
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR octubre de 2003 Vol. 27 No. 9
Estados Unidos
Habla candidato socialista Britton
Relata su actividad política desde que se unió al
movimiento comunista en 1962
Joel Britton es el
candidato del Partido Socialista de los Trabajadores a gobernador de California
en el voto de destitución del 7 de octubre. Britton concedió la siguiente
entrevista el 3 de septiembre a Argiris Malapanis y Martín Koppel en Nueva
York.
Pregunta. Los
principales candidatos de los partidos capitalistas para gobernador de
California, el demócrata Cruz Bustamante y el republicano Arnold Schwarzenegger,
están respondiendo a denuncias reciente acerca de cosas que son acusados de
haber hecho cuando eran jóvenes. Ambos han respondido diciendo que cometieron
‘locuras de la juventud’ pero que ahora han cambiado.
Quisiéramos
hacerte algunas preguntas sobre tu historial, y la relación que tiene con lo
que estás haciendo hoy y con las posiciones de tu campaña.
Tengo entendido que fuiste miembro de la Alianza de la Juventud Socialista a principios de los años 60 y que de hecho llegaste a ser miembro de su Comité Nacional. ¿Es cierto? De serlo, ¿podrías explicar cómo te involucraste con la AJS y cómo lo ves ahora?
Respuesta.
Sí, me uní a la Alianza de la Juventud Socialista en la primavera de 1962, a
los 20 años. Fue unas pocas semanas después de haber participado en una
nutrida Caminata de Pascua por la Paz que se oponía a las pruebas nucleares
norteamericanas. Estuve entre los que caminaron desde Evanston, Illinois —donde
yo era estudiante en la Universidad Northwestern—hasta el centro de Chicago.
Si cometí alguna locura de la juventud en aquella época, fue un acto
ultraizquierdista que llevé a cabo durante esa marcha. Estaba marchando con un
amigo, y entonces unos ultraderechistas de la Sociedad John Birch andaban en un
vehículo al lado, ondeando una bandera roja con la hoz y el martillo mientras
gritaban con el megáfono con acusaciones de que los manifestantes eran “comunistas”.
Eso me enojó. Me separé de la marcha por unos minutos, caminé detrás del vehículo,
agarré la bandera y salí corriendo por unas cuadras para asegurar que fuera
pescado. Retomé el camino a la manifestación y marché hasta el mero centro.
Un poco más tarde, al
unirme a la Juventud Socialista, desarrollé una comprensión de la importancia
de participar de forma disciplinada en protestas de esta índole, y no realizar
actos individuales que pudieran perjudicar la manifestación.
En aquel entonces, los
miembros de la AJS comenzábamos a plantear el problema de la creciente
intervención militar norteamericana en Vietnam. Los medios noticiosos
informaban que “asesores” militares norteamericanos estaban en Vietnam. Los
dirigentes liberales y pacifistas de esta caminata por la paz habían dejado
claro que no estaban bienvenidos los carteles que llevaran consignas que no
fuesen temas abstractos de “paz”: tales como la demanda de que las tropas de
norteamericanas abandonaran Vietnam. Así que tuvimos que defender nuestro
derecho a llevar el cartel y la consigna que quisiéramos.
Esa fue mi segunda
manifestación. La primera había sido una manifestación en el recinto de
Northwestern, cuando miembros de la AJS junto con otros estudiantes protestaron
contra la presencia de un general del ejército norteamericano que estaba
asociado a la derechista Sociedad John Birch. El general John Walker estaba
haciendo una gira nacional de conferencias. Cuando estábamos marchando por la
universidad, un estudiante que apoyaba a este general se asomó de una ventana
del dormitorio y desplegó una gigantesca bandera con la esvástica.
Cómo me uní a la AJS
En esos momentos yo
estaba participando en clases organizadas por miembros de la AJS y del Partido
Socialista de los Trabajadores. Estábamos estudiando la amenaza del fascismo y
cómo combatirla. Hasta esa época, yo tenía más y más disposición
revolucionaria pero no estaba seguro si era posible una revolución en Estados
Unidos. Estudiamos diversas experiencias históricas del movimiento obrer por
qué hace falta un partido revolucionario, cómo podemos llevar a cabo una
revolución de los trabajadores.
