
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2004 Vol. 28 No. 1
Venezuela
Venezolanos inician alfabetización con ayuda y voluntarios
cubanos
POR ARGIRIS MALAPANIS
Y CAMILO CATALÁN
LAS TRINCHERAS,
Venezuela—“Me fui a inscribir en la universidad cuando
supe que estaban buscando facilitadores para la Misión
Robinson”, dijo Milena Réngel la tarde del 7 de octubre,
mientras subía una colina en esta comunidad rural, poco antes
de empezar una clase de alfabetización. “Yo enseño
dos horas por día durante los días de la semana. De la
Universidad de Carabobo tomo el camión para enseñar a
un grupo de 30 personas”.
Réngel,
de 25 años, estudiante en la facultad de pedagogía de
la Universidad de Carabobo, es una de más de 100 mil
voluntarios —en su gran mayoría estudiantes
universitarios— que participan en una masiva campaña de
alfabetización. La Misión Robinson, según se
conoce, se inició el 1 de julio. Deriva su nombre de Simón
Rodríguez, un poeta nacionalista y maestro que tenía el
apodo de Robinson por su fascinación con la novela Robinson
Crusoe. Rodríguez fue maestro de Simón Bolívar.
La meta de la campaña
es enseñar a leer, escribir y aritmética a más
de millón y medio de personas analfabetas, un 12 por ciento de
las personas adultas en este país de 24 millones de
habitantes.
El gobierno venezolano
inició la Misión Robinson con amplia colaboración
de Cuba. El gobierno cubano ha donado decenas de miles de
televisores, video caseteras, cintas de video y material impreso
utilizado en los cursos. Además docenas de instructores
cubanos han ayudado a entrenar a los jóvenes voluntarios
quienes están enseñando a campesinos, pescadores,
trabajadores y otros a aprender a leer y escribir. El programa se
basa en la campaña de alfabetización cubana que
erradicó ampliamente el analfabetismo en esa nación
caribeña en 1960-61, poco después del triunfo de la
Revolución Cubana.
En los últimos cuatro meses, la Misión Robinson se ha
puesto en marcha en los barrios obreros más pobres de Caracas
y en la mayoría de otras ciudades, las comunidades indígenas
del Amazonas y el Río Orinoco, los llanos de Apure y Barinas y
las zonas rurales montañosas. Las cursos de alfabetización
también se llevan a cabo en las prisiones.
En los cerros de Las
Trincheras
Las Trincheras es una comunidad rural en la sierra a unas 20 millas
al norte de Valencia, la tercera ciudad de Venezuela y uno de los
centros industriales más grandes del país. Réngel
viaja diariamente a Las Trincheras usando transporte público
ya que la distancia desde la universidad lo permite, un “viaje
de 45 minutos”, como dijo ella.
La mayoría de
los alfabetizadores voluntarios también viajan diariamente a
las comunidades donde enseñan, ya que la mayoría son
asignados a ir a zonas cerca de su residencia. Réngel y otros
nos dijeron que hay voluntarios en partes más remotas del país
que se han mudado a zonas rurales y viven con los campesinos. Esto es
una diferencia con la campaña de alfabetización cubana
a principios de los 60, donde la mayoría de los 100 mil
voluntarios se fueron a vivir con los campesinos y otros trabajadores
a quienes estaban alfabetizando.
Le preguntamos a Réngel
sobre las noticias que vimos dos días antes en Globovisión,
una de las principales estaciones de televisión de la
oposición, mostrando a un grupo de estudiantes que se habían
inscrito como voluntarios para la Misión Robinson haciendo una
protesta. Exigían que el gobierno les pagara el estipendio que
les habían prometido o se saldrían de la segunda fase
del programa.
Réngel dijo que
esto no la sorprendía. “Como todo lo demás en
Venezuela, cualquier cosa que tratamos de hacer está lleno de
contradicciones”, dijo ella.
De los 116 mil voluntarios que se inscribieron inicialmente como
alfabetizadores, algunos han dejado el programa. “Actualmente
la cantidad está entre 70 mil y 100 mil”, dijo Réngel.
“Conozco a varios de mi universidad que se salieron cuando
vieron las condiciones en las zonas rurales donde se les asignó
a enseñar”.
