
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR marzo de 2003 Vol. 27 No. 3
Argentina
FMI da prórroga a Argentina, obreros defienden salario social
Por Michael Italie
El Fondo Monetario Internacional anunció el 16 de enero que aceptó
postergar los vencimientos de pagos de 6.7 mil millones de dólares que el
gobierno de Argentina debía de pagar en los siete meses venideros. De dicha
suma, mil millones debían haberse pagado al día siguiente. Con la prórroga de
pagos -de un año para 3.8 mil millones de dólares y entre tres y cuatro años
para otros 2.9 mil millones de dólares- la institución con sede en Washington
buscó evitar un nuevo incumplimiento por parte de ese país sumido en crisis.
Mientras tanto, las acciones sindicales y las protestas callejeras
ampliamente diseminadas en respuesta a la campaña de austeridad del gobierno
continúan. Desde finales de 1999, cuando la economía entró en una aguda
recesión económica -y bajo la supervisión del FMI- el gobierno ha reducido
los gastos para programas sociales en un 30 por ciento, y los salarios y
pensiones de los empleados estatales.
Entrega más de 1.5 mil millones
El día anterior a la firma del acuerdo, el ministro de economía argentino
Roberto Lavagna había advertido al Banco Interamericano de Desarrollo que no
había posibilidad de que el tesoro argentino cumpliera con sus pagos a menos
que el FMI aceptara el acuerdo de prórroga. Como parte del convenio, Buenos
Aires se vio obligada a desembolsar de sus reservas extranjeras 799 millones al
Banco Mundial y 796 millones al Banco Interamericano de Desarrollo, al tiempo
que reafirmó su compromiso con la campaña de austeridad contra el pueblo
trabajador como vía para “resolver” la crisis.
Representantes del Grupo de los Siete, las más grandes potencias
imperialistas -Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido y
Estados Unidos- forzaron la aprobación del acuerdo del 15 de enero por encima
de la oposición de los principales funcionarios del FMI, informó el diario
londinense Financial Times. “Las consecuencias que el creciente
atraso de Argentina representa para la evaluación crediticia del Banco Mundial
y del Banco Interamericano de Desarrollo” han hecho cundir el pánico entre
los gerentes del FMI, señaló el Times. Los gobiernos de Italia y
España, agregó el artículo, “también parecen estar especialmente
preocupados sobre el riesgo potencial que corren sus inversiones en Argentina”.
Los directores de la prensa capitalista acusaron a Buenos Aires de “chantaje”
debido a sus declaraciones de que el incumplimiento era inevitable de no haber
algún tipo de asistencia. Otros periódicos del gran capital, entre ellos el Washington
Post, asumieron una postura similar.
No obstante este último episodio, la prensa capitalista ha aplaudido el
modesto aumento en la actividad económica en Argentina. Aunque el producto
interno bruto bajó cerca de un 12 por ciento en 2002, vio un repunte del 2 por
ciento anual durante noviembre, según informó la revista financiera Business
Week, que lo describió como “la primer alza, al compararse con el
mismo periodo el año anterior, en 27 meses”.
En una economía que se mantiene atollada en crisis, es el pueblo trabajador
quien más se ve afectado: cerca del 40 por ciento de la población en edad
laboral activa está desempleada o subempleada, y cifras oficiales indican que
más del 54 por ciento de sus 36 millones de habitantes viven actualmente bajo
el nivel de pobreza. Aunque la inflación superó el 40 por ciento en 2002, el
acuerdo exige a Argentina que durante el año en curso la restrinja al 35 por
ciento.
Nada en el convenio recién firmado supone alivio alguno para la crisis que
enfrentan los trabajadores. Es más, Buenos Aires también está comprometida a
lograr un superávit interno de 2.1 por ciento a nivel nacional y de 0.4 por
ciento a nivel de provincias, con lo que se pueden vaticinar más ataques contra
el salario social. Cada uno de los compromisos asumidos por el gobierno será
evaluado por FMI en marzo, mayo y julio. En caso que alguno no se cumpla, el
acuerdo quedará sin efecto.
Menos de dos semanas después de firmado el convenio, el gobierno argentino
una vez más ilustró el curso que intenta mantener. El 29 de enero, el
presidente Eduardo Duhalde firmó un decreto permitiendo el alza de entre el 7 y
el 9 por ciento a las tarifas de gas y electricidad. El jefe del gabinete
Alfredo Atanasof explicó que “el aumento surgió como demanda de las empresas
que de otra forma hubieran tenido problemas en la prestación de servicios”.
Bajo el impacto del colapso económico y el peso de la deuda pública y
externa, Argentina ya ha incumplido dos veces pagos de empréstitos con
instituciones y empresas imperialistas.
En diciembre de 2001 el gobierno de Fernando de la Rúa incumplió en el pago
de cien mil millones de dólares en bonos y préstamos. Por mandato del FMI, su
administración había recortado salarios y pensiones de los trabajadores
estatales, aumentado los impuestos, e impuesto un congelamiento parcial de los
retiros bancarios. Esas medidas fueron enfrentadas con protestas masivas y con
bloqueos de carreteras y acciones en las calles organizadas por trabajadores y
campesinos. De la Rúa presentó su renuncia en medio de esas movilizaciones.
Once meses más tarde el entonces gobierno entrante de Duhalde declaró no
poder pagar 800 millones de dólares de deuda al Banco Mundial.
Fin a paridad con el dólar
En enero de 2002 Duhalde puso fin a la política con la que por una década
se mantuvo la paridad cambiaria entre el dólar estadounidense y el peso
argentino, precipitando la devaluación del peso en un 70 por ciento. Como
consecuencia, el poder adquisitivo de los salarios de trabajadores y de los
ahorros de jubilados, pequeños comerciantes y demás se derrumbó.
El pueblo trabajador argentino continúa combatiendo el impacto de un peso
fuertemente devaluado, un creciente desempleo y de persistentes recortes
gubernamentales a los programas sociales. A finales de enero, miles marcharon en
Buenos Aires en una protesta de dos días para exigir más prestaciones para los
desempleados así como aumentos salariales con miras a hacer frente al alza de
precios y la defensa de otros programas sociales.
La marcha fue organizada por una coalición de fuerzas que incluye a
trabajadores desempleados, jubilados y organizaciones comunitarias. Los
manifestantes atravesaron los lujosos barrios de la capital para reivindicar sus
demandas.
Al concluir el primer día, los manifestantes acamparon en el puente
Saavedra, y a la mañana siguiente se dirigieron hacia la embajada de Venezuela,
donde expresaron su solidaridad con el pueblo trabajador venezolano, que
combatía la “huelga” que entonces libraban los patrones contra el gobierno
de Hugo Chávez. Los manifestantes procedieron después a la embajada de Estados
Unidos para denunciar los planes bélicos de Washington contra Iraq.
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