Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

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¡Tropas imperialistas fuera del Medio Oriente! (Editorial)

¡Defender a Cuba! (Editorial)

Washington amenaza nuevas sanciones contra Cuba

Planean intercambio juvenil Cuba-EE.UU.

Obreros de la carne en huelga contra Tyson Foods ganan solidaridad

Salen del ‘hueco’ 5 patriotas cubanos

Calero logra más apoyo en lucha contra deportación

‘Bibliotecas independientes’: un fraude promovido por Washington

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Gobierno argentino se suma a campaña imperialista contra Irán

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Washington impulsa campaña bélica

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75 mil marchan en la capital en defensa de la acción afirmativa

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Manifestantes en Pittsburgh condenan brutalidad policiaca

Libro sobre Crisis de Octubre de 1962 atrae interés en conferencia de LASA

Protesta exige fin de detención sin cargos

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El saqueo imperialista de Iraq tiene una larga historia

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Se exponen hechos sobre ‘guerra sucia’ de los años 60 y 70

EDITORIAL PATHFINDER

‘Rompiendo la huelga con militares’: undécimo capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
mayo de 2003 Vol. 27 No. 5

Cuba

‘Bibliotecas independientes’: un fraude promovido por Washington

Por Catharina Tirsén
y Jonathan Silberman

LA HABANA- “Cuando me hacen preguntas sobre las bibliotecas y el acceso a los libros en Cuba, mi primera respuesta siempre es de decirle a la gente que venga a ver por cuenta propia”, dijo Eliades Acosta, director de la renombrada Biblioteca Nacional José Martí.

Acosta conversaba con reporteros de Perspectiva Mundial a la luz de los nuevos intentos de reavivar la mal nombrada campaña de “Amigos de las Bibliotecas Cubanas”, la cual acusa al gobierno cubano de censurar y reprimir “bibliotecas independientes”. Esta campaña se enmarca en los esfuerzos de Washington durante más de cuatro décadas de derrocar la Revolución Cubana mediante una implacable guerra económica, ataques violentos por contrarrevolucionarios basados en Estados Unidos y propaganda incesante para justificar su agresión.

El gobierno norteamericano inició “Amigos de las Bibliotecas Cubanas” en 1999 disfrazándola como una iniciativa privada independiente de Washington. Su principal vocero en Estados Unidos es Robert Kent, un bibliotecario de referencia en la Biblioteca Pública de Nueva York con un largo historial de actividad contra la Revolución Cubana.

La campaña aprovecha el llamado Carril II de la Ley para la Democracia Cubana de 1992, conocida como la ley Torricelli por su principal autor congresional, que bajo la consigna del “libre flujo de ideas” permite que el gobierno norteamericano proporcione apoyo material a opositores de la Revolución Cubana. Freedom House y el Center for a Free Cuba son dos organizaciones que reciben fondos del gobierno norteamericano y canalizan recursos a las llamadas bibliotecas independientes.

‘Bibliotecas sin lectores’

Los esfuerzos de bibliotecarios serios y de otras personas por divulgar la verdad han propinado golpes a esta campaña. Bibliotecarios de Estados Unidos, el Reino Unido y otros países han respondido a la invitación de Acosta y han visitado Cuba para verla con sus propios ojos.

Han constatado que estas supuestas bibliotecas “no tienen ni libros, ni bibliotecarios ni lectores”, señaló Acosta. “Son lo que llamo ‘bibliotecas virtuales’, que existen más que nada en la propaganda y en la Internet”.

Los individuos que han designado sus propias casas y sus libros como bibliotecas “en realidad son un grupo de 100 ó 200 individuos con un proyecto político. Un día son bibliotecarios, al día siguiente son periodistas, luego son representantes de un partido político”.

