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EDITORIAL

Los cañonazos iniciales de la tercera guerra mundial

EDITORIAL PATHFINDER

Noveno capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’


UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR
marzo de 2003 Vol. 27 No. 3

Editorial Pathfinder

‘Se reanuda la huelga’
Noveno capítulo de ‘La rebelión de los camioneros’

Por Farrell Dobbs

[A continuación publicamos el noveno capítulo de La rebelión de los camioneros, traducción de Teamster Rebellion, por Farrell Dobbs. Perspectiva Mundial está publicando este libro por entregas.

[La rebelión de los camioneros es el primero de cuatro tomos que Dobbs escribió sobre las huelgas, campañas de sindicaliza­ción y luchas políticas que transformaron al sindicato de los camioneros Teamsters en Minnesota y en gran parte del Medio Oeste en un pujante movimiento social. Dobbs fue protagonista y dirigente de esas batallas, y luego dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores por muchos años.

[Los subtítulos son de Perspectiva Mundial. Copyright © 2002 por Pathfinder. Se publica con autorización.]

Al vislumbrarse con certeza otra huelga, la atención se tornó con miras a apuntalar las alianzas del Local 574. Se llegó a un acuerdo con tres organizaciones agrícolas: la Asociación Día Franco para Agricultores, la Oficina Agraria Nacional y la Asociación de Hortelanos. Se estipulaba que durante la huelga los piquetes del sindicato no interferirían con los camiones de granjas si llevaban permisos del Local 574 y de la organización agrícola a la que pertenecía cada operario. A fin de evitar violaciones al acuerdo, comités de agricultores asumieron la tarea de montar piquetes en las carreteras que conducían a Minneapolis. Cuando más tarde se puso en práctica ese procedimiento, funcionó bien. Las dificultades experimentadas durante la acción de mayo se evitaron de forma considerable y entre los agricultores el sindicato gozó de una simpatía general. La opinión favorable al sindicato se acrecentó más aun por el hecho de que el carácter dual del sistema de permisos permitió que las organizaciones agrícolas condujeran sus propias campañas eficaces de reclutamiento.

Ya que el callejón de puestos en el mercado municipal de nuevo se cerraría durante el paro venidero, era necesario asegurarse que los hortelanos estuvieran fuera de esta potencial zona de batalla. Con ese fin el sindicato alquiló un estacionamiento grande a pocas cuadras del distrito del mercado regular. A los hortelanos se les dio permiso que lo usaran de forma gratuita para que comerciaran con los pequeños abarroteros, dando así a los hortelanos un estímulo adicional para que cooperaran con nosotros en vista de los alquileres que les arrancaban en el callejón de puestos. A los pequeños abarroteros se les permitió recoger productos agrícolas en el nuevo mercado en carros de pasajeros, pero no se les permitió usar camiones. Para ellos eso no presentó ningún problema ya que sus compras no eran muy voluminosas. Fue tan exitoso el sistema, que se continuó incluso después que la siguiente huelga había terminado, y el sindicato recibió muestras de aprecio mediante donaciones a su comisariato.

Alianza con los desempleados

También se tomaron medidas para dar mayor seguridad a los desempleados de que su alianza con el sindicato no sería un asunto unilateral. El Local 574 se suscribió al llamado para una conferencia laboral unificada sobre los problemas de los desem­pleados. Esta acción de parte del que se había convertido en el sindicato más respetado de la ciudad ayudó a recalcar con vigor el deber de los trabajadores empleados de respaldar las demandas de los des­empleados. Dio un nuevo ímpetu a una tendencia creciente hacia la cooperación práctica de los sindicatos y los desempleados en la lucha por mejorar el sistema de asistencia pública.

Al mismo tiempo, el Local 574 tomó medidas para establecer una coordinación organizativa más estrecha con los desem­pleados en la próxima huelga mediante el Consejo Central de Trabajadores de Minne­apolis (MCCW). Este era un organismo de delegados, representantes de diversas organizaciones obreras, como formaciones de desempleados, sindicatos, grupos políticos sindicales, asociaciones fraternales de trabajadores, movimientos cooperativistas, jóvenes, y organizaciones femeninas de carácter obrero. Se había creado con el propósito expreso de luchar en nombre de los trabajadores desocupados. Se hizo arreglos para que esta organización inscribiera voluntarios entre los desem­pleados que quisieran apoyar al Local 574 en la inminente batalla contra los patrones de la industria camionera. Se les entregaron distintivos del MCCW, entendiéndose que eso les daría condición de piqueteros oficiales bajo la dirección del comité de huelga del sindicato.

Solidaridad del movimiento sindical

Como sucedió en mayo, de nuevo se necesitaban medidas especiales para alinear al movimiento sindical de la ciudad en apoyo de nuestra lucha. Se lanzó una campaña para obtener el respaldo público de los sindicatos en todos los diversos sectores. Prácticamente todos los miembros del Local 574 participamos en el esfuerzo, llevando nuestro caso a otros sindicalistas de base, ayudando así a presionar a la cúpula de la AFL. Esto le permitió a la dirección del Local 574 lograr que se aceptara un llamado oficial de la AFL para una conferencia conjunta de todos los sindicatos de la ciudad. Esta conferencia programó una marcha sindical unida y una concentración de protesta contra las tácticas antisindicales de los patrones del camionaje, la cual se realizaría el 6 de julio de 1934.

