
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2003 Vol. 27 No. 9
Cuba
Encuentro Juvenil Cuba-EE.UU.
Jóvenes de Estados Unidos aprenden acerca de la Revolución Cubana
POR
MARTÍN KOPPEL
Y PAUL PEDERSON
LA HABANA—“Había
oído mucho acerca de Cuba. Quería verlo con mis propios ojos”, dijo Agustín
Cheno Eichwald, un estudiante de 23 años en la universidad East Los Angeles
College. Muchos de los casi 300 jóvenes de Estados Unidos que integraron el
Tercer Encuentro Juvenil Cuba-Estados Unidos dieron la misma explicación de por
qué participaron en la visita a la isla.
El viaje, realizado del
23 al 31 de julio, fue auspiciado por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU),
la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y otras organizaciones juveniles en Cuba.
Organizaron un programa destinado a bregar con algunas de las preguntas que los
delegados norteamericanos tenían acerca de la Revolución Cubana. Muchos
regresaron a casa con un mayor sentido de identificación con la revolución y su ejemplo para todos los que luchan en todo el mundo contra la explotación y la opresión. Volvieron con deseos de persuadir a otros de sus convicciones.
En La Habana, la delegación
de Estados Unidos sostuvo intercambios con delegados de una asamblea municipal
del Poder Popular, la legislatura cubana; con dirigentes de la Federación de
Mujeres Cubanas (FMC); y con jóvenes trabajadores sociales revolucionarios en
un barrio habanero (ver artículos en la última edición de Perspectiva
Mundial). Visitaron la Escuela de Medicina Latinoamericana, la
Universidad de La Habana, el Museo de la Revolución y varios centros de
investigación científica.
Asimismo, visitaron dos
ciudades orientales, Santiago de Cuba y Guantánamo, donde una base naval yanqui
ocupa territorio cubano contra la voluntad del pueblo de esta nación caribeña.
En Santiago el día 26 de julio, se sumaron a un acto de 10 mil personas, al que
se dirigió el presidente cubano Fidel Castro, por la celebración del 50
aniversario del asalto al cuartel Moncada. En esa fecha en 1953, un grupo de jóvenes
dirigido por lo que llegó a ser el Movimiento 26 de Julio y el Ejército
Rebelde asaltó el cuartel Moncada y el cuartel de Bayamo de la dictadura de
Fulgencio Batista. Estos asaltos dieron inicio a la lucha revolucionaria de
masas que en enero de 1959 tumbó al régimen apoyado por Washington.
El triunfo revolucionario
condujo a la sustitución del gobierno capitalista con un nuevo poder —un
gobierno de trabajadores y campesinos—que abrió la puerta a la primera
revolución socialista en América. Cuatro décadas después, millones de
cubanos por toda la isla celebraban su capacidad de hacerle frente a Washington
y a su incesante guerra económica, y a ofrecer un ejemplo a los trabajadores,
agricultores y oprimidos por todo el mundo.
La delegación de Estados
Unidos representó el más grande de los viajes del Encuentro Juvenil hasta la
fecha; el último, hace dos años, había contado con 180 personas. Entre ellos
había estudiantes universitarios de todo el país, así como estudiantes de
secundaria, algunos artistas y otros. Los delegados provenían de 23 estados;
los grupos más grandes fueron los de Los Angeles, Chicago, Minneapolis, Miami y
Tampa, Filadelfia y Nueva York. Más de 80 llegaron solo de Los Angeles, donde
el grupo fue auspiciado por la Coalición de Solidaridad con Cuba en esa ciudad.
Muchos de los delegados eran chicanos o mexicanos, y un buen número eran hijos
de inmigrantes latinoamericanos o asiáticos, negros o puertorriqueños.
Muchos de los delegados,
ansiosos de aprender acerca de la Revolución Cubana, se habían pasado semanas
preparándose para el viaje. Habían organizado actividades a fin de recaudar
fondos para los gastos del viaje, y habían leído libros y realizado reuniones
para estudiar y discutir más acerca de Cuba revolucionaria.
