
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR noviembre de 2003 Vol. 27 No. 10
Venezuela
Trabajadores toman fábricas
Responden a los efectos desgastadores de la crisis económica
 | | ARGIRIS MALAPANIS•PERSPECTIVA MUNDIAL |
Unos 200 obreros de Industrial de Perfumes, fábrica de cosméticos en
Caracas ocupada por los trabajadores, marchan al palacio presidencial el 1 de
octubre para exigir que el gobierno obligue a los patrones a que paguen los
salarios y beneficios atrasados o que nacionalice la planta y permita que los
obreros reanuden la producción.
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POR ARGIRIS MALAPANIS
Y CARLOS CATALÁN
CARACAS, Venezuela.- "¡Fábrica cerrada, empresa tomada!" coreaban
200 trabajadores de Industrial de Perfumes y sus partidarios mientras marchaban
hacia Miraflores, el palacio presidencial el 1 de octubre.
En Miraflores se les unieron cientos de trabajadores de Constructora Nacional
de Válvulas (CNV), de una planta embotelladora de Pepsi-Cola y de otras
fábricas que han estado ocupadas por los trabajadores por varios meses.
La principal demanda de la manifestación de casi 500 personas era que el
gobierno del presidente Hugo Chávez obligue a los propietarios de estas
compañías a pagar a los trabajadores más de 10 meses de salarios y beneficios
atrasados, o que nacionalice las plantas y permita a los trabajadores reanudar
la producción.
En Venezuela, como en el resto de América Latina, el pueblo trabajador está
enfrentando una depresión económica. El impacto desgastador que esta crisis
tiene sobre los trabajadores y agricultores se intensificó este año a
consecuencia de la "huelga" de los patrones en diciembre y enero
pasados. Este cierre patronal, respaldado por Washington, buscaba socavar al
gobierno nacionalista de Hugo Chávez. El cierre paralizó por varios meses la
industria petrolera-en el quinto país productor de petróleo en el
mundo-causando una escasez temporal de gasolina, gas natural y muchos alimentos
básicos.
Tras el fin de la huelga patronal el 4 de febrero, el gobierno venezolano
fijó el cambio de la moneda nacional, el bolívar, a 1,600 por un dólar
estadounidense; implementó el control de precios, y tomó otras medidas para
frenar la fuga de capital. Los inversionistas estaban sacando su dinero del
país, preocupados de que sus ganancias estuvieran en peligro después del
segundo fracaso de la burguesía venezolana de derrocar a Chávez en menos de un
año. El primer intento fue un golpe de estado en abril de 2002.
Desde febrero, cientos de plantas y otras empresas han sido cerradas.
Ante un creciente desempleo y el espectro de la pobreza, en los últimos
meses los trabajadores venezolanos han ocupado muchas plantas para proteger sus
puestos de trabajo y demandar pagos atrasados.
Desde el comienzo del año, unas 63 empresas han sido tomadas por los
trabajadores según un artículo en el diario de Caracas El Mundo del 1 de
octubre. En muchas de estas plantas los trabajadores y la patronal han logrado
acuerdos.
Lucha en Industrial de Perfumes
La planta Industrial de Perfumes, ubicada en el centro de Caracas, produce
para la marca de cosméticos y perfumes Cristine Carol.
Allí, "los problemas empezaron antes de la 'huelga' de los patrones,
dijo Joel Mata Lanz, en una entrevista en la cafetería de la fábrica en la
mañana del 1 de octubre. Docenas de trabajadores se habían reunido en la
cafetería ese día, que es usada como centro para la organización de la
ocupación, para preparar la marcha a Miraflores. Mata Lanz es el secretario del
local del Sindicato Unido Nacional de Trabajadores de la Industria Química y
Farmacéutica (SUNTIQF), a la que pertenecen los 400 empleados de producción de
la fábrica.
"La compañía ya nos debe 17 meses de beneficios," dijo el
sindicalista, incluido el pago de vacaciones, prestaciones sociales y pagos de
intereses de la cooperativa de crédito. "Por más de un año, antes del
cierre de la planta, los patrones estaban deduciendo beneficios de nuestros
salarios. Pero resulta que ellos nunca depositaron ese dinero en la cuenta
bancaria apropiada, así que ahora que se han declarado en quiebra no podemos
colectar."
