
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR marzo de 2003 Vol. 27 No. 3
Editorial
Los cañonazos iniciales de la tercera guerra mundial
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Portaviones norteamericano USS Constellation en área del Golfo
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El pueblo trabajador no debe confundir los acalorados intercambios entre el
secretario de defensa de Estados Unidos Donald Rumsfeld y sus homólogos en
Francia y Alemania como una simple guerra de palabras. Detrás de las riñas en
torno a la participación de la OTAN en los preparativos bélicos encabezados
por Washington y al papel de los inspectores de Naciones Unidas en Iraq, yacen
los intereses encontrados de las principales potencias imperialistas.
Las posturas de Berlín y París tienen que ver con la defensa de esos
intereses y la promoción de sus propias posiciones como potencias
imperialistas; no tienen nada que ver con frenar la marcha hacia una invasión.
Los gobernantes de las dos potencias europeas están a favor de un ataque contra
Iraq. A lo que se oponen es al dominio de Washington y -en su papel de reparto-
de Londres, en la guerra que se avecina.
Las clases dominantes de todos estos países lo mismo está en juego: una
oportunidad de lograr una mayor tajada de las reservas petroleras en el Medio
Oriente y de establecerse de manera más firme como explotadores por toda esa
región.
De esas dos potencias europeas, Francia ostenta el mayor poderío militar. Al
contar con una armada oceánica y armas nucleares, París es uno de tres poderes
imperialistas con un alcance militar internacional. Por su parte, Berlín aspira
a desarrollar su potencial militar y superar los obstáculos que le impusieron
por salir como el principal actor derrotado en la Segunda Guerra Mundial. No
obstante su fuerza económica, los limita el estancamiento de su economía.
Para los gobernantes de Estados Unidos, a quienes por ahora se les hace
sangre la boca, Francia y Alemania representan la “Vieja Europa” -según
dijo Rumsfeld-, en contraste con la “Nueva Europa”: el Reino Unido, Europa
del sur y los países que hoy llaman a la puerta de la Unión Europea.
No es la primera vez que en el periodo de la posguerra estos explotadores
riñen. Pero las tensiones se desencadenan hoy al comienzo de una depresión
económica mundial, la que espolea la competencia, incluso interimperialista, a
todos los niveles.
Estos sucesos confirman las lecciones de la primera Guerra del Golfo,
detalladas en “Los cañonazos iniciales de la tercera guerra mundial” y
demás artículos en el número 1 de Nueva Internacional. Ese “ataque
contra Iraq”, explica Jack Barnes en ese tomo, “fue el primer conflicto
desde la Segunda Guerra Mundial en el cual [Washington] trató de utilizar su
poderío militar para asestarle golpes, indirectos pero palpables, a los rivales
del imperialismo estadounidense, especialmente a Bonn, Tokio y París. La Guerra
del Golfo agudizó los conflictos y las divisiones que existen entre Washington
y sus adversarios imperialistas, así como entre estas mismas potencias rivales”.
El estudio de este y otros números de esta revista marxista nos ayuda a
prepararnos para la guerra contra Iraq y las guerras que le seguirán.
Estos materiales explican concretamente que si bien el pueblo trabajador
carga con el peso de la crisis y las guerras del capitalismo, no entra a este
periodo simplemente como carne de cañón en las guerras económicas ni en las
de tiros de los capitalistas. Y ha demostrado muchas veces que también puede
hacer historia, siguiendo el camino cubano y el de la Revolución Rusa y
derrocando el régimen de los explotadores.
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