
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR marzo de 2003 Vol. 27 No. 3
Estados Unidos
Estados Unidos apunta tropas contra Iraq
Agresión realza conflicto interimperialista entre Washington y París y
Berlín
Por Peter Thierjung y Patrick O’Neill
El desplazamiento de la 101 División
Aerotransportada al Golfo Arábigo-Pérsico, junto con un quinto portaviones,
le dará a Washington la fuerza de efectivos y el poder de fuego para que su
ataque contra Iraq “empiece a rodar” de un momento a otro.
“Podríamos ir hoy si alguien nos lo pidiera”, dijo un funcionario del
departamento de defensa según el Washington Post del 7 de febrero.
Entrenados para asaltos aéreos, los 15 mil soldados de esa división
incrementarán a más de 125 mil el total de efectivos estadounidenses en Kuwait
y otros lugares en el Golfo en plan de atacar, y que a la vez siguen aumentando
rápidamente. Además, el Reino Unido y Australia están movilizando 42 mil y 2
mil soldados, respectivamente.
Con miras a utilizar su peso como parte del ataque que viene, Francia y
Alemania -las potencias rivales de Washington- han seguido intentando reafirmar
sus propios intereses imperialistas.
En el último periodo se han intensificado los choques resultantes entre
funcionarios de Washington y los de Berlín y París.
Washington ‘sí lo hará’
El intercambio más agudo ocurrió cuando los dos gobiernos rechazaron una
propuesta de Washington de que la alianza militar de la OTAN provea asistencia
con defensas antimisiles a Turquía. Rumsfeld calificó la negativa como “vergonzosa”.
De una forma u otra dijo, “Turquía no será lastimada”. Si la OTAN
continúa poniendo pretextos, subrayó, “Estados Unidos seguirá adelante y
sí lo hará”.
El secretario general de la OTAN Lord Robertson invocó rápidamente el
Artículo IV del pacto militar, una cláusula que obliga a sostener consultas
sobre la disputa.
Los dos rivales europeos de Washington también han creado un plan para
enviar a Iraq tropas de ocupación de Naciones Unidas -“cascos azules”- por
varios años como una extensión a las “inspecciones de armas”. El
secretario de estado norteamericano Colin Powell calificó la propuesta como una
“distracción, no una solución”.
Según el diario alemán Die Welt, el plan convertiría a todo
Iraq en una “zona de exclusión aérea”. Requeriría de miles de soldados de
la ONU en Iraq por varios años como parte de un “robusto régimen de
inspección” de armas, dijo el periódico. Berlín facilitaría tropas,
mientras que París proveería aviones espía para asistir a los “inspectores”
de armas.
En respuesta a la forma en que Rumsfeld los cucó durante la “conferencia
de seguridad” internacional anual, en Munich, Alemania, el ministro del
exterior alemán Joshka Fisher recitó una lista de intervenciones militares de
su país en el extranjero, desde Kosova y Macedonia hasta Afganistán donde el
número de tropas alemanas asciende ahora a 3 mil. El 10 de febrero un general
alemán asumió control del comando conjunto de las fuerzas extranjeras allí.
Rumsfeld ha contrastado repetidamente la posición de la “Vieja Europa” -Francia
y Alemania- con la de Londres y los otros 17 estados, en su mayoría del este y
sur de Europa, que han declarado un apoyo menos reservado para la trayectoria
encabezada por Washington.
Incluso a medida que los choques políticos se agudizaban, el único
portaviones francés zarpó para realizar “ejercicios” en la zona del Golfo.
La fuerza aérea francesa ha estado equipando aviones con dispositivos para
guíar de bombas con satélites, para ayudar a que coordinen más fácilmente
con las fuerzas norteamericanas.
Escritores de editoriales en la prensa capitalista de Estados Unidos han
notado el grado de tensión entre Washington y sus rivales europeos. Haciendo
referencia a los 18 países que han apoyado la posición de Washington en el
Medio Oriente, William Safire del New York Times escribió
con regocijo que “la idea de que París y Berlín puedan encargarse de una ‘política
exterior común’ para toda Europa no es más que una ilusión de burócratas
presumidos”.
Thomas Friedman, otro columnista del Times quien a diferencia de
Safire toma una posición liberal, recomendó que se prive a París de su puesto
como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU con poder de veto.
“Yo de seguro que votaría para sacar a Francia del Consejo y remplazarla con
la India”, escribió. “Entonces los cinco permanentes serían Rusia, China,
India, Gran Bretaña y Estados Unidos. Es como debiera ser. Francia está tan
empecinada con su necesidad de diferenciarse de América . . . que se ha vuelto
algo ridículo”, reclamó Friedman.
La disputa en torno al suministro de defensas antimisiles a Turquía
continúa siendo fuente de fricción creciente. El vecino norteño de Iraq será
-junto a Kuwait- el puesto de estacionamiento de tropas para la invasión
terrestre imperialista. El 6 de febrero el parlamento turco dio el visto bueno
para que Washington estacione decenas de miles de efectivos en el sudeste del
país.
El periódico turco Hurriyet dijo que el gobierno ha pedido 14 mil
millones de dólares en ayuda a Estados Unidos. El primer ministro Abdullah Gul
propuso que tropas turcas vayan ocupando el norte de Iraq detrás de la fuerza
estadounidense de avanzada.
Funcionarios turcos dijeron que su objetivo es parar una entrada de
refugiados como la ocurrida durante la primera Guerra del Golfo. Las tropas
servirían como advertencia armada para los curdos del área, quienes tienen una
larga historia de lucha en pos de un estado independiente, a pesar de la
represión por parte del gobierno turco y de otros regímenes de la región.
Entretanto, voces liberales como el New York Times
acogieron el discurso de Colin Powell al Consejo de Seguridad de la ONU, en el
que ofreció “pruebas” del supuesto doblez de Iraq en lo referente a sus
reservas de armas. Los directores del Times calificaron la presentación
de “imponente”.
Otros liberales se han subido ya al tren bélico, señaló el columnista del Times
William Keller el 8 de febrero. “El presidente nos va a llevar a la guerra con
apoyo -a menudo, lo admito, de tono equívoco y paternalista- de un buen número
de miembros de la camarilla propagandística liberal de la costa este”,
escribió. “El club de los no-puedo-creer-que-soy-un-halcón [bélico] incluye
a escritores regulares en este periódico y el Washington Post, a
los directores del New Yorker, The New Republic
y Slate, y columnistas de [las revistas] Time y Newsweek”.
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