Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

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Solidaridad con los mineros (Edit.)

¡Tropas imperialistas fuera de Iraq!

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Introducción a ‘Rebelión Teamster’

Cómo se organizó el movimiento revolucionario cubano en las ciudades, 1952-58

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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
enero de 2004 Vol. 28 No. 1

Editorial Pathfinder

‘La historia de lo que pudieron lograr con la dirección que merecían’
Introducción a ‘Rebelión Teamster’ por secretario nacional del PST Jack Barnes

POR JACK BARNES

[A continuación publicamos la introducción a Rebelión Teamster, la edición en español de Teamster Rebellion por Farrell Dobbs, que saldrá a fines de enero. Copyright © 2004 por Pathfinder. Se reproduce con autorización.]


Era el turno de medianoche en la línea de piquete cerca de la entrada a la mina de carbón de la Co-Op, en las afueras de Huntington, Utah. A mediados de octubre las noches ya son frías en la sierra. Las ráfagas heladas de viento que soplaban por el cañón Bear Canyon se calaban hasta los huesos. Los trabajadores, que enfrentaban un cierre patronal, habían atado su caseta de piquetes, hecha de madera y lona azul, para que no se la llevara el viento. Adentro, siete u ocho mineros –en su mayoría de veintitantos años, así como un par de veteranos, entre ellos una mujer y un veterano de 50 y pico de años, casi todos del estado mexicano de Sinaloa—se acercaban a la estufa, donada por un minero sindicalizado que estaba jubilado en el pueblo cercano de East Carbon.

Un mes antes la compañía había despedido a 74 mineros por protestar contra la suspensión de un compañero de trabajo y partidario del sindicato que se había negado a firmar una advertencia disciplinaria. Para aplastar el esfuerzo de los mineros de organizarse a fin de obtener el reconocimiento del Sindicato Unido de Mineros del Carbón(United Mine Workers of America) (UMWA), la gerencia les impuso un cierre patronal.

Uno de los mineros en la caseta de piquetes era un inmigrante nicaragüense que trabajaba en la mina Deserado en Colorado occidental, a muchas millas de distancia. El había obtenido licencia de su trabajo, a través del sindicato, para venir y ayudar. Antes de salir de la casa se había metido en el bolsillo un ejemplar gastado de Teamster Rebellion, la historia de una recia y sangrienta batalla para organizar un sindicato que se dio hace casi 70 años en Minnesota, librada por trabajadores muchos de los cuales eran de origen escandinavo –suecos, noruegos, finlandeses o daneses—con una buena mezcla de irlandeses. El autor, Farrell Dobbs, cuyos antepasados había llegado de Irlanda, había llegado a ser el dirigente más joven de la huelga. Como tantos otros que enfrentaban las condiciones de la depresión a principios de los años 30, Farrell había estado luchando para encontrar trabajo regular, alimentar a su familia y pagar el alquiler.

El minero nicaragüense, Francisco, comenzó a leer algunas de las primeras páginas en voz alta, traduciendo a primera vista al español. Los párrafos describían las condiciones de trabajo y de vida y los salarios en el Medio Oeste durante lo más profundo de la Depresión. Entre las expresiones de asombro y simpatía, los huelguistas pidieron oír más del relato, y pronto escucharon otros pasajes, página tras página. El recuento se interrumpía solo para ir a ver algún auto que de vez en cuando pasaba durante las altas horas de la noche, o para echar más leña al fuego y revisar los alrededores.

Ante todo, los hombres y las mujeres de Sinaloa, al tratar de hacer su vida en las montañas de Utah, se identificaban con las luchas individuales de los hombres y las mujeres de Teamster Rebellion. La descripción que da Dobbs en las primeras páginas del libro de cómo su familia perdió toda la reserva invernal de verduras y frutas enlatadas, una noche cuando la temperatura bajó repentinamente por debajo de cero y no llegaron a tiempo para meter las latas adentro, suscitó expresiones de empatía y comprensión de lo que habría significado ese golpe para Farrell, su esposa Marvel y sus hijos.

