
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR julio-agosto de 2003 Vol. 27 No. 7
Argentina
Triunfo peronista sigue tendencia electoral de Brasil y Ecuador
Por Martín Koppel
El nuevo presidente de Argentina, el peronista Néstor
Kirchner, ha formado un gobierno destinado a proteger los intereses de los
patrones al tiempo que promete responder a los problemas de los trabajadores y
las clases medias aplastadas por el derrumbe económico del país.
Las elecciones presidenciales siguen una tendencia que se ha
manifestado en otras partes de Sudamérica, tales como los triunfos electorales
de Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil y de Lucio Gutiérrez en Ecuador.
Ambos salieron electos por su postura crítica de las medidas de austeridad de
sus predecesores y por pronunciarse a favor de los más afectados por las
condiciones de depresión.
En la concurrida contienda del 27 de abril, ninguno de los
candidatos ganó más del 25 por ciento de los votos, lo cual refleja el
desprecio generalizado de los políticos tradicionales por la catástrofe
social, así como la falta de una alternativa política.
El presidente saliente, Eduardo Duhalde, fue nombrado por el
Congreso en enero de 2002 tras un derretimiento económico y un estallido social
en Argentina que forzó al presidente Fernando de la Rúa a renunciar. En
contraste con el desprestigiado de la Rúa, Duhalde pudo usar sus credenciales
peronis-tas como “hombre del pueblo” para llevar a cabo una fuerte
devaluación del peso y otras medidas económicas brutales para tratar de
recuperar la confianza de los capitalistas.
En la primera vuelta, el ex presidente Carlos Menem ganó el
24 por ciento de los votos y Kirchner el 22 por ciento. La Unión Cívica
Radical, que junto al peronismo ha sido uno de los partidos burgueses
gobernantes, recibió apenas un 2.3 por ciento.
En la segunda vuelta Menem, quien había cumplido dos
mandatos entre 1989 y 1999, no tenía posibilidades de ganar, ya que el público
lo responsabiliza a él y a su política de austeridad por la crisis económica.
Ante encuestas que arrojaban cifras del 78 por ciento a favor de Kirchner, Menem
se retiró antes de la segunda vuelta, cediendo la presidencia a su
contrincante. La burguesía argentina necesitaba un presidente con credenciales
más de “izquierda” que Menem.
Menem y Kirchner pertenecen a facciones rivales del Partido
Justicialista, según se llama la organización peronista. La cúpula sindical
-las dos alas de la Confederación General del Trabajo y la Central de
Trabajadores Argentinos- llamaron a un “voto contra Menem” y apoyaron a
Kirchner en la segunda vuelta.
El partido peronista ha sido la principal fuerza política
burguesa en Argentina dessde la Segunda Guerra Mundial, cuando ascendió al
poder Juan Domingo Perón. Durante esa época la clase trabajadora conquistó
importantes logros económicos y sociales, forjando sindicatos poderosos. Pero
las acciones traicioneras del Partido Comunista Argentino, que apoyó a los
opresores imperialistas “democráticos” de Argentina -Londres y Washington-,
entregaron la dirección del movimiento obrero a los peronistas, una corriente
nacionalista burguesa.
Durante seis décadas los peronistas, que históricamente se
han presentado como defensores de los “descamisados”, han contado con la
colaboración leal de la burocracia sindical al subordinar los intereses del
pueblo trabajador a la “unidad nacional”, o sea, a los intereses de los
capitalistas nacionales, y al atar los sindicatos al estado. Cuando la crisis
capitalista mundial se descargó sobre Argentina, los trabajadores quedaron
devastados y muchas de sus conquistas anteriores severamente erosionadas.
En la década de 1990, el gobierno de Menem vendió la
mayoría de las industrias estatales. Los patrones despidieron a decenas de
miles de trabajadores y aceleraron la producción, mientras el movimiento
sindical se quebrantó. El gobierno lanzó una ofensiva contra el salario social
de la clase obrera y contra los derechos sindicales. Por una década, el
régimen menemista vinculó el peso al dólar estadounidense, lo cual aumentó
el costo de vida de la mayoría del pueblo trabajador. A pesar de sus enormes
pagos de intereses a los banqueros internacionales, la deuda externa se
multiplicó.
