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UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
julio-agosto de 2003 Vol. 27 No. 7

Especial

Cómo el Frente Popular facilitó la victoria fascista en España

Por León Trotsky

A continuación publicamos extractos de “Lecciones de España: Ultima advertencia”, un artículo de León Trotsky de diciembre de 1937. Trotsky fue uno de los dirigentes del Partido Bolchevique, que condujo a los trabajadores y campesinos al poder en la Revolución Rusa de octubre de 1917.

El dictador de España Miguel Primo de Rivera renunció en enero de 1930 y el rey Alfonso XII nombró un gobierno interino. En abril de 1931, una coalición de partidos republicanos y socialistas ganaron las elecciones municipales por todo el país y Alfonso se exilió. El mes siguiente hubo choques entre monarquistas y trabajadores en Madrid. Había comenzado la revolución española.

En una época en que los fascistas habían triunfado en Alemania y se acercaba la guerra en Europa, los trabajadores y campesinos en España lanzaron una serie de batallas que desafiaron el poder de los latifundistas y la burguesía. Cuando los levantamientos obreros de Cataluña se extendieron al resto del país, los gobernantes de España recurrieron al general fascista Francisco Franco. Este lanzó una guerra contra el gobierno republicano en 1936.

En junio de 1931 los partidos republicanos habían obtenido una abrumadora mayoría en las elecciones a la asamblea constituyente, las Cortes. Durante los cinco años siguientes, las fuerzas predominantes del movimiento obrero -los socialdemócratas, estalinistas, anarcosindialistas y centristas- estrecharon una alianza con los representantes de la burguesía liberal. El Frente Popular -una coalición entre los partidos burgueses liberales y los partidos Socialista y Comunista, con apoyo de los anarquistas y los centristas del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM)- ganó las elecciones de 1936 y formó el gobierno nacional.

La política colaboracionista de clases del régimen frentepopulista fue promovida por el régimen de José Stalin en la Unión Soviética. Tras la muerte de V.I. Lenin y la derrota de los bolcheviques que buscan continuar la perspectiva revolucionaria de Lenin, Stalin llegó a ser el principal representante de una casta burocrática que dirigió una contrarrevolución política, llevando a la degeneración del Partido Comunista de la Unión Soviética, de la Internacional Comunista y de la Revolución Rusa. Al tiempo que colaboraban con la burguesía liberal, el Partido Comunista Español recurrió a métodos matones -arrestando y asesinando a anarquistas, miembros del POUM y otros integrantes del movimiento obrero. Sus acciones contrarrevolucionarias fueron reforzadas por el hecho que los anarquistas y centristas rehusaron dirigir a las masas de trabajadores y campesino en ascenso hacia la formación de un gobierno del pueblo trabajador.

Al subordinar los intereses de los trabajadores y campesinos a los partidos capitalistas liberales, el Frente Popular llevó la revolución española a la derrota, permitiendo el triunfo de las fuerzas fascistas de Franco.

Trotsky fue el principal dirigente de la lucha internacional para continuar la trayectoria de Lenin frente a la contrarrevolución política en Rusia. Fue expulsado del PC soviético estalinizado y luego exiliado. Trotsky planteó una perspectiva que podría haber evitado la victoria fascista, que junto con los anteriores triunfos fascistas en Italia y Alemania allanaron el camino para la segunda matanza interimperialista mundial.

La traducción del inglés es de Perspectiva Mundial. El original en inglés aparece en The Spanish Revolution, 1931-39 (La revolución española, 1931-39), de la editorial Pathfinder. Copyright ©1973 por Pathfinder Press. Se publica con autorización.

Todos los estados mayores están estudiando minuciosamente las operaciones militares en Etiopía, en España, en Extremo Oriente, al prepararse para la futura gran guerra. Las batallas del proletariado español, destellos precursores de la futura revolución internacional, deben ser estudiadas con el mismo empeño por los estados mayores revolucionarios. Así, y solo así, no nos tomarán por sorpresa los acontecimientos que se avecinan.