Por lo tanto, la Asociación Norteamericana de Bibliotecas (ALA) y el Gremio de Bibliotecarios Progresistas han adoptado una postura pública de distanciarse de la campaña de “bibliotecas independientes”. En su conferencia anual en 2001, la ALA rechazó una propuesta de apoyar las llamadas bibliotecas independientes en Cuba, y en cambio adoptó una resolución que se opone a los esfuerzos de Washington de “limitar el acceso de las bibliotecas cubanas a los materiales informativos”. Asimismo, el comité de relaciones internacionales de la ALA estableció un “protocolo de cooperación” con la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI). El Grupo de Apoyo a las Bibliotecas Cubanas, con sede en Londres, ha diseminado información ampliamente sobre el sistema cubano de bibliotecas.

En la mayoría de los países la campaña anticubana ha fracasado, dijo Acosta. Pero hace poco hubo gestiones en Suecia y en Estados Unidos para resucitarla. En la feria del libro de Gotemburgo el año pasado, un grupo denominado Centro Liberal Internacional Sueco repartió volantes en apoyo a lo que llamaba “bibliotecas libres” en Cuba. Esta organización -dirigida por el grupo juvenil del Partido Liberal, uno de los dos principales partidos burgueses en Suecia- también ha distribuido volantes en las calles de Estocolmo, informó Acosta.

¿Libros proscritos?

Más recientemente, James Cason, jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana ha hecho escándalo en torno a un cargamento de unos 5 mil libros enviados por el gobierno norteamericano y que fue detenido en la aduana cubana. Artículos en los medios noticiosos burgueses de Estados Unidos han afirmado que el gobierno cubano estaba excluyendo del país libros de Martin Luther King, John Steinbeck y Groucho Marx. Cason dijo que el cargamento iba dirigido a las “bibliotecas independientes”.

En los últimos meses se ha intensificado la campaña de provocaciones instigada por Washington, culminando en una serie de secuestros de aviones y embarcaciones. Desde marzo, 75 individuos, entre ellos varios que se identifican en público como “bibliotecarios independientes”, han sido arrestados, juzgados y declarados culpables de recibir fondos del gobierno norteamericano y de colaborar con diplomáticos estadounidenses para subvertir la Revolución Cubana (ver artículo en la página 8).

“El hecho es que no hay libros proscritos en Cuba”, dijo Acosta. “Todo proyecto que prohiba y censure libros está condenado al fracaso: no tendrá futuro”. “Las dictaduras nunca organizan cosas como la feria del libro de La Habana. Se mantienen en el poder, en parte, manteniendo ignorante al pueblo”.

El bibliotecario dio el ejemplo de una persona que recientemente visitó La Habana y le interrogó acerca de una lista de libros que, según Robert Kent, estaban prohibidos en Cuba. “Esa lista contenía libros de George Orwell, Guillermo Cabrera Infante, Mario Vargas Llosa, Reinaldo Arenas y Octavio Paz. Pero encontramos la mayoría de estos libros en la biblioteca aquí”, dijo Acosta.

“Tampoco tenemos problemas con recibir donaciones del exterior”, apuntó. Expresó su satisfacción con la donación de 5 mil libros de una universidad mexicana a cinco bibliotecas provinciales así como la donación por parte de editoriales en Andalucía de un diccionario en dos tomos de escritores de habla hispana, que se entregó a bibliotecas municipales y populares en Cuba.

“Lo que rechazamos son donaciones políticas en las cuales el gobierno norteamericano hace donaciones a fuerzas políticas de oposición que apoya dentro del país”, dijo.

Acosta nos mostró una pila de listas de libros sobre los cuales estaba trabajando. “Tenemos un canje con una biblioteca en Berkeley, California. Les mandamos libros cubanos y ellos nos mandan libros que nosotros mismos escogemos”, dijo. “Ya hemos recibido unos 117 libros de estas listas. Muchos son de Ediciones Universal en Miami”.

Nos leyó de la lista, mencionando libros de autores cubanos que critican la revolución y que actualmente viven fuera del país. Citó El heraldo de las malas noticias de Guillermo Cabrera Infante, Historia de la otra revolución por Vicente Echerri, Informe contra mí mismo por Eliseo Alberto, libros de Rafael Rojas y toda una lista de otros.

