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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2004 Vol. 28 No. 1
Editorial Pathfinder
‘La historia de
lo que pudieron lograr con la
dirección que merecían’
Introducción a ‘Rebelión Teamster’ por
secretario nacional del PST Jack Barnes
POR JACK BARNES
[A continuación
publicamos la introducción a Rebelión Teamster,
la edición en español de Teamster Rebellion por
Farrell Dobbs, que saldrá a fines de enero. Copyright ©
2004 por Pathfinder. Se reproduce con autorización.]
Era el turno de
medianoche en la línea de piquete cerca de la entrada a la
mina de carbón de la Co-Op, en las afueras de Huntington,
Utah. A mediados de octubre las noches ya son frías en la
sierra. Las ráfagas heladas de viento que soplaban por el
cañón Bear Canyon se calaban hasta los huesos. Los
trabajadores, que enfrentaban un cierre patronal, habían atado
su caseta de piquetes, hecha de madera y lona azul, para que no se la
llevara el viento. Adentro, siete u ocho mineros –en su mayoría
de veintitantos años, así como un par de veteranos,
entre ellos una mujer y un veterano de 50 y pico de años, casi
todos del estado mexicano de Sinaloa—se acercaban a la estufa,
donada por un minero sindicalizado que estaba jubilado en el pueblo
cercano de East Carbon.
Un mes antes la
compañía había despedido a 74 mineros por
protestar contra la suspensión de un compañero de
trabajo y partidario del sindicato que se había negado a
firmar una advertencia disciplinaria. Para aplastar el esfuerzo de
los mineros de organizarse a fin de obtener el reconocimiento del
Sindicato Unido de Mineros del Carbón(United Mine Workers of
America) (UMWA), la gerencia les impuso un cierre patronal.
Uno de los mineros en
la caseta de piquetes era un inmigrante nicaragüense que
trabajaba en la mina Deserado en Colorado occidental, a muchas millas
de distancia. El había obtenido licencia de su trabajo, a
través del sindicato, para venir y ayudar. Antes de salir de
la casa se había metido en el bolsillo un ejemplar gastado de
Teamster Rebellion, la historia de una recia y sangrienta
batalla para organizar un sindicato que se dio hace casi 70 años
en Minnesota, librada por trabajadores muchos de los cuales eran de
origen escandinavo –suecos, noruegos, finlandeses o daneses—con
una buena mezcla de irlandeses. El autor, Farrell Dobbs, cuyos
antepasados había llegado de Irlanda, había llegado a
ser el dirigente más joven de la huelga. Como tantos otros que
enfrentaban las condiciones de la depresión a principios de
los años 30, Farrell había estado luchando para
encontrar trabajo regular, alimentar a su familia y pagar el
alquiler.
El minero nicaragüense,
Francisco, comenzó a leer algunas de las primeras páginas
en voz alta, traduciendo a primera vista al español. Los
párrafos describían las condiciones de trabajo y de
vida y los salarios en el Medio Oeste durante lo más profundo
de la Depresión. Entre las expresiones de asombro y simpatía,
los huelguistas pidieron oír más del relato, y pronto
escucharon otros pasajes, página tras página. El
recuento se interrumpía solo para ir a ver algún auto
que de vez en cuando pasaba durante las altas horas de la noche, o
para echar más leña al fuego y revisar los alrededores.
Ante todo, los hombres
y las mujeres de Sinaloa, al tratar de hacer su vida en las montañas
de Utah, se identificaban con las luchas individuales de los hombres
y las mujeres de Teamster Rebellion. La descripción que
da Dobbs en las primeras páginas del libro de cómo su
familia perdió toda la reserva invernal de verduras y frutas
enlatadas, una noche cuando la temperatura bajó repentinamente
por debajo de cero y no llegaron a tiempo para meter las latas
adentro, suscitó expresiones de empatía y comprensión
de lo que habría significado ese golpe para Farrell, su esposa
Marvel y sus hijos.
Las fotos de los
huelguistas que batallaban con la policía y con los asistentes
de alguacil de los patrones; del cortejo fúnebre disciplinado
en honor a uno de los piquetes, abaleado mortalmente a sangre fría
por la policía; de los dirigentes huelguísticos siendo
arrastrados a la cárcel por la Guardia Nacional: todas éstas
fueron examinadas con interés. Cuando los mineros se enteraron
de que el cuartel general de los Teamsters, el cual observaban en las
fotos, tenía un comisariato de 24 horas donde servían
comidas así como un hospital para tratar a los heridos, el
interés creció. Y al saber, a través del relato
de Dobbs, cómo los choferes se organizaron en la plaza del
mercado de Minneapolis para repeler las arremetidas de la policía
y los patrones –con valor, disciplina y ante todo un plan
detallado de batalla—y luego ganaron la huelga para lograr el
reconocimiento de su sindicato, las fotos fueron estudiadas con aún
más atención.
