
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR mayo de 2003 Vol. 27 No. 5
Cuba
‘Bibliotecas independientes’: un fraude promovido por Washington
Por Catharina Tirsén
y Jonathan Silberman
LA HABANA- “Cuando me hacen preguntas sobre las bibliotecas y el acceso a
los libros en Cuba, mi primera respuesta siempre es de decirle a la gente que
venga a ver por cuenta propia”, dijo Eliades Acosta, director de la renombrada
Biblioteca Nacional José Martí.
Acosta conversaba con reporteros de Perspectiva Mundial a la luz de
los nuevos intentos de reavivar la mal nombrada campaña de “Amigos de las
Bibliotecas Cubanas”, la cual acusa al gobierno cubano de censurar y reprimir
“bibliotecas independientes”. Esta campaña se enmarca en los esfuerzos de
Washington durante más de cuatro décadas de derrocar la Revolución Cubana
mediante una implacable guerra económica, ataques violentos por
contrarrevolucionarios basados en Estados Unidos y propaganda incesante para
justificar su agresión.
El gobierno norteamericano inició “Amigos de las Bibliotecas Cubanas” en
1999 disfrazándola como una iniciativa privada independiente de Washington. Su
principal vocero en Estados Unidos es Robert Kent, un bibliotecario de
referencia en la Biblioteca Pública de Nueva York con un largo historial de
actividad contra la Revolución Cubana.
La campaña aprovecha el llamado Carril II de la Ley para la Democracia
Cubana de 1992, conocida como la ley Torricelli por su principal autor
congresional, que bajo la consigna del “libre flujo de ideas” permite que el
gobierno norteamericano proporcione apoyo material a opositores de la
Revolución Cubana. Freedom House y el Center for a Free Cuba son dos
organizaciones que reciben fondos del gobierno norteamericano y canalizan
recursos a las llamadas bibliotecas independientes.
‘Bibliotecas sin lectores’
Los esfuerzos de bibliotecarios serios y de otras personas por divulgar la
verdad han propinado golpes a esta campaña. Bibliotecarios de Estados Unidos,
el Reino Unido y otros países han respondido a la invitación de Acosta y han
visitado Cuba para verla con sus propios ojos.
Han constatado que estas supuestas bibliotecas “no tienen ni libros, ni
bibliotecarios ni lectores”, señaló Acosta. “Son lo que llamo ‘bibliotecas
virtuales’, que existen más que nada en la propaganda y en la Internet”.
Los individuos que han designado sus propias casas y sus libros como
bibliotecas “en realidad son un grupo de 100 ó 200 individuos con un proyecto
político. Un día son bibliotecarios, al día siguiente son periodistas, luego
son representantes de un partido político”.
Por lo tanto, la Asociación Norteamericana de Bibliotecas (ALA) y el Gremio
de Bibliotecarios Progresistas han adoptado una postura pública de distanciarse
de la campaña de “bibliotecas independientes”. En su conferencia anual en
2001, la ALA rechazó una propuesta de apoyar las llamadas bibliotecas
independientes en Cuba, y en cambio adoptó una resolución que se opone a los
esfuerzos de Washington de “limitar el acceso de las bibliotecas cubanas a los
materiales informativos”. Asimismo, el comité de relaciones internacionales
de la ALA estableció un “protocolo de cooperación” con la Asociación
Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI). El Grupo de Apoyo a las Bibliotecas Cubanas,
con sede en Londres, ha diseminado información ampliamente sobre el sistema
cubano de bibliotecas.
En la mayoría de los países la campaña anticubana ha fracasado, dijo
Acosta. Pero hace poco hubo gestiones en Suecia y en Estados Unidos para
resucitarla. En la feria del libro de Gotemburgo el año pasado, un grupo
denominado Centro Liberal Internacional Sueco repartió volantes en apoyo a lo
que llamaba “bibliotecas libres” en Cuba. Esta organización -dirigida por
el grupo juvenil del Partido Liberal, uno de los dos principales partidos
burgueses en Suecia- también ha distribuido volantes en las calles de
Estocolmo, informó Acosta.
¿Libros proscritos?
Más recientemente, James Cason, jefe de la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana ha hecho escándalo en torno a un cargamento de unos 5 mil
libros enviados por el gobierno norteamericano y que fue detenido en la aduana
cubana. Artículos en los medios noticiosos burgueses de Estados Unidos han
afirmado que el gobierno cubano estaba excluyendo del país libros de Martin
Luther King, John Steinbeck y Groucho Marx. Cason dijo que el cargamento iba
dirigido a las “bibliotecas independientes”.
En los últimos meses se ha intensificado la campaña de provocaciones
instigada por Washington, culminando en una serie de secuestros de aviones y
embarcaciones. Desde marzo, 75 individuos, entre ellos varios que se identifican
en público como “bibliotecarios independientes”, han sido arrestados,
juzgados y declarados culpables de recibir fondos del gobierno norteamericano y
de colaborar con diplomáticos estadounidenses para subvertir la Revolución
Cubana (ver artículo en la página 8).
“El hecho es que no hay libros proscritos en Cuba”, dijo Acosta. “Todo
proyecto que prohiba y censure libros está condenado al fracaso: no tendrá
futuro”. “Las dictaduras nunca organizan cosas como la feria del libro de La
Habana. Se mantienen en el poder, en parte, manteniendo ignorante al pueblo”.
El bibliotecario dio el ejemplo de una persona que recientemente visitó La
Habana y le interrogó acerca de una lista de libros que, según Robert Kent,
estaban prohibidos en Cuba. “Esa lista contenía libros de George Orwell,
Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, Reinaldo Arenas y Octavio Paz.
