
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR mayo de 2003 Vol. 27 No. 5
Medio Oriente
El saqueo imperialista de Iraq tiene una larga historia
Por Sam Manuel
Desde la caída del Imperio Otomano a inicios del siglo XX, la lucha por el
control d Iraq ha sido un aspecto central de la pugna entre las potencias
imperialistas para dominar las vastas reservas de petróleo de Medio Oriente.
Los gobernantes en Londres, en particular, codiciaban tanto las riquezas
petroleras como el papel marítimo de la región del Golfo Arábigo-Pérsico,
ubicada estratégicamente entre las “joyas de la corona” británica: India y
las colonias de Africa del Norte.
En los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, compañías alemanas
construyeron líneas férreas desde el suroeste de Turquía hasta Basora, en el
sur de Mesopotamia, según se denominaba Iraq en esa época. El gobierno
británico, entonces la potencia imperialista dominante, temía que dicha
presencia de su rival alemán amenazaba sus rutas comerciales a la India y a la
región mas amplia así como sus crecientes intereses petroleros.
Londres buscó controlar los recién descubiertos campos petrolíferos en el
Imperio Otomano y entabló contratos exclusivos por el petróleo con las
autoridades locales. En 1913, por ejemplo, el gobierno británico obtuvo un
acuerdo con Kuwait, recibiendo la promesa de que Kuwait firmaría contratos
petroleros únicamente con los países designados por Inglaterra.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, tropas británicas desembarcaron en el
canal Shatt al-Arab y avanzaron contra las tropas turcas en Basora. A principios
de 1918, Londres ya había extendido su imperio sobre toda Mesopotamia menos una
pequeña franja. Londres sacó ventaja sobre sus rivales imperialistas en la
guerra al prometerles independencia a los movimientos nacionalistas árabes
cuando acabase la guerra, a cambio de apoyar a Gran Bretaña contra Berlín,
aliado del Imperio Otomano. Tres importantes sociedades anticoloniales se
habían formado en Iraq: la Liga del Despertar Islámico, la Liga Nacional
Musulmana y los Guardianes de la Independencia.
Sin embargo, en la conferencia de «paz» celebrada en Versalles en 1919,
donde Washington, Londres, París y Roma impusieron condiciones a sus derrotados
rivales en Berlín y crearon la Liga de Naciones para legitimar su dominio,
Mesopotamia fue declarada un protectorado del Reino Unido.
A pesar de las promesas de independencia, Londres ya había firmado un pacto
secreto con París -el acuerdo Sykes-Picot- en contubernio con Rusia zarista
para repartirse el Imperio Otomano. El acuerdo otorgó el sur de Mesopotamia
-hoy Iraq- a Londres y entregó Siria a Francia. Este pacto quedó expuesto
cuando los trabajadores y campesinos llegaran al poder en la Revolución Rusa y
el gobierno bolchevique publicó el contenido de este y otros tratados secretos.
En julio de 1920 estalló una rebelión popular en Iraq, poniendo en tela de
juicio el futuro de la ocupación extranjera. La Real Fuerza Aérea Británica
suprimió la rebelión con un masivo bombardeo aéreo, incluso usando gas
venenoso. Al responder a una propuesta de usar armas químicas de manera “experimental”
sobre los árabes recalcitrantes, Winston Churchill, entonces secretario de
estado para asuntos bélicos, afirmó, “Estoy firmemente a favor de usar gas
venenoso contra tribus incivilizadas”.
Ante la rebelión de 1920 y con la esperanza de asolapar su dominio sobre
Iraq, los imperialistas británicos reemplazaron su régimen militar en Bagdad
con un gobierno árabe provisional subordinado a un alto comisionado británico.
En la Conferencia de El Cairo de 1921, Londres impuso a Faisal ibn Hussain como
primer rey de Iraq.
Protectorado británico
En 1922, Londres impuso el Tratado Anglo-Iraquí, con un plazo de 20 años,
que le ordenaba al rey “tomar en cuenta los consejos británicos” en todo lo
concerniente a los intereses británicos y la política económica en tanto que
Iraq permaneciera endeudado con Londres. Funcionarios británicos serían
nombrados en 18 departamentos para actuar como asesores e inspectores.
Asegurando su condición permanente de deudor, el tratado estipulaba que Iraq
pagara la mitad de los gastos de los funcionarios británicos residentes, entre
otros gastos. Londres acordó brindar diversos tipos de “asistencia” y
propuso a Iraq como miembro de la Liga de Naciones «en la mayor brevedad
posible”.
Los intereses británicos en el nuevo protectorado árabe se centraban
principalmente en Mosul, antigua provincia del Imperio Otomano y rica zona
petrolífera. Antes de la caída del Imperio Otomano la Turkish Petroleum
Compañy, compañía petrolera bajo el control británico, había mantenido
derechos concesionarios en Mosul. Londres rechazó la insistencia del gobierno
iraquí en tener un 20 por ciento de los activos de la compañía según se
había establecido en el acuerdo con Turquía bajo el Imperio Otomano.
Temerosos de que sin el apoyo británico la Liga de Naciones devolviera Mosul
a Ankara, la monarquía se sometió a las exigencias de los amos coloniales
británicos. El acuerdo final no contenía ninguna de las demandas iraquíes y
garantizaba a la Turkish Petroleum Compañy, ahora denominada Iraq Petroleum
Company, una concesión por 75 años.
Mosul está en la región predominantemente kurda del norte de Iraq. Al final
de la Primera Guerra Mundial , tanto Londres como París prometieron a los
kurdos que, a cambio de su apoyo contra Berlín, se le exigiría al sultán
otomano concederle la autonomía a Kurdistán. Pero el Tratado Anglo-Iraquí fue
descartado cuando el joven nacionalista turco Mustafa Kamal, conocido como
Atatürk, restableció el control sobre las zonas kurdas en el este de Turquía.
