
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR mayo de 2003 Vol. 27 No. 5
Cuba
EE.UU. amenaza nuevas sanciones
Gobierno cubano responde a provocaciones promovidas por Washington
Por Argiris Malapanis
Funcionarios del gobierno norteamericano anunciaron el 17 de abril que
Washington podría imponer nuevas sanciones contra Cuba, utilizando como
justificación los recientes arrestos, juicios y sentencias contra 75 opositores
de la Revolución Cubana.
Estas medidas representan un paso más en la escalada de ataques y
provocaciones de Washington. Desde el verano pasado, el gobierno norteamericano
ha usado su personal diplomático para canalizar fondos a individuos en esta
nación caribeña con el fin de socavar la Revolución Cubana. Las acciones de
Washington también han fomentado una serie de secuestros de aviones y
embarcaciones de Cuba a Estados Unidos.
“Funcionarios de la administración declararon que están preparando un
surtido de opciones para el presidente, y que aún no se ha tomado una decisión
final”, informó un artículo del diario New York Times
el 17 de abril. Según los funcionarios, que filtraron el anuncio al diario
neoyorquino, “Las sanciones más severas entrañan la restricción o
eliminación de las transferencias de dinero en efectivo, llamadas remesas, a
amigos y familiares en la isla”.... También está siendo considerada la
limitación del número de norteamericanos que viajan a Cuba mediante la
cancelación de los vuelos chárter directos entre los dos países. Miles de
viajeros, principalmente cubanoamericanos que viajan a visitar a sus familiares,
utilizan todos los meses los vuelos chárter que salen de Miami, Nueva York y
otras ciudades”.
El 17 de abril la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, reunida
en Ginebra, aprobó una resolución promovida por Washington que le pide al
gobierno de Cuba que permita la visita de una “relatora de derechos humanos”
de la ONU a la isla para investigar e informar sobre el estado de los derechos
humanos en ese país. La resolución -presentada por los gobiernos de Costa
Rica, Nicaragua, Perú y Uruguay, coauspiciada por Washington- fue parecida a la
adoptada el año pasado. Esta se aprobó con 24 votos a favor, 20 en contra y 9
abstenciones. A la misma vez, por un voto de 31 a 15, la comisión rechazó una
enmienda -orquestada por Washington y presentada por el gobierno de Costa Rica-
que manifestaba su “profunda preocupación” por la “detención,
enjuiciamiento sumario y la rigurosa condena de numerosos miembros de la
oposición política”, y exigía que Cuba los excarcelara de inmediato.
En una conferencia de prensa el 18 de abril, el ministro del exterior cubano
Felipe Pérez Roque clasificó el fracaso de la enmienda como un triunfo para
Cuba.
Pérez Roque también criticó una declaración emitida el 14 de abril por
los cancilleres de la Unión Europea que condenaba los arrestos y las sentencias
y advertía que las acciones cubanas podrían perjudicar las relaciones
económicas con la UE. La principal fuente de comercio e inversión para Cuba
son los países integrantes de la UE.
El canciller cubano dijo que su gobierno estaba considerando retirar su
petición, presentada en enero, de incorporarse al Convenio de Cotonú, un pacto
comercial patrocinado por la UE con sus antiguas colonias.
Por otra parte, Pérez Roque afirmó que su gobierno no permitiría la visita
de ningún “relator de derechos humanos” de la ONU. El gobierno cubano
criticó los cuatro gobiernos latinoamericanos que patrocinaron la resolución
que planteó esa exigencia. En la reunión de Ginebra un funcionario cubano los
describió como “repugnantes lacayos” de Washington.
Arrestos y juicios de los 75
En la segunda quincena de marzo, las autoridades cubanas arrestaron a 75
opositores de la Revolución Cubana. En la rueda de prensa del 9 de abril,
Pérez Roque dijo que las primeras 32 personas fueron arrestadas el 18 de marzo
tras haber participado en tres reuniones entre diciembre y marzo con miembros
del personal diplomático estadounidense en la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana o en la residencia de James Cason, jefe de la misión
diplomática estadounidense en ese país.
