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Trabajadores derrotan paro patronal

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‘Viernes Sangriento’, décimo capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
abril de 2003 Vol. 27 No. 4

Venezuela

‘Ahora estamos más fuertes en nuestra lucha por la tierra, por la mayoría’

Por Argiris Malapanis

Desde que fue derrotado el paro patronal en Venezuela, “ahora estamos más fuertes en nuestra lucha por la tierra, la lucha por la mayoría”, dijo Armando Serpa.

Los comentarios de este campesino y luchador por los derechos agrarios, entrevistado por teléfono el 6 de febrero, fueron reiterados por otras personas entrevistadas por Perspectiva Mundial al divulgarse el hecho que el paro contra el gobierno, que duró dos meses, se había “desmoronado”, según se expresó un informe de la agencia noticiosa AP. “Los trabajadores en todas las industrias [menos la petrolera] han regresado a sus puestos”, indicó la versión de AP el 4 de febrero, al tiempo que la producción de los pozos petrolíferos y de las refinerías ha subido notablemente. El 4 de febrero la coalición opositora anunció oficialmente el fin del “paro” en todos los sectores menos el petrolero.

El paro fue “más bien como un lockout”, dijo Yhonny García, un sindicalista, en una entrevista telefónica. García es miembro de la Fuerza Obrera Bolivariana, central sindical que apoya al gobierno del presidente Hugo Chávez. El reside en Maracaibo, capital del estado occidental de Zulia, donde se concentra gran parte de la extracción petrolera.

La mayoría de los 30 mil trabajadores de Petróleos de Venezuela (PdVSA), la empresa petrolera estatal “no dejaron sus puestos durante los últimos dos meses”, dijo García. “La mayoría de los 10 mil gerentes y administradores que sí salieron en huelga ya han sido despedidos, y la nueva administración es chavista”.

“La producción de petroleo ha subido a 1.8 millones de barriles por día, comparado con 3.2 millones antes de la huelga”, dijo García. Bajó a 250 mil a mediados de diciembre. “Los patrones sí perjudicaron la economía. Pero políticamente, los trabajadores ahora están más fuertes”.

Detrás del ‘paro’ patronal

Fedecámaras, la principal asociación patronal, es la fuerza dominante en la Coordinadora Democrática, la coalición opositora que convocó al paro el 2 de diciembre, con apoyo de la cúpula de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV). La coalición exigió la renuncia de Chávez y elecciones tempranas. Los funcionarios norteamericanos al principio apoyaron esta posición, pero -cuando Chávez dejó claro que no aceptaría estas demandas- adoptó la postura de promover negociaciones entre los dos bandos.

Chávez llegó a ser una figura política popular en 1992 cuando, siendo un oficial militar, dirigió un fallido golpe de estado contra el desprestigiado régimen de Carlos Andrés Pérez de Acción Democrática. Acción Democrática, un partido socialdemócrata, está en la coalición opositora. Millones de trabajadores identifican el régimen de Pérez con la represión y con el empobrecimiento de la población. Chávez, electo en 1988, salió reelecto en 2000, con masivo apoyo popular frente a los partidos burgueses tradicionales.

Bajo el gobierno de Chávez las relaciones económicas capitalistas han permanecido intactas; el poder sigue en manos de las familias capitalistas más poderosas. Por otra parte, el gobierno de Chávez ha despertado la ira de los capitalistas con ciertas medidas que afectan sus prerrogativas. Entre estas están la ley de reforma agraria, una ley para proteger a los pequeños pescadores de la sobrepesca por parte de las grandes compañías pesqueras, y un programa estatal para ofrecer viviendas baratas.

Los gobernantes venezolanos, preocupados por las elevadas expectativas del pueblo trabajador, están empeñados en derrocar al gobierno. En abril de 2002, un tercio del alto mando militar, con apoyo de las familias burguesas dominantes y de Washington, derrocaron a Chávez en un golpe. Chávez volvió al poder dos días más tarde, cuando las movilizaciones de decenas de miles de trabajadores y campesinos causaron divisiones en la cúpula militar.

Las fuerzas armadas, depuradas de oficiales disidentes, apoyaron al gobierno en la última crisis.