Carlos Enrique Rángel, un conductor de camión para Industrial de Perfumes
dijo que durante el cierre patronal de diciembre "la compañía cerró por
tres días, pero tuvieron que reabrir debido a la presión de los
trabajadores." Todos los trabajadores entrevistados dijeron que ninguno de
los sindicalistas había apoyado el paro patronal.
Además de los trabajadores de producción, la compañía emplea a unos 600
chóferes y vendedores, quienes son pagados a destajo, para una fuerza total de
1,000. "Los chóferes ganan un promedio de 195 mil bolívares (122
dólares) al mes," dijo Rángel, comparado al salario mensual promedio de
330,000 bolívares (207 dólares) de los trabajadores en la fábrica. Aún con
estos salarios los trabajadores de producción y sus familias tienen
dificultades para subsistir. El alquiler en los barrios obreros cuesta un
mínimo de 200,000 bolívares por mes y el arroz cuesta ahora 3,000 bolívares
por kilo (1,600 bolívares equivale a un dólar).
Los chóferes no eran miembros de SUNTIQF y no estaban protegidos por el
convenio laboral. Sin embargo, el sindicato buscó como incluirlos en la lucha.
Docenas de trabajadores como Rángel han participado haciendo turnos de guardia
y otras tareas relacionadas con la ocupación.
"La situación empeoró el 29 de mayo", continuó diciendo Mata
Lanz. "Ese día la compañía convocó a una reunión con los trabajadores.
Nos dijeron que para poder continuar las operaciones nosotros debíamos aceptar
un recorte salarial, estar de acuerdo con el despido de 40 miembros del
sindicato, aceptar la reducción de la semana laboral e incrementar la
producción. Básicamente nos dijeron que si queríamos trabajar teníamos que
deshacernos del convenio laboral y trabajar bajo sus términos."
La gran mayoría de los obreros rechazó la propuesta patronal. Al día
siguiente, los patrones se declararon en quiebra y anunciaron que cerrarían la
planta. Después que una corte aceptara el pedido de la compañía para su
liquidación el 27 de junio, a hacerse efectivo 10 días después, hubo una
asamblea sindical donde la mayoría decidió que los trabajadores se tomarían
la planta como último recurso para presionar a la compañía a que pague lo que
les debe. Al no haber obtenido una respuesta de la corte o del ministro de
trabajo en su demanda de suspender la bancarrota hasta que los trabajadores
reciban sus salarios atrasados, el sindicato organizó la toma.
Empieza la ocupación
"En la tarde del 7 de julio, justo antes que la declaración de quiebra
entrara en efecto, docenas de nosotros nos echamos sobre los guardias de
seguridad y nos tomamos la fábrica," dijo Clarissa Bezera, una trabajadora
de producción por siete años.
Muchos trabajadores señalaron que la liquidación solicitada por los
patrones no incluía muchos de los bienes de la compañía, como los 200
camiones y camionetas en su flota de transporte. "Su quiebra fue
fraudulenta," dijo Bezera. " Solamente con la venta de todos estos
camiones habría más que suficiente dinero para pagarnos todo lo que nos deben.
Simplemente estaban tratando de robarnos."
"Este es el primer conflicto de este tipo aquí", dijo Carmen Rosa
González, una trabajadora del almacén con nueve años de servicios.
"Hasta fines de mayo, la compañía tenía ventas de más de mil millones
de bolívares (625 mil dólares) por mes. Ellos dicen que están en quiebra,
pero hay suficiente materia prima en la fábrica y tienen muchos camiones, así
que pueden pagarnos."
Además de haber ocupado la planta, con la ayuda de chóferes amistosos, los
obreros lograron recobrar más de 100 vehículos y los encerraron en un patio
donde se encuentran bajo la vigilancia del sindicato, nos dijeron.
Aunque muchos de los trabajadores de producción han tratado de obtener otros
empleos, más de la mitad de ellos se han mantenido activos en la ocupación.