Washington no ha tenido relaciones diplomáticas con Cuba desde que las
rompió en enero de 1961 en respuesta al triunfo de la revolución en 1959. Esa
revolución derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista y estableció un
gobierno que defiende los intereses de los trabajadores y campesinos cubanos, no
los de los capitalistas y latifundistas nacionales o de las familias gobernantes
de Estados Unidos.
Pérez Roque declaró que los 75 fueron procesados por las autoridades
cubanas por violaciones del Código Penal de Cuba y la Ley 88, conocida como la
Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba.
La Asamblea Nacional cubana adoptó esta ley en 1999 para contrarrestar los
efectos de la mal llamada Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubana,
también conocida como la ley Helms-Burton.
En marzo de 1996 la ley Helms-Burton fue aprobada por un voto bipartidista en
las dos cámaras del congreso de Estados Unidos y firmada por el presidente
demócrata William Clinton. La ley codificó todas las órdenes presidenciales
pertinentes al embargo económico norteamericano contra Cuba y estipuló que las
sanciones se mantuvieran en vigor hasta que se estableciera en Cuba un “gobierno
de transición” aprobado por Washington.
La promulgación de esta ley significó un aumento notable de la guerra
económica de Washington contra Cuba, así como una ofensiva comercial contra
otras potencias imperialistas, especialmente en Europa y Canadá, los cuales han
aumentado sus inversiones en Cuba.
Pérez Roque dijo que la fiscalía había presentado cargos contra los
arrestados por violaciones al Artículo 91 del Código Penal, que estipula que
“el que en interés de un estado extranjero ejecute un hecho con el objetivo
de que sufra detrimento la independencia del estado cubano, o la integridad de
su territorio, incurre en sanción de privación de libertad de 10 a 20 años, o
muerte”.
Los fiscales también citaron violaciones de tres artículos de la Ley 88,
dijo Pérez Roque. El primero de éstos estipula sentencias de cárcel para “el
que busque información para ser utilizada en la aplicación de la ley
Helms-Burton, el bloqueo y la guerra económica contra nuestro pueblo,
encaminado a quebrantar el orden interno, desestabilizar el país y liquidar el
estado socialista y la independencia de Cuba”. Los otros dos artículos
establecen sanciones contra “el que acumule, reproduzca, difunda material de
carácter subversivo del gobierno de Estados Unidos de América, sus agencias,
dependencias representantes, funcionarios o de cualquier entidad extranjera para
apoyar los objetivos de la ley Helms-Burton,” o que “colabore por cualquier
vía con emisoras de radio o televisión, periódicos, revistas u otros medios
de difusión extranjeros” para ayudar a Washington a alcanzar sus objetivos de
la ley de la “Helms-Burton”.
Pérez Roque no detalló los cargos contra cada uno de los 75 individuos. El
texto de su conferencia de prensa del 9 de abril, publicado como tabloide y
difundido ampliamente en Cuba, es la principal explicación oficial hasta la
fecha sobre estos casos.
Del 3 al 7 de abril se celebraron 29 juicios, en los cuales los 75 fueron
declarados culpables, recibiendo sentencias que variaban entre 6 y 28 años de
cárcel.
En la rueda de prensa Pérez Roque dijo que las vistas fueron orales y
públicas, y que “han participado casi 3 mil personas en los juicios”,
principalmente familiares de los acusados, además de testigos. La corte no
abrió los juicios a la prensa, afirmó Pérez Roque.
Respondiendo a los acusaciones de los medios capitalistas de que lo juicios
habían violado los derechos fundamentales de los acusados, Pérez Roque dijo
que todos los acusados, así como sus abogados, tuvieron conocimiento de los
cargos antes del juicio, todos tuvieron derecho a la representación jurídica y
que 44 de los abogados defensores fueron designados por los acusados y sus
familias; todos tienen el derecho de apelar sus condenas ante el Tribunal
Supremo; y ninguno ha sido sometido al confinamiento solitario o la coacción.