Para las 6:00 p.m. la noche de la manifestación, los trabajadores que se concentraban para el desfile ya llenaban el área de formación en el distrito de la Plaza Bridge. Por más de una hora, un constante flujo de hombres y mujeres continuó llegando a raudales para formar columnas que se extendieron a lo largo de las calles adyacentes. A las 7:30 la cabeza del desfile dobló hacia la Avenida Nicollet, una de las principales arterias en el centro de la ciudad, en una marcha de 18 cuadras hacia el Auditorio Municipal, donde se celebró la concentración de protesta. Un escuadrón de mensajeros motorizados de la huelga de mayo se encargó de que las calles en el trayecto de la marcha estuvieran despejadas para los manifestantes, quienes iban encabezados por el Gran Mariscal Ed Hudson, concejal del Partido de los Agricultores y Trabajadores. El sindicato había conseguido un caballo fino para que Hudson lo montara. Eso pareció agradarle mucho y a nosotros eso también nos complacía porque un despliegue de apoyo tan prominente haría más difícil que se rajara cuando las cosas se pusieran más duras. Iba seguido por una banda del sindicato de músicos.

Después venía el Local 574, con los miembros de su larga columna caminando orgullosamente tras el estandarte del sindicato. Detrás de nosotros marcharon el comité auxiliar de mujeres, otros locales de los Teamsters, de los gremios de la construcción, trabajadores de tranvías, impresores, cerveceros, obreros ferroviarios, torneros, organizaciones de desempleados, trabajadores de lavanderías, tapiceros, empleados municipales y del condado, trabajadores de la costura, y otros contingentes sindicales, entre ellos un destacamento de sindicalistas de St. Paul, una ciudad contigua. También marcharon con nosotros miembros de la Asociación Día Franco para Agricultores así como varios estudiantes de la Universidad de Minnesota. En el desfile se llevaban pancartas en que se proclamaba: “Apoyamos al 574”, “Abajo la Alianza Ciudadana” y “Abajo los red baiters”.1 Dos avionetas con la insignia del Local 574 sobrevolaron el área. Pertenecían a simpatizantes quienes las ofrecieron de forma voluntaria a fin de que el sindicato las empleara para enviar representantes por todo el estado para solicitar ayuda. Más de 6 mil espectadores, la mayoría simpatizantes, flanqueaban la línea de marcha, y el oleaje de vítores particularmente fuertes de su parte marcaba el progreso del paso del Local 574 por la avenida.

Participan más de 12 mil en mitin

Los capitanes de piquetes de la huelga de mayo mantuvieron el orden del desfile, y con firmeza hicieron cumplir la decisión del sindicato de que quienes marcharan serían los primeros en entrar al auditorium para el mitin de protesta. Para cuando empezó el mitin, más de 12 mil personas colmaban el auditórium, y miles más se quedaron afuera escuchando por los altoparlantes. A.H. Urtabees, presidente del Consejo de Sindicatos de la Construcción, presidió la reunión. Roy Wier habló en nombre de la Unión Central del Trabajo, Emery Nelson por el Consejo Unido de los Teamsters, y Robert Fleming por los Sindicatos de Teamsters de St. Paul. John Bosch de la Asociación Día Franco para Agricultores prometió en nombre de los agricultores dar apoyo al Local 574. Los oradores del sindicato subrayaron que los patrones de la industria del camionaje habían violado el acuerdo alcanzado en mayo con el Local 574, calificándolo como un desafío de parte de la Alianza Ciudadana, al cual debía hacer frente todo el movimiento obrero. Bill Brown y Miles Dunne hablaron por el Local 574.

Según se hizo constar en una versión taquigráfica de la reunión, Miles Dunne respondió a un ataque difamatorio lanzado por los patrones contra la dirección del sindicato diciendo: “Ellos han traído a colación el problema rojo, y nos han acusado de ser rojos y radicales . . . de querer introducir una nueva forma de gobierno y les digo aquí francamente . . . cuando existe un sistema de sociedad que permite que los patrones en Minneapolis engorden en base a la miseria y hambre y degradación de la mayoría, es hora que el sistema se cambie, es el momento culminante para que los trabajadores les quiten esto de sus manos y tomen para sí por lo menos una parte justa de toda la riqueza que producen”.

Bill Brown declaró: “Lo digo esta noche, insisto en que debemos dejar constancia, o se larga de aquí este movimiento sindical o se larga la Alianza Ciudadana, y a nosotros aquí nos gusta [Aplausos muy fuertes] . . . Quiero decir que no hay ningún patrón justo, a no ser que lo estemos enterrando [Risas del público] . . . Yo sostengo que es la clase trabajadora la que paga impuestos. No queremos que nuestra agencia, el Departamento de Policía, se use contra nosotros. Peor si lo hacen; si lo llegan a hacer, maldita sea, tenemos gente suficiente para deshacernos del Departamento de Policía”.

‘Minneapolis: una ciudad sindical’

Sin que hubiera una sola voz de desacuerdo el mitin aprobó una resolución que contenía cuatro puntos principales: el Local 574 tenía el derecho de representar a todos sus miembros; todos los miembros de local debían recibir un aumento de sueldo retroactivo al 26 de mayo; los patrones debían firmar un acuerdo escrito con el sindicato; y la fecha tope para cumplir estas demandas se fijaba para el miércoles 11 de julio. Así habló la masiva coalición en torno a una sola reivindicación, unida bajo el lema: “Hagamos de Minneapolis una ciudad sindical”.

