
UNA REVISTA SOCIALISTA QUE DEFIENDE LOS INTERESES DEL PUEBLO TRABAJADOR febrero de 2003 Vol. 27 No. 2
EditorialNo a la campaña bélica del imperialismo EE.UU. contra Iraq
 | | | Soldados norteamericanos en Fort Benning, Georgia, se preparan para sermovilizados al Golfo Arábigo-Pérsico.
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El secretario de la Casa Blanca, Ari Fleischer, dijo el 13 de enero quesegún el presidente “no tiene caso” recurrir a la diplomacia para resolverel conflicto con Iraq. Horas más tarde, Fleischer modificó su comentario ydijo que la Casa Blanca “no se sentía optimista” respecto a una llamadasalida diplomática. De hecho, la decisión de Washington de lanzar una guerrase tomó hace tiempo. La concentración acelerada de tropas y equipo militarnorteamericano en el Medio Oriente hace resaltar esta realidad. Los “inspectores de armas” imperialistas no van a impedir una guerra. Alcontrario, están brindando una justificación a Washington y a otras potenciasimperialistas para desatar un ataque contra el pueblo de Iraq. No se trata de una guerra de Bush: es una guerra del imperialismonorteamericano. Los debates de los últimos meses entre demócratas yrepublicanos no revelan diferencias fundamentales en torno a esta trayectoria,solo disputas tácticas sobre cómo llevar a cabo la política imperialista deguerra y convencer al pueblo trabajador de que la acepte. Los demócratas estánaportando a esta política, al criticar a la administración de Bush porsupuestas “fallas de inteligencia” al no prevenir un ataque “terrorista”:un argumento para ampliar aún más los poderes de la policía política a finde llevar a cabo detenciones y juicios secretos, espiar y desbaratarorganizaciones políticas y atacar los derechos de los sindicatos. La actual campaña bélica no se desprende del 11 de septiembre. Es unaaceleración de la trayectoria política de los gobernantes norteamericanos delos últimos años. Los preparativos de invadir Iraq -país con las segundasreservas petroleras del mundo- representan un paso hacia un mayor control de losrecursos del Medio Oriente. Se ven obligados a competir con sus rivalesimperialistas, de Londres a Berlín, París y Tokio, cada uno de los cualesestá maniobrando para defender sus propios intereses de clase en la región. Lo que se perfila es una serie de guerras imperialistas, a medida que losgobernantes multimillonarios intentan salvar su sistema sumido en una depresióneconómica. Lo que está en juego es no sólo el petróleo del Medio Orientesino los recursos y mercados del mundo. Otros objetivos de las crecientesamenazas y acciones agresivas de Washington son Corea del norte e Irán. Una doble guerra contra trabajadores Al empeñarse en frenar la caída de las tasas de ganancias, los patrones enEstados Unidos también están librando una guerra contra los trabajadores yagricultores en este país. La reciente orden que prohibe que los inspectores deequipaje en los aeropuertos se sindicalicen subraya este hecho. Las redadas dela migra, las tentativas de establecer un carnet nacional de identidad, y lacreciente militarización de los aeropuertos y otras instalaciones son nuevosataques contra la capacidad de los trabajadores de luchar en defensa de susintereses, conforme los patrones incrementan su arremetida contra los salarios,las condiciones de trabajo, las pensiones de jubilación y la atención médica. Para maniatar a los trabajadores, los patrones promueven el mito de “nuestrosintereses americanos”. Pero la burguesía y el pueblo trabajador en este paístienen intereses antagónicos. Toda solución que promueva el concepto de “EstadosUnidos primero”, tales como medidas proteccionistas por los “empleosamericanos”, refuerza esa trampa. Los trabajadores debemos unirnos, a travésde las fronteras nacionales, a las luchas por nuestros intereses comunes. Aunque se presenta como omnipotente, el imperialismo estadounidense seencamina hacia la guerra debido al creciente desequilibrio y debilidad de sussistema. No se vislumbra una Pax Americana, sino más bien un mundo de crecientetumulto, guerras y rebeliones. La lucha inquebrantable del pueblo palestino porsu patria, la postura del pueblo coreano de rehusar ponerse de rodillas anteWashington, y la voluntad de los trabajadores y campesinos de Cuba al defendersu revolución contra la agresión de Washington: todos esos sucesos representanobstáculos a los objetivos del imperialismo. También lo es la resistencia delos trabajadores y agricultores en Estados Unidos: desde los huelguistas deGeneral Electric hasta los mineros que luchan por condiciones seguras de trabajo. La lógica brutal del capitalismo no se puede impedir. Solo se puede ponerfin a este sistema a través de una lucha de millones de trabajadores yagricultores que derroquen el dominio capitalista, tomen el poder y lleven acabo una revolución socialista, como lo hizo el pueblo trabajador en Rusia enoctubre de 1917 y los primeros años del poder soviético, y como lo han hecholos trabajadores de Cuba revolucionaria desde 1959. A través de las luchas dehoy y las batallas de clase de los próximos años, el pueblo trabajador podráforjar un movimiento capaz de hacerle frente a los multimillonarios y vencer. |