El canciller cubano describió algunas de las pruebas presentadas en los
tribunales.
Pruebas publicadas
Pérez Roque citó los casos de cinco de los acusados en los cuales se
presentaron recibos y facturas para mostrar que éstos habían recibido fondos
de diplomáticos norteamericanos o funcionarios de la Agencia de Estados Unidos
para el Desarrollo Internacional (USAID), en sumas que iban desde 30 dólares
para Iván Hernández Carrillo, hasta más de 7 mil dólares para Oscar Espinoza
Chepe.
Según un video de un juicio que se mostró en la rueda de prensa, uno de los
acusados, Osvaldo Alfonso Valdés, miembro del grupo “Todos Unidos”,
testificó, “Sabemos que los recursos que nos llegan para nuestras labores
provienen de fondos que aprueba el gobierno de ese país. Recuerdo una ocasión,
una entrevista con un funcionario de la USAID, en la propia oficina, en la cual
este venía a comprobar si los recursos de la oficina llegaban a nuestras manos.
En ese momento se analizó vías alternativas para que esos recursos llegaran a
nuestro poder... pues significaría demostrar evidentemente que éramos
sustentados por la Oficina de Intereses, cosa que negamos. Algunos propusieron
que llegaran a través de representantes en el exterior, con vistas a no
demostrar el vínculo directo entre el gobierno norteamericano y los opositores”.
Valdés dijo que Vicky Huddleston, antigua jefa de la Sección de Intereses
de Estados Unidos, participó en esa reunión. Un video de su testimonio fue
presentado a los reporteros en la conferencia de prensa del 9 de abril.
USAID es una de las instituciones que la ley Helms-Burton describe como
responsable de canalizar ayuda económica y material a los llamados “activistas
pro derechos humanos” y otros opositores del gobierno en Cuba. Según la
agencia AP, la USAID ha entregado 20 millones de dólares a grupos basados en
Estados Unidos que se dedican a derrocar al gobierno cubano.
También se presentó el testimonio de varios agentes de la Seguridad del
Estado cubana, quienes habían infiltrado los grupos contrarrevolucionarios que
colaboran con funcionarios estadounidenses. Se informó que varios de estos
agentes se habían ganado suficiente confianza de los funcionarios
estadounidenses que hasta habían recibido “pases abiertos” a la Sección de
Intereses en La Habana, así como libre acceso a las computadoras y otros
equipos de la sede diplomática estadounidense.
En la rueda de prensa se presentaron videos del testimonio de estos agentes.
El agente Néstor Baguer dijo a la corte que él llegó a ser presidente de la
llamada Asociación de Prensa Independiente. Otra agente, Odilia Collazo, llegó
a ser presidente del Partido pro Derechos Humanos de Cuba. Collazo dijo que ella
y otros miembros de este grupo recibieron instrucciones de funcionarios de la
Sección de Intereses de Estados Unidos. Les pidieron que enviaran informes al
Departamento de Estado norteamericano, a Amnistía Internacional, a Human Rights
Watch y a otras organizaciones sobre supuestas violaciones de derechos humanos
en Cuba.
Refiriéndose a estas operaciones encubiertas, Pérez Roque dijo a los
reporteros que James Cason y sus superiores en Washington deberían saber que
“hemos dicho nada más una parte de lo que sabemos”.
Entre los grupos estadounidenses que canalizaron fondos a algunos de los
acusados está el Centro Americano para la Solidaridad Sindical Internacional,
un grupo que recibe financiamiento del gobierno de Estados Unidos y cuyo
propósito es “persuadir a los inversionistas extranjeros para que no
inviertan en Cuba”, dijo Pérez Roque.
Además, dijo Pérez Roque, se presentaron pruebas de que varios de los
acusados distribuyeron una publicación llamada Revista de Cuba
impresa en las instalaciones de la Sección de Intereses en La Habana. Otros de
los acusados, según afirmó el canciller cubano, distribuyeron la revista El
Disidente, publicada en Puerto Rico con fondos de la USAID, enviada a
Cuba a través de la valija diplomática de la Sección de Intereses de Estados
Unidos y distribuida abiertamente por diplomáticos norteamericanos.