No hay una escena
proletaria que pueda subrayar mejor el valor de la publicación
en español de Rebelión Teamster, unos 32 años
después de su primera edición en inglés.
Es posible que, entre
los Teamsters de Minneapolis en huelga que sentaron las bases para la
transformación del movimiento obrero por todo el Medio Oeste
en los años 30, no haya existido un solo trabajador nacido en
México. (¡Qué cambios se han producido en unas
pocas décadas!) Pero a través de los años, las
nacionalidades, los idiomas y las experiencias de toda una vida, el
relato que ofrece Teamster Rebellion pertenece también
a las filas crecientes de trabajadores de habla hispana en Estados
Unidos que hoy día se incorporan a la lucha. Ellos se pueden
ver en aquellas generaciones anteriores de trabajadores –muchos
de los cuales también son inmigrantes de primera o segunda
generación—que finalmente dijeron “Basta” y
comenzaron a tomar su propio destino en las manos.
Teamster Rebellion
es un libro que se puede leer por su propia cuenta. Relata una
historia descomunal. Es al mismo tiempo una introducción a
Farrell Dobbs, el trabajador de veintitantos años que surgió
en el transcurso de esas batallas como dirigente de su clase.
El tenía 25
años, y con dos hijas que sostener, cuando le dio la espalda a
un futuro seguro y bien remunerado como parte del personal gerencial
de la empresa Western Electric en Omaha, Nebraska. Le repugnó
el horror de la persona que tendría que ser, los valores y las
actitudes de clase que tendría que asumir, si vendía su
alma para quedarse en aquel puesto. Sin dar una mirada hacia atrás,
se “desprendió” de clases ajenas, según lo
expresa el Manifiesto Comunista, y “se adhirió a la
clase revolucionaria” en el sentido más pleno de la
palabra. La “miserable medianía” del ánimo
pequeñoburgués era el rasgo de clase que más
llegó a despreciar Dobbs.
Pronto se encontró
entre las filas del “gran ejército de los desempleados”.
Un par de años más tarde, al palear carbón en un
miserable depósito de carbón en Minneapolis, conoció
a Grant Dunne, un cuadro aguerrido de la Liga Comunista de América,
precursor del Partido Socialista de los Trabajadores, quien lo alistó
en una campaña de sindicalización. De ahí se
desarrolla el relato a través de las páginas de
Teamster Rebellion y los tomos siguientes –Teamster Power,
Teamster Politics y Teamster Bureaucracy (Fuerza
Teamster, Política Teamster y Burocracia Teamster)—así
como numerosos folletos, libritos y los dos tomos de Revolutionary
Continuity: Marxist Leadership in the U.S. (Continuidad
revolucionaria: Liderazgo marxista en Estados Unidos) que Dobbs logró
completar durante su vida a principios de los años 80: The
Early Years, 1848-1917 (Los primeros años, 1848-1917), y
Birth of the Communist Movement, 1918-1922 (Nacimiento del
movimiento comunista).
Al ir brotando su
despertar político, Dobbs se convirtió en un ciudadano
del mundo, un internacionalista proletario, que vivía el
presente como parte de la historia, sin lo cual no existe el
comunismo. El describe cómo le impactaron las fotos en los
diarios de Omaha que mostraban la invasión de China por Japón
Imperial en 1931. Las fotos mostraban escenas de tropas
norteamericanas apostadas en Shanghai que protegían, con el
asentimiento de Tokio, a la acaudalada “colonia internacional”,
mientras que los cercanos barrios obreros chinos, con el indiferente
beneplácito racista de la oficialidad del ejército
norteamericano, eran incendiados y sus pobladores masacrados por las
fuerzas imperialistas japonesas.