‘No lo hago por
dinero’
Réngel dijo que
el estipendio prometido por el gobierno fue de 120 mil bolívares
(80 dólares) por mes. Desde el comienzo los voluntarios fueron
informados que podría haber demoras en recibir su pago. “En
los tres meses que vengo dando clases, he recibido el estipendio sólo
una vez”, dijo ella. “Pero no lo hago por el dinero. Lo
hago por la gente de Las Trincheras y por mí misma como ser
humano”.
Réngel dijo que
su primera tarea fue ir a Las Trincheras con otros voluntarios y
hacer un censo de alfabetización casa por casa. Le tocó
dar clases en el Cerro Las Flores, una sección de Las
Trincheras donde viven mil personas.
Los maestros
voluntarios tuvieron que encontrar un lugar donde impartir las
clases. “Escogí la casa de Betty y Alexander, porque
podíamos usar tanto la sala como el portal y nuestros
anfitriones son particularmente acogedores”, dijo. Betty
Zequiera trabaja haciendo limpieza en los baños de aguas
termales y su esposo Alexander Gallardo es chofer de camión.
La primera fase del programa culminó a fines de septiembre.
Los participantes aprendieron el alfabeto, los números y
recibieron sus primeras clases de lectura. A nivel nacional se
graduaron unas 300 mil personas de la primera fase el 21 de
septiembre. Estas clases se realizaron en la sala de Zequiera y
Gallardo, nos dijeron, porque tenían que usar la TV y la video
casetera.
“La mayoría
de los materiales —la TV, video casetera, los videos y libros—
vinieron de Cuba”, dijo Réngel. Los cuadernos, lápices,
pizarras, tizas y uniformes escolares para los niños los
provee el Ministerio de Educación de Venezuela.
Los cursos se imparten
de lunes a viernes, de 3:30 a 5:30 p.m. Veinte de las 30 personas que
se inscribieron asistieron a la clase del 7 de octubre. Unos 25
estudiantes participan regularmente, nos dijeron. Cinco eran adultos,
de 30 a 60 años de edad, la mayoría campesinos. El
resto eran niños o adolescentes de 6 a 15 años. Varios
de los niños mayores dijeron que se habían salido de la
escuela pública porque sus padres estaban tan bajos de fondos
que no podían pagar siquiera un cuaderno o lápiz y a
menudo tenían que trabajar para ayudar a mantener a la
familia. “Fui a la escuela por tres meses, pero luego me salí”,
dijo Yomaira Mejías, de 15 años. “Mis padres no
trabajan y no podían ni darme un cuaderno”.
Réngel dijo que es difícil tener las clases con adultos
y niños de varias edades juntos, pero era la única
manera de comenzar con el programa. La meta, dijo ella, es traer a
todos a un nivel de cuarto grado de lectura, escritura y aritmética
en un año. La mayoría de los niños serán
después asignados a escuelas normales, mientras que los
adultos podrán inscribirse a otros programas para continuar
mejorando su aprendizaje.
Terminada la sesión,
los reporteros de Perspectiva Mundial entrevistaron a
la mayoría de los alumnos. Carlos Jiménez, de 47 años,
dijo que ahora trata de ganarse el pan en la agricultura. “Antes
trabajaba en construcción, pero ahora no hay trabajos”,
dijo. Otros trabajaban en fábricas en Valencia pero ahora
están desempleados. Manuel Sánchez, de 58 años,
dijo que tuvo que jubilarse prematuramente como carpintero por una
lesión en el trabajo. Sánchez y Jiménez dijeron
que habían ido a la escuela hace varias décadas, pero
se salieron y olvidaron cómo leer y escribir por falta de
práctica. Ahora están recordando todo.
Todos los entrevistados
dijeron que harían cualquier cosa para prevenir que la
oposición derribara a Chávez. El presidente
nacionalista fue elegido en 1998 y reelegido dos años más
tarde con un enorme apoyo popular contra los partidos capitalistas
tradicionales. Desde 2001, cuando su gobierno adoptó una nueva
reforma agraria y otras leyes que reducían los privilegios del
capital financiero, la burguesía venezolana ha hecho todo lo
posible para sacar al presidente, con la bendición de
Washington. Después de un fallido golpe militar y dos meses de
cierre patronal frente a las movilizaciones masivas de los
trabajadores, la oposición se ha enfocado en un referéndum
para destituir a Chávez.