Las fotos de los huelguistas que batallaban con la policía y con los asistentes de alguacil de los patrones; del cortejo fúnebre disciplinado en honor a uno de los piquetes, abaleado mortalmente a sangre fría por la policía; de los dirigentes huelguísticos siendo arrastrados a la cárcel por la Guardia Nacional: todas éstas fueron examinadas con interés. Cuando los mineros se enteraron de que el cuartel general de los Teamsters, el cual observaban en las fotos, tenía un comisariato de 24 horas donde servían comidas así como un hospital para tratar a los heridos, el interés creció. Y al saber, a través del relato de Dobbs, cómo los choferes se organizaron en la plaza del mercado de Minneapolis para repeler las arremetidas de la policía y los patrones –con valor, disciplina y ante todo un plan detallado de batalla—y luego ganaron la huelga para lograr el reconocimiento de su sindicato, las fotos fueron estudiadas con aún más atención.

No hay una escena proletaria que pueda subrayar mejor el valor de la publicación en español de Rebelión Teamster, unos 32 años después de su primera edición en inglés.

Es posible que, entre los Teamsters de Minneapolis en huelga que sentaron las bases para la transformación del movimiento obrero por todo el Medio Oeste en los años 30, no haya existido un solo trabajador nacido en México. (¡Qué cambios se han producido en unas pocas décadas!) Pero a través de los años, las nacionalidades, los idiomas y las experiencias de toda una vida, el relato que ofrece Teamster Rebellion pertenece también a las filas crecientes de trabajadores de habla hispana en Estados Unidos que hoy día se incorporan a la lucha. Ellos se pueden ver en aquellas generaciones anteriores de trabajadores –muchos de los cuales también son inmigrantes de primera o segunda generación—que finalmente dijeron “Basta” y comenzaron a tomar su propio destino en las manos.

Teamster Rebellion es un libro que se puede leer por su propia cuenta. Relata una historia descomunal. Es al mismo tiempo una introducción a Farrell Dobbs, el trabajador de veintitantos años que surgió en el transcurso de esas batallas como dirigente de su clase.

El tenía 25 años, y con dos hijas que sostener, cuando le dio la espalda a un futuro seguro y bien remunerado como parte del personal gerencial de la empresa Western Electric en Omaha, Nebraska. Le repugnó el horror de la persona que tendría que ser, los valores y las actitudes de clase que tendría que asumir, si vendía su alma para quedarse en aquel puesto. Sin dar una mirada hacia atrás, se “desprendió” de clases ajenas, según lo expresa el Manifiesto Comunista, y “se adhirió a la clase revolucionaria” en el sentido más pleno de la palabra. La “miserable medianía” del ánimo pequeñoburgués era el rasgo de clase que más llegó a despreciar Dobbs.

Pronto se encontró entre las filas del “gran ejército de los desempleados”. Un par de años más tarde, al palear carbón en un miserable depósito de carbón en Minneapolis, conoció a Grant Dunne, un cuadro aguerrido de la Liga Comunista de América, precursor del Partido Socialista de los Trabajadores, quien lo alistó en una campaña de sindicalización. De ahí se desarrolla el relato a través de las páginas de Teamster Rebellion y los tomos siguientes –Teamster Power, Teamster Politics y Teamster Bureaucracy (Fuerza Teamster, Política Teamster y Burocracia Teamster)—así como numerosos folletos, libritos y los dos tomos de Revolutionary Continuity: Marxist Leadership in the U.S. (Continuidad revolucionaria: Liderazgo marxista en Estados Unidos) que Dobbs logró completar durante su vida a principios de los años 80: The Early Years, 1848-1917 (Los primeros años, 1848-1917), y Birth of the Communist Movement, 1918-1922 (Nacimiento del movimiento comunista).

Al ir brotando su despertar político, Dobbs se convirtió en un ciudadano del mundo, un internacionalista proletario, que vivía el presente como parte de la historia, sin lo cual no existe el comunismo. El describe cómo le impactaron las fotos en los diarios de Omaha que mostraban la invasión de China por Japón Imperial en 1931. Las fotos mostraban escenas de tropas norteamericanas apostadas en Shanghai que protegían, con el asentimiento de Tokio, a la acaudalada “colonia internacional”, mientras que los cercanos barrios obreros chinos, con el indiferente beneplácito racista de la oficialidad del ejército norteamericano, eran incendiados y sus pobladores masacrados por las fuerzas imperialistas japonesas.