El primer día completo
de actividades, los delegados oyeron presentaciones de Otto Rivero, primer
secretario de la UJC, y de Hassan Pérez, presidente de la FEU. Rivero describió
lo que aquí se conoce como la Batalla de Ideas, una campaña política que la
dirección revolucionaria de Cuba ha estado librando desde el año 2000 para
profundizar la incorporación del pueblo trabajador y de la juventud a la
revolución. Busca contrarrestar la campaña ideológica imperialista que
promueve el capitalismo y sus valores brutales de “sálvese quien pueda”.
Dichos valores se han
visto reforzados al quedar más expuesta Cuba al mercado capitalista mundial
desde principios de los años 90, cuando perdió sus condiciones favorables de
comercio y de ayuda de la ex Unión Soviética y Europa oriental. La
consiguiente crisis económica se conoce aquí como Periodo Especial. Para
obtener las divisas necesarias a fin de importar artículos esenciales y
financiar prioridades sociales –tales como la educación, la salud pública y
los subsidios alimenticios—Cuba adoptó varias medidas: despenalizó el dólar,
desarrolló el turismo, promovió las remesas familiares, abrió tiendas en
divisas donde se puede comprar diversos productos solo en divisas, estableció
empresas mixtas con empresas capitalistas extranjeras, y legalizó el trabajo
por cuenta propia en más de 100 profesiones, desde peluqueros hasta vendedores
callejeros y operadores de restaurantes familiares.
Estas medidas han
conducido a mayores desigualdades sociales —entre aquellos que tienen hasta mínimos
ingresos en dólares y aquellos que no tienen dicha fuente de ingresos— así
como la enajenación entre ciertas capas de la población. La movilización de
los jóvenes en torno a la Batalla de Ideas busca bregar con estos retos.
‘Revolución en la educación’
La esencia de la ofensiva
política revolucionaria que se libra hoy día en Cuba es el esfuerzo por
ampliar el acceso a la cultura y la educación para toda la población.
“Estamos haciendo una revolución en la educación”, dijo Rivero.
El delineó algunos de
las 70 nuevas campañas educativas, la mayoría de las cuales están dirigidas
por cuadros de la UJC y la FEU. Entre éstos están los siguientes.
La campaña para colocar
un televisor, una videocasetera y una computadora en cada escuela, aún en las
zonas más remotas, usando paneles solares donde resulta necesario para
suministrar electricidad, incluso en unas 400 escuelas rurales con menos de
cinco alumnos cada una. Se complementa con una red nacional de centros locales
de computadoras para jóvenes y clubes de video que ofrecen películas y
debates.
La formación acelerada
de maestros de primaria con el fin de reducir las aulas a 20 alumnos por maestro
y ofrecer atención más individual a las necesidades de cada alumno.
Un programa urgente para
construir y reparar escuelas en toda la isla.
Quince nuevas escuelas—una
en cada provincia—para formar a 30 mil instructores de arte, con el fin de
establecer centros culturales en cada comunidad.
La Universidad para Todos,
un programa nacional de televisión que ofrece cursos —desde
inglés y francés hasta geografía mundial y crítica de arte—
para personas de todas las edades y profesiones.
La expansión de la
publicación de libros. Esto incluye un programa de “bibliotecas familiares”
destinado a ofrecerle a cada familia cubana las obras clásicas de literatura
cubana y mundial, publicadas en juegos de 25 tomos impresos de manera económica
con papel periódico, y la extensión de la Feria Internacional del Libro
—antes limitada a La Habana— a más de 30 ciudades por toda la isla.
Cuatro escuelas que están
formando a miles de adolescentes como trabajadores sociales revolucionarios,
quienes van a los barrios económicamente más afectados para ayudar a resolver
problemas sociales agudos y trabajar con otros jóvenes para incorporarlos al
estudio o al trabajo. Mediante este programa los jóvenes trabajadores sociales,
que en su mayoría provienen de dichos barrios, donde habían abandonado la
escuela y el empleo, pueden ingresar a la universidad.