Pérez Roque también dijo que varios de los acusados brindaban información
a Cubanet y a otros medios de difusión financiados por Washington que podían
ser utilizados por la Casa Blanca para aplicar la ley Helms-Burton. De acuerdo a
funcionarios cubanos, Cubanet es una publicación en la Internet que recibe unos
2 millones de dólares al año a través de la USAID y que apoya la política de
Washington contra Cuba.
“Se ha multiplicado el uso de la valija diplomática de la Sección de
Intereses de Estados Unidos para financiar, proveer de medios para ejercer su
labor contrarrevolucionaria en Cuba a los grupos creados y financiados por el
gobierno de Estados Unidos”, dijo Pérez Roque.
Acusó a James Cason, jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos
desde julio de 2002, de acciones más y más provocadoras. “Se le ha dado
indicaciones a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana de
convertirse, prácticamente, en el estado mayor y en el cuartel de la
subversión interna en Cuba”, dijo el canciller cubano. El jefe de la sede
diplomática norteamericana ha mantenido un perfil “nunca antes visto en el
cuarto de siglo que han estado funcionando las Secciones de Intereses, en
abierta violación de las leyes que rigen el comportamiento diplomático, en
abierta injerencia en los asuntos internos de Cuba, con un tono y una actuación
impropios, realmente, de un diplomático.” Esta conducta es consecuente con la
“obsesión de los gobiernos de Estados Unidos de fabricar en Cuba una
oposición”, declaró.
Estas recientes acciones, señaló el canciller, son la continuación de la
incesante guerra económica de Washington así como su apoyo a grupos
paramilitares que operan desde territorio norteamericano, atentados contra
dirigentes del gobierno cubano y esfuerzos por aislar a Cuba política y
económicamente por más de cuatro décadas. El pueblo y el gobierno de Cuba “libran
todavía hoy una dura batalla por su derecho a la libre determinación, por su
derecho a la independencia”, dijo.
Campaña de Washington
Washington ha utilizado los arrestos y las condenas para intensificar su
campaña contra Cuba. El secretario de estado norteamericano Colin Powell dijo
el 15 de abril que las sentencias muestran que La Habana está “suprimiendo la
oposición”, agregando que estas acciones deben “indignar a todos los
dirigentes de este hemisferio, a todos los dirigentes de este mundo”.
Inmediatamente después de darse a conocer las condenas de los 75, un vocero
del Departamento de Estado, Philip Reecker, declaró, “Estados Unidos llama a
la comunidad internacional a unirse a nosotros para condenar esta represión y
demandar la liberación de estos prisioneros cubanos de conciencia”.
En respuesta, Roque dijo a la prensa el 9 de abril, “El señor Reecker
debería saber que la comunidad internacional realmente está espantada... por
los más de 600 presos que todavía están en la Base Naval de Guantánamo, en
un limbo jurídico, tratados como no personas y pendientes de una decisión para
presentarse en tribunales militares secretos norteamericanos; que podrían
incluir el no acceso de la defensa y los acusados a los papeles de la acusación
por ser declarada información secreta”.
“Algunos gobiernos y figuras internacionales han expresado su preocupación
pública acerca de estos juicios”, dijo Carlos Fernández de Cossío,
embajador cubano a Canadá, en una carta publicada en el diario en inglés Globe
and Mail de Toronto, en respuesta a un editorial de la edición del 8 de
abril de este diario (las citas han sido retraducidas al español).
“En cambio, expresan silencio en público con respecto a la nación más
poderosa de la tierra”, dijo Fernández de Cossío. “No se ha tomado acción
semejante ante los abusos de los afganos, árabes y ciudadanos de distintos
países detenidos en la base de Guantánamo. No se ha realizado, ni puede
realizarse, ningún juicio militar secreto como los que se han establecido en
Estados Unidos”.