Al describir su naciente conciencia de clase, Dobbs le atribuye a las fotos noticiosas de esos sucesos un peso semejante al impacto que le produjo el hecho de que sus patrones le pidieron que aceptara el despido de un compañero de trabajo apenas unos meses antes de que se jubilara y recibiera una pensión, a fin de recortar costos y aumentar la “productividad”. En los tomos siguientes de la serie de los Teamsters, vemos el periódico del Consejo Conjunto de Teamsters en Minneapolis, el Northwest Organizer, que publicaba editoriales de primera plana donde exigía el retiro de las tropas norteamericanas de Asia y el Pacífico y condenaba los preparativos de la administración Franklin Roosevelt para la gran matanza imperialista de la Segunda Guerra Mundial.

El joven Farrell Dobbs que llegamos a conocer en las páginas de Teamster Rebellion llegó a ser uno de los grandes organizadores de masas de la clase trabajadora de Estados Unidos. A la edad de apenas 30 años, fue el principal arquitecto y dirigente de la campaña –desde Texas hasta Detroit, Canadá y Seattle— que organizó a un cuarto de millón de choferes de camión de larga distancia para incorporarlos a un poderoso sindicato y que transformó el Medio Oeste del norte en territorio sindicalizado, el legado de la cual aún se siente en la actualidad.

Los cuadros dirigentes del Local General de Choferes 574 (más adelante el Local 544 de los Teamsters) se convirtieron en el ala izquierda de lucha de clases dentro de un combativo liderazgo obrero mucho más amplio. Demostraron en la práctica cómo los sindicatos, si están dotados de semejante dirección, pueden ser y serán transformados en instrumentos de lucha revolucionaria capaces de dirigir a crecientes sectores de trabajadores, tanto empleados como desempleados, y a sus aliados –agricultores, pequeños productores devastados— a una posición de independencia de la clase dominante. Demostraron cómo los militantes sindicales que tienen conciencia de clase comienzan a reconocerse como parte de una clase internacional cuyos intereses son rotundamente contrarios a los de sus propios patrones y del gobierno patronal. Y a sentirse cómodos en la historia de la cual son una parte viviente.

Sin embargo, Dobbs, más que cualquiera, sabía que lo que él estaba logrando era posible únicamente porque formaba parte de los amplios cuadros directivos del partido comunista fundado en 1919 para hacer en Estados Unidos lo que los bolcheviques acababan de hacer en Rusia, del partido que en 1938 adoptó el nombre Partido Socialista de los Trabajadores. Ya para 1940, al aproximarse rápidamente la Segunda Guerra Mundial, estaba aumentando la reacción entre la cúpula sindical, las filas estaban siendo preparadas para la guerra y por el momento había quedado prácticamente excluida la posibilidad de más avances tanto en los Teamsters como en el movimiento sindical industrial más amplio. En enero de ese año Dobbs renunció su cargo como organizador general de la secretaría internacional de los Teamsters. Lo hizo para pasar a ser el secretario de organización y el responsable de los asuntos en el movimiento obrero , en un partido cuya membresía, bajo el impacto del repliegue del movimiento obrero y de la capitulación de la pequeña burguesía a la histeria patriotera, pronto disminuiría por debajo de mil miembros. El año siguiente la dirección de ese partido que no se doblegaba a las presiones bélicas y muchos cuadros de los combates del Local 544, incluido el propio Dobbs, serían instruidos de cargos de conspiración y sedición, declarados culpables y condenados a la cárcel por fiscales federales que usaban por primera vez la Ley Smith “de la Mordaza”, que pronto se haría tristemente célebre: una aplicación anterior por la clase dominante de la “seguridad patria”.

Fue como hombre del partido, especialmente al asumir responsabilidades como oficial nacional del Partido Socialista de los Trabajadores por casi tres décadas, que Dobbs hizo sus mayores aportes como dirigente: al dar un ejemplo de integridad obrera desde la cárcel durante la Segunda Guerra Mundial; al trazar un camino comunista inquebrantable para los cuadros en los sindicatos y en la acción política a través de la caza de brujas anticomunista de la posguerra; al animar con palabras y hechos a los movimientos comunista y obrero a que se sumaran a la masiva lucha proletaria por los derechos de los negros; al ayudar a dirigir al partido para responder y abrazar a la Revolución Cubana como suya; al colaborar en la elaboración de una política militar para el proletariado, aplicada por jóvenes socialistas dentro del amplio movimiento que se oponía a la guerra del imperialismo en Vietnam; y al buscar activamente el reclutamiento de una nueva generación de cuadros que surgió de todos estos sucesos políticos de trascendencia mundial.

