
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR abril de 2003 Vol. 27 No. 4
Editorial
¡Regresen las tropas a casa ya!
Washington marcha hacia guerra contra Iraq, Irán, Corea del norte
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Soldados en Fort Campbell, Kentucky, se aprestan a
abordar aviones rumbo al Golfo Arábigo-Pérsico
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¡Regresen las tropas a casa ya! ¡Alto a la agresión
imperialista contra Iraq!
Instamos a los trabajadores y jóvenes a sumarse con estas
consignas a las marchas de paz que se efectúan en muchas ciudades, así como
hacer campaña en las escuelas, en las calles, en los barrios obreros, en el
trabajo y a las entradas de fábricas. Es una lucha no solo contra el ataque de
Washington y Londres a Iraq sino una lucha contra todo el sistema imperialista
y sus guerras.
Al cierre de esta edición, Washington y Londres se
aprestaban a lanzar la invasión. Al mismo tiempo, impulsan una campaña de
propaganda contra otras dos naciones en la lista imperialista del “eje del mal”:
Irán y Corea (ver artículos en las páginas 5 y 21).
No se trata solo de una guerra por el petróleo. La guerra se
enmarca en un conflicto más amplio entre las distintas potencias imperialistas
para repartirse de nuevo las ex colonias de Africa, Asia y el Medio Oriente.
Este conflicto inter-imperialista, con Washington-Londres de un lado y
París-Berlín del otro, como dos polos inestables, es lo que ha alimentado el
ataque a la soberanía de Iraq librada bajo la bandera de la ONU durante 12
años, así como la invasión de Iraq encabezada por Washington. Esta guerra es
la primera de una serie de guerras imperialistas en los años venideros, en
tanto el sistema capitalista mundial se hunde cada vez más en una depresión
prolongada.
Lejos de ser una “guerra de Bush”, según dicen muchos
críticos del actual gobierno, esta trayectoria tiene el pleno apoyo de toda la
clase gobernante en Estados Unidos. Si las fuerzas norteamericanas logran tomar
Iraq, Washington tendrá masivas tropas estacionadas a lo largo de las fronteras
Afganistán-Irán e Iraq-Irán. Impondrá su dominio en la región del Golfo
Arábigo-Pérsico y se encontrará en una posición más fuerte para amenazar al
régimen de Arabia Saudita a fin de detener todo paso que contradiga los
intereses de Washington en el Medio Oriente. Dicho resultado significaría un
cambio económico y militar en la correlación de fuerzas en el mundo a favor de
Washington.
Por eso el gobierno de Estados Unidos busca imponer un “cambio
de régimen” y un protectorado norteamericano en Iraq, mientras que París, el
rival más agresivo de Washington, insiste en la continuidad del régimen y se
opone a un protectorado norteamericano.
Al concluir su matanza del pueblo iraquí en 1991, las
fuerzas norteamericanas fueron las vencedoras militares. Sin embargo, al
enfrentar la oposición de sus “aliados”, especialmente de París y Berlín,
Washington decidió no marchar sobre Bagdad. Ese conflicto amenazaba con
desbaratar la coalición imperialista. Durante la década siguiente, los
gobernantes franceses desarrollaron contratos comerciales enormemente rentables
con Iraq para la venta de productos industriales y la exploración y extracción
de petróleo, mientras que Washington obtuvo cero contratos. París mejoró su
posición, y Washington se empeña en cambiar esa situación para provecho
propio.
Este es el verdadero conflicto. De eso se trata el debate que
se ha llevado a cabo en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Por eso es importante rechazar el mito de que los gobiernos
de Francia y Alemania son promotores de “paz”. Estas potencias imperialistas
han sido cómplices junto con Washington en la destrucción de Iraq en los
últimos 12 años al apoyar sanciones económicas brutales y demás medidas
codificadas en las resoluciones de Naciones Unidas.
Asimismo, la consigna “Dejen que funcionen las inspecciones”
y las demandas a favor del “desarme” -promovidas por muchos estalinistas,
socialdemócratas y liberales como parte de su postura antiguerra- dan
legitimidad a la violación de la soberanía de Iraq. Sirven de justificaciones
para utilizar la ONU como herramienta del imperialismo, como lo ha sido desde el inicio.
No hay que tomar a la ligera el curso político de los
gobernantes de Estados Unidos y sus aliados al perseguir el “eje del mal”.
Tanto Irán como Corea del norte se encuentran ya en su mira. Al oponernos a
esta trayectoria desastrosa, los trabajadores debemos rechazar toda las
justificaciones que presentan los gobernantes multimillonarios, incluidos sus
llamados a la “no proliferación nuclear”. Hay que reivindicar el derecho de
las naciones oprimidas a defenderse por cualquier medio que sea necesario. El
dirigente revolucionario Malcolm X se enorgulleció cuando el pueblo chino
desarrolló su bomba atómica en 1964. “Me tuve que maravillar de eso”,
afirmó. “Me di cuenta que los pobres lo pueden hacer al igual que los ricos”.
En las primeras líneas de la resistencia contra el
imperialismo se encuentran las huelgas y otras acciones obreras que muestran el
rechazo de los trabajadores a subordinar sus intereses de clase al “sacrificio
nacional”, a “nuestro país” y a “nuestras tropas”. Muchos
trabajadores conscientes se suman a estas luchas para solidarizarse. Al hacerlo, hallarán un terreno fértil para explicar que la mejor forma de abordar a los soldados de Estados Unidos y de otros ejércitos imperialistas en el Medio
Oriente -muchos de los cuales son trabajadores y agricultores en uniforme,
utilizados como carne de cañón por la clase enemiga- es al demandar que
regresen todos los soldados a casa ahora.
En la mayoría de las actuales manifestaciones antiguerra en
el mundo, predominan las consignas pacifistas. Por otra parte, estas acciones
sí van en contra de la potencia imperialista más poderosa del mundo, la cual
está agrediendo a Iraq. Además, estas manifestaciones están abiertas a
pancartas, carteles y participantes que defienden la soberanía en Iraq y que
exigen no solo “Regresen las tropas a casa ya” sino la retirada de todas las
fuerzas imperialistas que reclamen derechos territoriales en el Medio Oriente.
La mayoría de los jóvenes que participan en estas protestas
no conocen los hechos que se esconden detrás de la demagogia de los gobernantes
imperialistas rivales; muchos de estos jóvenes tienen ilusiones en Naciones
Unidas o en la posibilidad de domesticar o reformar al imperialismo. Sin
embargo, la moral de muchos de estos manifestantes no se quebrantará cuando se
desaten los masivos bombardeos contra Iraq y cuando la guerra imperialista se
extienda a otros frentes.
El movimiento comunista tendrá una oportunidad aún mejor de
ganar adeptos entre miles de estos jóvenes. Estos se interesarán en la
perspectiva de construir partidos proletarios capaces de dirigir a los
trabajadores a tomar el poder de las manos de los imperialistas guerreristas -sean norteamericanos, franceses o de cualquier otra variedad-, establecer un gobierno de trabajadores y agricultores, derrocar el capitalismo y sumarse a la lucha mundial por el socialismo.
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