Fernández
Retamar, director de Casa de las Américas, y él
mismo un combatiente de la Generación del Centenario.
La traducción
inicial al inglés la brindó Olimpia Sigarroa. La
corrección de la traducción y la preparación del
glosario, la cronología y las anotaciones las realizó
Michael Taber. El texto en español lo preparó Luis
Madrid.
Decenas de voluntarios
de países alrededor del mundo, integrantes todos del Proyecto
de Impresión de Pathfinder, contribuyeron con entusiasmo su
tiempo y sus habilidades para traducir, componer y corregir el texto,
elaborar los índices, preparar las páginas de fotos y
los mapas, ensamblar los archivos digitales de producción y
garantizar la entrega del producto final impreso.
Ante todo, merece un
agradecimiento especial Eloísa Carreras, cuyas perspicaces
contribuciones editoriales, diligencia y amable colaboración
desde La Habana fueron indispensables para garantizar la calidad y la
exactitud de esta edición.
Lo más
importante, por supuesto, es que sin la atención minuciosa, el
vivo interés y el tiempo generoso que le dedicó el
propio autor, no habría sido posible esta nueva edición
de Aldabonazo.
Noviembre de 2003
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