Fue precisamente en este punto álgido de la movilización sindical para combatir contra la Alianza Ciudadana que [el presidente internacional de los Teamsters Daniel] Tobin lanzó un dardo ponzoñoso contra el Local 574. Este golpeó en forma de editoriales en la edición de julio de 1934 de la revista oficial de la Hermandad Internacional de Teamsters [IBT]. En un editorial, escrito principalmente con la intención de golpear al congresista Shoemaker debido al telegrama que había escrito durante la huelga de mayo, Tobin declaró que el paro de mayo había sido “una violación de todas nuestras leyes”. En otro artículo afirmó, “No importa lo que puedan desvariar unos cuantos radicales en nuestro sindicato sobre las leyes de la Internacional, debe quedar inequívocamente claro ahora, hasta que nuestras leyes sean modificadas, que este Sindicato Internacional no va a sancionar una huelga de solidaridad, ni tampoco va a aprobar de forma alguna la violación de un contrato firmado. Como he afirmado repetidamente . . . a menos que conservemos nuestros contratos y nos protejamos, estaríamos continuamente en problemas debido a los trabajadores internos [de los establecimientos], o de otros, que se vayan a huelga”.

De veras echando bilis, Tobin escribió en el editorial principal: “Podemos ver por los periódicos que los infames hermanos Dunn[e] . . . fueron muy prominentes en la huelga del Local No. 574 de Minneapolis lo único que podemos decir a nuestra gente es que se cuide de estos lobos vestidos de ovejas . . . Para los trabajadores de ningún país hubo jamás libertad que se iguale a la que gozan los trabajadores de este país. Esa libertad está propensa a que la amenacen esos semimonstruos que vienen reptando hacia nuestro entorno y que entran a algunos de nuestros locales sindicales recién organizados, creando desconfianza, descontento, derramamiento de sangre y rebelión. Los funcionarios de los sindicatos locales que no se protegen ni a sí mismos ni a sus sindicatos de un monstruo humano de esta índole están cometiendo un error. Si quieres al sindicato que has ayudado a forjar, ponte a trabajar y reprime a tales radicales, porque ellos no tienen cabida en el sindicato . . . Este Sindicato Internacional no puede vigilarlos, pero ustedes hombres, quienes están en estrecho contacto con sus miembros, deben mantenerse vigilantes y, créanme, cuando nos enteremos que andan tras una de las jaurías descritas arriba, el Sindicato Internacional les ayudará de todas las formas posibles . . . para proteger a nuestra gente de esas serpientes en forma humana”.

‘Violación de nuestras leyes’

¡Qué paquete propagandístico el que había entregado Tobin a los patrones! Los trabajadores internos les creaban “problemas” a los conductores de camiones. El inminente paro del Local 574, como la huelga de mayo, obviamente sería considerado “una violación de todas nuestras leyes”. A otros locales de los Teamsters se les advirtió que no realizaran actos de solidaridad en apoyo al paro. Se culpó a los “monstruos” radicales del derramamiento de sangre de mayo, una declaración verdaderamente monstruosa que por adelantado inculpaba al sindicato de cualquier tipo de violencia que los patrones optaran usar en su contra después. Se instaba a realizar una purga de la dirección del Local 574, y Tobin prometió ayudar a hacer el trabajo sucio.

Aprovechando con entusiasmo el regalo de apóstata que hacía el jefe de la IBT, los patronos reeditaron los editoriales de Tobin en un campo pagado en la edición del 7 de julio de 1934 del Minneapolis Daily Star. Algunos de los términos más difamatorios usados por Tobin con difidencia fueron omitidos, con una nota aclaratoria que decía, “las palabras omitidas no son aceptables para su uso en un periódico”. El anuncio apareció al día siguiente de la gran manifestación obrera en apoyo al Local 574. Después los patrones lo reprodujeron en forma de volante para su distribución masiva entre los trabajadores. Tanto el anuncio como los volantes tenían por título “Comunistas y radicales en sindicatos locales, dice el presidente Tobin”. Ayudados por ese golpe de suerte por parte de Tobin, la Alianza Ciudadana esta vez se dedicó de lleno a su ataque difamatorio contra el sindicato. Guiándose por el red-baiting estalinista contra la dirección del Local 574, el ataque patronal se concentró en los “comunistas trotskistas”. A los trotskistas se les acusaba de querer hacer una revolución en Minneapolis, en vez de construir un sindicato. Deplorando de forma zalamera el daño hecho a “sindicatos legítimos”, la Alianza Ciudadana pidió apoyo contra el Local 574 “dirigido por comunistas”.

Fue en esta coyuntura que E.H. Dunni­gan, “Comisionado de Conciliación” del Departamento del Trabajo de Estados Unidos, entró en escena. Probablemente a sugerencia de Olson, no tardó en aparecerse por las oficinas del Local 574 que después de la huelga de mayo se habían trasladado a la Tercera Calle Sur 225. Su visita la describió Marvel Scholl en un diario que ella mantenía por aquella época: “El mediador federal -casi me tienta decir me­ditador, como los llama Harry DeBoer- llegó hoy a la ciudad. El señor Dunnigan. Creo que cuando llegó a la ciudad no tenía la menor idea de cuál era aquí la situación. Vino al cuartel de forma pomposa, ¡y se fue desinflado! Y Mac [la señora McCor­mack] y yo contribuimos a la deflación. Era temprano en la tarde, cuando estábamos trabajando en el pedido para nuestro hospital ubicado en el nuevo cuartel de huelga cuando, de repente, se abrió paso entre nosotros una criatura baja, gorda y elegantemente vestida, forrada con cuatro gruesos habanos en el bolsillo de su abrigo, quevedos con un ancho listón negro colgado de su solapa y un enorme paraguas. ‘Soy Dunni­gan, mediador federal. Deseo ver al comité organizador’, anunció, apoyándose en el paraguas. ‘En este momento están ocupados’, se le dijo. ‘¿Le importaría esperar?’

