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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
noviembre de 2003 Vol. 27 No. 10

Suecia

Voto rechaza adopción del euro

POR CATHARINA TIRSÉN

GÖTEBORG, Suecia-Por un margen de 56 a 42 por ciento los votantes en Suecia rechazaron una propuesta para adoptar el euro como moneda nacional y sustituir la corona sueca en un referéndum del 14 de setiembre. Más del 81 por ciento de los votantes participaron en la votación, un porcentaje más alto que el de las elecciones para el parlamento de 2002.

Ni siquiera el asesinato de la ministro del exterior Anna Lindh días antes del referéndum, quien se había pronunciado a favor del euro, pudo obtener una suficiente cantidad de votos de simpatía para integrar a Suecia más plenamente a la Unión Monetaria Europea (UME)

La mayoría de los patrones y los medios capitalistas, así como una mayoría de los miembros del parlamento, hicieron campaña por un voto afirmativo. Suecia estuvo "captada por una campaña política cuya dimensión y parcialidad es sin precedentes en este país nórdico", declaró el londinense Financial Times.

Una minoría de patrones y políticos burgueses hicieron campaña por el voto en contra. Estocolmo inicialmente se había mostrado dudoso de unirse a la Unión Europea (UE), y junto con los gobiernos de Dinamarca y el Reino Unido, se negaron adoptar su moneda común, y mantener de esa forma la opción de colaborar más con Washington. "Alemania y Francia tienen grandes problemas", señaló un capitalista sueco después de la votación, refiriéndose a las potencias mayores en la UE. "¿Iremos a sufrir por eso?"

A medida que el euro empezó a ganar fuerza frente al dólar, los gobernantes en Estocolmo empezaron a cambiar su posición. Un congreso del Partido Social Democrático, la fuerza política dominante en la política sueca en los últimos 70 años, adoptó una posición a favor del euro en el 2000.

Fin de la Guerra Fría

Sin embargo, la mitad de los miembros del Partido Social Democrático, votaron contra el euro, así como lo hizo el 65 por ciento de los miembros de la federación sindical LO, tradicionalmente dominada por los Social Demócratas.

"El fin de la 'Guerra Fría' ha afectado al imperialismo sueco", explicó Anita Östling, a nombre de la Liga Comunista auspiciado por el Militant Labor Forum en Goteborg el 20 de septiembre. "Anteriormente, el imperialismo sueco podía maniobrar entre los países capitalistas más fuertes y los estados obreros en Europa oriental, presentándose con una imagen 'neutral'. Eso ya no es posible. Además, no hay candidatos que ofrezcan su colaboración para beneficiar a los gobernantes suecos. Esto hace que el imperialismo sueco se encuentre más débil que nunca".

Östling describió como los "inspectores de armamentos", el método preferido por Estocolmo para someter y controlar a Iraq y sus riquezas petroleras, fue arrollado cuando Washington y Londres se fueron a la guerra contra Bagdad. Luego, mientras el primer ministro Göran Persson hacía una campaña intensa para que Suecia adoptara el euro, Berlín y París declaraban que no se regirían por los reglamentos del Pacto de Estabilidad y Desarrollo, un acuerdo entre los miembros de la UME para limitar la inflación y los déficits presupuestarios y así mantener el euro como una moneda estable.

"Otro efecto del fin de la Guerra Fría, así como las primeras etapas de la depresión económica, es el debilitamiento de la social democracia", agregó Östling. "No vimos el aparato del Partido Social Democrático entrar como una locomotora a los centros de trabajos para convencer a los trabajadores cómo votar. Ese monolitismo se encuentra también más débil".