“Hemos pedido, y todavía estamos esperando, otros 280 libros como Notas críticas de la revolución y Compañero, la biografía del Che por Jorge Castañeda”, dijo.

Acosta destacó los esfuerzos que se están haciendo actualmente en Cuba para ampliar los lazos culturales con cubanos que viven en el exterior y que en muchos casos critican la revolución. Nos mostró tres libros -selecciones de ensayos, poesía y cuentos- cada uno editado conjuntamente por un cubano residente en la isla y un cubano residente en el exterior. “Esta serie fue financiada por un fondo cultural en México y presentado en noviembre en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara”, dijo.

“La selección de ensayos fue editada por Rafael Hernández y Rafael Rojas, los cuentos por Jorge Fornet y Carlos Espinoza Domínguez, y la poesía por Jesús J. Barquet y Norberto Codina”, explicó. Hernández, Fornet y Codina son conocidos autores residentes en La Habana; los otros tres viven en el exterior.

Se amplía acceso a educación

“Nuestro problema”, subrayó Acosta, “no es que no queramos libros, sino que no tenemos los fondos para obtener los libros que urgentemente queremos y necesitamos. Desde los primeros años de la revolución en 1959, nuestra política ha sido: ‘No le decimos al pueblo, cree. Le decimos, lee’. El problema es que no tenemos divisas. Hasta aquí en la feria del libro, no pude comprar todos los libros que queríamos por falta de fondos”.

Acosta se refería a la Feria Internacional del Libro de La Habana, celebrada a fines de enero y principios de febrero, a la cual concurrieron 400 mil personas, un número récord. El gobierno cubano y organizaciones culturales y otras han dedicado importantes recursos a la feria del libro, que ha ido creciendo y que, a partir del año pasado, se ha extendido a otras partes del país. Este año la feria recorrió 30 ciudades además de La Habana. Esta expansión forma parte de lo que aquí se llama la batalla de ideas: un esfuerzo, mediante más de 100 programas, para ampliar el acceso del pueblo trabajador -especialmente los sectores más afectados por la crisis económica- a la educación y la cultura.

Uno de estos proyectos es la campaña para crear “bibliotecas populares” en barrios obreros y zonas rurales por toda la isla. “Actualmente hay 12 bibliotecas populares en cuatro provincias de Cuba”, dijo Acosta. “Cada una tiene 10 ejemplares de mil títulos, así como un televisor, una computadora y otros recursos. Después de valorar este programa piloto, vamos a crear 200 más, para tener bibliotecas en las comunidades que han sido marginadas y que más necesitan bibliotecas como ésta. La meta es mil bibliotecas, pero tenemos que hacerlo paso a paso”.

Otro proyecto, el programa de “bibliotecas familiares”, es la publicación de juegos de 25 obras clásicas de literatura mundial y cubana en ediciones económicas impresas en papel periódico, una iniciativa anunciada en la feria del libro de 2002. Ya se editó el primer juego, el cual se vende a 60 pesos cubanos (un poco más que dos dólares). Luego se publicará este año una colección de 25 obras clásicas cubanas.

El conocimiento de estos hechos ha influido mucho entre una amplia gama de bibliotecarios alrededor del mundo, incluido en Estados Unidos. Por ejemplo, una resolución adoptada el 17 de enero de 2000 por la Mesa Redonda de Responsabilidades Sociales (SRRT) de la ALA afirma que “este grupo de ‘bibliotecarios independientes’ [en Cuba] no son bibliotecarios, sino disidentes políticos de diversas profesiones que aparentemente están estableciendo centros de información en sus casas o tiendas, y que son apoyados por fondos y materiales provenientes de organizaciones tales como Freedom House, la cual está subvencionada por el gobierno de Estados Unidos”.

El documento también dice que “la SRRT se suma al Grupo de Bibliotecas Cubanas, con sede en Inglaterra, que aboga por un programa positivo de interacción con bibliotecas y bibliotecarios y apoyo a éstos”.


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