Entré en contacto por
primera vez con el movimiento comunista en una serie de mítines que se
realizaron en el otoño de 1961, organizados por estudiantes de Northwestern en
colaboración con el Comité por un Trato Justo a Cuba.
Una de estas actividades
fue sobre el tema de la invasión de Bahía de Cochinos —el ataque contra Cuba
organizado por Washington en abril de 1961— donde se mostró una película
cubana sobre la invasión y cómo fue derrotada por el pueblo trabajador
movilizado a través de las milicias y las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Una
decena o más de contrarrevolucionarios cubanos exiliados interrumpieron este
mitin grande, pero no lograron desbaratarlo.
En ese mitin hablé con
Betsey Stone, quien atendía una exhibición de materiales del Comité Pro Trato
Justo a Cuba, y compré un folleto sobre la invasión de Bahía de Cochinos;
ella también era miembro de la Alianza de la Juventud Socialista. Salí afuera
y otro miembro de la AJS me vendió un ejemplar del Young
Socialist [Joven socialista]. Poco después, Jack Barnes, un
dirigente de la AJS que también era estudiante de Northwestern, habló sobre el
tema de la reforma agraria en Cuba. Yo hice una pregunta y él me contestó,
pero sugirió que más tarde conversáramos un poco más al respecto, lo cual
hicimos. Me invitaron a cenar para continuar la discusión.
A partir de esa noche,
tuvimos muchas discusiones políticas sobre la Revolución Cubana y cómo el
pueblo trabajador es capaz de hacer una revolución en este país. Discutimos la
campaña para defender a Robert F. Williams y a los miembros de su movimiento en
Monroe, Carolina del Norte, donde los luchadores por los derechos de los negros
habían organizado la autodefensa armada de su comunidad para repeler los
ataques del Ku Klux Klan. Williams acababa de salir del país para evitar ser
arrestado bajo cargos fabricados por la FBI. Se había colocado pósteres sobre
Williams en las oficinas de correos por todo el país, con órdenes de disparar
para matar. Había una gran campaña de defensa en la cual desempeñábamos un
papel dirigente.
En la serie de clases,
una coyuntura importante en mi decisión de unirme a la AJS fue el estudio de
los sucesos de 1954 en Guatemala. Es un ejemplo de una lucha potencialmente
revolucionaria que fue obstruida por el partido estalinista en ese país, el
cual colaboró con lo que consideraba un ala “progresista” de la burguesía
a expensas de la movilización independiente de los trabajadores y campesinos
contra el derrocamiento del gobierno de Jacobo Arbenz organizado por la CIA.
Me pidieron que diera una clase que era parte de una serie sobre el Manifiesto Comunista. Estas se daban justo después de las reuniones de la AJS, que se hacían en la Universidad de Chicago, así que tenía que venir adonde se hacían las reuniones de la AJS y esperar afuera. Entonces fui de Northwestern a la Universidad de Chicago. Tuve que esperar a que se terminara la reunión porque no era miembro. Entonces llegué a la conclusión de que si yo podía dar una clase sobre el Manifiesto Comunista, entonces podía ser miembro de la Alianza de la Juventud Socialista. Así que me alisté.
Organizamos una escuela
de verano socialista ese año. Llegaron jóvenes de todo el Medio Oeste. Era
parte de un proceso de reclutamiento de jóvenes al movimiento comunista, de la
renovación de este partido proletario, y de una transición en la dirección
del partido durante un periodo de años.
Campaña presidencial de 1964
En 1964 fui uno de los
Estudiantes por DeBerry y Shaw. Clifton DeBerry y Ed Shaw fueron los candidatos
del Partido Socialista de los Trabajadores a presidente y vicepresidente en
1964. Yo había sido elegido al Comité Nacional de la AJS por los delegados del
congreso de 1963 de la AJS, y en 1964 hice una gira de conferencias para DeBerry
y Shaw por el Medio Oeste. Lo hicimos frente a todas las presiones para recorrer
“parte del camino con LBJ” [part
of the way with LBJ], la consigna de un ala de la dirección del
grupo Estudiantes por una Sociedad Democrática [SDS] que abogaba a favor de
votar por Lyndon B. Johnson, el presidente demócrata.
Nosotros no recorrimos ni
una pulgada del camino con LBJ, quien estaba emprendiendo una escalada de
intervención militar norteamericana en Vietnam a nombre de los gobernantes
norteamericanos. Más bien, hicimos campaña hasta el día de los comicios por
DeBerry y Shaw.
