Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

en este numero

PORTADA

Gobierno EE.UU. impulsa campaña en contra de Irán (Editorial)

Juez de inmigración: Calero ‘no es deportable’

¡Luchar para vencer! (Editorial)

Obreros de la carne en huelga contra Tyson dan ejemplo de resistencia

Mitin en Miami responde a ataques contra Revolución Cubana

Nuevo gobierno en Argentina se dice ‘del pueblo’, defiende a patrones

Cómo el Frente Popular en España hizo posible la victoria fascista

ESTADOS UNIDOS

Europa, EE.UU: Al vencedor el botín

Policías de la migra en Houston hallados culpables por muerte de Serafín Olvera

EUROPA

Se cierne amenaza de deflación

FRANCIA

Trabajadores resisten ataques de Chirac a pensiones de jubilación

MEDIO ORIENTE

Ofensiva israelí contra Hamas

La revolución iraní: cómo el pueblo trabajador tumbó al sha en 1979

PERU

Huelga de maestros exige aumentos salariales, fin de estado de emergencia

PUERTO RICO

‘La independencia de Puerto Rico beneficia a gran mayoría en EE.UU.’

EDITORIAL PATHFINDER

Triunfa Local 574 en batalla sindical: Decimotercer capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’ de Pathfinder


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
julio-agosto de 2003 Vol. 27 No. 7

Editorial

Washington amenaza a Irán
Alega que Teherán desarrolla armas nucleares, exige que desarticule Hezbolá

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Perspectiva Mundial
Universitarios en Teherán se manifiestan el 16 de junio. En junio se realizaron varias protestas estudiantiles contra planes de privatizar algunas escuelas y a favor de mayores libertades democráticas.

Los gobernantes de Estados Unidos, habiendo logrado sus objetivos inmediatos en Iraq a través de la invasión y actual ocupación militar de ese país, ahora están continuando esta trayectoria política al acelerar su campaña bélica contra Iraq. Por diversos medios, se proponen provocar el derrocamiento del actual gobierno en Teherán y reforzar la dominación norteamericana en el Medio Oriente, a expensas de sus rivales imperialistas en Europa y Japón.

Al perseguir ese fin, Washington logró derrocar al régimen del partido baazista en Iraq pagando un mínimo precio político a corto plazo. La Casa Blanca dejó en el polvo las objeciones de los críticos demócratas liberales que, desde el punto de vista de compartir los mismos objetivos estratégicos, habían ofrecido consejos tácticos sobre cómo llevar a cabo mejor la campaña imperialista contra Bagdad. A pesar de los gemidos de los liberales sobre un “atolladero”, las fuerzas armadas norteamericanas realizaron con suma rapidez una invasión y ocupación de Iraq con pocas bajas estadounidenses.

Washington escogió un blanco fácil. El régimen capitalista en Bagdad, que ya estaba podrido por dentro, simplemente se desmoronó. El régimen se había basado en viejos equipos militares soviéticos y una organización militar burocrática que había desmoralizado a las filas del ejército. Los éxitos militares del Pentágono han elevado la moral del cuerpo de oficiales militares en Estados Unidos, que ya no está afectado por el “Síndrome de Vietnam”. Demostraron que el imperialismo norteamericano ha logrado perfeccionar sus fuerzas armadas, al aumentar la eficacia de su tecnología militar y aprovechar las ventajas políticas de un ejército de voluntarios.

Hoy día, las fuerzas demócratas liberales, al maniobrar para aventajar a la administración de Bush como parte de la campaña presidencial de 2004, ofrecen advertencias sombrías y expresan sus hipócritas “inquietudes” sobre las realidades brutales de una ocupación militar imperialista, así como el hecho que no se han hallado armamentos químicos o biológicos, como si el descubrimiento de dichas pruebas justificara la guerra de saqueo de Washington. Pero la ausencia o presencia de “armas de destrucción masiva” no ha obstaculizado ni obstaculizará al gobierno norteamericano, el cual simplemente usó ese argumento como una de las diversas razones para justificar su ataque. “Cambio de régimen”, uno de los principales argumentos de Bush para tomar control de Iraq, recibió el apoyo de la mayoría de los críticos burgueses del presidente.