‘Una guerra civil de seis meses’

“Se sentó mostrándose impaciente. ‘¿Podrían anunciar que estoy aquí?’, demandó. ‘Sí claro’, le dijimos. Y anunciamos su presencia. Tras regresar con el mensaje de que el comité atendería al señor Dunnigan en 15 minutos, Mac se acomodó de nuevo en su silla y, con un brillo en sus ojos que presagiaba diversión, procedió a dictar una lista de suministros para el hospital que hubiese sido suficiente para una guerra civil de seis meses. Al señor Dunnigan se le saltaban los ojos. Sudaba, se retorcía, pero nosotras seguíamos adelante. Mac hacía comentarios al ir agrandando el pedido, dando ejemplos específicos de donde podríamos necesitar el artículo mencionado. Y el señor Dunnigan seguía sudando, retorciéndose y golpeteando su paraguas en el piso. Al fin llegó alguien para hacerlo pasar a la reunión. Mac y yo nos reímos hasta que nos dolieron los costados y después retornamos a nuestra verdadera labor”.

En la sesión con la dirección del sindicato Dunnigan trató de crear la impresión que estaba secretamente de nuestro lado. En base a esto, nos pidió que lo autorizáramos para hacer concesiones “secundarias” a los patrones respecto a las demandas del sindicato, subrayando que necesitaba ese margen de acción con “propósitos de negociación”. Nosotros rechazamos la petición de forma categórica, identificándola como lo que era realmente, una treta calculada con miras a timar a los trabajadores. Después de informarle sobre lo que los trabajadores querían de los patrones, le sugerimos que fuera a ver lo que podía hacer para conseguir que ellos hicieran algo. También se señaló que se había fijado el 11 de julio como fecha tope, en la cual el sindicato tenía intenciones de irse a la huelga si los patrones se empeci­naban en la postura que habían tomado. Dunni­gan suplicó por una extensión de cinco días de la fecha tope, y eso fue lo único que se le concedió.

Tal y como se había programado de antemano, el Local 574 celebró una reunión de miembros el 11 de julio. Aunque desde la última sesión que sostuvimos con Dunnigan, nada resultó de sus conversaciones con los patrones, cumplimos la promesa de extender la fecha tope por cinco días. Con un voto que emitimos levantándonos, en la reunión decidimos irnos a la huelga para hacer cumplir las demandas del sindicato el lunes 16 de julio a la medianoche.

El llamado a huelga, que se aprobó por unanimidad, resumía la situación general: todos los esfuerzos para establecer salarios suficientes para vivir y mejorar las condiciones de trabajo se habían visto frustrados por la actitud arrogante de los patrones. Por su incapacidad de actuar, la Junta del Trabajo se había puesto del lado de estos patrones. Se había negado el derecho del sindicato de representar a todos sus miembros. Se lanzaron ataques personales contra los dirigentes del sindicato en una tentativa de los patrones de dictar quién hablaría en nombre de los trabajadores. Se había incorporado el red-baiting como una fraudulenta maniobra para desviar la atención de los verdaderos asuntos en disputa.

Al presidente general de la IBT también se le dirigieron frases airadas en el llamado a huelga: “A D.J. Tobin le decimos de forma clara: si no puede actuar como un hombre de Sindicato, y ayudarnos, en vez de ayudar a los patrones, por lo menos entonces tenga la decencia de hacerse a un lado y dejar que libremos nuestra batalla solos. Así lo hicimos en la campaña organizativa y en la huelga anterior y lo podemos hacer de nuevo. No recibimos ningún tipo de ayuda de su parte. Nuestra dirección y guía ha venido de nuestros dirigentes locales, y de nadie más. En ellos depositamos nuestra confianza y bajo ninguna circunstancia vamos a apoyar ningún ataque en su contra”.

La Alianza Ciudadana reaccionó rápidamente al llamado a huelga, de nuevo usando los editoriales de Tobin como munición para una campaña de difamación más intensa contra el Local 574. Se recalcó la desaprobación que él hizo del paro de mayo. Luego, esa organización patronal descaradamente criticó al local por realizar un voto donde hubo que levantarse para votar sobre la huelga del 11 de julio, en vez de emitir un voto secreto “como estipulan los estatutos” sindicales. Estos vivos trataban de hacer parecer como algo escandaloso la presencia de mujeres en la reunión sindical, esperando que la gente no se daría cuenta de que ellas eran miembros del comité auxiliar. A los funcionarios del local 574 se los denunció por criticar en la reunión a Tobin, “porque sin temor puso al descubierto a la dirección comunista” del sindicato.

Para ayudar a “Dan Sin Miedo” en su denuncia, apareció un boletín de la Alianza Ciudadana con un bocadillo de primera: “Como ya se ha señalado, fuentes de fiar informan que cinco de los organizadores a sueldo del Sindicato General de Conductores, Local 574, son el alma de la rama de Minneapolis de la Liga Comunista de América, la cual está patrocinando el programa de la Cuarta Internacional [palabras textuales]; es decir, una dictadura del proletariado . . . se informa que V.R. Dunne y Carl Skoglund, organizadores del sindicato . . . pertenecen al Comité Nacional de la Liga Comunista de América”.

Ese mismo boletín también citó parte del discurso de Bill Brown cuando presentó la resolución aprobada en la concentración obrera del 6 de julio en el Auditorio Municipal, el director del boletín se encargó de añadir énfasis a pasajes de la cita: “Antes de leer esta resolución -es en realidad una revolución- quiero decir que vamos a votar levantándonos, y no quiero ver a ninguna persona sentada. Cómo me gustaría dejar ir esta asamblea sobre la Alianza Ciudadana por la mañana”.

