
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR mayo de 2003 Vol. 27 No. 5
Estados Unidos
Salen del ‘hueco’ 5 patriotas cubanos
Washington viola derechos de revolucionarios presos en mazmorras del imperio
Por Mary Ann Schmidt
MIAMI-Cinco revolucionarios cubanos han sido liberados del confinamiento
solitario -el “hueco”- al cual habían sido sometidos durante un mes bajo
condiciones brutales. Los cinco son René Gonzalez, Gerardo Hernández, Ramón
Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González.
Los cinco cumpliendo largas sentencias bajo cargos fabricados. Su “crimen”
consiste en haber recogido información sobre grupos contrarrevolucionarios
que tienen un largo historial de lanzar ataques violentos contra Cuba desde
territorio estadounidense con la complicidad de Washington.
El FBI, que arrestó a los cinco en 1998, no pudo probar ante el tribunal
federal que hubiesen cometido algún acto ilegal. Fueron acusados de cargos de
conspiración para actuar como agente no inscrito de una potencia extranjera,
conspiración para cometer espionaje para Cuba y, en el caso de Hernández,
conspiración de homicidio. Recibieron condenas que varían desde 15 años hasta
una doble cadena perpetua. En un intento de aislarlos, fueron dispersados a
cinco penitenciarías en diferentes estados del país. Sin embargo, no ha
logrado aplastar su moral. Los cinco continúan realizando actividades
políticas tras las rejas, y sus abogados prepararon una apelación del caso.
Unas semanas después de la fecha para presentar la apelación, el
Departamento de Justicia aplicó “Medidas Especiales Administrativas” bajo
las cuales estaban incomunicados, sin acceso a materiales impresos y con otras
severas restricciones. Notificaron a sus abogados que estarían bajo
confinamiento solitario por un año, plazo que podría ser extendido. A por lo
menos a uno de los cinco se le negó acceso a su abogado.
A Gerardo Hernández, quien cumple una doble sentencia de cadena perpetua, lo
tuvieron en “la Caja”, un hueco dentro del “hueco” de la penitenciaría
de máxima seguridad en Lompoc, California. Lo arrojaron a un cuarto donde
apenas podía dar tres pasos. Lo dejaron únicamente con su ropa interior y una
camisa. Se pasó la última semana tratando de tapar una gotera que venía del
inodoro de la celda de arriba. Sus quejas al servicio médico de la cárcel
fueron desoídas.
Los defensores de los cinco organizaron una campaña de escribir cartas y
otras protestas públicas para exigir que el Buró Federal de Prisiones los
sacara del hueco.
Una declaración publicada ese mismo día por la Asamblea Nacional de Cuba
decía, “Ha quedado demostrado que el gobierno de Estados Unidos durante un
mes violó los derechos de los prisioneros, los de sus abogados y las normas del
debido proceso, dañando gravemente el proceso de apelación. Al sacarlos del
‘hueco’ ahora el gobierno prueba que no había ninguna una justificación de
‘seguridad nacional’ y que se vio obligado a retroceder ante la denuncia y
la protesta”.
Washington alegó que aisló a los cinco, suspendiendo sus derechos a tener
visitas, porque representaban un posible peligro a la “seguridad nacional”.
El fiscal general John Ashcroft envió una orden al Buró Federal de Prisiones
alegando que el contacto que los cinco han mantenido, por correo o en persona,
con otras personas podría conducir a la revelación de información que “amenazaría
la seguridad nacional de Estados Unidos”. La orden debía durar un año y
podría ser prolongada.
Los cinco patriotas cubanos aún están sometidos a restricciones onerosas al
uso de los teléfonos, a la correspondencia, al acceso consular y a las visitas
familiares.
Los abogados de los cinco iban a presentar las apelaciones ante un tribunal
de federal en Atlanta el 7 de abril. Sin embargo, Leonard Weinglass, abogado de
Antonio Guerrero y parte del equipo legal de los cinco, solicitó una prórroga
de 30 días porque las restricciones carcelarias habían imposibilitado la
colaboración necesaria con sus clientes durante todo el mes anterior.
Weinglass señaló además que las autoridades le entregaron a Guerrero una
caja con 200 cartas dirigidas a él mientras se hallaba en el “hueco”.
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