Al describir su
naciente conciencia de clase, Dobbs le atribuye a las fotos
noticiosas de esos sucesos un peso semejante al impacto que le
produjo el hecho de que sus patrones le pidieron que aceptara el
despido de un compañero de trabajo apenas unos meses antes de
que se jubilara y recibiera una pensión, a fin de recortar
costos y aumentar la “productividad”. En los tomos
siguientes de la serie de los Teamsters, vemos el periódico
del Consejo Conjunto de Teamsters en Minneapolis, el Northwest
Organizer, que publicaba editoriales de primera plana donde
exigía el retiro de las tropas norteamericanas de Asia y el
Pacífico y condenaba los preparativos de la administración
Franklin Roosevelt para la gran matanza imperialista de la Segunda
Guerra Mundial.
El joven Farrell Dobbs
que llegamos a conocer en las páginas de Teamster Rebellion
llegó a ser uno de los grandes organizadores de masas de la
clase trabajadora de Estados Unidos. A la edad de apenas 30 años,
fue el principal arquitecto y dirigente de la campaña –desde
Texas hasta Detroit, Canadá y Seattle— que organizó
a un cuarto de millón de choferes de camión de larga
distancia para incorporarlos a un poderoso sindicato y que transformó
el Medio Oeste del norte en territorio sindicalizado, el legado de la
cual aún se siente en la actualidad.
Los cuadros dirigentes
del Local General de Choferes 574 (más adelante el Local 544
de los Teamsters) se convirtieron en el ala izquierda de lucha de
clases dentro de un combativo liderazgo obrero mucho más
amplio. Demostraron en la práctica cómo los sindicatos,
si están dotados de semejante dirección, pueden ser y
serán transformados en instrumentos de lucha revolucionaria
capaces de dirigir a crecientes sectores de trabajadores, tanto
empleados como desempleados, y a sus aliados –agricultores,
pequeños productores devastados— a una posición
de independencia de la clase dominante. Demostraron cómo los
militantes sindicales que tienen conciencia de clase comienzan a
reconocerse como parte de una clase internacional cuyos intereses son
rotundamente contrarios a los de sus propios patrones y del gobierno
patronal. Y a sentirse cómodos en la historia de la cual son
una parte viviente.
Sin embargo, Dobbs, más
que cualquiera, sabía que lo que él estaba logrando era
posible únicamente porque formaba parte de los amplios cuadros
directivos del partido comunista fundado en 1919 para hacer en
Estados Unidos lo que los bolcheviques acababan de hacer en Rusia,
del partido que en 1938 adoptó el nombre Partido Socialista de
los Trabajadores. Ya para 1940, al aproximarse rápidamente la
Segunda Guerra Mundial, estaba aumentando la reacción entre la
cúpula sindical, las filas estaban siendo preparadas para la
guerra y por el momento había quedado prácticamente
excluida la posibilidad de más avances tanto en los Teamsters
como en el movimiento sindical industrial más amplio. En enero
de ese año Dobbs renunció su cargo como organizador
general de la secretaría internacional de los Teamsters. Lo
hizo para pasar a ser el secretario de organización y el
responsable de los asuntos en el movimiento obrero , en un partido
cuya membresía, bajo el impacto del repliegue del movimiento
obrero y de la capitulación de la pequeña burguesía
a la histeria patriotera, pronto disminuiría por debajo de mil
miembros. El año siguiente la dirección de ese partido
que no se doblegaba a las presiones bélicas y muchos cuadros
de los combates del Local 544, incluido el propio Dobbs, serían
instruidos de cargos de conspiración y sedición,
declarados culpables y condenados a la cárcel por fiscales
federales que usaban por primera vez la Ley Smith “de la
Mordaza”, que pronto se haría tristemente célebre:
una aplicación anterior por la clase dominante de la
“seguridad patria”.
Fue como hombre del
partido, especialmente al asumir responsabilidades como oficial
nacional del Partido Socialista de los Trabajadores por casi tres
décadas, que Dobbs hizo sus mayores aportes como dirigente: al
dar un ejemplo de integridad obrera desde la cárcel durante la
Segunda Guerra Mundial; al trazar un camino comunista inquebrantable
para los cuadros en los sindicatos y en la acción política
a través de la caza de brujas anticomunista de la posguerra;
al animar con palabras y hechos a los movimientos comunista y obrero
a que se sumaran a la masiva lucha proletaria por los derechos de los
negros; al ayudar a dirigir al partido para responder y abrazar a la
Revolución Cubana como suya; al colaborar en la elaboración
de una política militar para el proletariado, aplicada por
jóvenes socialistas dentro del amplio movimiento que se oponía
a la guerra del imperialismo en Vietnam; y al buscar activamente el
reclutamiento de una nueva generación de cuadros que surgió
de todos estos sucesos políticos de trascendencia mundial.