Este ataque propagandístico estaba diseñado para dividir a la coalición obrera que se formó para dar apoyo al Local 574, y provocar una ruptura dentro del propio local. Tomamos medidas inmediatas para protegernos de este doble peligro. Dentro del Local 574 se celebró una reunión conjunta del comité organizador y el consejo ejecutivo para fortalecer la espina dorsal de este último y hacer que de nuevo diera constancia de su apoyo a un enfrentamiento con los patrones. En esa sesión se aprobó una resolución para programar otra asamblea general de miembros el lunes 16 de julio por la noche, para los siguientes objetivos: reafirmar el llamado a la huelga aprobado el 11 de julio; someter la decisión de la huelga a un voto secreto para que los miembros pudiera demostrar sus sentimientos de forma concluyente y definitiva; y elegir un comité de huelga de 100 para que dirigiera la huelga. Además el consejo ejecutivo unánimemente declaró tener confianza absoluta en el comité organizador, hizo un llamado a sus miembros para que permanecieran en sus puestos, y solicitó a los miembros del sindicato que confirmaran esta declaración.

Se publicó un informe de estas acciones en The Organizer [El organizador], junto al texto completo del llamado a huelga del Local 574. Esta muestra de solidaridad dentro del local enfrascado en combate hizo posible conseguir reafirmaciones de apoyo, del Consejo de Sindicatos de la Construcción primero y de la Unión Central del Trabajo después.

Mientras tanto los patrones habían concebido otra estratagema diabólica, un intento de maquinar una “escisión” entre los trabajadores internos del mercado y el Local 574. Embaucaron a un puñado de hombres para que firmaran un llamado a una reunión fragmentaria en la Iglesia Wesley el domingo 15 de julio para lanzar un movimiento a favor de un sindicato “no comunista”. Al evento fragmentario asistieron alrededor de 500, en su gran mayoría miembros leales del Local 574. Un tal reverendo William Brown -sin parentesco alguno con el presidente del sindicato- intentó iniciar la sesión pero no pudo hacer que le escucharan. Grant Dunne se encaramó a la tarima, asumió el control de la reunión y denunció al predicador y a los otros secuaces de los patrones por sus esfuerzos solapados de dividir al sindicato. Entonces se aprobó una moción que manifestaba confianza en la dirección del sindicato, y de esa forma la reunión que se organizó con miras a desmoralizar a los trabajadores se convirtió en una manifestación de apoyo al Local 574.

Voto unánime por la huelga

La noche siguiente, 16 de julio, el sindicato llevó a cabo la reunión oficialmente programada en el Salón Eagles. Era una noche calurosa y el salón estaba repleto de trabajadores sofocados por el calor y con ánimos de luchar. En respuesta a una moción presentada por Moe Hork, los miembros votaron unánimemente a favor de depositar toda su confianza en los dirigentes, demostrando que la propaganda de los patrones sobre una rebelión “anticomunista” dentro del sindicato era una farsa. Bill Brown, Miles Dunne y yo hablamos entonces, poniendo a los miembros al día sobre los últimos acontecimientos y abogando por la reafirmación de la decisión de huelga del 11 de julio. Como funcionario en la presidencia, Brown instó a aquellos que se opusieran a la huelga a que tomaran la palabra y expresaran sus puntos de vista. Nadie lo hizo. Cuando llegó la hora de votar, los trabajadores hicieron a un lado la propuesta de celebrar un voto secreto y -levantándose para emitir su voto- de forma unánime decidieron irse a la huelga en el acto.

Después que se había elegido un comité de huelga de 100 personas, la reunión terminó entonando de forma espontánea la canción sindical, Solidaridad. Después nos trasladamos al nuevo cuartel de huelga, un garaje de dos pisos situado en la Octava Calle Sur 215, sólo para toparnos con que la Alianza Ciudadana había persuadido al propietario para que le echara llave y nos dejara afuera. Como inquilinos indignados que habían pagado su alquiler, los huelguistas forzaron la entrada del edificio y empezaron los preparativos para la acción del martes por la mañana. El garaje, a propósito, estaba al otro lado de la calle del Club Minneapolis, un lugar ostentoso frecuentado por las “mejores familias”. Ellos habrían de pasar experiencias angustiosas en las semanas venideras.

El comité de huelga, que fungía como una amplia formación ejecutiva durante la huelga, no era simplemente un grupo fortuito de 100 personas. Estaba compuesto de militantes a quienes los miembros los reconocían como dirigentes debido a su desempeño en las luchas de febrero y mayo. Como consecuencia este órgano elegido democráticamente era auténticamente representativo de las filas sindicales. Por tanto, existía una relación estrecha entre los miembros y la dirección basada en el entendimiento y confianza mutuos forjados en el calor de la batalla.

Dentro del comité de huelga en su conjunto se estructuró una formación de liderazgo central. Se formó en torno a un núcleo compuesto por los cinco organizadores que trabajamos a tiempo completo para el sindicato -Ray, Miles y Grant Dunne, Carl Skoglund y yo-. Bill Brown, como presidente del sindicato, trabajó estrechamente con nosotros. Esta formación guía poseía también un componente fuerte de dirigentes secundarios, algunos de quienes se habían destacado durante el conflicto de mayo para pasar a ocupar su puesto al lado de veteranos de la huelga del carbón. Como parte del equipo de liderazgo, demostraron su valía una y otra vez en las coyunturas críticas. La experiencia en la lucha de clases y la educación que lograron en el curso de la batalla llevó a muchos de ellos a unirse a la Liga Comunista.

