
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR mayo de 2003 Vol. 27 No. 5
México
Se exponen hechos sobre ‘guerra sucia’ de los años
60 y 70
Por Barry Fatland
ST. PAUL, Minnesota-Fiscales federales en Ciudad de México han acusado a
Luis de la Barreda Moreno, ex jefe de policía, por la tortura y el asesinato de
tres jóvenes revolucionarios durante los años 70. El fue jefe de la Dirección
Federal de Seguridad, la policía secreta, de 1970 a 1977. Es el primer
funcionario de esta agencia que enfrenta cargos por homicidio.
Esto se da en momentos de crecientes revelaciones sobre la guerra sucia que
libró el gobierno mexicano, con apoyo de Washington, contra los movimientos
estudiantil, obrero y campesino en los años 60 y 70.
Uno de los tres estudiantes asesinados fue Jesús Piedra Ibarra, estudiante
de tercer año en la facultad de medicina de la Universidad de Nuevo León en
Monterrey.
Las autoridades fabricaron cargos contra él y otros estudiantes de haber
asesinado a un bibliotecario universitario en 1974.
Entre los estudiantes acusados falsamente estaba Héctor Marroquín. Para
salvarse la vida Marroquín huyó a Estados Unidos, donde libró una larga lucha
por obtener asilo político y residencia. Marroquín y su defensores señalaron
la muerte de Piedra como prueba del peligro que enfrentaba en México. Hasta que
De la Barreda fue encausado en marzo, las autoridades habían negado
repetidamente que la policía estuviese vinculada a la muerte de Piedra.
Piedra y Marroquín estaban entre los muchos jóvenes que militaban en el
movimiento estudiantil de protesta que surgió en México en los años 60 y 70.
En esa época, millones de jóvenes por todo el mundo, inspirados por la
revolución vietnamita y otras luchas de liberación nacional, se incorporaron
al movimiento contra la guerra imperialista en Vietnam y a otras luchas
sociales.
Masacre de Tlatelolco
El año 1968 fue un momento álgido a nivel internacional. En Francia,
manifestantes estudiantiles fueron acompañados en las barricadas por los
trabajadores que se habían movilizado en una masiva huelga general. México
también fue uno de los países donde los estudiantes y los trabajadores se
movilizaron frente a la feroz represión policial. El 2 de octubre de 1968, en
vísperas de las Olimpiadas en la capital mexicana, miles de estudiantes,
trabajadores y campesinos marcharon en Tlatelolco para protestar contra la
represión y las alzas de precios. Tropas del ejército y la policía dispararon
contra la multitud, masacrando a unas 500 personas, suceso que signó la
radicalización de esa generación de jóvenes.
Las protestas estudiantiles de los años 70 también enfrentaron la violencia
de la policía y de matones derechistas. Durante una manifestación en 1971 en
Ciudad de México, un grupo paramilitar conocido como los Halcones -vinculado al
gobernante Partido Revolucionario Institucional- atacó a los estudiantes,
golpeando o matando a más de 100 de ellos.
Esta represión no intimidó a Jesús Piedra ni a muchos otros que
continuaron sus actividades políticas.
En enero de 1974, un bibliotecario de la universidad fue asesinado. La
policía de Monterrey afirmó que la Liga Comunista 23 de Septiembre era
responsable. Piedra fue acusado de ser miembro de ese grupo.
La Liga había surgido del movimiento estudiantil, y había adoptado
tácticas guerrilleras. Sus cuadros habían secuestrado y matado a un miembro
conocido de la familia Garza Sada del poderoso Grupo Monterrey en el estado de
Nuevo León.
Durante la caza de brujas que se desató después de la muerte del
bibliotecario, la policía publicó un póster con los retratos de Piedra,
Marroquín y otros tres estudiantes, diciendo que los buscaban.
El 18 de abril de 1975, Piedra fue secuestrado por la policía cuando
caminaba por la calle Zaragosa en Monterrey. Aunque dos diarios de Monterrey
publicaron detalles sobre su arresto, la policía negó tener conocimiento de su
paradero.