Durante el periodo de
discusión, en respuesta a la pregunta de un delegado estadounidense sobre los
problemas que enfrentan los jóvenes tales como el desempleo y la delincuencia,
Hassan Pérez dijo, “Nuestro criterio es que todos los problemas tienen
soluciones”. Los trabajadores sociales “visitan a cada joven en las
comunidades, uno por uno, para averiguar sus problemas e integrarlos a la
revolución. La respuesta ha sido muy buena. Es mucho trabajo, y es un reto
mayor aquí en la capital —por la mayor influencia del dólar—donde a veces
tenemos que visitar a los jóvenes, no una vez sino 10 veces, trabajando con
paciencia para lograr resultados”.
Rivero describió las
Escuelas de Superación Integral para Jóvenes, dirigidas a los jóvenes que,
después de completar el noveno grado obligatorio, no obtienen trabajo ni continúan
sus estudios. Los casos varían desde las muchachas que se topan con la carga
inesperada de ser madres solteras, hasta los jóvenes que tienen problemas
familiares o caen en la delincuencia menor. A través de estas escuelas, “los
jóvenes reciben un estipendi se les paga para estudiar como incentivo
adicional. Hemos tenido mucho éxito con este programa”, dijo.
“El problema de la
delincuencia no es simplemente material sino también un problema de autoestima”,
agregó. “En países como los Estados Unidos, se degrada a los seres humanos.
Las prisiones no ‘reeducan’. Lo que hace falta no es reeducación sino una
verdadera educación”.
Pérez dijo, “Un pueblo
culto puede defender sus ideas. Como dijo Fidel, la revolución no dice ‘Cree’.
La revolución dice ‘Lee’. Nuestro objetivo es que el pueblo cubano sea
portador de la cultura universal. Para eso hace falta que la educación empiece
en la cuna y termine en la tumba.
“Tratamos de incorporar
a todos los jóvenes en estos programas, incluso los jóvenes que están en la cárcel,
con la idea de que hasta ellos puedan graduarse de la universidad”, afirmó.
“Nuestro objetivo es
una sociedad socialista, donde no haya desempleo, donde no haya prisiones. Ese
objetivo es imposible en los países capitalistas”.
Esa tarde los jóvenes de
Estados Unidos visitaron la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde unos 7
200 estudiantes de 24 países están cursando estudios. En su mayoría son de países
latinoamericanos, pero algunos son de naciones africanas y 52 son de Estados
Unidos. El rector, Juan Carrizo, explicó que los jóvenes, mayormente de
familias obreras o rurales, estudian gratuitamente.
“Esta escuela forma
parte de la solidaridad de nuestra revolución”, dijo Carrizo. Señaló que la
solidaridad internacionalista de Cuba se manifiesta también en los 5 300 médicos
y otros voluntarios cubanos de la salud que actualmente cumplen misiones en 93
países por todo el mundo, especialmente en Africa. “Nuestro capital más
importante es el capital humano”, dijo.
Base yanqui en Guantánamo
Uno de los puntos
culminantes del Encuentro Juvenil fue la visita a Guantánamo, donde los
delegados pudieron hablar con miembros de la Brigada Guardafrontera cubana y
observar la base norteamericana desde el mirador. El teniente coronel Prieto y
el mayor Santiesteban les informó sobre la historia de la base yanqui, impuesta
a Cuba en 1903 cuando el país era prácticamente una colonia estadounidense.
Prieto señaló que desde el triunfo revolucionario en 1959, las tropas
norteamericanas en la base han realizado más de 13 mil provocaciones contra
Cuba, incluyendo incidentes en que han muerto ocho cubanos, dos de ellos
guardafronteras. Desde el comienzo, dijo, el gobierno revolucionario “ha
mantenido nuestro derecho inalienable a que nos devuelvan este territorio”.