Ya en 1962 solíamos juntarnos para ver a Malcolm X por televisión. El
aparecía de vez en cuando en el Programa de Kup, un programa nocturno cuyo
anfitrión era Irv Kupcinet. Nos veíamos atraídos a Malcolm y lo considerábamos
un revolucionario.
P. Tengo
entendido que fuiste a Cuba en los primeros años de la revolución. Hay una
foto en el Militant en 1969 donde se te ve participando en trabajo voluntario
como parte de una brigada de jóvenes de Estados Unidos. ¿Por qué fuiste a
Cuba y qué hiciste ahí?
R.
La Alianza de la Juventud Socialista fue invitada a enviar una delegación a
Cuba para participar en la celebración del décimo aniversario del triunfo de
la revolución. Hicimos una banderola que decía, “Norteamericanos con Cuba”
usando una tela grande que nos dio un trabajador de hotel, y lo sostuvimos
durante la enorme concentración que se hizo en la Plaza de la Revolución en La
Habana el 2 de enero. Durante nuestro viaje hicimos trabajo voluntario una tarde.
Fuimos a Santiago de Cuba. Ahí visitamos el museo en el cuartel Moncada
y ahondamos nuestro entendimiento de la trayectoria de los jóvenes
revolucionarios, dirigidos por Fidel Castro, que habían atacado ese cuartel de
la dictadura de Batista el 26 de julio de 1953 y que habían dirigido al pueblo
trabajador cubano hacia la toma del poder.
Sigo orgulloso del hecho que durante este viaje conocimos a
representantes del Frente de Liberación Nacional en Vietnam, que estaba
dirigiendo la lucha en el sur de Vietnam contra la intervención norteamericana.
Tuvimos una extensa
discusión y celebración en La Habana con Huynh Van Ba, jefe de la misión
diplomática del FLN en Cuba, por el primer aniversario de la ofensiva de Tet
librada por los combatientes de liberación contra las fuerzas estadounidense,
un hito en la guerra contra el imperialismo norteamericano.
Como parte del encuentro
visitamos una exposición del Frente de Liberación Nacional en un museo
habanero.
Ya que todos los que estábamos
viajando a Cuba —alrededor
de una decena de miembros de AJS— militábamos activamente en el
movimiento contra la guerra en Vietnam, nos impactó mucho ver cómo estos
combatientes, en muchos casos con armas rudimentarias, estaban ganando la lucha
contra la potencia imperialista más poderosa y brutal del mundo.
Nuestra delegación de la
AJS le presentó a Van Ba una declaración que habíamos redactado ahí, en la
cual aplaudíamos el heroísmo y la voluntad del pueblo vietnamita en su lucha
por la liberación nacional.
“Como parte de una
nueva generación de jóvenes revolucionarios que va surgiendo en Estados Unidos,
nos comprometemos a redoblar nuestros esfuerzos para poner fin a la agresión
norteamericana en Vietnam y en otras partes del mundo. Su lucha es nuestro
ejemplo”, afirmó la declaración.
En una recepción para
los invitados internacionales con Fidel Castro y otros dirigentes de la revolución,
conocimos a representantes del gobierno y de las fuerzas armadas de la República
Popular Democrática de Corea. Los felicitamos por la captura un año atrás de
un barco espía norteamericano, el USS
Pueblo.
Este viaje ayudó a
reforzar nuestro compromiso con la lucha para forjar el tipo de liderazgo
revolucionario que es necesario en Estados Unidos para emular el ejemplo que
sentó el pueblo trabajador cubano al derrocar el capitalismo y establecer un
gobierno de trabajadores y agricultores.
Emular ejemplo de Revolución Cubana
En Cuba visitamos
escuelas, hospitales y otros lugares. En nuestras visitas a fábricas y fincas,
conocimos a muchos trabajadores y campesinos que nos contaron acerca de su
participación en la revolución, entre ellos jóvenes trabajadores que habían
vivido exiliados en Estados Unidos y que habían regresado. Fue un viaje muy
inspirador.