Su familia trató repetidamente de localizarlo. Rosario Ibarra de Piedra, su
madre, se reunió con el ex presidente Luis Echeverría en 39 ocasiones para
tratar de esclarecer su desaparición.
Al no recibir ayuda del gobierno, Rosario Ibarra ayudó a fundar el Comité
Nacional Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados
Políticos en 1977. Compuesto de familiares de las víctimas de la represión,
el comité ganó el apoyo activo de muchos sindicatos, organizaciones
estudiantiles y campesinas, y los principales partidos políticos de oposición.
El comité buscó obligar a los sucesivos gobiernos de México a excarcelar a
los presos políticos y presentar a los desaparecidos con vida. Organizó
conferencias, huelgas de hambre, ruedas de prensa y marchas. El 2 de octubre de
1978, en el décimo aniversario de la masacre de Tlatelolco, el comité
organizó un mitin de 100 mil personas en la capital.
Mientras la policía continuaba sus “investigaciones” sobre el asesinato
del bibliotecario, Marroquín huyó a Estados Unidos. Allí participó en el
movimiento sindical y en protestas sociales. Después de unos años fue
arrestado por el Servicio de Inmigración y Naturalización bajo cargos de usar
documentos falsos. En ese momento estaba participando en una campaña de
sindicalización en una planta de la Coca-Cola en la cual trabajaba. Poco antes
de su arresto se había unido al Partido Socialista de los Trabajadores.
Lucha de Marroquín por asilo
La lucha por ganar el asilo político para Marroquín llegó a ser
ampliamente reconocida en muchas partes de Estados Unidos y México. La campaña
sirvió de vía para promover la creciente oposición a las redadas de fábricas
y la deportación de cientos de miles de trabajadores indocumentados.
Los abogados de Marroquín descubrieron documentos que mostraban que el FBI
le había espiado desde que él había sido activista estudiantil en la
secundaria en Matamoros, estado de Tamaulipas.
Entre los que se pronunciaron en defensa de Marroquín estuvo Rosario Ibarra
de Piedra, quien advirtió sobre la suerte que tendría si fuera devuelto a
México. Ella se presentó en varias conferencias de prensa en Estados Unidos
para apoyar su solicitud de asilo político.
De los cinco hombres acusados de asesinato por la policía mexicana, dijo
Ibarra de Piedra, el único que se supiera que estaba con vida era Marroquín.
Otros dos habían sido acribillados mortalmente, explicó, uno mientras
distribuía volantes frente a una fábrica cerca de Monterrey, y el segundo en
un enfrentamiento con policías armados. Se desconocía el destino de su hijo
encarcelado Jesús.
En abril de 1979, Ibarra de Piedra y Delia Duarte, otra dirigente del
comité, fueron a Houston a testificar en defensa de Marroquín. Trajeron
testimonios escritos de presos políticos detenidos en relación al asesinato de
Garza Sada. Ellas dijeron que Marroquín no tenía vínculo alguno con la Liga
Comunista 23 de Septiembre.
A pesar de esta y otras pruebas, el juez de inmigración ordenó la
deportación de Marroquín a México. El fiscal hasta había argumentado que
Marroquín debía ser deportado porque “ha reconocido con sus propias palabras
que es marxista. Estados Unidos no otorga asilo a ese tipo de personas”.
Marroquín apeló el caso y continuó su lucha. Aunque no obtuvo asilo
político, fue uno de los primeros en obtener la residencia bajo el programa de
amnistía de 1986. Después logró la residencia permanente.
La hermana de Piedra, María del Rosario, comentó sobre el arresto de De la
Barreda en una entrevista telefónica el 2 de abril desde su casa en Monterrey.
Su hermano Jesús, señaló, “no fue el único” en ser víctima de los
asesinatos policiacos. “Hubo muchos”.
Barry Fatland es operador de máquina de coser en Columbia
Heights, Minnesota. Fue el primer coordinador nacional del Comité de Defensa de
Héctor Marroquín.
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