Como gesto solidario,
Camilo Matos, un estudiante de Nueva York, dio a los guardias una bandera de la
isla puertorriqueña de Vieques, donde tres meses antes se había logrado una
victoria en la lucha por sacar a la Marina de Guerra norteamericana. “Así
como ustedes están luchando para sacar a los militares norteamericanos de su
tierra —una lucha que apoyamos— el pueblo puertorriqueño está luchando por
sacar a los militares norteamericanos de nuestro país”, dijo. Durante el
viaje, varios de los delegados puertorriqueños destacaron la lucha común
contra el imperialismo norteamericano por los pueblos de Cuba y Puerto Rico, y
la solidaridad inquebrantable de Cuba con la lucha independentista puertorriqueña.
Desde el mirador los
visitantes pudieron ver detalles de la base, incluyendo el Campamento Delta,
donde Washington mantiene detenidos a más de 600 hombres por tiempo indefinido,
sin cargos o protecciones legales, bajo el rótulo de “combatientes enemigos”.
Muchos de los jóvenes de
Estados Unidos tuvieron una reacción fuerte al ver esto. Según lo expresaron
varios de ellos, la experiencia reforzó su convicción de regresar a casa para
divulgar la verdad de por qué “nos solidarizamos con nuestros hermanos
musulmanes, quienes están detenidos en el territorio ocupado de Guantánamo”.
La resistencia de Cuba
frente a 44 años de guerra económica y ataques por parte de Washington fue el
tema de una sesión de conferencia después del regreso del grupo a La Habana,
donde escucharon una presentación de Rafael Dausá, jefe de la mesa
norteamericana del ministerio cubano de relaciones exteriores.
Dausá describió los sucesos recientes en la política norteamericana de
agresión contra Cuba, incluyendo la negativa de Washington —hasta
hace poco— de enjuiciar o entregar a Cuba a aquellos individuos que secuestran
aviones o embarcaciones a Estados Unidos, política que ha llevado a una ola de
secuestros armados durante el último año.
“Cuba ha hecho frente
al imperio norteamericano a solo 90 millas de sus costas”, dijo un estudiante
de Los Angeles durante la discusión. “Como chicanos, somos ciudadanos de
segunda clase en Estados Unidos, mientras que Cuba ha defendido su soberanía”,
dijo, señalando por qué se puede obtener apoyo a la lucha contra el embargo
norteamericano.
Otro delegado hizo una
pregunta sobre los cambios de actitudes entre los cubanoamericanos. “Los
cubanos en Estados Unidos no son monolíticos2, dijo Dausá, al señalar que
muchos de las nuevas generaciones se oponen a las sanciones norteamericanas
contra Cuba.
Nicole Sarmiento, una estudiante de la Universidad de Miami, describió
varias actividades recientes que se habían organizado en Miami contra la política
de Washington hacia Cuba en las cuales participaron números importantes de
cubanoamericanos. “Hoy día hay más espacio político en Miami para organizar
actividades en defensa de Cuba que en el pasado”, dijo.
Los últimos dos
intercambios durante el Encuentro Juvenil fueron una presentación de Randy
Alonso sobre la política exterior norteamericana y un panel sobre la cultura en
Cuba revolucionaria.
Alonso es el moderador
del programa nacional de televisión Mesa Redonda, un programa popular que se
realiza varias noches por semana y que toca una amplia gama de temas de política
nacional e internacional.
La tarde anterior, Alonso
había invitado a siete de los delegados del Encuentro Juvenil a participar en
una Mesa Redonda sobre lo que habían aprendido en Cuba y su trabajo político
en Estados Unidos. Los siete fueron Graciano Matos de Nueva York; Eddie Torres,
uno de los coordinadores del grupo de Los Angeles; Jessica Marshall de Chicago,
dirigente de la Liga Comunista Juvenil; Alex Alvarado de Miami; Olympia Newton
de Los Angeles, un dirigente de la Juventud Socialista; y Abdul Hassan y Celia
González de la delegación de Jóvenes Unidos de Nueva York y Chicago,
respectivamente.