El embajador dijo que “los 75 individuos cubanos y sus abogados han tenido
pleno acceso a la información utilizada contra ellos por la fiscalía, en
contraste con los cinco cubanos condenados a sentencias abusivas en Estados
Unidos quienes todavía están esperando para leer el 50 por ciento de la
documentación usada para incriminarlos, ya que fueron declarados secretos”.
El se refería a los cinco revolucionarios cubanos sentenciados en 2001 en
una corte federal en Miami bajo varios cargos, entre otros, no inscribirse como
agente extranjero, conspiración para realizar espionaje para La Habana y, en un
caso, conspiración para cometer homicidio. Los cinco patriotas cubanos
recibieron sentencias carcelarias que van de 15 años a doble cadena perpetua.
Desde el 28 de febrero hasta fines de marzo fueron puestos en confinamiento
solitario, por una orden del procurador general de Estados Unidos que alegaba
que sus contactos con muchas personas a través de visitas y correo presentaban
una probable amenaza a la “seguridad nacional” de Washington. Les revocaron
sus derechos de visita y les quitaron su material impreso. Gerardo Hernández,
uno de los cinco, fue confinado a “La Caja” -un hueco dentro “del hueco”-
una celda donde solo podía dar tres pasos y las luces estaban encendidas las 24
horas. Los guardias le quitaron la ropas y le dieron solamente su ropa interior
y una camisa para vestir.
Los cinco fueron sacados del hueco el 2 de abril, cuando Washington se
aprestaba a intensificar su campaña contra Cuba en torno a los arrestos de los
75. Sin embargo, hasta la fecha sus derechos de visita siguen restringidos a
familiares, funcionarios consulares cubanos y abogados defensores.
En una entrevista telefónica, Rogelio Polanco, director de Juventud Rebelde,
dijo que los medios noticiosos del mundo capitalista han puesto los arrestos y
juicios de los 75 en la misma categoría con las ejecuciones de tres
secuestradores armados “para crear confusión y dar la impresión falsa de que
los “disidentes” están recibiendo la pena de muerte en Cuba.
Una racha de secuestros
“Este es un caso diferente”, dijo Polanco. “Estas personas cometieron
un acto de piratería”.
Polanco se refería al intento del 2 de abril de 10 cubanos que secuestraron
una lancha en el puerto de La Habana, armados con cuchillos y pistolas en un
fallido intento de llegar a Florida. Los secuestradores llevaron la lancha a 30
millas de la costa cubana, donde se les acabó el combustible. Exigieron otra
lancha, amenazando con empezar a tirar a la borda a algunos de los 34 pasajeros
y tripulantes si no se cumplía su demanda. Los guardacostas cubanos notificaron
a sus homólogos en Estados Unidos, quienes dijeron que no iban a tomar acción.
Naves guardacostas cubanas se mantuvieron cerca de la lancha y finalmente
convencieron a los secuestradores de regresar a La Habana para reabastecerse de
combustible. En el puerto, agentes de seguridad cubana tomaron la lancha y
arrestaron a los secuestradores después que los pasajeros comenzaron a saltar
al agua.
Los 10 individuos fueron acusados bajo la Ley contra Actos de Terrorismo,
aprobada en diciembre del 2001, por haber “graves actos de terrorismo”.
Fueron enjuiciados y sentenciados el 8 de abril. Tres de ellos fueron
sentenciados a la pena capital y, después que el Tribunal Supremo y el Consejo
de Estado refirmaran las sentencias, fueron ejecutados tres días después.
Cuatro hombres de este grupo fueron condenados a cadena perpetua, y tres mujeres
recibieron sentencia de un año a tres años de cárcel.
Este fue el más reciente de una serie de tales incidentes. “En los
últimos siete meses”, declaró Pérez Roque el 9 de abril, “ha habido siete
secuestros de naves aéreas y embarcaciones cubanas propiciados... por la
aplicación indiscriminada de la Ley de Ajuste Cubano, de la práctica de
recibir allí a gente que emplea actos terroristas, violencia para llegar allá”.
