
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR enero de 2004 Vol. 28 No. 1
Iraq
Tropas imperialistas fuera de Iraq
Por qué
revolucionarios no abogan por triunfo de elementos baazistas
POR MARTÍN KOPPEL
El
Militant, publicación hermana de Perspectiva Mundial
en inglés, ha recibido cartas de varios lectores que hacen
preguntas o discrepan con el análisis del Militant —y
de Perspectiva Mundial—
sobre la situación
política actual en Iraq.
Una de las preguntas es acerca de la naturaleza de los que han
realizado ataques armados contra las fuerzas de ocupación
dirigidas por Washington. Es difícil obtener una respuesta
clara en los principales medios noticiosos, mayormente liberales, de
cuyas posiciones se hacen eco los grupos radicales que organizan
acciones antibélicas. Están más interesados en
promover a los contrincantes demócratas del presidente George
Bush que en decir la verdad.
El imperialismo norteamericano obtuvo una victoria fácil en su
rápida invasión de Iraq. El régimen de Saddam
Hussein, una pandilla capitalista temida y odiada por millones de
trabajadores y campesinos en Iraq, le entregó a Washington una
tremenda oportunidad. Los gobernantes norteamericanos ganaron una
amplia aceptación pública en Estados Unidos al lanzar
un ataque contra Iraq con miras a fortalecer su posición
mundial en relación a Berlín, París y demás
rivales imperialistas, y a preparar más guerras de saqueo:
todo en nombre de la democracia. El pueblo iraquí quedó
expuesto políticamente a este ataque por las décadas de
crímenes cometidos contra ellos por el estado
policiaco-partidista encabezado por Hussein, especialmente desde que
el partido baazista, autodenominado “socialista”,
decapitó a la vanguardia de la revolución democrática
iraquí de 1958 tras un golpe contrarrevolucionario en 1963.
Empleando una combinación de terror policiaco, prebendismo, y
el fomento de divisiones religiosas y nacionales, el régimen
prácticamente había marginado al pueblo trabajador de
la política a lo largo de cuatro décadas.
Dadas estas condiciones actuales, a Washington le resulta necesario y
posible imponer un protectorado “blando” en Iraq en lugar
de una dictadura militar que aplaste despiadadamente toda actividad
“no autorizadas”. Por ejemplo, la legalización del
periódico del Partido Comunista Iraquí (que respalda la
ocupación imperialista) crea espacio político que
algunos opositores de la ocupación podrán aprovechar y
están aprovechando.
Los críticos liberales y radicales de la administración
de Bush han hecho muchos pronósticos. Antes de la invasión
afirmaban que las grandes manifestaciones pacifistas —o
Naciones Unidas, o las hienas imperialistas “pacíficas”
en París y Berlín— impedirían que
Washington desatara la guerra. Cuando los ejércitos
anglo-americanos lanzaron la guerra y las protestas pacifistas se
cayeron como merengue, pronosticaron una resistencia de masas y un
“pantano” político para las tropas
norteamericanas. Alegaron que Washington iba a cobrar tremendas bajas
civiles. Estas afirmaciones resultaron falsas en tanto el régimen
se desmoronó como madera podrida y los invasores fácilmente
tomaron Bagdad, evitando un baño de sangre o la destrucción
de la infraestructura de Iraq.
¿Masiva resistencia armada?
Hoy día, voces similares afirman que existe una masiva
resistencia armada contra la ocupación. Sin embargo, los que
deben ofrecer pruebas son ellos. Por ejemplo, Tariq Ali, un conocido
académico radical en el Reino Unido, afirmó en un
debate por la radioemisora neoyorquina WBAI el 4 de diciembre que la
ocupación imperialista es un fracaso total, que existen
“grandes ejércitos en crecimiento” de iraquíes
que se unen a la oposición armada y que “lo que
observamos en Iraq es la clásica guerra de guerrillas en su
primera etapa”. Pero Alí no tiene pruebas para respaldar
sus aseveraciones. ¿A qué se refiere con “clásico”?
¿Acaso al movimiento de liberación nacional en Vietnam
que derrotó a los ejércitos imperialistas de Francia y
Estados Unidos, o a la lucha de masa dirigida por el Frente de
Liberación Nacional en Argelia que derrotó al gobierno
colonial francés? Los vestigios de las fuerzas leales al ex
régimen baazista no tienen nada en común con estos
movimientos populares antiimperialistas. Son detestados por la gran
mayoría del pueblo iraquí, y de hecho son incapaces de
librar una lucha contra el imperialismo, según lo demostraron
cuando estuvieron en el poder.
Hoy día los revolucionarios en Iraq no reivindicarían
una victoria de los matones saddamistas o el retorno al poder de
Hussein –por más improbable que sea—y explicarían
que no sería un paso de avance para el pueblo trabajador en
Iraq. Es lo último que desean millones de iraquíes,
especialmente la población que fue el principal objeto de la
brutalidad del régimen anterior, los chiítas musulmanes
y los kurdos, o sea, la mayoría. Esta realidad permite que las
fuerzas encabezadas por Washington gocen de un cierto nivel de
aceptación en la actualidad, en contraste con los países
donde los trabajadores y campesinos han logrado resistir invasiones
imperialistas a pesar de las condiciones desfavorables y la
maldirigencia: desde Panamá en 1989 hasta Somalia en 1993,
solo para nombrar dos ejemplos.
¿Existe alguna resistencia importante más allá
de los vestigios baazistas? Nuevamente, las pruebas las tienen que
dar los que alegan tal cosa. Lo que sí es innegable es que la
declaración de Tariq Ali de que existe una “muy severa
desmoralización entre las filas del ejército
norteamericano” es un invento. Entre las fuerzas armadas de
Estados Unidos, integradas por voluntarios —y no conscriptos—
muy bien entrenados, la moral de las filas no sufrirá mayores
golpes hasta que enfrenten la clase de bajas terribles que les
propinaron los trabajadores y campesinos de Indochina en los años
50, 60 y 70.
La postura de los trabajadores conscientes en Estados Unidos y otros
países imperialistas consiste en exigir el retiro
incondicional de todas las tropas de ocupación: desde Iraq
hasta Afganistán y más allá. Sin embargo, la
lucha para liberar a Iraq de la dominación imperialista no se
dará a corto plazo. Solo la pueden llevar a cabo los
trabajadores y campesinos, y no un sustituto del pueblo trabajador.
Los revolucionarios en Iraq hoy utilizarían el espacio cívico
que sí existe, por más limitado que sea, para forjar
organizaciones destinadas a dirigir a los trabajadores hacia esa
meta.
Los principales
obstáculos que enfrenta el rumbo agresivo de los gobernantes
imperialistas es la tendencia constante del capitalismo hacia el
colapso financiero y, aún más importante, la
resistencia de los trabajadores y agricultores por todo el mundo,
incluido en Estados Unidos. Esta correlación de fuerzas entre
las principales clases en conflicto —los capitalistas y el
pueblo trabajador— es la que los trabajadores conscientes deben
valorar correctamente para poder actuar debidamente.
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