
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR julio-agosto de 2003 Vol. 27 No. 7
Editorial
Washington amenaza a Irán
Alega que Teherán desarrolla armas nucleares, exige que desarticule Hezbolá
 | | Perspectiva Mundial |
Universitarios en Teherán se manifiestan el 16 de junio. En
junio se realizaron varias protestas estudiantiles contra planes de privatizar
algunas escuelas y a favor de mayores libertades democráticas.
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Los gobernantes de Estados Unidos, habiendo logrado sus
objetivos inmediatos en Iraq a través de la invasión y actual ocupación
militar de ese país, ahora están continuando esta trayectoria política al
acelerar su campaña bélica contra Iraq. Por diversos medios, se proponen
provocar el derrocamiento del actual gobierno en Teherán y reforzar la
dominación norteamericana en el Medio Oriente, a expensas de sus rivales
imperialistas en Europa y Japón.
Al perseguir ese fin, Washington logró derrocar al régimen
del partido baazista en Iraq pagando un mínimo precio político a corto plazo.
La Casa Blanca dejó en el polvo las objeciones de los críticos demócratas
liberales que, desde el punto de vista de compartir los mismos objetivos
estratégicos, habían ofrecido consejos tácticos sobre cómo llevar a cabo
mejor la campaña imperialista contra Bagdad. A pesar de los gemidos de los
liberales sobre un “atolladero”, las fuerzas armadas norteamericanas
realizaron con suma rapidez una invasión y ocupación de Iraq con pocas bajas
estadounidenses.
Washington escogió un blanco fácil. El régimen capitalista
en Bagdad, que ya estaba podrido por dentro, simplemente se desmoronó. El
régimen se había basado en viejos equipos militares soviéticos y una
organización militar burocrática que había desmoralizado a las filas del
ejército. Los éxitos militares del Pentágono han elevado la moral del cuerpo
de oficiales militares en Estados Unidos, que ya no está afectado por el “Síndrome
de Vietnam”. Demostraron que el imperialismo norteamericano ha logrado
perfeccionar sus fuerzas armadas, al aumentar la eficacia de su tecnología
militar y aprovechar las ventajas políticas de un ejército de voluntarios.
Hoy día, las fuerzas demócratas liberales, al maniobrar
para aventajar a la administración de Bush como parte de la campaña
presidencial de 2004, ofrecen advertencias sombrías y expresan sus hipócritas
“inquietudes” sobre las realidades brutales de una ocupación militar
imperialista, así como el hecho que no se han hallado armamentos químicos o
biológicos, como si el descubrimiento de dichas pruebas justificara la guerra
de saqueo de Washington. Pero la ausencia o presencia de “armas de
destrucción masiva” no ha obstaculizado ni obstaculizará al gobierno
norteamericano, el cual simplemente usó ese argumento como una de las diversas
razones para justificar su ataque. “Cambio de régimen”, uno de los
principales argumentos de Bush para tomar control de Iraq, recibió el apoyo de
la mayoría de los críticos burgueses del presidente.
La campaña contra Irán dirigida por Washington es una
continuación del mismo curso, pero toma un camino diferente de su ataque contra
Iraq. Los gobernantes norteamericanos se han propuesto derrocar al gobierno
iraní desde 1979. Ese año, los trabajadores y campesinos de Irán llevaron a
cabo una revolución que tumbó a la monarquía apoyada por Washington y
cambiaron la correlación de fuerzas en el Medio Oriente en detrimento del
imperialismo. El actual régimen de Teherán es capitalista y no representa los
intereses de los trabajadores. Sin embargo, la confianza política, las
expectativas y las luchas del pueblo trabajador Iraní son un obstáculo para el
imperialismo norteamericano.