Pero encontramos la mayoría de estos libros en la biblioteca aquí”, dijo
Acosta.
“Tampoco tenemos problemas con recibir donaciones del exterior”, apuntó.
Expresó su satisfacción con la donación de 5 mil libros de una universidad
mexicana a cinco bibliotecas provinciales así como la donación por parte de
editoriales en Andalucía de un diccionario en dos tomos de escritores de habla
hispana, que se entregó a bibliotecas municipales y populares en Cuba.
“Lo que rechazamos son donaciones políticas en las cuales el gobierno
norteamericano hace donaciones a fuerzas políticas de oposición que apoya
dentro del país”, dijo.
Acosta nos mostró una pila de listas de libros sobre los cuales estaba
trabajando. “Tenemos un canje con una biblioteca en Berkeley, California. Les
mandamos libros cubanos y ellos nos mandan libros que nosotros mismos escogemos”,
dijo. “Ya hemos recibido unos 117 libros de estas listas. Muchos son de
Ediciones Universal en Miami”.
Nos leyó de la lista, mencionando libros de autores cubanos que critican la
revolución y que actualmente viven fuera del país. Citó El heraldo de las
malas noticias de Guillermo Cabrera Infante, Historia de la otra
revolución por Vicente Echerri, Informe contra mí mismo por Eliseo
Alberto, libros de Rafael Rojas y toda una lista de otros.
“Hemos pedido, y todavía estamos esperando, otros 280 libros como Notas
críticas de la revolución y Compañero, la biografía del Che por
Jorge Castañeda”, dijo.
Acosta destacó los esfuerzos que se están haciendo actualmente en Cuba para
ampliar los lazos culturales con cubanos que viven en el exterior y que en
muchos casos critican la revolución. Nos mostró tres libros -selecciones de
ensayos, poesía y cuentos- cada uno editado conjuntamente por un cubano
residente en la isla y un cubano residente en el exterior. “Esta serie fue
financiada por un fondo cultural en México y presentado en noviembre en la
Feria Internacional del Libro en Guadalajara”, dijo.
“La selección de ensayos fue editada por Rafael Hernández y Rafael Rojas,
los cuentos por Jorge Fornet y Carlos Espinoza Domínguez, y la poesía por
Jesús J. Barquet y Norberto Codina”, explicó. Hernández, Fornet y Codina
son conocidos autores residentes en La Habana; los otros tres viven en el
exterior.
Se amplía acceso a educación
“Nuestro problema”, subrayó Acosta, “no es que no queramos libros,
sino que no tenemos los fondos para obtener los libros que urgentemente queremos
y necesitamos. Desde los primeros años de la revolución en 1959, nuestra
política ha sido: ‘No le decimos al pueblo, cree. Le decimos, lee’. El
problema es que no tenemos divisas. Hasta aquí en la feria del libro, no pude
comprar todos los libros que queríamos por falta de fondos”.
Acosta se refería a la Feria Internacional del Libro de La Habana, celebrada
a fines de enero y principios de febrero, a la cual concurrieron 400 mil
personas, un número récord. El gobierno cubano y organizaciones culturales y
otras han dedicado importantes recursos a la feria del libro, que ha ido
creciendo y que, a partir del año pasado, se ha extendido a otras partes del
país. Este año la feria recorrió 30 ciudades además de La Habana. Esta
expansión forma parte de lo que aquí se llama la batalla de ideas: un
esfuerzo, mediante más de 100 programas, para ampliar el acceso del pueblo
trabajador -especialmente los sectores más afectados por la crisis económica-
a la educación y la cultura.
Uno de estos proyectos es la campaña para crear “bibliotecas populares”
en barrios obreros y zonas rurales por toda la isla. “Actualmente hay 12
bibliotecas populares en cuatro provincias de Cuba”, dijo Acosta. “Cada una
tiene 10 ejemplares de mil títulos, así como un televisor, una computadora y
otros recursos. Después de valorar este programa piloto, vamos a crear 200
más, para tener bibliotecas en las comunidades que han sido marginadas y que
más necesitan bibliotecas como ésta. La meta es mil bibliotecas, pero tenemos
que hacerlo paso a paso”.
Otro proyecto, el programa de “bibliotecas familiares”, es la
publicación de juegos de 25 obras clásicas de literatura mundial y cubana en
ediciones económicas impresas en papel periódico, una iniciativa anunciada en
la feria del libro de 2002. Ya se editó el primer juego, el cual se vende a 60
pesos cubanos (un poco más que dos dólares). Luego se publicará este año una
colección de 25 obras clásicas cubanas.
El conocimiento de estos hechos ha influido mucho entre una amplia gama de
bibliotecarios alrededor del mundo, incluido en Estados Unidos. Por ejemplo, una
resolución adoptada el 17 de enero de 2000 por la Mesa Redonda de
Responsabilidades Sociales (SRRT) de la ALA afirma que “este grupo de ‘bibliotecarios
independientes’ [en Cuba] no son bibliotecarios, sino disidentes políticos de
diversas profesiones que aparentemente están estableciendo centros de
información en sus casas o tiendas, y que son apoyados por fondos y materiales
provenientes de organizaciones tales como Freedom House, la cual está
subvencionada por el gobierno de Estados Unidos”.
El documento también dice que “la SRRT se suma al Grupo de Bibliotecas
Cubanas, con sede en Inglaterra, que aboga por un programa positivo de
interacción con bibliotecas y bibliotecarios y apoyo a éstos”.
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