"Recibimos un estipendio del sindicato y donaciones de comida y fondos de
otros trabajadores," dijo Alexis Mejía.
"Este no es un problema económico sino político," continuó
diciendo Mejía. "Aquí hay suficientes materiales para producir por casi
dos años. Pero no podemos reanudar la producción hasta que se resuelva el
conflicto legal con la compañía." Mejía y otros trabajadores expresaron
su preocupación de que si ellos decidieran reanudar la producción por su
propia cuenta, el ejército y la policía, que hasta ahora los trabajadores han
logrado mantener fuera de la planta, podrían ser enviados para sacarlos.
"Ya que no hemos obtenido respuesta a nuestras demandas para que nos
paguen, ni de la compañía ni de la corte, ahora estamos pidiendo que el
gobierno expropie la fábrica y nos permita manejarla," dijo Mejía. El
añadió que recientemente el sindicato mostró videos de tomas de plantas en
Argentina donde los trabajadores están exigiendo la misma demanda.
Otros trabajadores fueron más cautelosos. "Si la expropiación y la
nacionalización beneficia a los trabajadores", dijo Carmen Rosa Gonzáles,
"Estoy de acuerdo con ella. Si obtiene trabajos para todos."
González y otros trabajadores dijeron que si la compañía pagara lo que se
les debe de acuerdo a las leyes laborales, ellos no tendrían más opción que
terminar la ocupación.
Los propietarios han empezado a tomar algunos pasos en esa dirección con la
esperanza de dividir a los trabajadores y debilitar la lucha con un costo
mínimo para ellos. El 30 de septiembre, la patronal notificó a los empleados
de que podían ir a un banco designado y cobrar una pequeña parte de los
beneficios que se les debía. Después de no tener ningún ingreso por varios
meses, muchos de los trabajadores hicieron justamente eso.
"Esta fue una acción calculada para disminuir la cantidad de personas
que vendrían a la marcha a Miraflores", dijo Mata Lanz a los trabajadores
que se habían reunido en la cafetería antes de la manifestación. Casi 100
trabajadores de la planta se presentaron esa mañana para la marcha, la mitad de
la cantidad esperada, nos dijeron.
En el camino al palacio presidencial, los trabajadores de Industrial de
Perfumes recibieron la solidaridad de motoristas que sonaron sus bocinas y de
transeúntes en las calles que los saludaban. El mitin frente a Miraflores
creció a unas 500 personas cuando se les unieron los trabajadores de
Constructora Nacional de Válvulas, los de una planta de Pepsi-Cola y de la
fábrica textil Fénix en el estado de Guárico y otras.
Una delegación de cinco sindicalistas, incluido un representante de la
recientemente formada Unión Nacional de Trabajadores, se reunió con
representantes del gobierno. Ese día no se alcanzó ningún tipo de acuerdo,
dijo González, y una segunda reunión con funcionarios del gobierno fue
programada para el 9 de octubre. Mientras tanto, el 7 de octubre los
trabajadores de estas plantas organizaron otra protesta frente a la sede de la
Asamblea Nacional.
Toma de una planta de válvulas
La Constructora Nacional de Válvulas (CNV) es una fábrica productora de
válvulas para la industria petrolera ubicada cerca de Los Teques, en el estado
de Miranda, a una hora al sureste de Caracas. La planta empleaba a 110 obreros
antes de que fuera cerrada y es propiedad de Andrés Sosa Pietri, un dirigente
de la asociación empresarial Fedecámaras, la que encabezó el cierre patronal
de dos meses. Pietri fue ex presidente de Petróleos de Venezuela (PdVSA), el
monopolio estatal petrolero. Los trabajadores de CNV dicen que tienen un video
mostrando a Pietri en una manifestación de la oposición a comienzos de este
año incitando a la desobediencia civil para derrocar a Chávez.
Cuando estos reporteros visitaron la planta la tarde del 3 de octubre, los
trabajadores estaban haciendo un botellazo-colectando donaciones de los
automovilistas en una calle cercana para ayudar a mantener la ocupación.