En Santiago subimos en
camión a la Sierra Maestra, a El Uvero, donde se dio la primera batalla
victoriosa del Ejército Rebelde en 1957, y donde después del triunfo
revolucionario el lugar había sido convertido en una escuela. Yo estaba leyendo
una edición de Pasajes
de la guerra revolucionaria de Che Guevara.
Me siento orgulloso de
poder decir que, de los participantes en ese viaje que siguen vivos, hay cinco
que continuamos hoy día en el movimiento comunista: Linda Jenness, Robin Maisel,
Dave Prince, Stu Singer y yo.
P. Dijiste
que estabas participando en el movimiento contra la guerra en Vietnam. ¿Podrías
decir un poco más al respecto?
R.
Participé en el Comité de Movilización Estudiantil para Acabar con la Guerra
en Vietnam [SMC]. Y fui el representante del Partido Socialista de los
Trabajadores en la coalición antiguerra más amplia en Chicago.
Como parte del esfuerzo
por dirigir una orientación hacia el desarrollo de un movimiento antibélico
que pudiera atraer e involucrar a trabajadores, fuimos a hablar con hombres y
mujeres en uniforme, en las bases militares, en las terminales de autobús y
otros lugares. Participé en muchas de las grandes marchas en Washington y San
Francisco.
P. La prensa
capitalista ha dado mucha publicidad a las acusaciones de ciertos opositores de
Bustamante —por ejemplo, el senador estatal Thomas McClintock, quien se
postula en las elecciones, y la comentarista derechista Michelle Malkin—de que
cuando era estudiante universitario en los años 70, Bustamante había sido
miembro de MEChA, que según ellos es una organización radical, “violenta”
y “racista”. Citan documentos de MEChA que abogan por la defensa de “la
Raza”, “la liberación de Aztlán”, y la autodeterminación del pueblo
chicano. Señalan el Plan Espiritual de Aztlán, documento adoptado en 1969 por
la Conferencia Nacional de Jóvenes Chicanos celebrada en Denver que condujo a
la fundación de MEChA. McClintock hasta comparó a MEChA con el Ku Klux Klan.
¿Qué asociación tuviste con el movimiento por los derechos de los chicanos en
esa época?
R.
Desarrollé por primera vez un interés en la lucha por la liberación de los
chicanos a mediados de los años 60, durante las luchas de los trabajadores del
campo en California. Yo estaba en Chicago entonces, y participé en los mítines
del Militant Labor Forum acerca de este movimiento, incluido un foro donde hubo
oradores de la Unión de Campesinos [UFW]. En 1967 yo tenía 25 años—
me mudé a Los Angeles, donde empecé a aprender más acerca de esta lucha. Por
ejemplo, miembros del Partido Socialista de los Trabajadores y de la Alianza de
la Juventud Socialista ayudaron a cubrir el movimiento por los títulos de
tierra en Nuevo México dirigido por Reies López Tijerina.
En octubre de 1968 me reuní con dos activistas comunitarios comunistas
en la sede del Partido Socialista de los Trabajadores en Los Angeles. Hablamos
de cómo, en el contexto de todas las huelgas estudiantiles en las escuelas
secundarias y otras acciones de los chicanos en ese entonces, podríamos
promover la solidaridad con los jóvenes en México que reclamaban la justicia
después de la Masacre de Tlatelolco, en la cual efectivos de la policía y el
ejército dispararon contra manifestantes estudiantiles en Ciudad de México y
mataron a cientos de jóvenes.
MEChA y el Plan de Aztlán
Miembros de la AJS y del
Partido Socialista de los Trabajadores participaron en las conferencias
juveniles chicanas en Denver, organizadas por la Cruzada por la Justicia en 1969
y 1970. Yo fui responsable de la colaboración de nuestro partido con los compañeros
que participaron en estas conferencias. Nuestros compañeros participaron en la
Conferencia Nacional de Jóvenes Chicanos que se celebró en marzo de 1969, y
que adoptó el Plan de Aztlán, hoy considerado tan escandaloso por los
promotores de escándalos. Ese documento era un programa para la movilización
de masas de los chicanos por el control de sus comunidades.
El Plan de Aztlán planteó
la idea que la liberación del pueblo chicano requeriría, en última instancia,
“una nación libre autónoma, cultural, social, económica y políticamente”.
Proyectó la creación de un partido chicano independiente porque “el sistema
bipartidista es el mismo animal con dos cabezas que se alimenta del mismo
comedero”. Después de la segunda conferencia de Denver en 1970, se fundó el
Partido de la Raza Unida en Colorado.