Dobbs ayudó a dirigir al movimiento comunista a través del repliegue y declive del movimiento obrero desde fines de los años 40 hasta mediados de los 70. Dio su apoyo y consejos de forma incondicional a los cuadros más jóvenes del partido que, a fines de los 70, dirigieron un viraje a los sindicatos cuando se fueron desarrollando nuevas luchas y oportunidades, comenzando en las minas de carbón y las acerías en particular, y que organizaron al partido para responder como internacionalistas proletarios a las revoluciones victoriosas en Nicaragua, Granada e Irán.

Desde la Segund Guerra Mundial hasta Corea y Vietnam, Dobbs orientó al movimiento hacia nuestros compañeros de clase en uniforme, los soldados, aquellos residentes norteamericanos que pagan el precio más alto de todos por la búsqueda incesante de la dominación mundial por Washington. Y ayudó a armar políticamente a los trabajadores y jóvenes comunistas para reconocer sin vacilación la necesidad inevitable de organizarse para combatir y derrocar la represión estatal intensificada, formas de régimen militar y bandas fascistas patrocinadas por los capitalistas conforme el orden imperialista en Estados Unidos –con zigzagues desconocidos, y a lo largo de un periodo de tiempo impredecible— nuevamente entraba en un época de crisis mundial comparable a la que había ocurrido de 1914 a la Segunda Guerra Mundial. “A los miembros de la guardia de defensa sindical del Local 544”, reza su dedicatoria al tercer tomo de esta serie, Teamster Politics (Política Teamster).

Muchas veces Dobbs señalaba el aporte especial al movimiento obrero que hacían los veteranos de las fuerzas armadas. Uno de los ejemplos de militantes que conocemos en Rebelión Teamster es Ray Rainbolt, uno de unos cuantos organizadores de campo de los piquetes móviles durante las huelgas de 1934, posteriormente elegido por los miembros de la guardia de defensa sindical como su comandante. Para los trabajadores a mediados de los años 30, el escoger a un indio siux para dirigirlos en combate –darles órdenes, disciplinarlos de ser necesario— era muy lejos de ser un hecho cotidiano en este país, especialmente en el Medio Oeste del norte o en Estados Unidos occidental. El prestigio que se ganó Rainbolt entre las filas de los trabajadores combativos es una muestra de la profundidad de los cambios en actitudes políticas, disciplina de batalla y solidaridad humana, forjados en el transcurso del combate de clases según lo describe en los libros de Dobbs sobre los Teamsters.

En una charla en 1966, presentada a un público predominantemente compuesto de miembros de la Alianza de la Juventud Socialista, Farrell Dobbs resumió la perspectiva mundial histórica que definía muy bien la trayectoria política de toda su vida; las características de clase imprescindibles para todo revolucionario proletario; y lo que la clase trabajadora les exige a sus dirigentes, ante todo.

Debemos estar conscientes constantemente del papel clave de Estados Unidos en el mundo. El imperialismo norteamericano es hoy día el baluarte de la reacción mundial, según lo está demostrando abundantemente la guerra en Vietnam.

Es una realidad férrea que, hasta que no sea derrocado el capitalismo aquí en Estados Unidos de América, la banda de perros rabiosos imperialistas que rigen en este país van a seguir siendo un peligro mortal para toda la humanidad. No debemos olvidarlo jamás.

Eso significa que la batalla de enfrentamiento por el socialismo mundial se va a librar aquí mismo en Estados Unidos de América. Y cuando se logre la victoria revolucionaria, el capitalismo caduco, decadente va a desaparecer, literalmente de la noche a la mañana, de la faz de nuestro planeta. La humanidad marchará hacia la construcción de una sociedad socialista ilustrada, donde por primera vez se pueda vivir juntos en este planeta en paz y en seguridad y con libertad. La humanidad realizará finalmente el tipo de vida fructífera que la inteligencia humana es tan abundantemente capaz de lograr, aún con el actual nivel de desarrollo tecnológico. Una vez que la humanidad aprenda a actuar de forma política, organizativa y social, podrá aprovechar estas maravillas.

