Perspectiva Mundial
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El Militant, un semanario socialista en inglés

en este numero

PORTADA

¡Regresen las tropas a casa ya! (Editorial)

¡Saquen del ‘hueco’ a 5 patriotas cubanos presos en EE.UU.!

París envía 3 mil tropas a Costa de Marfil

Costureras en huelga en Pennsylvania

Calero recibe amplio apoyo en Chicago

La Habana: presentan libro de Malcolm X

‘Necesitamos la voz de Malcolm X hoy’

COREA DEL NORTE

Washington aumenta amenazas

ESTADOS UNIDOS

Ponen en el ‘hueco’ a 5 patriotas cubanos presos en Estados Unidos

Intercambio Juvenil Cuba-EE.UU. en julio

Miles se suman a protestas de paz

Mitin en N.Y.: ‘Ya ha comenzado el invierno largo y caliente del capitalismo’

Tras huelga, obreros de la costura en Point Blank recuperan sus empleos

IRAN

También en la mira de Washington

MEXICO

Campesinos luchan para no perder sus tierras

VENEZUELA

Trabajadores derrotan paro patronal

EDITORIAL PATHFINDER

‘Viernes Sangriento’, décimo capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
abril de 2003 Vol. 27 No. 4

¡Alto a la deportación de Róger Calero!

Victoria: Róger Calero, subdirector de Perspectiva Mundial, excarcelado de prisión de inmigración el 13 de diciembre. Continúa la lucha.

Hoja informativa y petición por la excarcelación de Róger Calero, subdirector de Perspectiva Mundial, detenido por el INS

Hoja informativa
Petición


Editorial

¡Regresen las tropas a casa ya!
Washington marcha hacia guerra contra Iraq, Irán, Corea del norte

soldados
Soldados en Fort Campbell, Kentucky, se aprestan a abordar aviones rumbo al Golfo Arábigo-Pérsico

¡Regresen las tropas a casa ya! ¡Alto a la agresión imperialista contra Iraq!

Instamos a los trabajadores y jóvenes a sumarse con estas consignas a las marchas de paz que se efectúan en muchas ciudades, así como hacer campaña en las escuelas, en las calles, en los barrios obreros, en el trabajo y a las entradas de fábricas. Es una lucha no solo contra el ataque de Wa­shington y Londres a Iraq sino una lucha contra todo el sistema imperialista y sus guerras.

Al cierre de esta edición, Washington y Londres se aprestaban a lanzar la invasión. Al mismo tiempo, impulsan una campaña de propaganda contra otras dos naciones en la lista imperialista del “eje del mal”: Irán y Corea (ver artículos en las páginas 5 y 21).

No se trata solo de una guerra por el petróleo. La guerra se enmarca en un conflicto más amplio entre las distintas potencias imperialistas para repartirse de nuevo las ex colonias de Africa, Asia y el Medio Oriente. Este conflicto inter-imperialista, con Wa­shington-Londres de un lado y París-Berlín del otro, como dos polos inestables, es lo que ha alimentado el ataque a la soberanía de Iraq librada bajo la bandera de la ONU durante 12 años, así como la invasión de Iraq encabezada por Washington. Esta guerra es la primera de una serie de guerras imperialistas en los años venideros, en tanto el sistema capitalista mundial se hunde cada vez más en una depresión prolongada.

Lejos de ser una “guerra de Bush”, según dicen muchos críticos del actual gobierno, esta trayectoria tiene el pleno apoyo de toda la clase gobernante en Estados Unidos. Si las fuerzas norteamericanas logran tomar Iraq, Washington tendrá masivas tropas estacionadas a lo largo de las fronteras Afganistán-Irán e Iraq-Irán. Impondrá su dominio en la región del Golfo Arábigo-Pérsico y se encontrará en una posición más fuerte para amenazar al régimen de Arabia Saudita a fin de detener todo paso que contradiga los intereses de Washington en el Medio Oriente. Dicho resultado significaría un cambio económico y militar en la correlación de fuerzas en el mundo a favor de Washington.

Por eso el gobierno de Estados Unidos busca imponer un “cambio de régimen” y un protectorado norteamericano en Iraq, mientras que París, el rival más agresivo de Washington, insiste en la continuidad del régimen y se opone a un protectorado norteamericano.