En nuestro congreso
nacional de 1971, el Partido Socialista de los Trabajadores adoptó una resolución
sobre la lucha por la liberación de los chicanos, que es el principal documento
del libro The Politics of Chicano Liberation [La política de la liberación de los chicanos], editado por Pathfinder. Yo ayudé con la redacción de la resolución.
A fines de los años 60 y
principios de los 70, participé en los esfuerzos de la dirección de nuestro
movimiento para apoyar y promover el desarrollo de la acción política
independiente por parte de la clase trabajadora que adoptó la forma del Partido
de la Raza Unida. Hicimos una visita a Crystal City, Texas, donde nos alojó una
de las familias que dirigían la lucha.
Crystal City es un pueblo
pequeño cerca de la frontera con México cuya población es mayoritariamente
chicana. Pero había sido dominado por muchas décadas por una administración
municipal totalmente blanca. Estaban luchando contra la brutalidad de la policía
local y contra los Texas Rangers, una unidad especial y notoriamente racista de
la policía estatal que actuaba como juez, jurado y verdugo contra muchos
trabajadores y pequeños agricultores, especialmente los chicanos.
Hubo una lucha de los
chicanos para tomar el control del gobierno municipal en ese pueblo, y
finalmente lo lograron. Fue uno de los primeros ejemplos exitosos de la acción
política independiente por los chicanos. El Partido Socialista de los
Trabajadores y la Alianza de la Juventud Socialista apoyamos este movimiento.
También asistí a una sesión pública del encuentro nacional del
Partido de la Raza Unida que se celebró en El Paso, Texas, en 1972.
Había distintas corrientes dentro del movimiento chicano. Había algunos
elementos que estaban en contra del socialismo revolucionario y consideraban el
marxismo como importado de Europa. Pero formábamos parte activa de este
movimiento y muchos de los militantes en el movimiento chicano que estaban
predispuestos a una trayectoria política obrera nos dieron la bienvenida.
MEChA es una organización
estudiantil chicana con capítulos en universidades por todo el Sudoeste y otras
partes del país. En años recientes, capítulos de MEChA en el sur de
California han ayudado a organizar giras de conferencias para cubanos que
divulgaron la verdad sobre la Revolución Cubana. Entre ellos estuvieron Carlos
Tablada, autor de Che
Guevara: economía y política en la transición al socialismo, y
dirigentes juveniles revolucionarios de Cuba.
Este verano pasado, unos
cuantos de los jóvenes que participaron en el Encuentro Juvenil Cuba-Estados
Unidos eran miembros de MEChA que viajaron a Cuba para verla con sus propios
ojos.
Los ataques que denuncian
a MEChA como “racista” son calumnias reaccionarias. MEChA, como otras
organizaciones chicanas, apoya demandas para combatir la opresión del pueblo
chicano. No se puede identificar el nacionalismo de los oprimidos con el
nacionalismo de los opresores. Yo aprendí esto al unirme al movimiento
comunista. En esa época estudiamos las discusiones con el dirigente
revolucionario ruso León Trotsky que luego publicó Pathfinder bajo el Leon
Trotsky on Black Nationalism and Self-Determination [León Trotsky
sobre el nacionalismo y la autodeterminación de los negros].
La colaboración de
nuestro movimiento con Malcolm X, y nuestra comprensión de la dinámica
revolucionaria de la evolución política de Malcolm, nos preparó para el
despertar nacionalista entre el pueblo chicano y el desarrollo de un movimiento
combativo de chicanos. Fue dirigido por jóvenes que no querían sentirse
avergonzados de usar el español y aprender acerca de la historia y las
tradiciones del pueblo chicano. El Plan de Aztlán, por ejemplo, se enfocaba en
estos temas. Los jóvenes hoy día pueden aprender la verdad sobre estas luchas
en libros tales como The
Politics of Chicano Liberation y El
rostro cambiante de la política en Estados Unidos.
P.