A eso dedicamos nuestras vidas. Los del partido, los revolucionarios en Estados Unidos –actuando de la mejor manera posible en solidaridad con combatientes revolucionarios por todo el mundo— siempre debemos tener en cuenta que en última instancia el porvenir de la humanidad depende de la revolución socialista en Estados Unidos. Nuestra tarea consiste en construir un partido capaz de dirigir esa revolución, hacerle frente al más nefasto de los regímenes reaccionarios y monstruosos de la clase dominante que existe en la faz de la tierra; la clase dominante imperialista de Estados Unidos.

El camino futuro en esa lucha estará regado de obstáculos, y habrá muchos escollos. No hay hoja de ruta, no hay manera de hallar una guía que te diga lo que hace en cada coyuntura. Nuestra tarea consiste en trazar un rumbo revolucionario, basado en una comprensión fundamental de nuestro programa --un sentido básico de nuestra estrategia revolucionaria— y elaborar las tácticas en ese sentido a lo largo del camino.

No existe ningún horario. Nadie puede decir cuánto va a tardar ni cuándo va a ocurrir. Yo personalmente creo que ustedes, sentados hoy en esta sala, que tienen toda su juventud a su favor, tienen por lo menos las probabilidades que daba Damon Runyon, seis contra cinco, de ver ese estallido.

Pero al decirlo quiero agregar inmediatamente: no hagan de esto una condición. No adopten el condicionante de que el cambio revolucionario debe ocurrir durante su propio tiempo. No tomen como guía para su vida activa aquel concepto estrecho, provinciano y egocéntrico de que, si no ocurre dentro de su propia existencia subjetiva en este planeta, no es importante.

Siempre recuerden que la historia es maravillosamente indiferente a los problemas del individuo. A la historia no le importa si mueres a los seis años o si vives hasta los 700, si fuera posible, o lo que pase durante tu vida individual. Como dijo una vez el poeta alemán Göthe, “La historia marcha como un mendigo borracho a caballo”.

Puede pasar mucho durante tu vida limitada, o puedes vivir una existencia aburrida. Alguna gente ha tenido la buena fortuna de vivir más en un año que otras personas, en otras coyunturas históricas, han podido vivir durante toda su existencia. O según lo expresara Plejánov, “Si no hubiera sido por la Revolución Francesa, Napoleón probablemente habría terminado siendo un cabo en la artillería francesa”.

No pongan como condición que la revolución socialista debe llegar en tu vida. Sé no solo un ciudadano del planeta; sé un ciudadano del tiempo. Reconoce que lo fundamental es estar compenetrado con el género humano desde los albores de la historia hasta las alturas de lo que apenas podemos empezar vagamente a soñar.

¿Y cuál es la alternativa? La alternativa es hacer un arreglo con este sistema capitalista podrido. ¿Sabes cómo es la gente que hace eso? Recuerdas la película The Devil and Daniel Webster (El diablo y Daniel Webster). Jabez Stone, ya sabes, vendió su alma a Scratch, el diablo. Lo hizo a cambio de la promesa de que así se cumplirían sus ambiciones personales. Más tarde lamentó esta acción y pidió que se le devolviera el alma. Scratch, que fue representado por Walter Huston, ese magnífico actor, finalmente dijo, bien, se la devolvería.

Entonces Scratch sacó una pequeña caja de cerillos de su bolsillo. Abrió la caja y comenzó a hurgar con el dedo achaparrado, tratando, tratando, de encontrar la pequeña alma mezquina de Jabez Stone para poder devolvérsela.

Eso es simbólico de lo que le haces a tu propia alma si haces un arreglo con este sistema podrido.

Nuestra tarea es la de forjar un movimiento de hombres y mujeres que emulen a los aguerridos combatientes de la línea del Ejército Continental en la primera Revolución Americana. Aprendan a ser luchadores revolucionarios profesionales. No sean soldados de verano. No malgasten el tiempo; no vacilen. No pongan nada por encima de las consideraciones del movimiento. Mantengan sus lugares en las primeras filas de los luchadores revolucionarios, y manténganse en ese lugar hasta el fin.

No hay otra forma en que uno puede hallar una vida tan rica, tan gratificante, tan fructífera y significativa.

Farrell Dobbs con mucho placer habría ofrecido un brindis por la traducción al español y la publicación de Rebelión Teamster. Sobre todo habría gozado el relato de los jóvenes mineros combativos en Utah que escuchaban una traducción a primera vista, página por página, durante una larga noche en su caseta de piquetes. Eso habría tocado una fibra sensible.

