
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2003 Vol. 27 No. 9
Chile
Paro general contra efectos de la crisis social
POR SAM MANUEL
Y ROMINA GREEN
Cientos de miles de trabajadores en Chile realizaron una huelga general
el 14 de agosto. El paro, convocado por la Central Unica de Trabajadores (CUT),
fue la prime-ra huelga general en este país desde 1986. En esa ocasión los
sindicatos protestaban contra la dictadura militar de Augusto Pinochet, la cual
había impuesto un reino de terror en el país desde un golpe de 1973 apoyado
por Washington.
La policía utilizó gases lacrimógenos y cañón de agua contra los
manifestantes y arrestó a cientos de personas. El gobierno prometió
castigar a los huelguistas “con toda la severidad de la ley”, informó la
agencia noticiosa Reuters. La policía antimotines se desplegó para impedir que
3 500 huelguistas marcharan por La Alameda, cerca del palacio presidencial en
Santiago de Chile. Los huelguistas respondieron con palos y piedras, según
informó Agence France-Presse. Ese día arrestaron a por lo menos 130 personas.
También hubo protestas y otros arrestos el 15 de agosto, superando los 300
detenidos, dos tercios de ellos en Santiago.
Algunos fueron arrestados
al tratar de bloquear las carreteras cerca de las minas de cobre. Otros fueron
detenidos en por lo menos otras tres ciudades del país, incluyendo siete en la
ciudad sureña distante de Punta Arenas.
La CUT convocó la huelga
para protestar contra el seguro médico, el deterioro de otros beneficios
sociales, las propuestas del gobierno de una mayor “flexibilidad” en la
semana laboral, que ahora llega a 48 horas y las pésimas condiciones de trabajo
en muchas compañías privadas. Además, los trabajadores exigieron un aumento
del salario mínimo. El pueblo trabajador padece de altos índices de desempleo,
que oficialmente alcanza un 9.1 por ciento, y el subempleo.
La CUT tiene unos 400
sindicatos afiliados y cuenta con 640 mil miembros. Entre los que participaron
en el paro figuraban obreros de la construcción, transporte, salud, maestros,
taxistas y la mayoría de los empleados públicos. El presidente de la CUT,
Arturo Martínez, dijo que la huelga se realizó en defensa de “la dignidad de
los trabajadores” y dijo que fue un éxito. La central afirmó que un 80 por
ciento de la actividad comercial estuvo afectada.
Lagos amenaza a empleados públicos
El gobierno del
presidente Ricardo Lagos, del Partido Socialista, trató de restarle importancia
al paro, afirmando que la participación fue reducida. Lagos advirtió que los
empleados del gobierno que salieran en huelga serían multados, y calificó a la
huelga como “una causa perdida”.
“Nuestros salarios son
muy bajos: el salario mínimo es de 115 mil pesos [165 dólares] mensuales”,
declaró Eduardo Alarcón al diario londinense Guardian.
“Teníamos muchas
esperanzas en este gobierno socialista”, agregó María Guzmán, “pero solo
han trabajado con la derecha y los empresarios y no con nosotros, los pobres”.
El diario chileno La
Nación informó que el gobierno iba a enjuiciar a todos los que cometieron
“actos ilegales” violando la ley “antiterrorista”. Según la prensa
chilena, entre los 15 heridos durante el enfrentamiento de policías y
manifestantes, la gran mayoría fueron policías. El ministro del interior José
Miguel Isulza dijo que el gobierno tomaría medidas para impedir incidentes el
11 de septiembre, fecha del 30 aniversario del golpe de 1973, cuando Pinochet
dirigió el golpe militar que derrocó al gobierno electo del presidente
Salvador Allende.
El 11 de septiembre hubo
diversos actos de conmemoración del golpe en las cuales participaron miles de
trabajadores, estudiantes y otros manifestantes.
El gobierno de Allende
Allende, dirigente del
ala izquierda del Partido Socialista y partidario de la Revolución Cubana, fue
elegido presidente de Chile en septiembre de 1970 como candidato de la Unidad
Popular (UP), una coalición donde predominaban el PS y el Partido Comunista. La
UP también incluía al Partido Radical, el Movimiento de Acción Popular
Unificado —escindido del Partido Demócrata Cristiano—
y dos partidos más pequeños.