Mencionaste algunos de los sucesos importantes en la lucha por los derechos
civiles, incluyendo la campaña en defensa de Robert F. Williams y otras
personas en Monroe, Carolina del Norte, donde los luchadores por los derechos de
los negros habían organizado la autodefensa armada de su comunidad contra
matones racistas. Explicaste que Williams abandonó el país para evitar ser
arrestado bajo cargos fabricados por el FBI. ¿Podrías decir un poco más sobre
tu actividad en el Partido Socialista de los Trabajadores y la Alianza de la
Juventud Socialista durante este y otros acontecimientos en la lucha por la
liberación de los negros.
R.
En Chicago en aquellos años, nuestro movimiento ayudó a organizar eventos para
que luchadores de Monroe pudieran relatar su historia. Fue parte de la campaña
de defensa no solo para Robert Williams, quien en esos momentos ya estaba
exiliado en Cuba, sino para los otros que enfrentaban cargos fabricados.
Organizamos eventos en recintos universitarios y otros mítines públicos.
En el otoño de 1962 ayudé
a organizar una visita a Chicago de William Worthy, un periodista del Afro-American
de Baltimore y conocido promotor de la lucha por los derechos de los negros. El
gobierno norteamericano le había quitado el pasaporte por desafiar la prohibición
de Washington de viajar a China, y después una corte lo había condenado a la cárcel
por ir a Cuba sin pasaporte. Worthy habló en varias ciudades para divulgar su
caso.
Asimismo, colaboramos con
jóvenes partidarios de Worthy para organizar una manifestación en Washington
frente a una ceremonia donde la Liga Anti-Difamatoria de B’nai Brith, la ADL,
le estaba otorgando un premio al fiscal general Robert F. Kennedy en nombre de
las libertades civiles. Miembros de la AJS ayudaron a organizar la línea de
piquetes mientras una delegación de estudiantes se reunió con funcionarios de
la ADL. Esto fue al inicio de un proceso de lo que condujo, a escala de masas, a
la creación de las Uniones de Estudiantes Negros en recintos universitarios por
todo el país. Era una época cuando aún no existían facultades de estudios
afroamericanos.
Autodefensa de comunidad negra
En la primavera de 1963
viajé a Atlanta para asistir a un encuentro del Comité Coordinador No Violento
—el SNCC— como parte de una delegación de jóvenes socialistas de Chicago. En esa época, la escena de dos muchachos blancos y una muchacha negra cruzando el Sur en auto hizo volver muchas cabezas; ¡tanto que a veces pensaba que a algunos se les iba a romper el cuello!
A principios de 1965 visité McComb, Mississippi, escenario de algunos de
los ataques dinamiteros más fuertes del Ku Klux Klan contra el movimiento de
derechos civiles. Hablé con jóvenes luchadores por los derechos de los negros,
quienes relataron cómo organizaban guardias nocturnas en por lo menos un pórtico
de cada cuadra de la comunidad negra para impedir que pasara el KKK. Este
ejemplo de autodefensa armada no se difundió mucho en los medios noticiosos,
pero yo lo cubrí para el Militant.
En Montgomery, Alabama,
visité a E.D. Nixon, un dirigente experimentado de la NAACP y de un local de la
Hermandad de Acomodadores de Coches Cama, quien había sido uno de los
principales iniciadores del boicot de autobuses en esa ciudad en 1955 y 1956.
Los trabajadores y jóvenes negros boicotearon los autobuses debido a la política
segregacionista que forzaba a los negros a ceder los asientos del bus a los
blancos. En los años posteriores a esa batalla exitosa, el movimiento de
derechos civiles llegó a convertirse en una lucha masiva que derrocó al
sistema legal de segregación racial en el Sur, conocido como Jim Crow.
Me reuní con E.D. Nixon en la sala de su casa, en momentos cuando esta
lucha continuaba. Explicó cómo él y otros dirigentes obreros del boicot de
buses habían persuadido a un nuevo pastor en la ciudad, el joven Reverendo
Martin Luther King, a que se pusiera a la cabeza del movimiento. Necesitaban a
un religioso que fuese muy competente en esta lucha, y los más viejos y
establecidos, dijo, estaban bajo mucha presión. Muchas de las versiones de los
medios de difusión dan la impresión que Rosa Parks —quien
se había negado a ceder su asiento en un autobús de Montgomery y había sido
arrestada— actuó simplemente como individuo. Pero ella había sido secretaria de E.D. Nixon, y su acción se dio en el contexto de una lucha más amplia.