"El 9 de diciembre los patrones nos enviaron a casa diciendo que
debíamos tomar vacaciones por un mes ya que no había trabajo por el
momento", dijo Juan Padilla, quien es miembro del Comité de Conflicto, que
organiza la ocupación de la planta. "Cuando regresamos el 6 de enero, la
planta estaba cerrada y nos regresaron a casa sin ninguna explicación".
Después que terminó el paro patronal, dijo Padilla, "tuvimos una reunión
con la gerencia. Nos pagaron el 30 por ciento de los salarios que nos debían,
nos mandaron a casa y desde entonces no hemos vuelto a saber más de
ellos".
En esa reunión, "la compañía nos pidió que suspendiéramos el
convenio laboral y que aceptáramos recortes salariales y cesantías",
agregó William Salas, también miembro del Comité de Conflicto. "Nosotros
no estuvimos de acuerdo con eso. Los patrones nos exigían que nosotros
cargáramos con las pérdidas de una 'huelga' que ellos convocaron y nosotros
rechazamos."
Después que fueron informados sobre el cierre de la planta alegando que las
ventas a PdVSA estaban en cero, los obreros desempleados se enteraron que los
patrones habían organizado un pequeño grupo entre los trabajadores mejor
pagados para continuar la producción para terminar y enviar un camión lleno de
válvulas que se había empezado en diciembre. "Ahí fue cuando decidimos
tomar la planta", dijo Salas.
Unos 80 trabajadores participaron en la ocupación el 15 de mayo. Al
enterarse de lo que planeaban la mayoría de los trabajadores, los funcionarios
de su sindicato, el Sindicato Metalúrgico, abandonaron el edificio. Los
trabajadores entonces eligieron al Comité de Conflicto para reemplazar la
estructura sindical que se había derrumbado. "La ocupación de esta
fábrica es una acción defensiva", dijo Salas. "Estamos defendiendo
nuestro derecho a un trabajo, para poder alimentar a nuestras familias".
Otros trabajadores expresaron opiniones similares. "Hay más desempleo
por culpa de los patrones", dijo José Luis Garmendia, quien trabajaba en
los almacenes de la compañía. "No nos tomamos la fábrica porque somos
Chavistas. Sino que para luchar por empleos".
A diferencia de los propietarios de la planta Industrial de Perfumes y otras,
Pietri nunca trató de declararse en quiebra. Pero sí intento desalojar a los
trabajadores para sacar la maquinaria y materiales del edificio, dijo Padilla.
En agosto, un juez emitió una orden de desalojo y envió a la policía para
ejecutarla. Los policías se encontraron con una movilización de cientos de
trabajadores de otras fábricas y de los barrios obreros aledaños que salieron
a defender a los trabajadores de CNV. La movilización hizo retroceder a la
policía y el Comité de Conflicto logró que el juez suspendiera la orden de
desalojo, dijo Padilla.
Desde entonces, las compañías de utilidades les han cortado el agua y la
electricidad. La compañía cerró la fundición de donde la planta se
abastecía de materias primas, que también le pertenece a Pietri. "Aunque
quisiéramos, no podríamos reanudar la producción", dijo Padilla.
Salas dijo que los trabajadores temen que la policía haga una redada para
sacarlos a la fuerza de la planta si ellos trataran de entrar y poner en marcha
la maquinaria. "Nosotros nos iríamos si el patrón nos paga los salarios
atrasados y nos da garantía que no echará a andar la planta sin un convenio
sindical", explicó. "Aquí no hay ninguna anarquía. Cumplimos con la
ley". Los trabajadores han levantado carpas y se organizan para hacer
guardia. También se han conseguido un bus escolar que usan para dormir.
Antonio Betancourt, presidente del Comité de Conflicto, dijo durante la
manifestación del 1 de octubre en Miraflores, que los trabajadores de CNV
adoptaron la demanda por la nacionalización como su último recurso. "Hace
unas semanas, la empresa cerró sus oficinas y quitó su sitio web", dijo.
"Lo único que podemos hacer es pedirle al gobierno que expropie la
planta".