Kurdistán comprende, además del norte de Iraq, partes de Turquía, del
norte de Irán, del noreste de Siria y una pequeña zona de Armenia. Hoy día la
lucha independentista kurda en Iraq y en la región más amplia sigue siendo una
cuestión política fundamental.
El 30 de junio de 1930 se firmó un nuevo Tratado Anglo-Iraquí. Este le
garantizaba a Londres el uso de las bases aéreas cerca de Basora y en Al
Habbaniyah, incluyendo el derecho de desplazar sus tropas a través del país.
El tratado, con plazo de 25 años, entró en vigor con el ingreso de Iraq a la
Liga de Naciones en 1932.
Al acercarse la Segunda Guerra Mundial, los imperialistas alemanes intentaron
explotar el sentimiento antibritánico en Iraq. En 1941 el primer ministro
iraquí Rashid Ali, un nacionalista árabe, impuso condiciones al desplazamiento
de las tropas británicas en el país y expulsó del poder a miembros de la
monarquía, quienes huyeron a Jordania. Londres tomó represalias. Desembarcó
tropas en Basora, justificando su segunda invasión a Iraq con el argumento de
que Bagdad había violado el pacto Anglo-Iraquí. Se volvió a instalar la
monarquía vez a punta de bayoneta británica.
El imperio colonial británico, al igual que el francés, fue derribado por
movimientos anticoloniales a lo largo de Asia y Africa durante y después de la
Segunda Guerra Mundial. En Iraq esto se vio estimulado por la supresión de la
revuelta palestina por fuerzas británicas 1936 y la posterior división de
Palestina en 1947. El Movimiento de Oficiales Libres en Iraq se propuso derrocar
al rey y acabar con la dominación extranjera. En 1952, cuando la depresión
económica llevó a protestas generalizadas contra la monarquía, el gobierno
respondió al decretar la ley marcial, proscribir todos los partidos políticos,
suspender varios periódicos e imponer un toque de queda.
Derrocado el coloniaje británico
El 14 de julio de 1958, oficiales del ejército conducidos por el brigadier
Abd al Karim Qaim y el coronel Abd as Salaam Arif derrocaron a la monarquía.
Prácticamente no se toparon con oposición, en tanto los iraquíes se volcaron
a las calles en apoyo a la revuelta. El rey Faisal II fue ejecutado junto con
muchos otros miembros de la familia real.
La Revolución del 14 de Julio, según se llegó a conocer, legalizó la
formación de sindicatos, y promulgó una reforma agraria dirigida a acabar con
la estructura feudal en el país. También impugnó el acuerdo de participación
en las ganancias mantenido por las compañías petroleras. La Ley Pública 80 le
quitó a la Iraq Petroleum Company, controlada por Londres, el 99.5 por ciento
de sus concesiones y la limitó a las zonas ya explotadas. El gobierno de Qasim
anunció la formación de la Compañía Nacional de Petróleo de Iraq para
explotar todo nuevo sitio petrolífero en el país.
El nuevo gobierno contaba con el apoyo de nacionalistas árabes y oficiales
militares, muchos de los cuales eran partidarios de los movimientos baazistas.
El gobierno también fue respaldado por el estalinista Partido Comunista de
Iraq. El Baaz era un partido político árabe, fundado en Siria e Iraq en 1941,
que reivindicaba la unidad pan-arábica.
El partido baazista llegó al poder en un golpe contrarrevolucionario en 1963
que decapitó a la vanguardia de la revolución de 1958. Un joven oficial
llamado Saddam Hussein, quien había participado en un intento anterior de
derrocar al gobierno de Qasim, ascendió entre las filas del partido Baat
mediante una sangrienta lucha faccional.
El partido baazista iraquí, que retornó al poder en 1968, es un partido
burgués uso la demagogia nacionalista y antiimperialista para justificar su
trayectoria represiva y expansionista. En 1979 Hussein asumió la presidencia de
Iraq.
El régimen baazista frenó las movilizaciones revolucionarias de
trabajadores y campesinos, mientras emprendió un proceso de industrialización.
En 1972 Iraq nacionalizó la industria del petróleo. En respuesta, Richard
Nixon, presidente de los Estados Unidos, el cual había emergido como principal
potencia imperialista después de la Segunda Guerra Mundial, reemplazando a Gran
Bretaña, puso a Iraq en su lista de naciones que “apoyan el terrorismo”.
Sin embargo, Bagdad no perseguía una trayectoria de retar al imperialismo y
los derechos y las prerrogativas del capital. Al ser derrocado el sha de Irán
en 1979 por los trabajadores y campesinos iraníes, cayó uno de los pilares de
la dominación imperialista en la región. Washington alentó en público a
Saddam Hussein a que atacara a Irán, bajo el pretexto de recuperar el canal de
Shatt al-Arab, el cual el gobierno norteamericano había forzado al régimen
iraquí a cederle a Irán cuatro años antes. Bagdad movilizó su ejercito para
invadir a Irán, en una guerra que llegó a durar ocho años.
Antes de que Hussein invadiera a Kuwait en agosto de1990, Washington, París
y otros regímenes imperialistas habían cultivado sus lazos con Bagdad por más
de una década. Continuó el comercio con Iraq y el gobierno norteamericano
siguió enviando delegaciones de alto nivel hasta la primera mitad de 1990.
Cuando el régimen de Hussein invadió a Kuwait, las potencias aprovecharon la
oportunidad de intervenir en el Medio Oriente y lanzaron la Guerra del Golfo.
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