En diciembre de 2001, el gobierno de Fernando de la Rúa,
ante una creciente depresión económica, incumplió en el pago de la deuda,
provocando un derrumbe económico. Un estallido de protestas de masas llevó a
la caída del régimen. En ene-ro de 2002, Duhalde, recién nombrado por el
Congreso, desvinculó el peso del dólar, precipitando una devaluación del 70
por ciento. En el último año la economía se ha contraído en por lo menos un
12 por ciento. Más del 40 por ciento de la fuerza laboral está desempleada o
subempleada.
En los últimos meses se ha frenado un poco este desplome, y
se ha producido un superávit comercial que los patrones han aplaudido mucho,
aunque las condiciones no han mejorado para la mayoría de los trabajadores y
agricultores. Los capita-listas extranjeros han insistido en que el gobierno
lleve a cabo una nueva serie de ataques contra los programas sociales como
condicion para nuevos préstamos.
Continuidad con Duhalde
Durante la campaña electoral, Kirchner, gobernador de la
provincia petrolífera de Santa Cruz, Patagonia, aprovechó el hecho que no era
muy conocido para presentarse como una figura no contaminada por la corrupción
y la política de Buenos Aires. No obstante, como candidato escogido por
Duhalde, se anticipa que continuará la política fundamental de su predecesor.
Kirchner culpó a Washington y a Menem por promover “una
apertura indiscriminada” a la política del libre mercado que ha devastado los
empleos y el nivel de vida del pueblo trabajador. Prometió dar preferencia a
los manufactureros argentinos sobre los extranjeros.
Ha planteado un programa de obras públicas de 3 mil millones
de dólares que se enfocaría en obras de construcción tales como carreteras y
viviendas. También aboga por más fondos para los pequeños negocios y
proyectos de desarrollo rural.
Sin embargo, para financiar estos programas, ha propuesto
invertir los fondos de jubilación, lo cual inquietaría a muchos trabajadores
acerca del futuro de sus pensiones.
Los inversionistas extranjeros le han advertido a Kirchner
que dé prioridad a los intereses imperialistas. Horst Kohler, vicedirector del
Fondo Monetario Internacional, afirmó el 13 de mayo que el próximo go-bierno
en Buenos Aires tendría que proteger “los derechos de los acreedores” e
impulsar un “amplio programa de reformas”, o sea, medidas de austeridad
contra el pueblo trabajador. Una de las demandas del FMI para obtener nuevos
préstamos es que tenga un superávit presupuestario.
Kirchner ha propuesto renegociar la estratosférica deuda
externa de 151 mil millones de dólares. Insiste que, para garantizar los pagos
a los acreedores internacionales , los banqueros deben reducir parte de los 60
mil millones de deuda incumplida y aceptar que el resto les sea pagado durante
décadas.
Para tranquilizar a los inversionistas, Roberto Lavagna,
principal negociador argentino con el FMI, se quedará como ministro de
economía, subrayando la continuidad de la política del gobierno.
El nuevo canciller, Rafael Bielsa, ha enfatizado una
orientación hacia el Mercosur, el bloque comercial regional de Argentina,
Brasil y otros países del Cono Sur. “No habrá relaciones carnales con los
Estados Unidos”, dijo, mofándose de Menem. El gobierno de Menem se había
jactado de sus “relaciones carnales” con Washington.
Si bien el abiertamente proimperialista Menem había sido su
candidato preferido, Wall Street y Londres han expresado su apoyo cauteloso al
nuevo gobierno.
La política del nuevo régimen inevitablemente chocará con
las expectativas del pueblo trabajador. “Espero que este presidente haga lo
que dice, y que vuelvan a abrir las fábricas y que suba la producción”, dijo
Elvira Ocampo, citada el 21 de mayo en el Miami Herald.
Ocampo y otras trabajadoras ocuparon la fábrica de ropa
Brukman en Buenos Aires por más de un año frente a las amenazas de los
patrones de cerrarla. El 18 de abril fueron desalojados por la policía de
Duhalde, en víspera de las elecciones, pero están continuando su campaña para
exigir que el gobierno estatice la fábrica y garantice empleos.
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