
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2003 Vol. 27 No. 9
América Latina
Washington aumenta injerencia
Presencia militar imperialista apunta contra resistencia
del pueblo trabajador
 | | Perspectiva Mundial |
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POR MARTÍN KOPPEL
En una visita que el secretario de defensa norteamericano Donald Rumsfeld hizo a Colombia y Honduras a fines de agosto, Washington indicó que ahora está volviendo a poner
mayor atención a reforzar su presencia militar en Centro y Sudamérica.
La visita señaló el fin
de un periodo en el cual los gobernantes estadounidenses habían colocado en
segundo plano los desafíos que enfrentan en Latinoamérica mientras se
concentraban en su guerra contra Iraq y la ocupación de ese país, su ofensiva
económica y militar en el Medio Oriente y Asia, y sus intentos de ahondar su
penetración en Africa.
El 19 de agosto Rumsfeld llegó a Bogotá, donde realizó conferencias de
prensa, entrevistas y reuniones con altos funcionarios del gobierno y de las
fuerzas armadas. Elogió al presidente colombiano Alvaro Uribe por su
“excelente labor” en el uso enérgico de las fuerzas militares en la lucha
contra el “narcoterrorismo”, refiriéndose a la guerra del régimen contra
las organizaciones guerrilleras, sobre todo las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), que lleva cuatro décadas peleando contra el gobierno.
En una rueda de prensa
junto con la ministra de defensa Marta Ramírez, Rumsfeld dijo que Washington
había levantado la prohibición a la interdicción de aviones que portan a
sospechosos de narcotraficantes y armamentos a “terroristas” en Colombia y
otras naciones de la región. Los vuelos se suspendieron en 2001 cuando un avión
caza militar peruano, guiado por un avión espía de la CIA, derribó a una nave
con cinco misioneros norteamericanos.
El jefe del Pentágono
anunció que Wa-shington estaba contemplando la posibilidad de darle al gobierno
derechista más armamentos, entrenamiento de sus tropas y fondos para el Plan
Colombia, el cual suministra miles de millones de dólares en apoyo a la
contrarrevolución que realiza las fuerzas armadas colombianas.
Durante su visita, el
secretario de defensa norteamericano respaldó a Bogotá en su conflicto
fronterizo —que ha incluido enfrentamientos armados— con el gobierno del
presidente de Venezuela Hugo Chávez.
El día después de la
visita de Rumsfeld a Colombia, la oposición proimperialista en Venezuela entregó
2.7 millones de firmas al Consejo Nacional de Elecciones exigiendo un referéndum
para destituir al presidente. Sin embargo, el 13 de septiembre las autoridades
invalidaron las firmas.
En su viaje a Honduras, donde se reunió con el presidente Ricardo Maduro,
Rumsfeld dijo que América formaba parte de una “lucha global” contra el “terrorismo”.
Dijo a los soldados norteamericanos en la base aérea de Soto Cano “que él y
los oficiales militares norteamericanos de alto rango discutirían una posible
redistribución de la presencia militar americana en Latinoamérica en las próximas
semanas”, informó la agencia noticiosa Reuters el 20 de agosto.
En la base de Soto Cano,
unas 500 tropas norteamericanos que pertenecen a la unidad Fuerzas de Trabajo
Conjuntas “Bravo” realiza operaciones de entrenamiento militar y antinarcóticos
en Centro y Sudamérica y el Caribe, informó la agencia Prensa Asociada. Un
funcionario del Pentágono que acompañó a Rumsfeld dijo que Washington
recientemente reanudó el suministro de datos por radar al régimen de Honduras
como parte de la intercepción de vuelos “narcoterroristas”.
Soto Cano se convirtió
en un punto clave para las operaciones militares norteamericanas en la región
cuando, tras décadas de lucha, las tropas norteamericanas fueron trasladadas de
Panamá en 1999.
Los funcionarios
norteamericanos también elogiaron al gobierno hondureño por haber cumplido dos
requisitos: enviar un contingente de tropas a Iraq como parte de la fuerza de
ocupación encabezada por Washington, y ratificar un tratado que exime a los
soldados norteamericanos de juicios por crímenes de guerra.
Durante casi dos años,
los gobernantes norteamericanos se han enfocado en su campaña de guerra y otros
desafíos en Asia austral y el Medio Oriente, incluyendo la invasión y ocupación
rápida de Iraq a comienzos del año, llevada a cabo sin mucha oposición o
bajas norteamericanas. También han expandido su intervención militar y dominio
económico en Africa, con la mira puesta en los recursos petrolíferos del
continente, a costa de sus rivales imperialistas.
Contrainsurgencia norteamericana
Bajo estas condiciones,
Washington no ha podido sino hasta ahora prestar la misma atención a Latinoamérica,
a pesar de que han ocurrido hechos que para el imperialismo tienen mucha
importancia: de Brasil a Argentina, Colombia, Venezuela y México. Por ejemplo,
a pesar de la hostilidad norteamericana hacia el gobierno de Venezuela, que
Washington considera demasiado independiente, el régimen de Chávez ha logrado
gobernar sin enfrentar un desafío serio por Washington.
El viaje de Rumsfeld es una señal visible de que esta etapa se acabó,
un cambio que observaron muchos comentaristas burgueses.
La visita del jefe del
Pentágono fue parte de una serie de viajes a la región por altos funcionarios
del gobierno norteamericano. El 11 y el 12 de agosto, el general Richard Myers,
jefe del Estado Mayor, hizo escala en Bogotá para reunirse con el presidente
Uribe, la ministra de defensa Ramírez y altos funcionarios del ejército
colombiano. Su visita fue precedida por el representante comercial
norteamericano Robert Zoeller, quien dejó entrever la oferta de un acuerdo de
“libre comercio”. También a fines de julio, el mandamás “antinarcóticos”
John Walters visitó junto con el subsecretario de estado para asuntos políticos
Marc Grossman y el general James Hill, jefe del Comando Sur de Estados Unidos.