Centralismo democrático

En términos generales, las relaciones entre el comité de huelga y las filas del sindicato eran algo afines al concepto leninista de centralismo democrático: democracia al tomar decisiones, disciplina al llevarlas a cabo. Las decisiones sobre políticas a seguir y la selección de liderazgo se hacían a través de discusiones completas y libres en las reuniones de los miembros del sindicato. Por otro lado, durante el propio combate con los patrones, las decisiones de los dirigentes habían de llevarse a cabo sin discusión. Al concluir una acción determinada, estas decisiones eran sometidas, por supuesto, a la evaluación y crítica de los miembros. Estas normas aplicaban no sólo a las relaciones entre el comité de huelga y las filas del sindicato; aplicaban también a las relaciones de liderazgo dentro del propio comité amplio de huelga. Considerándolo todo, las normas estructurales y de procedimiento del sindicato sirvieron de base esencial para la unidad interna que lo convirtió en una formidable máquina combativa.

Esta nueva etapa del desarrollo interno del sindicato hizo posibles otras medidas para reducir a un mínimo las dificultades causadas por la incompetencia de la junta ejecutiva oficial. En efecto, la junta fue despojada temporalmente de toda autoridad. Esto se logró primeramente al hacer a todos los miembros de la junta y al representante de negociación, Cliff Hall, parte del comité de la huelga. Después, este último organismo, como consta en las actas de su primera sesión, aprobó una resolución que decía: “El comité de huelga será el organismo ejecutivo en la huelga, con el pleno poder de tomar cualquier y todas las decisiones”. En esa mima reunión el comité de 100 tomó medidas para evitar que se repitieran las dificultades previas con Hall y la junta ejecutiva en el asunto de las negociaciones con los patronos. Aprobó una resolución que decretaba: “El comité de contacto que se reunirá con los empresarios ha de ser pequeño, su única función será la de reunirse con los patrones. Todas sus acciones estarán sujetas a la ratificación del comité de huelga”. Ray Dunne y yo fuimos elegidos como un comité de contacto de dos personas.

Vale la pena señalar varias cosas acerca del significado de esta decisión. Cuando actuaban como negociadores, los funcionarios de la AFL por lo general decidían por cuenta propia qué condiciones aceptaría el sindicato, y después a la fuerza hacían tragar su decisión a los miembros. Para aclarar que esto no se iba a tolerar, se usó la denominación “comité de contacto”, en vez de emplear el término “comité de negociación”. Además, el comité fue constituido pequeño, debido formalmente a su limitada función, pero también para mantener a Hall y otros de su clase fuera de él. Estas consideraciones no fueron las únicas razones para tomar la decisión.

Dificultad de revertir concesiones

Para los negociadores sindicales es un error bajo cualquier circunstancia tratar con los patrones o mediadores gubernamentales sobre la base de que tienen autoridad para llegar a un arreglo. Una vez se ha hecho una concesión bajo una fuerte presión -que en especial procede de los agentes gubernamentales controlados por los patrones-, la acción se puede revertir sólo con la mayor dificultad, si es que se puede revertir. De ese modo se puede cometer una injusticia prácticamente irreparable contra los miembros del sindicato. Si se hace una declaración sobre lo mínimo que los negociadores sindicales van a recomendar, eso automáticamente define también lo máximo que los patrones van a ofrecer. Por consiguiente, cada vez que surge cualquier problema en torno a un arreglo, los negociadores deben decir siempre que van a tener que presentar la cuestión ante el sindicato para que se tome una decisión. Este procedimiento no es sólo un resguardo contra la negligencia burocrática, es el mejor curso para los representantes sindicales que quieren hacer lo correcto. Por estas razones generales era apropiado desde toda perspectiva requerir que todas las acciones de los negociadores del Local 574 estuvieran sujetas al control del comité de la huelga de 100 miembros.

Lecciones de la huelga de mayo

En varios aspectos adicionales el sindicato logró añadir mejoras al prepararse para la huelga, sacando provecho de las experiencias de mayo. El comisariato estaba mejor organizado y manejado de forma más eficiente, su despensa estaba mejor abastecida con alimentos donados por agricultores y comerciantes. Se registraron avances en el establecimiento del hospital sindical, nuevamente bajo la supervisión del doctor McCrimmon y la señora McCormack. Se hizo arreglos para conseguir un plantel legal de primera. Este consistía de Albert Goldman, Fred Ossanna -un prominente abogado local-, e Irving Green, un socio menor de la firma legal de Ossanna. Como en mayo, cada noche se sostenían reuniones en el cuartel de la huelga para que los trabajadores escucharan informes sobre los sucesos del día, escucharan hablar a personas invitadas, y disfrutaran de alguna forma de entretenimiento.

En la primera reunión del comité de huelga, presidida por Kelly Postal, en el orden del día se incluyó la cuestión del “equipo para piquetes”. Por primera vez desde la tregua hacia finales de la huelga de mayo, los patrones tratarían de usar camiones para desafiar a los piquetes. El último intento había sido detenido cuando los huelguistas ganaron una batalla campal con la policía, peleada garrote contra garrote. En esta nueva coyuntura muchos de los piqueteros se inclinaban a empezar desde donde se habían quedado en mayo, de nuevo armándose de garrotes. Sin embargo, en las actuales circunstancias tácticamente eso habría sido poco aconsejable. Habría dado a la policía un pretexto para la violencia inmediata contra los huelguistas, quienes estaban tratando de formar piquetes pacíficamente, y el sindicato habría perdido la ventaja táctica de reaccionar contra la violencia policial con consignas defensivas.