La Ley de Ajuste Cubano de 1966 fomenta las salidas de Cuba hacia Estados
Unidos al otorgar asilo casi automáticamente a todo cubano que llegue a las
costas de Florida sin importar los delitos que haya cometido al hacerlo.
Washington se ha negado a tomar medidas algunas para desalentar estos
incidentes. De acuerdo a funcionarios cubanos, los que cometieron cuatro de
estos secuestros el año pasado todavía están en las calles de Miami. El 19 y
el 31 de marzo ocurrieron secuestros de aviones, aterrizando los secuestradores
en Florida. Y el 2 de abril fue secuestrada la embarcación.
Esa misma noche, James Cason, en un acto inusual, emitió una declaración
transmitida por la televisión cubana advirtiendo a los cubanos que Washington
no otorgaría inmunidad a futuros secuestradores. “Tales actos son violaciones
extremadamente graves de las leyes internacionales y de las de Estados Unidos”
dijo Cason en su mensaje, de acuerdo al Miami Herald del 3 de
abril. Su mensaje fue leído por un presentador del noticiero de la tarde. “Todo
individuo de cualquier nacionalidad, incluidos cubanos, que secuestren una
aeronave o un barco a Estados Unidos será enjuiciado con toda la fuerza de la
ley del sistema jurídico de Estados Unidos. El individuo sentenciado por tales
delitos puede cumplir largas sentencias en penitenciarías federales. Una vez
sentenciado por uno de estos delitos el individuos, incluido un cubano, sería
permanentemente inelegible para la residencia permanente legal en Estados Unidos”.
El 10 de abril, un juez federal norteamericano puso en libertad bajo fianza a
los secuestradores de dos aviones, según informó la agencia mexicana Notimex.
El mismo día las autoridades cubanas frustraron un intento de secuestro de otro
avión en el aeropuerto de la Isla de la Juventud. Subrayando estos eventos, el
diario cubano Granma dijo en un editorial publicado el 11 de abril que
estos constituían “una prueba más de la absoluta veracidad de las denuncias
y acusaciones cubanas” de que Washington fomenta los secuestros al negarse a
enjuiciar a los culpables.
Los funcionarios cubanos han señalado incidentes anteriores en la ultima
década, incluida una serie de secuestros en 1994, cuando un oficial de la
policía y un teniente de la marina fueron asesinados en ataques armados por
secuestradores.
Hablando con la prensa el 18 de abril, Pérez Roque dijo que el uso de la
pena de muerte contra los tres secuestradores de la embarcación fue un “recurso
excepcional” para encarar una crisis que se estaba creando, provocada por la
conducta del gobierno norteamericano, el cual incumple los acuerdos migratorios
entre los dos gobiernos.
En un acuerdo suscrito por los dos gobiernos en 1994, Washington acordó
otorgar 20 mil visas anualmente a cubanos que soliciten emigrar a Estados
Unidos. Aunque las peticiones han excedido esta cifra cada año, el gobierno de
Estados Unidos ha incumplido esta cuota por márgenes considerables. En 2002, la
Sección de Intereses otorgó 18 mil de estas visas, dijo Pérez Roque. En los
primeros cinco meses del año en curso, que en el acuerdo inmigratorio comienza
el 1 de octubre, Washington ha otorgado 505 visas, dijo. Esto contrasta con las
11 mil visas entregadas en 2000, unas 8 300 en 2001 y un poco más de 7 mil el
año pasado durante el mismo periodo de cinco meses. Esto representa “un plan
deliberado para que se desesperen los que quieren emigrar, para que no tengan
otra alternativa que la emigración ilegal”, declaró.
Debate sobre medidas cubanas
Ante la escalada de la campaña norteamericana contra Cuba, muchos liberales
que critican la política exterior de la Casa Blanca se han sumado al coro de
denuncias estridentes contra Cuba entre círculos burgueses. El congresista
demócrata Charles Rangel, uno de los dirigentes del Grupo de Trabajo sobre Cuba
en el Congreso norteamericano, quien abogaba por un “dialogo” entre los
gobiernos de Estados Unidos y el cubano, dijo al New York Times,
“Esto pone fin a esa discusión”.