Cultura y la Revolución Cubana
En el panel sobre la
cultura participaron el ministro de la cultura Abel Prieto; Iroel Sánchez,
presidente del Instituto Cubano del Libro; y Omar González, presidente del
instituto de cine ICAIC.
Prieto explicó que la
política del gobierno revolucionario cubano consiste en “defender nuestra
cultura nacional y promover el derecho del pueblo a la cultura universal”.
Agregó que la Revolución Cubana se ha caracterizado por la ampliación del
acceso a la cultura y la educación para toda la población, desde la campaña
de alfabetización al principio de la revolución hasta el día de hoy.
La defensa de la revolución
nacional de Cuba hoy día significa “luchar para impedir que las leyes del
mercado deformen la cultura, porque el mercado reproduce estereotipos
mutiladores promovidos por el imperialismo”, dijo.
Cuando un delegado de
Estados Unidos le pidió su criterio sobre el “socialismo real”, Prieto dijo
que se trataba de una política del antiguo régimen soviético “que dictaba
un estilo oficial sobre cultura, un dogma que causó mucho daño a la expresión
cultural y liquidó el legado de cultura de vanguardia que había predominado en
los primeros años de la Unión Soviética”.
Hubo quienes propugnaron
el socialismo real en Cuba”, agregó Prieto, especialmente en los años 70,
pero “aquí en Cuba no hay un estilo oficial de cultura. Nuestro criterio es
que necesitamos la creatividad cultural”.
Prieto señaló el
ejemplo de la conocida película cubana Fresa
y chocolate, basada en un cuento de Senel Paz, que con sentido de
humor critica los prejuicios antihomosexuales y la intolerancia burocrática en
general. Esa película “tuvo un gran impacto en este país”, dijo.
Varios de los delegados,
al señalar el carácter racista de la sociedad norteamericana, preguntó cómo
Cuba enfrenta hoy día el legado del racismo. “La lucha contra la discriminación
y la marginación es un elemento fundamental de muchos de los programas
educativos en Cuba, como la formación de los trabajadores sociales”, dijo el
ministro cubano.
Señaló que en Cuba se
está dando una creciente discusión sobre las organizaciones negras en los años
anteriores a la revolución y sobre la historia de la lucha contra la opresión
racista.
Por ejemplo, “una
masacre de negros que se habían rebelado en 1912 fue encubierta por muchos años
antes de la revolución, y durante muchos años después del triunfo de la
revolución no se habló mucho de estos temas, pero algunos libros que se han
publicado hace poco se refieren a esa historia”. El levantamiento fue dirigido
por un partido negro, los Independientes de Color.
Destacando otro ejemplo,
Prieto dijo, “En su música, los músicos negros de rap reaccionan en contra
de las manifestaciones de prejuicios raciales que aún existen en Cuba”.
Otro aspecto notable del
Encuentro Juvenil fue un intercambio con Ricardo Alarcón, presidente de la
Asamblea Nacional, y con parientes de los cinco revolucionarios cubanos que
cumplen condenas draconianas en cárceles norteamericanas bajo cargos fabricados
de conspiración para cometer espionaje (ver artículo en la página 12).
En la sesión de clausura,
se leyó una declaración que resaltó lo que los delegados harían a su regreso
a casa. La declaración proyectó actividades públicas para divulgar la verdad
sobre Cuba. Planteó oponerse a la guerra económica de Washington contra Cuba y
sumarse a la campaña para exigir que el gobierno norteamericano libere a los
cinco militantes cubanos presos.
“Necesitamos educar a
otra gente en Estados Unidos”, dijo Leah Smith de Atlanta, durante una de las
últimas discusiones. Su comentario expresó el parecer de muchos de los
delegados sobre lo que ahora se sentían comprometidos a hacer en sus ciudades
respectivas.
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