
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR noviembre de 2003 Vol. 27 No. 10
Bolivia
Rebelión popular sacude el país
Trabajadores y campesinos exigen medidas ante catástrofe económica
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Trabajadores y campesinos marchan en El Alto, cerca de La Paz, el 14 de
octubre contra el gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
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POR PATRICK O'NEILL
"Estamos felices de lo que hasta ahora hemos logrado. Pero debemos
seguir luchando. Esto no se ha acabado", dijo el campesino Jorge Khana en
una manifestación de decenas de miles de personas en La Paz. Tres días antes,
ante masivas movilizaciones populares, el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada
había renunciado y se había fugado a Estados Unidos.
Desde entonces, los trabajadores y campesinos bolivianos, en su mayoría
indígenas aymará o quechua, se han mantenido atentos a las acciones del nuevo
presidente, Carlos Mesa, dispuestos a salir nuevamente a la calle para defender
sus intereses si éste no responde a sus demandas.
La rebelión fue una reacción a las intolerables condiciones de vida de la
gran mayoría de la población y a la creciente brecha que existe entre ésta y
el puñado de familias explotadoras en el poder.
El elemento catalizador fue el plan del gobierno de exportar gas natural a
Estados Unidos. Los trabajadores y campesinos lo consideran un proyecto más
para aumentar el saqueo de los recursos naturales de Bolivia a expensas del
pueblo trabajador.
"Le daremos un poco de tiempo al gobierno para que haga algo", dijo
Gertrudis Abarrado, una maestra que había organizado cortes de rutas en El
Alto, un suburbio industrial de La Paz. "Y si no lo hace, vamos a estallar
de nuevo".
'Queremos nuestra propia democracia'
Germán Jiménez, un maestro de origen quechua, dijo a un periodista que él
había viajado seis días - a pie, en bicicleta o a dedo- hasta llegar de
Potosí a la capital, donde se había incorporado a la gigantesca movilización.
"Antes dejábamos que otros hablaran a nombre nuestro", dijo.
"Ahora decimos que las naciones originarias están listas para manejar
nuestros propios asuntos. Estamos listos para imponer nuestra propia
democracia".
Celebrando la renuncia del presidente el 20 de octubre, miles de
manifestantes marcharon desde El Alto hasta el centro de La Paz, donde Mesa,
juramentado el día antes, les pidió "paciencia". El nuevo mandatario
prometió celebrar un referendo sobre el proyecto de venta de gas, ya
suspendido, pero no indicó ninguna medida económica para satisfacer los
reclamos de los manifestantes.
En el nuevo gabinete de gobierno, 13 de los 15 integrantes son blancos, lo
cual ha sido la norma en un país donde la burguesía y su elite política son
casi todos de ascendencia europea. Mesa nombró a un indígena, Justo Seranee, a
un nuevo "ministerio de asuntos étnicos".
Bolivia es un país donde más del 60 por ciento de la población es
indígena.
Felipe Quispe, dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores
Campesinos de Bolivia (CSUTCB), dijo que esta organización, que encabezó
muchas de las movilizaciones, levantaría los cortes de ruta que sus miembros
habían puesto, pero que si al cabo de 90 días no se cumplían las demandas,
volverían a tomar acción. Quispe exige la anulación del proyecto de gas y el
cese de la erradicación de los cultivos de coca, campaña que ha causado la
ruina de los campesinos.
La explosión social fue producto de la ira popular ante condiciones cada vez
más intolerables, la ruina de los campesinos debido a la destrucción de los
cultivos de coca por el gobierno -con apoyo de Washington- y la venta de las
empresas estatales y los recursos naturales al mejor postor para beneficio de
los inversionistas extranjeros y capitalistas bolivianos y a expensas del pueblo
trabajador.
Las movilizaciones, convocadas por las organizaciones campesinas y la Central
Obrera Boliviana (COB), comenzaron a mediados de septiembre y se aceleraron en
octubre. Durante las últimas semanas de protesta contra Sánchez de Losada, La
Paz quedó paralizada por la enorme concentración de manifestantes. También
hubo grandes protestas y huelgas en Potosí, Oruro, Cochabamba y otras ciudades
importantes.
Intromisión yanqui
La grosera intervención del gobierno estadounidense a favor del odiado
presidente echó más leña al fuego. Richard Boucher, vocero del Departamento
de Estado norteamericano, afirmó el 14 de octubre, "no toleraremos una
interrupción del orden constitucional".
El día antes, la embajada estadounidense emitió un comunicado que dijo,
"Expresamos nuestro pleno apoyo a este gobierno [que] no debe ser
reemplazado por uno que sea producto de la fuerza o la delincuencia
violenta". Aseveró, "Los palos y piedras no son una forma de protesta
pacífica", en momentos en que las tropas del ejército acribillan a los
manifestantes en las calles.
En la última semana, las tropas mataron a balazos a por lo menos 80
manifestantes. Para el pueblo trabajador fue la gota de agua que rebasó el
vaso.
