
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR julio-agosto de 2003 Vol. 27 No. 7
Europa
Se cierne amenaza de deflación
Descenso económico en Alemania arrastra a otros países europeos
Por Mike Italie
La noticia de que las economías de Holanda, Alemania e
Italia sufrieron una contracción en el primer trimestre del año provocó
advertencias de que una crisis deflacionaria podría extenderse a toda Europa
capitalista. Por otro lado, Washington dio su aprobación a que continúe la
baja del dólar frente al euro, dando a los capitalistas norteamericanos mayor
ventaja en la competencia por mercados con sus rivales en Europa.
En Estados Unidos también se están evidenciando las
presiones deflacionarias . “Los precios mayoristas se desplomaron en abril al
ritmo más alto en más de 50 años, mientras que una cuarta parte de la
industria en Estados Unidos está ociosa”, informó el diario londinense Financial
Times el
16 de mayo. El Departamento del Trabajo norteamericano dijo que el índice de
precios de productores cayó en un 1.9 por ciento, la caída más drástica
desde por lo menos 1947.
El fenómeno de la deflación es una caída generalizada de
los precios que por lo general va acompañada de un colapso de crédito, una
crisis de “sobreprodución” y un fuerte aumento del desempleo. Es producto
de la tendencia a largo plazo del declive de las tasas de ganancias
capitalistas, la cual atiza la competencia de precios entre rivales capitalistas
y presiona enormemente la expansión de la producción y las inversiones que
aumentan la capacidad productiva.
Debido a la acelerada crisis de la caída de las tasas de
ganancias por casi tres décadas, los capitalistas en Estados Unidos y otros
países imperialistas han estado impulsando reducciones de gastos. En vez de
expandir su capacidad productiva, han venido “redimensionando”, ya que no
pueden garantizarse ganancias competitivas al invertir en equipos y plantas
destinados a aumentar esta capacidad.
A nivel mundial se está intensificando la competencia de
precios entre los capitalistas, conforme éstos compiten por mercados limitados.
Por consiguiente, hay una tendencia hacia la deflación y la caída de los
precios de muchos productos. Los capitalistas temen un colapso deflacionario
como el que marcó los primeros años de la Gran Depresión de los años 30.
Si bien ninguna figura burguesa importante está
pronosticando hoy día esta espiral deflacionaria, muchos de sus representantes
están proponiendo medidas pragmáticas para evitar la crisis deflacionaria que
Japón ha enfrentado durante la última década.
Ante el actual estado de la economía alemana, la “comisión
sobre deflación” del Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó en su
informe del 18 de mayo un alto riesgo de deflación en Alemania en los próximos
meses. La producción alemana se encogió en un 0.2 por ciento en el primer
trimestre de 2003 (la de Italia en un 0.1 por ciento y la holandesa en un 0.3
por ciento), siendo el segundo trimestre consecutivo de contracción económica.
Además, el producto interno bruto de Alemania creció apenas en un 0.2 por
ciento en 2002. El FMI afirmó que la “probabilidad de una leve deflación”
en Alemania en los años que vienen es “considerable”.
La economía alemana es 50 por ciento más grande que la de
Francia y Gran Bretaña, así que los cambios en Alemania se sienten en toda
Europa. La oficina de estadísticas de la Unión Europea informó que la
producción industrial en los 12 países de la “eurozona” cayó en un 1.2
por ciento en marzo, provocando un debate sobre el alcance de la crisis y cómo
evitarla.
En los medios capitalistas algunos argumentan ahora que el
remedio consiste en aumentar la inflación, instando a los gobiernos y bancos a
que emitan diversas formas de papel moneda, hasta que sobrepase la producción
de mercancía que puede se puede comprar con esa cantidad de dinero. Es una
muestra concreta de que la deflación y la inflación no son fenómenos
mutuamente exclusivos. Bajo condiciones de depresión, los trabajadores pueden
sufrir un desastroso colapso de fuentes de trabajo productivo, acompañado poco
después por una terrible explosión de precios.
Ante estas presiones, está aumentando la competencia entre
las principales potencias imperialistas, sobre todo entreWashington, París y
Berlín.
En mayo, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, John
Snow, indicó que Washington seguía alejándose de la política del “dólar
fuerte” de la administración Clinton. Comentó que la caída del valor del
dólar frente al euro en casi un 40 por ciento desde 2000 representaba “un
realineamiento bastante modesto de las monedas”.
Sin embargo, el Financial Times del 18 de mayo
señaló que la devaluación del dólar “tendrá consecuencias más graves
para las relaciones trasatlánticas que todas las demás maniobras
diplomáticas, los discursos y los artículos sinceros sobre el tema”. La
fuerte reducción del costo de las exportaciones de Estados Unidos respecto a
las mercancías europeas ha azotado a la industria alemana. Volkswagen, el mayor
fabricante de autos de Europa, informó que en el primer trimestre del año, el
alza del euro redujo sus ganancias en 460 millones de dólares, o sea, en un 67
por ciento.
Los fabricantes estadounidenses también pueden aprovechar el
aumento del costo de las importaciones europeas para mantener los precios altos
en el mercado interno. Es una ventaja que necesitan las “Tres Grandes”
compañías automotrices, ya que 4 millones de autos y camiones que no se han
podido vender se encuentran acumulados en las plantas de ensamblaje y los lotes
de venta.
La sobreproducción de autos y de otras mercancías está
aumentando la presión deflacionaria en Europa, Japón y Estados Unidos. La
revista Business
Week
del 2 de junio destacó “la falta mundial de demanda” que deja a los
fabricantes “inundados de capacidad”. El 15 de mayo la Junta de la Reserva
Federal informó que en abril solo se estaba usando un 75 por ciento de la
capacidad industrial de Estados Unidos, el nivel más bajo desde 1983.
La creciente competencia por mercados entre los capitalistas
en Europa y Estados Unidos está aumentando la posibilidad de guerras
comerciales. Es probable que Washington, París o Berlin adopten nuevas medidas
proteccionistas para salvaguardar sus intereses. La Unión Europea está
amenazando con imponer 4 mil millones de dólares en aranceles a los productos
importados de Estados Unidos si el Congreso de ese país no revoca una exención
de impuestos a los exportadores estadounidenses.
Asimismo, la administración Bush está impugnando una
prohibición impuesta por la UE sobre importaciones de maiz, soya y otros
productos modificados genéticamente provenientes de Estados Unidos. Philip
Condit, presidente del gigante aeroespacial Boeing, lamentó que las
conversaciones en la Organización Mundial del Comercio que podrían abrir
mercados para los intereses estadounidenses “están perdiendo impulso”
debido a las tensiones comerciales.
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