“Ellos saben cómo apoyar a sus enemigos y deshacerse de sus amigos”,
dijo airado.
Algunas fuerzas que se consideran radicales o socialistas han hecho eco de la
propaganda de Washington. Por ejemplo, partidarios de los Socialistas
Democráticos de América están circulando una carta abierta por la Internet
que en nombre de la “izquierda democrática” declara, “En solidaridad con
el pueblo de Cuba, condenamos la actual represión por el estado cubano contra
pensadores y escritores independientes, activistas por los derechos humanos y
demócratas”. La declaración afirma que el gobierno cubano es “una
dictadura más”. Entre los firmantes se encuentran conocidos socialdemócratas
como Stanley Aronowitz, Bogdan Denitch y Leo Casey. Otra declaración semejante
está firmada por Chomsky, Aronowitz y otras figuras de la “izquierda”.
José Saramago, miembro del Partido Comunista portugués y premio Nóbel de
literatura, rompió en público con el gobierno cubano en una declaración
publicada en el diario madrileño El País el 14 de abril. “Hasta aquí
he llegado”, escribió. “Cuba no ha ganado ninguna heroica batalla fusilando
a estos tres hombres, pero sí ha perdido mi confianza, ha dañado mis
esperanzas, ha defraudado mis ilusiones”.
En respuesta a Saramago, el conocido escritor uruguayo Mario Benedetti dijo
que ahora no el momento “para borrarse totalmente del apoyo a Cuba”.
En una entrevista publicada en el periódico uruguayo La República,
Benedetti expresó su oposición a la pena de muerte y criticó la ejecuciones
en Cuba. Al mismo tiempo, indicó que había que dirigir el fuego principalmente
contra Washington por su invasión a Iraq y el elevado número de ejecuciones en
Estados Unidos. Aludiendo al papel servil del gobierno uruguayo en Ginebra, dijo,
“Que gobernantes que han apoyado a Estados Unidos en su invasión asesina a
Irak, que ahora se golpeen el pecho democrático, indignados porque en Cuba se
haya ejecutado a tres secuestradores, resulta de una hipocresía asquerosa”.
En La Habana, 27 destacados escritores y artistas firmaron una carta abierta
titulada “Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”. Responden a
“amigos que de buena fe puedan estar confundidos al sumarse a las condenas de
los recientes juicios. “Para defenderse, Cuba se ha visto obligada a tomar
medidas enérgicas que naturalmente no deseaba”. Firman el mensaje, entre
otros, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, Senel Paz, Silvio Rodríguez,
Humberto Solás y Carlos Martí.
Otro conocido escritor cubano, César López, se unió al debate. “Se puede
estar contra la pena de muerte. Yo lo estoy. Se puede discutir respecto a lo
pertinente de las condenas que legalmente se han aplicado”, dijo, citado por El
País. “Yo lo discuto”.
Pero, recalcó, “olvidar la realidad, el peligro, el ataque constante a
Cuba y a su gente, manifiesto en todos estos años, y exacerbado en las últimas
semanas, no parece del todo honesto”. Los sucesos en el mundo exigen no una
condena a Cuba sino “la acción clara contra la guerra y el peligro que ya nos
envuelve a todos. Cuba incluida”.
“No se trata de derechos humanos, de libertad o de libertad de expresión”,
dijo el embajador cubano en Canadá, Carlos Fernández de Cossío, en su carta
al Globe and Mail. “Al gobierno que ha apoyado a algunos de los
regímenes más brutales del siglo XX”, continuó, “que lleva a cabo una
guerra criminal con ambiciones económicas y geopolíticas, que posee los
mayores arsenales de armas nucleares, químicas y biológicas, no se le puede ni
se le debe permitir que piense que la integridad y soberanía de Cuba están a
la venta”.
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