Dobbs ayudó a
dirigir al movimiento comunista a través del repliegue y
declive del movimiento obrero desde fines de los años 40 hasta
mediados de los 70. Dio su apoyo y consejos de forma incondicional a
los cuadros más jóvenes del partido que, a fines de los
70, dirigieron un viraje a los sindicatos cuando se fueron
desarrollando nuevas luchas y oportunidades, comenzando en las minas
de carbón y las acerías en particular, y que
organizaron al partido para responder como internacionalistas
proletarios a las revoluciones victoriosas en Nicaragua, Granada e
Irán.
Desde la Segund Guerra
Mundial hasta Corea y Vietnam, Dobbs orientó al movimiento
hacia nuestros compañeros de clase en uniforme, los soldados,
aquellos residentes norteamericanos que pagan el precio más
alto de todos por la búsqueda incesante de la dominación
mundial por Washington. Y ayudó a armar políticamente a
los trabajadores y jóvenes comunistas para reconocer sin
vacilación la necesidad inevitable de organizarse para
combatir y derrocar la represión estatal intensificada, formas
de régimen militar y bandas fascistas patrocinadas por los
capitalistas conforme el orden imperialista en Estados Unidos –con
zigzagues desconocidos, y a lo largo de un periodo de tiempo
impredecible— nuevamente entraba en un época de crisis
mundial comparable a la que había ocurrido de 1914 a la
Segunda Guerra Mundial. “A los miembros de la guardia de
defensa sindical del Local 544”, reza su dedicatoria al tercer
tomo de esta serie, Teamster Politics (Política
Teamster).
Muchas veces Dobbs
señalaba el aporte especial al movimiento obrero que hacían
los veteranos de las fuerzas armadas. Uno de los ejemplos de
militantes que conocemos en Rebelión Teamster es Ray
Rainbolt, uno de unos cuantos organizadores de campo de los piquetes
móviles durante las huelgas de 1934, posteriormente elegido
por los miembros de la guardia de defensa sindical como su
comandante. Para los trabajadores a mediados de los años 30,
el escoger a un indio siux para dirigirlos en combate –darles
órdenes, disciplinarlos de ser necesario— era muy lejos
de ser un hecho cotidiano en este país, especialmente en el
Medio Oeste del norte o en Estados Unidos occidental. El prestigio
que se ganó Rainbolt entre las filas de los trabajadores
combativos es una muestra de la profundidad de los cambios en
actitudes políticas, disciplina de batalla y solidaridad
humana, forjados en el transcurso del combate de clases según
lo describe en los libros de Dobbs sobre los Teamsters.
En una charla en 1966,
presentada a un público predominantemente compuesto de
miembros de la Alianza de la Juventud Socialista, Farrell Dobbs
resumió la perspectiva mundial histórica que definía
muy bien la trayectoria política de toda su vida; las
características de clase imprescindibles para todo
revolucionario proletario; y lo que la clase trabajadora les exige a
sus dirigentes, ante todo.
Debemos estar
conscientes constantemente del papel clave de Estados Unidos en el
mundo. El imperialismo norteamericano es hoy día el baluarte
de la reacción mundial, según lo está
demostrando abundantemente la guerra en Vietnam.
Es una realidad férrea
que, hasta que no sea derrocado el capitalismo aquí en Estados
Unidos de América, la banda de perros rabiosos imperialistas
que rigen en este país van a seguir siendo un peligro mortal
para toda la humanidad. No debemos olvidarlo jamás.
Eso significa que la
batalla de enfrentamiento por el socialismo mundial se va a librar
aquí mismo en Estados Unidos de América. Y cuando se
logre la victoria revolucionaria, el capitalismo caduco, decadente va
a desaparecer, literalmente de la noche a la mañana, de la faz
de nuestro planeta. La humanidad marchará hacia la
construcción de una sociedad socialista ilustrada, donde por
primera vez se pueda vivir juntos en este planeta en paz y en
seguridad y con libertad. La humanidad realizará finalmente el
tipo de vida fructífera que la inteligencia humana es tan
abundantemente capaz de lograr, aún con el actual nivel de
desarrollo tecnológico. Una vez que la humanidad aprenda a
actuar de forma política, organizativa y social, podrá
aprovechar estas maravillas.