En el campo llamado republicano se enfrentaron con fuerza desigual tres ideologías: el menchevismo, el bolchevismo y el anarquismo. Los partidos republicanos burgueses no han tenido ideas ni importancia política independientes, manteniéndose gracias a los reformistas y anarquistas. Además, no sería exagerado decir que los dirigentes del anarcosindicalismo español han hecho lo posible por repudiar su propia doctrina y reducir prácticamente a nada su importancia. De hecho, en el campo republicano se enfrentaron dos doctrinas: el bolchevismo y el menchevismo.

Según los socialistas y los estalinistas, es decir, los mencheviques de la primera y segunda edición, a la revolución española le tocaba resolver solo tareas “democráticas”, y de ahí se desprendía la necesidad de hacer un frente único con la burguesía “democrática”. Desde este punto de vista, todo intento del proletariado por salirse de los límites de la democracia burguesa era no solo prematuro sino funesto. Además, para ellos no era la revolución lo que estaba a la orden del día, sino la lucha contra el rebelde Franco.

Sin embargo, el fascismo es la reacción burguesa y no feudal. Una lucha exitosa contra la reacción burguesa puede librarse únicamente con las fuerzas y los métodos de la revolución proletaria. El menchevismo, ramificación del pensamiento burgués, no tiene ni puede tener la menor idea de estos hechos.

.... Hasta las tareas puramente democráticas como la liquidación del latifundio semifeudal no pueden ser resueltas sin la conquista del poder por el proletariado, lo que a su vez pone la revolución socialista a la orden del día. Es más, desde las primeras etapas de la revolución, los propios trabajadores españoles plantearon en la práctica tareas no solo democráticas sin puramente socialistas.

Exigir el no traspasar los límites de la democracia burguesa implica, en la práctica, no una defensa de la revolución democrática sino renunciar a ella. Solo se podría haber hecho del campesinado, masa principal de la población, un poderoso baluarte contra el fascismo al derrocar las relaciones sociales en el campo. Pero los latifundistas están unidos por lazos indisolubles a la burguesía comercial, industrial y bancaria, así como a la intelectualidad burguesa que depende de ésta. Ante esa situación, el partido del proletariado se encontraba ante la necesidad de escoger: o con las masas campesinas o con la burguesía liberal.

El incluir a los campesinos y a la burguesía liberal en la misma coalición al mismo tiempo solo podía tener un objetivo: ayudar a la burguesía a engañar a los campesinos y aislar así a los trabajadores. La revolución agraria solo podía realizarse contra la burguesía, por consiguiente, solo a través de las medidas propias de la dictadura del proletariado. No existe ningún régimen intermedio.

‘Teoría’ del Frente Popular

Desde el punto de vista teórico, lo que más llama la atención en la política española de Stalin es el completo olvido del abc del leninismo. Con retraso de algunas décadas -¡y qué décadas!- la Comintern ha rehabilitado por completo la doctrina del menchevismo....

Sin embargo, sería ingenuo pensar que la política de de la Comintern en España surge de un “error” teórico. El estalinismo no se guía por la teoría del marxismo, ni por ninguna otra teoría, sino por los empíricos intereses de la burocracia soviética. En sus círculos íntimos, los cínicos soviéticos se burlan de la “filosofía” del Frente Popular a la Dimitrov.1 Pero para engañar a las masas disponen de numerosos cuadros propagadores de esa fórmula sagrada, sinceros y tramposos, ingenuos y charlatanes. Con su ignorancia y presunción, con su talante de razonador provinciano, congénitamente sordo a la revolución, Louis Fischer es el representante más repulsivo de esta cofradía tan poco atractiva. “¡La unión de las fuerzas progresistas!” “¡El triunfo de la idea del Frente Popular!” “¡El ataque de los trotskistas a la unidad de las filas antifascistas!”...

