Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

en este numero

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Apoye lucha de mineros en Utah

Solidaridad con los mineros (Edit.)

¡Tropas imperialistas fuera de Iraq!

Venezolanos inician campaña de alfabetización

Introducción a ‘Rebelión Teamster’

Cómo se organizó el movimiento revolucionario cubano en las ciudades, 1952-58

ARGENTINA

Obreras de la costura logran victoria

ESTADOS UNIDOS

Militante cubano en prisión EE.UU. responde a calumnias contra Cuba

Washington niega visas a esposas de revolucionarios cubanos presos

Nueva librería Pathfinder en NY

Miles exigen licencia de conducir en California

PUERTO RICO

Campaña exige justicia para los ‘12 de Vieques’

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Celebran 75 años del ‘Militant’


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
enero de 2004 Vol. 28 No. 1

Iraq

Tropas imperialistas fuera de Iraq
Por qué revolucionarios no abogan por triunfo de elementos baazistas

POR MARTÍN KOPPEL

El Militant, publicación hermana de Perspectiva Mundial en inglés, ha recibido cartas de varios lectores que hacen preguntas o discrepan con el análisis del Militant —y de Perspectiva Mundial— sobre la situación política actual en Iraq.

Una de las preguntas es acerca de la naturaleza de los que han realizado ataques armados contra las fuerzas de ocupación dirigidas por Washington. Es difícil obtener una respuesta clara en los principales medios noticiosos, mayormente liberales, de cuyas posiciones se hacen eco los grupos radicales que organizan acciones antibélicas. Están más interesados en promover a los contrincantes demócratas del presidente George Bush que en decir la verdad.

El imperialismo norteamericano obtuvo una victoria fácil en su rápida invasión de Iraq. El régimen de Saddam Hussein, una pandilla capitalista temida y odiada por millones de trabajadores y campesinos en Iraq, le entregó a Washington una tremenda oportunidad. Los gobernantes norteamericanos ganaron una amplia aceptación pública en Estados Unidos al lanzar un ataque contra Iraq con miras a fortalecer su posición mundial en relación a Berlín, París y demás rivales imperialistas, y a preparar más guerras de saqueo: todo en nombre de la democracia. El pueblo iraquí quedó expuesto políticamente a este ataque por las décadas de crímenes cometidos contra ellos por el estado policiaco-partidista encabezado por Hussein, especialmente desde que el partido baazista, autodenominado “socialista”, decapitó a la vanguardia de la revolución democrática iraquí de 1958 tras un golpe contrarrevolucionario en 1963. Empleando una combinación de terror policiaco, prebendismo, y el fomento de divisiones religiosas y nacionales, el régimen prácticamente había marginado al pueblo trabajador de la política a lo largo de cuatro décadas.

Dadas estas condiciones actuales, a Washington le resulta necesario y posible imponer un protectorado “blando” en Iraq en lugar de una dictadura militar que aplaste despiadadamente toda actividad “no autorizadas”. Por ejemplo, la legalización del periódico del Partido Comunista Iraquí (que respalda la ocupación imperialista) crea espacio político que algunos opositores de la ocupación podrán aprovechar y están aprovechando.

Los críticos liberales y radicales de la administración de Bush han hecho muchos pronósticos. Antes de la invasión afirmaban que las grandes manifestaciones pacifistas —o Naciones Unidas, o las hienas imperialistas “pacíficas” en París y Berlín— impedirían que Washington desatara la guerra. Cuando los ejércitos anglo-americanos lanzaron la guerra y las protestas pacifistas se cayeron como merengue, pronosticaron una resistencia de masas y un “pantano” político para las tropas norteamericanas. Alegaron que Washington iba a cobrar tremendas bajas civiles. Estas afirmaciones resultaron falsas en tanto el régimen se desmoronó como madera podrida y los invasores fácilmente tomaron Bagdad, evitando un baño de sangre o la destrucción de la infraestructura de Iraq.

¿Masiva resistencia armada?

Hoy día, voces similares afirman que existe una masiva resistencia armada contra la ocupación. Sin embargo, los que deben ofrecer pruebas son ellos. Por ejemplo, Tariq Ali, un conocido académico radical en el Reino Unido, afirmó en un debate por la radioemisora neoyorquina WBAI el 4 de diciembre que la ocupación imperialista es un fracaso total, que existen “grandes ejércitos en crecimiento” de iraquíes que se unen a la oposición armada y que “lo que observamos en Iraq es la clásica guerra de guerrillas en su primera etapa”. Pero Alí no tiene pruebas para respaldar sus aseveraciones. ¿A qué se refiere con “clásico”? ¿Acaso al movimiento de liberación nacional en Vietnam que derrotó a los ejércitos imperialistas de Francia y Estados Unidos, o a la lucha de masa dirigida por el Frente de Liberación Nacional en Argelia que derrotó al gobierno colonial francés? Los vestigios de las fuerzas leales al ex régimen baazista no tienen nada en común con estos movimientos populares antiimperialistas. Son detestados por la gran mayoría del pueblo iraquí, y de hecho son incapaces de librar una lucha contra el imperialismo, según lo demostraron cuando estuvieron en el poder.

Hoy día los revolucionarios en Iraq no reivindicarían una victoria de los matones saddamistas o el retorno al poder de Hussein –por más improbable que sea—y explicarían que no sería un paso de avance para el pueblo trabajador en Iraq. Es lo último que desean millones de iraquíes, especialmente la población que fue el principal objeto de la brutalidad del régimen anterior, los chiítas musulmanes y los kurdos, o sea, la mayoría. Esta realidad permite que las fuerzas encabezadas por Washington gocen de un cierto nivel de aceptación en la actualidad, en contraste con los países donde los trabajadores y campesinos han logrado resistir invasiones imperialistas a pesar de las condiciones desfavorables y la maldirigencia: desde Panamá en 1989 hasta Somalia en 1993, solo para nombrar dos ejemplos.

¿Existe alguna resistencia importante más allá de los vestigios baazistas? Nuevamente, las pruebas las tienen que dar los que alegan tal cosa. Lo que sí es innegable es que la declaración de Tariq Ali de que existe una “muy severa desmoralización entre las filas del ejército norteamericano” es un invento. Entre las fuerzas armadas de Estados Unidos, integradas por voluntarios —y no conscriptos— muy bien entrenados, la moral de las filas no sufrirá mayores golpes hasta que enfrenten la clase de bajas terribles que les propinaron los trabajadores y campesinos de Indochina en los años 50, 60 y 70.

La postura de los trabajadores conscientes en Estados Unidos y otros países imperialistas consiste en exigir el retiro incondicional de todas las tropas de ocupación: desde Iraq hasta Afganistán y más allá. Sin embargo, la lucha para liberar a Iraq de la dominación imperialista no se dará a corto plazo. Solo la pueden llevar a cabo los trabajadores y campesinos, y no un sustituto del pueblo trabajador. Los revolucionarios en Iraq hoy utilizarían el espacio cívico que sí existe, por más limitado que sea, para forjar organizaciones destinadas a dirigir a los trabajadores hacia esa meta.

Los principales obstáculos que enfrenta el rumbo agresivo de los gobernantes imperialistas es la tendencia constante del capitalismo hacia el colapso financiero y, aún más importante, la resistencia de los trabajadores y agricultores por todo el mundo, incluido en Estados Unidos. Esta correlación de fuerzas entre las principales clases en conflicto —los capitalistas y el pueblo trabajador— es la que los trabajadores conscientes deben valorar correctamente para poder actuar debidamente.


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