Los lazos cercanos
entre Venezuela y Cuba, incluyendo el programa que ha traído a
dos mil médicos cubanos a los barrios más pobres del
país y la Misión Robinson, son parte de la razón
de las hostilidades de los capitalistas y terratenientes locales
contra el gobierno de Chávez.
Ataques de la oposición
El diario de la
oposición El Universal, publicó el 7 de octubre,
el día que los reporteros de Perspectiva Mundial
visitaron Las Trincheras, un artículo titulado: “Segunda
Torres, ex gerente de planificación del INCE: ‘La Misión
Robinson es una gran campaña electoral’”. INCE es
el Instituto Nacional de Cooperación Educativa, que
actualmente se encarga de muchos aspectos del programa de
alfabetización.
“El plan de
alfabetización es una gran campaña electoral”,
dijo Torres en El Universal. “Es cuestión de
números. Una meta de un millón de iletrados, más
de 100 mil alfabetizadores—los cuales reciben pago, comida y
créditos, lo cual obviamente redundará en votos para
Chávez”.
En
un artículo publicado el 26 de junio en El Nacional, el
segundo diario principal de la oposición, el presidente de la
Federación de Maestros de Venezuela alegó que con la
Misión Robinson el gobierno pretende “crear un ejército
de jóvenes a ser adoctrinados”.
Estas acusaciones han
solidificado el apoyo a Chávez entre los trabajadores. Cuando
mostramos el artículo de El Universal a Jiménez
y a Sánchez, se rieron y lo calificaron de ridículo.
Ambos dijeron que votarían contra el referéndum que
busca destituir a Chávez y participar más en las
actividades contra la oposición.
En respuesta a los reclamos que el gobierno está “cubanizando”
al país a través del programa de doctores voluntarios y
la campaña de alfabetización, Sánchez dijo,
“Aquí no hay cubanización, nosotros estamos
simplemente tratando de tomar nuestro destino en nuestras propias
manos. Esta vez estamos tratando de hacerlo sin derramamiento de
sangre”.
Sánchez dijo que él sabía de la Revolución
Cubana de los años 60. Había sido miembro de las
Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) en 1965-1966,
uno de los grupos que empleó la guerra de guerrillas como
estrategia para derribar al gobierno capitalista en esa época.
Sánchez dijo que fue parte de una operación que trató
de recuperar un envío de armamentos desde Cuba para la FALN en
1965. El envío fue interceptado por el ejército
venezolano, dijo.
“Ellos dicen que
Fidel ejecutó a muchos, ¿pero cuántos miles mató
Batista? preguntó Sánchez, refiriéndose al
presidente cubano Fidel Castro y a Fulgencio Batista, el dictador
apoyado por Washington que fue derrocado por los trabajadores y
campesinos cubanos en 1959.
La segunda fase de la Misión Robinson empezó en
octubre. Las cursos durarán hasta julio de 2004, con el
objetivo de que los participantes adquieran un nivel de cuarto grado
de educación. La tercera fase, que debe comenzar en octubre de
2004, terminará en julio de 2005, cuando todos los graduados
habrán obtenido un sexto grado de educación.
Según
el diario cubano Granma, 300 mil venezolanos se graduaron en
los primeros cursos de alfabetización el 21 de septiembre.
Chávez y otros funcionarios entregaron certificado de
alfabetización a 200 mil personas en septiembre, en eventos
organizados por todo el país. En uno de estos eventos en
Miraflores, Jesús Serpa, un campesino de las zonas montañosas
del estado de Miranda, dijo que ningún otro gobierno había
prestado atención a las necesidades de los habitantes del
campo, como la alfabetización.
“Aquí
tenemos con nosotros a la maestra Leonola Relys”, dijo Chávez,
según el Granma, “representando al pueblo cubano,
a Fidel, y a este ejército de colaboradores quienes nos están
ayudando a lograr lo que parecía inconcebible”.