"El movimiento obrero estaba dividido y el líder Social Democrático Göran Persson no supo dirigirlo", se lamentó Lars Lejonborg, líder del Partido Liberal del Pueblo. El culpó a la victoria del voto en contra a "mitos difundidos por los Social Demócratas que 'Suecia es el mejor', 'no tenemos nada que aprender de los demás', 'estamos mejores solos'". Otros políticos de partidos burgueses como Alf Svensson de los Demócratas Cristianos y Bo Lundgren del Partido Moderado (Conservador) propusieron que el gobierno Social Democrático ponga fin a su colaboración con los medio ambientalistas del Partido de la Izquierda y el Partido Verde, quienes habían hecho campaña por el voto en contra, para poder trabajar más estrechamente con otras fuerzas políticas burguesas.

Inmediatamente después del referéndum, representantes de la asociación de empleadores y empresarios exigieron compensación por la posición de competitividad más débil que según dijeron ellos tendrían que enfrentar debido al voto no. Jakob Wallenberg, de la familia capitalista Wallenberg, esperaba que los del "lado sí" continuarían trabajando juntos "para hacer a Suecia más competitiva". Esto significaría más educación, más alta productividad industrial y aumentos de los incentivos para la propiedad privada. En su "Declaración de Gobierno" del 16 de septiembre presentada por el primer ministro en la tradicional apertura de otoño del parlamento, Persson prometió adoptar "acciones forzosas para fortalecer las compañías, comercio y crecimiento sueco". El dijo que modificaría las leyes de impuestos a favor de las grandes empresas y ofreció "una colaboración más amplia" a los partidos de oposición, los sindicatos y los patrones.

Anders Jonsson, columnista en el diario sueco Svenska Dagladet, advirtió al primer ministro de no hacer promesas en su declaración "de mantener recursos en la educación y salud. Los ciudadanos pueden leer casi a diario sobre gobiernos municipales [a cargo de la atención médica] enfrentando grandes déficits y cómo las escuelas deben recortar sus presupuestos. La realidad en todo el país no parece corresponder a lo que se habla desde la tribuna del parlamento".

Reacciones de los rivales imperialistas

El resultado del referéndum sobre el euro no es más que una señal del aumento en las dificultades para la Unión Europea mientras entra en su primera recesión desde que 12 de sus 15 miembros adoptaran la moneda común. Berlín, París y Roma, con las tres economías más grandes en la UE, no están cumpliendo con los reglamentos presupuestarios impuestos en 1997 por los gobernantes en Alemania y Francia, trasladando de esa forma sus problemas económicos a sus rivales más pequeños. Esto causó protestas entre los representantes de potencias capitalistas más pequeñas en la reunión de ministros de finanzas de la UE en Stresa, Italia, el 13 y 14 de septiembre. Con los gobernantes alemanes y franceses proyectando déficits presupuestarios por un tercer y cuarto años consecutivos respectivamente, por encima del tres por ciento del límite según los reglamentos de la UE, "¿a quien se puede confiar en el futuro desarrollo de Europa?", se preguntaba el presidente del banco central danés.

Con los planes de expansión, al traer 10 nuevos miembros para el próximo año, Europa, escribe Alan Cowell en el New York Times, "podría percibirse pronto en caer en una división en tres castas", con una mayoría de los nuevos miembros en Europa oriental forzados a tener que "hacer ajustes económicos penosos" para cumplir con las exigencias del Pacto de Estabilidad y Desarrollo; los tres países aún fuera de la moneda común; y las 12 naciones actualmente usando el euro, encabezado por Alemania y Francia.

Este hecho fue acogido por el New York Post el 18 de setiembre. Un editorial en el diario conservador afirmó que el voto en contra en Suecia "ayudaría a retrasar la evolución de la Unión Europea de un pacto de libre comercio a uno de super estado europeo dominado por los franceses, diseñado para desafiar a la potencia americana y proteger el estatismo europeo", que es donde "la élite francófila de Europa se siente obligada a aceptar la UE". Desde el punto de vista de los editores del Post, "cualquier cosa que desestabilice la agenda franco-alemana para crear una Europa que sea a beneficio de París y Berlín-en detrimento para América-es un evento positivo".


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