
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR marzo de 2003 Vol. 27 No. 3
Editorial
Abolir la pena de muerte
La decisión del gobernador saliente de Illinois, George Ryan, de conmutar
las condenas de muerte a 163 hombres y cuatro mujeres da constancia de las
crecientes dificultades que los políticos capitalistas enfrentan para
justificar su práctica propia de la barbarie. Ryan citó algunas de las
injusticias más evidentes que están ligadas con la pena de muerte, cada una de
las cuales ha sido blanco de protestas, debate y controversia.
Los reveses contra este castigo -incluidos las conmutaciones y los indultos
del 10 y 11 de enero-, no deben atribuirse a las conciencias de los políticos
capitalistas. Son más bien producto de las luchas de trabajadores y
agricultores. En particular de la resistencia contra la violencia por parte de
trabajadores negros, quienes han logrado asegurar que hoy los linchamientos del
tipo que sean estén más propensos a que se les haga frente con protestas y
debates.
Las recientes protestas en Illinois, entre ellas la caminata de relevos “Hombres
muertos que caminan”, son parte de una larga historia de estas luchas. Pero
lejos de encabezar estas protestas, Ryan ha dedicado sus energías a frustrados
intentos de rehabilitar la pena de muerte instalando más controles. A la vez,
sus acciones reflejan cuánto se ha erosionado el apoyo para el uso de esta
arma.
La restauración de la pena capital por el gobierno federal hace casi tres
décadas fue un acto verdaderamente reaccionario por una clase dominante que
aspira defender sus intereses y su régimen por todos los medios a su alcance.
Bajo el capitalismo, la pena de muerte siempre se ha usado como un instrumento
de terror por un gobierno que representa a la clase de los acaudalados patrones,
terratenientes y banqueros. Mientras los tribunales de la clase acaudalada no
vacilan en condenar como criminales a más y más trabajadores, al mismo tiempo
a sus policías les permiten recurrir a la brutalidad y matar con impunidad.
Quienes se oponen a la injusticia capitalista van a nutrirse de confianza de
estos recientes sucesos y a acentuar sus luchas contra sus abusos. Más
trabajadores son ejecutados, por ejemplo, por las balas de un policía,
asfixiados, o por ser maniatados como animales, que por una inyección letal o
electrocutados. Además de las 312 muertes aprobadas por tribunales entre 1990 y
principios de 1998, hubo también por lo menos 2 mil muertes a manos de
policías y guardias penitenciarios.
En aras de salvaguardar sus ganancias y defender su régimen, los
capitalistas van a arremeter contra las conquistas sociales que hemos logrado en
lucha, y emplearán para ello métodos cada vez más brutales. Esto se puede ver
tanto en las calles de Estados Unidos como en el Medio Oriente, donde los
imperialistas marchan hoy hacia una guerra sangrienta contra el pueblo de Iraq.
Sin embargo, en el curso de estas guerras y estos ataques, están creando
resistencia. A través de luchas que adquieren cada vez más importancia, el
pueblo trabajador va conquistando la experiencia necesaria para trazar un rumbo
sobre el cual ha de derrocar al régimen capitalista y su brutalidad endémica
de una vez por todas.
|