La victoria de Allende
reflejó una amplia radicalización de las masas chilenas. Cuando los
capitalistas empezaron a sabotear la producción poco después de la victoria de
la UP, los trabajadores ocuparon las fábricas y continuaron la producción sin
patrones. El pueblo trabajador empezó a organizar la distribución de mercaderías.
En muchos distritos obreros, organizaciones conocidas como “cordones
industriales” empezaron a coordinar la lucha. Cada vez que se presentaba una
oportunidad, los trabajadores salían en masa contra la derecha.
Bajo estas presiones
populares, el gobierno de la UP promulgó algunas reformas de mayor alcance
durante su primer año en el poder. Nacionalizó muchos bancos y textileras así
como las propiedades extranjeras en las industrias del cobre, del nitrato, del
hierro y del carbón. Se dio inicio a una reforma agraria y muchos campesinos
empezaron a ocupar tierras. Además el gobierno entabló relaciones diplomáticas
y comerciales con Cuba y se opuso a la guerra dirigida por Washington contra
Vietnam.
A pesar de el discurso
radical de Allende y de algunas acciones importantes antiimperialistas que tomó,
la UP fue una coalición colaboracionista de clases, un frente popular. Subordinó
la lucha de los trabajadores y campesinos a los partidos y las fuerzas burgueses.
En ciertos momentos decisivos integró a altos miembros de la cúpula militar al
gobierno como garantía para los gobernantes chilenos. Trató de justificar sus
acciones afirmando que se atenía a la legalidad burguesa.
El imperialismo
norteamericano y la burguesía nacional, sin embargo, no dieron mucha
importancia la legalidad burguesa. Washington ocupó un papel directo en la
campaña desestabilizadora cuyo objetivo era derribar al régimen de la UP.
Después de la elección
de Allende, el gobierno norteamericano recortó toda su “ayuda” a Chile con
excepción de la ayuda militar y el entrenamiento de la fuerzas armadas chilenas
y para financiar huelgas y boicots contrarrevolucionarios, como las
“huelgas” patronales encabezadas por propietarios de camiones que
paralizaron la economía.
Estas batallas de clases
terminaron tres años más tarde con un golpe sangriento contra Allende. Miles
de trabajadores, activistas políticos y revolucionarios de otros países que
habían recibido asilo político del régimen de la UP fueron asesinados. El
propio Allende fue ultimado mientras combatía para defender el palacio nacional
—La Moneda— de los golpistas. Fue un terrible revés contra el pueblo
trabajador.
Venta de empresas públicas
Durante la dictadura de
Pinochet, los gobernantes chilenos lanzaron una serie de “reformas” económicas.
Por ejemplo, privatizaron el sistema de pensiones y del seguro social así como
las telecomunicaciones. Tomaron una serie de medidas para eliminar las barreras
a la inversión y el comercio extranjeros, convirtiendo la economía de Chile en
una de las más expuestas a la penetración imperialista en el mundo.
En 2001 se suministraba
casi todo el mercado chileno de telecomunicaciones con productos importados,
mayormente de Estados Unidos.
La industria energética,
sobre todo la electricidad, también se vendió a dueños privados a comienzos
de los 80. El país importa ahora casi el 95 por ciento de su petróleo. En
febrero de 2000, miles de choferes de camiones, autobuses y taxis amenazaron con
realizar paros contra la decisión del gobierno de hacerles pagar por el aumento
de los precios de combustibles importados.
Los principales
beneficiados del nuevo plan de pensiones, afirmó el St.
Petersburg Times del 17 de abril, “son los administradores de los fondos
de mutuales”. Para el año 2010 casi un 60 por ciento de los jubilados no podrán
recibir más del nivel mínimo de las pensiones, 110 dólares mensuales.
Actualmente un 42 por ciento de los trabajadores no tienen plan de pensiones.
El sistema del seguro
social se privatizó en 1981, y el seguro de desempleo en octubre de 2002. Al
tiempo que ha crecido el desempleo, los salarios —incluyendo el salario mínimo—
han disminuido y el número de trabajadores a tiempo parcial ha crecido.
Según comentaristas en
los países imperialistas, Chile bajo el gobierno de Lagos ha sido una de las
economías más estables en Latinoamérica, una región que aún se recupera de
un descenso económico en 1999. Durante la última década las instituciones
financieras imperialistas han elogiado al gobierno de Chile como modelo exitoso
del capitalismo en Latinoamérica. Los sucesos recientes ponen en duda esta
aseveración.
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