Washington no está preparando una invasión de Irán, ya que
cobraría un precio político que no está dispuesto a pagar por ahora. En
cambio, está persiguiendo otras medidas para desplazar al régimen actual -al
cual no considera suficientemente confiable para defender los intereses
imperialistas en la región- y reemplazarlo con un régimen que cumpla su
función. El gobierno norteamericano está presionando a Teherán para extraer
concesiones, y hasta ahora ha obtenido resultados. Está exigiendo que Irán
detenga su programa nuclear y desarticule al grupo Hezbolá, que está basado en
Líbano. Washington está amenazando con imponer “inspecciones” de armas
nucleares, sanciones económicas e incursiones fronterizas de los guerrilleros
Mujahedín basados en Iraq, y en caso que falle esto, el posible bombardeo de
plantas nucleares iraníes.
Washington reportó logros en la reciente cumbre del Grupo de
8. Con acuerdo unánime estos gobiernos, incluidos París y Berlín, emitieron
una resolución que condena a Irán y Corea del norte por tratar de desarrollar
armas nucleares, y amenaza con imponerles medidas punitivas. Si acusan a Irán
de violar los acuerdos de no proliferación dictados por los imperialistas -que
permiten que las principales potencias imperialistas tengan armas nucleares pero
no la mayoría de los países semicoloniales- entonces el caso sería llevado
automáticamente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el cual podría
aprobar medidas agresivas adicionales. Se puede anticipar que el gobierno
norteamericano consiga la aprobación de resoluciones como ésta en el Consejo
de Seguridad de la ONU, que servirán de fachada para continuar la campaña
bélica imperialista. Por su debilidad relativa respecto a Washington, estas
potencias aceptarán la campaña encabezada por el gobierno norteamericano a fin
de tener acceso a por lo menos una parte del botín.
La invasión y ocupación de Iraq representa un golpe contra
los trabajadores y agricultores del mundo, que no podrán revertir mañana. Para
trazar un curso contra el imperialismo y sus guerras, el pueblo trabajador
necesita entender las causas de la campaña bélica imperialista y las
tendencias a largo plazo de la política mundial.
El ataque a Iraq y la campaña guerrerista contra Irán,
Corea del norte y otros países no son el resultado de las intenciones
personales de un determinado presidente norteamericano, ni de factores
coyunturales. Las acciones presentes de Washington se enmarcan en una
trayectoria bipartidista que comenzó mucho antes de que la administración Bush
ocupara la Casa Blanca. La guerra contra Iraq no la realizó una administración
“fascista” sino el imperialismo “democrático”. El guerrerismo
imperialista está impulsado por la decaída económica del sistema capitalista,
el cual ha estado marcado por una caída de las tasas de ganancia industrial
durante los últimos 30 años, fenómeno que no puede ser revertido con cambios
menores de política.
Es igualmente importante entender, por otro lado, que las
tendencias a largo plazo en la lucha de clases mundial favorecen al pueblo
trabajador. Los trabajadores del mundo están en una situación históricamente
más fuerte que nunca: producto del crecimiento y concentración de la clase
trabajadora a medida que la población se traslada del campo a los centros
urbanos, la constante integración de la mujer a la fuerza de trabajo, la
internacionalización de nuestra clase, y el creciente peso de las
nacionalidades oprimidas en el liderazgo de la clase trabajadora. Estos cambios
están produciendo tendencias importantes, como la secularización de la
sociedad y sus consecuencias positivas para la liberación de la mujer y las
posibilidades de forjar un liderazgo proletario.
Ante los acontecimientos mundiales, las fuerzas liberales y
radicales en Estados Unidos se están dirigiendo con más ahínco hacia “el
menor de los males”: elegir a demócratas en 2004 para “derrotar a Bush.”
Lo que necesitan los luchadores obreros hoy es incorporarse a la construcción
de un partido comunista de trabajadores que participa en las luchas del pueblo
trabajador, que explica sistemáticamente estos hechos, y que traza un curso
político independiente de los partidos de los patrones, los demócratas y
republicanos. Una trayectoria hacia la construcción de un movimiento
revolucionario capaz de dirigir a los trabajadores y agricultores a quitarle el
poder político a la clase guerrerista y tomar el poder en sus propias manos.
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