El 15 de octubre, unas 100 mil personas colmaron las calles de La Paz
reclamando la renuncia del presidente. "Columnas de estudiantes, indios y
mineros que blandían cartuchos de dinamita pasaban por las barricadas
callejeras, exclamando, '¡No nos detendremos hasta que se vaya!' "
escribió Kevin Gray, corresponsal de la agencia AP. Dos días más tarde
Sánchez de Lozada renunció y se fugó.
Riquezas y explotación
Bolivia es un país con abundantes riquezas minerales y otros recursos
naturales. Es uno de los principales productores de estaño y tiene las segundas
reservas más grandes de gas natural en Sudamérica, después de Venezuela.
Bolivia es también una de las naciones más explotadas de América Latina.
Los inversionistas imperialistas se han enriquecido con el saqueo de la riqueza
natural del país y la superexplotación de su mano de obra. Más del 60 por
ciento de la población tiene un ingreso de menos de dos dólares por día. El
ingreso per cápita, 950 dólares al año, es el más bajo de América Latina.
En las zonas rurales, según cifras oficiales, uno de cada cuatro bolivianos
tiene acceso a agua potable, un 15 por ciento tiene servicio eléctrico, y menos
del 1 por ciento tiene servicio de alcantarillado.
Bolivia está permanentemente estrujada por los pagos incesantes sobre una
deuda externa de 4 600 millones de dólares, más de la mitad de su producto
interno bruto.
Durante los últimos 15 años, los gobiernos de turno han cumplido con las
demandas imperialistas para acelerar las reformas de "libre mercado".
Recortaron programas de asistencia social, abrieron las puertas a mayores
inversiones privadas en las empresas estatales y eliminaron subsidios de precios
a los artículos de primera necesidad.
Los intentos de Sánchez de Lozada de continuar esta política provocaron
creciente resistencia. En febrero el régimen precipitó protestas de masas
cuando trató de imponer un nuevo impuesto directo a los salarios.
'Se han enriquecido extranjeros'
El plan del gobierno para permitir que tres compañías extranjeras -British
Gas, Repsol-YPF de España y Pan American Energy, cuyos dueños son British
Petroleum y Bridas Corp. de Argentina-exportara gas natural a Estados Unidos fue
lo que cristalizó la ira popular hacia el régimen. La indignación se
multiplicó al anunciarse que se construiría un gasoducto que pasaría por una
región de Chile que históricamente ha sido reclamada por Bolivia como salida
al mar.
Mientras los magnates de las industrias energéticas han acumulado jugosas
ganancias, las condiciones de vida de la gran mayoría del pueblo trabajador han
empeorado. La economía de Bolivia ha decaído en los últimos cinco años y el
desempleo se ha disparado.
"¿Por qué tenemos que vender el gas? Lo podemos usar para calentar
nuestras casas", dijo uno de los manifestantes a la prensa.
"La riqueza siempre ha salido del país para enriquecer a los
extranjeros, en vez de quedarse para mejorar nuestras vidas", dijo Pascuala
Velásquez, una vendedora de huevos en La Paz. "No podemos permitir que
pase lo mismo con el gas".
'Guerra antidrogas' contra cocaleros
Sánchez de Lozada también se ganó el odio de los campesinos por su
cooperación con Washington en la llamada "guerra contra el
narcotráfico" bajo la cual efectivos de la agencia antidrogas
norteamericana DEA y unidades antinarcóticos de la policía boliviana han
destruido miles de hectáreas de cultivos de coca. El programa ha arruinado a
muchos campesinos. También ha sido una justificación para aumentar la
presencia militar norteamericana en la región.
Los cocaleros indígenas, encabezados por Evo Morales, han estado al frente
de las protestas contra la política del régimen. Morales se postuló en las
elecciones presidenciales del año pasado como candidato del Movimiento al
Socialismo (MAS). Tomó una postura de criticar el capitalismo y reivindicar la
defensa de la soberanía nacional.
Poco antes de las elecciones, el entonces embajador estadounidense en La Paz,
Manuel Rocha, advirtió a los bolivianos que tal vez Washington suspendería su
ayuda económica si se atrevieran a elegir a "quienes desean que Bolivia se
convierta de nuevo en un gran exportador de cocaína", refiriéndose a
Morales.
Morales, quien comentó que estas denuncias del embajador le habían ganado
más popularidad, obtuvo el 21 por ciento de los votos en las elecciones
presidenciales, comparado con el 22 por ciento obtenido por Sánchez. La
elección fue decidida por el congreso.
La acumulación de estas condiciones explosivas fue lo que llevó al
levantamiento popular en septiembre. Las demandas económicas y sociales se
convirtieron rápidamente en una protesta política que exigía la renuncia del
presidente.
Las protestas contra el gobierno expresaron las brechas de clase y de
nacionalidad entre la burguesía y la edite política blanca, por un lado, y la
gran mayoría de la población de Bolivia, por el otro. Sánchez de Lozada, un
empresario millonario de minas de carbón que se crío en Estados Unidos,
encarnaba a esa edite.
Aludiendo a la educación universitaria privilegiada de Sánchez de Lozada,
que le ha dado un acento norteamericano al hablar español, uno de los
manifestantes en La Paz, un mesero de 31 años, le comentó a un reportero,
"¿Cómo podemos tener un presidente que hable así?"
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