
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR abril de 2003 Vol. 27 No. 4
México
Campesinos luchan para no perder sus tierras
Por Rollande Girard
SAN FRANCISCO-Decenas de miles de campesinos y trabajadores
agrícolas marcharon en Ciudad de México el 31 de enero para exigir que el
gobierno mexicano renegociara el capítulo agrícola del Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLC). Productores de café, de frijol, de caña
de azúcar y otros productos llegaron en autobuses y camiones de todo el
interior del país. Algunos trajeron sus tractores y caballos.
La marcha fue auspiciada por “El Campo No Aguanta Más”,
El Barzón, y el Congreso Agrario Permanente (CAP). También fue respaldada por
la Unión Nacional de Trabajadores y la Asociación de Mujeres de Organizaciones
Rurales.
Fue la manifestación más grande desde que comenzaron las
protestas el año pasado contra la puesta en vigencia a partir de 2003 de
cláusulas del TLC que eliminan aranceles protectores para 20 productos
agropecuarios mexicanos, entre ellos el trigo, el arroz, la papa y el café.
Sara de los Reyes Pérez, una campesina de Tapachula, estado
de Chiapas, dijo a la prensa que “los productos que vendemos cada día tienen
menor precio. En cambio, llegamos aquí y quisimos comprar una taza de café y
la venden en siete pesos. Allá [en Chiapas] vendemos el kilo a dos pesos.” (1
peso= 0.9 centavos).
Raúl Godínez, también de Tapachula, dijo que “al entrar
en México todas las grandes empresas extranjeras lógico es que se apoderen de
nuestras tierras, nos ofrecerán un salario como obreros y nosotros lo vamos a
aceptar porque no tenemos otra cosa. Estamos aquí porque necesitamos subsidios
para que no se acabe la tierra.”
“El campo es mi vida y ahora estoy sin nada. Quiero
trabajar pero sin dinero los animales se me mueren y la tierra se seca,”
señaló Tranquilino Galván Rodríguez, de Querétaro.
El TLC entró en vigencia en 1994. Los gobiernos firmantes
calificaron el acuerdo como beneficio para las economías de Canadá, Estados
Unidos y México. Sin embargo, la aplicación de este pacto comercial por los
imperialistas de Ottawa y Washington --especialmente este último- está
dificultando más y más la supervivencia de los campesinos mexicanos.
Muchos artículos pueden ser producidos más económicamente
en Estados Unidos usando técnicas avanzadas de agricultura. Los campesinos en
México no logran obtener un precio competitivo para sus productos y se ven
forzados a abandonar la tierra. Una de las principales demandas de los
manifestantes en la capital mexicana a fines de enero fue a favor de aumentos en los subsidios estatales que les permitirían resistir este ataque.
El gobierno mexicano calcula que entre 1990 y el 2000 se
perdieron 1.2 millones de empleos en la agricultura mexicana. El 30 por ciento
de la población en el campo vive por debajo del nivel oficial de pobreza, más
que el doble de la cifra nacional de 13.5 por ciento. Funcionarios del Banco
Mundial y de Naciones Unidas definen el nivel de pobreza como el ingreso de un
dólar por día por persona.
Aumentan protestas populares
Las protestas de los agricultores y trabajadores del campo se
han incrementado desde diciembre. En algunos casos, grupos de campesinos han
bloqueado las carreteras donde los camiones llevan los productos agrícolas de
Estados Unidos a México.
Buscando socavar las protestas, el presidente mexicano
Vicente Fox convocó al “relanzamiento de un gigantesco compromiso del estado
mexicano con el campo y las comunidades rurales”. Invitó a las organizaciones
de productores agrícolas y a los gobernadores estatales, las autoridades
municipales y los parlamentarios federales y estatales a juntarse para un “diálogo” a fin de lograr un acuerdo.
Las organizaciones de productores agropecuarios suspendieron
temporalmente las protestas. Sin embargo, el gobierno mexicano rechazó la
principal demanda de los campesinos de revisar el capítulo agrícola del TLC,
argumentando que el acuerdo ofrece oportunidades a los productores.
La creciente inmigración de campesinos y trabajadores
agrícolas a Estados Unidos es una expresión del trastorno económico que está
afectando el campo mexicano. El gobierno de México le ha pedido a Washington un
nuevo acuerdo inmigración, pero sin resultado.
“La solución a largo plazo para el problema de la
inmigración consiste en encontrar una manera de promover el comercio de ambos
lados de la frontera para que la gente pueda encontrar empleos aquí en México”,
declaró el presidente estadounidense George Bush al rechazar la propuesta de un
nuevo pacto, “para desarrollar la industria juntos en el centro de México, en
el sur de México, de forma que el pueblo tenga más probabilidad de encontrar
trabajo en su país.”
Recientemente el secretario de estado norteamericano Colin
Powell planteó la idea de un programa de “trabajadores huéspedes”. En
ocasiones anteriores tales proyectos garantizaron una oferta de mano de obra
mexicana barata, con contratos a corto plazo a los agroempresarios en Estados
Unidos.
Rollande Girard es operadora de máquina de coser en San
Francisco.
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