La decisión sobre este punto se registró en las actas de una reunión del comité de la huelga que se celebró el 17 de julio a las 12:30 a.m.: “El Presidente planteó el asunto del equipo de los piquetes en la reunión. Dobbs entonces se levantó y pidió que, si ha de haber violencia, que no vayan a decir que la empezó el 574 . . . ir a cumplir con el deber de piquete, armados, en estos momentos sólo traería problemas. Se sugirió que todo el equipo de piquetes se llevara a las oficinas centrales y se guardara allí. Esta sugerencia de Dobbs fue aceptada por un acuerdo general”.

Movilidad de los piquetes

Los piquetes se organizaron en dos turnos de 12 horas, y Kelly Postal, actuando en consulta con Ray Dunne, Harry DeBoer y conmigo, fungió como despachador en jefe de piquetes. Marvel Scholl escribió sus impresiones de Postal en su diario: “Kelly tiene ojos peculiares. Son a la vez suaves y duros. Su éxito como general en el ejército del 574 se puede atribuir en parte a su capacidad de juzgar a un hombre correctamente casi al instante”. Ella describió también la rutina común de despacho: “Los carros se forman a la entrada. Cada cuadrilla de piquete que regresa maneja a través del estacionamiento hasta la parte trasera del garaje, para ocupar su lugar en la línea que se extiende por todo el garaje hasta la puerta principal. A veces hay que esperar, pero la mayoría del tiempo un carro que llega alcanza la puerta rápidamente. El despa­chador de piquetes susurra el destino al oído del conductor”. Esta última práctica, que incluía el uso de una clave al despachar piquetes, había sido ordenada por el comité de huelga. Era un procedimiento que se había desarrollado durante la huelga de mayo para lidiar con problemas creados por los provocadores.

En el comité de huelga se expresó la opinión de forzar a otros locales de los Teamsters a irse a la huelga de inmediato en apoyo del Local 574. Después de cierta discusión prevaleció el consejo de Carl Skoglund. Por medio de una cooperación inteligente con ellos en la etapa actual, arguyó, los diversos oficios de los Teamsters se podrían persuadir mejor más adelante, si fuese necesario, para que dieran su apoyo total y voluntario al Local 574. Se decidió que los camiones de hielo, leche, de panaderías, cervecerías y municipales iban a estar exentos si los manejaban conductores sindicales. Se permitió circular a los taxis ya que el sindicato ahora tenía un contrato directo con los dueños. Por razones tácticas los camiones y estaciones de gasolina estaban exentos de la huelga debido al hecho que las empresas gasolineras estaban negociando con el sindicato. Aparte de esto, sólo se hicieron excepciones individuales cuando las recomendaba el comité de reclamos del sindicato, presidido por Ray Rainbolt. Era la persona ideal para la tarea, capaz de ser justo con quienes lo merecían, pero sordo ante las zalamerías de engatusadores.

La política general que se siguió quedó reflejada en las actas del 19 de julio del comité de huelga, donde se da constancia de un informe dado por Rainbolt: “Permiso [solicitado] para la ciudad, para grava en trabajo de asfalto: recomendó que se niegue el permiso. Permiso solicitado por compañía de pescados para trasladar pescado al Campamento Riley [una instalación militar]: permiso denegado. Compañía de Suministros Dentales solicitó permiso para una motocicleta: permiso denegado. Camiones nuevos a utilizarse en la exposición de la Feria Mundial en Chicago: permiso concedido”. Estas decisiones de las que informó Rainbolt fueron aprobadas por el comité de huelga acompañadas de referencias sarcásticas ante el descaro de los padres de la ciudad y el ejército. La firma envuelta en el traslado de camiones nuevos para la Feria Mundial era la Interna­tional Harvester. A cambio de obtener permiso, aceptó que pasarían por la ciudad portando grandes pancartas en las que se leería: “Transportados con permiso del Local 574”. La compañía también hizo un donativo al comisariato del sindicato. Como era usual, Rainbolt les había impuesto duras condiciones.

Como en febrero y mayo, el Local 574 rápidamente demostró capacidad para hacer cumplir sus reglas. El primer día de huelga -martes 17 de julio- las calles de la ciudad estaban libres de camiones, salvo por los que el sindicato había permitido que operaran. El segundo día se hizo un intento de llevar camiones al mercado, pero los patrones pronto abandonaron el esfuerzo cuando se vieron enfrentados por una formidable concentración de piquetes. Sin embargo, para ese momento la policía estaba arreciando su injerencia, realizando los primeros arrestos de piqueteros por “conducta escandalosa”. Era el gambito de apertura de un nuevo estallido de conflicto civil que pronto iba a arder con más violencia de la que había ocurrido en mayo.

El gobernador Olson también intervino antes de lo que lo había hecho en el conflicto previo, de nuevo intentando desde un comienzo nadar entre dos aguas. A solicitud del alcalde Bainbridge movilizó a la Guardia Nacional para “preservar la ley y el orden”, a la vez que aseguraba al sindicato que no tomaría partido en la huelga.

El periódico del sindicato, The Organizer, denunció la acción de Olson en el número del 18 de julio. Señaló que el despliegue de soldados sólo podía tener un objetivo: intimidación y coerción dirigidas contra el sindicato. Esa maniobra contra la huelga ocurrió en momentos en que la única amenaza contra la paz pública procedía del uso de esquiroles, matones y rufianes reclu­tados por los patrones. Tal acción significaba que el gobernador ya estaba tomando partido contra los trabajadores. Ni siquiera estaba siendo neutral, que en sí también sería una violación de sus deberes ante su electorado obrero. A Olson se le recordó que su alto cargo se lo debía al apoyo de trabajadores y agricultores. Ellos tenían derecho de esperar de él apoyo para sus luchas, no la amenaza de la fuerza militar en su contra. En The Organizer se exigió el retiro inmediato de los soldados, declarando: “No se va a trasladar ningún camión. ¡Por nadie!”