Se intensifica lucha de clases

“Durante el paro, los trabajadores, campesinos y estudiantes se opusieron a los intentos de sacar a Chávez”, dijo Antonio Aguillón, un sindicalista en Caracas. “Fueron los mismos que derrotaron el golpe del año pasado”. Junto con los obreros petroleros que, con ayuda de soldados de la Guardia Nacional, reanudaron la producción, han estado los campesinos que luchan por tierra. Estudiantes han organizado asambleas para exigir la reapertura de las universidades. Se llevaron a cabo varias grandes concentraciones, incluida una de cientos de miles de personas en Caracas el 23 de enero, para contrarrestar las muchas movilizaciones antichavistas.

En unos pocos casos, los trabajadores tomaron instalaciones industriales cerradas y exigieron que el gobierno las volviera a abrir. Según García, los sindicalistas que ocuparon Texdala, una textilera en Maracay, y en Central Carora, un ingenio azucarero en Lara, también reclamaron el control obrero de la producción. La Fuerza Obrera Bolivariana ahora está exigiendo leyes para nacionalizar empresas que repitan un lockout, dijo.

Bajo esta presión, el gobierno tomó varias medidas que propinaron golpes a la coalición opositora. El 17 de enero, por ejemplo, tropas de la Guardia Nacional en la ciudad industrial de Valencia tomaron el almacén de cerveza de Empresas Polar, junto con la planta de gaseosas Panamco -filial de Coca-Cola- y las volvieron a abrir.

Cinco días más tarde la Corte Suprema suspendió un referéndum sobre el gobierno de Chávez que el Consejo Electoral Nacional había fijado para el 2 de febrero. Chávez ha rechazado las demandas de la oposición de que acorte su mandato. El insiste en que la oposición ahora debe recoger suficientes firmas en peticiones si han de proponer un referéndum sobre su presidencia en agosto, lo cual se permitiría bajo la constitución.

A medida que se desmoronaba el paro, Chávez decretó varias medidas adicionales. Fijó el cambio de la moneda a 1 600 bolívares al dólar -una revaluación del 16 por ciento- e impuso controles al cambio de divisas a fin de impedir la fuga de capitales. La medida más popular fue la que decretó topes de precios para una serie de artículos y servicios esenciales.

Los topes de precios fueron populares, dijo Armando Serpa. “Debido al paro, subieron la inflación y el desempleo, y eso afecta a la gente”. Dijo que el gobierno está actuando un poco más rápidamente en respuesta a las demandas de tierra de los campesinos.

“Pero es un proceso contradictorio”, dijo Serpa. “Hace dos semanas, un coronel de la Guardia Nacional encabezó a las tropas que expulsaron a cientos de campesinos que habían ocupado terrenos de la Compañía Inglesa durante dos años. “No sabemos quién está promoviendo esta acción, pero estamos luchando y vamos a enterarnos”.

Campesinos no cesan la lucha agraria

Compañía Inglesa, dirigida por capitalistas británicos, es uno de los mayores terratenientes de Venezuela. Un grupo de campesinos tomó la mitad de una finca de más de 4 800 hectáreas de esa compañía a principios de 2001. Serpa ha sido miembro del comité agrario, que organiza la toma de tierras, y ayudó a organizar un recorrido para los reporteros de Perspectiva Mundial en julio pasado.

Desde mediados de enero, los campesinos en la zona han ocupado las oficinas locales del Instituto Nacional de Tierra, el cual supervisa la expropiación de tierras y su distribución. Los campesinos han logrado presionar al gobierno para que inicie una investigación del incidente con la Guardia Nacional.

Los trabajadores están organizando esfuerzos semejantes para exigir sus derechos, dijo Aguillón, enfatizando que “es necesario porque los patrones están volviendo a abrir las fábricas pero muchos trabajadores están desempleados, sobre todo los más combativos”.

A partir del 15 de febrero comenzaron asambleas de obreros petroleros para exigir más control obrero en las industrias, dijo García. Los dirigentes del sindicato del acero y de otros sindicatos han planteado la formación de una nueva central sindical con el nombre provisional de UNETE en respuesta al apoyo de la CTV al paro patronal.


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