El a menudo señalaba lo difícil que había sido en los años 30, cuando comenzó a buscar respuestas políticas, para encontrar un solo libro que le ofreciera el tipo de perspectiva histórica que él buscaba sediento, cómo peinaba las bibliotecas públicas buscando algo, cualquier cosa. Y describió el impacto, como de relámpago, de los primeros libros y folletos marxistas que le dieron para leer los cuadros de la Liga Comunista de América que lo reclutaron, revolucionarios como Vincent Ray Dunne, conocido como V.R., y Carl Skogland, conocido cariñosamente como Skogie por todos sus amigos y camaradas.

En esa época, mucho menos de las obras clásicas del marxismo habían sido traducidas al inglés, y las que habían sido publicadas eran difíciles de encontrar. Así era no solo con las obras de Carlos Marx, Federico Engels, V.I. Lenin y León Trotsky, sino también con las de dirigentes del movimiento comunista en Estados Unidos. Durante las frecuentes y largas horas de viajes que formaban parte de la campaña de sindicalización de larga distancia, Dobbs a menudo se veía acompañado por Skogie, quien había llegado a ser síndico del Local 544 y más tarde su presidente, un inmigrante “ilegal” de Suecia ¡que aún tenía pendiente contra él una orden de deportación el día que murió en 1960! Skogie, uno de los dirigentes más ampliamente respetados tanto del sindicato como de la Liga Comunista de América, hablaba perfectamente no solo inglés y sueco sino alemán, el idioma de Marx y Engels, el idioma de destacados revolucionarios tales como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, y el idioma político de Lenin, Trotsky y otros dirigentes de los primeros años de la Internacional Comunista. A lo largo de décadas, Skogie había acumulado una cuantiosa biblioteca marxista, la cual aprovechó bien. Al recorrer las carreteras durante sus misiones sindicalizadoras, Skogie muchas veces solía leerle a Farrell –a veces a partir de traducciones al inglés, a veces traducciones a primera vista del alemán, en el camino— dándole a Farrell acceso a obras del marxismo que con tantas ansias buscaba.

Una digna celebración de esta primera edición de Rebelión Teamster sería la conclusión de este esfuerzo –la traducción de los otros tres tomos que integran la serie de los Teamsters, y además un buen comienzo a la traducción de Revolutionary Continuity: Marxist Leadership in the U.S.— para el año 2009, el 90 aniversario de la fundación en este país del movimiento de Farrell, el movimiento comunista.

Teamster Rebellion no es un “manual” o una guía. Es el relato que documenta una experiencia concreta en la lucha de clases, la cual puede ser estudiada y asimilada por trabajadores y agricultores con conciencia de clase que se encuentran en medio de otras luchas, en otras épocas, otras condiciones, hablando muchos idiomas distintos.

En un siglo caracterizado más y más por una inminente catástrofe económica, y una marcha acelerada hacia sangrientas guerras desatadas por la última potencia imperialista que intenta prolongar su vida, las experiencias concretas de los hombres y las mujeres del Local 574 resultarán aún más vigentes y valiosas. En un mundo donde los trabajadores y agricultores de vanguardia, y los jóvenes atraídos a sus luchas, diariamente buscan y extienden la solidaridad de otros combatientes, Teamster Rebellion será leído en un número creciente de casetas de piquetes en las montañas y las praderas, en medio de ciudades grandes y pueblos pequeños, y será traducido a otros idiomas también, por todas las Américas y más allá.

Teamster Rebellion está dedicado “A los hombres y las mujeres que me infundieron una confianza inquebrantable en la clase trabajadora, las filas del Local General de Choferes 574”. Es su historia, que documenta lo que pudieron lograr cuando pudieron contar con la dirección que merecían.

Hoy día, los que buscan emular el compromiso y la seriedad de la vanguardia de los Teamsters de 1934, lo leerán en anticipación de batallas tanto presentes como pasadas. Mediante este relato llegarán a comprender la verdad que es la esencia del Manifiesto Comunista: el comunismo no es un conjunto de ideas, sino más bien la generalización, renovada constantemente, de la marcha estratégica de una clase que lucha por su emancipación. Y se sumarán a esa marcha, convirtiéndose en una parte más y más consciente, y más y más aguerrida, de su vanguardia.

diciembre de 2003


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