A eso dedicamos
nuestras vidas. Los del partido, los revolucionarios en Estados
Unidos –actuando de la mejor manera posible en solidaridad con
combatientes revolucionarios por todo el mundo— siempre debemos
tener en cuenta que en última instancia el porvenir de la
humanidad depende de la revolución socialista en Estados
Unidos. Nuestra tarea consiste en construir un partido capaz de
dirigir esa revolución, hacerle frente al más nefasto
de los regímenes reaccionarios y monstruosos de la clase
dominante que existe en la faz de la tierra; la clase dominante
imperialista de Estados Unidos.
El camino futuro en esa
lucha estará regado de obstáculos, y habrá
muchos escollos. No hay hoja de ruta, no hay manera de hallar una
guía que te diga lo que hace en cada coyuntura. Nuestra tarea
consiste en trazar un rumbo revolucionario, basado en una comprensión
fundamental de nuestro programa --un sentido básico de nuestra
estrategia revolucionaria— y elaborar las tácticas en
ese sentido a lo largo del camino.
No existe ningún
horario. Nadie puede decir cuánto va a tardar ni cuándo
va a ocurrir. Yo personalmente creo que ustedes, sentados hoy en esta
sala, que tienen toda su juventud a su favor, tienen por lo menos las
probabilidades que daba Damon Runyon, seis contra cinco, de ver ese
estallido.
Pero al decirlo quiero
agregar inmediatamente: no hagan de esto una condición. No
adopten el condicionante de que el cambio revolucionario debe ocurrir
durante su propio tiempo. No tomen como guía para su vida
activa aquel concepto estrecho, provinciano y egocéntrico de
que, si no ocurre dentro de su propia existencia subjetiva en este
planeta, no es importante.
Siempre recuerden que
la historia es maravillosamente indiferente a los problemas del
individuo. A la historia no le importa si mueres a los seis años
o si vives hasta los 700, si fuera posible, o lo que pase durante tu
vida individual. Como dijo una vez el poeta alemán Göthe,
“La historia marcha como un mendigo borracho a caballo”.
Puede pasar mucho
durante tu vida limitada, o puedes vivir una existencia aburrida.
Alguna gente ha tenido la buena fortuna de vivir más en un año
que otras personas, en otras coyunturas históricas, han podido
vivir durante toda su existencia. O según lo expresara
Plejánov, “Si no hubiera sido por la Revolución
Francesa, Napoleón probablemente habría terminado
siendo un cabo en la artillería francesa”.
No pongan como
condición que la revolución socialista debe llegar en
tu vida. Sé no solo un ciudadano del planeta; sé un
ciudadano del tiempo. Reconoce que lo fundamental es estar
compenetrado con el género humano desde los albores de la
historia hasta las alturas de lo que apenas podemos empezar vagamente
a soñar.
¿Y cuál
es la alternativa? La alternativa es hacer un arreglo con este
sistema capitalista podrido. ¿Sabes cómo es la gente
que hace eso? Recuerdas la película The Devil and Daniel
Webster (El diablo y Daniel Webster). Jabez Stone, ya sabes,
vendió su alma a Scratch, el diablo. Lo hizo a cambio de la
promesa de que así se cumplirían sus ambiciones
personales. Más tarde lamentó esta acción y
pidió que se le devolviera el alma. Scratch, que fue
representado por Walter Huston, ese magnífico actor,
finalmente dijo, bien, se la devolvería.
Entonces Scratch sacó
una pequeña caja de cerillos de su bolsillo. Abrió la
caja y comenzó a hurgar con el dedo achaparrado, tratando,
tratando, de encontrar la pequeña alma mezquina de Jabez Stone
para poder devolvérsela.
Eso es simbólico
de lo que le haces a tu propia alma si haces un arreglo con este
sistema podrido.
Nuestra tarea es la de
forjar un movimiento de hombres y mujeres que emulen a los aguerridos
combatientes de la línea del Ejército Continental en la
primera Revolución Americana. Aprendan a ser luchadores
revolucionarios profesionales. No sean soldados de verano. No
malgasten el tiempo; no vacilen. No pongan nada por encima de las
consideraciones del movimiento. Mantengan sus lugares en las primeras
filas de los luchadores revolucionarios, y manténganse en ese
lugar hasta el fin.
No hay otra forma en
que uno puede hallar una vida tan rica, tan gratificante, tan
fructífera y significativa.
Farrell Dobbs con mucho
placer habría ofrecido un brindis por la traducción al
español y la publicación de Rebelión
Teamster. Sobre todo habría gozado el relato de los
jóvenes mineros combativos en Utah que escuchaban una
traducción a primera vista, página por página,
durante una larga noche en su caseta de piquetes. Eso habría
tocado una fibra sensible.