Relys es la maestra
cubana creadora del método de alfabetización que está
siendo utilizado en Venezuela. Este método asocia letras con
números ya que la mayoría de las personas analfabetas
tienen algún conocimiento de números por sus
actividades diarias en el trabajo, en los juegos como el dominó
o comprando alimentos en el mercado. Antes de que tomara mayores
responsabilidades para la Misión Robinson, Relys fue asesora
de una campaña de alfabetización en Haití. En
una entrevista con Granma en junio, ella dijo, “Tuve la
oportunidad de alfabetizar en mi país siendo una niña,
y sentí emociones muy grandes, porque enseñe a
campesinos muy humildes a escribir sus nombres y las primeras cartas
y realizar lecturas.
El método ha sido muy efectivo, dijo Adrián Viana en
Barrio Nuevo Challín, un distrito obrero en el barrio El
Recreo en Caracas, el 3 de octubre. Viana es un estudiante de
secundaria quien organiza y enseña los cursos de
alfabetización en esa localidad. “En este barrio de tres
mil habitantes hemos censado 58 personas analfabetas cuando hicimos
un censo de casa en casa”, dijo él. “La semana
pasada terminamos la primera fase con el primer grupo de 25 personas,
de las cuales 21 obtuvieron su certificado. La mayoría de los
analfabetos aquí son mujeres de cierta edad”.
Encontramos una situación similar en un curso de
alfabetización el 8 de octubre en la sección de
Montepiedad del Barrio 23 de enero en Caracas, donde todas las
participantes eran mujeres trabajadoras. En esa clase no participan
niños, dijo Carolina Valecillos, 19 años de edad,
alfabetizadora en ese lugar.
Venezolanos en las zonas más remotas del país también
están participando en los cursos de alfabetización,
como los de la tribu indígena Piaroa en el Amazonas, al sur de
Venezuela, cerca de Brasil. Según Javier Labrada, quien
encabeza el equipo de asesores cubanos para la Misión Robinson
en Venezuela, más de 25 mil indígenas se han inscrito
para las cursos de alfabetización. Asimismo unos 1 700 presos
de varias prisiones en el país también están
participando en el programa.
Además del millón y medio de analfabetos, otros dos
millones de venezolanos nunca terminaron la educación básica.
La Misión Sucre, que empezó este otoño ofrece
cursos gratis de educación para adultos a personas que buscan
mejorar sus conocimientos.
Durante una visita en
julio de 2002 al barrio de San Carlos de Cumaná, un centro
pesquero en la costa norte de Venezuela a 300 millas al oeste de
Carabas, Delia Bermúdez dijo a reporteros de Perspectiva
Mundial que ella se había enterado a través de los
profesores de educación física y médicos cubanos
en la región que Cuba eliminó el analfabetismo poco
después de la revolución de 1959 que derribó a
la dictadura de Batista. “No sé exactamente cómo
lo hicieron, pero eso es lo que necesitamos aquí”, dijo
ella. Su deseo se está volviendo realidad un año más
tarde. Esto aumenta la confianza en sí mismos de millones de
trabajadores quienes están más dispuestos a expresar
sus opiniones y a actuar contra los esfuerzos de la oposición
para restaurar una relación de fuerzas más favorable
para los patrones.
“Ellos dicen que nos están indoctrinando pero no es
verdad”, dijo Ana Bolívar, de 49 años, una obrera
que participa en la clase de alfabetización en la sección
de Montepiedad del Barrio 23 de Enero de Caracas. “Estamos
aprendiendo a leer y escribir por primera vez porque la oposición
nunca nos lo permitió. Nos acusan de tener armas, pero las
únicas armas que tenemos son nuestros lápices”.
El Barrio 23 de Enero es un distrito obrero en los cerros con vista
al centro de Caracas, cerca de Miraflores, el palacio presidencial.
El 12 de abril de 2002, el segundo día del golpe militar
contra Chávez, cientos de miles de trabajadores de esta área
se volcaron hacia Miraflores, contribuyendo al fracaso del intento de
derrocar al gobierno.
Refiriéndose a esa experiencia y explicando —en un
comentario típico— el odio de los trabajadores a la
oposición proimperialista, Celina Azuaje, una costurera
desempleada que asiste a la misma clase que Ana Bolívar,
agregó, “Pero tendremos el coraje de bajar a Miraflores
para defender a Chávez si lo quieren tumbar otra vez”.
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