Al concluir su matanza del pueblo iraquí en 1991, las fuerzas norteamericanas fueron las vencedoras militares. Sin embargo, al enfrentar la oposición de sus “aliados”, especialmente de París y Berlín, Washington decidió no marchar sobre Bagdad. Ese conflicto amenazaba con desbaratar la coalición imperialista. Durante la década siguiente, los gobernantes franceses desarrollaron contratos comerciales enormemente rentables con Iraq para la venta de productos industriales y la exploración y extracción de petróleo, mientras que Wa­shington obtuvo cero contratos. París mejoró su posición, y Wa­shington se empeña en cambiar esa situación para provecho propio.

Este es el verdadero conflicto. De eso se trata el debate que se ha llevado a cabo en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por eso es importante rechazar el mito de que los gobiernos de Francia y Alemania son promotores de “paz”. Estas potencias imperialistas han sido cómplices junto con Washington en la destrucción de Iraq en los últimos 12 años al apoyar sanciones económicas brutales y demás medidas codificadas en las resoluciones de Naciones Unidas.

Asimismo, la consigna “Dejen que funcionen las inspecciones” y las demandas a favor del “desarme” -promovidas por muchos estalinistas, socialdemócratas y liberales como parte de su postura antiguerra- dan legitimidad a la violación de la soberanía de Iraq. Sirven de justificaciones para utilizar la ONU como herramienta del imperialismo, como lo ha sido desde el inicio.

No hay que tomar a la ligera el curso político de los gobernantes de Estados Unidos y sus aliados al perseguir el “eje del mal”. Tanto Irán como Corea del norte se encuentran ya en su mira. Al oponernos a esta trayectoria desastrosa, los trabajadores debemos rechazar toda las justificaciones que presentan los gobernantes multimillonarios, incluidos sus llamados a la “no proliferación nuclear”. Hay que reivindicar el derecho de las naciones oprimidas a defenderse por cualquier medio que sea necesario. El dirigente revolucionario Malcolm X se enorgulleció cuando el pueblo chino desarrolló su bomba atómica en 1964. “Me tuve que maravillar de eso”, afirmó. “Me di cuenta que los pobres lo pueden hacer al igual que los ricos”.

En las primeras líneas de la resistencia contra el imperialismo se encuentran las huelgas y otras acciones obreras que muestran el rechazo de los trabajadores a subordinar sus intereses de clase al “sacrificio nacional”, a “nuestro país” y a “nuestras tropas”. Muchos trabajadores conscientes se suman a estas luchas para solidarizarse. Al hacerlo, hallarán un terreno fértil para explicar que la mejor forma de abordar a los soldados de Estados Unidos y de otros ejércitos imperialistas en el Medio Oriente -muchos de los cuales son trabajadores y agricultores en uniforme, utilizados como carne de cañón por la clase enemiga- es al demandar que regresen todos los soldados a casa ahora.

En la mayoría de las actuales manifestaciones antiguerra en el mundo, predominan las consignas pacifistas. Por otra parte, estas acciones sí van en contra de la potencia imperialista más poderosa del mundo, la cual está agrediendo a Iraq. Además, estas manifestaciones están abiertas a pancartas, carteles y participantes que defienden la soberanía en Iraq y que exigen no solo “Regresen las tropas a casa ya” sino la retirada de todas las fuerzas imperialistas que reclamen derechos territoriales en el Medio Oriente.

La mayoría de los jóvenes que participan en estas protestas no conocen los hechos que se esconden detrás de la demagogia de los gobernantes imperialistas rivales; muchos de estos jóvenes tienen ilusiones en Naciones Unidas o en la posibilidad de domesticar o reformar al imperialismo. Sin embargo, la moral de muchos de estos manifestantes no se quebrantará cuando se desaten los masivos bombardeos contra Iraq y cuando la guerra imperialista se extienda a otros frentes.

El movimiento comunista tendrá una oportunidad aún mejor de ganar adeptos entre miles de estos jóvenes. Estos se interesarán en la perspectiva de construir partidos proletarios capaces de dirigir a los trabajadores a tomar el poder de las manos de los imperialistas guerreristas -sean norteamericanos, franceses o de cualquier otra variedad-, establecer un gobierno de trabajadores y agricultores, derrocar el capitalismo y sumarse a la lucha mundial por el socialismo.


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