La pieza central en la
expansión de la intervención militar norteamericana en la región es el Plan
Colombia, iniciado por el gobierno de Clinton en 2000. Washington ha
desembolsado 2 500 millones de dólares para el Plan Colombia, convirtiendo a
Colombia en el gobierno que más fondos recibe del Pentágono después de Israel
y Egipto.
El Plan Colombia se
presentó inicialmente como parte de la “lucha antidrogas”, a pesar que los
hechos indicaban que se trataba de aumentar la intervención militar
norteamericana en una región donde las familias gobernantes de Estados Unidos
tienen enormes intereses económicos y que ha visto sido sacudida por el
descontento social. El año pasado, el gobierno norteamericano expandió
oficialmente el propósito oficial de su misión militar en Colombia para
abarcar la “guerra antiterrorista”, es decir, la prolongada guerra del régimen
colombiano contra las FARC y una organización guerrillera más pequeña, el Ejército
de Liberación Nacional (ELN). Según los informes de los medios noticiosos se
calcula que estas organizaciones controlan un 40 por ciento del territorio
colombiano, sobre todo en las zonas rurales.
En los últimos meses el
gobierno de Bush envió 150 tropas norteamericanas a Colombia. Usó como
pretexto la captura de tres “contratistas civiles” por las FARC cuando su
avión militar Cessna se estrelló en territorio ocupado por los rebeldes. Las
tropas adicionales elevan a 400 la fuerza oficial norteamericana en Colombia: el
límite decidido por el Congreso norteamericano. A estas tropas se suman 300
“empleados contratados”.
Las Fuerzas Especiales
norteamericanas han entrenado a 15 batallones del ejército colombiano. También
están entrenando una unidad especial que protege el oleoducto de la empresa
norteamericana Occidental Petroleum en el noreste. Colombia es el séptimo país
en suministros de petróleo a Estados Unidos.
Bajo la bandera de la
lucha “antiterrorista”, el régimen de Uribe ha aumentado la represión
contra las luchas obreras y campesinas. Gran parte de la represión se puede
atribuir a los escuadrones de la muerte de los narcolatifundistas vinculados al
ejército.
Las luchas del sindicato
minero en las minas del carbón de la Drummond Co., con sede en Alabama, y del
sindicato de la industria alimenticia en la planta embotelladora de Coca-Cola
han sido atacadas por grupos paramilitares que han asesinados a activistas
sindicales.
El Plan Colombia fue
ampliado el año pasado con la Iniciativa Regional Andina, que destina fondos a
Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Venezuela, Brasil y Bolivia. La mitad de los
fondos están dedicados a la policía y a las fuerzas militar de estos países,
según cifras del Departamento de Estado norteamericano.
La ampliada presencia
militar norteamericana incluye la base aérea norteamericana en Manta, Ecuador;
decenas de bases “antidrogas” en Bolivia y Perú; y bases militares
semisecretas en el este de Paraguay.
Presiones contra gobierno de Chávez
Uno de los centros de
este conflicto es Venezuela, un país con grandes riquezas petrolíferas donde
Washington se preocupa ante las crecientes expectativas de los trabajadores y
campesinos por la tierra, por empleos y por mejores condiciones desde la elección
de Chávez. El país se mantiene fuertemente polarizado entre el apoyo popular a
Chávez y la oposición proimperialista que presiona por un referéndum para
destituir al presidente. El 12 de septiembre el consejo electoral venezolano
rechazó la petición a favor de un referéndum porque la recolección de firmas
no se atuvo a los requisitos legales.
Como parte de la campaña
respaldada por Washington contra el gobierno de Venezuela, funcionarios
militares colombianos han acusado a Caracas de permitir que su territorio sea
utilizado por los guerrilleros de las FARC y el ELN. Durante su visita a Bogotá,
el general Myers “comparó a Venezuela con los vecinos de Iraq que dejan que
‘armamentos o combatientes’ crucen la frontera, informó el reportero
Charles Roth de Dow Jones. “No ayuda cuando los países no apoyan plenamente
la lucha contra el terrorismo”, dijo Myers en referencia al gobierno de
Venezuela. Y en Colombia Rumsfeld dijo, sin mencionar el país, que Venezuela
debía abrir su espacio aéreo a aviones espías colombianos.
En enero el general Hill,
jefe del Comando Sur, dijo en una conferencia en Nueva York que los
“narcoterroristas” y grupos islámicos estaban utilizando la Isla Margarita
en Venezuela para el lavado de dinero, informó Dow Jones.
Entre otros puntos de
creciente conflicto en América Latina están:
Brasil, donde a Washington le inquieta que el gobierno de Luiz Inácio
Lula da Silva no pueda frenar las luchas sindicales y campesinas.
Argentina, que no se ha recuperado del colapso económico que arrasó al
país hace 20 meses, y donde persiste la resistencia obrera contra los cierres
de fábricas y el desempleo.
Chile y Uruguay, donde
los sindicatos recientemente llevaron a cabo huelgas generales en respuesta al
impacto de la depresión económica.
República Dominicana, donde a fines de agosto estallaron nuevas
protestas populares contra un acuerdo de austeridad dictado por el Fondo
Monetario Internacional.
Estos son los hechos que inquietan a Wall Street y que lleva a Washington
a incrementar su presencia militar en América Latina.
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