La campaña contra Irán dirigida por Washington es una continuación del mismo curso, pero toma un camino diferente de su ataque contra Iraq. Los gobernantes norteamericanos se han propuesto derrocar al gobierno iraní desde 1979. Ese año, los trabajadores y campesinos de Irán llevaron a cabo una revolución que tumbó a la monarquía apoyada por Washington y cambiaron la correlación de fuerzas en el Medio Oriente en detrimento del imperialismo. El actual régimen de Teherán es capitalista y no representa los intereses de los trabajadores. Sin embargo, la confianza política, las expectativas y las luchas del pueblo trabajador Iraní son un obstáculo para el imperialismo norteamericano.

Washington no está preparando una invasión de Irán, ya que cobraría un precio político que no está dispuesto a pagar por ahora. En cambio, está persiguiendo otras medidas para desplazar al régimen actual -al cual no considera suficientemente confiable para defender los intereses imperialistas en la región- y reemplazarlo con un régimen que cumpla su función. El gobierno norteamericano está presionando a Teherán para extraer concesiones, y hasta ahora ha obtenido resultados. Está exigiendo que Irán detenga su programa nuclear y desarticule al grupo Hezbolá, que está basado en Líbano. Washington está amenazando con imponer “inspecciones” de armas nucleares, sanciones económicas e incursiones fronterizas de los guerrilleros Mujahedín basados en Iraq, y en caso que falle esto, el posible bombardeo de plantas nucleares iraníes.

Washington reportó logros en la reciente cumbre del Grupo de 8. Con acuerdo unánime estos gobiernos, incluidos París y Berlín, emitieron una resolución que condena a Irán y Corea del norte por tratar de desarrollar armas nucleares, y amenaza con imponerles medidas punitivas. Si acusan a Irán de violar los acuerdos de no proliferación dictados por los imperialistas -que permiten que las principales potencias imperialistas tengan armas nucleares pero no la mayoría de los países semicoloniales- entonces el caso sería llevado automáticamente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el cual podría aprobar medidas agresivas adicionales. Se puede anticipar que el gobierno norteamericano consiga la aprobación de resoluciones como ésta en el Consejo de Seguridad de la ONU, que servirán de fachada para continuar la campaña bélica imperialista. Por su debilidad relativa respecto a Washington, estas potencias aceptarán la campaña encabezada por el gobierno norteamericano a fin de tener acceso a por lo menos una parte del botín.

La invasión y ocupación de Iraq representa un golpe contra los trabajadores y agricultores del mundo, que no podrán revertir mañana. Para trazar un curso contra el imperialismo y sus guerras, el pueblo trabajador necesita entender las causas de la campaña bélica imperialista y las tendencias a largo plazo de la política mundial.

El ataque a Iraq y la campaña guerrerista contra Irán, Corea del norte y otros países no son el resultado de las intenciones personales de un determinado presidente norteamericano, ni de factores coyunturales. Las acciones presentes de Washington se enmarcan en una trayectoria bipartidista que comenzó mucho antes de que la administración Bush ocupara la Casa Blanca. La guerra contra Iraq no la realizó una administración “fascista” sino el imperialismo “democrático”. El guerrerismo imperialista está impulsado por la decaída económica del sistema capitalista, el cual ha estado marcado por una caída de las tasas de ganancia industrial durante los últimos 30 años, fenómeno que no puede ser revertido con cambios menores de política.

Es igualmente importante entender, por otro lado, que las tendencias a largo plazo en la lucha de clases mundial favorecen al pueblo trabajador. Los trabajadores del mundo están en una situación históricamente más fuerte que nunca: producto del crecimiento y concentración de la clase trabajadora a medida que la población se traslada del campo a los centros urbanos, la constante integración de la mujer a la fuerza de trabajo, la internacionalización de nuestra clase, y el creciente peso de las nacionalidades oprimidas en el liderazgo de la clase trabajadora. Estos cambios están produciendo tendencias importantes, como la secularización de la sociedad y sus consecuencias positivas para la liberación de la mujer y las posibilidades de forjar un liderazgo proletario.

Ante los acontecimientos mundiales, las fuerzas liberales y radicales en Estados Unidos se están dirigiendo con más ahínco hacia “el menor de los males”: elegir a demócratas en 2004 para “derrotar a Bush.” Lo que necesitan los luchadores obreros hoy es incorporarse a la construcción de un partido comunista de trabajadores que participa en las luchas del pueblo trabajador, que explica sistemáticamente estos hechos, y que traza un curso político independiente de los partidos de los patrones, los demócratas y republicanos. Una trayectoria hacia la construcción de un movimiento revolucionario capaz de dirigir a los trabajadores y agricultores a quitarle el poder político a la clase guerrerista y tomar el poder en sus propias manos.


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