E.D. Nixon fue un
destacado ejemplo de la base proletaria del movimiento pro derechos civiles en
el Sur y de la capacidad de sus dirigentes.
Al hablar con Farrell Dobbs y otros dirigentes del Partido Socialista de
los Trabajadores me había enterado que miembros del PST habían hecho gestiones
en sus sindicatos para que se donaran carros en respuesta a una solicitud del
movimiento del boicot en Montgomery. Farrell había conducido el primero de
muchos carros a Montgomery, había colaborado con Nixon y se había pronunciado
en apoyo al boicot como candidato presidencial del partido en 1956.
P. ¿Podrías
hablarnos de tu participación en las protestas contra los “Willis wagons”
en Chicago?
R.
En 1963-64 hubo protestas contra la junta escolar en respuesta al uso de
edificios temporales, tipo caravana, para suplementar las atestadas escuelas públicas
de Chicago. A esos edificios los denominaron los Willis
wagons [los vagones de Willis]. Willis era el superintendente de las
escuelas.
El Militant informó que 225 mil
personas participaron en un boicot escolar en Chicago, que desde luego apoyamos.
Fue el mayor boicot escolar hasta ese momento, aunque pronto sería superado por
una protesta en Nueva York.
Recuerdo que me sumé a
una protesta en uno de los lugares donde se usaban los “vagones de Willis”,
y participé en una manifestación de 75 mil personas que colmó el Soldier
Field, el estadio de los Osos de Chicago. Era la manifestación más grande a la
que había asistido. Se había convocado en solidaridad con la lucha contra Jim
Crow en el Sur, pero muchos de los que llegaron de las grandes comunidades
negras en el sur y el oeste de Chicago también tenían en mente los vagones de
Willis y la segregación racial que existía en las viviendas, las escuelas y el
empleo en Chicago.
P.
Mencionaste que habías visto a Malcolm X en el programa de televisión de Irv
Kupcinet en 1962. ¿Hubo otras ocasiones en que conociste o escuchaste a
Malcolm?
R.
Tuve un breve encuentro con él cuando estaba vendiendo el Militant en la ópera de Chicago,
donde Malcolm iba a participar en un debate. No teníamos boletos de entrada, así
que estábamos en el foyer. Malcolm, acompañado de Kupcinet, entró al edificio
cerca de donde dos de nosotros estábamos vendiendo el Militant.
Malcolm nos saludó y le dijo a Kup, “Es un buen periódico. Deberías
comprarlo”. Lo que recuerdo es que sí lo compró.
En noviembre de 1963 asistí al gran mitin público en Detroit donde habló
Malcolm durante el fin de semana de la Conferencia Directiva de las Masas. El
discurso que dio llegó a conocerse como “El mensaje a las masas”; se
publica en Habla Malcolm X
La respuesta del público al discurso de Malcolm me impactó mucho. Había
unas 700 u 800 personas presentes, mayormente trabajadores, en su gran mayoría
negros. Al ver a ese número de trabajadores que aclamaban a Malcolm y a la
presentación firme de sus ideas revolucionarias —su apoyo a la revolución cubana, a la revolución china, a la revolución
colonial, y su oposición revolucionaria a los gobernantes de este país—
me convencí totalmente del potencial revolucionario de la clase trabajadora. Ya
estaba convencido intelectualmente, por leer acerca de lo que habían logrado
los trabajadores y campesinos cubanos. Pero esta experiencia me afectó más
profunda que la simple lectura.
P.
Apareces en la boleta electoral del 7 de octubre como “empacador de carne
jubilado”. Al leer los materiales de tu campaña es evidente que has militado
en el movimiento obrero por mucho años. ¿Cuáles han sido tus actividades en
los sindicatos?
R.
Para el voto de destitución, se les permitió a los candidatos tres palabras
para identificar su profesión o vocación. “Obrero de la carne jubilado”
fue mi segunda preferencia, dadas las reglas “no partidistas” del código
electoral. Yo había escogido “Un trabajador socialista”, pero las
autoridades electorales no lo permitieron, entre otras razones porque se parece
al nombre de un partid de mi partido. Entonces escogí “obrero de la carne
jubilado”.
Cabe notar el interés que esto ha provocado entre los medios noticiosos.
Hay mucho interés entre los reporteros en conocer mis opiniones como obrero de
la carne jubilado.