El lunes 16 de julio, un día antes de la huelga, The Organizer había pasado a ser diario y el periódico se siguió editando sobre esa base hasta el final del paro. Fue el primer diario huelguístico jamás publicado por un sindicato en Estados Unidos. Un semanario habría sido rotundamente inadecuado para tratar con la celeridad de los sucesos. La publicación diaria, por otro lado, le permitía al sindicato romper el monopolio capitalista sobre la prensa, derrumbando así la pantalla propagandística que habían erigido los patrones. Los huelguistas y sus simpatizantes obtenían un recuento exacto cada día de los acontecimientos más importantes sucedidos las 24 horas previas. Se hacía un análisis de maniobras significativas realizadas por los patrones, los mediadores federales y el gobernador Olson. Al movimiento sindical en su conjunto se le advertía de los peligros que surgían, y se explicaba de forma cuidadosa la manera de lidiar con ellos. Aunque sólo era una publicación de dos páginas, el diario The Organizer tenía una gran pegada y al poco tiempo para la clase trabajadora de la ciudad no había nada mejor.

Rápidamente la tirada saltó hasta 10 mil y pronto pasó a ser autofinanciable. A los ejemplares sueltos no se le puso precio. A la gente simplemente se le pedía que donara lo que pudiera. Los vendedores llevaban latas selladas con una ranurita por la que se recibían las contribuciones. Esas latas a menudo se llenaban con billetes de un dólar y hubo quien llegó a pagar cinco dólares por un ejemplar. Quienes lo vendían de forma regular establecieron rutas, dejando fardos del periódico en los puestos de periódicos, en las tabernas, en los salones de belleza y otros establecimientos cuya clientela la formaban trabajadores. Se hacían distribuciones de ventas en las entradas de fábricas, en las estaciones ferrocarrileras, donde fuera que se pudiera llegar a los trabajadores en sus empleos. Había quienes llegaban al cuartel de la huelga en auto para obtener el periódico. Las organizaciones sindicales y de agricultores por todo el estado escribían para pedir que a diario se les enviara ejemplares de The Organizer.

Patrones atacan diario sindical

Rápidos para reconocer la fuerza inherente del diario huelguístico, los capitalistas se esforzaron por suprimirlo. La Alianza Ciudadana comenzó a hacer propaganda para que se enjuiciara a los responsables de su publicación bajo cargos de “sindicalismo criminal”. Ese esfuerzo no llegó a nada, aunque las verdaderas dificultades ocurrieron de otra forma. Cuando se publicó el primer número del diario, los patrones presionaron al impresor para que rehusara encargarse de futuras ediciones. El periódico se trasladó a otra imprenta y la experiencia se repitió. Esto sucedió con tres imprentas sucesivas. Cada vez la publicación del periódico se atrasaba varias horas, lo que provocaba una irritación impaciente en el cuartel de la huelga. Finalmente, la imprenta Argus aceptó el trabajo y a partir de entonces imprimió el periódico, manteniéndose firme ante toda presión.

Ace Johnston, el linotipista en la Argus, comentó sobre la situación en una entrevista con The Organizer después de la huelga: “Nunca sabíamos qué era lo próximo que iba a suceder. Sabíamos que corríamos un verdadero riesgo de que nos destruyeran las prensas, que destrozaran el edificio . . . sabíamos el tipo de lucha que era. Pero estábamos trabajando con un grupo de dirigentes huelguísticos serenos, quienes sabían su oficio y estuvimos de acuerdo en hacerlo”. Ace también dio un ejemplo del hostigamiento al que los sometió la Alianza Ciudadana: “Recuerdo un incidente que casi nos roba toda una noche de trabajo ... fue la vez en que un montón de matones se escondieron por el portón de cargas, y atacaron el camión que se iba con una edición del boletín [The Organizer]. Hubo un gran trifulca, pero para cuando se dispersó el humo de la batalla, el conductor del 574 y un par de ayudantes habían barrido con los esquiroles. Después de eso, no se acercaron más por la Argus”.

Más policías, mejor armados

Los patrones habían lanzado su ataque rápido contra el diario huelguístico como parte de un plan mortífero que estaban preparando contra el sindicato. No tenían la menor intención de reconocer al Local 574. En realidad, aún tenían esperanzas de aplastar la huelga recurriendo a una violencia mucho más extrema de la que habían empleado en mayo contra los piquetes. Manteniéndose recelosa de si podía depender del gobernador Olson para que usara a la Guardia Nacional como fuerza rompehuelgas, la Alianza Ciudadana viró su atención al fortalecimiento de la policía de la ciudad. El jefe Johannes, quien trabajaba estrechamente con los patrones, tomó la iniciativa consiguiendo que se aprobara un fuerte aumento al presupuesto de la policía a fin de agregar más efectivos a la fuerza policial y suplirlos con armamento especial. Esta vez no iban andar perdiendo el tiempo con alguaciles que no eran de fiar. En cambio, policías entrenados recibieron fusiles de asalto, un tipo de escopeta que usaba un cartucho especial con grandes perdigones que verdaderamente desgarraban la piel humana.

A manera de pantalla propagandística para el complot asesino, el Minneapolis Journal del 19 de julio publicó un rabioso editorial en que atacaba a los “comunistas” del Local 574. “Pero que tengan cuidado”, advirtió el periódico capitalista, “no vaya a ser que unos ciudadanos agitados tomen aquí medidas vigorosas contra ellos”.


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