Betancourt, Padilla, Salas y otros trabajadores dijeron que no saben cuanto
más puedan mantener la ocupación. De los 87 trabajadores que inicialmente
ocuparon la planta unos 67 se mantienen activos. Ellos no reciben ningún
beneficio de desempleo. Ante la falta de apoyo del Sindicato Metalúrgico, ellos
solo cuentan con los donativos de comunidades cercanas para sobrevivir.
Se logran acuerdos en algunos conflictos
Bajo estas condiciones, los trabajadores han llegado a acuerdos con los
patrones en muchas plantas ocupadas.
En algunos casos, los trabajadores han logrado algunas victorias. En la
planta de Pepsi-Cola en Villa de Cura, en el estado de Aragua, 350 trabajadores
ocuparon por dos meses la planta embotelladora cuando la compañía exigió
enormes concesiones como condición para continuar las operaciones. Ante la
amenaza hecha por los trabajadores de parar las otras dos plantas de Pepsi en el
país y toda la operación de distribución de la compañía, los patrones
accedieron a volver a contratar a toda la fuerza de trabajo y reabrir la planta
en noviembre bajo la condición de que el sindicato abandone la demanda de
nacionalizarla.
"Tuvimos que hacerlo", dijo Luis Hernández, obrero de esa planta
quien había llegado a la acción de Miraflores junto con unas cuantas docenas
de sus compañeros de trabajo para demostrar su solidaridad con los otros
obreros en lucha. "No es el momento oportuno para exigir la
nacionalización de la industria".
En otras empresas los obreros han aceptado concesiones a cambio de reanudar
parte de las operaciones. Venepal, la fábrica de papel más grande en
Venezuela, que contaba con unos 6 mil obreros, ha estado cerrada desde finales
del año pasado. Cientos de trabajadores ocuparon el complejo industrial
localizado cerca de Morón, en el estado de Carabobo en la primavera. Allí el
sindicato se unió a otros para presionar al gobierno a que expropie la empresa.
Sin embargo, en una reunión a fines de septiembre, entre la compañía, el
banco acreedor, y los representantes del sindicato, se llegó a un acuerdo para
poner fin a la ocupación. Según Arvilio Vidalgo, un representante sindical en
Venepal, el banco propuso "capitalizar" la deuda de la compañía, o
sea que el banco se convertiría en el principal accionista, mientras que el
sindicato aceptó cancelar su reclamo de la nacionalización y de recuperar el
pago atrasado de los trabajadores. La producción en la planta se reanudó la
primera semana de octubre con 400 trabajadores, una pequeña porción de la
fuerza laboral, bajo promesas de contratar a otros "cuando mejoren las
ventas", dijo Vidalgo.
Vidalgo dijo que el enorme desempleo, la inflación y otras malas condiciones
económicas fueron factores que llevaron a esta decisión en Venepal.
El desempleo en Venezuela, según estadísticas oficiales, excede actualmente
el 18 por ciento. Las importaciones bajaron por un 51 por ciento entre enero y
julio de este año. La inflación ha bajado levemente desde el año pasado,
aunque todavía se acerca a un 21 por ciento. También se espera que el producto
interno bruto caiga en un 10 ó 11 por ciento para fines del año.
Bajo el impacto agobiante de la crisis económica y la ausencia de un
liderazgo de lucha de clases en el movimiento obrero, parece que el ímpetu
inicial hacia las ocupaciones de fábrica por los trabajadores ha decaído.
A pesar de esto, muchos trabajadores muestran determinación de resistir y
conectar sus luchas por reivindicaciones económicas a la lucha más amplia para
impedir que la burguesía venezolana derroque el gobierno de Chávez.
Como dijo Carmen Rosa González, "No sabemos si ganaremos esta
batalla" en la Industrial de Perfumes, "Aquí la mayoría de nosotros
apoya al presidente. Pero la guerra no es sobre Chávez. Es una guerra contra
los trabajadores, contra los pobres. Los ricos están acostumbrados a salirse
con la suya todo el tiempo. Ahora ya no es así exactamente. Aguantaremos hasta
el final".
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