En los últimos años participé en una lucha por los miembros del
sindicato de la industria alimenticia UFCW en la American Meatpacking
Corporation en Chicago, donde yo trabajaba, contra el cierre ilegal de la planta
en 2001. Fui uno de los demandantes en un pleito judicial colectivo que
entablamos contra la AMPAC. Un juez denegó nuestra demanda, pero hicimos
impacto al denunciar a la compañía por lo que había hecho.
Anteriormente fui obrero
petrolero en dos refinerías en el sur de California por más de 10 años,
siendo miembro activo del sindicato petroquímico OCAW.
Solidaridad sindical
En los años 80 y a
principios de los 90 colaboré con otros miembros de mi sindicato para organizar
actividades públicas de solidaridad con la lucha por la liberación de Sudáfrica.
Esa lucha, dirigida por el Congreso Nacional Africano, llevó al fin del régimen
racista del apartheid.
También colaboré con
otros miembros de mis locales para promover actividades en contra de la
intervención militar norteamericana en Centroamérica. En varias ocasiones,
grupos de obreros fueron en autobuses auspiciados por nuestro local a
manifestaciones de protesta en Los Angeles o en el Area de la Bahía de San
Francisco.
Cuando me postulé para alcalde de Los Angeles como candidato del Partido
Socialista de los Trabajadores en 1989, tuvimos un muy exitoso foro de la campaña
en la sede de mi sindicato. El que dio la bienvenida al foro fue uno de mis
compañeros de trabajo en la refinería de la Chevron y delegado electo de la
unidad del OCAW en Chevron.
Como miembro activo de mi
local, fui a Austin, Minnesota, para impulsar la solidaridad con los obreros de
la carne de la empresa Hormel, durante la huelga en 1985-86 por parte del Local
P-9 del UFCW. Después de haber visitado su línea de piquetes, ayudé en varias
ocasiones a organizar una presentación de luchadores del Local P-9 ante mi
sindicato.
También trabajé con otros miembros del OCAW para participar en
actividades de apoyo a las huelgas de 1989-91 del sindicato mecanometalúrgico
IAM contra la aerolínea Eastern y del sindicato minero UMW contra la empresa
Pittston Coal. Durante un tiempo se realizaron movilizaciones de sindicalistas
cada dos semanas en el Aeropuerto Internacional de Los Angeles. Miembros de mi
local vendieron 300 camisetas en la refinería de Chevron, promoviendo la
solidaridad entre el OCAW y el sindicato minero.
P.
Regresando a nuestro punto de partida, el demócrata Cruz Bustamante y el
republicano Arnold Schwarzenegger están tratando de distanciarse de lo que
llaman sus “locuras de la juventud”. Al defenderse, Bustamante ha dicho que
sus amigos universitarios que habían sido activistas estudiantiles ahora son
profesionales “ortodoxos” y que les va muy bien. ¿Y en tu caso?
R.
Recuerdo que en octubre de 1968, cuando derechistas cubanoamericanos detonaron
una bomba en la sede del Partido Socialista de los Trabajadores en Los Angeles,
inmediatamente organizamos una conferencia de prensa. Le dijimos a la prensa que
no íbamos a dejarnos intimidar. Dijimos que no íbamos a replegarnos de nuestra
defensa de la Revolución Cubana. No íbamos a retroceder de nuestra decisión
de emular el ejemplo de los revolucionarios cubanos al forjar un movimiento que
pudiera dirigir una revolución de trabajadores y agricultores en Estados Unidos.
Hoy día yo mantengo esas
ideas comunistas. Y me siento orgulloso de las actividades revolucionarias en
las cuales participé de joven que sigo llevando a cabo.
Muchas de las personas
que fueron mis compañeros de armas en aquellos años siguen siéndolo.
Construimos un movimiento, una organización. Mi partido, el Partido Socialista
de los Trabajadores, tiene una continuidad que se remonta a la Revolución Rusa
de octubre de 1917 y a la fundación del movimiento comunista moderno en 1847.
Hemos mantenido en existencia un arsenal de libros que contienen las lecciones
políticas de este movimiento y que siguen tan vigentes hoy como cuando se
publicaron por primera vez.
A diferencia de los demás
candidatos en las elecciones para gobernador de California, mis camaradas no son
profesionales. Son revolucionarios profesionales. Y de esto me siento orgulloso.
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