El a menudo señalaba
lo difícil que había sido en los años 30, cuando
comenzó a buscar respuestas políticas, para encontrar
un solo libro que le ofreciera el tipo de perspectiva histórica
que él buscaba sediento, cómo peinaba las bibliotecas
públicas buscando algo, cualquier cosa. Y describió el
impacto, como de relámpago, de los primeros libros y folletos
marxistas que le dieron para leer los cuadros de la Liga Comunista de
América que lo reclutaron, revolucionarios como Vincent Ray
Dunne, conocido como V.R., y Carl Skogland, conocido cariñosamente
como Skogie por todos sus amigos y camaradas.
En esa época,
mucho menos de las obras clásicas del marxismo habían
sido traducidas al inglés, y las que habían sido
publicadas eran difíciles de encontrar. Así era no solo
con las obras de Carlos Marx, Federico Engels, V.I. Lenin y León
Trotsky, sino también con las de dirigentes del movimiento
comunista en Estados Unidos. Durante las frecuentes y largas horas de
viajes que formaban parte de la campaña de sindicalización
de larga distancia, Dobbs a menudo se veía acompañado
por Skogie, quien había llegado a ser síndico del Local
544 y más tarde su presidente, un inmigrante “ilegal”
de Suecia ¡que aún tenía pendiente contra él
una orden de deportación el día que murió en
1960! Skogie, uno de los dirigentes más ampliamente respetados
tanto del sindicato como de la Liga Comunista de América,
hablaba perfectamente no solo inglés y sueco sino alemán,
el idioma de Marx y Engels, el idioma de destacados revolucionarios
tales como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, y el idioma político
de Lenin, Trotsky y otros dirigentes de los primeros años de
la Internacional Comunista. A lo largo de décadas, Skogie
había acumulado una cuantiosa biblioteca marxista, la cual
aprovechó bien. Al recorrer las carreteras durante sus
misiones sindicalizadoras, Skogie muchas veces solía leerle a
Farrell –a veces a partir de traducciones al inglés, a
veces traducciones a primera vista del alemán, en el camino—
dándole a Farrell acceso a obras del marxismo que con tantas
ansias buscaba.
Una digna celebración
de esta primera edición de Rebelión Teamster
sería la conclusión de este esfuerzo –la
traducción de los otros tres tomos que integran la serie de
los Teamsters, y además un buen comienzo a la traducción
de Revolutionary Continuity: Marxist Leadership in the U.S.—
para el año 2009, el 90 aniversario de la fundación en
este país del movimiento de Farrell, el movimiento comunista.
Teamster Rebellion
no es un “manual” o una guía. Es el relato que
documenta una experiencia concreta en la lucha de clases, la cual
puede ser estudiada y asimilada por trabajadores y agricultores con
conciencia de clase que se encuentran en medio de otras luchas, en
otras épocas, otras condiciones, hablando muchos idiomas
distintos.
En un siglo
caracterizado más y más por una inminente catástrofe
económica, y una marcha acelerada hacia sangrientas guerras
desatadas por la última potencia imperialista que intenta
prolongar su vida, las experiencias concretas de los hombres y las
mujeres del Local 574 resultarán aún más
vigentes y valiosas. En un mundo donde los trabajadores y
agricultores de vanguardia, y los jóvenes atraídos a
sus luchas, diariamente buscan y extienden la solidaridad de otros
combatientes, Teamster Rebellion será leído en
un número creciente de casetas de piquetes en las montañas
y las praderas, en medio de ciudades grandes y pueblos pequeños,
y será traducido a otros idiomas también, por todas las
Américas y más allá.
Teamster Rebellion
está dedicado “A los hombres y las mujeres que me
infundieron una confianza inquebrantable en la clase trabajadora, las
filas del Local General de Choferes 574”. Es su historia, que
documenta lo que pudieron lograr cuando pudieron contar con la
dirección que merecían.
Hoy día, los que
buscan emular el compromiso y la seriedad de la vanguardia de los
Teamsters de 1934, lo leerán en anticipación de
batallas tanto presentes como pasadas. Mediante este relato llegarán
a comprender la verdad que es la esencia del Manifiesto Comunista: el
comunismo no es un conjunto de ideas, sino más bien la
generalización, renovada constantemente, de la marcha
estratégica de una clase que lucha por su emancipación.
Y se sumarán a esa marcha, convirtiéndose en una parte
más y más consciente, y más y más
aguerrida, de su vanguardia.
diciembre de 2003
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