
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR marzo de 2003 Vol. 27 No. 3
Estados Unidos
Suspenden deportaciones de somalíes
Presos en Nueva Jersey libran huelga de hambre para exigir excarcelación
Por Martín Koppel
Cuatro residentes de Seattle de origen somalí celebraron el 14 de enero
cuando un juez federal detuvo su deportación y la de todos los somalíes en
Estados Unidos. El caso ocurre en medio de una serie de luchas provocadas por
detenciones masivas y otros intentos de intimidación de inmigrantes, tanto de
Somalia como de otros países del Medio Oriente, de Africa oriental y de Asia
del sur.
El fallo hizo permanente una orden preliminar emitida en diciembre por la
jueza Marsha Pechman contra el gobierno federal, impidiendo que el Servicio de
Inmigración y Naturalización (INS) deportara a cualquier persona a Somalia,
nación que actualmente no tiene ni gobierno central ni procedimientos para
aceptar ciudadanos que regresan al país. La decisión judicial impide la
deportación de 2747 somalíes que Washington pretende excluir del país.
Actualmente, 41 se encuentran detenidos por el INS.
Desde que aumentó el acoso contra los somalíes y otros inmigrantes a partir
de septiembre de 2001 -bajo el pretexto de “combatir el terrorismo”- el INS
ha recurrido a cargos menores para efectuar las redadas. Entre 1997 y 2002 la
migra deportó a 196 personas a Somalia, abandonándolas en el país sin
preocuparse por lo que les sucede al llegar. Algunos de los deportados han
pasado la mayoría de la vida en Estados Unidos y no tienen ni familiares ni
conocidos en Somalia.
‘Violan sus propias leyes’
Mahamed Accord, presidente de Servicios Sociales Somalíes en Seattle, dijo
que el fallo le alegraba, “pero esto no es más que la punta del iceberg”.
Dijo que “detienen a la gente por ocho meses y violan sus propias leyes. Hay
que obligarlos a rendir cuentas”.
En los últimos meses, las autoridades federales han efectuado redadas en las
comunidades somalíes de Seattle y otras ciudades, cerrando agencias de remesas
en nombre de combatir el “lavado de dinero terrorista”. Muchas familias en
Somalia y otros países dependen de las remesas que les mandan familiares en
Estados Unidos.
Por otro lado, el gobierno federal desestimó cargos de “lavado de dinero”
contra seis residentes de origen yemení en la zona de Detroit. Los seis,
acusados de enviar dinero a su país natal, Yemen, fueron arrestados el 18 de
diciembre en una redada de hogares y negocios, acción que recibió mucha
publicidad, en medio de insinuaciones vagas de que se trataba de casos de “financiamiento
del terrorismo”. La Ley USA Patriota, promulgada en octubre de 2001 cuando
Washington incrementó su campaña bélica, estipula que las agencias de remesas
deben inscribirse ante el Departamento del Tesoro federal.
Policías municipales y federales efectuaron redadas en varias ciudades del
país, confiscando archivos, computadoras y cientos de miles de dólares de
cuentas bancarias. Pero el fiscal federal Robert Cares tuvo que reconocer que
los seis hombres no formaban parte de ningún “complot terrorista”. Para
justificar los arrestos, los agentes de aduanas habían alegado que la práctica
de hawala era una manera de ocultar el lavado de dinero. Hawala es una
forma de canje de fondos que es tradicional en el Medio Oriente. Basada en
confianza mutua, no crea documentación bancaria y los fondos no cruzan
fronteras.
Mientras tanto, cinco hombres realizaron una huelga de hambre en Paterson,
Nueva Jersey, en la cárcel del condado de Passaic, para protestar contra su
prolongada detención por el INS.
Farouk Abdel-Muhti, Saleh Hamza, Ali Akhbar, Caco Kirob y Mohammed Seif
iniciaron la protesta el 14 de enero. Han estado presos por varios meses sin
cargos. Los cinco son nacidos en Palestina, Líbano, Pakistán, Mali y Egipto,
respectivamente. Son algunos de los cientos de inmigrantes arrestados durante
las redadas policiacas luego del 11 de septiembre.
No hemos sido acusados de nada
“Exigimos que seamos excarcelados inmediatamente. No hemos sido acusados de
nada”, dijeron los seis en una declaración emitida desde la cárcel. También
exigen la libertad de todos los detenidos sin cargos y de todos los detenidos
que ya han cumplido sus condenas. Asimismo, reclaman mejores condiciones en la
cárcel, que actualmente son infrahumanas.
Abdel-Muhti, un palestino de 55 años, ha estado preso sin cargos desde abril
de 2002. Inmediatamente antes de su arresto colaboraba en programas de la
radioemisora WBAI en Nueva York sobre la lucha de los palestinos en los
territorios ocupados.
Desde mediados de diciembre, miles de residentes temporales han tenido que
presentarse ante el INS para “inscribirse”, es decir, someterse a que les
tomen las huellas digitales, los fotografíen y los interroguen. El gobierno
federal exige este registro únicamente a los hombres mayores de 16 provenientes
de 25 países, principalmente del Medio Oriente y Asia del Sur. El arresto de
más de 400 personas que habían comparecido ante el INS en Los Angeles para
cumplir con la ley provocó airadas protestas callejeras en esa y otras
ciudades.
La campaña “antiterrorista” no sólo afecta a inmigrantes. Por lo menos
dos ciudadanos de Estados Unidos se encuentran detenidos, sin cargos y privados
de sus derechos constitucionales. Yasser Hamdi, nacido en Luisiana, fue detenido
en Afganistán en noviembre de 2001 durante la invasión norteamericana de ese
país. Fue llevado al campo de concentración norteamericano en la base naval
yanqui en Guantánamo, Cuba, y puesto en una jaula de hierro. Cientos de
personas más fueron sometidas al mismo atropello.
Cuando explicó que él era ciudadano estadounidense, fue trasladado a la
prisión militar de Norfolk, Virginia. Las autoridades norteamericanas lo han
mantenido bajo confinamiento solitario desde abril. Le han negado acceso a un
abogado y pretenden detenerlo por tiempo indefinido, al catalogarlo como “combatiente
enemigo”. En enero, una corte federal de apelaciones dio su aprobación a la
detención de Hamdi.
En un caso similar, el 9 de enero la administración de Bush le pidió al
juez federal Michael Mukasey en Nueva York que anulara su propia decisión de
permitir que José Padilla, un ciudadano norteamericano, consulte con sus
abogados. Padilla fue arrestado en Chicago en mayo pasado, acusado de una
conspiración para construir una bomba radiactiva, y está recluido en una
prisión naval en Charleston, Carolina del Sur sin acceso a sus abogados. Los
abogados del gobierno argumentaron que Padilla no debe ver a sus abogados porque
esto desbarataría los intensos interrogatorios a los que han sometido a Padilla
durante los últimos ocho meses.
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