Los teóricos del Frente Popular en realidad no van más allá de la primera regla de aritmética, es decir, de la suma: “Comunistas” más anarquistas más liberales es una suma mayor que cada uno de los elementos que la componen. Sin embargo, en esta cuestión no basta la aritmética. Además se necesita, por lo menos, la mecánica. La ley del paralelogramo de fuerzas resulta aplicable también en la política. Como se sabe, en dicho paralelogramo, cuanto más divergen las fuerzas, la resultante es más corta. Cuando los aliados políticos tiran en direcciones opuestas, la resultante puede ser igual a cero.

A veces un bloque de divergentes grupos políticos de la clase obrera es indispensable para resolver tareas prácticas comunes. En determinadas circunstancias históricas, semejante bloque es capaz de atraer hacia sí a las masas pequeñoburguesas oprimidas cuyos intereses son próximos a los del proletariado. La fuerza común de este bloque puede resultar mucho más grande que las fuerzas que lo constituyen. Por el contrario, la alianza política del proletariado con la burguesía, cuyos intereses respecto a los problemas fundamentales de esta época divergen a un ángulo de 180 grados, por regla general solo puede paralizar la fuerza revolucionaria del proletariado.

La guerra civil, durante la cual no resulta eficaz la violencia por sí sola, exige de sus participantes la máxima abnegación. Los trabajadores y campesinos son capaces de asegurar la victoria únicamente si luchan por su propia emancipación. Bajo estas condiciones, someter al proletariado al liderazgo de la burguesía equivale a asegurar por adelantado la derrota en la guerra civil....

En lo político, lo que más llama la atención es que, en realidad, el Frente Popular español no tenía siquiera un paralelogramo de fuerzas. El papel de la burguesía fue ocupado por su sombra. A través de los estalinistas, socialistas y anarquistas, la burguesía española subordinó al proletariado sin siquiera molestarse en participar en el Frente Popular. La gran mayoría de los explotadores de todos los pelajes se había pasado al campo de Franco. Desde el mismo inicio del movimiento revolucionario de masas, y sin necesidad de ninguna teoría de la revolución permanente, la burguesía española comprendió que, cualquiera que sea su carácter al comienzo, ese movimiento va dirigido contra la propiedad privada de los medios de producción y de la tierra y que es imposible acabar con él por medio de medidas democráticas.

Por eso solo quedaron en el campo republicano los restos insignificantes de las clases poseedoras, los señores Azaña, Companys2 y demás: abogados políticos de la burguesía, pero de ninguna manera la burguesía misma. Habiendo depositado su entera confianza en la dictadura militar, las clases poseedoras supieron utilizar a sus representantes políticos de ayer para paralizar, disgregar y luego sofocar al movimiento socialista de masas en el territorio “republicano”.

Los republicanos de izquierda, quienes no representaban en lo más mínimo a la burguesía española, representaban aún menos a los trabajadores y campesinos. Solo se representaban a sí mismos. Sin embargo, gracias a sus aliados socialistas, estalinistas y anarquistas, estos fantasmas políticos desempeñaron el papel decisivo en la revolución. ¿Cómo? Es muy sencillo. Al encarnar la revolución democrática, es decir, la inviolabilidad de la propiedad privada.

 

1 Georgi Dimitrov era un comunista búlgaro que se había mudado a Alemania. Llamó la atención del mundo en 1933 cuando los nazis lo encarcelaron y enjuiciaron junto a otras personas, bajo cargos de haber incendiado el Reichstag. Se defendió valientemente en el juicio y fue absuelto. Llegó a ser ciudadano soviético y ocupó el cargo de secretario ejecutivo de la Internacional Comunista estalinizada entre 1934 y 1943. Se le identifica como principal autor de la política del Frente Popular de la Comintern, adoptada en su séptimo congreso en 1935.

2 Manuel Azaña fue primer ministro del gobierno republicano español en junio de 1931 y nuevamente en 1936. Fue presidente de la república de mayo de 1936 hasta que dimitió en París en 1939. Luis Companys fue jefe del gobierno regional de Cataluña por un tiempo durante la Guerra Civil española. Pertenecía a la Ezquerra Catalana, un partido nacionalista burgués.


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